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jueves, 10 de septiembre de 2026

Sala de Autopsias Sociales [Trump's New Map]




EL NUEVO MAPA DE TRUMP:

LA ESTUPIDEZ IMPERIALISTA HECHA CARTOGRAFÍA

Cabros, pasen y vean: El Emperador naranja ha vuelto a hacer de las suyas, y esta vez no fue con un discurso agüeonao, ni con un decreto sin patas ni cabeza, ni con una amenaza arancelaria ‘perkele’ de esas que hacen temblar a Wall Street y reír al resto del mundo. Nop. Esta vez, Donald Trump publicó un mapa en su red social... un mapa, como cuando los niños de primaria pintan con lápices de colores el planisferio y le agregan un continente inventado llamado «Dinosaurilandia»... solo que aquí el niño tiene 78 años, códigos nucleares y una cuenta de ‘Truth Social’ con millones de seguidores agüeonaos dispuestos a aplaudirle cualquier güeá y pelá de cable del «patito donald».

En el mapa en cuestión —esa obra de arte cartográfico digna del Louvre, si el Louvre aceptara memes— aparece Estados Unidos con varios territorios «anexados» al mejor estilo Monopoly imperial: Canadá pintadito con los colores de las barras y estrellas, Groenlandia —otra vez la pobre Groenlandia— absorbida como si fuera un cubito de hielo cayendo en un vaso de whisky, el Canal de Panamá con el cartelito de «Property of USA», y por supuesto, el Golfo de México ya rebautizado como Golfo de América, porque para qué respetar güeás de cinco siglos de nomenclatura si uno puede hacer un cambio de imagen de marca a lo Elon Musk, ¿Cachai o no?

 

BIENVENIDOS AL TRUMPERIO

Analicemos esta joya paso a paso, porque merece un examen forense estilo trollish:

—Canadá, el estado 51: El chiste ya lo hizo tantas veces que uno no sabe si es un güeveo recurrente, provocación diplomática o síntoma clínico. «Pelo de nube» (Trump) lleva meses refiriéndose a Justin Trudeau como «gobernador» —fíjense el detallito, ni siquiera primer ministro— y ahora directamente pinta el país entero de rojo, azul y blanco. Uno se imagina al canadiense promedio, tomando su café Tim Hortons, viendo el mapa y pensando: «Ah, o sea que ahora soy americano y no me avisaron. Genial. ¿Me toca pagar por la salud también, o eso llega con la próxima actualización?». Los canadienses, gente educada y paciente, aún no han declarado la guerra, pero denles tiempo... porque con «patito Donald» hasta el más zen se cansa, se enchucha y putea crudo.

 

—Groenlandia, la obsesión gélida: Trump con Groenlandia tiene una fijación que ya no es política, es psicológica, casi calentona... necesita esa isla como un adolescente necesita las zapatillas de moda o un buen condón, y no la quiere por los recursos, no la quiere por la posición estratégica —bueno, sí, también—, la quiere porque no se la dejan tener, y esa güeá, para un narcisista promedio, es combustible puro. Dinamarca ya le dijo que no. Los groenlandeses le dijeron que no. Su propio equipo le sugirió, entre susurros, que dejara el tema, en pocas palabras que se dejara de hinchar las pelotas, y, sin embargo, ahí está este pobre güeón, pintándola de rojo en un mapa como si fuera una calcomanía. Ilusión pura.

 

—Panamá, el retorno del imperio bananero: ¡Ah, esta es preciosa! Después de que Estados Unidos devolvió el canal en 1999 —tras un largo proceso diplomático y con acuerdos firmes—, ahora al señor Trump se le ocurre la brillante idea de que «hay que recuperarlo» porque, según él, «los chinos lo controlan». Traducción de la güeá: alguien le mostró un mapa, vio barcos, y dedujo que, si no son barcos gringos, entonces son chinos. La lógica geopolítica al nivel de un capítulo de ‘Don Ramón te enseña’.

José Raúl Mulino, el presidente panameño (que si lo cachamos bien es como el hermano de Don Francisco), tuvo que salir a explicarle al mundo que el canal es panameño, que siempre será panameño, y que «no, señor Trump, no se lo va a llevar en la maleta».

