LA FARSA DE LAS NACIONES UNIDAS
(Un circo de títeres en Nueva York)
Les explicaré —a
mi estilo— por qué la 81ª Asamblea General es apenas otra reunión de monigotes
aplaudiendo al vacío.
INTRO
Se reunieron los mandatarios del mundo —con algunas excepciones por supuesto, porque siempre hay excepciones cuando el poder real decide quién merece sentarse en la mesa— para hablar frente a los que dirigen la ONU, esa organización inútil y siniestra que no sirve para nada y que solo trabaja para los intereses de los poderosos y el gobierno oculto.
La Asamblea de la ONU es un foro donde el aire acondicionado es lo único que funciona con eficiencia y donde la retórica vacía se recicla como si fuera energía sostenible. Nos venden la idea de un «concierto de naciones», pero lo que realmente escuchamos es la cacofonía de egos inflados y el eco de un gobierno oculto que mueve los hilos mientras los mandatarios bailan al ritmo que el Pentágono y Wall Street decidan.
ONU, esa
organización «funesta» que se presenta como la guardiana de la paz mundial
mientras el mundo arde en llamas.
¿Cuántos
genocidios, cuántas limpiezas étnicas y cuántas guerras de expansión han
ocurrido bajo la mirada complaciente de sus directivos? La ONU no detiene
guerras; la ONU administra la narrativa de las guerras. Es un club social para
que los poderosos sigan siendo poderosos y para que los débiles tengan un
micrófono donde suplicar clemencia antes de ser aniquilados. Su incapacidad no
es accidental; es estructural. Un organismo que depende del financiamiento y el
veto de las potencias no puede, por definición, combatir a esas mismas
potencias. Es un perro que muerde la mano que lo alimenta solo cuando el dueño
le da permiso para hacerlo.
Y hablan. Y
hablan. Y cuando terminen de hablar, el mundo seguirá exactamente igual... Gaza
arde como cordero a la parrilla, Ucrania sangra, Sudán se desangra en silencio,
y el Consejo de Seguridad sigue siendo el club de los cinco matones que deciden
quién vive y quién muere según sus caprichos petrolíferos.
¿Qué nos deja
este festival de hipocresía diplomática que termina el 28 de septiembre?
Entremos en el
análisis de las intervenciones que han ocurrido hasta el momento, ese ejercicio
de masturbación política donde cada líder cree que está cambiando el mundo
mientras solo llena hojas de papel que terminarán en la trituradora.
Abran una
cerveza porque esto se viene denso.
LULA Y EL PATIO TRASERO QUE NUNCA FUE
SUYO
Habló Luiz
Inácio Lula da Silva ante un auditorio repleto —porque el populismo carismático
siempre atrae a la masa, porque Brasil, al fin y al cabo, sigue siendo el
gigante dormido que nadie quiere despertar del todo— y en su intervención dijo
que su país «no cabe en el patio trasero de nadie», refiriéndose a los dichos
de Donald Trump, quien aseveró en marzo de 2026 que América Latina era el patio
trasero de Estados Unidos.
Qué curioso...
Lula se ofende ahora, cuando durante décadas Brasil ha sido exactamente eso...
un patio trasero donde Washington arroja sus sobras, sus dictaduras apoyadas,
sus golpes de Estado financiados y sus políticas de ajuste estructural que
convierten la selva amazónica en un parque temático para multinacionales. Lula
habla de soberanía mientras el Banco Central brasileño sigue las órdenes de
Wall Street. Habla de autonomía mientras la Amazonia se convierte en carbono para
que Europa se lave la conciencia.
La ironía es
perfecta... Lula evitó al canciller estadounidense Marco Rubio como quien evita
a un acreedor en la calle, pero su economía sigue atada al dólar como un perro
a su correa. El patio trasero se ofende de ser llamado patio trasero, pero no
deja de ladrar cuando su dueño silba.
MILEI
(El león que maúlla)
Javier Milei
subió al podio y siguió con su retórica de siempre... Las Malvinas son
argentinas y no van a claudicar en su sueño de recuperarlas (la eterna canción
de cuna de la diplomacia argentina: un sueño recurrente que nunca despierta). Milei
dedicó un tercio de su discurso a este tema, como si las palabras pudieran
devolver territorio perdido hace más de cuatro décadas. «Malvinas es para nosotros
una causa nacional», rebuznó, mientras su propio gobierno entregaba pedazos de la
Patagonia a intereses extranjeros con una velocidad que haría sonrojar a los
vendedores de espejos del siglo XIX.
Hay que recordar
que Trump no adhiere tanto ni apoya a Inglaterra en esto, de hecho, el
presidente estadounidense declaró apenas unas semanas atrás que la posición de
EE.UU. sobre las Malvinas está «bajo revisión», una amenaza velada contra
Londres por no aumentar suficientemente su gasto militar en las guerras que
Washington decide emprender.
