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viernes, 10 de julio de 2026

Trollish News [La llamada... pero no es una historia de terror japonés]

 




LA TARJETA ROJA QUE SE BORRÓ DE UN BALAZO: CÓMO LA MAFIA FIFA LE LAMIÓ EL CULO A TRUMP POR MIEDO AL FBI

Infantino y su pandilla de corruptos de mierda demostraron que el fútbol es solo un negocio, y el que manda es el que tiene más billete (o más misiles)... sí cabros, hoy ando más venenoso que nunca.

 

Capítulo 1:

La jugada que apesta a mafia, a Trump y a billete sucio

Cabros, cuando uno cree que ya lo vio todo en el fútbol —penales robados, mundiales comprados, jugadores que se dejan caer como bolsa de papas, árbitros cegatones, agarrones de culo, agarrones de bolas, escupos, combos, patadas voladoras— aparece esta güeá... una tarjeta roja que se borra de un plumazo, como si fuera un error de tipeo en un formulario del Registro Civil.

Resulta que el jugador de la selección yanki, Folarin Balogun, se mandó una plancha digna de cárcel. Roja directa, sin discusión. Pero oh, sorpresa: la FIFA, en un acto de «justicia divina» (o de lamida de culo intercontinental), decide que la tarjeta ‘vittuperkele’ nunca existió. La borran... la desaparecen, como si el árbitro se hubiera equivocado de pastilla esa mañana. 

¿Y por qué chucha pasó esto? Porque Donald Trump, el mismísimo «pelo de nube», agarró el teléfono y llamó a Gianni Infantino (viejo corrupto ‘aka-huora). Y ahí nomás, el suizo-italiano-cara-de-póker se cagó entero. Porque cuando el presidente del país más poderoso del mundo te dice «oye, güeón, esa tarjeta me la borrai o te mando al FBI a revisar tus cuentas, no güevís pelao cara de la tula», tú no discutes. Tú borrai la tarjeta y te hacís el güeón.

Y así fue la güeaíta. La mafia FIFA, esa misma que se llena la trompa hablando de «fair play» y «transparencia», demostró una vez más que el fútbol es solo una pantalla. Detrás, hay intereses, amenazas, y un miedo atómico a que la justicia gringa les meta los dedos donde no deben.

Seee, no me vengan con güeás… así es.

 

Capítulo 2:

El miedo al FBI es más fuerte que cualquier código ético

Pongámonos serios un segundo (pero no mucho, que esto es un artículo troll). La FIFA lleva décadas siendo un nido de corrupción. Desde los sobornos de la Copa América hasta los mundiales comprados, pasando por contratos millonarios que nunca se fiscalizan. Infantino (Alí Babá) y los suyos (los 40 ladrones) saben que, si el FBI o la justicia estadounidense se ponen a escarbar, a hurguetear… van a encontrar huesos, esqueletos y cadáveres enterrados en el jardín de la casa de Suiza.

Por esa güeá, cuando Trump llamó, no hubo discusión. Porque Trump no es cualquier presidente. Trump es el güeón que amenaza con aranceles, con guerras comerciales, con lo que sea. Y si algo le sobra a Trump, es poder para recagar a quien se le ponga en frente.

Así que Infantino (pelao CTM), con el culo a dos manos, ordenó: «Borren esa güeá de tarjeta. Que Balogun juegue. Que Estados Unidos esté contento. Que Trump no nos saque los trapitos al sol».

Y los millones de güeones que vieron el partido se quedaron con la duda: ¿era roja o no era roja? La respuesta es simple: era roja, pero el dinero y el miedo pintan más que la justicia.

 

Capítulo 3:

Trump estaba seguro de que Estados Unidos llegaba a la final... pero les llenaron la canasta

Aquí viene lo más sabroso de la güeá. Trump, convencido de que su selección llegaría a la final —porque, claro, él es el mejor en todo, según él—, llamó a Infantino para asegurarse de que el camino estuviera despejado, que Balogun no se perdiera un partido clave, que no hubiera sanciones y que todo estuviera arreglado, ¿Cachai?

Pero la vida es perra, y el fútbol también. Estados Unidos se fue eliminado como un equipo más. Sin final, sin gloria, sin ni una güeá. Y Trump se quedó con la cara de güeón, mirando el televisor, preguntándose por qué chucha no le compró un árbitro mejor a ese puto partido.