 

—El Golfo de América: Este ya es meme oficial de la güeá... cinco siglos llamándose Golfo de México esa güeá, cartografiado por españoles, reconocido por toda la comunidad internacional, y de repente un buen día Trump decide que suena mejor «Golfo de América», ¡Cachen la pelá de cables!, y lo peor del güeveo: Google Maps, en su versión estadounidense, le hizo caso, porque la güeá es obvia, cuando el emperador trastorner dice que el cielo es verde, las corporaciones tecnológicas sacan una actualización para pintarlo verde.

Bienvenidos al futuro, donde la realidad se edita con un click y un lobby ‘vittuperkele’ corporativo.


 

LO QUE FALTA EN EL MAPA (POR AHORA)

Güeón, uno mira el mapa y piensa: bueno, al menos se quedó ahí, pero conociendo al personaje, esto es apenas el borrador. La versión 2.0 seguramente incluirá:

—La Antártida, porque hay pingüinos y a los pingüinos hay que liberarlos del comunismo climático.

—La Luna, ya que técnicamente el chamullero y cagón de Neil Armstrong plantó una supuesta bandera ahí en 1969, y para Trump eso es equivalente a una escritura de propiedad notariada.

—Cuba, porque nunca está de más reciclar viejos sueños de la Guerra Fría.

—Venezuela, obviamente, con el pretexto del petróleo y la «democracia» —esa palabra que Trump pronuncia con la misma naturalidad con la que un vegano pronuncia «chuleta jugosa con grasa».

—La Patagonia argentina, porque es linda, tiene glaciares, y el sionista y cagao del casco de Milei probablemente le regale la mitad a cambio de un tuit elogioso.

—Marte, porque el satanista de Elon Musk ya lo tiene medio reservado y hay que apurarse.

 

EL APLAUSO DE LA TRIBUNA

Lo verdaderamente asombroso de esta güeá no es que Trump publique tanta mierda sin sentido, un vejete mayor con delirios de grandeza y acceso a internet puede publicar la güeá que quiera; el mundo está lleno de güeones borrachos que reordenan la geopolítica en Facebook cada domingo. Lo asombroso del güeveo es la reacción de sus seguidores, miles, millones de comentarios lúseres celebrando el mapa como si la güeá fuera un plan estratégico serio.

«¡Así se habla, Presidente!».

«¡Manifest Destiny 2.0!».

«¡Que tiemble el mundo!».

Uno lee esas güeás de comentarios y entiende, con horror po’ güeón, que, para una porción enorme del electorado gringo, esto no es sátira, no es provocación, no es un troleo: es literalmente la güeá que quieren. Quieren un imperio, quieren pintar el mapa, quieren volver a los tiempos en que Estados Unidos entraba a un país, plantaba una bandera y se llevaba las bananas, los monumentos, las riquezas y todas las güeás.

Y mientras tanto, los medios internacionales debaten con seriedad académica si el puto mapa es «una amenaza real» o «una estrategia de negociación». Analistas con corbata y pelo peinado explican en CNN que «hay que leer entre líneas». Entre líneas, cabros... como si el güeón fuera Nostradamus y no un vendedor de bienes raíces con complejo de César.

 

LA DIPLOMACIA DEL CRAYÓN

Imagínense la escena en el Departamento de Estado: Funcionarios de carrera, güeones que estudiaron Relaciones Internacionales en Harvard, que hablan cinco idiomas, que dedicaron sus vidas a entender los equilibrios geopolíticos más sutiles del planeta... y de repente el jefe —que hace tiempo viene peinando la muñeca— publica un mapa ‘vittuperkele’ con Canadá pintado de rojo, y les toca a ellos, al día siguiente, sentarse con embajadores extranjeros y explicar —con cara de póker, sin reírse, sin llorar— que «las declaraciones del Presidente deben interpretarse en su contexto». Uno se imagina al pobre diplomático estadounidense en Ottawa, tomando un whisky triple antes de la reunión, pensando:

—«¿Cómo chucha llegamos a esto? ¿En qué momento firmé para esta güeá?».

