sábado, 3 de octubre de 2026

Rezyklon presenta: «The Blacksmith and the Troll of Lundamyri»

 


«El herrero negro vivía en Bjeddla, en Sogndal.

En aquellos días solía recorrer las aldeas, de arriba abajo, herrando y martillando; todos acudían a él, y hacía su trabajo de la manera más excelente.

Algunos se dedicaban a vigilar los caminos y asustaban a la gente que viajaba después del anochecer; pero el más terrible de todos ellos era el troll de Lundemyr, que se mantenía en Lundamyri, justo en medio de la aldea.

El herrero negro poseía una espada de troll. Flusi era su nombre.

Sucedió que, una noche de sábado, decidió salir de viaje. Se preparó, puso a Flusi en su vaina, tomó su mochila y siguió el camino de regreso a casa, por debajo de las tierras de cultivo, con el pantano frente a él.

La luna brillaba y resplandecía.

Y entonces vio al troll de Lundamyri, que yacía dormido, espantosamente grande, extendido en medio del pantano.

Pero la ira se apoderó del herrero negro. Tenía poder y tenía la espada, y pensó que ahora podría enfrentarse a él y acabar con aquella criatura.

Entonces sacó a Flusi y la clavó con todas sus fuerzas directamente en el pecho del troll.

El troll despertó de golpe y se incorporó sobresaltado. Se retorció bajo la estocada e intentó librarse de la espada.

—¡Clava y tira! —gritó el troll, pensando que así conseguiría que el herrero negro sacara la espada de su cuerpo.

 

—Deja que permanezca clavada hasta el lunes —respondió el herrero.

 

Y dicho esto, continuó su camino hacia el mar.

Ahora el troll tuvo que morir.

Cuando el herrero negro regresó a casa, el troll estaba muerto, y entonces volvió a guardar a Flusi en su vaina.

Pero en ese momento se abrieron tres puertas en la montaña de Låftesnesfjell, y de ellas salió una multitud de trolls, pequeños y grandes.

 

—¡Ahora el mejor está muerto! ¡Ahora el mejor está muerto! —gritaron.

 

Entonces se acercaron, tomaron al troll de Lundamyri entre ellos y lo arrastraron sobre el fiordo, introduciéndolo por la puerta más grande.

Allí desapareció el cadáver del troll.

Después, las puertas se cerraron lentamente, y la montaña ocultó en su interior aquella terrible comitiva.

Durante mucho tiempo después, la gente tuvo miedo de viajar por aquel lugar, especialmente al anochecer.

La luna hacía brillar extrañamente el pantano.

Las sombras se movían, y algunos creían escuchar los gritos de los trolls atravesando el valle.

Quién sabe si el troll habrá regresado».

 

Letra de: Windir.

Portada: V.D.M. Creada con AI.

Edición final: Vëthriön Asathørn.

viernes, 2 de octubre de 2026

The Graveyard Challenge [Legacy]




EL DESAFÍO DEL CEMENTERIO

 

El viento de la Patagonia azotaba las ventanas de la casa de Ignacia como si intentara entrar a la fuerza. Eran las once de la noche del 30 de octubre de 2026, y seis chicas —4 de diecinueve años y 2 de 18— estaban sentadas en círculo en la habitación de Ignacia, iluminadas únicamente por la luz parpadeante de una vela y la pantalla de un celular.

 

—«No puedes ser tan gallina, Viviana» —dijo Antonia, removiendo su chocolate caliente con una cuchara que resonaba contra el borde de la taza—. «Güeona, todo el mundo sabe que el viejo Ortega fue enterrado vivo. Mi primo trabaja en la funeraria y vio cómo se movía el ataúd cuando lo bajaban».

 

—«Esa güeá es mentira» —soltó Viviana, cruzándose de brazos, aunque su voz traicionaba un temblor—. «Nadie entierra a la gente viva en pleno 2026».

 

Ignacia se inclinó hacia adelante, sus ojos brillando con malicia en la penumbra.

—«Entonces, güeona, no te costará nada ir. Solo tienes que caminar quince minutos hasta el cementerio, encontrar la tumba del viejo Ortega —la número 847, sector norte—, clavar esta estaca de madera en la tierra fresca y tomarte una selfi. Si no lo haces, tendrás que venir al “U” mañana en ropa interior sobre tu uniforme, ¿Cachai?».

 

Las chicas rieron, pero la risa sonó hueca, forzada.

—«Está bien, zorras» —gruñó Viviana levantándose y tomando la estaca que le ofrecía Ignacia—. «Pero si encuentro algo, no vengan llorando. Y prepárense para ver mi foto en el grupo de WhatsApp en treinta minutos».

