EL «PLAN ESTRECHO DE MAGALLANES»:
CÓMO
ARGENTINA DESCUBRIÓ (DE NUEVO) UN TERRITORIO QUE NO ES SUYO Y QUIERE QUEDÁRSELO
Si una güeá que a los argentinos les
sale bien –además de quejarse del clima, discutir política en un asado y creer
que Maradona era un dios o que Messi sigue siendo el mejor del mundo– es
reclamar soberanía sobre güeás que claramente no son de ellos. Esa güeá es una
tradición nacional, casi un deporte olímpico no reconocido. Primero fueron las
Malvinas (y se armó el lío que ya todos conocemos), después se dijo que la
Antártida era «de ellos» porque sí, porque Argentina es grande y tiene frío, y
ahora... el Estrecho de Magallanes. Nada de güeás chicas.
Sí, cabros, leyeron bien. El jefe
del Estado Mayor General de la Fuerza Aérea Argentina, el brigadier Gustavo
Javier Valverde (varón, argentino, con bigote y pelo cano, onda cabeza de ajo),
soltó una perla en una entrevista que, si no fuera porque la dijo un tipo con
galones, podría pasar por el borrador de un guion absurdo de Los Simpson.
Valverde declaró, con toda la seriedad de un güeón que viste uniforme, que
Argentina debe «profundizar su presencia» en el Estrecho de Magallanes. O sea,
que Chile, que ha sido dueño de ese paso marítimo desde que el mundo es mundo
(o al menos desde 1881), debería hacerse a un lado porque el brigadier ‘vittuperkele’
se levantó con ganas de expansión territorial ese día.
¡Linda la güeá!
EL
ESTRECHO DE MAGALLANES: DE QUIÉN ES Y POR QUÉ A ARGENTINA LE IMPORTA UN
PIMIENTO
Vamos por parte como dijo Jack el
Destripador: para los no iniciados y que no cachan ni una güeá... el Estrecho
de Magallanes es un paso natural entre el océano Atlántico y el Pacífico,
ubicado en el extremo sur del continente. Es angosto, ventoso, frío y lleno de
glaciares. Básicamente, el pasillo de un congelador gigante, tranquilamente
podría ser el jacuzzi del yeti. Fue descubierto por el portugués Fernando de
Magallanes (que navegaba para España, pero eso es otra historia) en 1520.
Durante siglos, fue la única ruta para cruzar de un océano a otro sin dar la
vuelta al Cabo de Hornos, que es como el infierno pero mojado.
Hoy, el Estrecho es, legal e
indiscutiblemente, chileno y de esa güeá no hay duda alguna. Desde 1881, un
tratado entre Argentina y Chile dejó clarísimo que el Estrecho de Magallanes
pertenece a Chile. Pero, ¿qué es un tratado internacional cuando un general
argentino se despierta con ganas de hacer historia y de pintar el mono? Exacto:
un papel mojado.
La declaración de Valverde
lamentablemente, no fue un chiste. (tengo ganas
de escribir una buena chuchada en contra de ese vejete ‘aka-huora, pero este
artículo es medianamente decente)
Dijo, cito textualmente: «Tenemos que
profundizar nuestra presencia en el Estrecho de Magallanes porque es clave para
la defensa y la proyección hacia la Antártida».
¿Profundizar presencia?
¿Acaso Argentina tiene casa de
verano en Punta Arenas y no nos avisaron?
¿O se refiere a que enviarán una
delegación de turistas a comprar llaveritos de pingüinos? Porque si es eso, ya
lo hacen. Los argentinos vienen a Chile a comprar barato y a quejarse del
pisco. Eso no es presencia estratégica, es turismo de consumo fronterizo.
Si Valverde quiere... yo puedo «profundizar
presencia» con alguna de sus hijas, si tiene... y si son potables.