Y el embajador canadiense, del otro lado, aguantando la risa mientras piensa:

—«Este güeón va a pintar Toronto de rojo en el próximo mapa y va a decir que la Torre CN es propiedad federal americana».

 

CIERRE DE LA GÜEÁ:

EL MAPA COMO ESPEJO


Al final, el mapa de «cabeza con mierda» (Trump) no es un plan ‘perkele’ geopolítico, es un autorretrato, es el reflejo perfecto de una mente jugosa que confunde deseo con realidad, ambición rapiñera con derecho, capricho enfermizo con estrategia, y también es el reflejo de un país agüeonao que, en buena parte, sigue creyendo que el mundo es un tablero y que ellos son los únicos jugadores con derecho a mover fichas. Que corten el güeveo.

Pero cuidado con la güeá: los mapas, en la historia, han sido peligrosos, no porque cambien la puta realidad —no lo hacen—, sino porque revelan intenciones mariconas y siniestras... y las intenciones, cuando se repiten lo suficiente, se convierten en política... y la política, cuando la ejerce alguien sin frenos, medio ‘trastorner’ y con poder, se convierte en tragedia. 

Por ahora, riámonos de la güeá, riámonos del mapa, del Golfo de América, del gobernador Trudeau (izquierdista HDP), del canal recuperado en la imaginación, riámonos porque es la única güeá que nos queda mientras el Emperador Naranja sigue coloreando el mundo con lapicitos de colores desde su despacho oval, pero riámonos con un ojo abierto, porque los que hoy pintan mapas, mañana quieren firmar tratados, y pasado mañana, invadir países.

Para finalizar, cabros, si algún día ven que en ‘Google Maps’ que la Patagonia aparece como «South American Extension of Greater America»... no digan que no se los advertimos. Hay que ser güeones, pero nunca tanto.






 

Escrito por: Olog Krevalora.

Portada: V.D.M. Creada con AI.

Edición final: Olog Krevalora. 

domingo, 6 de septiembre de 2026

Humor Trollish... ¡Tiqui-tiqui-tiii!



¡Hullo kaikille! Llegó septiembre, el mes patrio... y llegó con algunos dolores de cabeza... seee, esos argentinos güeones —no la mayoría del pueblo— sino los políticos vittuperkeles... que siguen güeviando con el Estrecho de Magallanes, ¡que paren de gozar!... bueno, pero... no quiero hablar de esos ‘eatshiters’... hoy les traje memes y chistes para que se entretengan un rato. Comencemos.

 

EL YERNO

Un tipo llega a su casa y su hija adolescente le dice que tiene algo importante que contarle:

– Papá, estoy embarazada.

– ¡Puta la güeá, tenías que cagarla!

– Y no es todo papá, el padre es un americano negro.

– ¡Qué mierda he hecho yo para que me pase esta güeá!

 

De repente se oye en la calle el rugir del potente motor de un Ferrari, se asoman y ven a un negro salir del auto, toca en la puerta y entra en el domicilio: 

– Buenas, mi nombre es Patrick y soy el que ha dejado embarazada a su hija. Pero no se preocupe pues voy a hacerme cargo de la criatura.

Soy un importante empresario. Sólo por ser usted mi «suegro» le ingresaré un millón de euros en su cuenta corriente.

En cuanto al futuro bebé, si es niño se llamará Patrick como yo y lo haré heredero de mi cadena de hoteles, si es niña se llamará Alicia, como su madre, y heredará mi cadena de peluquerías y si por alguna razón, que no quiera Dios, no nace

 

Y el padre interrumpe al negro diciendo:

—¡Bueno, no hay drama! Te sigues revolcando con mi hija y se acabó la güeá. 😁

 

NIÑO EN EL BAR

Un hombre va a un bar, y dice con voz seria y emputecido:

– ¡Deme una cerveza, o sino!

 

Y el camarero asustado lo interrumpe:

– Ok, tranquilo, aquí la tiene.

 

Después llega un niño pequeño y le dice al camarero:

– ¿Me puede servir una coca cola?

– ¡No!, responde el camarero.

 

Al día siguiente llega otra vez el hombre del día anterior y le vuelve a decir:

– ¡Deme una cerveza, o sino!

