viernes, 3 de julio de 2026

Crónicas del Fracaso Útil [Construcción soberana y eficiente 100% Socialismo]

 




CUANDO EL SOCIALISMO CONSTRUYE RASCACIELOS DE GALLETA

Venezuela lo ha vuelto a hacer. En un país donde el hambre es una política de Estado y la electricidad es un mito urbano que se cuenta a los niños antes de dormir (como en Cuba), el régimen ha decidido innovar, ya no basta con hacer mierda la economía, la moneda y la salud pública; ahora los güeones han decidido experimentar con la arquitectura efímera, esa que con un estornudo se cae a pedazos.

Un doble terremoto sacudió el territorio y, mientras el mundo mira con horror, el gobierno venezolano hace la mejor güeá que sabe hacer: jugar al escondite con las cifras.

«Mmm, no sabemos todavía»

«Hay que aguardar es muy prematuro dar cifras»

«No tenemos datos aún»

 

La Aritmética Creativa del Régimen

Empecemos por el deporte nacional: contar muertos. Algunos medios, probablemente optimistas o mal informados, hablan de 900 fallecidos. La OMS, que tiene la molesta costumbre de basarse en datos reales, asegura que son 2.300. Pero, seamos sinceros con la güeá, en Venezuela los números son como las promesas de campaña: conceptos ‘perkeles’ abstractos que dependen totalmente del güeón que los diga y de cuánta hambre tenga el güeón que los escuche.

¿900? ¿2.300? ¿Diez mil? Para el régimen chavista, probablemente sean solo «bajas colaterales de la guerra económica» o, mejor aún, «víctimas de un sabotaje sísmico orquestado por la CIA para desestabilizar el hormigón revolucionario». Porque claro, es mucho más probable que el imperio estadounidense imperialista haya hackeado las putas placas tectónicas para tirar edificios que admitir que el cemento fue sustituido por arena y esperanza.

 

Edificios de «Alta Calidad»

(según el manual del socialismo)

Lo verdaderamente fascinante de la güeá —si uno tiene la guata para el cinismo— es la facilidad con la que colapsaron las estructuras, ¿Cacharon? No hablamos de chozas de barro hechas con bosta de vacas y paja, sino de edificios que se suponía eran de «buena calidad» y de pronto ¡PLUF! se vinieron abajo con una gracia y una rapidez que harían sentir envidioso a un castillo de naipes en medio de un huracán.

Y uno se pregunta, con genuina curiosidad científica de trol:

¿De qué mierda estaban hechos esos edificios? Porque el comportamiento del concreto armado suele ser resistir, no desintegrarse como una galleta Oreo mojada en café. Parece que el régimen bolivariano implementó un nuevo estándar de construcción: el «Papel Maché y masa de galletas Revolucionarias».

Es una técnica vanguardista donde el acero es opcional, el cemento es una sugerencia y la estructura se mantiene en pie gracias a la fuerza del pensamiento positivo y los discursos sobre la soberanía nacional. Claramente, el hormigón no era lo suficientemente «socialista» porque era demasiado rígido y no se adaptaba a la flexibilidad moral de los contratistas del gobierno.

 

¿Dónde están los expertos? ¿En una fiesta de cumbia?

Aquí llegamos al punto neurálgico de la güeá: la formación profesional de los güeones.

¿Dónde chucha se graduaron los ingenieros y arquitectos que firmaron esos proyectos?

¿En qué universidad ‘vittuperkele’ se enseña que un edificio debe plegarse como un acordeón al primer temblor?

Uno sospecha —como buen «bombofiquiano»— que el proceso de certificación en Venezuela ha sido simplificado a más no poder. Probablemente, el título de «Experto en Estructuras» se entrega ahora en una fiesta de cumbia o reguetón, entre un trago de ron y un baile pegado, donde el requisito principal no es saber calcular la carga de una viga, sino saber aplaudir con entusiasmo los discursos del líder chavista de turno. Seee, ¿Para qué vamos a mentir? ¿Para qué hacernos los güeones? 

