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sábado, 1 de agosto de 2026

Crónicas del Fracaso Útil [Gabinete Peruano digno de un Récord Mundial]



PERÚ ES EL PAÍS DONDE EL CURRICULUM VITAE INCLUYE ANTECEDENTES PENALES

 

Keiko Fujimori logró lo impensable: hacer que 15 de 19 ministros parezcan un elenco de serie policial.

 

1

Hay países que aprenden de sus errores. Hay países que se estancan en ellos. Y luego está Perú, esa nación andina que parece haber tomado la mala decisión de convertir la corrupción política en deporte nacional, en identidad cultural, en patrimonio de la humanidad con denominación de origen. Que se olviden del pisco.

La última genialidad de esta tragicomedia sudamericana llegó de la mano de Keiko Fujimori, quien recién asumió la presidencia y decidió que lo mejor para salir de una década de crisis institucional era nombrar un gabinete donde 15 de 19 ministros tienen investigaciones y antecedentes por diversos delitos.

Sí, leyeron bien. Quince… de diecinueve. Eso no es un gabinete, es una sala de audiencias del Poder Judicial con sillones más cómodos.

 

2

El Dream Team del Prontuario

El nuevo gobierno de Keiko —hija del recordado Alberto Fujimori, el presidente que terminó en la cárcel por crímenes de lesa humanidad y corrupción, porque en esta familia la tradición es sagrada— ha logrado algo histórico: reunir en un solo equipo a especialistas en casi todas las ramas del derecho penal.

El campeón indiscutible es Vladimiro Huaroc, flamante ministro de Ambiente, quien presume de 51 investigaciones declaradas. Cincuenta y una. Eso no es un currículum, es una temporada completa de la Ley y el Orden. A este paso, el ministerio debería instalar una sucursal de la Fiscalía en el mismo edificio para agilizar trámites… digo yo.

Pero Huaroc no está solo en esta olimpiada de la impunidad. El ministro de Desarrollo Agrario, Marco Vineli, y el de Producción, Juan Requejo, vienen empatados con una decena de causas cada uno. El de Educación, José Chang, suma ocho investigaciones. Ocho. Porque en Perú, aparentemente, la educación incluye lecciones prácticas de cómo sortear la justicia. 

La lista de honor continúa con el canciller Carlos Espá (cohecho), el ministro del Interior César Astudillo (peculado), el de Salud Luis Dyer (falsificación documental), el de Transportes Rafael Rey (delitos contra la fe pública), y el de Trabajo Juan Sheput (tráfico de influencias y colusión agravada). El de Vivienda, Mauricio Arnillas González, ya fue sentenciado por lesiones culposas y suma antecedentes por falsedad ideológica y estafa.

Incluso el propio premier Luis Galarreta aparece en la lista de investigados, porque liderar un gabinete de presuntos delincuentes sin tener tu propio expediente abierto sería casi ofensivo para la coherencia temática.

 

3

El Burro en el Rincón de la Historia

En las antiguas escuelas, a los niños que no aprendían —los «cuescos», como se les decía cariñosamente— los mandaban a un rincón con orejas de burro. Era una forma de vergüenza pública, de señalar que repetir los mismos errores tenía consecuencias.

Perú, como nación, lleva décadas en ese rincón, y no solo con orejas de burro: con cola, herraduras y el completo atuendo equino. Porque si hay algo que caracteriza a la política peruana es su asombrosa capacidad de repetir exactamente los mismos errores una y otra vez, con la esperanza de que quizás, quién sabe, por arte de magia, esta vez sí funcione. 

¿Cuántos presidentes ha tenido Perú en los últimos cinco años? La pregunta es trampa, porque depende del día que lea esto. Desde 2018 han pasado por el cargo —algunos unos días, otros unas horas— figuras como Pedro Pablo Kuczynski (acusado de corrupción), Martín Vizcarra (acusado de corrupción), Manuel Merino (renunció tras protestas con muertos), Francisco Sagasti (interino, casi un milagro), Pedro Castillo (preso por intento de autogolpe), Dina Boluarte (cuestionada por muertes en protestas), y ahora Keiko Fujimori.

Es una rotación de personal digna de un restaurante de comida rápida, no de una república.

 

4

La Mecánica del Absurdo

¿Cómo se entiende esta lógica peruana? En cualquier otro país del mundo —bueno, quizás no en cualquiera, pero al menos en los que aspiran a ser funcionales— un antecedente penal es un impedimento para ocupar cargos públicos. En Perú, parece ser un requisito excluyente.

 

«¿Usted quiere ser ministro? Excelente. ¿Tiene investigaciones por lavado de dinero, cohecho, abuso de poder o asociación para delinquir? Perfecto. ¿Solo tiene una? Lo siento, el puesto requiere al menos tres. Vuelva cuando tenga más experiencia».

