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jueves, 29 de octubre de 2026

Trollish News - Special Edition: «The Drama of the Century»



EL DRAMA DEL SIGLO

Donald Trump y el «Robo» del Siglo en Oslo

Hagan silencio todos los güeones, detengan las guerras, apaguen los televisores y cancelen sus suscripciones a Netflix, porque ha ocurrido una tragedia de proporciones bíblicas: Donald Trump, el hombre que convirtió el tuit en arma de destrucción masiva, se ha dado cuenta de que en Noruega no le tienen preparado un trofeo dorado.

Hablo del mismo que intentó comprar Groenlandia, que amenazó con bombardear sitios culturales iraníes y que tiene más demandas por acoso que un club de striptease en hora pico, ahora está llorando porque Noruega no le dio un premio de paz.

Para el actual mandatario gringo —que posee la humildad de un gladiador romano en un día de victoria— que no le hayan entregado el Premio Nobel de la Paz es, básicamente, un crimen de lesa humanidad. Según «pelo de nube», Noruega —ese rincón gélido donde la gente es feliz, donde tiene salud pública y donde las minas ricas abundan— «apesta» y se ha convertido en un «país de mierda». Nada de güeás... lo dijo directo y sin escalas.

Es obvia la güeá, porque todos sabemos que la mejor manera de ganar un premio a la Paz es agarrando a chuchadas a todo el mundo, amenazando con aranceles y tratando de convertir la diplomacia en un reality show que sea de calidad.

¡Qué cara de raja tan impresionante! Realmente, el nivel de «care'rajismo» de este güeón debería ser, por sí solo, motivo de un Nobel en la categoría de «Cara de Palo Nivel Galáctico».

 

¿EN QUÉ PLANETA VIVE DONALD?

Probablemente en uno donde él es el centro de gravedad y los demás somos simples satélites destinados a aplaudir cada vez que dice una palabra que termine en «Enorme». Güeón, es fascinante observar su proceso mental... en su cabeza, él es el arquitecto de la armonía global, aunque su método de «paz» consista en decir «están todos despedidos» mientras mueve los dedos como si estuviera lanzando hechizos invisibles.

Pero no nos engañemos, el Nobel de la Paz es solo el principio. El hambre de gloria de Trump es insaciable (tiene más hambre que sangre de Alien). Si el mundo no reconoce su genialidad, simplemente tendrá que expandir sus horizontes hacia donde no haya nadie que pueda decirle «no» (o donde no haya leyes que lo detengan).

 

¿QUÉ SIGUE EN LA LISTA DE DESEOS DEL HOMBRE MÁS MODESTO DEL MUNDO?

• Emperador de la Luna: Imaginen el despliegue, un hotel dorado en el Mar de la Tranquilidad, con un muro lunar para evitar que los extraterrestres ilegales entren sin visa. «Haremos que la Luna sea grande de nuevo».

 

• Comandante en Jefe de las Fuerzas Militares en Neptuno: Porque, sinceramente, ¿qué otro güeón tiene la capacidad estratégica para liderar una invasión de tritones espaciales? Sus órdenes serían simples: «Neptuno es muy azul, quiero que sea más naranja».

Neptuno tiene vientos de 2,100 km/h. Ni sus tuits llegan tan rápido, además, ¿qué mierda va a invadir ahí? ¿Nubes de metano? Hasta Putin se ríe de esa güeá, y ese güeón se cree zar po' güeón.

 

• Siguiente Dalai Lama: Este es el paso lógico, ¿Cachai? después de todo, el camino a la iluminación consiste en desprenderse del ego. Trump ha dominado el arte de inflar el ego hasta que ocupe todo el espacio disponible en la habitación; técnicamente, es un maestro Zen en la disciplina del «Yo, Yo y Yo».

 

Seamos francos: la verdad es que Trump tiene la misma relación con la realidad que un pez con una bicicleta po' güeón, no tiene ni puta idea de cómo funciona, pero insiste en intentarlo. ¡Hey!, Trump: el Nobel de la Paz no es un premio de participación, no es un trofeo de «participaste en la vida», no es un premio a tu bronceado de caracho ni a tu pelo que parece un gato muerto, es un reconocimiento a décadas de trabajo real, no a cuatro años de «yo hice más que todos los otros güeones» con cero evidencias.

Mientras tanto, Noruega sigue siendo ese país «de mierda» con indicadores sociales envidiables, mientras Donald sigue esperando que el comité Nobel despierte de su «estupidez» y reconozca que el mundo sería un lugar mucho más pacífico si todos simplemente aceptaran que él es la persona más increíble que jamás haya pisado la Tierra... ¡Obvio!

Pero bueno, ¿qué más se puede esperar del güeón que dijo que ganaría el Nobel por «haber hecho más por la paz que nadie»? Es el mismo que amenazó con «fuego y furia» a Corea del Norte, que abandonó el acuerdo climático de París y que llamó «hijos de puta» a países africanos. Sí, Donald, eres un pacifista nato, ¡La cagaste para ser tan bacán!

 

Así que, señor Trump, siga soñando, quizás algún día le den el Nobel... pero de la Vergüenza, ese sí te lo has ganado con creces, con honores, con distinción máxima y con una mención especial por tu contribución al arte de hacer el ridículo internacional.

Y Noruega, tranquila, no apestas. Solo apesta el ego de Donald Trump.

¡Que pare de gozar, por favor! O mejor aún, que siga, seee, que siga... porque ver a un güeón con «pelo de nube» pelearse con un comité noruego desde su mansión... es el único entretenimiento gratuito que nos queda en este inagotable circo llamado realidad.




