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martes, 2 de diciembre de 2025

La Teoría del Bosque Oscuro [VDM]

 







LA TEORÍA DEL BOSQUE OSCURO: UN REFLEJO SINIESTRO SOBRE EL CONTACTO EXTRATERRESTRE

En el vasto y misterioso universo, la posibilidad de vida extraterrestre ha cautivado la imaginación humana durante siglos. Grupos de «contactados», sectas, ilusos, periodistas son la prueba fehaciente de esto, sin embargo, una perspectiva sombría, conocida como la teoría del «bosque oscuro», sugiere que la búsqueda de contacto con civilizaciones alienígenas podría ser un error adverso… traspié que esta humanidad lleva haciendo por décadas.

 

I

EL UNIVERSO COMO UN BOSQUE OSCURO

La teoría del bosque oscuro, popularizada por el autor chino Cixin Liu en su trilogía de ciencia ficción «El problema de los tres cuerpos», presenta una visión pesimista del cosmos. Imagina el universo como un inmenso bosque oscuro, donde cada civilización es un depredador acechando en las sombras. En este escenario, cualquier movimiento o sonido, cualquier señal emitida, puede revelar la ubicación de una civilización, haciéndola vulnerable a la depredación.

En este bosque, la supervivencia es la única ley. Las civilizaciones, impulsadas por el instinto de supervivencia, se ven obligadas a actuar con cautela extrema, priorizando el sigilo y la ocultación. El contacto, en este contexto, se convierte en un acto de extrema peligrosidad, un anuncio de la propia existencia que podría atraer la destrucción.

 

II

PRESUNCIÓN DE AGRESIÓN

Un pilar fundamental de la teoría del bosque oscuro es la presunción de agresión. Se asume que cualquier civilización extraterrestre, por el simple hecho de existir, tiene un interés potencial en manipular o incluso destruir otras civilizaciones. Esta agresividad no necesariamente se basa en la maldad intrínseca, sino en la necesidad de asegurar la supervivencia en un entorno competitivo y hostil.

La lógica es implacable: si una civilización extraterrestre detecta la existencia de otra, podría verla como una amenaza, un competidor por los recursos o un potencial obstáculo para su propia expansión. En este escenario, la aniquilación preventiva se convierte en una estrategia racional, una medida de autodefensa.

 

III

LA LEY DEL MÁS FUERTE

La teoría del bosque oscuro también se basa en la ley del más fuerte. En un universo donde la tecnología y el poder militar son determinantes, una civilización más avanzada siempre tendrá la capacidad de vencer a una menos avanzada. La asimetría de poder es inherente a este escenario, y la vulnerabilidad de las civilizaciones menos desarrolladas es extrema.

En esta trama, la búsqueda de contacto se convierte en un juego de azar peligroso. Si la humanidad lograra contactar con una civilización tecnológicamente superior, podría enfrentarse a una amenaza existencial, sin posibilidad de defensa.

La historia de la humanidad está llena de ejemplos de civilizaciones que sucumbieron ante otras más poderosas, y la teoría del bosque oscuro sugiere que el universo podría ser un lugar aún más despiadado.

 

IV

SIGILO: LA ESTRATEGIA DE SUPERVIVENCIA

En el bosque oscuro, el sigilo es la clave de la supervivencia. Las civilizaciones, conscientes de los peligros que acechan, hacen todo lo posible por permanecer invisibles. Enmascaran sus señales, evitan el contacto y limitan la difusión de información sobre su existencia.

Esta estrategia de ocultación se manifiesta en diversas formas:

 

—Enmascaramiento de señales: Las civilizaciones podrían desarrollar tecnologías para ocultar sus emisiones de radio, televisión y otras señales que podrían revelar su presencia.

 

—Evitar el contacto: Impedir cualquier intento de comunicación con otras civilizaciones, incluso si se detectan señales.

 

—Limitación de la difusión de información: Restringir la información sobre la propia existencia, impidiendo que caiga en manos equivocadas.

 

V

LA REFLEXIÓN OSCURA: ¿DEBERÍAMOS BUSCAR CONTACTO?

