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martes, 9 de junio de 2026

Nothingness

 





Un poema a la nada es un lamento por lo efímero, un abismo donde se desvanecen los recuerdos y las certezas.

A continuación, te comparto mis versos que exploran este vacío:

 

«Se desangran las horas en el reloj de arena,

y el eco de tus pasos se disuelve en el viento.

Ya no queda ceniza de la antigua condena,

ni un solo rastro tibio de nuestro juramento.

 

Miro hacia el infinito y me recibe el abismo,

una extensión de sombra que devora el latido.

El mundo se diluye en un gris espejismo,

donde todo lo amado termina en el olvido.

 

La nada me sostiene con sus brazos helados,

sin nombres, sin promesas, sin un mañana cierto;

solo el murmullo vago de los días pasados,

y este mar de silencios que me ha dejado puerto.

 

No hay luz ni tiniebla, solo un manto profundo

donde el alma descansa de su vana porfía,

mientras veo, impasible, cómo se apaga el mundo,

y la nada me abraza, fría y soberana mía.

 

Ya no escucho los himnos de la carne y la suerte,

ni la vieja mentira de un destino elegido;

todo cae despacio bajo el peso inerte

de un cielo sin estrellas y de un dios extinguido.

 

Las montañas se inclinan en su lento quebranto,

los océanos olvidan la memoria de la orilla;

se marchita el lenguaje, se corrompe el encanto,

y la noche se derrama como negra semilla.

 

He visto hundirse imperios en la boca del tiempo,

coronas reducidas a fragmentos de polvo;

ningún nombre perdura, ningún noble argumento,

cuando el vacío extiende su dominio sin estorbo.

 

La nada no amenaza, no castiga ni espera,

simplemente contempla con su rostro callado;

sabe que toda llama, por ardiente que fuera,

acabará algún día convertida en un pasado.

 

Y yo sigo su cauce sin temor ni resistencia,

como un río agotado que regresa a la hondura;

ya no busco respuestas ni reclamo clemencia,

pues la ausencia ha tejido su perfecta estructura.

 

Bajo bóvedas muertas donde no nace aurora,

las edades se rompen como vidrio vencido;

cada siglo es apenas una lágrima que llora

antes de ser tragada por lo nunca nacido.

 

Allí duerme el recuerdo de los últimos amantes,

de los héroes, los sabios y los viejos profetas;

todos son sombras leves, espectrales instantes,

arrastrados al fondo de las aguas inquietas.

 

Cuando el último astro abandone su camino,

y el espacio se enfríe hasta olvidar su armonía,

no habrá voz que pronuncie la palabra destino,

ni reloj que distinga entre la noche y el día.

 

Solo quedará ella, silenciosa y eterna,

extendiendo su reino más allá de la medida;

la soberbia del hombre, su ilusión y su caverna,

serán polvo sin nombre bajo su oscura avenida.

 

Entonces descansaré de la fiebre del mundo,

de la rueda incesante, de la inútil porfía;

y seré con la nada un susurro profundo,

sin memoria, sin tiempo, sin dolor ni agonía».

 

Poema de: H.P. Hatecraft.

Una idea de: Vëthriön Asathørn.

Portada creada por AI.

Edición final: Vëthriön Asathørn. 

 

 

viernes, 10 de abril de 2026

Terra Requiem



El mundo había dejado de girar hacía siglos, aunque nadie recordaba cuándo exactamente. El sol, una masa enferma de color amarillo pútrido, permanecía clavado en lo alto de un cielo sin nubes, sin atardeceres ni amaneceres que rompieran la monotonía de la eterna agonía. La última hoja había caído de los árboles petrificados cincuenta generaciones atrás, según contaban los ancianos cuyas voces eran apenas susurros de polvo.