 

Y el camarero le vuelve a decir asustado:

– Ok, relájese, aquí la tiene.

 

Después vuelve a llegar el mismo niño del día anterior, y no le da la coca cola, cuando la pide.

Al otro día, vuelve a llegar el hombre, y le repite lo mismo, el camarero asustado se la pone corriendo.

Después llega el niño, y le dice con una voz suave y un poco tembleque:

– ¡Deme una coca cola o sino!

 

El camarero lo interrumpe, y le dice:

– O si no, ¿Qué pendejito?

 

Y el niño asustado le dice:

– O sino una Pepsi. 😄

 

GALITA CURIOSA

Un día llega Galita, la prima de cinco años de Pepito, donde su papá y le pregunta:

– Papi, papi, ¿qué es pene?

 

El papá de Galita se pone nervioso, pero le explica con una enciclopedia y todo la anatomía y funciones del pene.

 

Al final le pregunta a su hijita:

– Galita, ¿Dónde escuchaste esa palabra?

 

La niña inocentemente le responde:

– En la iglesia, el padre nos dijo que teníamos que orar mucho para que el alma no pene. 😀

 






































Fuentes:

chistesbromasymas.com

wallpapers.com

MemeandoHumor.

HumorViral

Edición final: Vëthriön Asathørn. 

martes, 25 de agosto de 2026

Trollish News [El Plan Estrecho de Magallanes]




EL «PLAN ESTRECHO DE MAGALLANES»:

CÓMO ARGENTINA DESCUBRIÓ (DE NUEVO) UN TERRITORIO QUE NO ES SUYO Y QUIERE QUEDÁRSELO

Si una güeá que a los argentinos les sale bien –además de quejarse del clima, discutir política en un asado y creer que Maradona era un dios o que Messi sigue siendo el mejor del mundo– es reclamar soberanía sobre güeás que claramente no son de ellos. Esa güeá es una tradición nacional, casi un deporte olímpico no reconocido. Primero fueron las Malvinas (y se armó el lío que ya todos conocemos), después se dijo que la Antártida era «de ellos» porque sí, porque Argentina es grande y tiene frío, y ahora... el Estrecho de Magallanes. Nada de güeás chicas.

Sí, cabros, leyeron bien. El jefe del Estado Mayor General de la Fuerza Aérea Argentina, el brigadier Gustavo Javier Valverde (varón, argentino, con bigote y pelo cano, onda cabeza de ajo), soltó una perla en una entrevista que, si no fuera porque la dijo un tipo con galones, podría pasar por el borrador de un guion absurdo de Los Simpson. Valverde declaró, con toda la seriedad de un güeón que viste uniforme, que Argentina debe «profundizar su presencia» en el Estrecho de Magallanes. O sea, que Chile, que ha sido dueño de ese paso marítimo desde que el mundo es mundo (o al menos desde 1881), debería hacerse a un lado porque el brigadier ‘vittuperkele’ se levantó con ganas de expansión territorial ese día.

¡Linda la güeá!

 

EL ESTRECHO DE MAGALLANES: DE QUIÉN ES Y POR QUÉ A ARGENTINA LE IMPORTA UN PIMIENTO

Vamos por parte como dijo Jack el Destripador: para los no iniciados y que no cachan ni una güeá... el Estrecho de Magallanes es un paso natural entre el océano Atlántico y el Pacífico, ubicado en el extremo sur del continente. Es angosto, ventoso, frío y lleno de glaciares. Básicamente, el pasillo de un congelador gigante, tranquilamente podría ser el jacuzzi del yeti. Fue descubierto por el portugués Fernando de Magallanes (que navegaba para España, pero eso es otra historia) en 1520. Durante siglos, fue la única ruta para cruzar de un océano a otro sin dar la vuelta al Cabo de Hornos, que es como el infierno pero mojado.

Hoy, el Estrecho es, legal e indiscutiblemente, chileno y de esa güeá no hay duda alguna. Desde 1881, un tratado entre Argentina y Chile dejó clarísimo que el Estrecho de Magallanes pertenece a Chile. Pero, ¿qué es un tratado internacional cuando un general argentino se despierta con ganas de hacer historia y de pintar el mono? Exacto: un papel mojado.