 

Es como si el sistema político peruano operara bajo la premisa de que nadie puede entender mejor la delincuencia que quienes la han practicado. Un ministerio de Defensa dirigido por alguien que atentó contra el patrimonio. Un ministerio de Justicia liderado por sujetos con acusaciones constitucionales en curso. Un ministerio de Ambiente a cargo de quien tiene 51 investigaciones —probablemente medioambientales, porque la ironía también tiene sentido del humor.

 

5

El Show para los Alienígenas

Imaginemos por un momento que un alienígena llega a la Tierra. Aterriza en Lima, toma un taxi —sobreviviendo milagrosamente al tráfico— y pregunta: «¿Cómo funciona la democracia en este planeta?»

Le explican que, en Perú, el pueblo elige a sus representantes mediante votación popular. Hasta ahí, todo normal… pero luego le cuentan que esos representantes suelen terminar en prisión, que la presidenta actual es hija de un dictador condenado, que su gabinete está compuesto en un 79% por personas investigadas por delitos que van desde el cohecho hasta la usurpación de funciones, y que el ciudadano promedio sigue votando por los mismos apellidos, los mismos partidos, las mismas familias, esperando resultados diferentes.

El alienígena quedaría marcando ocupado, consultaría con su nave nodriza y probablemente preguntaría:

 

«¿Así hacen las cosas en toda la Tierra, o es solo en el Perú?»

 

Y habría que responderle la verdad: en Perú es especial. Es el laboratorio donde la democracia va a morir lentamente, asfixiada por la indiferencia, la desinformación y esa peculiar costumbre de confundir el voto con un acto de fe ciega en quienes menos se la merecen.

 

6

La Lección que Nunca Llega

El artículo de La Tercera que dio origen a esta reflexión termina con la cifra: 15 ministros con problemas judiciales. Podría haber sido peor, claro. Podrían haber sido los 19. Pero ese cuatro de diferencia es apenas consuelo, un resquicio de esperanza tan pequeño que requiere microscopio para detectarlo.

Lo grave no es que Keiko Fujimori haya nombrado a estos personajes, lo grave es que pudo hacerlo, que existan, que hayan llegado ahí, que el sistema político peruano siga produciendo, seleccionando y promoviendo a individuos con prontuarios más extensos que sus propuestas de gobierno.

Perú es ese burro del rincón… el que no aprende, el que sigue cometiendo los mismos errores, eligiendo los mismos rostros, tolerando los mismos abusos. Y mientras tanto, sus ciudadanos —los verdaderos, los que no tienen 51 investigaciones— siguen esperando que algo cambie, que alguien les explique por qué sus gobernantes parecen más interesados en eludir la justicia que en servir al país.

Quizás la respuesta esté en aceptar la evidencia: en Perú, para ser político, primero hay que ser sospechoso… es la única explicación lógica para un gabinete donde 15 de 19 ministros vienen con su propio expediente judicial incluido.

 

Bienvenidos otra vez al circo sudaca. Los espectáculos son permanentes, la entrada es obligatoria, y el payaso principal —payasa en este caso— acaba de asumir la presidencia del vapuleado Perú… otra vez.




 

Artículo de: Dream Team del blog.

Fuente informativa: La Tercera.

Portada diseñada por: Vëthriön Asathørn. Creada con AI.

Edición final: V.D.M. 

viernes, 17 de julio de 2026

Trollish News [Semifinal entre Francia (0) y España (2) / Mundial 2026]



Cabros, había una vez un partido de fútbol... Bueno, en realidad había un equipo que creía que estaba en un partido de fútbol, y otro equipo que sí sabía que estaba en una semifinal de un Mundial, Pero Francia, la campeona del mundo, la todopoderosa, la que tiene más talento que un circo con tres pistas, decidió que el fútbol es un deporte de observación... que correr es para los pobres, que sudar es para los güeones que no tienen patrocinadores, que el honor deportivo es un concepto más viejo que la chucha, como usar mapa de papel o pagar en efectivo.

Si yo no cachara nada de fútbol —y créanme, a veces desearía no cachar ni una güeá para no sufrir— y me sentara a ver esa semifinal entre Francia y España, habría llegado a una conclusión lógica: España estaba jugando contra Somalia, o contra Wakanda, o contra cualquier país africano que recién está aprendiendo qué güeá es un arco y que sus jugadores corren porque no tienen otra güeá que hacer. Porque España movía la pelota como si estuviera en una práctica, con la tranquilidad del que sabe que el rival no le va a hacer ni cosquillas. Y Francia caminaba. Literalmente, caminaba. Como si estuvieran en un desfile de moda, como si recién se estuvieran levantando un domingo en la tarde con caña... no en una semifinal mundialista.

Sí, hay que hociconear las güeás como son.

¿Dónde rechucha quedó la garra francesa?

¿Dónde mierda quedó el orgullo?