 

Artículo escrito por: El Dream Team de Trollish News.

Portada: T.N. Creada con AI.

Edición final: Dream Team de Trollish News. 

domingo, 27 de septiembre de 2026

Trollish News [El Imperio del Bla Blá]

 




EL IMPERIO DEL BLABLÁ:

CRÓNICA DE UNA GUERRA QUE TRUMP NO PUEDE GANAR (NI EMPEZAR)

Hace unos días que ando con ganas de pelar crudo a ese viejo dictador con pelo de nube de Donald Trump, sip, y hablo del «artista del trato»... que descubrió que Irán no negocia con payasos que hociconean a diestra y siniestra.

 

BOMBARDEO I:

EL NAPOLEÓN DE WALMART

Ahí está él (ella, la güeona imperialista) Donald Trump, el güeón lúser que se cree Napoleón Bonaparte, pero que en realidad es más bien como un tarro de jurel tipo salmón. Seee, pelo de nube es como el hotel que anuncia spa de lujo, y se trata de una tina que burbujea en el cuarto de baño... es como sushi de feria: arroz con salchicha enrollado en lechuga. Se pasea por el Despacho Oval con la pose de conquistador, con esa corbata roja que grita «mírenme», con ese peinado que parece un nido de pájaros en plena tormenta, y declara con toda la pompa de un emperador romano:

—«Vamos a ganar. Vamos a ganar como nunca han visto ganar. Tenemos el ejército más poderoso de la historia. Vamos a aplastar a Irán. Los vamos a aplastar». 

Y luego... no pasa nada de nada. Bueno, no exactamente nada. Hay tuits, muchos tuits pajeros, hay amenazas pungas, hay frases grandilocuentes, hay ese discurso de «América Primero» que suena como un himno de estadio de fútbol americano en bucle infinito.

Pero, cabros, ¿saben qué güeá no hay?

Resultados.

 

BOMBARDEO II:

EL ARTE DEL TRATO

(O CÓMO VENDER HUMO EN EL MERCADO INTERNACIONAL)

Trump se autoproclama «el mejor negociador de la historia».

Dicen que escribió un libro llamado 'El arte del trato'... debió ser un folleto de dos páginas con una foto suya en la portada y la frase: «Si dices que vas a ganar suficientes veces, la gente te va a creer».

Porque vamos a ver, señor presidente:

— Amenazó con «fuego y furia como el mundo nunca ha visto» → Irán respondió con misiles.

— Dijo que «no permitiría que Irán tuviera armas nucleares» → Irán sigue enriqueciendo uranio como si no hubiera mañana.

— Prometió «destrucción total» → Los iraníes se rieron, publicaron memes y siguieron con su vida.

 

Mientras tanto, los pederastas iraníes no se arrodillan. No se arrodillan ni ante el imperialismo QL yanqui, ni ante las putas sanciones, ni ante las amenazas. Son como ese vecino concha de su madre que se niega a vender su casa aunque le ofrezcas el doble del valor de mercado... solo que con misiles hipersónicos y una capacidad de aguante que pondría celoso a un camello en pleno desierto. Seee, digamos las güeás como son.

 

BOMBARDEO III:

SI ESTADOS UNIDOS ES TAN PODEROSO, ¿POR QUÉ SIGUEN DANDO JUGO?

Aquí viene la pregunta del millón, la que nadie en Washington quiere responder:

Si eres la superpotencia indiscutible, la única con portaaviones en todos los océanos, con bases militares en más de 70 países, con el presupuesto de defensa más grande del planeta... ¿por qué chucha llevas meses amenazando y no has hecho ni una güeá?

«Cabeza de nido» es como ese matón de la escuela que presume de pegarle a todos, pero cuando llega el chico nuevo que no le tiene miedo, se queda paralizado y con los calzoncillos con una frená de camión.

Estados Unidos sigue «dando jugo» — como dirían en mi aldea — porque:

— Irán no es Irak. No es un país sin ejército, sin aliados y sin recursos. Irán tiene un ejército entrenado, tiene aliados en toda la región (Hezbolá, los hutíes, Siria, Rusia en el fondo), y tiene la capacidad de convertir el Golfo Pérsico en un infierno para el transporte de petróleo.

— El mundo QL ha cambiado, ya no es 2003... China observa, Rusia observa, y todos los países del sur global observan. Una invasión a Irán sería el mayor desastre estratégico desde Vietnam, y Trump lo sabe. Aunque su puto ego no se lo quiera admitir.

— Las sanciones güeonas no funcionan. Llevan 40 años sancionando a Irán. ¿Y qué güeá ha pasado? Que Irán ha desarrollado su propia industria militar, ha diversificado su economía, y ha aprendido a vivir sin el beneplácito de Washington.

¡JA! ¡Hasta el loli!

 

BOMBARDEO IV:

IRÁN GOLPEA, Y GOLPEA FUERTE

Mientras «cabeza de nube» (Trump) tuitea amenazas desde su torre de marfil (literalmente, su torre de marfil en Nueva York), los iraníes han estado ocupados haciendo lo que mejor saben: responder con hechos.

— Bases estadounidenses atacadas: Ain al-Asad, la base más importante en Irak, recibió misiles balísticos que dejaron a los soldados gringos conmocionados y con conmociones cerebrales po' güeón. La respuesta de Trump fue... un tuit. «Todo está bien». Claro, toda la güeá está bien cuando los misiles no caen en tu jardín.