La declaración de Valverde lamentablemente, no fue un chiste. (tengo ganas de escribir una buena chuchada en contra de ese vejete ‘aka-huora, pero este artículo es medianamente decente)

Dijo, cito textualmente: «Tenemos que profundizar nuestra presencia en el Estrecho de Magallanes porque es clave para la defensa y la proyección hacia la Antártida».

¿Profundizar presencia?

¿Acaso Argentina tiene casa de verano en Punta Arenas y no nos avisaron?

¿O se refiere a que enviarán una delegación de turistas a comprar llaveritos de pingüinos? Porque si es eso, ya lo hacen. Los argentinos vienen a Chile a comprar barato y a quejarse del pisco. Eso no es presencia estratégica, es turismo de consumo fronterizo.

Si Valverde quiere... yo puedo «profundizar presencia» con alguna de sus hijas, si tiene... y si son potables.

 

EL SÍNDROME DE LA «PATRIA GRANDE»:

CUANDO LA GEOGRAFÍA NO IMPORTA

Cabros, seamos sinceros, este es un patrón que se repite en la política exterior argentina, pareciera que cada cierto tiempo, algún funcionario lúser (generalmente un militar o un político con poca popularidad y mucho tiempo libre) decide que Argentina necesita «recuperar» alguna güeá que no es suya. Como ya dije, primero fueron las Islas Malvinas, un reclamo legítimo que se transformó en guerra y en un dolor de cabeza generacional. Después, la Antártida, que es de todos, pero Argentina dice que es «suya» porque tiene bases científicas y pingüinos con acento porteño. Y ahora, el Estrecho de Magallanes. Güeón, que paren de gozar.

Es como si Argentina tuviera una lista de territorios ajenos que revisa cada década y dice: «Bueno, ya nos peleamos por las Malvinas, ¿qué güeá toca ahora? ¿El Estrecho? ¡Dale, ese no lo hemos reclamado desde 1990!». Es la versión geopolítica de la dieta yo-yo.

Y lo más irónico de la güeá es que el brigadier Valverde da esta declaración en un contexto donde Argentina está en terapia intensiva económica, tienen una inflación que sube más rápido que un misil, pobreza que no para de crecer, y la Fuerza Aérea no tiene suficientes aviones para patrullar su propio espacio aéreo (los pocos que tiene son de la época de Alfonsín, son algo así como cacharros aéreos). Pero claaaro, lo importante es reclamar el Estrecho, no sea que Chile se crea que puede pasar por su propio territorio sin pedir permiso. ¡Qué descaro la güeá!

 

LA POSIBILIDAD DE UNA GUERRA DE PISCOS

VERSUS FERNET

Imaginemos por un momento que Argentina, en un arranque de fervor patriótico, decide «profundizar su presencia» en el Estrecho de Magallanes. ¿Qué güeá pasaría? Podrían enviar a la Armada Argentina... ¿La Armada Argentina? Esa que tiene un submarino que se hundió en el Atlántico y que jamás de los jamaces apareció, y un buque escuela que es más famoso por sus carretes que por sus maniobras militares. Sí, esa misma, sería como mandar a una banda de música a una batalla campal.

Nuestro Chile, por su parte, tiene una Armada que sí funciona, que compra equipos nuevos y que, para colmo, tiene experiencia en navegar el Estrecho porque... ¡es nuestro! Increíble. También tenemos Carabineros, que son policías militares que no se andan con güeás, si Argentina intentara «profundizar presencia» en el Estrecho, probablemente terminaríamos con un conflicto diplomático seguido de una avalancha de memes chilenos burlándose de la prepotencia argentina. Y tendríamos razón.

Además, ¿qué ganarían esos güeones? El Estrecho de Magallanes no es precisamente Miami Beach. Es un canal helado a cagar, ventoso, con corrientes traicioneras y donde la visibilidad es tan mala que ni los pingüinos saben hacia dónde mirar. Es el lugar perfecto para perderse, congelarse el culo y arrepentirse... pero claro, es «su derecho histórico» (según el brigadier).