¿Dónde quedó esa chispa perkele que hace que un jugador se rompa el alma por una camiseta? No, no. Los jugadores franceses estaban más preocupados por no arrugarse los pantalones cortos que por ganar el partido. Mbappé, el niño prodigio, el que iba a ser el nuevo rey del fútbol, parecía un fantasma. Michael Olise, el guerrero, parecía un oficinista un lunes por la mañana, Ousmane Dembélé estaba más lento que una patada en la Luna... y el resto, bueno, el resto de güeonaje estaba ahí porque alguien tenía que llenar los 11 puestos en la cancha.

Pero no nos engañemos con la güeá, esto no es culpa de los jugadores, es culpa de la historia, de la migración, de la globalización, de todo esa mierda que los políticos llaman «diversidad» y que en el fútbol se traduce como «jugadores que no sienten la camiseta porque la camiseta no es suya».

 

EL GRAN DEBATE:

¿POR QUÉ LOS AFRICANOS NO JUEGAN POR ÁFRICA?

Ahora viene lo bueno de esta güeá. Lo que nadie quiere decir porque suena fea la güeá, porque es incómoda la güeá, porque huele a política incorrecta. Pero acá en Trollish News no nos callamos ni con un soborno de la FIFA.

La mayoría de los países europeos tienen en sus filas futboleras a africanos o descendientes de africanos... y no es que sean malos jugadores los güeones, al contrario: algunos son cracks pero hay un detalle: se ponen una camiseta que no sienten como propia. Juegan por Francia, por Inglaterra, por Bélgica, por Países Bajos, por Alemania, por el que pague mejor, y no es que los culpe, el fútbol es un negocio, y si te ofrecen fama, dinero, y la chance de ganar un Mundial, ¿Quién dice que no?

Pero la pregunta güeona del millón es:

¿Por qué no defienden a los países de sus padres o de sus abuelos?

¿Les da vergüenza?

¿Saben que con equipos menores no ganarían ni una güeá?

¿O es que prefieren ser el «negrito» que alegra la fiesta europea antes que el héroe de una nación que los necesita?

Ahí está la médula del hueso, porque si eres Mbappé, hijo de camerunés y argelina, podrías estar jugando por Camerún o por Argelia, pero no, prefieres Francia.

¿Por qué? Porque Francia te da plata, te da exposición, te da una vidriera mundial... y porque, seamos honestos, Camerún no va a ganar un Mundial en los próximos 50 años, Argelia tampoco. Y si eres un futbolista de élite, no quieres pasar tu carrera en la oscuridad de las eliminatorias africanas, perdiendo en cuartos de final contra Senegal o Marruecos.

Y entonces, ¿Qué güeá pasa? Que los países africanos se quedan sin sus mejores jugadores, y los países europeos se llenan de talento que no siente la camiseta. Y cuando llega una semifinal del Mundial, esos jugadores caminan la cancha porque, en el fondo, no les importa. No es su lucha. No es su historia. Es solo un trabajo.

 

LA CULPA ES DE LA INMIGRACIÓN (Y DE LOS QUE LA PERMITIERON)

Y ahora viene lo que muchos llamarán «discurso de odio» pero que acá llamamos «realidad». La culpa es de la inmigración y de todos aquellos vittuperkeles que han permitido que países otrora grandes hoy no sean más que sombras de lo que fueron.

Francia, la Francia de Zidane, de Platini, de Thuram, de Henry, de los galos que sudaban la camiseta azul como si les fuera la vida en ello, hoy es un equipo de mercenarios, de jugadores que nacieron en Francia pero que tienen el corazón en África. O que nacieron en África pero que se criaron en Francia. O que no saben bien dónde chucha están, pero cobran en caleta de euros.

Y no es que sean malos jugadores, al contrario, son talentosos, pero el talento sin orgullo es como un auto sin bencina: se ve bonito, pero no va a ningún lado. Y entonces, cuando llega una semifinal del Mundial, y Francia se enfrenta a España, y España juega como si estuviera en un entrenamiento, y Francia camina como si estuviera en un retiro espiritual, uno se pregunta:

¿Dónde mierda quedó el honor?

¿Dónde quedó la garra?

¿Dónde quedó esa güeá que llaman «amor propio»?

La respuesta es simple: se lo llevó la inmigración, o más bien, la falta de integración... porque cuando un jugador no siente la camiseta, no corre. Y cuando no corre, pierde. Y cuando pierde, el país entero se decepciona. Pero la decepción no es de ellos, es nuestra, por creer que todavía existe el fútbol romántico, el fútbol de la patria, el fútbol de los que mueren por la camiseta. Pura mierda romántica.

Vean esto:


 

EL FUTURO:

¿EQUIPOS MULTINACIONALES O SELECCIONES NACIONALES?

Y ahora, la pregunta final:

¿Hacia dónde va el fútbol? Porque si Francia, con todo su talento africano- europeo, no puede ganar una semifinal contra España, ¿Qué esperanza tienen los países «puros»?

