«En tiempos antiguos, reinaba el caos.
La noble Edad de Oro fue forjada por las espadas de los
primeros titanes y los alientos de los dragones.
Era una época en la que la magia corría libre por la
tierra, en ríos salvajes y resplandecientes de colores brillantes y poderosos.
El caos era libertad.
La magia era naturaleza salvaje.
Los dioses bendecían las tierras con toda su fuerza y su
voluntad benevolente.
Las criaturas de aquellos tiempos ancestrales eran las
cuatro razas sagradas de los elementos, guardianas del verdadero poder de todos
los mundos, encargadas de custodiar los artefactos sagrados.
Los dragones, guardianes del fuego y los metales,
creadores de la poderosa ‘Dragonslayer’, la espada única.
Los elfos, espíritus de la naturaleza y los bosques,
creadores de la vara esmeralda de la tierra.
Las sirenas, defensoras de todas las aguas, creadoras del
tridente de zafiro del abismo.
Los ángeles, señores del aire, gobernantes de los cielos
y portadores de la sagrada arpa de las tormentas.
Los dioses dieron vida a todas las criaturas, mientras el
bosque resonaba con las risas de las ninfas y los cascos de los unicornios.
Las montañas se convirtieron en fortalezas de dragones y
enanos.
Los mares eran la cuna azul de los caballitos de mar, los
orcos y los tritones.
Las tierras vieron nacer los reinos de los hombres.
Entre todos los humanos, algunas mentes poderosas se
convirtieron en los primeros magos, gobernantes de los reinos.
Eran almas profundamente conectadas con la magia del
mundo, capaces de tocar con la punta de sus dedos los susurros de los dioses.
Sus reinos eran los más espléndidos y crecían bajo la
bendición de la luz: ricos y llenos de conocimiento, felicidad, música y danza.
Pero allí donde la luz brilla con mayor intensidad, la
oscuridad extiende su mano más cruel y poderosa.
Entre los humanos, en el patio del castillo de los magos,
nació un pequeño bebé entre las sombras.
Era hijo de una bruja ahorcada por sus crímenes, pues
había tomado como amante a uno de los demonios prohibidos.
De su vientre, mancillado por rituales obscenos, nació el
odio encarnado. Su nombre era Xatron.
Recién nacido, cubierto de sangre y barro, Xatron fue
llevado al castillo, donde fue tratado peor que un esclavo y convertido en el
bufón de la corte.
Era objeto de burlas y torturas de todas las formas
posibles, para diversión de los señores.
Una noche logró escapar y, tras adentrarse en una cueva,
encontró la entrada a los reinos oscuros.
Allí creció, entrenado por los demonios de su padre para
dominar las artes oscuras de la magia.
Regresó del reino de los muertos, mitad demonio y mitad
humano, para vengarse de aquellos miserables y sucios humanos que se habían
atrevido a maltratarlo.
El malvado y poderoso bufón forjó, en cristal oscuro mezclado
con su propia sangre, el cetro de los muertos y se volvió invencible.
Furioso y decidido a gobernar sobre todos los mundos,
esclavizó a orcos, goblins y muertos vivientes, levantando un ejército terrible
e imbatible.
Conquistó y destruyó, borrando incluso la memoria de los
reinos.
Nada quedó en las tierras ni en los corazones de los
hombres.
En el devastado caos oscuro de aquella gran guerra,
utilizó toda la energía de los sacrificios para elevar su castillo hasta la
cima del mundo, sobre la montaña más alta: Dragonhold.
Allí, entre los glaciares congelados, lanzó el hechizo
que encerró a los dragones en un sueño eterno.
Diez mil años después, el mundo se había convertido en un
lugar oscuro y perdido bajo su reinado cruel e inmortal.
Y, sin embargo, un pequeño grupo se formó, casi por
casualidad, guiado por el destino:
Un mago, un bárbaro, un elfo, un clérigo y un caballero.
Cinco dedos de la mano de Dios, reunidos por los hilos
del destino.
Una profecía cantada por el vidente en tiempos antiguos,
entrelazada en las cuerdas del arpa de los ángeles, había predicho su llegada
desde el principio del mundo.
Sin embargo, el pergamino fue ocultado por Xatron,
temeroso de la profecía que anunciaba su propio y fatal final.
Pero el mago, quien una vez había sido el mejor aliado
del bufón, su mano derecha, quedó horrorizado por sus actos de maldad.
El mago descubrió aquella profecía en la biblioteca
sagrada de los elfos y decidió traicionar a Xatron para salvar al mundo.
El pergamino reveló a los héroes.
Los dragones despertaron, convocados por la voluntad de
la profecía, y se dispersaron por todo el mundo.
Huyeron de la ira de Xatron, quien temía la leyenda de la
Dragonslayer y los artefactos sagrados, las armas ancestrales, los únicos
medios capaces de derrotarlo.
Por eso, intentó apoderarse de todos ellos.
Venció al señor del abismo y conquistó primero el
tridente.
Gracias al mago, sin embargo, los héroes descubrieron la
existencia de los artefactos e iniciaron la búsqueda a través de todos los
reinos olvidados.
La poderosa Dragonslayer, portadora de la justicia, y la
reunión de los dragones.
Después de un largo viaje y de batallas interminables,
los héroes finalmente se enfrentaron a Xatron.
Estaban preparados para ganar aquella batalla épica con
la ayuda de los dragones y restaurar los legítimos reinos y el sagrado dominio
de la luz, perdido hacía tanto tiempo, pero jamás olvidado».
Lírica de: Heroes of Forgotten Kingdoms.
Diseño de portada:
Vëthriön Asathørn. Creada con AI.
Edición final: Vëthriön Asathørn.

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