«Mila, helmano, el edificio se ve delecho, el colol es bonito y el contlatista es plimo del cuñado del ministlo. ¡Filma aquí y vámonos a bailal!».

Así se construye la patria veneca, supongo. Con menos cálculo integral y más ritmo tropical.

 

El Brillo de la Ausencia:

Delcy Rodríguez y el Arte de Desaparecer

Y mientras la gente escarba entre los escombros buscando sobrevivientes, la presidenta feucha Delcy Rodríguez ha decidido aplicar la técnica del «estilo invisible». Y digamos las güeás como son la güeona ha brillado por su ausencia.

Es comprensible. Delcy es una experta en la retórica del ruido, pero cuando el ruido es el de miles de toneladas de concreto cayendo sobre la cabeza de los ciudadanos, el discurso se queda corto

¿Qué podría decir esa güeona?

¿Que... los edificios cayeron para «democratizar el espacio urbano»?

¿Que... el terremoto fue un acto de resistencia antisistémica?

 


Probablemente esa güeona no quiera hablar porque sabe que cada palabra que pronuncie, que cada güeá que salga de su trompa será un clavo más en el ataúd de la legitimidad de un régimen que ha gobernado por décadas basándose en la negligencia criminal. Es mucho más fácil callar —haciéndose los güeones— y esperar a que el polvo se asiente, o mejor aún, esperar a que el mundo se distraiga con otro escándalo para seguir fingiendo que el país no es un cementerio a cielo abierto.

 

Conclusión de la güeá:

El Colapso Final

Lo que ha pasado en Venezuela no es un desastre natural; es un desastre administrativo acelerado por la naturaleza. El terremoto solo hizo el trabajo sucio de revelar lo que ya sabíamos, lo que ya cachábamos: que el régimen veneco-zurdoide-chavista ha construido un país de cartón, donde todo —desde la economía 'perkele' hasta los rascacielos— está diseñado para colapsar.

Felicidades al régimen izquierdista, han logrado lo imposible: crear una arquitectura tan ineficiente, tan callampa, que hasta la Tierra se sintió obligada a intervenir para derribarla. Ahora, solo queda esperar a que organicen la fiesta de cumbia para celebrar que, al menos, los escombros son «soberanos» de todo su güeveo.

No quise tratar la tragedia desde la empatía (que en Venezuela ya se agotó), sino desde la disección brutal de la incompetencia estatal de toda esa panda de izquierdista de mierda que siguen gobernando y maltratando a ese pobre pueblo.

 Nos vemos.



 

Escrito por: Olog Krevalora.

Portada rediseñada varias veces por: Vëthriön Asathørn. Creada con AI.

Portada final rediseñada por:  Vëthriön Asathørn.

Edición final: Olog Krevalora.

miércoles, 1 de julio de 2026

Casi un Edithorial [Kaldt og øde]



INTRO – ÓÐINSDAGR 1°

Frío, agua nieve, humedad... así ha sido el ambiente estos días. No hay lugar para los débiles en la Patagonia. Es el clima raw, nuestro clima.

El chapuzón del Estrecho congregó a 7 mil y algo de personas que se lanzaron a las aguas, una tradición que también llama a hombres y mujeres de otros lares. Aplausos para los valientes que probaron las aguas de nuestro Estrecho de Magallanes.

 

II

Al norte del continente americano continúa desarrollándose el campeonato mundial de fútbol. Millones de personas gritan, celebran, discuten y viven pendientes de una pelota durante noventa minutos... o durante semanas enteras. Pero mientras esa pasión mantiene embobadas a las ovejas, vale la pena hacerse algunas preguntas:

¿Qué cosas habrán ocurrido lejos de las cámaras?

¿Qué decisiones se habrán tomado mientras la atención del mundo estaba puesta en un estadio?