¿Qué esperanza tiene Uruguay, con sus 3 millones de habitantes?

¿Qué esperanza tiene Chile, con su fútbol mediocre?

¿Qué sueño tiene Bolivia, con su fútbol de quinta categoría?

¿Qué esperanza tiene Argentina, que depende de que Messi no se jubile?

Cabros, el fútbol se está convirtiendo en un deporte de empresas multinacionales disfrazadas de selecciones nacionales. Y los hinchas, los pobres hinchas que pagan la entrada como santos güeones, que compran la camiseta, que gritan hasta quedarse sin voz, son los únicos que todavía creen en la patria.

Pero los jugadores no. Los jugadores creen en el dinero. Y no los culpo. El fútbol es un negocio. Pero entonces, dejemos de llamarlo «deporte», llamémoslo «espectáculo»... y dejemos de esperar que los jugadores perkeles sientan la camiseta... porque no la sienten, nunca la sintieron. Y probablemente nunca la sentirán.

 

EPÍLOGO:

LA DECEPCIÓN ES NUESTRA, NO DE ELLOS

Al final del día, cabros, la decepción es nuestra... porque nosotros, los hinchas, los que vemos fútbol con el corazón en la mano, esperamos que los jugadores sientan lo mismo que nosotros. Pero no es así. Ellos están ahí por la plata, por la fama, por el reconocimiento. Y nosotros estamos ahí porque amamos el fútbol.

Y mientras ellos arrastran las bolas en la cancha en una semifinal del Mundial, nosotros nos preguntamos:

¿Valió la pena esta güeá?

¿Valió la pena haber invertido tiempo, emociones, esperanzas en un equipo que no siente la camiseta?

La respuesta es no. Pero seguimos viendo, seguimos esperando, seguimos creyendo que algún día, un equipo va a correr por nosotros, por nuestra bandera, por nuestra historia.

Y mientras tanto, Francia pierde, España gana, y el fútbol sigue siendo el mismo circo de siempre.



 

 

TROLLISH NEWS — SECCIÓN: «CARTAS AL DIRECTOR»

«NOS VENDIERON HUMO, CON HUMO DE TABACO AFRICANO»

 

Director y columnista: Olog Krevalora

Estimados lectores:

Recibimos una avalancha de cartas de hinchas franceses que aún no se recuperan de la siesta que se mandó su selección en la semifinal contra España. Y como acá no censuramos ni las chuchadas ni las malas ideas, les compartimos las mejores (o peores, según cómo se mire el güeveo).

 

Atentamente,

Olog Krevalora

Director de Trollish News

 

CARTA N°1:

«MBAPPÉ, LA PRÓXIMA VEZ ANDA A LA CANCHA EN PANTUFLAS»

Remitente: Jean-Pierre D., Marsella

Señor Olog Krevalora:

Le escribo con el corazón hecho puré y la bilis al máximo. El martes 14 vi a Francia jugar como si hubieran firmado un pacto de no agresión con España. Vi a Ousmane Dembélé caminar más que un turista en el Louvre. Vi a Olise perdido como un niño en un supermercado. Vi a Mbappé con la mirada perdida como si estuviera con dolor de estómago, y vi al resto de la selección haciendo lo que mejor saben hacer: nada.

Pero déjeme decirle algo, y que me perdone la corrección política: si usted junta a 11 jugadores que tienen el corazón en África, pero la cuenta bancaria en Francia, el resultado es este. Caminan porque no sienten la camiseta. La sienten como un uniforme de trabajo, no como una bandera.

Y no es que sean malos jugadores, ojo. Son cracks. Pero los cracks sin orgullo son como los croissants sin mantequilla: se ven bien, pero no saben a nada.

Así que, señor Olog, le pido que le publique esta carta para que el mundo sepa que no todos los franceses estamos contentos con tener una selección que parece la ONU, pero juega como la Liga de los Desempleados.

 

Atentamente,

Jean-Pierre D., hincha arrepentido

 

CARTA N°2:

«SI VAN A CAMINAR, QUE AL MENOS PAGUEN LA ENTRADA»

Remitente: Marie-Claire L., Lyon

Querido Olog Krevalora:

El martes, mientras veía el partido, mi marido me dijo: «Cariño, parece que Francia está jugando un partido de exhibición». Y yo le respondí: «No, amor, parece que están jugando un partido de jubilados».

Y es que no puede ser. No puede ser que un equipo con el talento de Francia se parezca más a un desfile de modelos que a un equipo de fútbol. Mbappé, que debería ser el heredero de Pelé y Maradona, parecía el heredero de un sillón reclinable.

Pero lo peor no es que hayan perdido. Lo peor es que ni siquiera intentaron ganar. Y eso, señor Krevalora, es imperdonable.

