viernes, 25 de septiembre de 2026

Crónicas del Fracaso Útil [La Farsa de las Naciones «Unidas»]



LA FARSA DE LAS NACIONES UNIDAS

(Un circo de títeres en Nueva York) 

Les explicaré —a mi estilo— por qué la 81ª Asamblea General es apenas otra reunión de monigotes aplaudiendo al vacío.

 

INTRO

Se reunieron los mandatarios del mundo —con algunas excepciones por supuesto, porque siempre hay excepciones cuando el poder real decide quién merece sentarse en la mesa— para hablar frente a los que dirigen la ONU, esa organización inútil y siniestra que no sirve para nada y que solo trabaja para los intereses de los poderosos y el gobierno oculto. 

La Asamblea de la ONU es un foro donde el aire acondicionado es lo único que funciona con eficiencia y donde la retórica vacía se recicla como si fuera energía sostenible. Nos venden la idea de un «concierto de naciones», pero lo que realmente escuchamos es la cacofonía de egos inflados y el eco de un gobierno oculto que mueve los hilos mientras los mandatarios bailan al ritmo que el Pentágono y Wall Street decidan. 

ONU, esa organización «funesta» que se presenta como la guardiana de la paz mundial mientras el mundo arde en llamas.

¿Cuántos genocidios, cuántas limpiezas étnicas y cuántas guerras de expansión han ocurrido bajo la mirada complaciente de sus directivos? La ONU no detiene guerras; la ONU administra la narrativa de las guerras. Es un club social para que los poderosos sigan siendo poderosos y para que los débiles tengan un micrófono donde suplicar clemencia antes de ser aniquilados. Su incapacidad no es accidental; es estructural. Un organismo que depende del financiamiento y el veto de las potencias no puede, por definición, combatir a esas mismas potencias. Es un perro que muerde la mano que lo alimenta solo cuando el dueño le da permiso para hacerlo.

Y hablan. Y hablan. Y cuando terminen de hablar, el mundo seguirá exactamente igual... Gaza arde como cordero a la parrilla, Ucrania sangra, Sudán se desangra en silencio, y el Consejo de Seguridad sigue siendo el club de los cinco matones que deciden quién vive y quién muere según sus caprichos petrolíferos.

¿Qué nos deja este festival de hipocresía diplomática que termina el 28 de septiembre?

Entremos en el análisis de las intervenciones que han ocurrido hasta el momento, ese ejercicio de masturbación política donde cada líder cree que está cambiando el mundo mientras solo llena hojas de papel que terminarán en la trituradora.

Abran una cerveza porque esto se viene denso.

 

LULA Y EL PATIO TRASERO QUE NUNCA FUE SUYO

Habló Luiz Inácio Lula da Silva ante un auditorio repleto —porque el populismo carismático siempre atrae a la masa, porque Brasil, al fin y al cabo, sigue siendo el gigante dormido que nadie quiere despertar del todo— y en su intervención dijo que su país «no cabe en el patio trasero de nadie», refiriéndose a los dichos de Donald Trump, quien aseveró en marzo de 2026 que América Latina era el patio trasero de Estados Unidos.

Qué curioso... Lula se ofende ahora, cuando durante décadas Brasil ha sido exactamente eso... un patio trasero donde Washington arroja sus sobras, sus dictaduras apoyadas, sus golpes de Estado financiados y sus políticas de ajuste estructural que convierten la selva amazónica en un parque temático para multinacionales. Lula habla de soberanía mientras el Banco Central brasileño sigue las órdenes de Wall Street. Habla de autonomía mientras la Amazonia se convierte en carbono para que Europa se lave la conciencia.

La ironía es perfecta... Lula evitó al canciller estadounidense Marco Rubio como quien evita a un acreedor en la calle, pero su economía sigue atada al dólar como un perro a su correa. El patio trasero se ofende de ser llamado patio trasero, pero no deja de ladrar cuando su dueño silba.

 

MILEI

(El león que maúlla)

Javier Milei subió al podio y siguió con su retórica de siempre... Las Malvinas son argentinas y no van a claudicar en su sueño de recuperarlas (la eterna canción de cuna de la diplomacia argentina: un sueño recurrente que nunca despierta). Milei dedicó un tercio de su discurso a este tema, como si las palabras pudieran devolver territorio perdido hace más de cuatro décadas. «Malvinas es para nosotros una causa nacional», rebuznó, mientras su propio gobierno entregaba pedazos de la Patagonia a intereses extranjeros con una velocidad que haría sonrojar a los vendedores de espejos del siglo XIX.