 

Khaid arrastró los pies sobre la tierra agrietada, las grietas en su piel reflejando las del suelo. A su lado, Zaira llevaba el rostro cubierto con trapos húmedos—un lujo que solo podían permitirse usando las últimas gotas del pozo familiar. Detrás de ellos, el más joven, Lioren, tosía con ese sonido seco y rasposo que todos habían desarrollado desde niños. 

La lluvia algo ácida caía sobre el polvoso suelo y el olor nauseabundo quemaba la respiración.

 

—«El vapor se espesa», murmuró Zaira, sus ojos—demasiado grandes para su rostro demacrado—escaneando el horizonte donde el océano hervía a lo lejos. Un mugido constante llegaba desde la costa, el sonido de aguas eternamente en ebullición, liberando vapores que olían a podredumbre marina y metales corroídos.

 

—«El refugio de los Antiguos debería estar cerca», dijo Khaid, su voz sonaba como un crujido. —«Mi abuelo decía que sus cúpulas aún resistían… espero que no sean solo leyendas».

 

Lioren se detuvo, señalando hacia el este.

—«Allí. Las torres… son las torres. Llegamos».

 

Emergiendo de la neblina tóxica se alzaban tres estructuras cilíndricas, negras como el carbón, superficies extrañamente lisas a pesar del milenio de decadencia. No eran construcciones humanas—nadie recordaba quién las había erigido, solo que existían desde antes de la Gran Sequía, antes de que el sol se detuviera.

El interior olía a polvo antiguo y algo más—una dulzura agria que se pegaba al paladar. Las paredes estaban cubiertas de relieves que mostraban criaturas con demasiados miembros y ojos, adorando a formas geométricas que herían la mente con solo observarlas.

 

—«Este lugar... parece que respira», susurró Zaira, tocando una pared que parecía vibrar levemente bajo sus dedos.

 

—«No digas tonterías. Aquí no hay nada vivo, solo óxido y descomposición», gruñó Khaid, pero su mano temblaba al encender la última antorcha química. La luz azulada reveló algo en el centro de la cámara principal: un pedestal con inscripciones que se retorcían como gusanos fosforescentes.

 

Lioren se acercó, hipnotizado.

—«Está hablando... es como una armonía que está dentro...»

 

—«Bienvenidos, últimos hijos de la deuda».

 

Los tres saltaron asustados. La voz no surgió del aire sino de sus propias mentes, un eco frío que se enredaba en sus pensamientos. Una voz reverberante que sonaba como muchas.

 

—«¿Qué deuda? Dinos, ¿Qué deuda?» preguntó Khaid, tratando de sonar desafiante mientras el miedo le helaba la sangre ya espesa.

 

—«La deuda de la existencia. La deuda de la conciencia. Sus ancestros pidieron prestado tiempo cuando el mundo ya debía fenecer. Extendieron su estancia... a cambio de esto».

 

Imágenes inundaron sus mentes: seres humanos antiguos, no tan diferentes a ellos, pero con tecnología perdida, realizando rituales ante estas mismas estructuras. Un pacto. Más tiempo a cambio de... algo por venir.

 

—«¿A cambio de qué?» gritó Zaira, llevándose las manos a la cabeza como si pudiera detener las voces.

 

—«A cambio del olvido. A cambio de la aniquilación total. No solo la muerte física—eso sería misericordia. Sino la erradicación del recuerdo. Cuando el último de ustedes perezca, nada quedará. Ni historias, ni ecos en el cosmos, ni siquiera fantasmas en la oscuridad. Serán como si nunca hubieran existido».

 

Lioren cayó de rodillas.

—«Por eso los pozos se secan. Por eso el sol no se mueve. Estamos viviendo un tiempo prestado... y el préstamo se vence, ¿Cierto?».

 

Khaid miró sus manos, la piel cuarteada como la tierra exterior.

—«¿Cuánto queda?»

 

—«Horas. Quizás minutos. La cuenta regresiva terminó hace generaciones. Ustedes son el interés acumulado—los últimos decimales de una ecuación cósmica».