Y ya sé que algunos dirán que soy racista por señalar que la mayoría de los jugadores son de origen africano. Pero no es racismo, es la realidad. Si usted le paga a un jugador para que juegue por Francia, pero él se siente más identificado con su país de origen, ¿qué espera? ¿Que corra como un poseso? No, va a caminar como un funcionario público.

Así que, señor Olog, le propongo a mi selección que, para el próximo partido, juegue con pantuflas y bata de baño. Total, el resultado va a ser el mismo.

 

Atentamente,

Marie-Claire L., hincha decepcionada

 

CARTA N°3:

«FRANCIA NO MERECE UNA SELECCIÓN, MERECE UN CENTRO COMERCIAL»

Remitente: Pierre B., París

Estimado Olog Krevalora:

El día 14 de julio entendí por qué el fútbol francés está como está: porque tenemos una selección que parece un catálogo de la diversidad, pero juega como un catálogo de muebles. Están ahí, quietos, decorativos, pero no sirven para nada.

Y no es que esté en contra de la inmigración, ojo. Al contrario, creo que la inmigración ha enriquecido a Francia. Pero también ha creado una generación de jugadores que no sienten la camiseta. Y eso, en una semifinal del Mundial, se paga caro.

Porque cuando usted ve a España jugar, ve a 11 jugadores que saben lo que quieren. Y cuando ve a Francia jugar, ve a 11 jugadores que no saben ni dónde están parados.

Así que, señor Krevalora, le pido que le publique esta carta para que la FIFA, la FFF, y todos los que mandan en el fútbol francés sepan que estamos hasta la coronilla de tener una selección que parece un centro comercial: llena de tiendas caras, pero vacía de alma.

 

Atentamente,

Pierre B., hincha indignado

 

CARTA N°4:

«EL ÚNICO QUE CORRIÓ ANOCHE FUE EL ÁRBITRO»

Remitente: Antoine L., Niza

Señor Olog Krevalora:

El martes 14 vi el partido con unos amigos. Al final, hicimos una apuesta: ¿quién había corrido más en la cancha? ¿Mbappé o el recogepelotas? Ganó el recogepelotas.

Y es que no puede ser. No puede ser que un equipo profesional, en una semifinal del Mundial, tenga menos energía que un perro viejo en verano. Y no es que sean malos jugadores, es que no les importa. Y ya sé que algunos dirán que es injusto generalizar, que hay jugadores que sí sienten la camiseta. Pero esa noche, no vi a ninguno, vi a 11 jugadores que parecían estar de vacaciones.

Así que, señor Olog, le pido que le publique esta carta para que el mundo sepa que los hinchas franceses no somos tontos. Sabemos cuándo nos están tomando el pelo. Y esa noche, nos tomaron el pelo, nos hicieron un nudo, y nos dejaron colgados.

Gracias por sus asertivos comentarios y críticas descarnadas.

 

Atentamente,

Antoine L., hincha furioso

 

RESPUESTA DEL DIRECTOR: OLOG KREVALORA

Estimados lectores:

He leído sus cartas con atención, y debo decir que comparto su emputecimiento. Pero también debo decir que me río de su ingenuidad.

¿De verdad esperaban que un equipo de mercenarios, que juega por plata y no por orgullo, corriera como si les fuera la vida?

El fútbol moderno es así: los jugadores van donde hay plata, no donde hay patria. Y si ustedes creen que eso va a cambiar, están más perdidos que un esquimal en el desierto de Atacama.

Así que, queridos hinchas franceses, les recomiendo que se compren un paquete de pañuelos desechables y se preparen para más decepciones. Porque mientras el fútbol sea un negocio, los jugadores van a caminar la cancha. Y ustedes van a seguir pagando la entrada.

 

Atentamente, Olog Krevalora

Director de Trollish News



 

Artículo escrito por: Olog Krevalora.

Portada: Olog Krevalora.

Edición final: Olog Krevalora.

  

miércoles, 3 de junio de 2026

Comentario Trollish Sin Censura: «Registro Nacional de Vándalos e incivilidades»







OVEROLES BLANCOS

Basta de paños tibios. Basta de buscarle cinco patas al gato cuando el país se quema, literalmente. Llevamos años viendo el mismo espectáculo patético: una protesta «estudiantil» que empieza con consignas de mierda y termina con una escuela incendiada, un carabinero con el cráneo roto y una ciudadana de a pie que no puede llegar a su casa porque un grupo de energúmenos descerebrados —hijos de la gran puta— con overoles blancos decidió que su «lucha» justifica el terrorismo callejero.

Y lo peor de toda la güeá es la hipocresía de mierda. La izquierda más rancia (parásitos QLs), los «defensores de los derechos humanos» de salón (rechuchas grande de su madre) y los profesores comunistas (maricones de mierda) que se llenan la boca con la «justicia social» son los primeros en salir a lavarse las manos cuando las cámaras muestran la destrucción. «Es la desesperación», dicen los caras de raja. «Es la falta de diálogo», lloran como niñas. ¡No, güeón!, es delincuencia, es vandalismo y es una falta de respeto absoluta a una sociedad que se parte el lomo trabajando como burros mientras estos pendejos conchas de su madre queman todo a su paso.