 

LA FUERZA AÉREA ARGENTINA:

LOS DUEÑOS DEL CIELO (Y DEL DELIRIO)


Analicemos un poco al protagonista de esta comedia involuntaria y lúser. El brigadier Gustavo Javier Valverde es el jefe del Estado Mayor General de la Fuerza Aérea Argentina. ¿Qué hace la Fuerza Aérea Argentina hoy en día? Principalmente, custodiar el espacio aéreo con aviones que tienen más años que el himno nacional y que, en muchos casos, no pueden volar porque les faltan repuestos. Yo sé que no me van creer esta güeá, pero los aviones argentinos son iguales a los aviones de los picapiedras... si no hay repuestos, sacan el suelo y a pata pelá corriendo... y a volar.

Valverde, en lugar de estar preocupado por la falta de combustible para los aviones o por la antigüedad de los radares, decide que el gran problema nacional es que Chile tiene un estrecho que, según él, deberíamos compartir. Es como si el dueño de un carrito de supermercado decidiera reclamar la propiedad del pasillo de lácteos. «Este pasillo es mío porque mi carrito tiene ruedas y pasé primero».

Lo peor del güeveo es que este tipo de declaraciones no caen en un saco roto. En Argentina, cualquier güeá que suene a «reclamo territorial» es tomada como una gesta heroica por sectores ultranacionalistas que todavía usan vinilo de la guerra de Malvinas. Así que probablemente, en los próximos días, veremos a algún político K o a algún cerebro de mosquito de X (Twitter) pidiendo que «defendamos la soberanía del Estrecho con uñas y dientes». Son agüeonaos, no tienen problemas más urgentes, como el hambre, la inflación o la inseguridad, es mejor pelear con Chile por unos kilómetros de agua helada.

 

CHILE:

EL VECINO INCÓMODO QUE TIENE RAZÓN

Chile, por su parte, debe estar frotándose las manos... cada vez que Argentina hace una de estas declaraciones güeonas, los chilenos se unen más en torno a nuestra propia bandera y agradecemos no tener que lidiar con esa clase política argentina. Además, sabemos que el Estrecho de Magallanes es nuestro por derecho, por historia y por el sentido común. La Cancillería chilena ya redactó una nota diplomática elegantemente escrita que básicamente decía: «Señores argentinos, con todo respeto, métanse sus declaraciones donde no les da el sol».

Y mientras tanto, el brigadier Valverde —viejo vittuperkele— seguramente seguirá haciendo declaraciones, porque en Argentina los militares no tienen mucho más que hacer que declarar güeás imbéciles.

La última vez que la Fuerza Aérea argentina vio acción fue en la guerra de Malvinas, y cachamos cómo terminó eso. Tal vez por eso tienen tiempo libre para pensar en sueños de grandeza.

 

CONCLUSIÓN:

UN ESTRECHO DE ESTUPIDEZ

Al final del día, lo más triste de esta historia no es que un militar argentino haya dicho una estupidez (ya estamos acostumbrados). Lo triste es que, en un país con problemas reales y urgentes, todavía haya quien se tome el tiempo de reclamar lo ajeno, de soñar con fronteras que no les corresponden, de desviar la atención hacia conflictos artificiales.

Bueno, es Argentina, ahí hasta un asado es motivo de conflicto existencial. «¿Vos ponés la carne antes que el fuego? ¿Usás sal gruesa o fina? ¿El chimichurri ‘cheva’ orégano?». Por supuesto, iban a discutir por un estrecho.

Mientras tanto, el brigadier Valverde probablemente está planeando su próxima declaración: «Argentina debe recuperar la Isla de Pascua porque los moáis tienen cara de porteños». Y no me sorprendería. O «vamos a declarar la Luna como nuestra porque un gaucho la estuvo viendo durante horas».

 

Así que, querido lectores, cabros y chiquillas, la próxima vez que vean un mapa de Sudamérica, recuerden: para Argentina, las fronteras son solo una sugerencia... y el sentido común, un lujo que no todos tienen.

Esto es todo... a veces la realidad supera la ficción, y cuando un militar argentino suelta una perla así, uno no puede más que agarrar el teclado y dejar que fluya la bilis con estilo.

Fin del comunicado troll. Ahora, vayan a comprar pisco, que Chile lo hace mejor.