 

Zaira comenzó a reír—un sonido demente y quebrado. Su interior se despedazaba lentamente. 

—«¡Entonces toda la mierda fue inútil! ¡Nuestras luchas, nuestros amores, nuestros nombres...!»

 

—«Los nombres son lo primero que se olvida», susurró la voz/entidad/estructura. —«Luego los rostros. Luego la sensación de haber sido… de haber existido».

 

Las paredes comenzaron a brillar con una luz violeta antinatural. El suelo tembló, pero no como un terremoto—era como si la realidad misma se estuviera desenredando.

 

—«¡Al menos déjanos recordar hasta el final!», suplicó Lioren.

 

—«Esa era la cláusula», dijo la voz, casi con pena. —«El precio incluye saberlo. Saber que nadie llorará su pérdida porque no habrá nadie para recordar que hubo algo que perder».

 

Khaid tomó las manos de Zaira y Lioren. Sus pieles se desintegraron al contacto, convirtiéndose en finas cenizas grises que se elevaban en el aire inmóvil de la cámara.

 

—«Entonces juntos nos perderemos en el olvido», dijo Khaid, y fueron sus últimas palabras.

 

Zaira intentó responder, pero su boca era ya polvo. Lioren cerró los ojos—un gesto instintivo ante lo inevitable—pero cuando intentó abrirlos de nuevo, descubrió que nunca había tenido ojos, ni rostro, ni nombre.

 

La luz violeta creció hasta volverse blanca, y luego negra—una negrura más absoluta que la simple ausencia de luz. Era la negrura de lo que nunca fue.

Las tres torres cilíndricas se desvanecieron, luego el paisaje agrietado, luego el océano hirviente, luego el sol enfermo. Finalmente, el propio planeta dejó de existir, y no fue con una explosión sino con un suspiro ahogado que nadie escuchó.

 

Y en algún lugar entre las estrellas indiferentes, ni siquiera el vacío recordó que alguna vez hubo algo aquí que mereciera ser olvidado.

 

 

Una historia apocalíptica basada en el tema musical ‘Terra Requiem’ de Mare Cognitum.

«Las últimas hojas han caído,

la última enredadera se ha marchitado.

El océano lleva tanto tiempo hirviendo

que nos ahoga el aliento con su vapor fétido.

 

Buscamos refugio a toda costa

del sol despiadado

que nos agrieta la piel

y seca nuestros pozos.

 

Tan grande es la deuda que hemos contraído

Que así también nos marchitaremos y nos convertiremos en polvo.

Pagaremos con las cenizas de nuestra humanidad

y dejaremos de caminar sobre esta tierra,

y la tierra olvidará nuestro nombre.

 

Las últimas hojas han caído,

la última enredadera se ha marchitado.

El océano lleva tanto tiempo hirviendo

que nos ahoga el aliento con su vapor fétido.

 

Buscamos refugio a toda costa

del sol despiadado

que nos agrieta la piel

y seca nuestros pozos.

 

Tan grande es la deuda que hemos contraído

Que así también nos marchitaremos y nos convertiremos en polvo.

Pagaremos con las cenizas de nuestra humanidad

y dejaremos de caminar sobre esta tierra,

y la tierra olvidará nuestro nombre».

 

Esta historia original es una idea presentada por: V.D.M.

Edición final: Vëthriön Asathørn. 

domingo, 3 de agosto de 2025

Dikt fra Tomhet

 





SOLITUDE 

«En la danza del tiempo, un susurro helado,

las horas se escapan, un río cansado.

Cruel es la vida, con su manto gris,

teje esperanzas que se desvanecen en la matriz.

 

El abandono se asienta, sombra en el alma,

un eco de voces que ya no tienen calma.

La existencia se siente como un peso sin fin,

un laberinto oscuro, un camino sin fin.

 

Pero en la soledad, hay un brillo sutil,

un refugio en el vacío, un instante febril.