 

¿Qué hubiera pasado si la FIFA no le quitaba la tarjeta roja a Balogun? Simple: Infantino habría estado con el culo a dos manos, sudando frío, con cagadera nocturna, esperando que el FBI no tocara la puerta. Porque si Balogun se perdía un partido clave y Estados Unidos perdía, Trump habría culpado a la FIFA, y la FIFA sabe que con Trump no se juega.

Así que, aunque al final no sirvió de ni una güeá —porque Estados Unidos igual se fue a la casa—, la jugada quedó clara: la FIFA le lame el culo al poder, no a la justicia. Infantino y todos esos perkeles quedaron como el hoyo.

 

Capítulo 4:

Qatar, el mundial que se compró con petrodólares y sonrisas falsas

Y ya que estamos pelando crudo, hablemos del mundial de Qatar 2022. Porque si hay algo que demuestra es que la FIFA es una mafia vittuperkele.

Todos nos preguntamos: ¿Por qué chucha le dieron el mundial a un país que con cuea juega a las bolitas? Un país donde hace un calor de la gran chucha, donde las mujeres son ciudadanas de segunda, donde los trabajadores migrantes son tratados como esclavos. 

¿La respuesta? Fácil: petrodólares. Montañas de billetes, dinero fresco que cayó en las cuentas de Infantino y su pandilla de corruptos.

Porque la FIFA no es una organización deportiva, es una empresa. Y como toda empresa, busca el máximo beneficio, y si para esa güeá tiene que venderle el alma al diablo —o a un emirato árabe—, lo hace sin pestañear, sin arrugarse el cuero.

Qatar compró el mundial. Lo pagó con dinero, con sobornos, con sonrisas falsas. Y la FIFA, como buena puta, se vendió al mejor postor.

 

Capítulo 5:

¿Por qué la FIFA no se cambia el nombre a uno más iluminativo?

Miren, ya en serio (pero no tanto). La FIFA debería cambiar su nombre, porque «Federación Internacional de Fútbol Asociado» suena muy formal, muy serio, muy respetable. Pero la realidad es otra.

Güeón, yo les propongo un nombre más acorde a sus intereses: «Alí Babá y los 40 ladrones». Porque eso son. Una banda de güeones caras de raja que roban, que mienten, que se llenan los bolsillos mientras el fútbol se pudre.

Y ojo, no es solo Infantino, es toda la cúpula, los que votaron por Qatar, los que escondieron los sobornos, los que borraron tarjetas rojas por llamadas de Trump. Todos ellos son parte de la misma mafia.

Y mientras tanto, los hinchas, los jugadores, los que aman el fútbol de verdad, se quedan viendo cómo el deporte más hermoso del mundo se convierte en un circo de corrupción y billetes.

 

Reflexión final de la güeá:

El fútbol es de los pueblos, pero la FIFA es de los buitres

El fútbol, en su esencia, es simple. Es una pelota, dos arcos, once contra once. Es pasión, es alegría, es llanto. Es el deporte que une a familias, a países, a culturas. Pero la FIFA se ha encargado de convertirlo en un negocio sucio, en un mercado de influencias, sobornos y amenazas. Y lo peor de toda la güeá es que ustedes, los hinchas, siguen mirando, siguen comprando entradas, viendo partidos, discutiendo resultados. Siguen alimentando a la bestia.

La tarjeta roja de Balogun es solo un ejemplo más, un síntoma de una enfermedad que lleva décadas pudriendo al fútbol. Y mientras no hagan alguna güeá —mientras no exijan transparencia, justicia, cambios reales—, la mafia seguirá mandando.

Así que la próxima vez que vean una jugada rara, una tarjeta que se borra, un mundial que se compra, recuerden cabros: la FIFA no es tu amiga, la FIFA es el enemigo. Y el fútbol, ese que aman, está siendo secuestrado por una pandilla de ladrones de mierda con traje y corbata.


ANTES DEL MUNDIAL, MUCHO ANTES

 

Pero bueno, al menos nos queda el chiste. Y el humor. Y la ironía. Porque si no nos reímos de esta güeá, lloramos... y llorar no es una opción cuando la mafia sigue ganando.

Nos vemos cabros.



 

Artículo escrito por: Olog Krevalora.

Portada: Trollish News.