La teoría del bosque oscuro plantea una reflexión profunda y perturbadora sobre la búsqueda de contacto extraterrestre. Si el universo es realmente un bosque oscuro, ¿deberíamos arriesgarnos a revelar nuestra existencia? ¿Es la curiosidad humana, el deseo de conocimiento, una justificación suficiente para poner en peligro la supervivencia de la humanidad?

La respuesta, según la teoría del bosque oscuro, es un rotundo NO. La búsqueda de contacto debe considerarse un acto imprudente, un juego peligroso con consecuencias potencialmente catastróficas. La prudencia, el sigilo y la cautela se convierten en las virtudes supremas.

 

VI

IMPLICACIONES PARA LA HUMANIDAD

Si la teoría del bosque oscuro es correcta, las implicaciones para la humanidad son profundas y transformadoras:

 

—Censura de señales: La necesidad de ocultar nuestra existencia podría llevar a la censura de las señales que emitimos al espacio, como las emisiones de radio y televisión.

 

—Desarrollo de tecnologías de ocultación: La humanidad podría invertir en el desarrollo de tecnologías para enmascarar nuestra presencia, como el diseño de naves espaciales que no sean detectables.

 

—Cambio de paradigma: La teoría del bosque oscuro podría cambiar radicalmente nuestra visión del universo y de nuestro lugar en él. La búsqueda de contacto podría ser reemplazada por una estrategia de supervivencia basada en el sigilo y la ocultación.

 

VII

FINAL

La teoría del bosque oscuro es una perspectiva sombría, pero no por ello menos relevante. Nos obliga a cuestionar nuestras motivaciones, a evaluar los riesgos y beneficios de la búsqueda de contacto extraterrestre. Nos recuerda que el universo podría ser un lugar peligroso, y que la supervivencia podría depender de nuestra capacidad de permanecer ocultos en las sombras. La reflexión oscura que plantea esta teoría nos invita a considerar si la curiosidad humana debe prevalecer sobre la prudencia, o si el futuro de la humanidad depende de nuestra capacidad de resistir la tentación de contactar con lo desconocido.




 

Escrito por: NAIra M. Wizz para vikingodemagellan.blogspot.com

Portada: youtube.

Imagen final: fayerwayer.

Edición final: Jarl Asathørn.

martes, 14 de octubre de 2025

Deseo [Un cuento corto de zombis]





El mundo tal y como lo conocíamos ya no existe, los humanos están a punto de extinguirse. 

Hace un año los científicos decidieron intentar crear un medicamento para resucitar a los muertos, los cuales al principio parecía no funcionar, aunque, a la larga empezaron a pasar cosas muy extrañas.

Durante este año probaron como diez medicamentos distintos, todos creados desde un laboratorio secreto del Estado. A saber, qué cura hay que poner para cada uno de ellos, ya que, por cada medicación hay una especie diferente.

 

Me encuentro con un grupo de cazadores, somos 4 en total:

•La chica de la katana, Mery.

•El de la guadaña, Fran.

•La del machete, Sophie.

•Y yo que llevo dos kerambit, Dave.

 

Mery y yo nos conocemos desde que éramos pequeños, a los demás, por rescatarnos cuando estábamos a punto de morir.

Y aquí estoy ahora intentando coexistir sin ningún tipo de sentido y, aunque, esté triste por los ya no vivos, estoy en mi lugar.

 

—Ocuparos de la banda sur, yo y Fran nos encargamos del norte - nos ordena Sophie mientras mata a un zombi.


Una horda se acerca, no es tan grande como otras que hemos tenido pero las especies en este lugar son algo más fuertes.

 

—Pongámonos de espaldas - le digo a Mery viendo como nos rodean - será más fácil.

 

Pasamos media hora sin descanso, intentando acabar con cada uno de ellos.

A lo lejos escuchamos un grito, procedente de una casa, nos acercamos sin pensarlo dos veces.

 

—No veo nada, está todo muy oscuro - digo al entrar dentro.