¿Qué cosas siniestras ya están en marcha mientras el circo sigue ofreciendo funciones con las tribunas llenas?

¿Tendrán otra pandemia preparada?

¿Restricciones nuevas?

Al parecer lo de los extraterrestres no funcionó, ¿Qué sorpresa nos tendrán para más adelante?

 

III

El eterno show entre Donald Trump y los iraníes sigue sumando capítulos. Amenazas, advertencias, declaraciones grandilocuentes, conferencias de prensa, comunicados, reuniones diplomáticas, filtraciones y nuevos discursos que prometen cambiar el mundo... hasta que al día siguiente todo vuelve a comenzar.

Es un espectáculo que parece no tener final, una obra de teatro donde todos interpretan su papel a la perfección mientras los medios transmiten cada escena como si fuera un acontecimiento histórico. Mucho ruido, muchas cámaras, mucha retórica... y, al final, las mismas caras de siempre jugando la misma partida de siempre.

Porque esas reuniones que prometen soluciones rara vez solucionan algo. Sirven, sobre todo, para alimentar el espectáculo mediático que los enfermos que administran el mundo siguen ofreciendo con admirable disciplina.

 

IV

El terremoto en Venezuela dejó algo más que edificios dañados, también dejó al descubierto una pregunta incómoda: ¿qué tan confiables son muchas de las construcciones levantadas durante años?

Cuando estructuras relativamente nuevas presentan daños desproporcionados, inevitablemente aparecen las dudas.

¿Ingeniería deficiente?

¿Materiales de baja calidad?

¿Ahorros donde jamás debieron existir?

¿Fiscalizaciones inexistentes?

¿O simplemente décadas donde la calidad dejó de ser una prioridad para los gobiernos izquierdistas?

Al final, la naturaleza no entiende de discursos políticos. Cuando la tierra decide moverse, pone a prueba el hormigón... y también la responsabilidad de quienes alguna vez firmaron esos proyectos.

 

V

No hay mucho que decir en esta Casi Editorial... el fútbol enmascara todo, por varios minutos el mundo se detiene para ver algo sin importancia.

 

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viernes, 26 de junio de 2026

Trollish News [Terremotos en Venezuela]



VENEZUELA SE SACUDE:

EL TERREMOTO QUE NO PERDONA, LA INFRAESTRUCTURA QUE SÍ, Y LOS PRESIDENTES QUE SIGUEN CONTANDO BILLETES

O cómo un país entero se derrumba mientras sus líderes se hacen selfis con el dinero del pueblo…

 

Capítulo 1:

El suelo tembló, pero los edificios llevaban décadas avisando

Cuando la tierra se mueve en Venezuela, no es solo un fenómeno geológico, es un examen final, sin apuntes y con el edificio en llamas o simplemente comiendo en el suelo. El terremoto —en este caso dos— han llegado, y con él, la oportunidad de ver, por fin, la verdadera dimensión de la infraestructura de construcción venezolana.

Spoiler: es una mierda.

No hace falta ser ingeniero estructural para darse cuenta de que en Venezuela se construye como si el mañana no existiera. Y es que, cuando los gobernantes roban el cemento, el hierro y hasta los planos, lo que queda son edificios que tiemblan más que un adolescente en su primera cita. El terremoto no ha hecho más que poner en evidencia lo que todos sabían, pero preferían ignorar: que las normas de construcción son un chiste, que los inspectores cobran debajo de la mesa, y que los materiales son de la peor calidad posible porque el dinero se fue a Suiza.

Pero no, no es culpa del terremoto, es culpa de décadas de corrupción, de políticos que veían los proyectos de vivienda como una oportunidad para llenarse los bolsillos, no para darle un techo digno a la gente. El terremoto solo ha sido el mensajero. Y el mensaje es claro: «Señores chavistas bolivarianos, su país es un puto castillo de naipes y el viento sopla fuerte».

