EL CIRCO SUDAMERICANO PRESENTA:
DOS PAYASOS QL's, UNA SILLA PRESIDENCIAL Y CERO DIGNIDAD
Así es cabros, porque en América
Latina la política güeona es como el fútbol: todos los güeones corren, nadie
mete gol, y al final el árbitro puto es corrupto igual.
ACTO I:
EL LEÓN Y EL CHANCHO
Resulta que Javier Milei —esa
encarnación viviente del Guasón «sáico»... si el Guasón hubiera tenido un hijo
con una motosierra y un manual de economía de la Universidad de Chicago escrito
por Benjamin Netanyahu— decidió que era una idea brillante como el sol
viajar a suelo brasileño para llamar «ladrón» al vejete de Lula da Silva en
plena cara.
Valiente el cagao del casco, ¿no? Es como ir a la casa de tu suegra a decirle que su hija está más gorda que un hipopótamo o que su hijita se parece un manatí.
Pero aquí viene lo cómico de la
güeá: Lula, ese agüeonao que ha sido procesado, encarcelado, liberado,
reelegido y que ahora aspira a su cuarto mandato (sí, leíste bien, CUARTO,
porque aparentemente la democracia brasileña funciona como un buffet libre
donde Lula es el único cliente), es tan cuero de chancho el QL que el insulto
de Milei le resbaló como agua sobre... bueno, sobre un chancho.
Llamar ladrón a Lula es como
saludarlo de «buenos días». Es redundante... es obvio, es como señalar que el
cielo es azul o que los políticos mienten. El brasileño ni se inmutó porque,
seamos honestos con la güeá, cuando has sobrevivido a la Lava Jato, a la cárcel
de Curitiba y a tu propio vicepresidente convertido en soplón, un peluquín enojado
desde Argentina es apenas un mosquito chupándote sangre de las bolas. 😁
Acto II:
El Payaso
Motosierra
Pero no nos adelantemos con la güeá.
Milei, ese ser fascinante que combina la estética de un metalero de los 80 con
la diplomacia de un simio con hambre, no contento con insultar a su anfitrión
en su propia casa, también aprovechó para tirarle mierda al juez De Moraes y al
Supremo Tribunal Federal. Porque… ¿por qué no? Cuando ya estai en el
hoyo, lo mejor es seguir cavando hasta llegar al centro de la Tierra po’ güeón.
Milei es esa clase de güeones que
dispara para todos lados y luego se sorprende cuando alguien le devuelve los
plomos. Corre más patadas que la selección argentina en un mundial (y esa güeá
ya es decir algo). Su estrategia diplomática consiste en decir estupideces sin
miramientos y luego hacerse el sorprendido cuando el mundo entero se ofende. Es
como si pillai a Miguelito haciéndose el lindo con las minas y luego se asombra cuando las minas dicen que es pasao pa' la punta.
Güeón, … hablemos de cuentas bancarias: nuestro amigo libertario trasandino, que vende el discurso maraco de la libertad y el individualismo, tiene a Argentina vendida casi por completo al gobierno sionista de Israel. Seee, ese mismo que está haciendo cositas en Gaza que no mencionaremos para no herir susceptibilidades (pero que todos vemos en las noticias).
Resulta que la motosierra no solo corta gasto público,
también corta relaciones con cualquiera que no sea el viejo satánico de Netanyahu.
Qué conveniente la güeaíta.
Acto III:
El Zombie
Político y sus Condoros Monumentales
Pero volvamos a ese viejo QL de Lula,
porque este viejo puto merece su propio capítulo en el libro de «Cómo no tener
vergüenza y triunfar en la política».
El descarado quiere volver, otra vez,
por cuarta vez, porque aparentemente dos mandatos no fueron suficientes, tres
tampoco, y ahora quiere el cuarto. ¿Cuál es el plan, Lula?
¿Jubilarse en el Planalto?
¿Morir sentado en la silla
presidencial y dejar un decreto supremo para que te momifiquen y te pongan en
la entrada como si fueras Lenin en la Plaza Roja?
¡Ese zurdo puto es muy fresco de
hoyo!
Pero lo mejor de toda la güeá no es
su ambición desmedida, son sus condoros —esas metidas de pata que parecen
competir por ver cuál es más vergonzoso.
Si vamos a pelar hagámoslo nivel
crudo: empecemos por su errática comunicación, que es tan estable como un
castillo de naipes en medio de un huracán. El güeón no puede abrir la trompa
sin crear un incendio diplomático. Durante la campaña contra Bolsonaro, el
genio decidió criticar la política armamentista diciendo que al mandatario «no
le gusta la gente, pero le gusta la...» —y ahí se quedó, como si de repente
recordara que estaba en público y no en la cantina con los compañeros del
sindicato ni con las putitas que tanto le gustan.