Veo a una mujer arrodillada en el suelo, llorando por su hija convertida, gritando de dolor y agonía.

 

—No, por favor, no la maten - nos implora al vernos.

 

Me dispongo a no hacerle caso cuando me percato de que la niña se encuentra encadenada.

Una persona antes de transformarse empieza a tener convulsiones, una vez paras de moverte, al cuerpo le empiezan a salir unas venas muy características, las cuales, algunas revientan y te deforman, estas sobre todo, suelen ser en el rostro. Tu color de piel se vuelve un tono grisáceo y los dientes podridos se caen conforme pasa el tiempo.

 

—Soy científica, trabajaba para el Estado hace tiempo -nos explica al ver nuestras expresiones de la cara - cuando me enteré del medicamento para resucitar a los muertos me negué y me despidieron. Ella es mi hija Amelia, hace tiempo que es zombi, pero hasta ahora no se le había caído ningún diente.


Nos miramos entre nosotros extrañados. ¿El grito era porque se le ha caído un diente?

 

—Cuanto más tiempo pase una persona convertida, más difícil será volver a su estado normal - continúa con la explicación - una vez se le hayan caído todos los dientes, es muy probable que esa persona muera, ya que, no podrá regenerarse ni tendrá posibilidad de vivir.

 

—Entonces, ¿estás diciendo que hay una cura? - pregunta Fran al instante de darse cuenta de sus palabras.

 

—Sí, al menos una, el problema es que aún no he dado con todas ellas, ni siquiera sé si habrán más - saca del bolsillo de su pantalón una especie de pote con un líquido morado dentro - este es el único que tengo.

 

Mery se encuentra mirando a la pobre niña, sus ojos transmiten pena, pero a la vez enfado.

 

—Hasta ahora nos hemos dedicado sólo a matar los zombis que hay, sin importar que aparecieran más; quiero ir a por una cura para ella - responde Mery con lágrimas en los ojos - no podemos estar más así, si hay cura habremos matado a muchos que aún podían haberse salvado.

 

—El problema es que si pensamos así nos mataran cuando vuelva una horda - responde Sophie.

 

—No podemos ir mirando quien puede curarse y quién no - respondo mirándola fijamente - lo siento Mery, pero en eso estoy de acuerdo.

 

—Podemos ir a por la cura y matar los menos posibles, intentar evitar hacer ruido para no atraerlos y colarnos en el Estado para conseguir las demás potes - dice Fran señalando el frasco de la señora.

 

—Está bien - asiento simultáneamente con la cabeza - no está muy lejos de aquí, pero nosotros no sabremos qué es lo que hay que cojer.

La señora se levanta al acto.

 

—Yo sola me era incapaz de conseguir nada, mi hija fue infectada por una especie llamada «Boneys», al hacerle analíticas cuando se encontraba en estado de transformación pude ver qué componentes hacían falta para crear una cura. No sé si servirá lo que he hecho hasta ahora, pero creo que si encontráis estos medicamentos podría conseguir la cura para todos en una sola - nos entrega un papel con el nombre de cada medicina - el Estado controla todo nuestro país con máquinas de aire, si os metéis en el núcleo de la oficina central y derramáis los líquidos en la máquina, podréis hacer que en un momento se curen todos los zombis.

 

—Vamos - le digo a los demás - no va a ser fácil entrar ahí.

 

Decidimos ponernos en marcha para conseguir todo lo necesario. En el camino luchamos contra muy pocos, sólo dos especies distintas. Y por fin llegamos al Estado.

 

—No parece haber ningún tipo de seguridad - nos informa Fran preocupado - puede que ya no quede nada.

 

Miro a mi alrededor, tiene razón, es como si hubieran desalojado el lugar.

Aun así, entramos sin ningún tipo de esfuerzo, ya que todas las puertas se encuentran abiertas.

Hay zombis por todas partes, algunos parecen ser científicos por la ropa que llevan, no me da muy buena espina.

Miramos todas y cada una de las salas, hay pocos medicamentos, pero la mayoría los encontramos.

