Este artículo, tranquilamente,
podría llamarse «La historia sin fin», ¿Saben por qué cabros? Porque tenemos a
Perú otra vez frente al espejo: deben optar por los dos candidatos, que, hasta
hoy, son los que llevan las preferencias de los burritos… o sea, elegir entre
Keiko Fujimori y Roberto Sánchez… como quien decide si quiere una resaca vieja
o una nueva con etiqueta distinta.
En Perú —como ya hemos visto en
otros artículos— la política ya dejó hace rato de parecer una institución
republicana seria para convertirse en una especie de experimento sociológico
donde el ciudadano entra a la urna como quien entra a una ruleta rusa, pero con
más candidatos y menos esperanza.
Y ahora aparecen dos nombres que
vuelven a poner al país en esa vieja costumbre peruana de elegir no al mejor,
sino al que parece menos capaz de incendiar la casa en la primera semana: Keiko
Fujimori y Roberto Sánchez.
KEIKO FUJIMORI:
LA CANDIDATA QUE NUNCA SE VA
Hablar de Keiko es como hablar
de una saga política que el país no logra cancelar.
Keiko Fujimori no es simplemente
una candidata, es una presencia permanente en la política peruana, una especie
de fantasma electoral que cada cierto tiempo vuelve para recordarle al país que
la historia, en Perú, jamás termina: simplemente se recicla hasta el cansancio.
Como todos saben, su apellido
arrastra una herencia pesada, más pesada que Otakín en brazos:
• Autoritarismo.
• Polarización.
• Corrupción histórica.
• Y para redondear… una parte
del país incaico aún confunde «mano dura» con «democracia funcional».
Durante años —«Keikito»—
enfrentó investigaciones por presunto lavado de activos y financiamiento
irregular de campañas en el famoso «Caso Cócteles», una novela judicial tan
larga que ya parecía serie de streaming. Aunque parte del proceso fue archivado
por el Tribunal Constitucional, la sombra quedó pegada como humedad en pared
vieja. [1]
Porque en política
latinoamericana ocurre algo curioso: aunque la justicia a veces retire
expedientes, el olor político no desaparece tan fácil.
Keiko representa para muchos
peruanos una pregunta incómoda:
¿Cuántas veces puede un país
votar contra un apellido... antes de terminar rindiéndose ante él?
ROBERTO SÁNCHEZ:
EL CANDIDATO DEL «CAMBIO» ... CON ECOS INQUIETANTES
Del otro lado aparece Roberto
Sánchez, presentado por algunos como alternativa, renovación y cambio social.
El problema es que en Perú la
palabra «cambio» ya genera sudor frío.
Sánchez carga con una cercanía
política al entorno del expresidente Pedro Castillo (El ex presidente que usaba
un lavatorio como sombrero), figura que dejó al país atrapado entre
improvisación, crisis institucional y caos permanente. Esa asociación no es
precisamente un detalle menor. [2]
Además, recientemente se
conocieron cuestionamientos por un posible uso indebido de personal público en
actividades proselitistas, algo que en cualquier democracia seria sería
escándalo, pero que en Perú a veces compite por atención con cinco escándalos
más antes del almuerzo. [3]
El problema con Sánchez no es
que represente una izquierda progresista que quiere acabar con todo. El
problema es que algunos temen que represente esa peligrosa versión
latinoamericana del político que promete justicia social mientras detrás
empieza a asomarse el clásico libreto de:
• Victimismo político.
• Confrontación institucional.
• Y la eterna tentación de
culpar al sistema mientras se aprovecha de él. (Como lo hizo, por ejemplo,
Nicolás Maduro, que engordó su patrimonio en millones de dólares)
Sánchez no parece tan gastado
como Keiko, pero tampoco parece completamente limpio.
Y en Perú, últimamente, eso ya
casi se considera una virtud.
Entonces, ¿quién es mejor para
los peruanos?
Mmm, la pregunta quizá está mal
planteada.
No parece una elección entre: «¿Quién
es mejor?»… sino más bien: «¿Quién puede hacer menos daño?»
Keiko ofrece:
• Experiencia política.
• Estructura partidaria.
• Respaldo conservador.
• Previsibilidad institucional.
Pero también:
• Desgaste extremo.
• Rechazo histórico.
• Desconfianza profunda.
• Y el eterno fantasma del
fujimorismo.
Sánchez ofrece:
• Imagen de «renovación».
• Discurso social.
• Distancia parcial del
establishment.
Pero también:
• Vínculos políticos
preocupantes.
• Ambigüedad ideológica.
• Y señales que muchos ven como
una posible reedición del caos reciente.
VAMOS CON LA CONCLUSIÓN INCÓMODA
La verdad más amarga quizá sea
esta: los dos son cuestionables.
Uno representa un pasado que
muchos no quieren revivir.
El otro podría representar un
futuro que muchos temen repetir.
Keiko parece la vieja herida que
nunca cicatrizó.
Sánchez parece la nueva
incógnita que podría convertirse en problema.
Y el votante peruano, una vez
más, queda atrapado en ese deporte nacional involuntario: elegir entre lo
conocido que decepciona y lo nuevo que inquieta.
En otras palabras:
Perú no estaría eligiendo un presidente, estaría, otra vez, tratando de decidir qué tipo de incertidumbre quiere soportar durante los próximos años.
Fuentes:
[1]:
efe.com/mundo/2025-10-20/keiko-fujimori-juicio-peru-orden-archivo-tribunal-constitucional
[2]:
reuters.com/world/americas/peruvian-markets-stumble-castillo-backed-leftist-gains-ground-2026-04-16
[3]:
Escrito
por: El Dream Team de Trollish News.
Edición
final: Vëthriön Asathørn.