 

Capítulo 2:

Karma-país, o cómo los gnósticos se frotan las manos

Si fuéramos gnósticos —esos que creen en el karma cósmico, en las energías y en que el universo ajusta cuentas— podríamos especular que Venezuela está pagando un karma-país. Una deuda espiritual acumulada por décadas de errores, abusos y malas decisiones. Porque cuando un país entero permite —o al menos no frena— que sus líderes se conviertan en millonarios mientras la gente come de la basura, el universo, o la historia, o la puta realidad, acaba pasando factura. Y vaya si la está pasando.

Los errores en política han sido tan monumentales que parecen hechos a propósito. Desde la nacionalización de industrias que funcionaban perfectamente, hasta la creación de un sistema de control de precios que vació los supermercados. Desde la expropiación de tierras que dejó el campo sin producir, hasta la impresión de billetes sin respaldo que convirtió el bolívar en papel higiénico de lujo. Cada error, cada decisión estúpida, ha ido sumando puntos en esa cuenta kármica que ahora, con el terremoto, parece estar cobrándose intereses.

Y luego están los comunistas, esos que llegaron con el discurso del «amor al pueblo», de la «igualdad», de la «justicia social». Esos que prometieron el paraíso terrenal y entregaron un infierno de colas, escasez y represión. Los mismos que hablaban de «la patria socialista» mientras se construían mansiones en Miami y se abrían cuentas en paraísos fiscales. Los comunistas venezolanos no solo abusaron de los ciudadanos con retóricas absurdas; los vaciaron, los humillaron y los dejaron sin futuro. Y ahora, cuando la tierra tiembla, esos mismos comunistas están probablemente en sus refugios privados, blindados, mientras el pueblo se las arregla como puede entre los escombros.

 

Capítulo 3:

Los presidentes y sus billeteras — un amor más fuerte que cualquier terremoto

Hablemos de los líderes. Porque si hay algo que no se ha derrumbado en Venezuela, son las fortunas de sus presidentes.

Vamos por parte como dijo Jack The Ripper:

Nicolás Maduro: El heredero del caos. El que llegó prometiendo continuar el legado de Chávez y terminó convirtiendo el país en un campo de refugiados. Mientras los venezolanos hacían colas para comprar un kilo de harina, Maduro engordaba su cuenta bancaria con petrodólares, con sobornos, con negocios oscuros que incluían desde el narcotráfico hasta el contrabando de oro. Se estima que su fortuna personal ronda los miles de millones de dólares. Sí, has leído bien: miles de millones. Mientras su pueblo se moría de hambre, él se compraba relojes, autos de alta gama, propiedades y probablemente un búnker anti-terremotos. Porque claro, los líderes socialistas siempre tienen un plan B para cuando la mierda golpea el ventilador.

 

Hugo Chávez: El padre de la criatura. El que llegó montado en un caballo blanco prometiendo salvar a los pobres y terminó amasando una fortuna que haría palidecer a cualquier oligarca que él mismo decía combatir. Chávez no solo se llevó el dinero del petróleo; se llevó la dignidad del país. Se rodeó de amigos, familiares y militares leales que, como él, se llenaron los bolsillos mientras el pueblo se empobrecía. Y ahora, desde el más allá, su legado sigue temblando. Literalmente.

Y no solo ellos. Detrás vienen toda una corte de enchufados, ministros, gobernadores y militares que vieron en la revolución una oportunidad de negocio. El socialismo del siglo XXI resultó ser, en realidad, el capitalismo más salvaje para unos pocos, mientras el resto se cagaba de hambre.

 

Capítulo 4:

La teoría conspirativa que nadie se atreve a descartar del todo

Ahora, si fuéramos conspiranoicos —y seamos sinceros, a veces los conspiranoicos aciertan— deberíamos preguntarnos: ¿y si aquí hubo mano oscura? 

¿Y si el terremoto no fue natural, sino inducido? 