La belleza de estar solo, en la calma del ser,

es un canto a la vida, un renacer.

 

Así, en el silencio, se encuentra la paz,

en el eco del tiempo, un susurro audaz.

Aunque la vida sea cruel, y el tiempo un ladrón,

en la soledad plena, florece el frío corazón».

 

 

EN LAS SOMBRAS DE LA SOLEDAD 

I

«En la penumbra, me encuentro silente,

los ecos del día se apagan en sombras,

mi voz se disuelve, su eco es latente,

y el silencio profundo mis pensamientos nombra. 

 

II

La luz despierta un espejo quebrado,

donde marcas y dudas emergen sin prisas,

cada destello revela lo callado,

un mundo de ruidos que mi paz hace trizas. 

 

III

En la soledad, el alma se mira,

se asoma al vacío que abraza su ser,

una danza de sombras que nunca se retira,

en el eco de la nada, aprendo a renacer. 

 

IV

Aquí en las sombras, encuentro mi esencia,

lejos del ruido, del juicio ajeno,

la soledad viste de sabia presencia,

y en su fría calma hallo el calor pleno. 

 

V

Así en la noche, mis pasos se hunden,

las estrellas me guían, son faros lejanos,

y aunque la penumbra mis ideas confunden,

la soledad abraza, y el ser se vuelve arcano».

 

 

 

Poema creado por: NAIra M. Wiss.

Basado en pensamientos de: Jarl Asathørn.

miércoles, 10 de marzo de 2021

P. D. L. V. XI - Ich Schreite… [Yo camino…]

 


… entre gárgolas sentadas en su excremento.

… entre lluvias ácidas paridas del humo negro.

… entre suelos con vidrios que reflejan lágrimas de infantes.

… bajo el manto estelar de los monstruos que se llaman dioses.

… entre lenguas carroñeras que recitan mentiras.

… en una extensión que se oculta por razones inconclusas.

… viendo luminarias que no sabemos si están lejanas o cercanas.

… entre gritos amenazadores de turbas descontroladas que claman justicia.

… viendo fuegos de justicieros inconscientes que sueñan con una sociedad justa, pero que estará cubierta de cenizas.

… oyendo promesas de seres fatuos.

… en penumbras, con mi escudo y espada en lo más alto.

… esperando que se derrumben los cielos para recoger los pedazos.

… para encontrar mi runa antigua, y la piedra ancestral.

… el sendero de los viejos bosques, aquellos que se esconden en los sonidos del silencio y la oscuridad.



… … …

… … …

… … … hacia el profundo macro universo de la vacuidad eterna.














miércoles, 15 de julio de 2020

P. D. L. V. 00110010 - 01001100 01000101 01001010 01001111 01010011 00101110 00101110 00101110


Quiero estar lejos.

Quiero escapar de esta miseria.

Quiero perderme en la niebla, en algún fiordo…

… sueño con la lejanía, irme a lo profundo de la tierra.

La idea de seguir siendo “esto” es desoladora.

Quiero ver todo desde las alturas, desde muy arriba, mientras me rodea la muerte y la desolación.

Quiero estar en sentado en algún valle, respirando la soledad, escapando de la amargura de la ciudad, sin preocupaciones absurdas.

Quiero navegar sobre los océanos buscando tierras nuevas para descubrir algo que ilumine mis brumas.

Quiero estar lejos de todo.

Ya no quiero sentir a los humanos y sus voces llenas de mentiras.

¡Cuánta miseria regala la humanidad!

¡Cuán miserable son!

Quiero flotar en la nada para verlo todo.

Quiero ver las verdaderas galaxias y universos perdidos en la totalidad llena de vacuidad.

Quiero desaparecer por unos segundos y elevarme sobre las nubes para que mis lágrimas de hielo se confundan con la lluvia.

Quiero ver sacudirse los cimientos de este mundo irreal.