Pero esa güeá fue solo el aperitivo...
cachai que Lula tiene una relación conflictiva con una güeá llamada «pensar
antes de hablar». Su propia Secretaría de Comunicación (la Secom) debe estar
compuesta únicamente de psicólogos y tranquilizantes, porque cada vez que el
presidente abre el hocico sin consultarles, el gobierno entero sufre un colapso
nervioso colectivo po’ güeón, es como si tu abuelo borrachín tuviera acceso a
la cuenta oficial de Twitter de un país.
¿Y el G20? ¡Ah, el G20! Ese evento QL
donde Brasil debería brillar, pero donde Lula decidió que era buena idea
corregir en público a su propia esposa, Janja, frente a las cámaras del mundo
entero. Nada dice «líder diplomático» como humillar a tu pareja en vivo y en
directo mientras los líderes mundiales observan el show con esa mezcla de
vergüenza ajena y diversión contenida. Los asesores del PT debieron haber
considerado seriamente la opción de amordazarlo antes de eventos
internacionales.
Pero esperen cabros, hay más.
Resulta que Lula también tiene un talento especial para la política fiscal, y
por «talento especial» quiero decir que es tan errático que los mercados
financieros necesitan una terapia QL después de cada anuncio suyo. El güeón
promete austeridad por la mañana, gasto social por la tarde, y por la noche
coquetea con controles de capital como si fuera un adolescente indeciso en su
primera cita o en su primera cachita. Los inversores internacionales no saben
si reír o llorar; optan por simplemente sacar su dinero y correr a toda raja.
Y hablemos de su obsesión con
Bolsonaro, porque parece que Lula no puede existir sin mencionar al otro güeón
cada cinco minutos:
—«Mientras viva,
la extrema derecha no volverá a gobernar Brasil», hociconeó recientemente, con esa mezcla de amenaza y
melodrama propia de villano de telenovela turca.
Oye, Lula, ¿Y si en lugar de
preocuparte por el más allá político te enfocai en el presente? Porque tu
gobierno actual está tan desorganizado que parece dirigido por un comité de
loros drogados.
La cara de palo de este güeón es
Premium, edición limitada, con certificado de autenticidad... güeón, las
termitas ven a ese viejo QL y hacen desfiles para comerse esa cara de palo.
Mientras otros políticos se retiran con dignidad (o al menos lo intentan), Lula sigue ahí, como ese pariente borracho, jugoso y pesao de las fiestas familiares, que no se va, aunque ya apagaron las luces. La palabra «vergüenza» no existe en su diccionario, fue borrada junto con «ética», «nuevo liderazgo» y «coherencia comunicacional» en la edición de 2002.
Y lo peor del güeveo es que
probablemente gane, porque en Brasil, como en toda América Latina, el voto es
menos un acto de esperanza y más un acto de resignación. «Al menos no es el
otro», se dicen los brasileños tontorrones mientras eligen entre un ladrón
confeso con tendencia a meter la pata en la mierda cada vez que respira.
EPÍLOGO DE LA GÜEÁ:
DE LOS DOS NO HACES UNO
Aquí está el chiste final, el remate
de esta tragicomedia sudamericana: de estos dos no haces uno.
— Milei, el libertario ché que odia
al Estado, pero ama el poder; que predica la austeridad mientras su país se
desangra a cagar; que defiende la libertad de expresión solo cuando él es quien
agarra a chuchadas a otros güeones.
— Lula, el izquierdista concha su
madre de cartón que habla de los pobres mientras sus bolsillos se llenan; que
representa al pueblo brasileño desde su cuarta (¿quinta?) residencia oficial;
que cree que la alternancia democrática es algo que les sucede a otros países… y
estoy seguro, se los firmo… que ese güeón cree
que la presidencia es un patio de recreo para comunistas seniles.
Son dos putas caras de la misma
moneda podrida en el concierto sudaca, extremos opuestos en el discurso,
idénticos en la esencia: ambos creen que el puto poder les pertenece, ambos
confunden a sus países con su propio ego, ambos son incapaces de un mínimo de
autocrítica.
Mientras tanto, Brasil y Argentina
siguen siendo lo que siempre han sido: dos hermanos agüeonaos que se pelean por
quién tiene el peor presidente, mientras el resto del mundo observa entre la
incredulidad y la diversión.
Porque al final de la güeá, esta no
es una crisis diplomática, es un episodio de South Park escrito por la
realidad. Seee, y no es güeveo.
Y nosotros, los espectadores,
seguimos aquí, palomitas en mano, preguntándonos cuál de los dos payasos caerá
primero del trapecio.
Spoiler alert: caen sus propios
pueblos.
Chao cabros, nos vemos.
Artículo escrito
por: Gandworf.
Portada diseñada
por: Vëthriön Asathørn. Creada con AI.
Fuente: latercera.cl
Edición final: Gandworf.


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