lunes, 16 de febrero de 2026

Magellanske skoger [Sørlig belysning]

 


Bosques de Magallanes

(Iluminación Austral)

 

«He visto los bosques del sur

como se ve un sueño bajo fiebre:

negros, inclinados,

con el viento insertando clavos invisibles

en la carne verde del musgo.

 

He caminado donde el mundo termina

en una respiración de hielo,

donde la luz es un cuchillo pálido

y el cielo no promete nada

más que su inmensa indiferencia.

 

¡Oh Magallanes!,

territorio de pumas mudos

y lengas torcidas como pensamientos antiguos,

yo te he bebido

como se bebe un licor amargo

en la garganta de un desterrado.

 

El coirón—

ese cabello seco de la tierra,

esa barba dorada del desierto frío—

cruje bajo las botas

como si el suelo hablara

en un idioma de huesos.

 

Y todo es viento.

Todo es viento que golpea

como una mano sin dueño,

como una blasfemia interminable

sobre las pampas vacías.

 

En estos campos

uno aprende que la soledad

no es un sentimiento:

es un paisaje.

 

Los bosques de lenga,

los ñires encendidos en otoño

como cartas incendiadas,

son catedrales sin dios

donde la nieve canta

su himno blanco,

su salmo de silencio.

 

He visto caer la nieve austral

con una lentitud de ceniza,

como si el cielo fumara

los últimos cigarrillos

del planeta.

 

Cada copo

es un mensaje ilegible,

una escritura de otro mundo

que se deshace en la piel

antes de ser comprendida.

 

Y el frío…

el frío no es clima:

es una presencia interminable.

 

El frío es un animal transparente

que se sienta en el pecho,

que muerde las manos,

que vigila los pensamientos

hasta volverlos cristal.

 

En Magallanes

hasta el alma se escarcha.

 

Los ríos corren oscuros,

con una desesperación mineral,

como venas de la tierra

abriéndose paso

entre piedras y glaciares.

 

Y el bosque respira

con pulmones de niebla.

 

A veces,

entre ramas mojadas,

uno escucha

un rumor de siglos:

 

los pasos de los kawésqar,

las voces perdidas

en el viento,

las fogatas apagadas

bajo tormentas interminables.

 

Aquí el tiempo

no avanza:

se pudre lentamente

en la corteza húmeda.

 

Yo he querido huir

de mí mismo

en estas latitudes.

 

He querido ser solo

un cuerpo atravesado por la intemperie,

una mirada sin nombre

perdida en el sur absoluto.

 

Porque en estos bosques

la civilización es una mentira lejana,

un ruido ridículo

más allá del horizonte.

 

Aquí manda el silencio.

Aquí manda el hielo.

Aquí manda el coirón

con su dignidad seca

de espada humilde.

 

¡Oh nieve austral!,

tú que cubres las ruinas del mundo

con tu pureza cruel,

tú que borras las huellas

como si la existencia

fuera un error que corregir.

 

Yo te saludo

como se saluda a un destino.

 

Bosques de Magallanes:

última embriaguez de la tierra,

último delirio verde

antes del muro blanco.

 

Yo he sido un poeta

en el confín del mapa,

un muchacho febril

en la boca del invierno,

 

y he entendido, por fin,

que la belleza

no siempre consuela:

a veces es solo

un frío esplendor

que nos mira pasar

sin decir nada».

 

Una idea poética de: vikingodemagellan.blogspot.com

Edición final: Jarl Asathørn.