PERÚ ES EL PAÍS DONDE
EL CURRICULUM VITAE INCLUYE ANTECEDENTES PENALES
Keiko
Fujimori logró lo impensable: hacer que 15 de 19 ministros parezcan un elenco
de serie policial.
1
Hay
países que aprenden de sus errores. Hay países que se estancan en ellos. Y
luego está Perú, esa nación andina que parece haber tomado la mala decisión de
convertir la corrupción política en deporte nacional, en identidad cultural, en
patrimonio de la humanidad con denominación de origen. Que se olviden del
pisco.
La
última genialidad de esta tragicomedia sudamericana llegó de la mano de Keiko
Fujimori, quien recién asumió la presidencia y decidió que lo mejor para salir
de una década de crisis institucional era nombrar un gabinete donde 15 de 19
ministros tienen investigaciones y antecedentes por diversos delitos.
Sí,
leyeron bien. Quince… de diecinueve. Eso no es un gabinete, es una sala de
audiencias del Poder Judicial con sillones más cómodos.
2
El Dream Team del
Prontuario
El
nuevo gobierno de Keiko —hija del recordado Alberto Fujimori, el presidente
que terminó en la cárcel por crímenes de lesa humanidad y corrupción, porque en
esta familia la tradición es sagrada— ha logrado algo histórico: reunir en
un solo equipo a especialistas en casi todas las ramas del derecho penal.
El
campeón indiscutible es Vladimiro Huaroc, flamante ministro de Ambiente, quien
presume de 51 investigaciones declaradas. Cincuenta y una. Eso no es un
currículum, es una temporada completa de la Ley y el Orden. A este paso, el ministerio
debería instalar una sucursal de la Fiscalía en el mismo edificio para agilizar
trámites… digo yo.
Pero Huaroc no está solo en esta olimpiada de la impunidad. El ministro de Desarrollo Agrario, Marco Vineli, y el de Producción, Juan Requejo, vienen empatados con una decena de causas cada uno. El de Educación, José Chang, suma ocho investigaciones. Ocho. Porque en Perú, aparentemente, la educación incluye lecciones prácticas de cómo sortear la justicia.
La
lista de honor continúa con el canciller Carlos Espá (cohecho), el ministro del
Interior César Astudillo (peculado), el de Salud Luis Dyer (falsificación
documental), el de Transportes Rafael Rey (delitos contra la fe pública), y el
de Trabajo Juan Sheput (tráfico de influencias y colusión agravada). El de
Vivienda, Mauricio Arnillas González, ya fue sentenciado por lesiones culposas
y suma antecedentes por falsedad ideológica y estafa.
Incluso
el propio premier Luis Galarreta aparece en la lista de investigados, porque
liderar un gabinete de presuntos delincuentes sin tener tu propio expediente
abierto sería casi ofensivo para la coherencia temática.
3
El Burro en el Rincón
de la Historia
En
las antiguas escuelas, a los niños que no aprendían —los «cuescos», como se
les decía cariñosamente— los mandaban a un rincón con orejas de burro. Era
una forma de vergüenza pública, de señalar que repetir los mismos errores tenía
consecuencias.
Perú, como nación, lleva décadas en ese rincón, y no solo con orejas de burro: con cola, herraduras y el completo atuendo equino. Porque si hay algo que caracteriza a la política peruana es su asombrosa capacidad de repetir exactamente los mismos errores una y otra vez, con la esperanza de que quizás, quién sabe, por arte de magia, esta vez sí funcione.
¿Cuántos
presidentes ha tenido Perú en los últimos cinco años? La pregunta es trampa,
porque depende del día que lea esto. Desde 2018 han pasado por el cargo —algunos
unos días, otros unas horas— figuras como Pedro Pablo Kuczynski (acusado de
corrupción), Martín Vizcarra (acusado de corrupción), Manuel Merino (renunció
tras protestas con muertos), Francisco Sagasti (interino, casi un milagro),
Pedro Castillo (preso por intento de autogolpe), Dina Boluarte (cuestionada por
muertes en protestas), y ahora Keiko Fujimori.