Edición final: Olog Krevalora.

 

martes, 16 de junio de 2026

Sala de Autopsias Sociales [Fútbol S.A.: El Show de las Marionetas]




I

El Mundial de los Rellenos:

¿Fútbol o Casting de extras?

Puta... no quiero ser pesao ni desagradable ni venenoso, peeeeeero... ¿me pueden explicar qué rechucha hace Haití en un Mundial? ¿O Curazao? ¿O cualquier otro equipo callampa que parece que se inscribió en el torneo porque el capitán vio un anuncio en Facebook y dijo: «Oye, vamos a ver si nos dan comida gratis en Estados Unidos porque esta clasificatorias valen callampa?»

Es que es… esta güeá es increíble. Uno abre la lista de clasificados y piensa que la FIFA (panda de ladrones perkeles) ha decidido hacer un censo global de países que tienen un estadio y tres pelotas pinchadas.

¿En serio? ¿Haití? Por favor. Esos güeones juegan al fútbol bajo una lluvia y un calor que derrite el cemento, con un ritmo de juego de una tortuga con artritis po' güeón. Pero claro, como el negocio es expandir la «marca», ahora cualquier país que tenga una bandera y un par de güeones que sepan patear un círculo de cuero ya es «bienvenido a la fiesta lúser».



Güeón… y hablemos de Curazao. ¡Voi vittu! A ver, ¿Cómo se llama ese país vittuperkele? No, en serio, no estoy güeviando ¿Quiénes son esos güeones masetas? Llegaron al Mundial y Alemania no solo los goleó, no, Alemania se los paseó, los dejó tiesos, se limpió el culo con su honor deportivo y luego los mandó al hotel en un taxi compartido. Fue una masacre. Ver a Curazao contra una potencia es como poner a un chihuahua a pelear contra un tanque Leopard: el chihuahua ni siquiera llega a morder la oruga del tanque antes de ser vaporizado. Pero hey, ¡qué lindo es el «espíritu deportivo» y la «inclusión»! ¿No creen? La FIFA nos vende que es «el torneo más diverso de la historia», pero lo que en realidad quieren decir es: «Metimos a más equipos mediocres para vender más derechos de televisión en mercados donde la gente es tan ingenua que cree que su equipo tiene una oportunidad».

 

II

Y ahora... cachen, voy a ser sincero a cagar. Me paso por el traste absolutamente todo lo que escribí hace dos ediciones sobre la gloria del fútbol sudamericano. Me lo paso por el ‘planeta Urano’ porque, seamos realistas: parece... y repito... parece que el fútbol sudaca ya no es taaaaan bacán.

Nos creemos los dueños del balón, los poetas del regate, los herederos de Pelé y Maradona, pero la realidad es que estamos jugando un fútbol que parece un partido de veteranos un domingo por la tarde, ¿Cachai? Mucho baile, mucha pose, mucho «estilo», pero cuando llegas al área, te da miedo patear porque te distraes pensando en el contrato de publicidad de tu nueva marca de champú. Nos hemos vuelto blandos, nos hemos vuelto predecibles y, sinceramente, nos hemos creído nuestro propio cuento mientras Europa nos pasa por encima con una eficiencia robótica que asusta.

PERO... (y aquí viene el «pero» del tamaño del estadio de Texas), no confundan mi crisis existencial sudaca con una defensa de la CONCACAF. No, no, no, esa mierda es harina de otro costal. Lo de la CONCACAF no es fútbol, es un experimento social fallido. Es una confederación donde el arbitraje es una sugerencia, donde los estadios parecen estacionamientos de supermercados y donde la calidad técnica es tan baja que a veces dudo que sepan que el balón no se puede tocar con la mano. La CONCACAF es el basurero donde la FIFA tira los restos de los torneos que no saben dónde ubicar. Es un circo de mediocridad disfrazado de «región en crecimiento».

Entonces, llegamos a la pregunta del millón: ¿A este Mundial perkele llegaron los mejores?

¿De verdad? ¿Los mejores? ¡Tula de burro! Llegaron los que ciertas ligas de la maldita FIFA promueven, llegaron los que tienen el marketing correcto, los que encajan en la narrativa de «crecimiento global», los que tienen patrocinadores que pagan los millones necesarios para que el señor Infantino —pelao ‘aka-huora—pueda dormir tranquilo en su cama de seda. 