¡Que paren de gozar! 

Detrás de cada capucha, de cada molotov y de cada destrozo en un liceo de Santiago, Valparaíso o Concepción, hay una estructura. No es casualidad, el comunismo, esa ideología caduca y satanista que sigue mamando del tesoro público, está metido hasta los huesos en estas cagás de movilizaciones. Son ellos los que organizan, los que financian, los que adoctrinan y los que, cuando la cagada ya está hecha, se borran como si nada. Son los mismos que lloran por «presos políticos» cuando detienen a un tipo que fue pillado con las manos en el fuego y un cóctel molotov en la mochila. No entienden que esas hienas no son presos políticos, son delincuentes. Y punto.

Y hablemos de los famosos «overoles blancos»...

Güeón, ¿Qué clase de enfermo mental se pone un uniforme de trabajo limpio para ir a destruir el trabajo de otros? Estos hijos de perra no son estudiantes, son mercenarios del caos. Muchos ni siquiera estudian, son militantes de grupúsculos anarquistas, trotskistas o simplemente psicópatas QLs con tiempo libre y ganas de romper cosas porque saben que no les va a pasar nada. Saben que el sistema judicial chileno es una papa. Saben que, si los agarran, un juez progre les dará arresto domiciliario total o los soltará con una amonestación. Saben que sus putos viejos, muchas veces cómplices de esta mierda, los van a defender con uñas y dientes, echándole la culpa al «sistema», al «neoliberalismo», «a la derecha» o al «Imperio».

 

II

REGISTRO NACIONAL DE VÁNDALOS E INCIVILIDADES

Por esa güeá, la idea de un Registro Nacional de Vándalos no solo es necesaria po’ güeones, es urgente. Y no me vengan con el cuento QL de que es «fascista» «de extrema derecha» o «represivo».

Fascista es permitir que un grupo de imbéciles chuchas de su madre decida cuándo y cómo se destruye la propiedad pública y privada.

Fascista es que un profesor tenga que revisar si viene armado un alumno porque el Estado, la puta justicia, o los políticos no son capaces de poner orden al güeveo.

La medida QL es simple: si te detienen destruyendo, pierdes todo beneficio estatal.

¿Beca? Se te va, pico.

¿Asignación familiar? Chao, pico.

¿Ayuda del gobierno? Olvídate, pico.

¿Y los padres? También deben responder. Si un cabro QL de 16 años está quemando un colegio, los papás tienen que pagar los daños con su patrimonio. Así de simple la güeaíta. Así de duro debe ser este güeveo.


III

CONTROL EN LOS COLEGIOS 

¿Y la revisión de mochilas en los colegios? ¡Por supuesto que hay que hacerla! ¿Acaso esperamos a que otro desgraciado cagao del casco mate a una inspectora como pasó en el norte para recién tomar medidas? ¡No, po’ güeón! La seguridad de los estudiantes y los trabajadores de la educación está primero. Si un pendejo manfinflero lleva un cuchillo o una pistola al colegio, no es un «joven conflictuado», es un peligro público el imbécil de mierda. Y los padres que permiten eso son cómplices de la güeá. Punto y se acabó.

Los que se rasgan las vestiduras con estas medidas son los mismos güeones que justifican la violencia, los mismos chuchas de su madre que salen en la tele con cara de indignación selectiva, los mismos güeones que firman cartas pidiendo «no estigmatizar a los estudiantes». No po’ güeón, no se estigmatiza a los estudiantes, se estigmatiza a los delincuentes. Y si un estudiante decide ponerse una capucha y lanzar una piedra o una bomba incendiaria, deja de ser estudiante para convertirse en un vándalo. No hay medias tintas en esta güeá.

Este país no puede seguir siendo rehén de una minoría violenta que actúa con total impunidad. Basta de discursos bonitos y verborreas QLs, basta de «entender el contexto». El contexto es que hay una puta izquierda organizada que usa a jóvenes tontos útiles con cerebro de mosquito para generar caos, mientras ellos se sientan en sus escritorios a planificar la siguiente marcha «pacífica» que terminará en saqueos, destrozos y violencia.

El contexto es que hay una justicia de mierda que mira para el lado y un montón de jueces conchas de su madre que liberan a cuanta escoria les presentan en los putos juzgados. El contexto es que los padres ya no crían, los crían los profes izquierdistas progres y las ideologías de mierda.