Hay que recordar que Trump no adhiere tanto ni apoya a Inglaterra en esto, de hecho, el presidente estadounidense declaró apenas unas semanas atrás que la posición de EE.UU. sobre las Malvinas está «bajo revisión», una amenaza velada contra Londres por no aumentar suficientemente su gasto militar en las guerras que Washington decide emprender.

¿Será por las disputas que tiene con la UE? Por supuesto. Las Malvinas son para Trump lo que son para todos los estadounidenses... un punto de presión, una palanca, una herramienta para doblar a los británicos cuando se niegan a seguir el guion.

Milei, el supuesto libertario que habla de achicar el Estado, no duda en usar el aparato diplomático para promover una causa nacionalista que sabe perfectamente que no puede resolver. La ONU, dijo, es «inútil», y tiene razón, pero su alternativa es peor, alinearse con Trump, con Netanyahu, con los sionistas que sueñan con la Patagonia como su «tierra prometida alternativa».

Milei ya firmó acuerdos militares con Israel, facilitó la compra de tierras en el sur a capitales israelíes, y mientras habla de soberanía sobre unas islas que no controla, entrega el territorio que sí controla a quienes quieren colonizarlo.

¿No es surrealista todo esto?

 

KAST

(El enano en el hoyo)

Habló también José Antonio Kast, en un auditorio con pocos asientos llenos —esto demuestra que el peso de Chile es tan bajo como un enano metido en un hoyo. Se refirió al Estrecho de Magallanes, habló de soberanía, y realizó un resumen simplón y aburrido para llamar a la inversión extranjera a mirar a nuestro país. «Chile está de vuelta», dijo, como si el país se hubiera ido a otro planeta de vacaciones y no hubiera estado aquí todo el tiempo, sufriendo los embates del neoliberalismo que su propio sector impulsó durante décadas.

Pero lo más interesante —o lo más preocupante, según se mire toda esta mierda— fue su adhesión al «Escudo de las Américas», esa iniciativa creada por Donald Trump en marzo de 2026 que promete usar «fuerza militar letal» contra los cárteles de droga. Chile pasó de ser observador a adherente formal, uniéndose a Argentina, El Salvador, Ecuador, Perú, Paraguay y otros gobiernos de derecha que han decidido que la seguridad pública se resuelve con acuerdos militares y no con políticas sociales.

Esto no gustó a los sectores de la oposición que ven con desconfianza esta alianza para combatir el narcotráfico. Y es cierto, Kast asume livianamente que esto es solo coordinación y ayuda entre países para combatir el flagelo de los narcos, pero sabemos que lo que quiere Trump es otra cosa muy distinta a lo que piensa el mandatario chileno. Seamos honestos: llamar «coordinación» a la sumisión absoluta hacia Trump es un ejercicio de optimismo delirante.

El «Escudo de las Américas» es, en realidad, y digamos las cosas como son... el regreso de la Doctrina Monroe disfrazada de cooperación antinarcóticos. Trump no quiere ayudar a Chile; quiere usar a Chile. Quiere bases, quiere inteligencia, quiere tropas que pueda desplegar cuando le convenga. Y aquí quiero detenerme unos segundos...

 

LA GEISHA Y EL SEÑOR

¿Por qué actuar como perrito servil a los caprichos de Trump y de Estados Unidos cuando a Chile no lo pescan ni en bajada?

¿Por qué actuar como geisha con los gringos cuando nos subieron los aranceles?

¿Qué gana nuestro país uniéndose a ese grupo?

¿Sabrá Kast que es bastante inconveniente unirse a ese bloque porque en algún momento le pedirá a Chile tropas o algo más?

La respuesta es simple y terrible: porque Chile, al igual que Argentina, al igual que Brasil, ha sido educado durante décadas para creer que su soberanía es negociable, que su independencia es un lujo que no puede permitirse, que su futuro pasa por Washington, y no por Santiago.

Kast no se da cuenta —o no quiere darse cuenta— de que todos están haciendo tratos con el diablo. Existe una alianza entre Trump, Milei, Netanyahu y otros serviles para lograr los sueños de Trump. Los sionistas como Milei y Netanyahu quieren la Patagonia. Argentina ya les ha entregado territorio a los israelíes y a los gringos mediante acuerdos militares, compras de tierras y la apertura indiscriminada de recursos estratégicos.

¿Luego vendrán por el sur de Chile?

 

LA ONU

(El teatro de sombras)

Volvamos a la ONU, ese cadáver diplomático que sigue respirando por inercia. Fundada en 1945 para «mantener la paz y la seguridad internacional», ha logrado exactamente lo contrario... ha legitimado guerras, ha mirado para otro lado mientras genocidios ocurrían bajo sus narices, y ha convertido el derecho internacional en un catálogo de sugerencias que los poderosos pueden ignorar a voluntad.

