martes, 23 de junio de 2026

Trollish News. El mejor noticiero de la Patagonia.








EL CIRCO MUNDIAL:

TRUMP E IRÁN, LOS POLOLOS QUE NUNCA SE CASAN, Y LA SELECCIÓN DE TURISTAS QUE FUE A PASEO AL MUNDIAL

 

Capítulo 1:

Trump e Irán — La Telenovela Más Aburrida (y Peligrosa) del Planeta

Si la geopolítica fuera una telenovela mexicana de las 9, Trump e Irán serían esos dos personajes que llevan 30 años de capítulo sin avanzar ni un puto centímetro en su relación. Se odian, se insultan, se amenazan con bombas atómicas y misiles hipersónicos, y luego, cuando todo el mundo piensa que van a declararse la guerra definitiva, ¡pum! Se sientan a negociar como si nada.

«Ay, Irán, qué malo eres, pero qué bonitos ojos tienes cuando amenazas con enriquecer uranio».

«Ay, Trump, eres un bully naranja, pero me gusta tu forma de imponer sanciones. Estoy entera mojá».

 


Es un baile de secundaria eterno po’ güeón. Trump pone cara de malo, tuitea algo en mayúsculas como «IRÁN, TE VAMOS A BOMBARDEAR HASTA QUE NO QUEDE NI UNA PUTA MEZQUITA EN PIE», e Irán responde con un «JA, JA, JA, TUS SANCIONES NO NOS ASUNTAN, PAYASO». Luego, misteriosamente, aparecen fotos de enviados especiales tomando té en Ginebra o en un palacio suizo, y todos piensan: «¡Por fin! ¡La paz mundial! ¡Los pololos van a volver!» Pero no. Porque en el momento exacto en que parecen acercarse, aparece el amigo incómodo hincha güéas: Israel.

 


Israel es ese amigo que no soporta ver a sus dos colegas llevándose bien. «Oye, Trump, ¿vas a hacer las paces con Irán? ¡Pero si Irán me odia caleta! ¡Mira, te voy a mostrar un video de un ayatolá diciendo 'Muerte a Israel'!» Y Trump, como el perro de Pavlov, escucha la palabra «Israel» y se le olvidan todas las güeás acordadas. Vuelve a twittear, vuelve a amenazar, vuelve a poner cara de que va a lanzar bombas. E Irán, por su parte, aprovecha para enriquecer un poco más de uranio y hacer ejercicios militares en el estrecho de Ormuz. Y así, una y otra vez todo el güeveo. Es como ver a dos borrachines en un bar que se pelean, se abrazan, se vuelven a pelear, y el camarero (Israel) les sirve más alcohol para que sigan la pelea. 

Lo peor de la güeá es que todos sabemos cómo termina esta telenovela lúser: con una guerra que nadie quiere pero que todos esperan, mientras los políticos se llenan los bolsillos con contratos de defensa y los civiles que se vayan a la chucha. Pero mientras tanto, el espectáculo continúa.

Trump e Irán: la pareja disfuncional que nunca se separa, pero que tampoco se casa. Un baile de secundaria que lleva 40 años y todavía no eligen la canción para el lento.

 

Capítulo 2:

El Mundial de Turistas — Donde lo Mejor que Te Llevas es una Canasta de Goles y un Selfi con Messi (o con un Cartón de Messi, Cristiano Ronaldo o Mbappé)

Pasemos a una güeá más alegre, aunque igual de patética: el Mundial de fútbol. Cada cuatro años, el mundo se paraliza para ver a los mejores jugadores del planeta darlo todo en la cancha. Y cada cuatro años, hay un grupo de selecciones que claramente no fueron a jugar, sino a pasear, a hacer turismo, a comprar imanes para la nevera y a hacerse fotos con los jugadores rivales como si fueran fans con pase VIP.

Vamos a ser sinceros con la güeá: hay países que van al Mundial con la misma actitud con la que tú vas a un concierto de tu banda favorita: sabes que no vas a tocar, pero al menos puedes cantar, bailar y tomarte una foto con el batero. Estos equipos llegan, pierden 7-0 en la fase de grupos, y luego se van a la playa a tomar mojitos mientras los verdaderos contendientes se matan en los octavos. Y ojo, no los culpo. Puta, güeón si yo supiera que mi selección va a recibir una paliza histórica, también me dedicaría a hacer turismo y a coleccionar selfis con los jugadores de Brasil, Argentina o Francia.

Lo mejor que se llevan estos países del Mundial no es un trofeo, ni siquiera un punto. No, lo mejor que se llevan es una canasta de goles en contra (a veces literalmente una canasta, porque el marcador parece de baloncesto) y una tarjeta de memoria llena de selfis.

«Mira, mamá, salgo con Mbappé».

«Mira, papá, estoy en el vestuario con Neymar».

«Mira, abuela, esta es la foto que me tomé con la Copa del Mundo... bueno, con una réplica de cartón que vendían en el aeropuerto». 

Y luego los güeones lúseres vuelven a su país como héroes, y no por haber ganado alguna güeá, sino por haber participado en la güeá, por haber representado a su nación en el evento deportivo más grande del mundo, aunque su actuación haya sido más parecida a la de un equipo de la liga de fin de semana que a la de una selección profesional.

«¡Oye, pero al menos metimos un gol!», dicen cara de raja, como si esa güeá fuera un logro después de recibir 12.

«¡Y nos sacamos una foto con el árbitro!» Claro, porque el árbitro fue el único que estuvo cerca de ellos durante todo el partido, aparte del balón que entraba una y otra vez en su portería.

Es hermoso, en realidad, ¿Cachai? Ver a esos equipos pequeños, humildes, que saben que no van a ganar ni una güeá pero que igual se suben al avión con una sonrisa de paila a paila, sabiendo que lo importante no es ganar, sino participar en el güeveo... y llevarse un montón de recuerdos para Instagram. Porque al final, el Mundial perkele no es solo de los güeones que ganan, sino también de los güeones que pierden con estilo, con selfis, y con una maleta llena de camisetas firmadas por jugadores que ni siquiera saben cómo se llaman.

 

Así que, mientras Trump e Irán siguen su baile eterno de amenazas y negociaciones fallidas, y mientras las selecciones «turistas» del Mundial se llevan sus goles y sus selfis a casa, el mundo sigue girando. Unos güeones juegan a la guerra, otros güeones juegan al fútbol, y todos los güeones, al final, terminan sacándose una foto vittuperkele para el recuerdo. Porque de esa güeá se trata la vida, ¿no? De hacerse selfis antes de que todo explote y se vaya a la mierda.

 

Fin del artículo. Filo. Y si no te gusta la güeá, ya sabís: puedes ir a tomarte un selfi con Trump o con Irán, pero dudo que esos güeones te dejen. Mejor ve al Mundial, que al menos allí las derrotas güeonas son solo goles, y no putas bombas.




 

Escrito por: Olog Krevalora.

Portada diseñada por: Vëthriön Asathørn. Creada con AI.

Edición final: Olog Krevalora.