 

—En la sala central no hay ningún núcleo, puede que debamos ir abajo y así encontremos lo que falta - les digo a los demás.

De acuerdo conmigo decidimos bajar sin separarnos.

 

—Ahí - señala Sophie contenta al ver el último ingrediente que faltaba.

Lo encuentro todo demasiado fácil, hay algo que no me cuadra.

Fran se acerca a una sala donde parece ser el núcleo de la sala de aire.

Vertemos todos los medicamentos al núcleo y lo activamos sin ningún tipo de problema.

 

—¡Sí! - exclama Mery contenta.

 

Nos ponemos a reír y a festejarlo, orgullosos de todo lo que hemos conseguido. Decidimos volver a casa de la señora para explicarle todo.

No encontramos a nadie, ni un zombi por el camino, un escalofrío recorre mi cuerpo, no sé por qué tengo esta sensación tan rara.

 

—No hay nadie - dice Fran al entrar primero.

 

Me giro al oler los medicamentos de los contenedores de aire. Está funcionando.

De repente, la hija de la señora se abalanza contra Fran, mordiéndole la nuca y quedándose con la mitad de carne en su boca. Este cae muerto en el suelo.

La señora se empieza a reír en la oscuridad de la entrada de la casa.

 

—No pensé que lo haríais sin ningún tipo de duda - nos dice entre carcajadas.

 

Mi cuerpo empieza a notar una especie de ardor que hace que no me pueda mantener de pie. Veo a los demás desplomarse como yo, aún conscientes.

Amelia desaparece en las sombras de la casa, parece que ya no le atraemos.

 

—Este medicamento es para crear al zombi definitivo, todo humano vivo que respire este aire se convertirá en uno de los más fuertes zombis que haya existido - nos informa mientras camina hacia nosotros con una máscara de gas puesta.

 

—Ahora vosotros vais a ser mi experimento.

 

—¿Por... por... por qué? - consigo preguntar casi sin aliento.

 

—Vaya, veo que eres el único consciente.

 

Miro por el rabillo del ojo a los demás, están con convulsiones y a mí no me debe faltar mucho.

 

—Eres muy interesante - dice mientras se quita la máscara.

 

Empieza a nublarse mi vista, estoy mareado, aunque, aún consciente, no me quedan energías.

 

—Te lo explicaré - continúa con un tono de superioridad - cuando os vi supe que haríais cualquier cosa que os dijera, por eso empecé a gritar, para llamar vuestra atención. El Estado decidió echarme porque yo cree las primeras dosis.

Todos decían que estaba loca, pero cada vez que me adentraba en este mundo y veía como se producían cambios en los humanos, más apasionada estaba.

Cuando se enteraron de que lo probé con mi hija por robar una de esas dosis, decidieron evacuar, ya que, algunos de ellos también tenían síntomas y ninguno sabía de una cura, lo había preparado todo al milímetro.

 

Apenas la puedo oír, la noto muy lejana, pero sé que está justo en frente de mí.

 

—Antes de hacer nada, cree una especie de inmunidad, que es el frasco que os he enseñado antes, a mí no me atacareis, no sabréis ni que existo, los débiles morirán por sí solos, cuando lleguen en estado de putrefacción y vosotros seréis mi …

 

Mis ojos sin vida se cierran solos, mi cuerpo comienza a convulsionar y mi mente se apaga progresivamente a cada latido del corazón más débil.

 

Me muero.

FIN

 

 


 

 

Fuente:

Inkspired.

Cuento corto escrito por: Carolina Bueno Rivera.

Correcciones y edición final: Jarl Asathørn. 

martes, 24 de octubre de 2023

Tales of a Zombie Apocalypse (Part 3 - Part 4 - Part 5 & 6 - The End)

 


RELATOS DE UN APOCALIPSIS ZOMBIE

Autor: Vantriani

3

En un mundo donde los muertos caminan debes aprender que nunca puedes fiarte de nadie, incluso debes dudar de tus familiares y esa lección la aprendió nuestro protagonista anterior de mala manera, pero esto apenas comienza, así como Jorge fue tomado por sorpresa, muchas personas más se encontraban en diferentes partes de la ciudad tratando de luchar por su vida e incluso algunos de ellos luchaban por la nuestra.