— Arsenal destrozado: Se habla de drones, de sistemas de defensa aérea, de equipos de inteligencia. Los iraníes han demostrado que no necesitan gastar miles de millones en tecnología de punta para volarles la raja. Con ingenio, con estrategia, con esa paciencia QL que da siglos de civilización, han convertido la superioridad tecnológica yanqui en un mito, ¿Cachan o no?

— El dron Global Hawk: Ese famoso puto dron de 220 millones de dólares que Irán derribó con un misil de fabricación propia. 220 millones de dólares en el fondo del mar (a esta hora los restos del dron son un departamento donde se juntan Bob Esponja y sus amigos a carretear), mientras Trump decía que «fue un gran error de Irán». No, «cabeza de nido», el error fue tuyo por pensar que podías espiar impunemente el espacio aéreo iraní... y te lo mandaron a guardar hasta el fondo.

 

BOMBARDEO V:

LOS EMIRATOS ÁRABES SE BUSCAN LA VIDA

 (Y NO ES CON LOS GRINGOS)

Puta, y aquí viene la parte más irónica de toda esta tragicomedia:

Los Emiratos Árabes Unidos, el aliado más fiel de Estados Unidos en la región, el que ha comprado armamento estadounidense por miles de millones, ha decidido que ya no confía en la protección del Tío Sam.

¿En serio?

¿El mismo país que permitió que Estados Unidos usara sus puertos y bases?

¿El mismo que firmó los Acuerdos de Abraham con Israel para complacer a Trump?

Pues sí. Cuando cachai que tu «protector» no es capaz de defender ni sus propias bases, cuando ves que el «león» que te prometió protección es en realidad un gatito doméstico con una melena postiza, buscas alternativas. ¡Obvio!

Y las alternativas QLs son:

— Acercamiento a China: Los chinos, que siempre están donde Estados Unidos no puede estar, han firmado acuerdos estratégicos con los Emiratos.

— Diálogo con Irán: Porque, seamos honestos con la güeá, Irán está a la vuelta de la esquina, y los misiles no distinguen ni mierda entre un soldado estadounidense y un jeque emiratí.

— Alianzas regionales: Nuevos acuerdos de defensa con países que realmente pueden responder si alguna güeá sale mal.

 

Güeón, es como cuando tu mejor amigo te promete que te va a defender en el recreo, pero cuando llega el matón, tu amigui se esconde detrás de la puerta cagao de miedo... después es obvio que vas a buscar otros amigos que sí te cuiden el culo.

 

BOMBARDEO VI:

TRUMP, EL BUFÓN DEL ESCENARIO MUNDIAL

Vamos a ser honestos con el güeveo... Donald Trump es un chiste, un chiste malo estilo «el flaco», que se alarga demasiado y que nadie se atreve a cortar porque da miedo ver cómo termina.

Es un bufón de mierda que:

— Usa la verborrea como arma: Habla, habla, habla. Amenaza, promete, y chamullea, pero cuando llega el momento de actuar, se queda en silencio o tuitea algo vago, o sea, tuitea cualquier güeá tirá de las mechas.

— Confunde su ego con la realidad: Cree que su personalidad QL magnética puede intimidar a líderes güeones que llevan siglos lidiando con imperios. Jomeini, Khamenei, Ahmadinejad... todos esos pobres güeones han visto pasar presidentes estadounidenses. Y todos siguen ahí. Trump es solo otro capítulo en la historia de la decadencia imperial.

— Se cree Napoleón Bonaparte: Pero este Napoleón gringo de gama baja no va a ninguna parte. Napoleón conquistó Europa. Trump no puede conquistar ni el debate sobre el muro fronterizo. Napoleón fue derrotado en Waterloo. Trump fue derrotado en... bueno, en todas las güeás. Es el emperador sin ropa, pero en versión siglo XXI: con traje de Armani, corbata roja, y un teléfono que usa como cetro para lanzar rayos de 280 caracteres.

 

BOMBARDEO VII:

LA GUERRA QUE NO PUEDE GANAR

Y aquí estamos cabros, en el 2026, con Trump todavía en la Casa Blanca (o al menos eso dice él), con Irán más fuerte que la chucha, con los aliados huyendo como ratas, y con un imperio yanqui que se desmorona en cámara lenta.

La puta verdad es simple:

Trump no puede ganar una guerra contra Irán, no porque no tenga el poder militar, porque lo tiene, no porque no tenga los recursos, porque los tiene... sino porque:

— Irán no tiene ni una güeá que perder: Los líderes iraníes llevan 40 años bajo presión, esos viejos pedófilos están acostumbrados a cualquier güeá, han sobrevivido a la guerra con Irak, a las sanciones QLs, a las amenazas constantes, no van a doblegarse ni cagando ante un presidente que cambia de opinión cada 5 minutos po' güeón.

— El mundo ya no sigue a Estados Unidos: China, Rusia, India, incluso algunos países europeos lúseres, ya no se alinean automáticamente como perras con Washington como lo hacían antes. Una guerra contra Irán sería un desastre diplomático sin precedentes en la güeá. 

— El pueblo estadounidense está cansado de tanta güeá: Nadie quiere otra guerra en Oriente Medio, nadie quiere ver ataúdes envueltos en banderas, ningún güeón quiere pagar más impuestos maricones para financiar la venganza personal de un presidente conchas de su madre con ego inflado.

 

EPÍLOGO:

EL BUFÓN Y SU ESPEJO

Güeón, dicen que la historia se repite, primero como tragedia y luego como farsa. La guerra de Irak fue la tragedia, miles de muertos, un país destruido hasta las güéas, un imperio maraco que mostró su verdadera cara.