 


Así que sí, aplaudo la medida del registro. Y ojalá venga con mano dura la güeá. Que sepan que, si tocan a un carabinero, si queman una sala, si rompen una ventana, les va a costar caro la güeá. Que no habrá ONG QL que los salve. Que no habrá putos «derechos humanos» para los que violan los derechos de los demás. Ojalá esta sea la primera piedra de un cambio real de la güeá, porque si no, seguiremos viendo el mismo circo, con los mismos payasos, quemando el mismo país.

 

IV

CHUCHADAS FINALES

Y a los conchas de su madre de overoles blancos, a los comunistas rapiñeros QLs de salón y a los inútiles padres cómplices: ¡Lárguense a la mierda rechuchas de su madre! Este país es de los que trabajan, de los que construyen, y de los que respetan las leyes. Ustedes no tienen cabida aquí.

¡Chao, me emputecí!



 

Artículo: Gandworf.

Portada diseñada por: Vëthriön Asathørn. Creada con AI.

Edición final: Vëthriön Asathørn. 

miércoles, 13 de mayo de 2026

Trollish News Sin Filtro [Caso Lavín Jr. & El gobierno de Kast: más peleas que soluciones]

 




CASO LAVÍN JR. — LA TELENOVELA DEL «NIÑO BIEN» Y LA ROBOTINA APOCALÍPTICA

Nuevos antecedentes dicen que la guerra al interior de la familia Lavín ya parece una mezcla entre teleserie mexicana, capítulo perdido de ‘Mujer, Casos de la Vida Real’ y reality flaite de las tres de la mañana. Porque claro, ahora salen los güeones deslenguados diciendo que la madre de Joaco Jr. no soporta a Cathy Barriga y sinceramente, esto debe venir fermentándose desde hace más años que yogurt olvidado en camping de verano.

Uno se imagina perfectamente la escena inicial de esta tragedia griega versión Vitacura-Maipú. La señora Lavín viendo a su hijo llegar enamorado de la ex Robotina de Mekano y pensando por dentro:

«Dios mío, este pendejo caliente de mierda se va a meter en un hoyo del que no saldrá jamás». 

Y es que seamos sinceros con el güeveo cualquier madre más o menos cuerda habría levantado una ceja olímpica viendo el panorama de la güeá. Porque no estamos hablando de una relación piola precisamente. Estamos hablando de una figura mediática salida de la fauna televisiva chilena de los 2000, esa dimensión donde el escándalo era deporte nacional y donde cada panelista gritaba más fuerte que vendedor de feria.

Mekano no era un programa era una incubadora de futuros problemas judiciales, traumas psicológicos y romances que parecían maldiciones ancestrales.

Y Joaco Jr., obviamente, como cualquier joven con las hormonas trabajando horas extra, seguramente veía a la Robotina bailando y el cerebro se le apagaba más rápido que transformador en temporal sureño y pulía el cohete como malo de la cabeza. El hombre probablemente estaba convencido de que había encontrado al amor de su vida cuando en realidad estaba firmando un pacto demoníaco emocional con consecuencias administrativas, mediáticas y espirituales.  

Porque esa güeá pasa siempre: el hombre piensa con el cohete, y después termina pagando la cuenta con intereses, embargo y portada en matinal.

Entonces pasan los años, aparecen investigaciones perkeles, declaraciones cruzadas, peleas familiares, cuchillazos internos y todos los güeones empiezan a actuar como si recién descubrieran que había problemas. ¡Pero si esta cuestión se veía venir desde que el primer productor de televisión dijo:

«Pongámosle Robotina y hagámosla bailar con luces fluorescentes y mostrando carne»!

 

Aquí nadie es inocente del güeveo. Nadie.

Porque también existe la posibilidad inversa de la güeá: capaz que Joaco Jr. no fuese una pobre víctima arrastrada al lado oscuro capaz que ambos se hayan alimentado mutuamente como dos agujeros negros de farándula, ego y decisiones cuestionables.

Tal vez Cathy tomó a Joaco y lo convirtió en una versión humana de trámite judicial permanente.

O tal vez Joaco descubrió en ella la posibilidad de vivir la fantasía completa del niño cuico que siempre quiso sentirse rebelde, peligroso, cachero y televisivo.

Porque hay algo profundamente chileno en toda esta güeá: la obsesión de ciertos políticos por jugar a ser «familia tradicional» mientras alrededor tienen un nivel de caos que haría ver estable a un circo manejado por monos con cuchillos po’ güeón. Hoy, la familia Lavín no tiene nada que envidiarle a la familia de los Locos Adams.

Y mientras tanto el país entero mirando esta teleserie absurda como si fuera campeonato nacional: la suegra odiando a la nuera, el hijo atrapado al medio, la ex alcaldesa respondiendo indirectas, los matinales y programas de farándula alimentándose del drama como buitres hipertensos, y Twitter convertido en coliseo romano para opinólogos con foto de animé y bandera política en el perfil.

 

La gran pregunta de esta güeá sigue siendo la misma:

¿Quién llevó al lado oscuro a quién?