Desde la guerra de Corea hasta la invasión de Irak, desde Ruanda hasta Gaza, la ONU ha demostrado una capacidad asombrosa para producir resoluciones que nadie cumple, sanciones que no funcionan, y misiones de paz que terminan escandalizándose por abusos sexuales o corrupción. El Consejo de Seguridad, con sus cinco miembros permanentes armados hasta los dientes, es una burla a la idea misma de democracia internacional, lean esto bien... cinco países deciden el destino del mundo, y tres de ellos están permanentemente en guerra o apoyando guerras.

La ONU no sirve para detener guerras porque nunca fue diseñada para eso, fue diseñada para gestionar conflictos entre potencias, para dar una apariencia de legitimidad a las decisiones de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial, para que el imperialismo tuviera un rostro humanitario. Cuando la ONU actúa, lo hace para legitimar intervenciones occidentales... cuando no actúa, es porque alguno de los cinco matones del Consejo de Seguridad ha puesto su veto.

Gaza es el ejemplo más reciente y más obsceno, pero nivel satánico, ... mientras Israel bombardeaba hospitales, escuelas y campos de refugiados, la ONU producía resoluciones que Israel ignoraba con el apoyo de Estados Unidos. Más de 40.000 muertos —y la cuenta sigue— mientras el secretario general pide «autocontrol» ... como quien pide a un puma hambriento que no se coma a las ovejas tan rápido.

 

EL GOBIERNO OCULTO Y LOS TÍTERES VISIBLES

Sincerémonos... lo que vemos en Nueva York no es diplomacia, es teatro barato... cada discurso, cada declaración, cada apretón de manos es coreografiado para mantener la ilusión de que existe un orden internacional basado en reglas, cuando todos sabemos que el único orden que existe es el de la fuerza bruta y el capital.

Trump, Milei, Netanyahu, Kast —todos ellos son títeres de fuerzas mayores, de intereses económicos que trascienden las fronteras, de corporaciones que no tienen patria, pero sí ejércitos privados, de fondos de inversión que compran deuda soberana como quien compra ganado. La Patagonia no interesa por su belleza; interesa por su agua, por sus minerales, por su posición estratégica frente a la Antártida. Las Malvinas no interesan por sus habitantes; interesan por sus recursos petroleros y su ubicación militar.

Mientras los presidentes latinoamericanos se pelean por migajas de soberanía simbólica, los verdaderos dueños del mundo —los que nunca aparecen en las fotos oficiales, los que no dan discursos en la ONU, pero sí órdenes en Davos y Bilderberg— siguen trazando mapas, comprando tierras, firmando tratados que nunca veremos.

 

LA CONCLUSIÓN QUE NO QUEREMOS VER

La 81ª Asamblea General de la ONU terminará como todas las anteriores... con un comunicado final que nadie leerá, con promesas que nadie cumplirá, y con el mundo un poco más cerca del precipicio. Lula volverá a Brasil para seguir negociando con el FMI. Milei volverá a Buenos Aires para seguir vendiendo la Patagonia. Kast regresará a Santiago para preparar la entrega de Chile al «Escudo de las Américas».

Y la ONU sigue ahí, en su edificio de Nueva York, cobrando sus salarios, produciendo sus resoluciones, manteniendo viva la mentira de que la comunidad internacional existe, de que el derecho internacional importa, de que la paz es posible mientras cinco países tengan derecho a vetarla.

No sirve para nada, pero esa es precisamente su función, servir de escenario para que los crímenes del poder parezcan debates, para que la dominación parezca cooperación, para que la entrega de soberanía parezca integración regional.

El «Escudo» es la puerta de entrada. Primero llega la «ayuda contra el narco», luego llega el «apoyo militar», y finalmente llega la ocupación administrativa de zonas «estratégicas». Kast y los suyos creen que están haciendo tratos inteligentes; en realidad, están haciendo tratos con el enviado del diablo, y el diablo siempre cobra la deuda con intereses territoriales.

La ONU sigue siendo el circo, los mandatarios los payasos y nosotros los espectadores que pagan la entrada con sus impuestos. 

Mientras Chile se esfuerza por ser la mascota favorita de Trump, el mapa del sur se redibuja en oficinas oscuras donde la soberanía es solo una palabra obsoleta en un diccionario que ya nadie lee.

El patio trasero sigue siendo patio trasero. Solo que ahora los inquilinos aplauden mientras les suben el alquiler.



 

Escrito por: Vëthriön Asathørn y el Dream Team de Trollish News.

Portada diseñada por: V.D.M.

Edición final: Vëthriön Asathørn.