La guerra contra Irán es la farsa. Un presidente que promete «fuego y furia» y termina pidiendo negociaciones. Un imperio que amenaza con «destrucción total» y termina viendo cómo sus bases reciben misiles sin respuesta. ¿Cachan? No hay peor loca que la boca.

Trump se mira al espejo y ve a Napoleón, pero los iraníes, los árabes, los chinos, los rusos, y la mitad del planeta, ven a un payaso con pelo ridículo y con un megáfono.

Y mientras tanto, Irán sigue ahí, firme, orgulloso, sin arrodillarse, porque hay algo que el imperialismo yanqui nunca ha entendido ni por si acaso: hay pueblos que prefieren morir de pie a vivir de rodillas... y eso, mister Trump, no se gana con tuits que valen callampa.

 

Bueno cabros, dejo este artículo hasta aquí. Tengo sed y hambre... pero no se preocupen por Trump... que el espectáculo continuará... todos ya cachamos que con el pasar del tiempo ese viejo QL seguirá peinando la muñeca full premium.



 

Escrito por: Gandworf.

Portada diseñada por: Olog Krevalora.

Edición final: Gandworf.

jueves, 10 de septiembre de 2026

Sala de Autopsias Sociales [Trump's New Map]




EL NUEVO MAPA DE TRUMP:

LA ESTUPIDEZ IMPERIALISTA HECHA CARTOGRAFÍA

Cabros, pasen y vean: El Emperador naranja ha vuelto a hacer de las suyas, y esta vez no fue con un discurso agüeonao, ni con un decreto sin patas ni cabeza, ni con una amenaza arancelaria ‘perkele’ de esas que hacen temblar a Wall Street y reír al resto del mundo. Nop. Esta vez, Donald Trump publicó un mapa en su red social... un mapa, como cuando los niños de primaria pintan con lápices de colores el planisferio y le agregan un continente inventado llamado «Dinosaurilandia»... solo que aquí el niño tiene 78 años, códigos nucleares y una cuenta de ‘Truth Social’ con millones de seguidores agüeonaos dispuestos a aplaudirle cualquier güeá y pelá de cable del «patito donald».

En el mapa en cuestión —esa obra de arte cartográfico digna del Louvre, si el Louvre aceptara memes— aparece Estados Unidos con varios territorios «anexados» al mejor estilo Monopoly imperial: Canadá pintadito con los colores de las barras y estrellas, Groenlandia —otra vez la pobre Groenlandia— absorbida como si fuera un cubito de hielo cayendo en un vaso de whisky, el Canal de Panamá con el cartelito de «Property of USA», y por supuesto, el Golfo de México ya rebautizado como Golfo de América, porque para qué respetar güeás de cinco siglos de nomenclatura si uno puede hacer un cambio de imagen de marca a lo Elon Musk, ¿Cachai o no?

 

BIENVENIDOS AL TRUMPERIO

Analicemos esta joya paso a paso, porque merece un examen forense estilo trollish:

—Canadá, el estado 51: El chiste ya lo hizo tantas veces que uno no sabe si es un güeveo recurrente, provocación diplomática o síntoma clínico. «Pelo de nube» (Trump) lleva meses refiriéndose a Justin Trudeau como «gobernador» —fíjense el detallito, ni siquiera primer ministro— y ahora directamente pinta el país entero de rojo, azul y blanco. Uno se imagina al canadiense promedio, tomando su café Tim Hortons, viendo el mapa y pensando: «Ah, o sea que ahora soy americano y no me avisaron. Genial. ¿Me toca pagar por la salud también, o eso llega con la próxima actualización?». Los canadienses, gente educada y paciente, aún no han declarado la guerra, pero denles tiempo... porque con «patito Donald» hasta el más zen se cansa, se enchucha y putea crudo.

 

—Groenlandia, la obsesión gélida: Trump con Groenlandia tiene una fijación que ya no es política, es psicológica, casi calentona... necesita esa isla como un adolescente necesita las zapatillas de moda o un buen condón, y no la quiere por los recursos, no la quiere por la posición estratégica —bueno, sí, también—, la quiere porque no se la dejan tener, y esa güeá, para un narcisista promedio, es combustible puro. Dinamarca ya le dijo que no. Los groenlandeses le dijeron que no. Su propio equipo le sugirió, entre susurros, que dejara el tema, en pocas palabras que se dejara de hinchar las pelotas, y, sin embargo, ahí está este pobre güeón, pintándola de rojo en un mapa como si fuera una calcomanía. Ilusión pura.

 

—Panamá, el retorno del imperio bananero: ¡Ah, esta es preciosa! Después de que Estados Unidos devolvió el canal en 1999 —tras un largo proceso diplomático y con acuerdos firmes—, ahora al señor Trump se le ocurre la brillante idea de que «hay que recuperarlo» porque, según él, «los chinos lo controlan». Traducción de la güeá: alguien le mostró un mapa, vio barcos, y dedujo que, si no son barcos gringos, entonces son chinos. La lógica geopolítica al nivel de un capítulo de ‘Don Ramón te enseña’.

José Raúl Mulino, el presidente panameño (que si lo cachamos bien es como el hermano de Don Francisco), tuvo que salir a explicarle al mundo que el canal es panameño, que siempre será panameño, y que «no, señor Trump, no se lo va a llevar en la maleta».

 

—El Golfo de América: Este ya es meme oficial de la güeá... cinco siglos llamándose Golfo de México esa güeá, cartografiado por españoles, reconocido por toda la comunidad internacional, y de repente un buen día Trump decide que suena mejor «Golfo de América», ¡Cachen la pelá de cables!, y lo peor del güeveo: Google Maps, en su versión estadounidense, le hizo caso, porque la güeá es obvia, cuando el emperador trastorner dice que el cielo es verde, las corporaciones tecnológicas sacan una actualización para pintarlo verde.