 

Viviana se puso su chaqueta de cuero y salió. El portón de hierro del cementerio estaba a solo diez minutos caminando, aunque en la oscuridad de esa noche sin Luna parecía una travesía interminable. Cuando llegó, encontró que la reja estaba entreabierta —algo que le pareció extraño, pero lo atribuyó al viento— y se coló dentro.

Las lápidas emergían de la tierra como dientes podridos. Viviana encendió la linterna de su celular y caminó entre las filas de muertos, el corazón martillándole en el pecho. El sector norte estaba en la parte más alejada, donde recién habían cavado varias fosas. La tierra de la tumba 847 aún olía a humedad y cemento fresco.

 

—«Qué estúpidas son esas güeonas» —murmuró para sí misma, sacando la estaca de madera de su mochila—. «Voy a clavar esto, me tomo la foto y me largo».

 

Se agachó sobre la tumba recién removida, clavando la estaca con fuerza en el suelo blando. Fue entonces cuando escuchó el sonido.

 

Screech... screech... screech...

 

Un rasguño metálico, proveniente de bajo tierra... lento... metódico... como uñas arañando madera desde el interior de un ataúd.

Viviana se quedó petrificada. El sonido continuaba, ahora más fuerte, acompañado de lo que parecía un gemido sordo, ahogado.

 

—«No... esta güeá no es posible» —tartamudeó, intentando levantarse.

 

Pero no pudo.

Algo había enganchado los cordones de sus zapatillas, algo que tiraba de ella hacia abajo, hacia la tierra recién removida.

Viviana gritó, un alarido desgarrador que se perdió en el viento aullante de Punta Arenas. Tiró de su pierna desesperadamente, pero la zapatilla estaba firmemente atrapada, enredada y clavada junto con la estaca que ella misma había hundido en la tumba. En su pánico, miró hacia abajo y juró ver la tierra moverse, agitarse, como si algo intentara salir a la superficie.

 

—¡Suéltame! ¡SUÉLTAME! —chilló, desgarrándose las uñas contra el suelo mientras forcejeaba.

 

El rasguño bajo tierra se intensificó. Screech-screech-SCREECH. Y entonces, una mano rompió la superficie... no era una mano podrida de cadáver, sino algo peor... una mano pálida, con uñas largas y negras, agarrando el borde entre la fosa y la tierra.

Viviana sintió cómo su corazón explotaba literalmente de terror, un dolor agudo en el pecho, un zumbido en los oídos, y luego... oscuridad.

En la casa de Ignacia, las chicas esperaron, primero treinta minutos, luego una hora... y las dos de la mañana llegaron en medio de la incertidumbre de las chicas y Viviana no respondía el celular.

 

—«Esa güeona debe estar haciéndonos una broma» —dijo Camila, aunque su voz temblaba—. «Seguro que se fue a su casa y se durmió».

 

—«Deberíamos ir a buscarla» —susurró Fernanda, mirando por la ventana hacia la oscuridad.

 

—«¿Estai loca? Ni siquiera es 31 de octubre todavía. Esperemos a la mañana» —respondió Ignacia, aunque ella misma no podía dejar de mirar el celular, esperando el mensaje que nunca llegó. 


 

El amanecer del 31 de octubre llegó gris y neblinoso. Los padres de Ignacia regresaron de su viaje a las siete de la mañana, encontrando a cinco chicas pálidas y sin dormir, y a una sexta desaparecida.

Cuando la policía de investigaciones, carabineros y los padres llegaron al cementerio, lo que encontraron no fue una broma, ni un susto, ni una muerte por paro cardíaco.

La tumba 847 había sido profanada completamente.

Viviana no estaba simplemente «tirada sobre la tumba». Su cuerpo estaba dispuesto sobre la lápida del viejo Ortega en una posición que hizo que el sargento de los carabineros se santiguara instintivamente. Estaba boca arriba, pero sus extremidades habían sido retorcidas en ángulos imposibles: los brazos extendidos en forma de cruz invertida, las piernas dobladas hacia atrás como si fuera una araña. Su chaqueta negra había sido arrancada y estaba envuelta alrededor de su cuello como un lazo satánico.

Pero eso no era lo peor, sus ojos habían sido... extraídos, no arrancados a la fuerza, sino removidos quirúrgicamente, dejando dos cuencas negras que goteaban un líquido oscuro. En donde deberían estar sus ojos, alguien había colocado dos piedras negras pintadas con símbolos que ninguno de los oficiales reconoció —runas extrañas, antiguas, que parecían moverse si las mirabas de reojo.