 

¡Un abrazo cabros, y a seguir riéndonos

de lo que no tiene sentido!




 

Escrito por: Olog Krevalora.

Portada de: Vëthriön Asathørn. Creada con AI.

Edición final: Olog Krevalora. 

lunes, 10 de agosto de 2026

Humor Trollish [El Juicio del Siglo]



En una fría mañana de Bariloche, donde el viento patagónico te congela hasta las güéas, Juan Carlos «El Tano» Gutiérrez despertó con un olor a fernet y cerveza de anoche que competía con el de su propio culo. Miró el reloj: las 11:30. Su turno empezaba a las 7:00. Estaba un poquito atrasado. Pero no importaba, porque El Tano tenía una filosofía de vida: «El laburo es sagrado, pero no hay que laburar».

La fábrica, «Metalúrgica El Cóndor dormido S.A.», era un antro de mala muerte donde se fabricaban caños de fierro viejo que probablemente se rompían solos por vergüenza. El Tano llevaba 8 años en esa güeá, y en esos 8 años había desarrollado un récord de faltas que haría sonrojar a un diputado, o senador o al mismísimo canitrot.

Llegaba tarde, se iba temprano, y cuando estaba, era un espectáculo digno de un circo romano.

 

Escena 1:

El Tano en su hábitat natural

El Tano entra a la planta a las 11:45, con una polera de «Don Ramón» que tenía más agujeros que un colador, y que además usaba como cenicero móvil, paño pa’ limpiarse la grasa de un asado o lugar pa’ guardar algún moco verde.

 

Jefe de planta, Carlos «El Gordo» Ramírez:

—«¡Tano, carajo! ¡Son las 11:45! ¿Dónde mierda estabas?»

 

El Tano, encendiendo un pucho adentro del galpón:

—«Y... tuve un problema familiar, jefe. La vieja se cayó de la moto».

 

El Gordo: «¿Tu vieja no murió hace 5 años, pelotudo?»

 

El Tano, exhalando humo: «Y... por eso mismo. Todavía estoy deprimido. Es un problema de familia, usted no entiende».

 

El Gordo: «¡Estás en bolas, Tano! ¡Andás sin polera, fumás adentro, y la semana pasada te encontré durmiendo adentro de una bobina de plástico!»

 

El Tano: «Eso fue meditación, jefe. Estaba conectando con el material».

 

La güeá era insostenible. El Tano se había convertido en una atracción turística local. Los vecinos iban a la fábrica a verlo fumar, dormir, y cagarse en las normas de seguridad. Pero lo peor de la güeá llegó cuando un día, en un ataque de «creatividad», El Tano decidió que el uniforme era opcional y que su torso desnudo, cubierto de pelos y tatuajes de anclas mal hechos, era un «derecho humano».

 

Escena 2:

La gota que rebalsó el vaso

Un martes cualquiera, El Tano llegó a las 9:30 (récord personal de puntualidad) y se encontró con una sorpresa: le habían cambiado el candado de la puerta principal. El guardia de seguridad, un jubilado con cara de estar en otro planeta, le dijo:

 

Guardia: «Usted ya no trabaja acá, señor».

 

El Tano: «¿Cómo que no? Yo soy El Tano, el que hace los caños que se rompen. ¡Dejáme pasar, viejo!»

 

Guardia: «Me dijeron que usted está despedido. Que mandaron un telegrama».

 

El Tano: «¿Un telegrama? ¿A dónde? ¡Yo no recibí un carajo! ¡Y no me saque la polera que no tengo!»

 

Efectivamente, El Tano estaba en cueros de la cintura para arriba, con un frío patagónico que le ponía los pezones como puntas de lápiz. Pero esa güeá no era lo peor, lo peor llegó cuando, después de insistir 40 minutos, el guardia le mostró el «telegrama» una foto de una hoja de papel que alguien le había mandado por WhatsApp.

 

El Tano, leyendo la foto: «¿Esto es una joda? ¿Me despiden por una foto de mierda? ¡Esto es ilegal, esto es... esto es...!» (Y aquí se le ocurrió una idea brillante) «...¡Esto es guita!»

