Cachai que no me podía marginar de
escribir sobre la pelea entre Flores y Campillai, como ya leyeron en Sala de
Autopsias Sociales un análisis serio, me dije… yo igual voy a opinar
de la güeá, pero directo al hueso.
EL
CIRCO DEL CONGRESO:
CUANDO
LA DEMOCRACIA CHILENA SE CONVIRTIÓ EN UN COMBATE DE MMA CON AFORO PARLAMENTARIO
Escrito por un troll macho, pelúo y
observador, con más sentido común que el Congreso completo.
ROUND
I:
LA
PELEA DEL AÑO (Y NO, NO FUE EN LA UFC)
Mientras el país se desangra por la
delincuencia vittuperkele, la crisis económica y un sistema político 'aka-huora
que parece diseñado por un mono con una máquina de escribir, nuestras
honorables legisladoras decidieron que la mejor forma de debatir los problemas
nacionales era... agarrándose del moño en pleno hemiciclo.
Sí, cabros, leyeron bien, Camila
Flores y Fabiola Campillai, dos representantes del pueblo chileno,
protagonizaron un espectáculo que haría sonrojar a cualquier teleserie
nocturna, y lo mejor de toda la güeá: fue en pleno Congreso, ese templo de la
democracia donde se supone que se forjan las leyes que nos gobiernan... o
esclavizan.
El diálogo, según yo y la
imaginación de cualquiera con dos dedos de frente, debió ser algo así:
Campillai: «¡Usted es una vendida, una facha de
mierda!»
Flores: «¡Y usted una ignorante que no sabe ni
dónde está parada! ¡Ande a llorar a su casa, comunista de mierda!»
Campillai: «¡Comunista será su abuela, momia culiá!»
Flores: «¡Yo al menos no ando defendiendo a
delincuentes que queman el metro, vieja bruja!»
Campillai: «¡Eso fue el pueblo, no delincuentes,
agüeoná! ¡Usted no entiende ni una güeá!»
Flores: «¡El pueblo no quema iglesias ni destruye
el metro que todos usamos, vieja zorra!»
Pero, para ser riguroso con la
noticia, el diálogo real fue este (no es tan bueno como mi imaginación):
Campillai:
—«Usted, que está siendo investigada por fraude
al fisco, que trabaja con su amante y le paga a su amante...», disparó sin asco la viejuja.
Flores no se quedó callada:
—«Y usted, que contrata a su yerno
delincuente».
Campillai seguía:
—«Usted no ha demostrado nada, porque sus
videos andan por todos lados. Una delincuente defendiendo a un delincuente».
Flores:
—«Usted llegó acá haciéndose la víctima. Usted
le da vergüenza a Chile, señora (...) Esta señora ha vivido del Estado, de
indemnizaciones...».
Campillai:
—«Y usted está viviendo de sus asesores».
Chuuu, y en medio de los dimes y
diretes de la güeá, se oyó a Flores tratar a Campillai de «deficiente
intelectualmente». ¡Hasta ‘tras Wál Dísnei!
Y agregó:
—«Ella que tiene una hija delincuente, un yerno
delincuente, un círculo delincuente».
Antes de decidir irse, Campillai le
gritaba «Cuma» y Flores respondía:
—«Se le salió lo poblacional a la señora de
feria».
Y así, entre gritos, chuchadas y
quizás algún que otro aletazo, las dos «honorables» demostraron que el
verdadero problema de Chile no es la economía, ni la seguridad, ni la decadente
educación. El verdadero problema es que tenemos a payasos (y payasas) en el
Congreso, cobrando sueldos millonarios por hacer exactamente lo que haría
cualquier persona con dos dedos de frente: nada útil.