Bienvenidos al futuro, donde la realidad se edita con un click y un lobby ‘vittuperkele’ corporativo.


 

LO QUE FALTA EN EL MAPA (POR AHORA)

Güeón, uno mira el mapa y piensa: bueno, al menos se quedó ahí, pero conociendo al personaje, esto es apenas el borrador. La versión 2.0 seguramente incluirá:

—La Antártida, porque hay pingüinos y a los pingüinos hay que liberarlos del comunismo climático.

—La Luna, ya que técnicamente el chamullero y cagón de Neil Armstrong plantó una supuesta bandera ahí en 1969, y para Trump eso es equivalente a una escritura de propiedad notariada.

—Cuba, porque nunca está de más reciclar viejos sueños de la Guerra Fría.

—Venezuela, obviamente, con el pretexto del petróleo y la «democracia» —esa palabra que Trump pronuncia con la misma naturalidad con la que un vegano pronuncia «chuleta jugosa con grasa».

—La Patagonia argentina, porque es linda, tiene glaciares, y el sionista y cagao del casco de Milei probablemente le regale la mitad a cambio de un tuit elogioso.

—Marte, porque el satanista de Elon Musk ya lo tiene medio reservado y hay que apurarse.

 

EL APLAUSO DE LA TRIBUNA

Lo verdaderamente asombroso de esta güeá no es que Trump publique tanta mierda sin sentido, un vejete mayor con delirios de grandeza y acceso a internet puede publicar la güeá que quiera; el mundo está lleno de güeones borrachos que reordenan la geopolítica en Facebook cada domingo. Lo asombroso del güeveo es la reacción de sus seguidores, miles, millones de comentarios lúseres celebrando el mapa como si la güeá fuera un plan estratégico serio.

«¡Así se habla, Presidente!».

«¡Manifest Destiny 2.0!».

«¡Que tiemble el mundo!».

Uno lee esas güeás de comentarios y entiende, con horror po’ güeón, que, para una porción enorme del electorado gringo, esto no es sátira, no es provocación, no es un troleo: es literalmente la güeá que quieren. Quieren un imperio, quieren pintar el mapa, quieren volver a los tiempos en que Estados Unidos entraba a un país, plantaba una bandera y se llevaba las bananas, los monumentos, las riquezas y todas las güeás.

Y mientras tanto, los medios internacionales debaten con seriedad académica si el puto mapa es «una amenaza real» o «una estrategia de negociación». Analistas con corbata y pelo peinado explican en CNN que «hay que leer entre líneas». Entre líneas, cabros... como si el güeón fuera Nostradamus y no un vendedor de bienes raíces con complejo de César.

 

LA DIPLOMACIA DEL CRAYÓN

Imagínense la escena en el Departamento de Estado: Funcionarios de carrera, güeones que estudiaron Relaciones Internacionales en Harvard, que hablan cinco idiomas, que dedicaron sus vidas a entender los equilibrios geopolíticos más sutiles del planeta... y de repente el jefe —que hace tiempo viene peinando la muñeca— publica un mapa ‘vittuperkele’ con Canadá pintado de rojo, y les toca a ellos, al día siguiente, sentarse con embajadores extranjeros y explicar —con cara de póker, sin reírse, sin llorar— que «las declaraciones del Presidente deben interpretarse en su contexto». Uno se imagina al pobre diplomático estadounidense en Ottawa, tomando un whisky triple antes de la reunión, pensando:

—«¿Cómo chucha llegamos a esto? ¿En qué momento firmé para esta güeá?».

Y el embajador canadiense, del otro lado, aguantando la risa mientras piensa:

—«Este güeón va a pintar Toronto de rojo en el próximo mapa y va a decir que la Torre CN es propiedad federal americana».

 

CIERRE DE LA GÜEÁ:

EL MAPA COMO ESPEJO


Al final, el mapa de «cabeza con mierda» (Trump) no es un plan ‘perkele’ geopolítico, es un autorretrato, es el reflejo perfecto de una mente jugosa que confunde deseo con realidad, ambición rapiñera con derecho, capricho enfermizo con estrategia, y también es el reflejo de un país agüeonao que, en buena parte, sigue creyendo que el mundo es un tablero y que ellos son los únicos jugadores con derecho a mover fichas. Que corten el güeveo.

Pero cuidado con la güeá: los mapas, en la historia, han sido peligrosos, no porque cambien la puta realidad —no lo hacen—, sino porque revelan intenciones mariconas y siniestras... y las intenciones, cuando se repiten lo suficiente, se convierten en política... y la política, cuando la ejerce alguien sin frenos, medio ‘trastorner’ y con poder, se convierte en tragedia. 

Por ahora, riámonos de la güeá, riámonos del mapa, del Golfo de América, del gobernador Trudeau (izquierdista HDP), del canal recuperado en la imaginación, riámonos porque es la única güeá que nos queda mientras el Emperador Naranja sigue coloreando el mundo con lapicitos de colores desde su despacho oval, pero riámonos con un ojo abierto, porque los que hoy pintan mapas, mañana quieren firmar tratados, y pasado mañana, invadir países.

Para finalizar, cabros, si algún día ven que en ‘Google Maps’ que la Patagonia aparece como «South American Extension of Greater America»... no digan que no se los advertimos. Hay que ser güeones, pero nunca tanto.






