En el umbral de lo paranormal y lo insólito,
existen casos que sobresalen por la oscuridad de su enigma, envueltos en una
red de fenómenos inexplicables, susurros inquietantes y conjeturas que jamás
logran disipar la sombra que los rodea.
Espero que se adentren en estas extrañas e
inquietantes historias.
TELOS Y LOS LEMURIANOS:
LA CIUDAD DE LUZ BAJO EL MONTE SHASTA
(PARTE 2)
En la
edición anterior de 'Paranormal Effect' te mostré dos visiones de la leyenda:
la ciudad de Telos imaginada como lo hacen los creyentes —templos de cristal,
luz dorada, tecnología luminosa y de lemurianos tal como se lo describe en la
tradición: altos, de cabello largo, túnicas blancas y un tercer ojo apenas
insinuado en la frente. Ninguna de las dos cosas se ha visto nunca con certeza.
Y ese es exactamente el punto.
DE LA CIENCIA AL MITO:
CÓMO NACIÓ «LEMURIA»
Todo
empieza con un problema zoológico real. En 1864, el zoólogo británico Philip
Sclater intentaba explicar algo desconcertante: los lémures aparecían tanto en
Madagascar como en la India, separados por miles de kilómetros de océano
Índico. Sclater propuso que ambos lugares habían formado parte de una misma
masa de tierra hoy sumergida, a la que bautizó —por los lémures— como Lemuria.
Era una hipótesis seria, un puente terrestre para explicar una distribución
animal.
Cuando
la tectónica de placas y la deriva continental se impusieron en el siglo XX, la
Lemuria científica quedó obsoleta. Pero la palabra ya se había escapado del
laboratorio. La teosofía de Helena Blavatsky y sus seguidores la adoptaron y la
transformaron: Lemuria pasó de ser un puente de tierra a una civilización
entera, una de las «razas raíz» de la humanidad según la cosmología teosófica,
espiritualmente avanzada y destruida por un cataclismo. Y así, una hipótesis
zoológica se convirtió en la Atlántida del Pacífico.
EL PRIMER TRASLADO A SHASTA:
OLIVER, 1905
El salto
geográfico decisivo lo dio Frederick Spencer Oliver. En 1905 se publicó 'A
Dweller on Two Planets', un libro supuestamente dictado por un espíritu llamado
‘Phylos el Tibetano’ (Oliver afirmaba haberlo escrito siendo adolescente, en
1886). En sus páginas, los supervivientes de un continente hundido —Lemuria—
vivían dentro y sobre el Monte Shasta, en un complejo de túneles con paredes
enjoyadas y suelos cubiertos de pieles, y de vez en cuando se los veía caminar
por la superficie vestidos con túnicas blancas.
Oliver
inventó el molde que todo lo demás rellenaría después: Shasta como último
refugio lemuriano, accesible por túneles subterráneos.
LA CONSOLIDACIÓN:
CERVE, 1931
El
segundo ladrillo lo puso Harvey Spencer Lewis, de la orden rosacruz AMORC,
escribiendo bajo el seudónimo de Wishar S. Cerve. Su libro 'Lemuria: The Lost
Continent of the Pacific' (El continente perdido del Pacífico - 1931) sostenía
que el Monte Shasta era el último bastión de los lemurianos, y que estos habían
mantenido en secreto una aldea en el interior de la montaña, accesible por un
túnel en su cara este. Una bibliografía anotada sobre Shasta describió este
libro como el responsable de la popularidad masiva de la leyenda. Fue aquí
donde la historia dejó de ser una curiosidad ocultista y se convirtió en
folclore local con miles de lectores.
EL NOMBRE:
TELOS
La
ciudad subterránea recibió su nombre definitivo —Telos, del griego 'télos', que
significa «fin», «propósito», «cumplimiento»— y con él llegó toda una
arquitectura del mito, que en las versiones más elaboradas (canalizadas a
partir de los años cincuenta y sobre todo de los noventa) presenta estos rasgos
recurrentes:
- Ubicación y
estructura: una
metrópolis de varias capas bajo la montaña, con la primera dedicada al gobierno,
la educación y el comercio. Un templo central capaz de albergar a decenas de
miles de personas. Oficinas gubernamentales, escuelas, entretenimiento, el
palacio de un rey y una reina, un puerto espacial, viviendas circulares y
jardines hidropónicos.