 

ÚLTIMO HOMBRE DE PIE

El sargento Hernández se encontraba preparando a su equipo, se había activado la señal de emergencia, la policía local era incapaz de controlar la situación así que el ejército tuvo que entrar en acción, cuatro camionetas blindadas salieron en fila y se pusieron en marcha, sus órdenes eran encontrar sobrevivientes y llevarlos a los puntos de extracción que tenía controlados hasta ese momento la Marina.

 


Los vehículos llegaron rápidamente a una zona residencial, varias personas corrieron hacia ellos y los dejaban subir a la parte posterior de las camionetas mientras los demás soldados checaban el perímetro, ahí fue cuando tuvieron el primer contacto con lo que se enfrentaban, varios sujetos salieron corriendo de una casa que se encontraba cerca y empezaron a dirigirse hacia ellos, estaban llenos de sangre y gruñían fuertemente, Hernández dio la orden de que se detuvieran, los individuos continuaban avanzando de forma hostil, El sargento les apuntó con su arma y les pidió nuevamente que se detuvieran, cuando vio que no lo obedecían abrió fuego disparándoles en las piernas, era un excelente tirador, derribó a las tres amenazas rápidamente, pero aquellas cosas tan pronto llegaron al suelo se volvieron a incorporar y trataban de correr hacia ellos aún con las piernas perforadas, el sargento dio la orden y su equipo abrió fuego dejando aquellas cosas esparcidas por el suelo, las camionetas se llenaron y decidieron llevar a las personas a un punto de extracción. Se encontraban a mitad de camino cuando una de las camionetas se quedó atrás y empezaron a disparar, todo el convoy se detuvo y regresaron para verificar qué era lo que sucedía, el sargento Hernández se colocó frente a su equipo, los disparos continuaban, la camioneta se movía violentamente, se acercó lentamente y al llegar vio que una de las personas que habían rescatado se había convertido en uno de los muertos vivientes, varios pasajeros más se encontraban en el suelo, tenían varias mordidas en el cuello y se desangraban rápidamente, uno de los soldados de su equipo se encontraba hasta el fondo de la camioneta, lo habían mordido en un brazo, era un joven que apenas se veía de veinte años: «Ya no hay nada que hacer Sargento» - dijo aquel joven, levantó su arma y se dio un tiro en la cabeza, Hernández se quedó observándolo, tenía un extraño sentimiento recorriéndole el cuerpo, se sentía frustrado y decepcionado, por un momento se perdió en esas últimas palabras que parecían retumbar en su cabeza, tres disparos más lo regresaron a la realidad, varios cadáveres andantes se aproximaban hacia ellos atraídos por el ruido, el sargento dio las órdenes de que regresaran a los vehículos y se marcharan, pero aquella horda de muerte se acercaba cada vez más rápido, los soldados entraron en pánico y empezaron a disparar, pero eso solo los detenía por unos segundos, las personas que habían muerto en la camioneta se empezaban a levantar, tenían la mirada perdida, su piel era pálida y poco a poco su rostro se llenó de ira y empezaron a abalanzarse hacia los soldados, Hernández logró llegar junto con dos soldados más a la camioneta, la pusieron en marcha y se retiraron dejando detrás de ellos varios disparos que, poco a poco, fueron disminuyendo y se convirtieron en un mar de gritos desgarradores.