 

Escrito por: Olog Krevalora.

Portada: V.D.M. Creada con AI.

Edición final: Olog Krevalora. 

martes, 8 de septiembre de 2026

Sala de Autopsias Sociales [Trump and the gringo delirium]




TRUMP Y EL DELIRIO GRINGO

Hablar de Donald Trump es, quizás, uno de los ejercicios más agotadores del periodismo contemporáneo, y no porque el tipo sea complejo —al contrario, es de una simplicidad casi preocupante—, sino porque produce disparates a una velocidad industrial, como si tuviera una fábrica interna dedicada exclusivamente a excretar pensamientos enfermos con la convicción de un profeta iluminado por lámparas de bronceado. Uno intenta seguirle el ritmo, tomar nota, analizar… y para cuando termina de procesar una imbecilidad, el hombre ya soltó tres más en ‘Truth Social’, dos en una rueda de prensa y una durante un almuerzo con algún jeque.

 

El museo de las promesas rotas

Repasemos, porque el catálogo ya da para exhibición itinerante.

Primero fue Groenlandia, aquella idea magnífica, casi napoleónica, de anexar una isla enorme llena de hielo porque sí, porque se le antojó, porque suena bonito en el mapa. El sueño, previsiblemente, se congeló —permítanme la talla fácil, se lo debo al lector— y quedó archivado en la carpeta de «ocurrencias imperiales que no prosperaron». Dinamarca respiró aliviada, Groenlandia siguió existiendo sin él, y Trump pasó a la siguiente locura sin siquiera pedir disculpas por haber sugerido comprar un país como quien compra un condominio en Miami.

Después vino la promesa estrella: «Yo detengo la guerra entre Ucrania y Rusia en 24 horas». Un clásico. Han pasado bastantes más horas que esas, y lo único que se ha detenido es su credibilidad en materia diplomática. Putin lo escucha, le sonríe cínicamente, y sigue haciendo lo que le da la gana. Zelenski lo escucha, le sonríe forzadamente, y sigue pidiendo armas y dólares. Y Trump, entretanto, sigue anunciando que «está muy cerca» de un acuerdo, con esa cara de vendedor de electrodomésticos usados que le sale tan natural.

Con Irán, más de lo mismo. Iba a caer, iba a arrodillarse, iba a implorar clemencia, y, sin embargo, ahí sigue Irán, tan campante, jugando ajedrez mientras Trump juega a las damas chinas y pierde. Da la impresión —y esto es lo tragicómico— de que no puede ganarle de ninguna manera, y aun así sigue amenazando como el matón del recreo que promete pelear «después de clases» y nunca aparece. 

Y ahora, la joyita más reciente: quiere rebautizar el estado de Nuevo México como «Nueva América». Porque claro, ¿para qué respetar la historia, la geografía, la identidad de millones de personas, si uno puede simplemente sacarle punta al ego con un nombre nuevo? Es la misma lógica del Golfo de México convertido en «Golfo de América». Pronto veremos «Océano Atlántico del atlante Trump», «Océano del Pacífico Trump» y «Sol de las Américas MAGA».

No se rían, que todo es posible.

Todo esto, además, ocurre en medio de una crisis de credibilidad monumental —no sé si del pueblo gringo entero, pero desde luego de la clase política que se supone lo enfrenta. Porque la oposición demócrata, seamos honestos, ha sido tan brillante en su estrategia que logró perderle a un tipo con 34 cargos penales, dos juicios políticos y un intento de golpe blando encima. Aplausos. Por favor, todos de pie.

 

El delirio no es solo suyo, es de todo un país

Y aquí llegamos al meollo del asunto, al cuesco del durazno, porque sería demasiado cómodo culpar solo a Trump. El hombre es el síntoma, no la enfermedad. El delirio es colectivo, es cultural, es estructural. Estados Unidos lleva décadas —siglos, en realidad— viviendo en una burbuja esquizoide donde «América» es sinónimo de «nosotros» y punto, se acabó. El continente entero, esos 35 millones de kilómetros cuadrados que van desde Alaska hasta Tierra del Fuego, no existe en su imaginario más que como patio trasero o zona de la que llegan inmigrantes molestos.

Hagan la prueba... vayan a Kansas, a Ohio, a cualquier pueblito de Texas, y díganle a un local: «Yo también soy americano, soy de Chile» o «soy de Colombia», la cara que va a poner ese señor será digna de estudio antropológico. Va a mirarte como si le hubieras dicho que el sol es cuadrado. «¿americano tú? Pero si tú eres… mexicano, o algo así». Porque para el gringo promedio, «americano» es una nacionalidad exclusiva, patentada, registrada en la oficina de marcas de Washington. Los demás somos «sudamericanos», «latinos», «hispanos», o «tercermundistas», cualquier cosa menos americanos. El continente entero le fue expropiado semánticamente a 600 millones de personas, y nadie parece haberse dado cuenta —o peor, a nadie parece importarle una shit.

Y no es broma, no es exageración de columnista pesado o resentido. Lo de los gringos es una ignorancia de manual escolar. Un pueblo del «primer mundo» que no sabe ubicar a Ucrania en el mapa pero opina con firmeza sobre la guerra, que no distingue entre Irak e Irán pero cree que hay que bombardearlos a los dos por si acaso, que piensa que África es un país y que en Europa se habla «europeo». Los datos de las encuestas educativas son un festival del bochorno: un porcentaje escalofriante de estadounidenses adultos no puede señalar su propio estado en un mapa mudo. Y, aun así, se sienten con la autoridad moral de decirle al resto del mundo cómo vivir, cómo votar, cómo gobernarse.

