¡SORPRESA CABROS!
LA LUNA SIGUE SIENDO
UN SET DE FILMACIÓN EN NEVADA:
CRÓNICA DE LA «ÚLTIMA»
FARSA
¡Vaya, vaya, cabros! Parece que la NASA ha decidido que
ya ha pasado suficiente tiempo desde la última vez que nos vendieron un cuento
de hadas espacial. Hace apenas unas semanas, el mundo entero quedó «boquiabierto»
ante las imágenes y los datos de la más reciente «incursión lunar». Porque,
claro, ¿Qué sería de los impuestos gringos sin que el gobierno les regale un
espectáculo de efectos especiales digno de un Oscar, financiado con miles de
millones de dólares públicos?
Hablemos de esta «hazaña». La NASA, en su infinita generosidad y transparencia, nos ha presentado una serie de fotografías tan nítidas que casi puedes oler el barniz fresco del estudio. Es realmente conmovedor ver cómo, en pleno siglo XXI, con toda la tecnología disponible, las imágenes siguen teniendo ese aire tan «estético» y convenientemente encuadrado, como si un director de fotografía estuviera gritando: «¡Corte!», justo antes de que el astronauta tropezara con un cable de iluminación.
Lo más fascinante es la narrativa. Nos dicen que ahora es «diferente», que la tecnología ha avanzado, que esta vez es «realmente» posible establecer una base en la Luna. ¡Qué optimismo! Es casi tierno pensar que creemos que han logrado resolver el problema de la radiación cósmica y los cinturones de Van Allen con un par de parches de software y mucha esperanza. Seguramente, los astronautas están allí arriba disfrutando de un aire acondicionado maravilloso mientras nosotros, los simples mortales, miramos el cielo preguntándonos por qué mierda no vemos el despliegue logístico con un telescopio decente.
Y luego están los datos. ¡Oh, los gloriosos datos! La
NASA nos bombardea con gráficas, telemetrías y reportes técnicos que son tan
complejos que solo un puñado de personas en el mundo pueden entenderlos. Es una
estrategia brillante: si haces que la mentira sea lo suficientemente aburrida y
técnica, la gente simplemente asentirá con la cabeza para no parecer ignorante,
mientras el presupuesto sigue fluyendo hacia el agujero negro de la burocracia
espacial.
Es admirable el compromiso de la agencia con la
continuidad. Mantener la farsa durante décadas requiere una disciplina militar.
Imaginen la cantidad de extras, maquilladores y editores de video que deben
estar bajo contratos de confidencialidad estrictísimos. Probablemente tengan un
sindicato propio: el «Sindicato de Constructores de Paisajes Lunares
Artificiales».
Pero no seamos malpensados. Seguramente todo es verdad.
Seguro que esos módulos —unos fierros y harto aluminio—aterrizaron con la
delicadeza de una pluma, y que las comunicaciones no tuvieron ni un solo retraso
sospechoso que sugiera que la señal venía de una antena en el desierto de
Arizona y no de un cuerpo celeste a 384,400 kilómetros.
Así que, felicidades a la NASA por otro éxito rotundo en
el arte de la cinematografía gubernamental. Gracias por recordarnos que la
realidad es opcional cuando tienes el presupuesto adecuado y una población
dispuesta a creer que el cielo es el límite, siempre y cuando haya un
renderizado en 4K que lo respalde.
Nos vemos en la próxima «misión». Yo ya estoy haciendo
mis apuestas: ¿creen que la próxima vez aterrizarán en Marte o simplemente
alquilarán un set en Marruecos?
II
Los «Actornautas»:
Entre el Método
Stanislavski y el Exceso de Laca en el Espacio
(Continuación de
nuestra serie: «Luna Park: Cine Espacial para Masas»)
Si pensaban que la escenografía de Nevada era la parte
más impresionante de la producción, es que no han prestado atención al
verdadero talento detrás de la farsa: los «actornautas». Esos valientes
guerreros del drama que, en lugar de enfrentar el vacío mortal del espacio,
enfrentan el verdadero terror de cualquier artista: ¡olvidar su línea frente a
millones de espectadores en una transmisión en vivo!
