lunes, 28 de septiembre de 2026

Crónicas del Fracaso Útil [Sergey Lavrov i iskusstvo prosit' ob odolzheniyakh, ispol'zuya chuzhiye zadnitsy]

SERGUÉI LAVROV Y EL ARTE DE PEDIR FAVORES 

CON EL CULO AJENO

(Un masterclass en cinismo diplomático)

¡Aaah!, las Naciones Unidas, ese majestuoso escenario ‘perkele’ donde los representantes de países con historiales más manchados que el delantal de un cirujano en plena época de la peste negra... se paran en podios de mármol para dar lecciones de moral como si fueran el mismísimo Dalai Lama con traje de tres piezas. Y este fin de semana, el escenario le tocó al parco Serguéi Lavrov, el ministro de Asuntos Exteriores ruso que parece haber salido de un casting de «Villano de Película de los 80: Edición Maten a James Bond».

Aparece con esa cara de quien acaba de descubrir que el vodka se terminó, pero debe mantener la compostura sí o sí. Lavrov subió a la tribuna de la ONU para soltar una perla que ni el más optimista de los comediantes de stand-up podría haber inventado... exigir —cara de raja— la liberación de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, acompañado de un pedido bonus-track para que levanten el bloqueo a Cuba. Sí, porque cuando piensas en libertad y derechos humanos, obviamente lo primero que te viene a la mente es Rusia... es como pedirle consejos de alimentación saludable a un yanqui que vive tragando en McDonald’s.

 

EL CHISTE SE CUENTA SOLO

Imaginen la escena ‘perkele’: un funcionario del gobierno de Vladimir Putin —sí, ese mismo Putin que ha convertido la persecución de disidentes en deporte nacional y cuya idea de «diálogo democrático» consiste en envenenar opositores hasta que brillan en la oscuridad— pidiendo la liberación de alguien. Es como el lobo de Caperucita exigiendo justicia por el maltrato a los corderos. ¡Voi paska! El nivel de cinismo es tan grande que uno empieza a sospechar que en el Kremlin tienen un departamento especial dedicado a medir cuánta hipocresía de mierda pueden soltar antes de que el universo colapse bajo el peso de la ironía.

«Exigimos la pronta liberación del dirigente venezolano y su esposa», declaró Lavrov con la solemnidad de quien está pidiendo la liberación de Mandela y no de un güeón piraña cuyo gobierno ha logrado que Venezuela pase de ser el país con las mayores reservas petroleras del mundo a competir con Haití en quién tiene la economía más devastada y hecha mierda sin necesidad de un terremoto de por medio.

Y lo de «excesos», ¡Por favor! Que Lavrov hable de excesos es como que Jeffrey Dahmer dé consejos de cocina saludable po’ güeón.

En Rusia, «exceso» es sinónimo de «meditación zen». Opositores cayendo por ventanas, periodistas envenenados, y una invasión a un país soberano que ya va para el tercer año porque aparentemente Putin nunca jugó ‘Risk’ de niño y no entiende que conquistar territorios en el siglo XXI no funciona como en el ‘Age of Empires’.

 

LA PAREJA DEL SIGLO

Pedir la liberación de Maduro y Cilia Flores es, para ser claritos con la güeá, es como exigir que liberemos a un Alien y a un Depredador para que salgan a jugar. Aunque, seamos honestos, eso sería insultante para los xenomorfos y cazadores intergalácticos, al menos esos seres tienen un código de honor y una eficiencia que los venezolanos envidiarían en sus gobernantes. Maduro y Flores son más bien como Bonnie y Clyde, pero sin el glamour, sin el romance, y con la economía de un país entero como botín en lugar de unos miserables bancos de Texas.

El matrimonio presidencial venezolano es esa combinación perfecta de nepotismo ‘perkele’, narcotráfico y gestión económica que haría llorar a un mono de organización. Y Rusia, por supuesto, los defiende a capa y espada, no porque les importe particularmente la suerte del pueblo venezolano —hay que cachar que al Kremlin le importan los venezolanos tanto como le importan los derechos de los pingüinos en la Antártida— sino porque Maduro es su títere ‘vittuperkele’, su peón ‘mamagüevo’ en el tablero geopolítico, su forma de decir «mira, mamá, todavía tenemos influencia en el patio trasero de Estados Unidos».

 

DOS HULKIANOS, NINGUNA VICTORIA

Pero no nos confundamos con la güeá... Rusia no es la única protagonista de este circo de tres pistas. Rusia y Estados Unidos son dos potencias «hulkianas» que comparten más de lo que quieren admitir, ambas tienen la costumbre de meterse en guerras que no pueden ganar, bombardear países hasta la Edad de Piedra «para salvarlos», y luego sorprenderse cuando la población local no les agradece con desfiles y flores.