 

Escena 3:

El abogado y el milagro legal

El Tano, que no tenía dos mangos pero sí una astucia de rata de ciudad, fue a ver a un abogado laboralista llamado Dr. Horacio «El Tiburón» Benítez, un tipo que olía a colonia barata y tenía un Mercedes con el paragolpes abollado de tanto chocar contra la ley.

 

El Tano: «Doctor, me echaron por Wasá. Una foto. ¿Eso es legal?»

 

El Tiburón, frotándose las manos: «¿Por WhatsApp? ¿Una foto? ¿Sin notificación formal, sin testigos, sin carta documento? ¡Hijo de puta, acabas de ganarte la lotería!»

 

El Tano: «¿Pero yo no era un vago de mierda que faltaba siempre?»

 

El Tiburón: «¡Y qué importa, para frita! ¡La ley es la ley! Ellos no hicieron el procedimiento. ¡Esto es como matar a alguien y no limpiar la sangre! ¡Técnicamente es un crimen, pero el juicio se gana por el procedimiento, no por la verdad!»

 

El Tano: «¿O sea que me van a pagar por ser un vago?»

 

El Tiburón: «No, pelotudo, te van a pagar porque ellos fueron unos ineptos. Vos sos el vago, pero ellos son los boludos. ¡Esa es la diferencia!»

 

Escena 4:

El juicio

El juicio fue un circo. El Tano se presentó con una camisa prestada (le quedaba chica la güeá y se le marcaban los pelos) y un perfume que parecía insecticida. Los abogados de la empresa intentaron argumentar que El Tano era un desastre andante, que fumaba como una chimenea, que dormía en las bobinas, que andaba sin polera y que una vez se había meado en el vestuario «porque el baño estaba lejos».

El juez, un tipo viejo y cansado de la puta vida, escuchó todo con cara de «yo ya me quiero jubilar de esta güeá». Finalmente, dictó sentencia:

 

Juez: "Es innegable que el trabajador presentaba... digamos... 'particularidades' en su conducta. Sin embargo, el empleador no siguió el procedimiento legal establecido para el despido. El envío de una fotografía por WhatsApp no constituye una notificación formal válida. Por lo tanto, el despido es improcedente. Se ordena a la empresa pagar una indemnización de 33.387.789.01 millones de pesos."

 

El Tano, gritando en la sala: «¡SEÑOR JUEZ, ES UN GENIO! ¡UN POETA DEL DERECHO! ¡LO AMO!»

 

El Tiburón, tapándole la trompa: «Calláte, boludo, que te puede "rebajar" la condena».

 

Escena 5:

El final feliz (o no)

El Tano cobró su indemnización y, en lugar de invertirla en alguna güeá útil, se compró una moto 0km, una caja de cerveza y un equipo de música para el barrio. A la semana, lo paró la policía por andar en pelotas arriba de la moto (otra vez sin polera, obviamente) y le sacaron el registro.

Hoy, El agüeonao del Tano vive en el mismo barrio punga, cuenta la historia de cómo «le ganó al sistema» y sigue sin trabajar, o sea, se sigue rascando las güéas olímpicamente. Pero cada vez que alguien le pregunta por qué no busca pega, él responde con una sonrisa de oreja a oreja:

 

El Tano: «¿Para qué? Si el sistema es tan pelotudo que me paga por ser un vago. ¡Viva la Patria, carajo!»

 

Y en algún lugar de Bariloche, el Dr. «El Tiburón» Benítez se frota las manos, porque ya tiene un nuevo cliente el guardia de seguridad que lo echó, a quien también despidieron por «mandar la foto por WhatsApp sin autorización».

 

Moraleja de la güeá: En Argentina, no importa si eres un vago de mierda, lo que importa es que el otro sea un agüeonao más grande. Y en eso, los argentinos son campeones del mundo.




 

Fuente:

Un cuento basado en hechos reales. Revisa la noticia en: https://www.lacuarta.com/mundo/noticia/fumaba-en-el-trabajo-hacia-labores-sin-polera-y-no-seguia-ordenes-fue-despedido-demando-y-gano-indemnizacion/

Un cuento creado por: Olog Krevalora.

Una idea del equipo de Trollish News.

Edición final: Olog Krevalora.