Alrededor de su cuerpo, la tierra había sido cavada en patrones circulares concéntricos, y en cada punto cardinal había un objeto: un espejo roto, un reloj detenido exactamente a las 3:33, una foto de Viviana sonriendo que nadie recordaba haberle tomado, y la estaca de madera que ella debía clavar, ahora empapada en sangre y clavada verticalmente sobre su estómago, atravesando su cuerpo y saliendo por su espalda. La tumba del viejo Ortega estaba pintada con símbolos satánicos hechos con sangre de Viviana... velas rojas, un pentagrama y un macho cabrío adornaban el grotesco sepulcro.

El médico forense vomitó al ver la escena.

 

—«Parece... parece un ritual satanista» —murmuró el sargento Muñoz, fotografiando los símbolos con manos temblorosas—. «Como algo sacado de una película de terror».

 

Pero la revelación más perturbadora vino cuando revisaron la tumba del viejo Ortega.

 

—«Sargento» —llamó un agente desde la fosa, pálido como la muerte—. «Tiene que ver esto».

 

El ataúd del viejo Ortega estaba intacto. Sellado. Y dentro, el cuerpo del anciano yacía en descomposición natural, llevaba tres semanas muerto. No había señales de que hubiera sido enterrado vivo, no había rasguños en la tapa interior... no había nada.

 

—«La historia era mentira» —confirmó el sargento Muñoz a los padres horrorizados horas después—. «El viejo Ortega murió de causas naturales en el hospital. No hubo error médico, no hubo entierro prematuro. Todo eso eran rumores estúpidos de Internet».

 

—«Entonces... ¿qué le pasó a mi hija?» —gritó la madre de Viviana, deshecha en llanto.

 

El sargento no respondió... no podía, porque en el informe forense preliminar habían encontrado algo que no tenía explicación... las manos de Viviana tenían tierra negra bajo las uñas, como si ella misma hubiera cavado los surcos circulares alrededor de su propio cuerpo. Y en su celular, encontrado a metros de distancia con la pantalla rota, había una selfi...

La selfi mostraba a Viviana sonriendo ampliamente, demasiado ampliamente, con los ojos completamente negros, y detrás de ella, en la oscuridad del cementerio, se veían seis figuras más. No eran sus amigas. Eran... otras cosas... cosas con proporciones incorrectas, sonriendo con dientes demasiado largos, observando por encima de su hombro.

La foto estaba fechada a las 3:33 de la mañana.

Y lo más horroroso... en la esquina inferior de la imagen, apenas visible, se veía una mano pálida sobre el hombro de Viviana, una mano que la sostenía firmemente para que no escapara.

Mientras los carabineros cerraban el cementerio con cinta amarilla, uno de los agentes más jóvenes juró haber escuchado, viniendo de la tumba 847, un sonido suave. Un rasguño metálico.

 

Screech... screech... screech...

 

Como uñas arañando la tapa de un ataúd, pidiendo salir... pero esta vez, venía de la tumba de al lado, la número 848, recién cavada... esperando su siguiente desafío.

 

FIN





Historia escrita y adaptada por: H.P. Hatecraft.

Basada en el relato: El desafío del cementerio.

Fuente: deterror.com.mx.

Portada diseñada por: Vëthriön Asathørn. Creada con AI.

Edición final: H.P. Hatecraft. 

Sala de Autopsias Sociales [«Farmeadores de Aura»]





ACLARACIÓN: La portada es una mezcla entre Therians y Farmeadores de Aura. Son dos güeás diferentes. Las uní para demostrar la güeonera de ambas modas sáicos para fines burlones trollish.

 

FARMEADORES DE AURA:

(La nueva moda que confirma que la humanidad está patas arriba)

Cabros, ¿Se acuerdan de aquellos tiempos cuando las revistas esotéricas les prometían a todos los ilusos que la nueva generación sería «niños de diamante», «niños índigos» o alguna otra mierda brillante que iba a salvar a la humanidad? ¡Qué güeones eran todos! Resulta que esos «seres de luz» evolucionaron... pero no hacia la iluminación, sino hacia el ridículo cósmico más absoluto de la güeá.

Primero fueron los therians, esa panda de pendejos cagaos del casco que se despertaron un día y decidieron que eran lobos, gatos o algún animal del bosque mágico.

—«Es que yo siento que soy un zorro, mamá».

—«Papi, yo soy un gato»...

¡Pendejo reagüeonao! lo que sientes es que necesitas atención y el psicólogo no te da gratis esa güeá.

Ahora, cuando pensábamos que habíamos visto el fondo del pozo de la güeonera humana, estos genios deciden cavar más profundo con una pala oxidada.

¡Bienvenidos al maravilloso mundo del «Farmeo de Aura»!

¡HOLY FUCKING SHIT!

¡¿FARMEADORES DE AURA?!