¿Será por las
disputas que tiene con la UE? Por supuesto. Las Malvinas son para Trump lo que
son para todos los estadounidenses... un punto de presión, una palanca, una
herramienta para doblar a los británicos cuando se niegan a seguir el guion.
Milei, el
supuesto libertario que habla de achicar el Estado, no duda en usar el aparato
diplomático para promover una causa nacionalista que sabe perfectamente que no
puede resolver. La ONU, dijo, es «inútil», y tiene razón, pero su alternativa
es peor, alinearse con Trump, con Netanyahu, con los sionistas que sueñan con
la Patagonia como su «tierra prometida alternativa».
Milei ya firmó
acuerdos militares con Israel, facilitó la compra de tierras en el sur a
capitales israelíes, y mientras habla de soberanía sobre unas islas que no
controla, entrega el territorio que sí controla a quienes quieren colonizarlo.
¿No es
surrealista todo esto?
KAST
(El enano en el hoyo)
Habló también
José Antonio Kast, en un auditorio con pocos asientos llenos —esto demuestra
que el peso de Chile es tan bajo como un enano metido en un hoyo. Se refirió al
Estrecho de Magallanes, habló de soberanía, y realizó un resumen simplón y
aburrido para llamar a la inversión extranjera a mirar a nuestro país. «Chile
está de vuelta», dijo, como si el país se hubiera ido a otro planeta de vacaciones y no
hubiera estado aquí todo el tiempo, sufriendo los embates del neoliberalismo
que su propio sector impulsó durante décadas.
Pero lo más
interesante —o lo más preocupante, según se mire toda esta mierda— fue su
adhesión al «Escudo de las Américas», esa iniciativa creada por Donald Trump en
marzo de 2026 que promete usar «fuerza militar letal» contra los cárteles de
droga. Chile pasó de ser observador a adherente formal, uniéndose a Argentina,
El Salvador, Ecuador, Perú, Paraguay y otros gobiernos de derecha que han
decidido que la seguridad pública se resuelve con acuerdos militares y no con
políticas sociales.
Esto no gustó a
los sectores de la oposición que ven con desconfianza esta alianza para
combatir el narcotráfico. Y es cierto, Kast asume livianamente que esto es solo
coordinación y ayuda entre países para combatir el flagelo de los narcos, pero
sabemos que lo que quiere Trump es otra cosa muy distinta a lo que piensa el mandatario
chileno. Seamos honestos: llamar «coordinación» a la sumisión absoluta hacia
Trump es un ejercicio de optimismo delirante.
El «Escudo de
las Américas» es, en realidad, y digamos las cosas como son... el regreso de la
Doctrina Monroe disfrazada de cooperación antinarcóticos. Trump no quiere
ayudar a Chile; quiere usar a Chile. Quiere bases, quiere inteligencia, quiere
tropas que pueda desplegar cuando le convenga. Y aquí quiero detenerme unos
segundos...
LA GEISHA Y EL SEÑOR
¿Por qué actuar
como perrito servil a los caprichos de Trump y de Estados Unidos cuando a Chile
no lo pescan ni en bajada?
¿Por qué actuar
como geisha con los gringos cuando nos subieron los aranceles?
¿Qué gana
nuestro país uniéndose a ese grupo?
¿Sabrá Kast que
es bastante inconveniente unirse a ese bloque porque en algún momento le pedirá
a Chile tropas o algo más?
La respuesta es
simple y terrible: porque Chile, al igual que Argentina, al igual que Brasil,
ha sido educado durante décadas para creer que su soberanía es negociable, que
su independencia es un lujo que no puede permitirse, que su futuro pasa por
Washington, y no por Santiago.
Kast no se da
cuenta —o no quiere darse cuenta— de que todos están haciendo tratos con el
diablo. Existe una alianza entre Trump, Milei, Netanyahu y otros serviles para
lograr los sueños de Trump. Los sionistas como Milei y Netanyahu quieren la
Patagonia. Argentina ya les ha entregado territorio a los israelíes y a los
gringos mediante acuerdos militares, compras de tierras y la apertura indiscriminada
de recursos estratégicos.
¿Luego vendrán
por el sur de Chile?
LA ONU
(El teatro de sombras)
Volvamos a la
ONU, ese cadáver diplomático que sigue respirando por inercia. Fundada en 1945
para «mantener la paz y la seguridad internacional», ha logrado exactamente lo
contrario... ha legitimado guerras, ha mirado para otro lado mientras
genocidios ocurrían bajo sus narices, y ha convertido el derecho internacional
en un catálogo de sugerencias que los poderosos pueden ignorar a voluntad.