El proyecto HAARP, ese sistema de investigación ionosférica que Estados Unidos tiene en Alaska, ha sido el culpable favorito de todos los terremotos, huracanes y desastres naturales desde los años 90. Y sí, suena a locura, suena a teoría de manual de supervivencia de los 80. Pero cuando ves que un país como Venezuela —que tiene el petróleo más grande del mundo, que es un dolor de cabeza geopolítico constante, y que además está en el punto de mira de medio planeta— sufre un terremoto justo cuando la tensión política está al máximo, no puedes evitar preguntártelo.

¿Manipulación climática?

¿Armas sísmicas?

¿Una demostración de poder para recordarle al régimen quién manda realmente? No lo sabemos. Pero si algo nos ha enseñado la historia es que los gobiernos hacen cosas mucho más mariconas de lo que la gente común imagina. Y que, a veces, los terremotos no son solo terremotos.

No voy a afirmar que HAARP haya sido el responsable, pero tampoco voy a descartarlo. Porque en un mundo donde los gobiernos esconden ovnis, experimentos biológicos y guerras falsas, un terremoto inducido no sería ni la peor de las noticias.

 

Capítulo 5:

Los muertos que no se cuentan

Hasta el día de hoy, las cifras oficiales hablan de X muertos (porque las cifras cambian cada hora y los gobiernos mienten siempre), pero sabemos que la realidad siempre es peor. En los terremotos, los muertos no son solo los que quedan bajo los escombros; son también los que mueren después, en los hospitales colapsados, en las calles sin ayuda, en los campos de refugiados que se forman cuando el Estado desaparece.

Y en Venezuela, el Estado ya había desaparecido mucho antes del terremoto. Los hospitales no tenían medicinas, los bomberos no tenían combustible, los rescatistas no tenían equipos. Así que cuando la tierra tembló, no solo se derrumbaron edificios; se derrumbó la poca esperanza que quedaba.

Los muertos de este terremoto no son solo víctimas de la naturaleza, son víctimas de un sistema que los abandonó mucho antes de que el suelo se moviera. Son víctimas de la corrupción, de la incompetencia, de la codicia. Son víctimas de un país que lleva décadas muriéndose lentamente, y que ahora recibe el golpe final.

 

Reflexión final:

Cuando el suelo se mueve, las máscaras caen

Un terremoto no solo derriba edificios. Derriba mentiras. Derriba discursos. Derriba la fachada de un sistema que se sostiene sobre la miseria de su pueblo.

Venezuela no necesita solo ayuda humanitaria. Venezuela necesita un ajuste de cuentas. Necesita que los que robaron devuelvan. Necesita que los que mintieron callen. Necesita que los que se llenaron los bolsillos mientras otros se morían de hambre paguen, de una puta vez.

Pero no va a pasar... porque los mismos que causaron esta tragedia seguirán en el poder, o huyendo con el dinero, o escribiendo tuits de solidaridad mientras cuentan sus billetes en una mansión en República Dominicana. Y el pueblo, como siempre, se quedará entre los escombros, esperando que alguien, algo, algún día, les devuelva lo que les robaron.

El terremoto pasará. Las réplicas cesarán. Pero la herida de Venezuela —esa herida abierta por décadas de abuso, corrupción y mentiras— seguirá sangrando. Porque los terremotos se terminan. Los políticos, no. 

Esta vez no quise hablar de la vieja fea que está en el poder en Venezuela (Delcy Rodríguez), porque para mí solo es la extensión de la incompetencia, de la basura izquierdista y ella; junto a los demás payasos; son solo monigotes imbéciles del legado de Chávez y Maduro. Porque sabemos… que Maduro sigue gobernando.

 

Cifras hasta esta fecha: 920 muertos. 3000 heridos.

 

TROLLISH NEWS — Porque la verdad duele, pero la mentira mata.




 

Artículo creado por: El Dream Team de Trollish News.

Portada diseñada por: Trollish News. Creada con AI.