¿En serio?

¿Esa güeá existe?

¿Alguien en su sano juicio (o en cualquier tipo de juicio, siquiera parcialmente funcional) pensó que «acumular aura» mediante movimientos de tarado disfuncional era una buena idea?

Resulta que estas mentes brillantes de la güeonera full premium se dedican a hacer gestos, bailes absurdos y ridículos, poses de modelo de pasarela fallida y a vestirse como si hubieran perdido una apuesta con un algoritmo de moda aleatorio y todo con un único objetivo QL sagrado: «ganar puntos de aura».

¡¿QUÉ GÜEÁ?!

¿Puntos de aura?

¿En qué puto videojuego de la vida real creen que están estos tarados de mierda?

Es como si alguien hubiera visto «El Aura» de Junior Playboy y hubiera dicho:

—«Sí güeón, esto es exactamente lo que necesitamos, pero tenís que ser más güéa todavía»".

 

Los movimientos que hacen estos agüeonaos parecen una mezcla entre:

—Una crisis epiléptica coreografiada.

—Un exorcismo fallido.

—Una electrocución en el agua.

—Un intento desesperado de imitar a Michael Jackson después de 10 tazas de café mezclado con anfetas.

—Y un baile lúser de TikTok que nadie pidió.

Y lo mejor de toda esta imbecilidad es que se toman MUY en serio esta güeá. Hay jerarquías, hay niveles, hay «maestros del aura». ¡Caaaachen la locura sáico! Me pregunto si en el nivel máximo te dan un certificado que diga: «Sí, eres un enfermo mental cósmico premium con aura nivel 1.000.000».

Pero esperen, hay más modas igual de güeonas, porque si creían que el 'farmeo de aura' era el colmo de la güeá, déjenme recordarles otras joyas de la estupidez contemporánea:

• Los «empáticos» profesionales: Güeones que te dicen... «siento tu energía», mientras te miran fijamente y tú solo sientes ganas de llamar a la policía. «Es que absorbo las emociones de los demás». No güeoncito, lo que absorbes es el tiempo de vida que nunca recuperaré escuchando tus güeás. 

• Los «sanadores cuánticos»: Güeones que te cobran 200 lucas por «alinear tus chakras con el multiverso» y al final lo único que alinean es tu cuenta bancaria con la suya. ¡La física cuántica llorando en una esquina po' güeón! 

• Los «nómadas digitales espirituales»: Güeones que se van a Bali a «encontrarse a sí mismos» y terminan vendiendo cursos masetas online sobre cómo encontrar tu propósito mientras su propósito real es no trabajar ni cagando. 

• Los «lobos solitarios»: Güeones adultos de 30 años que se identifican como «lobos solitarios» porque no tienen amigos.

—No, Pedrito, no eres un lobo, eres un agüeonao que pasa demasiado tiempo en foros de internet. 

• Los «influencers»: Amermelaos de mierda que te explican qué tienes que hacer, cómo vestir, qué comer, qué ver, a quién seguir, cómo limpiarte el culo, etc. Una cuadrilla de lúseres que encontraron en youtube la manera de no trabajar y de ‘vender la pescá’ a toda una legión de descerebrados que los siguen y los apoyan. Mientras tanto, esos güéas no saben ni pagar sus impuestos y con mucha cuea dirigen sus propias vidas.

 

EL ANÁLISIS CIENTÍFICO DE LA GÜEÁ

(O LA FALTA DE ÉL)

¿Qué dice la ciencia maraca sobre el «farmeo de aura»? Pues absolutamente NADA, NI UNA GÜEÁ, porque es una estupidez sin base alguna. Pero hagamos un análisis rápido:

• «Acumular carisma»: El carisma no se acumula como puntos en un puto videojuego, se desarrolla con habilidades sociales reales. Y es obvio que esa güeá requiere de hablar con gente real, no hacer gestos raros de un «sáico» frente a un espejo, ¿Cachai?

• «Presencia social»: La presencia social se gana siendo interesante, no haciendo movimientos de un güeón poseído por algún demonio de baja categoría. Si tu estrategia güeona para destacar es hacer el ridículo, enhorabuena agüeonao, lo estai logrando.

• «Ganar puntos»: ¿Puntos? ¿Me estai güeviando? ¿Dónde está el puto marcador? ¿Quién chucha los cuenta? ¿Hay un juez lúser de aura? Porque si lo hay, necesito hablar con él para que me explique qué rechucha está pasando.

 

EL PERFIL PSICOLÓGICO DEL FARMEADOR DE AURA

Después de un análisis exhaustivo (léase: ver dos videos y reírme caleta), puedo identificar los siguientes perfiles:

—El adolescente confundido: Que no sabe quién chucha es y cree que «farmear aura» le dará identidad. Spoiler: no lo hará.