Los soldados le pedían instrucciones al Sargento, pero éste no reaccionaba, levantó la radio y trató de comunicarse con la base pero no tenía respuesta alguna, la camioneta seguía avanzando en dirección a una de las salidas de la ciudad, trataron de cortar camino por una calle privada cuando de pronto un joven salió de una de las casas, su ropa estaba llena de sangre, trataba de cubrirse de la luz, levantó sus manos: «Estoy bien» - gritó el joven, el sargento Hernández bajó de la camioneta, levantó su rifle y le disparó en el cuerpo, el joven cayó al suelo, los soldados avanzaron por la calle para verificar que no hubiera más hostiles, el sargento avanzó hasta el joven y lo remató dándole un tiro en la cabeza, varios gruñidos y alaridos se dejaron escuchar, sus hombres fueron emboscados en una de las esquinas de la calle y no les dio tiempo de respuesta, el sargento trató de regresar a la camioneta pero tres de esas criaturas ya le cortaban el camino, empezó a correr hacia la zona segura, la cual no debería estar muy lejos, estaba muy cerca, podía escuchar los vehículos civiles y a los marinos hablando por megáfonos para poner el orden, giró la cabeza para ver detrás y observó que la muerte andante venían detrás de él, cientos de esas cosas lo seguían, de pronto se empezaron a desviar atraídos por el sonido de los autos y los megáfonos, el sargento intentó llamar la atención de aquellas cosas pero ya era demasiado tarde, los marinos abrieron fuego y cada vez llegaban más de esas cosas hacia ellos.

 

4

Todo ocurrió tan rápido, las personas en ese puente fueron condenadas, nadie sobrevivió, el sargento Hernández solo contemplaba la escena desde la calle principal que llevaba al puente de extracción, varios de los cadáveres andantes empezaron a perseguirlo y continuó huyendo de ellos, llevando una marcha de muerte, poco a poco sus piernas empezaron a dar de sí y en tan solo unos minutos aquella marcha de muerte lo alcanzó dejando solo un despojo de lo que era antes.

 

Pero cambiando de escenario, unas horas antes iniciaba mi historia en este apocalipsis zombi, jamás pensé que viviría algo así, esta es mi historia, esta es mi versión del apocalipsis. No quedaba nadie más, la ciudad estaba infestada y yo estaba atrapado en el segundo piso de una casa, alrededor había miles de zombis tratando de alcanzarme, gruñían, se empujaban unos contra otros, golpeaban la puerta del cuarto en el que estaba, había colocado una barricada en las escaleras con una mesa que encontré, no aguantaría mucho pero me daría tiempo para pensar, llevaba atrapado en la habitación unas cuantas horas y es asombroso lo rápido que se acercaban al lugar, pareciera que algo les decía que había alguien, tenía una pierna lastimada, y no podía correr, ni siquiera podía mantenerme en pie, estaba condenado a morir, solo me quedaba esperar a que entren y me devoren o terminar con mi vida en un disparo, no sabía lo que pasaría…

 

ÚLTIMOS SEGUNDOS

Todo comenzó cuando acababa de cumplir veintiséis años, estábamos celebrando en la fiesta, todos comían pastel mientras reían, yo vivía en Tampico, es una ciudad pequeña de México, ese día hacía mucho calor, pero los árboles del patio refrescaban el lugar, no era una fiesta muy grande, solo habían asistido mis familiares cercanos y unos cuantos amigos, ya al final tomamos unas cervezas en el patio mientras mis primos menores jugaban videojuegos en la sala, eran cerca de las doce de la noche, al día siguiente tenía que trabajar así que los invitados poco a poco se fueron retirando, al final solo quedábamos Adrián, Gustavo y yo, quienes eran mis amigos de toda la vida, me ayudaron a recoger las cosas de la fiesta y entre plática y plática el tiempo pasó más rápido, de pronto nos dimos cuenta de que varias patrullas de policía se escuchaban a lo lejos y varios gritos se empezaban a escuchar en la calle, nos quedamos en silencio unos segundos para escuchar con atención: «Pum, Pum, Pum», un fuerte golpeteo nos tomó por sorpresa, los golpes se volvieron a repetir, era alguien que tocaba la puerta principal de la casa, pero más que un toquído parecían que eran golpes desesperados, Gustavo era el que estaba más próximo y se acercó poco a poco, volvieron a golpear la puerta fuertemente, se asomó por la ventana y me dijo que pidiera una ambulancia, Adrián estaba parado en la puerta de la cocina, tomó el teléfono y marcó, apenas pasaron unos segundos e inmediatamente lo mandó a tono de espera, la llamada a emergencias no lograba conectarse, los golpes se volvían cada vez más constantes, un fuerte crujido de cristales rotos se escuchó, Gustavo y Adrián caminaron hacia mí, los tres observamos como un sujeto trataba de entrar a la fuerza por la ventana, le pedí que se fuera o usaríamos la fuerza, pero parecía estar en un trance, otra ventana más se rompió y varios brazos luchaban por entrar en la habitación, mis dos amigos subieron corriendo las escaleras cuando vieron que varios un sujetos ensangrentados entraban por la ventana, yo subí detrás de ellos, fuertes gruñidos se dejaban escuchar, y la puerta de la entrada principal cedió, varias personas con sangre en su ropa y heridas en varias partes de su cuerpo corrían detrás de nosotros, a pesar de su estado conservaban la fuerza para seguir avanzando hacia nosotros, querían atacarnos, entramos en mi habitación y pusimos la cama contra la puerta, tratamos de tranquilizarnos, no comprendíamos que estaba pasando, todo estaba sucediendo demasiado rápido, aquellas personas golpeaban la puerta de mi cuarto, me asomé por la ventana y ahí nos dimos cuenta de la magnitud de las cosas, varios incendios iluminaban la noche, había personas corriendo por las calles atacando a todos los que se ponían en frente de ellos, algo estaba pasando con las personas, las hacía hostiles, los hacia desear la carne humana, los zombis se habían convertido en una realidad.

