La demencia de algunos líderes
mundiales sobrepasa cualquier adjetivo.
Algunos creen que son enviados
celestiales, otros que pertenecen a linajes divinos, otros creen hablar por
Dios, la mayoría necesita brújulas para encauzar a sus países, hay otros que se
creen comisarios, existen libertarios, en fin, hay de todo en la viña del
diablo.
Todo se encapsula en dosis letales de
locura.
La guerra se transformó en el camino a
las libertades.
El genocidio es la medicina para
mejorar a esta especie.
La élite observa.
Sus lacayos ejecutan.
Los pueblos callan con una parsimonia
patética.
Llueven langostas vestidas de ‘Keres’.
La verdad es un fruto prohibido.
Las mentiras son el néctar que endulzan
las mentes mediocres, ávidas por seguir siendo polinizadas por insectos que se
esconden tras grandes titulares.
A veces queda la sensación de que cada
gobernante de los países grandes e industrializados son elegidos en
psiquiátricos.
Donald Trump nos demuestra con cada
acción que al parecer convive con la demencia, tal vez sea solo ambición
enfermiza, o superioridad inflada por los medios y sus partidarios. Es un
ejecutor títere, alguien que tiene una visión sesgada de la realidad, es como
si viviera en una burbuja propia, un espacio dimensional lleno de impulsos tormentosos
y cada vez más obnubilados por el poder que detenta.
Kim Jong-Un, otro demente que camina en
una tierra aislada, sacada de cuentos esquizofrénicos, donde siente que cada
molécula de su ser es de procedencia divina, y que cada movimiento suyo es oro
puro. Mueve dinero para su maquinaria bélica y entrena, en el intertanto, a su
hija adolescente para ser, tal vez, la suprema de Corea del Norte en el futuro.
Vladimir Putin, silencioso, de pocas
palabras, pasa casi inadvertido, pero en el fondo es otro engendro dominado por
el poder. Ese silencio casi metódico da muestras de una mente siniestra que
prefiere trabajar en las sombras y dar menos espectáculo. Sueña con jubilarse
en el sillón presidencial de Rusia. Todavía no vemos los reales alcances de su
locura fría.
Netanyahu cree que un soldado de alguna
milicia celestial, y sigue una cruzada absoluta en contra de los goym y de
todos quienes se interpongan en el camino predestinado por su «dios». Es un
sicópata que tiene las manos llenas de sangre y su locura ambiciosa es digna de
llenar manuales de sicopatías enfermizas divinales.
Vivimos en un mundo demente, que está viajando
por un sendero hacia las montañas de la locura.
«Todos
quieren llegar al trono: su demencia consiste en creer —¡que la felicidad se
sienta en el trono! Con frecuencia es el fango el que se sienta en el trono— y
también a menudo el trono se sienta en el fango».
Friedrich Nietzsche
(filósofo, poeta
y filólogo alemán, 1844-1900)
Una idea reflexiva escrita por: Vëthriön Asathørn
Portada diseñada por: Vëthriön Asathørn y creada con AI.
Edición final:
Vëthriön Asathørn