No es un torneo de los mejores; es un casting de extras. Es un show donde los equipos «relleno» están ahí solo para que las potencias inflen sus estadísticas (güeá que hasta el momento ha quedado al debe) y para que los patrocinadores puedan poner su logo en la camiseta de un país que nadie sabía que existía hasta que empezó el torneo.

Al final, nos venden la «magia del fútbol», pero lo que estamos viendo es un producto empaquetado al vacío, un Mundial donde el mérito deportivo es la última prioridad, después del dinero, la política y la necesidad de que Irán tenga algo que hacer mientras la guerrita sigue en medio oriente.

Puta... es que es triste la güeá. Pero bueno, compren su entrada de 500 dólares, compren la camiseta de plástico y disfruten viendo cómo Alemania vuelve a limpiarse el culo a algún país que empieza por «C». Total, para eso pagamos, ¿no? Para ver el circo.

 

III

Y ya que estamos en este viaje de honestidad brutal y nos estamos pasando por el ‘lado oscuro de la Luna’ cualquier respeto diplomático... hablemos del elefante en la habitación, o mejor dicho, hablemos del «guion».

¿A ustedes no les parece sospechosamente conveniente todo esto?

¿No es un poquito extraño que los «sorteos» de la FIFA siempre parezcan tener una brújula que apunta directamente hacia Buenos Aires? Es que es fascinante la güeá. El sorteo es esa lotería donde las bolitas mágicas, movidas por la mano invisible del mercado, siempre dejan a Argentina en el camino más cómodo, con el grupo más digerible, o con el cruce que los deja vivos hasta que la narrativa lo requiera.

Es como si el destino tuviera un contrato de exclusividad con la AFA. «Mira, Infantino, pongamos a los albicelestes aquí, que no queremos que se vayan temprano porque el rating cae y los patrocinadores se ponen nerviosos».

Es un sorteo, sí... un sorteo donde el resultado ya estaba escrito en una servilleta durante un almuerzo en un yate en Mónaco.

Y ahí llegamos al centro del ecosistema: Messi.

A ver, seamos claros con la güeá para que no me salgan con que soy un envidioso de mierda: el talento del güeón es indudable. El tipo es un alien, un genio, alguien que ve el campo en 4D mientras nosotros seguimos intentando entender cómo se ata un cordón. Pero, puta... ¿no se dan cuenta de lo que realmente es?

Messi no es solo el «mejor jugador del mundo»; es la Estrella Máxima de la Élite, es el producto perfecto de la güeá, es el rostro que la FIFA necesita para venderle el fútbol a una señora en China y a un niño en Nigeria. Pero detrás de esa imagen de «tipo callado y humilde», lo que veo es a un imbécil con un talento notable, que terminó siendo simplemente una ramera de los poderosos.

No me malinterpreten, no hablo de que el güeón sea un malagradecido, hablo de que es la pieza central de un tablero de ajedrez donde él es el peón más caro. Lo usan, lo exhiben, lo pulen y lo ponen en el escaparate para validar un sistema que es corrupto hasta la médula. Messi es el lubricante que hace que la maquinaria de la FIFA ruede sin chirridos, ¿Cachan? Mientras el mundo idolatra su zurda, los de arriba se ríen porque saben que mientras Messi esté en el centro del escenario, nadie se fijará en los millones que desaparecen por los desagües de la confederación o en cómo se venden las sedes del Mundial al mejor postor.

Es el «Salvador» diseñado por el marketing. Lo ponen en el pedestal no solo por sus goles, sino porque es la marca más rentable del planeta. Y el güeón, ahí está, aceptando los premios, sonriendo en las galas, siendo el embajador de un circo donde los payasos llevan traje y corbata. Es la tragedia del genio: tener todo el talento del mundo, pero terminar siendo el accesorio de lujo de un grupo de güeones que no saben distinguir un fuera de juego de una transacción bancaria ilegal.

Tal vez, este sea el último mundial de Messi, y no es «tira’o de las mechas» pensar que todos los sponsors de la «pulga» estén rascando el lomo de la FIFA para que la copa se la lleve la gallina de los huevos de oro, ¿Cachan la idea?

Entonces, volvamos al inicio. ¿Los mejores? ¿El mérito deportivo? ¡No me hagan reír! ¡No güeveen!