- Población: se habla de cifras de
alrededor de millón y medio de habitantes, altos (más de dos metros), de
cabello largo, que visten túnicas y sandalias blancas.
- Tecnología: los lemurianos —o
«telosianos»— usarían tecnología de cristal para alimentar la ciudad, sanar y
ampliar sus facultades espirituales. Ese dominio tecnológico mantendría Telos
indetectable desde el exterior.
- Idioma: el «Solar Maru»,
presentado como una lengua de raíz sánscrita y hebrea.
- Jerarquía: un sumo sacerdote llamado
Adama, figura central de la literatura canalizada sobre Telos, especialmente en
los libros de la autora canadiense Aurelia Louise Jones (finales de los noventa
y principios de los 2000), que popularizaron la idea de Telos como «Ciudad de
Luz» y de Adama como su guía espiritual.
- Accesos: se señalan supuestas
entradas en la cara sur y en zonas como Panther Meadows, y "portales"
que conectarían la montaña con planos superiores.
LOS INGREDIENTES QUE LA HICIERON PEGAJOSA
La
leyenda no flota en el vacío: se ancló a fenómenos reales y a corrientes
religiosas ya existentes.
• Las nubes lenticulares:
Shasta
es tan alto que crea su propio clima, y a menudo genera nubes con forma de
platillo volante alrededor de la cumbre. Para el vulcanólogo Andrew Calvert son
un fenómeno atmosférico perfectamente natural; para los creyentes, son «naves
nodriza lemurianas» o un velo que oculta Telos.
• Los tubos de lava:
La zona
tiene cuevas y túneles volcánicos reales, como Pluto's Cave. Esos conductos
subterráneos naturales dieron verosimilitud física a la idea de una red de
túneles bajo la montaña.
• Los «Maestros
Ascendidos»:
Según la
tradición del movimiento «I AM» (Yo Soy) —fundado por Guy Ballard, quien afirmó
haber encontrado en Shasta al Conde de Saint-Germain—, la montaña es morada de
seres iluminados de dimensiones superiores. Esta corriente y otras derivadas
(Summit Lighthouse, Church Universal and Triumphant de Elizabeth Clare Prophet)
incorporaron a los lemurianos a su cosmología.
• Los ovnis y el
sasquatch:
Shasta
es un imán para avistamientos de luces, platillos y criaturas. Para los Modoc,
el 'matah kagmi' —el Bigfoot— es «el guardián del bosque». Todo cabe en el
mismo relato.
• Lo sagrado indígena:
Aunque
la leyenda lemuriana es moderna, se apoya sobre una sacralidad milenaria real:
para las naciones Shasta, Wintu, Achumahu, Atsugewi y Modoc, la montaña es el
lugar del creador. Ese prestigio ancestral hace que las capas nuevas parezcan
más antiguas de lo que son.
EL CASO QUE DIO «PRUEBAS»:
J.C. BROWN
Si la
leyenda necesitaba un ancla narrativa, la encontró en J.C. Brown. En 1934, este
supuesto geólogo británico contó en Stockton que, treinta años antes, en 1904,
había hallado un túnel de once millas que penetraba en la montaña, con salas de
oro, cobre, jeroglíficos, estatuas y veintisiete esqueletos gigantes de hasta
tres metros. Organizó una expedición de más de ochenta personas... y
desapareció el mismo día en que debían partir. Nunca reveló la ubicación del
túnel. Su relato se convirtió en la «evidencia» favorita de los creyentes y en
uno de los grandes misterios de Shasta.
POR QUÉ LA GENTE CREE
La
leyenda funciona porque es casi verificable. No pide creer en un continente
flotante en el cielo: pide creer en túneles, y hay túneles. No pide una
tecnología imposible: pide cristales, y hay cristales. Se apoya en un volcán
activo, con fumarolas, hielo y actividad real, y en una montaña que, en
palabras del geofísico Phillip Dawson, «es tan increíble para la gente» que
quien la visita «se queda atrapado» en ella. El lugar genera una experiencia
subjetiva intensa, y la leyenda le pone nombre a esa experiencia.