Desde la guerra
de Corea hasta la invasión de Irak, desde Ruanda hasta Gaza, la ONU ha
demostrado una capacidad asombrosa para producir resoluciones que nadie cumple,
sanciones que no funcionan, y misiones de paz que terminan escandalizándose por
abusos sexuales o corrupción. El Consejo de Seguridad, con sus cinco miembros
permanentes armados hasta los dientes, es una burla a la idea misma de
democracia internacional, lean esto bien... cinco países deciden el destino del
mundo, y tres de ellos están permanentemente en guerra o apoyando guerras.
La ONU no sirve
para detener guerras porque nunca fue diseñada para eso, fue diseñada para
gestionar conflictos entre potencias, para dar una apariencia de legitimidad a
las decisiones de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial, para que el
imperialismo tuviera un rostro humanitario. Cuando la ONU actúa, lo hace para
legitimar intervenciones occidentales... cuando no actúa, es porque alguno de
los cinco matones del Consejo de Seguridad ha puesto su veto.
Gaza es el
ejemplo más reciente y más obsceno, pero nivel satánico, ... mientras Israel
bombardeaba hospitales, escuelas y campos de refugiados, la ONU producía
resoluciones que Israel ignoraba con el apoyo de Estados Unidos. Más de 40.000
muertos —y la cuenta sigue— mientras el secretario general pide «autocontrol»
... como quien pide a un puma hambriento que no se coma a las ovejas tan
rápido.
EL GOBIERNO OCULTO Y LOS TÍTERES
VISIBLES
Sincerémonos...
lo que vemos en Nueva York no es diplomacia, es teatro barato... cada discurso,
cada declaración, cada apretón de manos es coreografiado para mantener la
ilusión de que existe un orden internacional basado en reglas, cuando todos
sabemos que el único orden que existe es el de la fuerza bruta y el capital.
Trump, Milei,
Netanyahu, Kast —todos ellos son títeres de fuerzas mayores, de intereses
económicos que trascienden las fronteras, de corporaciones que no tienen patria,
pero sí ejércitos privados, de fondos de inversión que compran deuda soberana
como quien compra ganado. La Patagonia no interesa por su belleza; interesa por
su agua, por sus minerales, por su posición estratégica frente a la Antártida.
Las Malvinas no interesan por sus habitantes; interesan por sus recursos
petroleros y su ubicación militar.
Mientras los
presidentes latinoamericanos se pelean por migajas de soberanía simbólica, los
verdaderos dueños del mundo —los que nunca aparecen en las fotos oficiales, los
que no dan discursos en la ONU, pero sí órdenes en Davos y Bilderberg— siguen
trazando mapas, comprando tierras, firmando tratados que nunca veremos.
LA CONCLUSIÓN QUE NO QUEREMOS VER
La 81ª Asamblea
General de la ONU terminará como todas las anteriores... con un comunicado
final que nadie leerá, con promesas que nadie cumplirá, y con el mundo un poco
más cerca del precipicio. Lula volverá a Brasil para seguir negociando con el
FMI. Milei volverá a Buenos Aires para seguir vendiendo la Patagonia. Kast regresará
a Santiago para preparar la entrega de Chile al «Escudo de las Américas».
Y la ONU sigue
ahí, en su edificio de Nueva York, cobrando sus salarios, produciendo sus
resoluciones, manteniendo viva la mentira de que la comunidad internacional
existe, de que el derecho internacional importa, de que la paz es posible
mientras cinco países tengan derecho a vetarla.
No sirve para
nada, pero esa es precisamente su función, servir de escenario para que los
crímenes del poder parezcan debates, para que la dominación parezca
cooperación, para que la entrega de soberanía parezca integración regional.
El «Escudo» es
la puerta de entrada. Primero llega la «ayuda contra el narco», luego llega el
«apoyo militar», y finalmente llega la ocupación administrativa de zonas
«estratégicas». Kast y los suyos creen que están haciendo tratos inteligentes;
en realidad, están haciendo tratos con el enviado del diablo, y el diablo
siempre cobra la deuda con intereses territoriales.
La ONU sigue siendo el circo, los mandatarios los payasos y nosotros los espectadores que pagan la entrada con sus impuestos.
Mientras Chile se esfuerza por ser la
mascota favorita de Trump, el mapa del sur se redibuja en oficinas oscuras
donde la soberanía es solo una palabra obsoleta en un diccionario que ya nadie
lee.
El patio trasero
sigue siendo patio trasero. Solo que ahora los inquilinos aplauden mientras les
suben el alquiler.
Escrito por: Vëthriön Asathørn y el Dream Team de Trollish News.
Portada diseñada por: V.D.M.
Edición final: Vëthriön Asathørn.

