LA
TARJETA ROJA QUE SE BORRÓ DE UN BALAZO: CÓMO LA MAFIA FIFA LE LAMIÓ EL CULO A
TRUMP POR MIEDO AL FBI
Infantino y su pandilla de corruptos
de mierda demostraron que el fútbol es solo un negocio, y el que manda es el
que tiene más billete (o más misiles)... sí cabros, hoy ando más venenoso que nunca.
Capítulo
1:
La
jugada que apesta a mafia, a Trump y a billete sucio
Cabros, cuando uno cree que ya lo
vio todo en el fútbol —penales robados, mundiales comprados, jugadores que se
dejan caer como bolsa de papas, árbitros cegatones, agarrones de culo,
agarrones de bolas, escupos, combos, patadas voladoras— aparece esta güeá... una
tarjeta roja que se borra de un plumazo, como si fuera un error de tipeo en un
formulario del Registro Civil.
Resulta que el jugador de la selección yanki, Folarin Balogun, se mandó una plancha digna de cárcel. Roja directa, sin discusión. Pero oh, sorpresa: la FIFA, en un acto de «justicia divina» (o de lamida de culo intercontinental), decide que la tarjeta ‘vittuperkele’ nunca existió. La borran... la desaparecen, como si el árbitro se hubiera equivocado de pastilla esa mañana.
¿Y por qué chucha pasó esto? Porque
Donald Trump, el mismísimo «pelo de nube», agarró el teléfono y llamó a Gianni
Infantino (viejo corrupto ‘aka-huora). Y ahí nomás, el
suizo-italiano-cara-de-póker se cagó entero. Porque cuando el presidente del
país más poderoso del mundo te dice «oye, güeón, esa tarjeta me la borrai o te mando al
FBI a revisar tus cuentas, no güevís pelao cara de la tula», tú no discutes. Tú borrai la tarjeta y te hacís el güeón.
Y así fue la güeaíta. La mafia FIFA,
esa misma que se llena la trompa hablando de «fair play» y «transparencia»,
demostró una vez más que el fútbol es solo una pantalla. Detrás, hay intereses,
amenazas, y un miedo atómico a que la justicia gringa les meta los dedos donde
no deben.
Seee, no me vengan con güeás… así es.
Capítulo
2:
El
miedo al FBI es más fuerte que cualquier código ético
Pongámonos serios un segundo (pero
no mucho, que esto es un artículo troll). La FIFA lleva décadas siendo un nido
de corrupción. Desde los sobornos de la Copa América hasta los mundiales
comprados, pasando por contratos millonarios que nunca se fiscalizan. Infantino
(Alí Babá) y los suyos (los 40 ladrones) saben que, si el FBI o la justicia
estadounidense se ponen a escarbar, a hurguetear… van a encontrar huesos,
esqueletos y cadáveres enterrados en el jardín de la casa de Suiza.
Por esa güeá, cuando Trump llamó, no
hubo discusión. Porque Trump no es cualquier presidente. Trump es el güeón que
amenaza con aranceles, con guerras comerciales, con lo que sea. Y si algo le
sobra a Trump, es poder para recagar a quien se le ponga en frente.
Así que Infantino (pelao CTM), con
el culo a dos manos, ordenó: «Borren esa güeá de tarjeta. Que Balogun juegue. Que
Estados Unidos esté contento. Que Trump no nos saque los trapitos al sol».
Y los millones de güeones que vieron
el partido se quedaron con la duda: ¿era roja o no era roja? La respuesta es
simple: era roja, pero el dinero y el miedo pintan más que la justicia.
Capítulo
3:
Trump
estaba seguro de que Estados Unidos llegaba a la final... pero les llenaron la
canasta
Aquí viene lo más sabroso de la güeá.
Trump, convencido de que su selección llegaría a la final —porque, claro, él es
el mejor en todo, según él—, llamó a Infantino para asegurarse de que el camino
estuviera despejado, que Balogun no se perdiera un partido clave, que no
hubiera sanciones y que todo estuviera arreglado, ¿Cachai?
Pero la vida es perra, y el fútbol
también. Estados Unidos se fue eliminado como un equipo más. Sin final, sin
gloria, sin ni una güeá. Y Trump se quedó con la cara de güeón, mirando el
televisor, preguntándose por qué chucha no le compró un árbitro mejor a ese
puto partido.