Es un pueblo que casi no cuestiona, que aplaude robóticamente cualquier estupidez que salga de la boca de sus políticos siempre que venga envuelta en bandera y acompañada de un «God bless America».

Trump dice que hay que comprar Groenlandia y la mitad del país aplaude, dice que Canadá debería ser el estado 51 y la mitad del país aplaude, dice que va a poner aranceles del 200% y arruinar la economía global y la mitad del país aplaude. Uno ya no sabe si reír o preparar el búnker.

 

El paralelo incómodo

Y aquí va la comparación que a más de uno le va a doler, pero hay que hacerla: uno termina con la incómoda sensación de que no existe una diferencia tan abismal entre el pueblo norcoreano, sumido en una ignorancia impuesta por la dictadura, y el pueblo estadounidense, sumido en una ignorancia autoinducida por el consumo, el entretenimiento y una educación pública que en muchos estados es un chiste de mal gusto.

Sí, ya sé, van a saltar los puristas: «¡Pero en Estados Unidos hay libertad de prensa, hay universidades top, hay Nobel!». Correcto. Existen. Y, sin embargo, la masa, el ciudadano promedio, el que decide elecciones, vive en una realidad paralela alimentada por Fox News, TikTok y sermones dominicales. Un norcoreano cree que Kim Jong-un inventó la hamburguesa porque no le queda otra. Un estadounidense cree que Estados Unidos ganó la Segunda Guerra Mundial él solito porque prefiere creerlo. La diferencia es de origen, no de resultado, ¿Cachan la idea?

 

Cierre sin moraleja

Trump seguirá diciendo barbaridades, va a proponer cambiarle el nombre a la Luna, a rebautizar el Amazonas, a invadir Panamá otra vez, a comprar la Antártida (siempre y cuando Argentina no la reclame como suya antes). Y su pueblo, en buena parte, seguirá aplaudiendo... porque el problema nunca fue solamente él, el problema es el ecosistema que lo produjo, lo eligió, lo reeligió, y lo trata como profeta.

 

Mientras tanto, desde el resto del continente —desde esta «otra América» que existe, aunque a ellos les cueste aceptarlo— nos toca mirar el espectáculo con una mezcla de indignación, risa nerviosa y ese pequeño consuelo de saber que, al menos, nosotros sí sabemos dónde queda Groenlandia.



 

Escrito por: Vëthriön Asathørn y el Dream Team de Trollish News.

Portada diseñada por: Vëthriön Asathørn.

Edición final: Vëthriön Asathørn. 

viernes, 10 de julio de 2026

Trollish News [La llamada... pero no es una historia de terror japonés]

 




LA TARJETA ROJA QUE SE BORRÓ DE UN BALAZO: CÓMO LA MAFIA FIFA LE LAMIÓ EL CULO A TRUMP POR MIEDO AL FBI

Infantino y su pandilla de corruptos de mierda demostraron que el fútbol es solo un negocio, y el que manda es el que tiene más billete (o más misiles)... sí cabros, hoy ando más venenoso que nunca.

 

Capítulo 1:

La jugada que apesta a mafia, a Trump y a billete sucio

Cabros, cuando uno cree que ya lo vio todo en el fútbol —penales robados, mundiales comprados, jugadores que se dejan caer como bolsa de papas, árbitros cegatones, agarrones de culo, agarrones de bolas, escupos, combos, patadas voladoras— aparece esta güeá... una tarjeta roja que se borra de un plumazo, como si fuera un error de tipeo en un formulario del Registro Civil.

Resulta que el jugador de la selección yanki, Folarin Balogun, se mandó una plancha digna de cárcel. Roja directa, sin discusión. Pero oh, sorpresa: la FIFA, en un acto de «justicia divina» (o de lamida de culo intercontinental), decide que la tarjeta ‘vittuperkele’ nunca existió. La borran... la desaparecen, como si el árbitro se hubiera equivocado de pastilla esa mañana. 

¿Y por qué chucha pasó esto? Porque Donald Trump, el mismísimo «pelo de nube», agarró el teléfono y llamó a Gianni Infantino (viejo corrupto ‘aka-huora). Y ahí nomás, el suizo-italiano-cara-de-póker se cagó entero. Porque cuando el presidente del país más poderoso del mundo te dice «oye, güeón, esa tarjeta me la borrai o te mando al FBI a revisar tus cuentas, no güevís pelao cara de la tula», tú no discutes. Tú borrai la tarjeta y te hacís el güeón.

Y así fue la güeaíta. La mafia FIFA, esa misma que se llena la trompa hablando de «fair play» y «transparencia», demostró una vez más que el fútbol es solo una pantalla. Detrás, hay intereses, amenazas, y un miedo atómico a que la justicia gringa les meta los dedos donde no deben.

Seee, no me vengan con güeás… así es.

 

Capítulo 2:

El miedo al FBI es más fuerte que cualquier código ético

Pongámonos serios un segundo (pero no mucho, que esto es un artículo troll). La FIFA lleva décadas siendo un nido de corrupción. Desde los sobornos de la Copa América hasta los mundiales comprados, pasando por contratos millonarios que nunca se fiscalizan. Infantino (Alí Babá) y los suyos (los 40 ladrones) saben que, si el FBI o la justicia estadounidense se ponen a escarbar, a hurguetear… van a encontrar huesos, esqueletos y cadáveres enterrados en el jardín de la casa de Suiza.

Por esa güeá, cuando Trump llamó, no hubo discusión. Porque Trump no es cualquier presidente. Trump es el güeón que amenaza con aranceles, con guerras comerciales, con lo que sea. Y si algo le sobra a Trump, es poder para recagar a quien se le ponga en frente.