Para los
creyentes, cada desaparición, cada nube con forma de platillo, cada luz
nocturna y cada tubo de lava es una pieza más. Para el escéptico, Telos es
pseudoarqueología: una ciudad que nunca se ha excavado, un idioma que nadie ha
oído, un pueblo del que no hay un solo artefacto verificable. Y para el resto,
la leyenda tiene una cualidad que explica su longevidad: es tan bonita, y tan
poco refutable, que no hace falta decidirse.
UN FINAL ABIERTO
(Como una buena película de suspenso y
misterio)
Las
«puertas doradas de Telos», dice la tradición, algún día se abrirán. Mientras
tanto, la ciudad sigue ahí abajo, invisible, intacta, perfecta. Y el Monte
Shasta, con su cumbre cubierta de hielo y sus nubes en forma de nave, sigue
guardando el secreto... si nunca se prueba, nunca se desmiente.
PARA FINALIZAR
Esta es la cronología completa de las desapariciones documentadas en el Monte Shasta y su zona de influencia (condado de Siskiyou).
CRONOLOGÍA COMPLETA DE DESAPARICIONES
DOCUMENTADAS EN EL MONTE SHASTA Y SISKIYOU
Una
advertencia metodológica antes de empezar: la mayoría de estos casos no
ocurrieron en la cumbre, sino en el condado de Siskiyou, un territorio enorme
(tres veces el tamaño de Connecticut) que incluye la montaña, los pueblos de
sus faldas y vastas zonas de bosque nacional. Solo tres de los casos ocurrieron
literalmente en el macizo del Shasta.
LOS CASOS EN LA MONTAÑA
1934 — J.C. Brown (19 de
junio)
El
geólogo británico que afirmaba haber hallado en 1904 un túnel de once millas
bajo el Shasta, con oro, jeroglíficos y esqueletos gigantes, desapareció el
mismísimo día en que debía partir con una expedición de más de ochenta
personas. Nunca reveló la ubicación del túnel. Nunca se supo de él.
1965 — John Nezza (17 de
julio)
Montañero
de 80 años que había coronado la cumbre más de cuarenta veces. Salió solo, dejó
casi todo su equipo en el refugio del Sierra Club en Horse Camp y se internó
ligero. No se encontró ni rastro. El arquetipo del desaparecido imposible.
1999 — Carl Herbert
Landers (22 de mayo)
Montañero
experimentado de 69 años, residente en Orinda. Se sintió mal en el campamento
cerca de Lake Helen y se adelantó a sus dos compañeros para tomar ventaja.
Vestía ropa de colores vivos y estaba a la vista cuando lo perdieron. Búsqueda
masiva, cero rastros: ni cuerpo, ni mochila, ni botas. El caso sigue abierto.
El resto de la cronología en el condado
1986 — Phillip Verne
Deshayes (2 de junio)
Transeúnte
de 35 años, visto por última vez en Yreka. Su cartera apareció dos días después
en el pueblo de Mount Shasta.
1987 — Marie Louise
Andrus (20 de agosto)
De 37
años. Salió de Davis tras una discusión. Su auto fue hallado el 5 de septiembre
en una pista forestal cerca de Beaver Creek, en el Bosque Nacional Klamath.
1997 — Karin Elizabeth
Knechtel Mero (15 de febrero)
De 27
años, desaparecida en la zona de McCloud. No se reportó hasta octubre, ocho
meses después. Su caso se menciona junto al de Hannah Zaccaglini: mismas
fechas, misma zona, mismas amistades.
1997 — Hannah Zaccaglini
(4 de junio)
Quince
años. Visto por última vez caminando de casa de una amiga a la suya, en
McCloud, al anochecer. Dejó todas sus pertenencias: ropa, bolso, dinero,
cepillo, guitarra bajo. Dos detenidos en 2012 por su presunto asesinato, cargos
retirados por falta de pruebas.
2000 — Rosemary Kunst
(18 de agosto)
Mujer de
70 años de San Anselmo, en un retiro espiritual en la Marble Mountain
Wilderness, cerca de Spirit Lake. Dijo que iba a dar un paseo corto «para
intentar fundirse con el espíritu de su marido fallecido». Lo único que se
encontró: cuatro mechones de su pelo enganchados en matorrales lejos de
cualquier sendero.