Tenemos un Mundial donde equipos callampas como Curazao sirven de saco de boxeo para que Alemania se sienta poderosa, donde la CONCACAF sigue siendo un chiste de mal gusto, y donde el «camino al éxito» de Argentina parece estar pavimentado con billetes y favores mutuos.

¿Catar? ¿Panamá? ¿Cabo Verde? ¿RD Congo? ¿Nueva Zelanda? ¿Corea del Norte? ¿Australia? ¿Jamaica? ¿Costa Rica? ¿Irak? ¿Jordania? ¿Irán? ¿Uzbekistán?

Todo es un show. Un show vittuperkele diseñado para que los imbéciles que pagan la entrada, sigan creyendo que el fútbol es «lo más lindo del mundo». Pero la realidad es que el fútbol ya no es un deporte; es una sucursal bancaria con césped sintético, donde Messi es la cara visible y los fans termocéfalos son los que pagan la cuenta.

 


La verdad... es que da asco. Pero bueno, sigan gritando «¡Goool!», que mientras ustedes gritan, alguien en una oficina de Zúrich acaba de cobrar una comisión por el ruido.




Escrito por: Olog Krevalora.

Portada diseñada por: Vëthriön Asathørn.

Imagen de Alemania versus Curazao diseñada por: Vëthriön Asathørn.

Edición final: Olog Krevalora y Vëthriön Asathørn.

 


viernes, 12 de junio de 2026

Sala de Autopsias Sociales [Fútbol para vender]





PARTE UNO

El Mundial de EE. UU.:

El Circo del Capital, la Mafia del Balón y el Triunfo de la Mediocridad

ADVERTENCIA: En esta tarde fría y algo nevada ando un poco venenoso.

Bienvenidos al Salón de Autopsias Sociales, preparen la guata porque hoy les presento el espectáculo más grande de la Tierra, aunque no me refiero al juego, sino a la «orgasmia» financiera que representa la Copa del Mundo en Estados Unidos. Prepárense para el evento posero donde el deporte es simplemente el envoltorio de regalo para un negocio de miles de millones de dólares, gestionado por una entidad ‘vittuperkele’ que hace que las mafias sicilianas parezcan un grupo de scouts: la FIFA.

 

LA FIFA:

EL MERCADO DE PULGAS DEL PODER

Hablemos de la puta FIFA, esa organización corrupta cuya única regla inquebrantable es que todo tiene un precio para el güeveo. Durante décadas, esos hijos de perra nos han vendido la narrativa de que son «autónomos», una entidad supranacional que flota por encima de la política. Qué ternura ¿No creen? La realidad es que la FIFA no es una federación deportiva; es una agencia de corretaje de lujo que vende el derecho a organizar el Mundial al mejor postor. Si defecas dinero… el mundial es tuyo.

¿Por qué Estados Unidos? ¿Por su pasión por el fútbol? ¡Por favor, no güeveen! ¿Creen que somos güeones? El estadounidense promedio confunde un «corner» con una esquina de calle y piensa que el «offside» es una marca de detergente po’ güeón. No, se lo dieron por el puto dinero, por la infraestructura y, probablemente, por el miedo. Porque en el tablero geopolítico, nadie quiere tener a un «Pato» Donald Trump (o a quien sea que maneje el mazo en Washington) preguntándose por qué el «negocio del siglo» no aterrizó en su patio trasero. La FIFA no le teme a la ética, teme a quien puede comprar el tablero completo y cambiar las reglas a su antojo.

 

LA «AUTONOMÍA» DE CARTÓN Y EL VETO POLÍTICO

Aquí llegamos a la parte deliciosa de la hipocresía güeona. Nos dicen que el fútbol «une al mundo», pero el mundo es solo aquel que le cae bien al anfitrión y al comité organizador del güeveo. El caso de Irán es la prueba irrefutable de que la «autonomía» de la FIFA es un chiste de mal gusto.

Resulta que, si organizas el Mundial, tienes el poder mágico de decidir quién es «bienvenido» y quién es un «paria». Es fascinante ver cómo la FIFA, que presume de una falsa neutralidad, se convierte súbitamente en el brazo ejecutor de la política exterior estadounidense. Si el imperio ‘perrrrkele’ dice que Irán es el enemigo, la FIFA convenientemente olvida cómo se organiza un torneo inclusivo. No puedes dejar fuera a un país solo porque te cae como el culo... a menos que seas la mafia FIFA, en cuyo caso, borrar a alguien del mapa deportivo es tan sencillo como firmar un cheque de  mierda o aceptar una presión diplomática.

