viernes, 17 de abril de 2026

Crónicas del Fracaso Útil [La Eterna Ruleta Rusa Peruana]



Este artículo, tranquilamente, podría llamarse «La historia sin fin», ¿Saben por qué cabros? Porque tenemos a Perú otra vez frente al espejo: deben optar por los dos candidatos, que, hasta hoy, son los que llevan las preferencias de los burritos… o sea, elegir entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez… como quien decide si quiere una resaca vieja o una nueva con etiqueta distinta.

 

En Perú —como ya hemos visto en otros artículos— la política ya dejó hace rato de parecer una institución republicana seria para convertirse en una especie de experimento sociológico donde el ciudadano entra a la urna como quien entra a una ruleta rusa, pero con más candidatos y menos esperanza.

Y ahora aparecen dos nombres que vuelven a poner al país en esa vieja costumbre peruana de elegir no al mejor, sino al que parece menos capaz de incendiar la casa en la primera semana: Keiko Fujimori y Roberto Sánchez.

 

KEIKO FUJIMORI:

LA CANDIDATA QUE NUNCA SE VA

Hablar de Keiko es como hablar de una saga política que el país no logra cancelar.

Keiko Fujimori no es simplemente una candidata, es una presencia permanente en la política peruana, una especie de fantasma electoral que cada cierto tiempo vuelve para recordarle al país que la historia, en Perú, jamás termina: simplemente se recicla hasta el cansancio.

Como todos saben, su apellido arrastra una herencia pesada, más pesada que Otakín en brazos:

• Autoritarismo.

• Polarización.

• Corrupción histórica.

• Y para redondear… una parte del país incaico aún confunde «mano dura» con «democracia funcional».

 

Durante años —«Keikito»— enfrentó investigaciones por presunto lavado de activos y financiamiento irregular de campañas en el famoso «Caso Cócteles», una novela judicial tan larga que ya parecía serie de streaming. Aunque parte del proceso fue archivado por el Tribunal Constitucional, la sombra quedó pegada como humedad en pared vieja. [1]

Porque en política latinoamericana ocurre algo curioso: aunque la justicia a veces retire expedientes, el olor político no desaparece tan fácil.

Keiko representa para muchos peruanos una pregunta incómoda:

¿Cuántas veces puede un país votar contra un apellido... antes de terminar rindiéndose ante él?

 

ROBERTO SÁNCHEZ:

EL CANDIDATO DEL «CAMBIO» ... CON ECOS INQUIETANTES

Del otro lado aparece Roberto Sánchez, presentado por algunos como alternativa, renovación y cambio social.

El problema es que en Perú la palabra «cambio» ya genera sudor frío.

Sánchez carga con una cercanía política al entorno del expresidente Pedro Castillo (El ex presidente que usaba un lavatorio como sombrero), figura que dejó al país atrapado entre improvisación, crisis institucional y caos permanente. Esa asociación no es precisamente un detalle menor. [2]

Además, recientemente se conocieron cuestionamientos por un posible uso indebido de personal público en actividades proselitistas, algo que en cualquier democracia seria sería escándalo, pero que en Perú a veces compite por atención con cinco escándalos más antes del almuerzo. [3]

El problema con Sánchez no es que represente una izquierda progresista que quiere acabar con todo. El problema es que algunos temen que represente esa peligrosa versión latinoamericana del político que promete justicia social mientras detrás empieza a asomarse el clásico libreto de:

• Victimismo político.

• Confrontación institucional.

• Y la eterna tentación de culpar al sistema mientras se aprovecha de él. (Como lo hizo, por ejemplo, Nicolás Maduro, que engordó su patrimonio en millones de dólares)

 

Sánchez no parece tan gastado como Keiko, pero tampoco parece completamente limpio.

Y en Perú, últimamente, eso ya casi se considera una virtud.

Entonces, ¿quién es mejor para los peruanos?

Mmm, la pregunta quizá está mal planteada.

No parece una elección entre: «¿Quién es mejor?»… sino más bien: «¿Quién puede hacer menos daño?»

 

Keiko ofrece:

• Experiencia política.

• Estructura partidaria.

• Respaldo conservador.

• Previsibilidad institucional.

 

Pero también:

• Desgaste extremo.

• Rechazo histórico.

• Desconfianza profunda.

• Y el eterno fantasma del fujimorismo.

 

Sánchez ofrece:

• Imagen de «renovación».

• Discurso social.

• Distancia parcial del establishment.

 

Pero también:

• Vínculos políticos preocupantes.

• Ambigüedad ideológica.

• Y señales que muchos ven como una posible reedición del caos reciente.

 

VAMOS CON LA CONCLUSIÓN INCÓMODA

La verdad más amarga quizá sea esta: los dos son cuestionables.

Uno representa un pasado que muchos no quieren revivir.

El otro podría representar un futuro que muchos temen repetir.

Keiko parece la vieja herida que nunca cicatrizó.

Sánchez parece la nueva incógnita que podría convertirse en problema.

Y el votante peruano, una vez más, queda atrapado en ese deporte nacional involuntario: elegir entre lo conocido que decepciona y lo nuevo que inquieta.

 

En otras palabras:

Perú no estaría eligiendo un presidente, estaría, otra vez, tratando de decidir qué tipo de incertidumbre quiere soportar durante los próximos años.

 

 

Fuentes:

[1]:

efe.com/mundo/2025-10-20/keiko-fujimori-juicio-peru-orden-archivo-tribunal-constitucional

[2]:

reuters.com/world/americas/peruvian-markets-stumble-castillo-backed-leftist-gains-ground-2026-04-16

[3]:

infobae.com/peru/2025/12/18/jee-concluye-que-roberto-sanchez-falto-a-la-neutralidad-electoral-al-usar-empleados-de-su-despacho-en-actos-proselitistas

 

Escrito por: El Dream Team de Trollish News.

Edición final: Vëthriön Asathørn.