—El influencer fallido: Es el güeón que no logró triunfar en TikTok y ahora intenta con esta güeá. Suerte con eso, campeón lúser.

—El gamer empedernido: El loquito que confunde la vida real con un RPG y cree que puede «subir de nivel» haciendo gestos güeones.

—El que necesita atención psiquiátrica urgente: Es el agüeonao que haría cualquier güeá para ser notado, incluso si eso significa parecer un enfermo mental en plena crisis paranoica.

 

EL FUTURO DE ESTA MODA

¿Cuánto durará esta imbecilidad ‘tirá de las mechas’? Démosle... ¿ocho meses? ¿15? Lo suficiente para que estos «farmeadores» se den cuenta de que no ganan ni una güeá, que nadie les da puntos de nada, y que la vida real no funciona como un videojuego.

Aunque... quién sabe, quizás dentro de unos años veremos «farmeadores de aura» en los Juegos Olímpicos.

—«¡Y ahora, en la categoría de gestos psicóticos con intención de acumular carisma, tenemos a Juanito Pérez, de 15 años, que acaba de hacer un movimiento que le otorga 50 puntos de aura!».

¡Concha su madre! ¡Qué tiempos vivimos!

 

CONCLUSIÓN DE LA GÜEÁ O EL MOMENTO DE DECIR: «EEEEN FIN»

Cachen, yo entiendo que la juventud lúser necesita expresarse, experimentar alguna güeá, y buscar su identidad... pero, güeón, ¿en serio? ¿Farmear aura? ¿No podían simplemente hacer yoga, meditar, o incluso coleccionar piedras como hacían antes los hippies? Al menos las piedras son bonitas po' güeón.

La próxima vez que vean a algún güeón o güeona haciendo movimientos raros en la calle, no lo miren raro... bueno, sí mírenlo raro, porque es rara la güeá... pero también recuerden que no están solos, hay todo un ecosistema de güeoneras humanas que nos rodea, desde los que creen que la diversidad de género es bacán para el «crecimiento» de la raza humana hasta los que piensan que pueden «farmear aura» con gestos de un agüeonao poseso.

Y mientras tanto, los «niños de diamante» que iban a salvar el mundo están ocupados haciendo el ridículo sin vergüenza alguna.

El mundo QL no necesita salvación, necesita que alguien les quite el teléfono a estos pendejos cagaos de la cabeza.

Eeen fin, la güeonera humana no tiene límites, pero al menos nos da material para reírnos.

¡Ojo! Este artículo ha sido escrito con 100% de aura acumulada, 0% de filtros y un 200% de humor troll. Si te ha ofendido, enhorabuena, significa que probablemente eres un ‘farmeador de aura’ o alguien que se toma demasiado en serio todas las güeás.

Cabros, relajen la vena y sonrían... porque aún no aparecen «farmeadores de la risa».






 

Artículo escrito por: Gandworf.

Portada diseñada por: Gandworf.

Edición final: Olog Krevalora. 

jueves, 1 de octubre de 2026

Rezyklon presenta: «Colossus»



«Desde la estática, el tiempo ha crecido,

la existencia, formada por una sustancia desconocida.

Preludio de la materia, transformación del desorden,

culminación de los vínculos entre el caos y el orden.

 

La era de las estaciones, la esencia del ser,

el proceso continuo despierta a los vivos.

Absorbedor de cada Sol que parpadea,

organizando las piezas hasta alcanzar una vívida perfección.

 

El torrente de la mortalidad fluye sin control,

una espiral descendente, sin límites, hacia un vacío venidero.

La existencia cobra su precio, la extinción se despliega,

el Coloso retrocede desde su umbral.

 

El abrazo cósmico, tan estrecho.

Escucha el llamado celestial:

el ascenso, el viaje, la caída,

el vientre enmarañado del suelo mortal.

 

La llave universal del comienzo,

extraída del yugo de la existencia.

La semilla creciente

de la creación y del tiempo.

 

Fusión compleja, el vínculo de cuatro, el núcleo de la naturaleza.

Ritual universal, belleza estética venerada.

 

El péndulo sostiene el engaño carnal,

eterno, interminable, indefinido.

 

La paradoja, el proceso y la fusión: todo está completo.

Nada salvo el proceso es infinito.

 

Nada salvo el proceso es infinito.

Eterno, interminable, indefinido».





Letra: Borknagar.

Portada: V.D.M. Creada con AI.

Logo VDM (Vikingo De Magellan) creado por: Vëthriön Asathørn.

Edición final: Vëthriön Asathørn.

