«Sobre las alas veloces
y ágiles de un águila,
atravesé la negrura
absoluta.
No había nubes sobre
mí, ni tierra bajo mis pies;
la llama era mi única
luz.
Caí en la nada, hasta
que el impacto detuvo mi caída,
hacia un mundo
desconocido para el hombre.
Desde un bosque,
intacto e invisible, percibí
un susurro que me
llamaba,
instándome a seguir el
sendero del que no hay retorno.
Paso a paso recorrí
este camino
que nadie había trazado
jamás,
aferrando con fuerza mi
escudo y mi espada.
Una oscuridad
envolvente me abraza,
aunque las llamas arden
con intensidad.
A lo lejos, un
resplandor titilante;
la hoguera, mi luz
guía.
Nieve, acaríciame,
afilada y fría,
hasta lo más profundo
de mi hogar.
Ahora estoy cansado,
asustado;
mi voluntad comienza a
quebrarse.
Desde un bosque,
intacto e invisible, percibo
un susurro que me
llama,
instándome a seguir el
sendero del que no hay retorno.
Paso a paso recorro
este camino
que nadie había trazado
jamás,
aferrando con fuerza mi
escudo y mi espada».
Letras:
Falkenbach.
Edición
final: Vëthriön Asathørn.