 

PAN, CIRCO Y LA GESTIÓN DE LA GÜEONERA

Seamos honestos con esta güeá: el Mundial es la herramienta de distracción masiva perfecta. Es el «pan y circo» del siglo XXI, pero sin el pan, porque el precio de las entradas es prohibitivo. Mientras el mundo arde, mientras las economías se van a la mierda y los derechos humanos son una sugerencia opcional, el sistema lanza una pelota de cuero al aire para que millones de agüeonaos se peleen por colores de camisetas.

El fútbol mueve a las masas, sí, pero específicamente mueve a quienes prefieren gritar un gol que leer un periódico o un libro. Es la cortina de humo ideal: mientras la gente imbécil discute si un gol fue en fuera de juego o si el árbitro está comprado (spoiler: siempre está comprado), los garrapatas de arriba siguen repartiéndose el puto botín, moviendo capitales y decidiendo el destino de naciones enteras en cenas privadas. El estadio es el lugar donde el pensamiento crítico va a morir. Un minuto de silencio porfa.

Gracias.

 

LA INJUSTICIA DEL PUTO FORMATO:

EL PARAÍSO DE LOS MEDIOCRES

Y para rematar la obra ‘vittuperkele’, hablemos de la «meritocracia» de las clasificatorias. Es conmovedor ver cómo en Sudamérica los equipos se matan en una carnicería táctica, donde los mejores luchan contra los mejores en una guerra de desgaste donde cualquier error significa el olvido. Eso es fútbol.

Pero luego miramos hacia el Norte. CONCACAF: el refugio de la mediocridad protegida. Estados Unidos, México y Canadá tienen su pase prácticamente grabado en piedra antes de que empiece el torneo. Juegan contra selecciones que parecen ensambladas con jugadores que recién se bajaron de los árboles, de ligas regionales y esperanza, asegurando su lugar en la fiesta sin sudar la camiseta de mierda. Es un sistema diseñado para que los mercados más rentables nunca se queden fuera. Porque, claro, ¿imaginen el desastre financiero si Estados Unidos no clasificara para su propio Mundial? El capitalismo no puede permitirse ese puto riesgo.

Resumiendo la güeá, el Mundial que ya se juega no será una competencia deportiva; será una convención de marketing disfrazada de torneo, donde la justicia es un concepto obsoleto, la política es la verdadera capitana y el espectador 'aka-huora es solo el combustible que alimenta la maquinaria de dinero de la puta FIFA.

Traigan sus banderas, sus vuvuzelas, bombos o cornetas —lo que prefieran meterse en la trompa y sobajear con las manos— y sigan gritando como monos con diarrea. Mientras tanto, ellos seguirán contando los billetes.

 

PARTE DOS

EL PÁNICO AL FBI Y EL «SEGURO» DEL MUNDIAL

Ahora hablemos de la verdadera razón por la que la FIFA se arrodilló ante el Tío Sam y le hizo un pete de aquellos —que solo la senadora Camila Flores nos puede contar. 

No fue la «estabilidad económica» de la güeá ni la «infraestructura de primer nivel», fue el miedo visceral a que el Departamento de Justicia de Estados Unidos decidiera que ya era hora de hacer una limpieza profunda en Zúrich.

Recordemos que la FIFA ya fue investigada; hubo redadas, esposas y rostros orquestados en fotografías policiales que parecían un catálogo de criminales de gama alta. Pero, ¿cambió algo la güeá? Por supuesto que no. La mafia solo cambió de nombres y de cuentas bancarias. Sin embargo, el fantasma de Donald Trump —o cualquier figura con el poder de activar el aparato represivo del Estado estadounidense— es un incentivo poderoso de la güeá.