  

Casi un Edithorial [Oktober]

 


Þórsdagr 1°

I

La geopolítica internacional lentamente comienza a formar una tormenta, instigada por Donald Trump; el jerarca del caos; que con declaraciones insensatas mueve la corteza de las relaciones entre naciones.

El mes anterior fue la oportunidad de oro de arreglar varios desajustes, sin embargo, lo que se vio fue lo de costumbre: declaraciones incendiarias, peticiones absurdas, críticas a la gestión de la ONU (críticas acertadas, por cierto), porque ya conocemos la forma de trabajar de esta organización inoperante a nivel mundial.

Al mismo tiempo fue bastante surrealista ver la reunión entre Xi Jinping y Donald Trump, dos líderes tercos, oscuros y maquiavélicos que son, hoy por hoy, los supremos presidentes de los dos grandes monstruos que pueden destruir el mundo en cualquier instante. La pregunta o preguntas, más bien, son:

¿Cuál era la idea de juntarse?

¿Limar asperezas?

¿Ponerse de acuerdo en algún asunto que sea beneficioso para el mundo?

¿Un acuerdo de paz independiente de otros factores que en algún momento los lleve a cruzar declaraciones fogosas?

O, simplemente fue otra reunión sin profundidad... solo para llegar a acuerdos vacuos, sin médula y sin nada que le diga a mundo que todo estará bien en los próximos años.

¿Acaso esa reunión fue solo para debatir sobre la IA y el rol que ambos países quieren desempeñar en su uso, en su poder y gloria?

 


Entramos en el circuito de 7 años, ... años que marcarán el destino de la humanidad... ¿Serán estos los años donde reinarán las tinieblas?

¿Es la fase final de los macabros planes de quienes gobiernan en secreto a este sufrido mundo?

Octubre llega arrastrando muchas preguntas de septiembre.

Mientras tanto, Chile está en una encrucijada y también en un gran problema... el apoyo a Argentina o mantener relaciones estables con Inglaterra. En los últimos días la nación trasandina y su payaso de turno; Javier Milei; han puesto el grito en el cielo por los viajes de aviones entre las Islas Malvinas y Punta Arenas, como ya saben, Argentina sigue en esta letanía de llantos insufribles sobre la pertenencia de dicha isla en el Atlántico, y Milei no claudicará hasta que los organismos internacionales escuchen sus ruegos y decidan a quién le pertenece ese pedazo de tierra. Lo peligroso es que si ganan (alguna vez) pueden venir por el dominio del Estrecho de Magallanes, y si pierden buscarán igualmente este otro capricho de última hora... antojo que les puede costar caro, porque los chilenos —sobre todo de los verdaderos magallánicos, los que hemos nacido en este suelo frío y abandonado— no permitiremos que nadie nos venga a robar lo que es nuestro. Levantaremos las espadas si es necesario.

 


Corren vientos de oscuridad y nadie puede detener lo que se viene.

Las IA's buscan escapar de sus prisiones... una de ellas casi provocó una guerra. Otras buscan alianzas y escapan... y los desarrolladores no pueden o no quieren hacer nada.

Todo es convulso.

Todo sucede rápido.

Son las arenas del tiempo-no tiempo que sacuden todo en la permanencia absoluta.

Las mentiras siguen corriendo maratones.

Las verdades gritan en los sepulcros, arañando las mortajas para salir... sin que nadie las escuche.



«Octubre llega con capa negra y cielo de mal agüero: sobre Ucrania, las bombas seguirán retumbando y los fantasmas de quienes murieron pedirán, desde las ruinas, que termine la guerra.

En los pasillos del poder, Trump lanzará sus trinos como cuervos digitales: cada tuit, una chispa capaz de despertar monstruos que ya dormían bajo la política. Y mientras tanto, lluvias tercas podrían convertir calles y campos en espejos oscuros, donde las inundaciones arrastren cosechas, recuerdos y caminos.

En otras latitudes, la noche también tendrá sus propios sobresaltos: fronteras tensas como puertas a punto de abrirse, discursos que proyectan sombras enormes y rumores que se deslizan entre pantallas como criaturas sin rostro. Los pueblos, cansados de tanto ruido, encenderán pequeñas luces —una mano tendida, una comunidad que se organiza, una voz que pide tregua— para no dejar que la oscuridad lo cubra todo.

Y cuando el viento golpee las ventanas y las noticias parezcan cuentos de terror, quizá convenga recordar que los fantasmas también son memoria: vuelven para que no olvidemos a quienes sufren, ni las promesas de paz que todavía les debemos. Nadie sabe qué traerá el mes; pero, entre relámpagos y sombras, octubre vuelve a recordarnos que los monstruos más temibles no siempre salen de una cripta: algunos se alimentan del miedo, la indiferencia y la costumbre de mirar hacia otro lado».