2001 — Ray Ranaldo
Martin (25 de junio)
Visto
por última vez en Fort Jones. De su caso se sabe muy poco.
2002 — Angie Fullmer (15
de diciembre)
De 34
años, vecina de Mount Shasta. Había dejado los regalos de sus hijas envueltos
bajo el árbol diez días antes de Navidad. Salió a dar una vuelta en auto con su
novio alrededor del lago Siskiyou; según él, discutieron, ella se bajó y se marchó
andando. Él reportó su desaparición doce horas después.
2011 — El niño del
«robot abuela»
Un niño
de seis años desapareció unas cinco horas mientras jugaba en el bosque.
Testigos dijeron que se esfumó «en un segundo» y reapareció como si nada. Contó
que una abuela robot lo había llevado a una cueva llena de arañas. Es el caso
más folclórico y menos documentado de la lista.
2011 (marzo) — El
excursionista de Los Ángeles
Un
senderista afirmó oír una voz femenina en el bosque que lo hipnotizó. Desapareció
semanas y reapareció diciendo que fuerzas misteriosas lo habían llevado a una
cueva oscura, donde una mujer altísima de ojos azules lo rescató.
2014 — Grace Elan Sabots
(1 de marzo)
De 28
años, vista por última vez en un campamento de la Ruta Estatal 96, junto al río
Klamath. Su auto, un Toyota Corolla azul de 1989, apareció abandonado. Había
huellas que bajaban al río y no volvían.
2019 — Betty Jane Lobush
(mayo, reportada en julio)
Anciana
que vivía con cuidadores en Grenada. Estos dieron versiones contradictorias y
alguien dijo que había muerto en Oregón; los registros no lo confirmaron.
2020 — Davohnte Morgan
(5 de mayo)
De 28
años, de San Francisco. Estaba de visita en el pueblo de Mount Shasta con su
novia; discutieron, rompieron y él salió a caminar. Fue captado por una cámara
de vigilancia en North Mount Shasta Boulevard. La familia ofrece 25.000 dólares
de recompensa.
2021 — Rocky Ramírez (10
de agosto)
Músico y
exbombero que viajaba de Humboldt a Yreka. Su auto apareció despeñado cerca de
Happy Camp. La familia discrepa sobre si fue expulsado del vehículo o si salió
por su propio pie.
2025 — Lesner Noe
Velásquez Cárdenas (29 de mayo)
De 21
años. Volcó su auto cerca de Redding, se marchó antes de que llegara la
Patrulla de Caminos, tomó un taxi y se hizo dejar en el aparcamiento de McBride
Springs, en el Shasta, diciendo que quería «batir el tiempo de un amigo en una
ruta». Dejó cartera y dinero; solo faltaba su pasaporte. El guardabosques jefe
Nick Meyers lo llamó «raro, muy raro».
EL DATO CLAVE
La lista
oficial del 'Siskiyou Daily News' (2021) de «11 desapariciones sin resolver»
incluye a Angie Fullmer, Davohnte Morgan, Hannah Zaccaglini, Karin Mero, Rocky
Ramirez, Rosemary Kunst, Grace Sabots, Ray Ranaldo Martin, Betty Jane Lobush,
Phillip Deshayes y Marie Louise Andrus. Fuera de esa lista quedan los casos más
citados del mito —Brown (1934), Nezza (1965), Landers (1999)— y el reciente de
Cardenas (2025).
El
propio 'Decoding the Unknown' lo matiza con frialdad: el famoso «11
desaparecidos en 10 años» en realidad abarca de 1986 a 2020, mucho más de una
década... aun así, la densidad es notable, y la montaña sigue sin devolver ni
un solo cuerpo de sus tres desapariciones más icónicas.
Fuentes: Muchos libros, artículos de periódicos e informes.
Nubes: marcianitosverdes.haaan.com / pinetrest.com /
es.dreamstime.com / noortarot-canalespiritual.blogspot.com
Personajes: Google images. Mejoradas con AI.
Compilación: V.D.M.
Edición final: Vëthriön Asathørn.