Hablemos primero de la «gravedad cero». Es realmente
conmovedor observar cómo estos actores se dedican a flotar con una gracia casi
coreográfica. Es evidente que han pasado meses en entrenamientos intensivos...
no de supervivencia, sino de gimnasia y manejo de arneses invisibles. Hay
momentos donde el «vuelo» es tan convincente que casi puedes ver el cable de
acero tensándose mientras el actor intenta desesperadamente no chocar contra la
pared del set. Es un despliegue de acrobacia digno de un circo, pero con el
presupuesto de un país pequeño.
Y luego, entremos en el terreno de la estética: el cabello.
Aquí es donde la NASA realmente se ha descuidado. Se nos
dice que en el espacio no hay gravedad, por lo tanto, el cabello debería flotar
como una medusa en un acuario. Sin embargo, hemos visto transmisiones desde la
Estación Espacial Internacional (EEI) donde el peinado de algunos astronautas
se mantiene con una rigidez arquitectónica envidiable.
¿Cuál chucha es el secreto?
¿Una nueva ley de la física que solo se aplica a los
protagonistas?
¡Por favor! Es obvio que el departamento de vestuario y
maquillaje ha abusado de la laca extra fuerte. Es fascinante imaginar al equipo
técnico gritando: «¡Rápido, más fijador! ¡Que el flequillo no se mueva, aunque
el astronauta haga una voltereta, o el público empezará a sospechar que están
en un estudio con aire acondicionado!».
Es admirable que, incluso en la «frontera final», la
prioridad sea mantener un look impecable para la cámara. Nada dice «Hello, estoy
explorando el cosmos» como un cabello que podría resistir un huracán categoría
5 gracias a tres latas de laca industrial.
Pero el verdadero espectáculo comienza con los «errores
de continuidad». Esos momentos mágicos donde el velo se rasga y la realidad se
asoma por un segundo.
¿Quién no ha disfrutado de esos pequeños deslizamientos
en vivo? Un cable que aparece donde no debería, una burbuja de aire que sube
sospechosamente en un tanque de entrenamiento que «supuestamente» es el espacio
exterior, o ese instante donde un astronauta mira hacia un lado y, por un
segundo, parece estar buscando al director para preguntarle si puede repetir la
escena porque se le olvidó decir la palabra «estratosférico».
Esos errores son los «condoros (bloopers)» más caros de
la historia de la humanidad. Cada vez que un actor se equivoca o que un efecto
especial falla, la NASA probablemente entra en pánico en la sala de control,
mientras el editor de video suda frío tratando de cortar la señal diciendo: «¡Interferencias
solares! ¡Perdimos la conexión por un momento!». ¡Qué beneficioso que el Sol
siempre decida interrumpir la transmisión justo cuando alguien olvida que no
debería haber gravedad en su café!
Es realmente enternecedor ver cómo estos ‘actornautas’
mantienen la compostura… se merecen un premio Oscar, o al menos un bono
generoso por soportar el estrés de fingir que no sienten el suelo bajo sus pies
mientras intentan convencerte de que están a 400 kilómetros de altura.
Así que, la próxima vez que veas a un astronauta flotando
con el cabello perfectamente esculpido y una sonrisa ensayada, recuerda que no
estás viendo ciencia; estás viendo una obra de teatro vanguardista. Solo falta
que empiecen a vender el ‘merchandising’ con el programa de la obra y los
créditos de los maquilladores.
¡Sigan mirando hacia arriba, queridos ciudadanos del
mundo! Pero no olviden mirar también los cables, porque ahí es donde reside la
verdadera «magia» del espacio.
Escrito por: El staff de Trollish News.
Portada diseñada por: Vëthriön Asathørn.
Edición final: Vëthriön Asathørn.

.gif)