Edición final: Vëthriön Asathørn. 

martes, 23 de junio de 2026

Trollish News. El mejor noticiero de la Patagonia.








EL CIRCO MUNDIAL:

TRUMP E IRÁN, LOS POLOLOS QUE NUNCA SE CASAN, Y LA SELECCIÓN DE TURISTAS QUE FUE A PASEO AL MUNDIAL

 

Capítulo 1:

Trump e Irán — La Telenovela Más Aburrida (y Peligrosa) del Planeta

Si la geopolítica fuera una telenovela mexicana de las 9, Trump e Irán serían esos dos personajes que llevan 30 años de capítulo sin avanzar ni un puto centímetro en su relación. Se odian, se insultan, se amenazan con bombas atómicas y misiles hipersónicos, y luego, cuando todo el mundo piensa que van a declararse la guerra definitiva, ¡pum! Se sientan a negociar como si nada.

«Ay, Irán, qué malo eres, pero qué bonitos ojos tienes cuando amenazas con enriquecer uranio».

«Ay, Trump, eres un bully naranja, pero me gusta tu forma de imponer sanciones. Estoy entera mojá».

 


Es un baile de secundaria eterno po’ güeón. Trump pone cara de malo, tuitea algo en mayúsculas como «IRÁN, TE VAMOS A BOMBARDEAR HASTA QUE NO QUEDE NI UNA PUTA MEZQUITA EN PIE», e Irán responde con un «JA, JA, JA, TUS SANCIONES NO NOS ASUNTAN, PAYASO». Luego, misteriosamente, aparecen fotos de enviados especiales tomando té en Ginebra o en un palacio suizo, y todos piensan: «¡Por fin! ¡La paz mundial! ¡Los pololos van a volver!» Pero no. Porque en el momento exacto en que parecen acercarse, aparece el amigo incómodo hincha güéas: Israel.

 


Israel es ese amigo que no soporta ver a sus dos colegas llevándose bien. «Oye, Trump, ¿vas a hacer las paces con Irán? ¡Pero si Irán me odia caleta! ¡Mira, te voy a mostrar un video de un ayatolá diciendo 'Muerte a Israel'!» Y Trump, como el perro de Pavlov, escucha la palabra «Israel» y se le olvidan todas las güeás acordadas. Vuelve a twittear, vuelve a amenazar, vuelve a poner cara de que va a lanzar bombas. E Irán, por su parte, aprovecha para enriquecer un poco más de uranio y hacer ejercicios militares en el estrecho de Ormuz. Y así, una y otra vez todo el güeveo. Es como ver a dos borrachines en un bar que se pelean, se abrazan, se vuelven a pelear, y el camarero (Israel) les sirve más alcohol para que sigan la pelea. 

Lo peor de la güeá es que todos sabemos cómo termina esta telenovela lúser: con una guerra que nadie quiere pero que todos esperan, mientras los políticos se llenan los bolsillos con contratos de defensa y los civiles que se vayan a la chucha. Pero mientras tanto, el espectáculo continúa.

Trump e Irán: la pareja disfuncional que nunca se separa, pero que tampoco se casa. Un baile de secundaria que lleva 40 años y todavía no eligen la canción para el lento.

 

Capítulo 2:

El Mundial de Turistas — Donde lo Mejor que Te Llevas es una Canasta de Goles y un Selfi con Messi (o con un Cartón de Messi, Cristiano Ronaldo o Mbappé)

Pasemos a una güeá más alegre, aunque igual de patética: el Mundial de fútbol. Cada cuatro años, el mundo se paraliza para ver a los mejores jugadores del planeta darlo todo en la cancha. Y cada cuatro años, hay un grupo de selecciones que claramente no fueron a jugar, sino a pasear, a hacer turismo, a comprar imanes para la nevera y a hacerse fotos con los jugadores rivales como si fueran fans con pase VIP.