 

Porque a estas alturas de la güeá ya no sabemos si estamos viendo una historia de corrupción, una tragedia familiar o simplemente la secuela degenerada de Mekano que nadie pidió pero que igual todos miran.

En otra oportunidad seguiremos desmenuzando a los Lavín porque creo que seguirán dando jugo.

 

SIGUEN LOS PROBLEMAS — EL «GOBIERNO ORDENADO» QUE TERMINÓ PARECIENDO FERIA LIBRE CON MICRÓFONO

En el último tiempo el gobierno de Kast está dando un jugo brutal con subsecretarios, ministros y peleas internas dignas de curso universitario lleno de egos vittuperkeles insoportables. Cada semana aparece un nuevo round en la güeá, una nueva filtración o algún iluminado disparándose en las patas frente a las cámaras.

Ahora la pelea es entre la ministra Ximena Lincolao y el subsecretario Rafael Araos. Otro capítulo más de esta serie llamada: «Derecha Unida pero no mucho».

Y para condimentar todavía más este guiso rancio, aparece el tema de los patrimonios no declarados completamente. Pero la ministra no se conformó con hundirse sola no señor. La mujer aplicó la clásica estrategia chilena del: «si hunde el barco, me llevo a toda la tripulación, los salvavidas y hasta las gaviotas».

Básicamente salió a decir: «Oye, pero otros ministros también lo hicieron».

Maravillosa táctica.

La defensa jurídica versión cabro chico pillado copiando: «¡Profe, pero el Benjamín también estaba copiando!».

Y esta güeá deja algo clarísimo: el principal enemigo del gobierno de Kast no parece ser la izquierda ‘aka-huora, ni el progresismo vittuperkele, ni los octubristas, ni los putos comunistas, ni los extraterrestres interdimensionales financiados por Soros NO. El principal enemigo del gobierno parece ser el propio zoológico de egos gigantescos que tiene adentro.

Cada personaje perkele quiere figurar.

Cada uno de los güeones quiere ser más importante que el otro.

Todos quieren micrófono.

Todos quieren cámara.

Todos quieren sentirse el gran estratega político del siglo.

Y al final terminan pareciendo junta de administradores de edificio peleando por el control remoto del portón eléctrico.

Lo más irónico del güeveo es que mucha gente votó por Kast esperando precisamente lo contrario: orden, disciplina, mano firme, seriedad, menos circo y terminaron viendo otra temporada del mismo reality político chileno donde todos hablan de institucionalidad mientras se serruchan el piso entre ellos como vendedores desesperados en liquidación de bodega. ¡Corten el güeveo!

Kast además tiene un problema complicado: su personalidad demasiado conciliadora y «blandengue» para un sector lleno de güeones que necesitan correa corta o latigazos. El hombre intenta unir, conversar, mediar, armonizar mientras alrededor tiene ministros actuando como bandas rivales dentro de prisión preventiva administrativa.

A veces da la impresión de que el gobierno funciona como curso de media: un grupo de güeones peleando por liderazgo, otro filtrando cosas, otro haciéndose la víctima, y alguno llorando porque no le dieron suficiente protagonismo.

Mientras tanto la izquierda (¡painu hiiteen!) observa este espectáculo como hienas viendo una cebra lesionada en documental africano. Cada cagazo de la derecha es celebrado con champagne ideológico, memes y orgasmos espirituales en redes sociales.

Porque seamos honestos: la propia derecha le está entregando oxígeno político a sus adversarios. Gratis, con moño y despacho incluido.

Cada pelea interna de los güeones y güeonas es un regalo.

Cada escándalo es propaganda para la oposición.

Cada numerito ridículo revive a sectores que hace unos meses parecían políticamente en coma.

Y eso es lo más impresionante de toda la güeá: la derecha llegó prometiendo ser alternativa al caos y terminó importando el caos directamente al palacio de gobierno.

 

Puta, uno pensaba: «Bueno, quizás serán duros, pesados o ultra conservadores pero al menos tendrán orden interno».

¡JA! Error monumental.

Nos encontramos nuevamente con el eterno problema chileno: güeonaje adulto incapaz de dejar el ego de lado, aunque estén gobernando un país entero.

Kast tiene que golpear la mesa de una vez por todas.

Sacar ministros problemáticos, cortar cabezas políticas y ordenar el gallinero. Porque si sigue permitiendo este festival ‘perrrkele’ de egos y peleas internas, el gobierno se va a terminar transformado en una fonda eterna donde todos gritan, nadie manda y el país observa el show con cara de: «¿En serio esta era la administración seria que prometían?»

 

¡Paren de gozar, mierda!

¡Kaikki poliitikot voivat vittu!




 

Escrito por: Olog Krevalora.

Portada diseñada por: Vëthriön Asathørn. Creada con varias AI. Reeditada varias veces con PS.

Edición final: Olog Krevalora.