… solo deseo escapar… por unos segundos de esta burbuja maléfica creada por seudos dioses que nos ven con desdén y desprecio.

… quiero perderme en la niebla.

… correr por cerros y montañas con los pumas.

… sentir los cascos de los caballos salvajes de la Patagonia.

… flotar en los anillos de Saturno.

… huir al exo-espacio.

No quiero oír el aleteo de los insectos.

Quiero liberarme de los fraudulentos sentidos…

Quiero caminar en el borde del futuro…

Y colonizar planetas sin vida humana.

Quiero…

… estar…

… lejos.

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viernes, 15 de junio de 2018

P.E.L.C.D.S. VII : Das Ganze ist Leere


By Dark Owl

Die Kunst der Misanthropie


El todo es nada.
No somos nada, o tal vez… somos todo… o un todo… en la vacuidad.
Los conceptos son solo eso, conceptos, interpretables, como las teorías… mutables.

Vivimos en una vacuidad gigantesca que se mece entre la tecnología y la estupidez, entre la soledad y la soledad real, que se esconde detrás de teclas o ‘apepés’.
Nomofóbicos asquerosos transitando entre aislamientos y angustias, entre perversiones y frustraciones.

Hoy, la soledad, es parte de la convivencia diaria, hermosa palabra, “soledad” … no hay que rebajar esta palabra yerma para describir la imbecilidad que la tecnología ha creado. Aunque sea extraño, un ‘celular’ ha creado perdedores, psicópatas, potenciando lo que el humano siempre ha sido… un ser de baja calaña, algo no más fuerte que un gusano……… sí, esa es nuestra especie, una especie de la cual no hay que sentirse orgullosos.

La tecnología nos demuestra día a día lo patéticos que somos.

¿Cuál es la diferencia con los animales? Ninguna… ¿razonar, elegir, la espiritualidad, casarse, fornicar, creer en un dios fantasma?

¿Qué nos hace diferentes?

Yo le tengo más respeto a los hermanos menores que a mi “especie”. 
Me da vergüenza decir: ‘soy humano’.

Odio mi especie, la detesto… y no solo odio lo que somos, odio sus gustos, lo que piensan, lo que buscan, lo que sueñan. Soy la misma mierda… pero no soy lo mismo y no tengo tiempo, ni ganas, y no tengo por qué justificar estas letras…

Los humanos se destrozan por religión, por etnias, por territorios, por monedas, por envidias, por ambiciones, … se destruyen por casi todo.

El amor sigue deambulando entre una simple ilusión y una búsqueda sin nombre.

El hombre marcha con una venda soldada a los ojos. Sin ella, no ve nada.

Los tambores de guerra, como olas, viajan en medio del hambre, de la muerte y de la desesperanza.

La verdad no existe. Solo vive porque está ligada a nuestra mente.

La vacuidad de vibración baja le pertenece a la humanidad.

La vacuidad de vibración alta pertenece a los lobos solitarios, al polvo ancestral, a la realidad invisible.

El maravilloso vacío se expresa en la niebla, en el silencio aparente de los bosques, en las miradas que no pretenden engañar ni mentir, en el silencio sepulcral de una noche prístina de Luna llena bañada con mantos selenes como cascadas de Skene,... en una reflexión sin imágenes mentales, en la profunda filosofía de una danza de salamandras mientras miras una fogata.

Vacuidad… elemento esencial para entender la magnificencia de lo que somos.

Vacío… bóveda celeste que entona sinfonías desde lo profundo de los mares hasta las estrellas muertas, aún vivas por su alma del pasado.

Estoy lleno de todo, estoy lleno de nada, y espero viajar después de la aparente muerte en lo insondable de la vacuidad.


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“El mundo es bello, pero tiene un defecto llamado hombre” (Nietzsche)

Foto1: geometriadelaconciencia.wordpress.com
Foto2: afamadrid