domingo, 29 de marzo de 2026

Eilen: Kansainvälinen metsien ja jäätiköiden päivä



Hullo, este artículo llega un día tarde porque hoy recién retornamos de un carrete «boscuro trollish»

 

HACHAZO TROLLISH I


«No sabemos por qué celebran días.

Día del bosque.

Día del glaciar.

Como si al sur le importara... tu calendario de humano ordenado con alarmas y café tibio.

El bosque magallánico no celebra tus imbecilidades, tus falsedades tus hipocresías.

Se descompone con dignidad. Árboles torcidos, sí pero no por estética, no es «místico», no es «instagrameable», es porque el viento les pega como si les debiera plata.

Y ahí están. Firmes. Mal parados, pero firmes. Como tú un lunes, pero sin quejarse.

Cuando con cuea vas de camping... caminas entre ellos creyéndote explorador, descubridor de musgo, poeta de humedad barata.

Y el bosque: ni ahí contigo. No te mira... no te juzga... no te necesita.

Y esa güeá es bacán.

El suelo está vivo, dicen.

pero no para ti, humano vittuperkele. Está vivo en ese sentido incómodo donde todo se está pudriendo para que otra cosa, igual de indiferente, ocupe su lugar. Ciclo natural, le llaman algunos. Bonita forma de decir «nadie es importante».

 

Y después el glaciar.

¡Ah, el glaciar! la postal perfecta para fingir asombro.

Te paras frente a esa masa absurda de hielo milenario y sacas una foto, una puta «sélfi».

El glaciar no posa. Cruje. Y ese crujido no es un espectáculo para ustedes, para ti, ... es memoria.

Capas y capas de años aplastados como excusas.

El hielo no es puro. Es antiguo.

Y lo antiguo no es bonito. Es pesado.

Dicen que se derrite, que está muriendo.

Claro y tú también. La diferencia es que el glaciar no anda anunciándolo ni esperando likes por su tragedia.

Se derrite en silencio, como corresponde.

Entre el bosque y el hielo hay un acuerdo tácito: ignorar al humano hasta que se vaya. Y siempre se va.

Porque el frío cala, porque la humedad aburre, porque no hay señal, porque no hay validación.

Entonces vuelves a tu casa, subes la foto, escribes algo «profundo» (profundamente falso) y que no sentiste tanto.

«Conecté con la naturaleza», dices. Mentira la güeá.

La naturaleza no conecta. Tolera.

Y aquí viene la güeá incómoda: el bosque no quiere salvarte... el glaciar no quiere enseñarte ni una güeá. Porque no son símbolos, ¿Cachai?, no son putas metáforas. Son lo que queda cuando el mundo vittuperkele sigue funcionando sin pedir permiso. 

Pero tranquilo.

Sigue celebrando días.

Sigue nombrando cosas para sentir que existen.

El sur no te va a corregir.

No tiene tiempo. Está ocupado siendo eterno a su manera rota.

Y tú bueno, tú escribe el post. Alguien tiene que fingir que esta güeá significa algo.

¡VITTU, VITUTTAA NIIN VITUSTI!

 

HACHAZO TROLLISH II

CRÓNICA DE UN BASURAL CON ÁRBOLES

(Y HUMANOS QUE SOBRAN)


 «Cachen esta güeá no es que el bosque esté enchuchao contigo. No tiene tiempo para emociones humanas de quinta. Pero si pudiera hablar, no te putearía crudo... te describiría... y esa güeá es peor. Porque hay que ser bien especial —y no en el buen sentido de la güeá— para agarrar un sillón viejo, hediondo a años de tele y culo, subirlo a una camioneta y decir cara de raja:

 

—«¿Sabes qué le falta a este bosque culiao?» ... Un living.

 

Y allá va el campeón lúser, el hijo de las remil putas. El arquitecto del desastre. El decorador del fin del mundo. Deja el sillón tirado entre coigües y lengas como si los árboles fueran parte de su casa abandonada.

Después vienen los neumáticos.

Ah, los neumáticos círculos perfectos para gente que piensa en cero... cero cerebros.

Los tiran como quien lanza una moneda pidiendo un deseo: «Ojalá nadie me cache».

Tranquilo, saco de güéas el bosque te vio... y no te olvidó.

 

Y el nivel final: el auto viejo. Puta, el monumento definitivo a la estupidez con motor. Lo dejan oxidándose como si el paisaje fuera un cementerio de sus malas decisiones.

Puertas abiertas, vidrios rotos, asientos comidos por la lluvia. Una puta cápsula del tiempo que dice:

«Aquí vivió un rechucha de su madre, hijo de la remil putas y decidió expandirse».

 

Y tú caminas por ahí, pisando hojas, ¿Cachai?, respirando sur, y de pronto... plástico, metal, espuma, bolsas con mierda, basura, tampones. La firma del humano moderno.

 

«Pero si es solo uno», dicen. «Si no pasa nada». Claro uno, más otro, más otro, más otro y de pronto el bosque ya no es bosque. Es tu puto reflejo.

 

¿Sabes qué es lo más miserable de toda la güeá?

No es la basura. Es la idea detrás. Ese pensamiento ‘aka-huora vittuperkele, patético, lúser, que susurra:

«No importa la güeá». No importa el ave que anida cerca. No importa el zorro que huele eso y no entiende. No importa el agua que pasa y se lleva tu mierda río abajo. No importa nada. ¡No importa una mierda! Porque tú ya decidiste que el mundo es un basurero con paisajes bonitos.

Y después vienen los mismos hijos de puta a sacarse fotos... «Conectando con la naturaleza» ... conectando pero con el respaldo del sillón atrás.

 

El bosque no se defiende no te va a echar no te va a gritar. Solo hace algo más elegante: te deja mostrarte tal cual eres.

 

Y el glaciar, allá lejos, cruje. No por el clima.... no por el tiempo... es por la vergüenza ajena que ni siquiera es suya. Porque mientras tú tiras basura, él lleva miles de años aguantando peso.

Tú no aguantas ni tu propio desorden.

Pero dale, dale, reconchas de tu madre. Sigue. Total el bosque no habla, los animales no escriben ni te critican en un blog como este, ni en tu puto Instagram o la mierda que uses y el hielo no te denuncia... reconchas grande de tu madre.

 

Qué güeá más conveniente, ¿no?

Hasta que un día no quede nada limpio que ensuciar.

Y ahí sí vas a mirar alrededor, rascarte la cabeza, y preguntar como agüeonao profesional:

«¿Qué güeá pasó con la naturaleza?»

Nada. La naturaleza siguió. El problema nunca fue ella... fuiste tú, puto humano insensible, hijo de las reconchas grande de tu madre.

¡PÚDRANSE TODOS, BUITRES LAME KYRPÄS !».

¡VITTU TÄTÄ PASKA!




 

Escrito por: Olog-Krevalora y Gandworf (Bajo los maravillosos efectos del alcohol)

Edición final: Asathørn.