Darle el Mundial a EE. UU. no fue una elección deportiva; fue el pago de una «cuota de protección». Es el equivalente moderno de pagarle al capo del barrio para que no queme tu negocio o que mande a una panda de gorilas a que te saquen la chucha. La FIFA sabe que mientras mantenga feliz al imperio de «Palpatine Trump», mientras el flujo de dinero siga alimentando la maquinaria del consumo estadounidense, el FBI preferirá mirar hacia otro lado para hacerse los güeones. El Mundial es la inmunidad diplomática comprada con billetes verdes: «Tomen el torneo, dennos la gloria y, por favor, no revisen nuestros correos electrónicos». Seee, seamos francos con la güeá.

 

EL SOUNDTRACK DE LA ANESTESIA:

SHAKIRA Y EL POP GENÉRICO

Y para acompañar este despliegue de corrupción maraca, llega la música. Porque un Mundial sin una canción pegajosa y vacía sería un crimen contra el marketing po’ güeón. Entra Shakira, con su voz procesada y sus ritmos diseñados en un laboratorio de algoritmos para sonar bien en un centro comercial de Dubái o en un ascensor de Nueva York.

La canción oficial del Mundial no es arte, es un sedante de mierda. Es esa música aburrida a cagar, predecible y jabonosa que tiene como único objetivo que el espectador agüeonao no piense demasiado. Mientras Shakira canta sobre «unir al mundo» y «celebrar la pasión», la letra es tan superficial que podría servir como manual de instrucciones para un electrodoméstico. Es el ruido blanco perfecto para que el güeón promedio baile mientras ignora que el torneo es un atraco a mano armada. Una canción que no busca emocionar, sino hipnotizar a los agüeonaos, asegurando que la masa permanezca en un estado de trance eufórico mientras los bolsillos de los organizadores se hinchan.

¡Gracias a los dioses vikingos y troles que no escucho nada de esa música de mierda! ¡Larga vida al metal!

 

EL ATRACO LEGALIZADO:

ENTRADAS PARA LA ÉLITE

Lleguemos al punto donde la puta avaricia se vuelve obscena: el precio de las entradas. El Mundial se ha convertido en un club privado para la plutocracia. Los precios son exorbitantes, diseñados no para que el fanático real asista, sino para que el corporativo y el turista de lujo consuman.

Ya no se trata de quién ama el fútbol, sino de quién es el güéas que puede permitirse pagar el equivalente a un alquiler mensual por sentarse noventa minutos a ver cómo un jugador millonario finge una lesión para ganar tiempo.

La FIFA ha transformado el deporte más popular del mundo en un producto de lujo exclusivo. El «pueblo» puede seguir mirando la pantalla desde sus casas, consumiendo publicidad agresiva callampa, mientras la élite ‘vittuperkele’ se sienta en el palco a brindar por la eficiencia del sistema: cobrar el máximo posible por el mínimo esfuerzo deportivo.

 

LA ÚLTIMA PALADA DE TIERRA:

EL CEMENTERIO DE LA PASIÓN

Al final del día, el Mundial de mierda en Estados Unidos es la culminación de la decadencia del deporte. Ya no queda rastro de la mística, del barro o del honor de la güeá. Lo que queda es un cadáver maquillado con colores brillantes y fuegos artificiales.

El fútbol, que nació en las calles y en los barrios humildes, ha sido secuestrado por una mafia transnacional y entregado al altar del capitalismo más voraz y cínico. Nos venden una «fiesta global» mientras construyen muros invisibles de dinero y política. Esa es la puta verdad.

Como ya dije, sigan aplaudiendo, sigan comprando la camiseta oficial de 100 dólares fabricada en serie, y sigan creyendo que su equipo «está luchando por el honor». Mientras ustedes —sacos de güéas— se desviven por un trofeo de metal, los dueños del puto circo se ríen en sus caras desde sus yates. Porque en este juego ‘perkele’, la única victoria real es la de quienes saben que el fútbol ya no es un deporte: es simplemente el lubricante que hace que la maquinaria del dinero gire sin fricciones sobre la espalda de los ingenuos.

Bienvenidos al espectáculo de los cerebros de zombis. El precio es tu dignidad y el premio es el silencio.

El cabeza de corneta de Infantino y toda su legión de viejos corruptos de mierda de la FIFA…

¡Vittu ne kaikki!







 

Escrito por: Olog Krevalora (El Trol más macho y masculino de la Patagonia y alrededores).

Portada diseñada y editada por: Vëthriön Asathørn. Creada con IA.

Edición final: Vëthriön Asathørn.

