CUANDO
EL SOCIALISMO CONSTRUYE RASCACIELOS DE GALLETA
Venezuela lo ha vuelto a hacer. En
un país donde el hambre es una política de Estado y la electricidad es un mito
urbano que se cuenta a los niños antes de dormir (como en Cuba), el régimen ha decidido
innovar, ya no basta con hacer mierda la economía, la moneda y la salud
pública; ahora los güeones han decidido experimentar con la arquitectura
efímera, esa que con un estornudo se cae a pedazos.
Un doble terremoto sacudió el
territorio y, mientras el mundo mira con horror, el gobierno venezolano hace la
mejor güeá que sabe hacer: jugar al escondite con las cifras.
«Mmm, no sabemos todavía…»
«Hay que aguardar… es muy prematuro dar cifras»
«No tenemos datos aún…»
La
Aritmética Creativa del Régimen
Empecemos por el deporte nacional:
contar muertos. Algunos medios, probablemente optimistas o mal informados,
hablan de 900 fallecidos. La OMS, que tiene la molesta costumbre de basarse en
datos reales, asegura que son 2.300. Pero, seamos sinceros con la güeá, en
Venezuela los números son como las promesas de campaña: conceptos ‘perkeles’
abstractos que dependen totalmente del güeón que los diga y de cuánta hambre
tenga el güeón que los escuche.
¿900? ¿2.300? ¿Diez mil? Para el
régimen chavista, probablemente sean solo «bajas colaterales de la guerra
económica» o, mejor aún, «víctimas de un sabotaje sísmico orquestado por la CIA
para desestabilizar el hormigón revolucionario». Porque claro, es mucho más
probable que el imperio estadounidense imperialista haya hackeado las putas placas
tectónicas para tirar edificios que admitir que el cemento fue sustituido por
arena y esperanza.
Edificios
de «Alta Calidad»
(según
el manual del socialismo)
Lo verdaderamente fascinante de la
güeá —si uno tiene la guata para el cinismo— es la facilidad con la que
colapsaron las estructuras, ¿Cacharon? No hablamos de chozas de barro hechas
con bosta de vacas y paja, sino de edificios que se suponía eran de «buena calidad»
… y de
pronto ¡PLUF! se vinieron abajo con una gracia y una rapidez que harían sentir
envidioso a un castillo de naipes en medio de un huracán.
Y uno se pregunta, con genuina
curiosidad científica de trol:
¿De qué mierda estaban hechos esos
edificios? Porque el comportamiento del concreto armado suele ser resistir, no
desintegrarse como una galleta Oreo mojada en café. Parece que el régimen
bolivariano implementó un nuevo estándar de construcción: el «Papel Maché y masa de galletas Revolucionarias».
Es una técnica vanguardista donde el
acero es opcional, el cemento es una sugerencia y la estructura se mantiene en
pie gracias a la fuerza del pensamiento positivo y los discursos sobre la
soberanía nacional. Claramente, el hormigón no era lo suficientemente «socialista»
porque era demasiado rígido y no se adaptaba a la flexibilidad moral de los
contratistas del gobierno.
¿Dónde
están los expertos? ¿En una fiesta de cumbia?
Aquí llegamos al punto neurálgico de
la güeá: la formación profesional de los güeones.
¿Dónde chucha se graduaron los
ingenieros y arquitectos que firmaron esos proyectos?
¿En qué universidad ‘vittuperkele’ se
enseña que un edificio debe plegarse como un acordeón al primer temblor?
Uno sospecha —como buen
«bombofiquiano»— que el proceso de certificación en Venezuela ha sido
simplificado a más no poder. Probablemente, el título de «Experto en
Estructuras» se entrega ahora en una fiesta de cumbia o reguetón, entre un
trago de ron y un baile pegado, donde el requisito principal no es saber
calcular la carga de una viga, sino saber aplaudir con entusiasmo los discursos
del líder chavista de turno. Seee, ¿Para qué vamos a mentir? ¿Para qué hacernos los güeones?
«Mila, helmano, el edificio se ve delecho, el colol es
bonito y el contlatista es plimo del cuñado del ministlo. ¡Filma aquí y vámonos
a bailal!».
Así se construye la patria veneca,
supongo. Con menos cálculo integral y más ritmo tropical.
El
Brillo de la Ausencia:
Delcy
Rodríguez y el Arte de Desaparecer
Y mientras la gente escarba entre
los escombros buscando sobrevivientes, la presidenta feucha Delcy Rodríguez ha
decidido aplicar la técnica del «estilo invisible». Y digamos las güeás como
son… la güeona ha
brillado por su ausencia.
Es comprensible. Delcy es una
experta en la retórica del ruido, pero cuando el ruido es el de miles de
toneladas de concreto cayendo sobre la cabeza de los ciudadanos, el discurso se
queda corto…
¿Qué podría decir esa güeona?
¿Que... los edificios cayeron para «democratizar
el espacio urbano»?
¿Que... el terremoto fue un acto de
resistencia antisistémica?
Probablemente esa güeona no quiera
hablar porque sabe que cada palabra que pronuncie, que cada güeá que salga de
su trompa será un clavo más en el ataúd de la legitimidad de un régimen que ha
gobernado por décadas basándose en la negligencia criminal. Es mucho más fácil
callar —haciéndose los güeones— y esperar a que el polvo se asiente, o mejor
aún, esperar a que el mundo se distraiga con otro escándalo para seguir
fingiendo que el país no es un cementerio a cielo abierto.
Conclusión
de la güeá:
El
Colapso Final
Lo que ha pasado en Venezuela no es
un desastre natural; es un desastre administrativo acelerado por la naturaleza.
El terremoto solo hizo el trabajo sucio de revelar lo que ya sabíamos, lo que
ya cachábamos: que el régimen veneco-zurdoide-chavista ha construido un país de
cartón, donde todo —desde la economía 'perkele' hasta los rascacielos— está
diseñado para colapsar.
Felicidades al régimen izquierdista,
han logrado lo imposible: crear una arquitectura tan ineficiente, tan callampa,
que hasta la Tierra se sintió obligada a intervenir para derribarla. Ahora,
solo queda esperar a que organicen la fiesta de cumbia para celebrar que, al
menos, los escombros son «soberanos» de todo su güeveo.
No quise tratar la tragedia desde la
empatía (que en Venezuela ya se agotó), sino desde la disección brutal de la
incompetencia estatal de toda esa panda de izquierdista de mierda que siguen
gobernando y maltratando a ese pobre pueblo.
Escrito por: Olog Krevalora.
Portada rediseñada varias veces por: Vëthriön
Asathørn. Creada con AI.
Portada final rediseñada por: Vëthriön
Asathørn.
Edición final: Olog Krevalora.



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