Vamos a ser sinceros con la güeá: hay países que van al Mundial con la misma actitud con la que tú vas a un concierto de tu banda favorita: sabes que no vas a tocar, pero al menos puedes cantar, bailar y tomarte una foto con el batero. Estos equipos llegan, pierden 7-0 en la fase de grupos, y luego se van a la playa a tomar mojitos mientras los verdaderos contendientes se matan en los octavos. Y ojo, no los culpo. Puta, güeón si yo supiera que mi selección va a recibir una paliza histórica, también me dedicaría a hacer turismo y a coleccionar selfis con los jugadores de Brasil, Argentina o Francia.

Lo mejor que se llevan estos países del Mundial no es un trofeo, ni siquiera un punto. No, lo mejor que se llevan es una canasta de goles en contra (a veces literalmente una canasta, porque el marcador parece de baloncesto) y una tarjeta de memoria llena de selfis.

«Mira, mamá, salgo con Mbappé».

«Mira, papá, estoy en el vestuario con Neymar».

«Mira, abuela, esta es la foto que me tomé con la Copa del Mundo... bueno, con una réplica de cartón que vendían en el aeropuerto». 

Y luego los güeones lúseres vuelven a su país como héroes, y no por haber ganado alguna güeá, sino por haber participado en la güeá, por haber representado a su nación en el evento deportivo más grande del mundo, aunque su actuación haya sido más parecida a la de un equipo de la liga de fin de semana que a la de una selección profesional.

«¡Oye, pero al menos metimos un gol!», dicen cara de raja, como si esa güeá fuera un logro después de recibir 12.

«¡Y nos sacamos una foto con el árbitro!» Claro, porque el árbitro fue el único que estuvo cerca de ellos durante todo el partido, aparte del balón que entraba una y otra vez en su portería.

Es hermoso, en realidad, ¿Cachai? Ver a esos equipos pequeños, humildes, que saben que no van a ganar ni una güeá pero que igual se suben al avión con una sonrisa de paila a paila, sabiendo que lo importante no es ganar, sino participar en el güeveo... y llevarse un montón de recuerdos para Instagram. Porque al final, el Mundial perkele no es solo de los güeones que ganan, sino también de los güeones que pierden con estilo, con selfis, y con una maleta llena de camisetas firmadas por jugadores que ni siquiera saben cómo se llaman.

 

Así que, mientras Trump e Irán siguen su baile eterno de amenazas y negociaciones fallidas, y mientras las selecciones «turistas» del Mundial se llevan sus goles y sus selfis a casa, el mundo sigue girando. Unos güeones juegan a la guerra, otros güeones juegan al fútbol, y todos los güeones, al final, terminan sacándose una foto vittuperkele para el recuerdo. Porque de esa güeá se trata la vida, ¿no? De hacerse selfis antes de que todo explote y se vaya a la mierda.

 

Fin del artículo. Filo. Y si no te gusta la güeá, ya sabís: puedes ir a tomarte un selfi con Trump o con Irán, pero dudo que esos güeones te dejen. Mejor ve al Mundial, que al menos allí las derrotas güeonas son solo goles, y no putas bombas.




 

Escrito por: Olog Krevalora.

Portada diseñada por: Vëthriön Asathørn. Creada con AI.

Edición final: Olog Krevalora.


lunes, 22 de junio de 2026

Rezyklon presenta: «Tears of the Dawn»



Lágrimas del Alba


«El suave beso de la lluvia en la noche.

Las brumas crecientes del aroma de la tierra mojada florecen;

suavemente, los recuerdos sangrantes llaman,

resplandecientes bajo la luz de la luna.

 

Despertado por el silencio,

entre los susurros de las moribundas hojas de otoño,

las castas llevadas por el viento se desvanecen hasta convertirse en óxido.

 

Atormentado por el recuerdo

de su sombra, sangrando suavemente a través del cielo;

una lágrima por el alba que siempre se cierne en el horizonte.