EL
SÍNDROME DE LA «PATRIA GRANDE»:
CUANDO
LA GEOGRAFÍA NO IMPORTA
Cabros, seamos sinceros, este es un
patrón que se repite en la política exterior argentina, pareciera que cada
cierto tiempo, algún funcionario lúser (generalmente un militar o un político
con poca popularidad y mucho tiempo libre) decide que Argentina necesita «recuperar»
alguna güeá que no es suya. Como ya dije, primero fueron las Islas Malvinas, un
reclamo legítimo que se transformó en guerra y en un dolor de cabeza
generacional. Después, la Antártida, que es de todos, pero Argentina dice que
es «suya» porque tiene bases científicas y pingüinos con acento porteño. Y
ahora, el Estrecho de Magallanes. Güeón, que paren de gozar.
Es como si Argentina tuviera una
lista de territorios ajenos que revisa cada década y dice: «Bueno, ya nos
peleamos por las Malvinas, ¿qué güeá toca ahora? ¿El Estrecho? ¡Dale, ese no lo
hemos reclamado desde 1990!». Es la
versión geopolítica de la dieta yo-yo.
Y lo más irónico de la güeá es que
el brigadier Valverde da esta declaración en un contexto donde Argentina está
en terapia intensiva económica, tienen una inflación que sube más rápido que un
misil, pobreza que no para de crecer, y la Fuerza Aérea no tiene suficientes
aviones para patrullar su propio espacio aéreo (los pocos que tiene son de la
época de Alfonsín, son algo así como cacharros aéreos). Pero claaaro, lo
importante es reclamar el Estrecho, no sea que Chile se crea que puede pasar
por su propio territorio sin pedir permiso. ¡Qué descaro la güeá!
LA
POSIBILIDAD DE UNA GUERRA DE PISCOS
VERSUS
FERNET
Imaginemos por un momento que
Argentina, en un arranque de fervor patriótico, decide «profundizar su
presencia» en el Estrecho de Magallanes. ¿Qué güeá pasaría? Podrían enviar a la
Armada Argentina... ¿La Armada Argentina? Esa que tiene un submarino que se
hundió en el Atlántico y que jamás de los jamaces apareció, y un buque escuela
que es más famoso por sus carretes que por sus maniobras militares. Sí, esa
misma, sería como mandar a una banda de música a una batalla campal.
Nuestro Chile, por su parte, tiene
una Armada que sí funciona, que compra equipos nuevos y que, para colmo, tiene
experiencia en navegar el Estrecho porque... ¡es nuestro! Increíble. También tenemos
Carabineros, que son policías militares que no se andan con güeás, si Argentina
intentara «profundizar presencia» en el Estrecho, probablemente terminaríamos
con un conflicto diplomático seguido de una avalancha de memes chilenos
burlándose de la prepotencia argentina. Y tendríamos razón.
Además, ¿qué ganarían esos güeones?
El Estrecho de Magallanes no es precisamente Miami Beach. Es un canal helado a
cagar, ventoso, con corrientes traicioneras y donde la visibilidad es tan mala
que ni los pingüinos saben hacia dónde mirar. Es el lugar perfecto para
perderse, congelarse el culo y arrepentirse... pero claro, es «su derecho
histórico» (según el brigadier).
LA
FUERZA AÉREA ARGENTINA:
LOS
DUEÑOS DEL CIELO (Y DEL DELIRIO)
Analicemos un poco al protagonista
de esta comedia involuntaria y lúser. El brigadier Gustavo Javier Valverde es
el jefe del Estado Mayor General de la Fuerza Aérea Argentina. ¿Qué hace la
Fuerza Aérea Argentina hoy en día? Principalmente, custodiar el espacio aéreo
con aviones que tienen más años que el himno nacional y que, en muchos casos,
no pueden volar porque les faltan repuestos. Yo sé que no me van creer esta güeá,
pero los aviones argentinos son iguales a los aviones de los picapiedras... si
no hay repuestos, sacan el suelo y a pata pelá corriendo... y a volar.