Es
una rotación de personal digna de un restaurante de comida rápida, no de una
república.
4
La Mecánica del Absurdo
¿Cómo
se entiende esta lógica peruana? En cualquier otro país del mundo —bueno,
quizás no en cualquiera, pero al menos en los que aspiran a ser funcionales—
un antecedente penal es un impedimento para ocupar cargos públicos. En Perú,
parece ser un requisito excluyente.
«¿Usted quiere ser
ministro? Excelente. ¿Tiene investigaciones por lavado de dinero, cohecho,
abuso de poder o asociación para delinquir? Perfecto. ¿Solo tiene una? Lo
siento, el puesto requiere al menos tres. Vuelva cuando tenga más experiencia».
Es
como si el sistema político peruano operara bajo la premisa de que nadie puede
entender mejor la delincuencia que quienes la han practicado. Un ministerio de
Defensa dirigido por alguien que atentó contra el patrimonio. Un ministerio de
Justicia liderado por sujetos con acusaciones constitucionales en curso. Un
ministerio de Ambiente a cargo de quien tiene 51 investigaciones —probablemente
medioambientales, porque la ironía también tiene sentido del humor.
5
El Show para los
Alienígenas
Imaginemos
por un momento que un alienígena llega a la Tierra. Aterriza en Lima, toma un
taxi —sobreviviendo milagrosamente al tráfico— y pregunta: «¿Cómo
funciona la democracia en este planeta?»
Le
explican que, en Perú, el pueblo elige a sus representantes mediante votación
popular. Hasta ahí, todo normal… pero luego le cuentan que esos representantes
suelen terminar en prisión, que la presidenta actual es hija de un dictador
condenado, que su gabinete está compuesto en un 79% por personas investigadas
por delitos que van desde el cohecho hasta la usurpación de funciones, y que el
ciudadano promedio sigue votando por los mismos apellidos, los mismos partidos,
las mismas familias, esperando resultados diferentes.
El
alienígena quedaría marcando ocupado, consultaría con su nave nodriza y probablemente
preguntaría:
«¿Así hacen las cosas
en toda la Tierra, o es solo en el Perú?»
Y
habría que responderle la verdad: en Perú es especial. Es el laboratorio donde
la democracia va a morir lentamente, asfixiada por la indiferencia, la
desinformación y esa peculiar costumbre de confundir el voto con un acto de fe
ciega en quienes menos se la merecen.
6
La Lección que Nunca
Llega
El
artículo de La Tercera que dio origen a esta reflexión termina con la cifra: 15
ministros con problemas judiciales. Podría haber sido peor, claro. Podrían
haber sido los 19. Pero ese cuatro de diferencia es apenas consuelo, un resquicio
de esperanza tan pequeño que requiere microscopio para detectarlo.
Lo
grave no es que Keiko Fujimori haya nombrado a estos personajes, lo grave es
que pudo hacerlo, que existan, que hayan llegado ahí, que el sistema político
peruano siga produciendo, seleccionando y promoviendo a individuos con
prontuarios más extensos que sus propuestas de gobierno.
Perú
es ese burro del rincón… el que no aprende, el que sigue cometiendo los mismos
errores, eligiendo los mismos rostros, tolerando los mismos abusos. Y mientras
tanto, sus ciudadanos —los verdaderos, los que no tienen 51 investigaciones—
siguen esperando que algo cambie, que alguien les explique por qué sus
gobernantes parecen más interesados en eludir la justicia que en servir al
país.
Quizás
la respuesta esté en aceptar la evidencia: en Perú, para ser político, primero
hay que ser sospechoso… es la única explicación lógica para un gabinete donde
15 de 19 ministros vienen con su propio expediente judicial incluido.
Bienvenidos
otra vez al circo sudaca. Los espectáculos son permanentes, la entrada es
obligatoria, y el payaso principal —payasa en este caso— acaba de asumir
la presidencia del vapuleado Perú… otra vez.
Artículo de:
Dream Team del blog.
Fuente
informativa: La Tercera.
Portada diseñada
por: Vëthriön Asathørn. Creada con AI.
Edición final: V.D.M.

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