 

Emprender el viaje en el crepúsculo;

un paso desvanecido a través del silencio de la noche,

besado por la tristeza de la oscuridad.

Por siempre condenado a vagar

por las tumbas de la memoria;

una reflexión cenicienta que se desvanece en polvo.

 

Despertado por el silencio,

entre los susurros de las moribundas hojas de otoño,

las castas llevadas por el viento se desvanecen hasta convertirse en óxido.

 

Atormentado por el recuerdo

de su sombra, sangrando suavemente a través del cielo;

una lágrima por el alba eterna.

 

Dolor.

Tristeza.

Contrición.

Impulsado por el viento.

 

El destino

llama,

ferozmente.

Ella cabalga sobre los vientos

de la muerte sagrada.

 

Ella golpea con la furia del fuego,

impulsada por la ira de la noche.

 

Un susurro

de anhelo.

Recuerdo.

Olvidado.

Entre los estertores

de una luz que se desvanece.

 

Trueno y médula.

Sacrificio consumido por el tiempo.

Para nada.

Desde la podredumbre

del mantillo,

los susurros comienzan lentamente a despertar;

un hechizo sobre la quietud de la noche.

La canción se vuelve cada vez más suave,

atada a recuerdos rotos.

Una sombra eterna se arrastra,

anhelando las lágrimas

del alba que llora».




 

Letra: Jon Krieger (Sgah'gahsowáh).

Portada: V.D.M. Creada con IA.

Traducción: V.D.M.

Edición final: Vëthriön Asathørn. 

sábado, 20 de junio de 2026

Abre los Ojos [Codex Satania]



«Condicionar a los niños a creer que es normal estar toda la vida sustituyendo química y quirúrgicamente su propio sexo por el opuesto constituye un abuso infantil».

[Colegio Americano de Pediatras]

 

«El hambre del mundo no es solo una carencia física, sino un abismo que devora la esperanza misma de la humanidad.

La violencia social y étnica se ha convertido en un ritual cotidiano, un espectáculo grotesco donde la sangre derramada no limpia nada, sino que solo ensucia aún más el alma colectiva de los espíritus.

Los valores oscuros no son simples desviaciones, sino la esencia misma que ha emergido de un mundo que ha olvidado la luz, un mundo que se ha sumergido en la podredumbre de sus propios deseos más bajos y retorcidos, orquestados por los monstruos de Renfán.

Las nuevas guerras no son batallas por ideales o territorios, sino guerras sin sentido, sin propósito, donde la muerte es la única certeza y la destrucción, el único legado.

La degeneración sexual, lejos de ser una liberación, es la manifestación de una desesperación que corroe desde dentro, un síntoma de una humanidad que ha perdido toda conexión con lo sagrado y se ha entregado a los apetitos siniestros que la consumen lentamente.

La locura del mundo no es un accidente ni una anomalía, sino la consecuencia inevitable de haber acelerado la destrucción de la naturaleza divina que alguna vez pudo haber existido. Esa naturaleza, que no es solo un concepto espiritual sino el tejido mismo que sostenía el equilibrio, ha sido destrozado sin piedad. Y en su lugar, solo queda un vacío oscuro, un abismo sin fondo donde la esperanza se ahoga y la desesperanza se convierte en la única verdad.

No hay redención ni rescate posible. No hay amanecer tras esta oscuridad medieval perpetua. Solo queda la certeza de que el mundo se desangra en su propia locura, y que la destrucción no es un camino hacia algo nuevo, sino el fin absoluto, un silencio eterno que devora todo vestigio de luz y vida». 

[Masanobu Fukuoka / Vëthriön Asathørn]








































 

 

Fuentes:

Patriotas por la verdad.

Noticias Alerta Global.

La Guarida del lobo.

Consciencia Tierra Plana.

Nibiru Conection.

La Gazeta de la Iberosfera.

No + Secretos.

Edición final: Vëthriön Asathørn.