 


lunes, 8 de marzo de 2021

Trollish News – Malditos anarcos, marchas por el día de la mujer y un pastelazo de la Fifa




IMBÉCILES CON A, DE AWEONAOS



Si hay una weá que me empelota a cagar son esos CSM de los anarquistas, y lo peor de todo es que ellos están segurísimos de que lo que hacen es justo. Se creen los guerreros de todo: anti dictaduras, anti políticos, antidiscriminación, anti diarrea, anti-esto, anti-esto otro, etcétera. ¡Y se creen su cuento! son tan aweonaos y sin cerebro que es realmente patético ver tanto imbécil en esas supuestas marchas o protestas, y hay de todo, muchos son adolescentes que con cuea cachan si la letra O es redonda o cuadrada. Y son valientes cuando andan en manadas, son casi súper villanos intentando derrocar a un “estado tirano que los oprime” … y según ellos no aman la economía de mercado, ña rechazan y la odian… y cuando llegan a sus casas se ponen a jugar play conectados a internet, mientras esperan ver sus videos en sus celulares de alta gama.

Y el último show fue quemar el monumento al General Baquedano, lo que demuestra una vez más que estas alimañas de mierda no respetan ninguna weá.

Basura social que no aporta nada… a ni una weá.

Y al paskapää que organiza toda esa “seudo revolución anarco”, deberían colgarlo de las bolas hasta que muera, y después llevarlo a la Antártica y tirarlo al mar… para que las orcas se lo coman.

¡Kiss my arse, perrrrkeles!



 

OTRA BUENA INICIATIVA DEL GOBIERNO

Las cosas positivas hay que destacarlas y aplaudirlas, no todo es tan malo como algunos ignorantes-anti patria quieren hacernos creer.

40 mil dosis donadas a Ecuador y Paraguay, para palear un poco la plandemia en esos países con poco poder adquisitivo.

 

DÍA DE LA MUJER



Los noticiarios han mostrado las marchas que las mujeres están realizando en todas partes, y que exigen mejoras de toda índole, los aquelarres han sido pacíficos, sorry, las marchas… (¡ES BROMA!, ¡NO SE ENOJEN, HUMOR TROLLISH!).

Feliz día para todas.

 

LA FIFA PESA MENOS QUE UN PEO (Pedo, para los siúticos) EN UN CANASTO



Los 2 primeros partidos para las clasificatorias al mundial de Qatar fueron suspendidos por culpa de los clubes europeos que decidieron no prestar a los jugadoes sudamericanos por miedo a los contagios. Y la confederación sudamericana (CONMEBOL) no aceptó los términos que los weones de la FIFA querían imponer, o sea, los CSM querían que las selecciones sudacas fueran a jugar a Europa… ¡NOOOO! ¡QUE CORTEN SU WEVEO! ¡Y la Conmebol es un perrito chico que ladra poco y no tiene voz ni voto en nada, pero para ser coimeados son artistas para el top “wán”!

Yo me pregunto:

¿Qué onda la FIFA?

¿Es un perrito un poco más grande que los clubes europeos se la pasan por la raja?

¡Tienen menos voz que un weón casado! – si los clubes de Europa deciden algo la Fifa no dice ninguna weá, me imagino que debe ser porque reciben millones de euros de las confederaciones europeas, y tampoco hay que asombrarse que los weones corruptos que manejan esa cagá de Fifa se callan porque pueden perder sus sobre sueldos.

¡LA FIFA VALE CALLAMPA!

¡¿Y para que rechucha tenemos a unos viejos QLs que engordan el culo en la Conmebol?!

¡Esos weones no salvan a nadie! ¡Valen una cucharada sopera de shit!

¡Y lo peor de la weá es que esos partidos deben ser puestos en medio de un calendario apretado en el continente, mientras las selecciones europeas van a jugar en forma normal…!

¡NOOO! ¡QUE SE VAYAN A CHUCHA!

¿Saben qué…?

¡LA FIFA, LA CONMEBOL Y TODOS ESOS CLUBES RECHUCHAS DE SU MADRE DE EUROPA, TAMBIÉN PUEDEN PELARSE LA TROMPA BESÁNDOME EL PERSE Y EL KYRPÄ!

¡NOOO, QUE PAREN DE GOZAR!

¡ESTOY RE-ENCHUCHAO!




Fotos e imágenes editadas por mí y Olog-Krevalora.