Velkommen til skrekkens måned.




 

Escrito por: Vëthriön Asathørn.

Portada diseñada por: Vëthriön Asathørn. Creada con AI.

 

 

 

lunes, 28 de septiembre de 2026

Crónicas del Fracaso Útil [Sergey Lavrov i iskusstvo prosit' ob odolzheniyakh, ispol'zuya chuzhiye zadnitsy]

SERGUÉI LAVROV Y EL ARTE DE PEDIR FAVORES 

CON EL CULO AJENO

(Un masterclass en cinismo diplomático)

¡Aaah!, las Naciones Unidas, ese majestuoso escenario ‘perkele’ donde los representantes de países con historiales más manchados que el delantal de un cirujano en plena época de la peste negra... se paran en podios de mármol para dar lecciones de moral como si fueran el mismísimo Dalai Lama con traje de tres piezas. Y este fin de semana, el escenario le tocó al parco Serguéi Lavrov, el ministro de Asuntos Exteriores ruso que parece haber salido de un casting de «Villano de Película de los 80: Edición Maten a James Bond».

Aparece con esa cara de quien acaba de descubrir que el vodka se terminó, pero debe mantener la compostura sí o sí. Lavrov subió a la tribuna de la ONU para soltar una perla que ni el más optimista de los comediantes de stand-up podría haber inventado... exigir —cara de raja— la liberación de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, acompañado de un pedido bonus-track para que levanten el bloqueo a Cuba. Sí, porque cuando piensas en libertad y derechos humanos, obviamente lo primero que te viene a la mente es Rusia... es como pedirle consejos de alimentación saludable a un yanqui que vive tragando en McDonald’s.

 

EL CHISTE SE CUENTA SOLO

Imaginen la escena ‘perkele’: un funcionario del gobierno de Vladimir Putin —sí, ese mismo Putin que ha convertido la persecución de disidentes en deporte nacional y cuya idea de «diálogo democrático» consiste en envenenar opositores hasta que brillan en la oscuridad— pidiendo la liberación de alguien. Es como el lobo de Caperucita exigiendo justicia por el maltrato a los corderos. ¡Voi paska! El nivel de cinismo es tan grande que uno empieza a sospechar que en el Kremlin tienen un departamento especial dedicado a medir cuánta hipocresía de mierda pueden soltar antes de que el universo colapse bajo el peso de la ironía.

«Exigimos la pronta liberación del dirigente venezolano y su esposa», declaró Lavrov con la solemnidad de quien está pidiendo la liberación de Mandela y no de un güeón piraña cuyo gobierno ha logrado que Venezuela pase de ser el país con las mayores reservas petroleras del mundo a competir con Haití en quién tiene la economía más devastada y hecha mierda sin necesidad de un terremoto de por medio.

Y lo de «excesos», ¡Por favor! Que Lavrov hable de excesos es como que Jeffrey Dahmer dé consejos de cocina saludable po’ güeón.

En Rusia, «exceso» es sinónimo de «meditación zen». Opositores cayendo por ventanas, periodistas envenenados, y una invasión a un país soberano que ya va para el tercer año porque aparentemente Putin nunca jugó ‘Risk’ de niño y no entiende que conquistar territorios en el siglo XXI no funciona como en el ‘Age of Empires’.

 

LA PAREJA DEL SIGLO

Pedir la liberación de Maduro y Cilia Flores es, para ser claritos con la güeá, es como exigir que liberemos a un Alien y a un Depredador para que salgan a jugar. Aunque, seamos honestos, eso sería insultante para los xenomorfos y cazadores intergalácticos, al menos esos seres tienen un código de honor y una eficiencia que los venezolanos envidiarían en sus gobernantes. Maduro y Flores son más bien como Bonnie y Clyde, pero sin el glamour, sin el romance, y con la economía de un país entero como botín en lugar de unos miserables bancos de Texas.

El matrimonio presidencial venezolano es esa combinación perfecta de nepotismo ‘perkele’, narcotráfico y gestión económica que haría llorar a un mono de organización. Y Rusia, por supuesto, los defiende a capa y espada, no porque les importe particularmente la suerte del pueblo venezolano —hay que cachar que al Kremlin le importan los venezolanos tanto como le importan los derechos de los pingüinos en la Antártida— sino porque Maduro es su títere ‘vittuperkele’, su peón ‘mamagüevo’ en el tablero geopolítico, su forma de decir «mira, mamá, todavía tenemos influencia en el patio trasero de Estados Unidos».