Valverde, en lugar de estar
preocupado por la falta de combustible para los aviones o por la antigüedad de
los radares, decide que el gran problema nacional es que Chile tiene un
estrecho que, según él, deberíamos compartir. Es como si el dueño de un carrito
de supermercado decidiera reclamar la propiedad del pasillo de lácteos. «Este pasillo
es mío porque mi carrito tiene ruedas y pasé primero».
Lo peor del güeveo es que este tipo
de declaraciones no caen en un saco roto. En Argentina, cualquier güeá que
suene a «reclamo territorial» es tomada como una gesta heroica por sectores
ultranacionalistas que todavía usan vinilo de la guerra de Malvinas. Así que probablemente,
en los próximos días, veremos a algún político K o a algún cerebro de mosquito
de X (Twitter) pidiendo que «defendamos la soberanía del Estrecho con uñas y
dientes». Son agüeonaos, no tienen problemas más urgentes, como el hambre, la
inflación o la inseguridad, es mejor pelear con Chile por unos kilómetros de
agua helada.
CHILE:
EL
VECINO INCÓMODO QUE TIENE RAZÓN
Chile, por su parte, debe estar
frotándose las manos... cada vez que Argentina hace una de estas declaraciones
güeonas, los chilenos se unen más en torno a nuestra propia bandera y agradecemos
no tener que lidiar con esa clase política argentina. Además, sabemos que el
Estrecho de Magallanes es nuestro por derecho, por historia y por el sentido
común. La Cancillería chilena ya redactó una nota diplomática elegantemente escrita
que básicamente decía: «Señores argentinos, con todo respeto, métanse sus
declaraciones donde no les da el sol».
Y mientras tanto, el brigadier
Valverde —viejo vittuperkele— seguramente seguirá haciendo declaraciones,
porque en Argentina los militares no tienen mucho más que hacer que declarar
güeás imbéciles.
La última vez que la Fuerza Aérea argentina
vio acción fue en la guerra de Malvinas, y cachamos cómo terminó eso. Tal vez
por eso tienen tiempo libre para pensar en sueños de grandeza.
CONCLUSIÓN:
UN
ESTRECHO DE ESTUPIDEZ
Al final del día, lo más triste de
esta historia no es que un militar argentino haya dicho una estupidez (ya
estamos acostumbrados). Lo triste es que, en un país con problemas reales y
urgentes, todavía haya quien se tome el tiempo de reclamar lo ajeno, de soñar
con fronteras que no les corresponden, de desviar la atención hacia conflictos
artificiales.
Bueno, es Argentina, ahí hasta un
asado es motivo de conflicto existencial. «¿Vos ponés la carne antes que el
fuego? ¿Usás sal gruesa o fina? ¿El chimichurri ‘cheva’ orégano?». Por
supuesto, iban a discutir por un estrecho.
Mientras tanto, el brigadier
Valverde probablemente está planeando su próxima declaración: «Argentina
debe recuperar la Isla de Pascua porque los moáis tienen cara de porteños». Y no me sorprendería. O «vamos a
declarar la Luna como nuestra porque un gaucho la estuvo viendo durante horas».
Así que, querido lectores, cabros y
chiquillas, la próxima vez que vean un mapa de Sudamérica, recuerden: para
Argentina, las fronteras son solo una sugerencia... y el sentido común, un lujo
que no todos tienen.
Esto es todo... a veces la realidad
supera la ficción, y cuando un militar argentino suelta una perla así, uno no
puede más que agarrar el teclado y dejar que fluya la bilis con estilo.
Fin del comunicado troll. Ahora,
vayan a comprar pisco, que Chile lo hace mejor.
¡Un abrazo cabros, y a seguir riéndonos
de lo que no tiene sentido!
Escrito por: Olog Krevalora.
Portada de: Vëthriön Asathørn. Creada con AI.
Edición final: Olog Krevalora.



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