Así que Infantino (pelao CTM), con el culo a dos manos, ordenó: «Borren esa güeá de tarjeta. Que Balogun juegue. Que Estados Unidos esté contento. Que Trump no nos saque los trapitos al sol».

Y los millones de güeones que vieron el partido se quedaron con la duda: ¿era roja o no era roja? La respuesta es simple: era roja, pero el dinero y el miedo pintan más que la justicia.

 

Capítulo 3:

Trump estaba seguro de que Estados Unidos llegaba a la final... pero les llenaron la canasta

Aquí viene lo más sabroso de la güeá. Trump, convencido de que su selección llegaría a la final —porque, claro, él es el mejor en todo, según él—, llamó a Infantino para asegurarse de que el camino estuviera despejado, que Balogun no se perdiera un partido clave, que no hubiera sanciones y que todo estuviera arreglado, ¿Cachai?

Pero la vida es perra, y el fútbol también. Estados Unidos se fue eliminado como un equipo más. Sin final, sin gloria, sin ni una güeá. Y Trump se quedó con la cara de güeón, mirando el televisor, preguntándose por qué chucha no le compró un árbitro mejor a ese puto partido.

 

¿Qué hubiera pasado si la FIFA no le quitaba la tarjeta roja a Balogun? Simple: Infantino habría estado con el culo a dos manos, sudando frío, con cagadera nocturna, esperando que el FBI no tocara la puerta. Porque si Balogun se perdía un partido clave y Estados Unidos perdía, Trump habría culpado a la FIFA, y la FIFA sabe que con Trump no se juega.

Así que, aunque al final no sirvió de ni una güeá —porque Estados Unidos igual se fue a la casa—, la jugada quedó clara: la FIFA le lame el culo al poder, no a la justicia. Infantino y todos esos perkeles quedaron como el hoyo.

 

Capítulo 4:

Qatar, el mundial que se compró con petrodólares y sonrisas falsas

Y ya que estamos pelando crudo, hablemos del mundial de Qatar 2022. Porque si hay algo que demuestra es que la FIFA es una mafia vittuperkele.

Todos nos preguntamos: ¿Por qué chucha le dieron el mundial a un país que con cuea juega a las bolitas? Un país donde hace un calor de la gran chucha, donde las mujeres son ciudadanas de segunda, donde los trabajadores migrantes son tratados como esclavos. 

¿La respuesta? Fácil: petrodólares. Montañas de billetes, dinero fresco que cayó en las cuentas de Infantino y su pandilla de corruptos.

Porque la FIFA no es una organización deportiva, es una empresa. Y como toda empresa, busca el máximo beneficio, y si para esa güeá tiene que venderle el alma al diablo —o a un emirato árabe—, lo hace sin pestañear, sin arrugarse el cuero.

Qatar compró el mundial. Lo pagó con dinero, con sobornos, con sonrisas falsas. Y la FIFA, como buena puta, se vendió al mejor postor.

 

Capítulo 5:

¿Por qué la FIFA no se cambia el nombre a uno más iluminativo?

Miren, ya en serio (pero no tanto). La FIFA debería cambiar su nombre, porque «Federación Internacional de Fútbol Asociado» suena muy formal, muy serio, muy respetable. Pero la realidad es otra.

Güeón, yo les propongo un nombre más acorde a sus intereses: «Alí Babá y los 40 ladrones». Porque eso son. Una banda de güeones caras de raja que roban, que mienten, que se llenan los bolsillos mientras el fútbol se pudre.

Y ojo, no es solo Infantino, es toda la cúpula, los que votaron por Qatar, los que escondieron los sobornos, los que borraron tarjetas rojas por llamadas de Trump. Todos ellos son parte de la misma mafia.

Y mientras tanto, los hinchas, los jugadores, los que aman el fútbol de verdad, se quedan viendo cómo el deporte más hermoso del mundo se convierte en un circo de corrupción y billetes.

 

Reflexión final de la güeá:

El fútbol es de los pueblos, pero la FIFA es de los buitres

El fútbol, en su esencia, es simple. Es una pelota, dos arcos, once contra once. Es pasión, es alegría, es llanto. Es el deporte que une a familias, a países, a culturas. Pero la FIFA se ha encargado de convertirlo en un negocio sucio, en un mercado de influencias, sobornos y amenazas. Y lo peor de toda la güeá es que ustedes, los hinchas, siguen mirando, siguen comprando entradas, viendo partidos, discutiendo resultados. Siguen alimentando a la bestia.

La tarjeta roja de Balogun es solo un ejemplo más, un síntoma de una enfermedad que lleva décadas pudriendo al fútbol. Y mientras no hagan alguna güeá —mientras no exijan transparencia, justicia, cambios reales—, la mafia seguirá mandando.

Así que la próxima vez que vean una jugada rara, una tarjeta que se borra, un mundial que se compra, recuerden cabros: la FIFA no es tu amiga, la FIFA es el enemigo. Y el fútbol, ese que aman, está siendo secuestrado por una pandilla de ladrones de mierda con traje y corbata.


ANTES DEL MUNDIAL, MUCHO ANTES

 

Pero bueno, al menos nos queda el chiste. Y el humor. Y la ironía. Porque si no nos reímos de esta güeá, lloramos... y llorar no es una opción cuando la mafia sigue ganando.

Nos vemos cabros.



 

Artículo escrito por: Olog Krevalora.

Portada: Trollish News.

Edición final: Olog Krevalora.