ROUND
II:
EL
ESTALLIDO «SOCIAL» (O CÓMO DESTRUIR TU PROPIA CASA POR UN PAR DE MONEDAS)
Ahora, hablemos del elefante en la
sala: el famoso «estallido social» de 2019. Porque claro, todo empezó por el
alza de 30 pesos en el metro. ¡Treinta pesos po’ güeón! Eso es lo que cuesta un
cuarto de chicle, un caramelo viejo, una bolsita de té. Y por eso, decidieron
que lo mejor era prender fuego al país entero.
¿El resultado de la güeá? Miles de
millones de dólares en destrucción, monumentos históricos reducidos a
escombros, estaciones de metro que parecían zonas de guerra, tiendas saqueadas,
iglesias quemadas (porque claro, ¿qué mejor forma de protestar contra la
desigualdad que quemar un lugar donde la gente va a rezar?), y una economía que
tardó años en recuperarse.
Pero esperen cabros, la mejor güeá
viene ahora: el Partido Comunista (Panda de vittuperkeles). PC, ese partido que
siempre se llena la trompa hablando de «justicia social» y «derechos del
pueblo», y que después se lavaron las manos como si fueran Poncio Pilato, porque
cuando «los pacíficos manifestantes» estaban quemando un supermercado, ¿Dónde
estaban los comunistas?,
¿Los viste pidiendo calma?
¿Los viste defendiendo la propiedad privada?
No, los viste aplaudiendo desde la tribuna, celebrando el «despertar del
pueblo».
Y cuando la mierda salpicó, ¿Qué güeá
hicieron esa panda de hijos de perra?, obvio, la güeá de siempre:
«Nosotros no tenemos nada que ver, eso fue la derecha infiltrada»
Claaaaaaro, porque los militantes del PC nunca participaron en las marchas, nunca convocaron a «paro nacional indefinido», nunca celebraron la violencia como «legítima». Nooo, ellos son los pacíficos, los que solo querían «diálogo».
¿Saben cabros? Esos güeones deberían
cambiarse el nombre: 'Partido Comunista de Poncio Pilato', porque nadie se lava
las manos mejor que ellos... y si no, pregúntales a los comerciantes que
perdieron todo, a los trabajadores del metro que perdieron su empleo, a los
chilenos que vieron cómo su país se convertía en un campo de batalla por...
treinta pesos.
ROUND
III:
LA
IRONÍA FINAL
Y aquí estamos, años después. La
delincuencia desatada (HDP), la economía estancada, el Congreso convertido en
un circo donde las diputadas se agarran del pelo mientras el país se va a la
mierda. Pero tranquilos cabros, porque tenemos una güeá más importante: la
«dignidad» y la «lucha».
Seamos francos con el güeveo,
mientras las «honorables» se tiran chuchadas (entiéndase como ‘insultos’, para
que lo entiendan en otras latitudes) y se tiran charchazos, los chilenos
comunes y corrientes siguen lidiando con la inseguridad perkele, la inflación y
un sistema político que parece diseñado para no funcionar.
Así que, queridos compatriotas, la
próxima vez que vean a ese par de güeonas de Campillai y Flores dándose golpes
en el Congreso, recuerden: esto es lo que eligieron, esto es lo que se merecen,
porque al final, el verdadero estallido no fue el de 2019, el verdadero
estallido es ver cómo la clase política chilena se destruye a sí misma,
mientras nosotros pagamos la cuenta.
Y por eso, UN APLAUSO para las
protagonistas de hoy: Camila Flores y Fabiola Campillai. Las dos. Por demostrar
que el Congreso chileno no es un lugar para legislar, sino para protagonizar el
peor reality show de la historia. Y lo mejor de todo: lo hacen gratis, con
nuestro dinero.
Fin del comunicado analítico trollish.
No se aceptan reclamos perkeles.
La verdad duele, y esta vez, no hay
30 pesos que lo arreglen.
Escrito por: Olog Krevalora (El Troll más macho de la Patagonia)
Portada diseñada por: Vëthriön Asathørn. Creada con AI.
Edición final: Olog Krevalora.


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