¿Qué hubiera pasado si la FIFA no le
quitaba la tarjeta roja a Balogun? Simple: Infantino habría estado con el culo
a dos manos, sudando frío, con cagadera nocturna, esperando que el FBI no
tocara la puerta. Porque si Balogun se perdía un partido clave y Estados Unidos
perdía, Trump habría culpado a la FIFA, y la FIFA sabe que con Trump no se
juega.
Así que, aunque al final no sirvió
de ni una güeá —porque Estados Unidos igual se fue a la casa—, la jugada quedó
clara: la FIFA le lame el culo al poder, no a la justicia. Infantino y todos
esos perkeles quedaron como el hoyo.
Capítulo
4:
Qatar,
el mundial que se compró con petrodólares y sonrisas falsas
Y ya que estamos pelando crudo,
hablemos del mundial de Qatar 2022. Porque si hay algo que demuestra es que la FIFA
es una mafia vittuperkele.
Todos nos preguntamos: ¿Por qué chucha le dieron el mundial a un país que con cuea juega a las bolitas? Un país donde hace un calor de la gran chucha, donde las mujeres son ciudadanas de segunda, donde los trabajadores migrantes son tratados como esclavos.
¿La
respuesta? Fácil: petrodólares. Montañas de billetes, dinero fresco que cayó en
las cuentas de Infantino y su pandilla de corruptos.
Porque la FIFA no es una
organización deportiva, es una empresa. Y como toda empresa, busca el máximo
beneficio, y si para esa güeá tiene que venderle el alma al diablo —o a un
emirato árabe—, lo hace sin pestañear, sin arrugarse el cuero.
Qatar compró el mundial. Lo pagó con
dinero, con sobornos, con sonrisas falsas. Y la FIFA, como buena puta, se
vendió al mejor postor.
Capítulo
5:
¿Por
qué la FIFA no se cambia el nombre a uno más iluminativo?
Miren, ya en serio (pero no tanto).
La FIFA debería cambiar su nombre, porque «Federación Internacional de Fútbol
Asociado» suena muy formal, muy serio, muy respetable. Pero la realidad es
otra.
Güeón, yo les propongo un nombre más
acorde a sus intereses: «Alí Babá y los 40 ladrones». Porque eso son. Una banda
de güeones caras de raja que roban, que mienten, que se llenan los bolsillos
mientras el fútbol se pudre.
Y ojo, no es solo Infantino, es toda
la cúpula, los que votaron por Qatar, los que escondieron los sobornos, los que
borraron tarjetas rojas por llamadas de Trump. Todos ellos son parte de la
misma mafia.
Y mientras tanto, los hinchas, los
jugadores, los que aman el fútbol de verdad, se quedan viendo cómo el deporte
más hermoso del mundo se convierte en un circo de corrupción y billetes.
Reflexión
final de la güeá:
El
fútbol es de los pueblos, pero la FIFA es de los buitres
El fútbol, en su esencia, es simple.
Es una pelota, dos arcos, once contra once. Es pasión, es alegría, es llanto.
Es el deporte que une a familias, a países, a culturas. Pero la FIFA se ha
encargado de convertirlo en un negocio sucio, en un mercado de influencias,
sobornos y amenazas. Y lo peor de toda la güeá es que ustedes, los hinchas, siguen
mirando, siguen comprando entradas, viendo partidos, discutiendo resultados. Siguen
alimentando a la bestia.
La tarjeta roja de Balogun es solo
un ejemplo más, un síntoma de una enfermedad que lleva décadas pudriendo al
fútbol. Y mientras no hagan alguna güeá —mientras no exijan transparencia,
justicia, cambios reales—, la mafia seguirá mandando.
Así que la próxima vez que vean una
jugada rara, una tarjeta que se borra, un mundial que se compra, recuerden
cabros: la FIFA no es tu amiga, la FIFA es el enemigo. Y el fútbol, ese que aman,
está siendo secuestrado por una pandilla de ladrones de mierda con traje y
corbata.
ANTES DEL MUNDIAL, MUCHO ANTES
Pero bueno, al menos nos queda el
chiste. Y el humor. Y la ironía. Porque si no nos reímos de esta güeá, lloramos...
y llorar no es una opción cuando la mafia sigue ganando.
Nos vemos cabros.
Artículo escrito por: Olog
Krevalora.
Portada: Trollish News.
Edición final: Olog Krevalora.



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