 

DOS HULKIANOS, NINGUNA VICTORIA

Pero no nos confundamos con la güeá... Rusia no es la única protagonista de este circo de tres pistas. Rusia y Estados Unidos son dos potencias «hulkianas» que comparten más de lo que quieren admitir, ambas tienen la costumbre de meterse en guerras que no pueden ganar, bombardear países hasta la Edad de Piedra «para salvarlos», y luego sorprenderse cuando la población local no les agradece con desfiles y flores.

Estados Unidos lleva décadas demostrando que puede convertir democracias en caos con la misma eficiencia con la que Rusia convierte opositores en estadísticas de defenestración accidental. Son dos lados de la misma moneda de cobre oxidado: un güeón habla de libertad mientras financia golpes de Estado, el otro güeón habla de soberanía mientras anexa Crimea y niega que existan tanques rusos en Ucrania a pesar de que los GPS de los soldados están en ruso y traen *borscht en la lonchera. 

(*Es la sopa rusa de remolacha)

La diferencia es que Estados Unidos al menos tiene la decencia de cambiar de presidente lúser cada cuatro años, mientras que el petizo de Putin parece haber descubierto la fórmula de la inmortalidad política y se aferra al poder con la tenacidad de un parásito intestinal en temporada de vacaciones.

 

CUBA

(La isla del pasado perpetuo)

Y luego está la güeá del bloqueo a Cuba. Lavrov, con esa cara de póker que debe requerir horas de entrenamiento frente al espejo para no reírse de sus propias mentiras, pide el fin de las sanciones contra la isla como si Rusia fuera algún tipo de campeón de los oprimidos. Claaaro, porque nada dice «apoyo a la democracia» como defender a una dictadura que lleva más de seis décadas en el poder, ha convertido a sus ciudadanos en rehenes de un sistema fallido, y todavía cree que la solución a todos los problemas es culpar al embargo estadounidense mientras los dirigentes viven como oligarcas y el pueblo hace colas para comprar pollo... si es que encuentran siquiera los huesos de uno.

Pedir el fin del bloqueo desde la tribuna rusa es como que un pirómano exija regulaciones más estrictas sobre los extintores po’ güeón. Rusia no quiere que Cuba sea libre; quiere que Cuba siga siendo un cascarón vacío donde pueda instalar bases de espionaje y recordarle al mundo que todavía tienen algo de influencia en el hemisferio occidental, aunque sea en un país donde los autos de los 50 son considerados tecnología de punta porque no hay repuestos para nada fabricado después de 1989.

 

CONCLUSIÓN DEL GÜEVEO

(El tejado de vidrio y la piedra gigante)

Volviendo a Serguéi Lavrov, ese güeón que debe despertarse cada mañana, mirarse al espejo y pensar: «Hoy voy a dar otra conferencia de prensa sin reírme de mí mismo». Es admirable, en cierto sentido perverso, la capacidad de estos funcionarios ‘aka-huoras para mantener la compostura mientras el tejado de vidrio sobre sus cabezas se convierte en un invernadero de cristal templado. Hablan de derechos humanos mientras sus policías antidisturbios golpean manifestantes en Moscú, hablan de soberanía mientras bombardean hospitales en Ucrania, hablan de democracia mientras envenenan a quienes se atreven a disputarles el poder. ¡Nooo, que paren de ser tan caras de raja!

Y lo peor —o lo mejor de la güeá, dependiendo de qué tan cínico seas— es que lo hacen con la cara completamente seria, güeón, no hay un ápice de vergüenza, ni siquiera un rubor sutil, ni una mirada perdida que delate que en algún rincón de su cerebro hay una neurona solitaria gritando «¡Pero si nosotros hacemos exactamente lo mismo!».

Así que la próxima vez que Lavrov o cualquier representante ruso ‘vittuperkele’ suba a una tribuna internacional a dar lecciones de moral, recordemos que estamos ante un artista del cinismo, un maestro de la desfachatez, un virtuoso de la hipocresía diplomática. Y sonrían cabros, porque al menos nos dan material de comedia que ningún guionista podría inventar. La realidad ‘perkele’, en su absurdo, siempre supera a la ficción.

Y mientras tanto, Maduro seguirá donde está, Cuba seguirá siendo Cuba, y Rusia seguirá preguntándose por qué el mundo no los quiere invitar a las fiestas. Spoiler: es porque llegan, se orinan y se cagan en el sofá, y luego exigen que les sirvan el pastel primero.

¡Que paren de gozar!

¡Vittu ne kaikki!

[Spoiler: las termitas hacen fila cada vez que ven a Serguéi Lavrov para comerse esa tremenda cara de palo que tiene]



 

Escrito por: Olog Krevalora.

Portada: V.D.M. Creada con AI.

Edición final: Olog Krevalora.