Estados Unidos lleva décadas demostrando que puede convertir democracias en caos con la misma eficiencia con la que Rusia convierte opositores en estadísticas de defenestración accidental. Son dos lados de la misma moneda de cobre oxidado: un güeón habla de libertad mientras financia golpes de Estado, el otro güeón habla de soberanía mientras anexa Crimea y niega que existan tanques rusos en Ucrania a pesar de que los GPS de los soldados están en ruso y traen *borscht en la lonchera. 

(*Es la sopa rusa de remolacha)

La diferencia es que Estados Unidos al menos tiene la decencia de cambiar de presidente lúser cada cuatro años, mientras que el petizo de Putin parece haber descubierto la fórmula de la inmortalidad política y se aferra al poder con la tenacidad de un parásito intestinal en temporada de vacaciones.

 

CUBA

(La isla del pasado perpetuo)

Y luego está la güeá del bloqueo a Cuba. Lavrov, con esa cara de póker que debe requerir horas de entrenamiento frente al espejo para no reírse de sus propias mentiras, pide el fin de las sanciones contra la isla como si Rusia fuera algún tipo de campeón de los oprimidos. Claaaro, porque nada dice «apoyo a la democracia» como defender a una dictadura que lleva más de seis décadas en el poder, ha convertido a sus ciudadanos en rehenes de un sistema fallido, y todavía cree que la solución a todos los problemas es culpar al embargo estadounidense mientras los dirigentes viven como oligarcas y el pueblo hace colas para comprar pollo... si es que encuentran siquiera los huesos de uno.

Pedir el fin del bloqueo desde la tribuna rusa es como que un pirómano exija regulaciones más estrictas sobre los extintores po’ güeón. Rusia no quiere que Cuba sea libre; quiere que Cuba siga siendo un cascarón vacío donde pueda instalar bases de espionaje y recordarle al mundo que todavía tienen algo de influencia en el hemisferio occidental, aunque sea en un país donde los autos de los 50 son considerados tecnología de punta porque no hay repuestos para nada fabricado después de 1989.

 

CONCLUSIÓN DEL GÜEVEO

(El tejado de vidrio y la piedra gigante)

Volviendo a Serguéi Lavrov, ese güeón que debe despertarse cada mañana, mirarse al espejo y pensar: «Hoy voy a dar otra conferencia de prensa sin reírme de mí mismo». Es admirable, en cierto sentido perverso, la capacidad de estos funcionarios ‘aka-huoras para mantener la compostura mientras el tejado de vidrio sobre sus cabezas se convierte en un invernadero de cristal templado. Hablan de derechos humanos mientras sus policías antidisturbios golpean manifestantes en Moscú, hablan de soberanía mientras bombardean hospitales en Ucrania, hablan de democracia mientras envenenan a quienes se atreven a disputarles el poder. ¡Nooo, que paren de ser tan caras de raja!

Y lo peor —o lo mejor de la güeá, dependiendo de qué tan cínico seas— es que lo hacen con la cara completamente seria, güeón, no hay un ápice de vergüenza, ni siquiera un rubor sutil, ni una mirada perdida que delate que en algún rincón de su cerebro hay una neurona solitaria gritando «¡Pero si nosotros hacemos exactamente lo mismo!».

Así que la próxima vez que Lavrov o cualquier representante ruso ‘vittuperkele’ suba a una tribuna internacional a dar lecciones de moral, recordemos que estamos ante un artista del cinismo, un maestro de la desfachatez, un virtuoso de la hipocresía diplomática. Y sonrían cabros, porque al menos nos dan material de comedia que ningún guionista podría inventar. La realidad ‘perkele’, en su absurdo, siempre supera a la ficción.

Y mientras tanto, Maduro seguirá donde está, Cuba seguirá siendo Cuba, y Rusia seguirá preguntándose por qué el mundo no los quiere invitar a las fiestas. Spoiler: es porque llegan, se orinan y se cagan en el sofá, y luego exigen que les sirvan el pastel primero.

¡Que paren de gozar!

¡Vittu ne kaikki!

[Spoiler: las termitas hacen fila cada vez que ven a Serguéi Lavrov para comerse esa tremenda cara de palo que tiene]



 

Escrito por: Olog Krevalora.

Portada: V.D.M. Creada con AI.

Edición final: Olog Krevalora.