 


La puerta empezaba a dar de sí, pronto estarían dentro de la habitación, optamos por salir por la ventana, era tal el caos que los zombis de afuera se distraían fácilmente con los ruidos, bajamos por un costado de la casa entre dos bardas y corrimos al auto, los zombis estaban saltando por la ventana de mi habitación y varios más de la calle corrían hacia nosotros, Gustavo y yo logramos entrar rápidamente al auto, pero Adrián no corrió con la misma suerte, lo tomaron de un brazo antes de subir y lo jalaron hacía afuera del vehículo, lo empezaron a devorar frente a nosotros, aún recuerdo sus gritos de ayuda, el sonido de sus huesos rompiéndose y el gorgoteo de sangre que llenó el ambiente cuando le arrancaron un pedazo de su garganta, no había nada que pudiéramos hacer, ya estaba muerto.

 

5

Gustavo puso en marcha el automóvil, la puerta se cerró por inercia y avanzamos por la avenida principal, a lo lejos se escuchaban disparos, gritos de personas que pedían ayuda y junto con ellos también estaban los gruñidos de los no muertos, íbamos a dar una vuelta cuando varias camionetas del ejército salieron de la nada a toda velocidad, se dirigían al norte de la ciudad y no paraban de disparar a cuantas personas vieran al frente, Gustavo aceleró y varios de los soldados empezaron a dispararnos, la ley marcial estaba en acción, nada sale y nada entra, teníamos que salir de la ciudad, el lugar más próximo era el puente Tampico que conectaba con Veracruz, si lográbamos salir de ahí teníamos esperanza de sobrevivir.

 

Al parecer la mayor parte del caos se enfocaba al norte de la ciudad, en la radio se daba la alerta de emergencia, se recomendaba no salir de las casas, mantenerse alejado de cualquiera que haya tenido contacto con los hostiles y se declaraba la zona norte como una zona de emergencia, las luces de la ciudad se apagaron, estábamos en completa oscuridad, solo las luces de los autos alumbraban ocasionalmente las calles.

 

Al llegar al centro de la ciudad habían varias barricadas en las calles hechas por las camionetas del ejército, no permitían el paso a nadie, al acercarse empezaban a disparar, varios cuerpos adornaban el camino, víctimas de los disparos, seguir en auto no era una opción, bajamos del vehículo y caminamos entre las casas para evitar a los soldados, Gustavo mantenía un semblante de tranquilidad y yo trataba de seguirlo, pero en mi interior no dejaba de pensar que no lo lograríamos, nos detuvimos en un callejón, varios de los hostiles pasaron corriendo hacia un retén de soldados, los disparos se escucharon rápidamente, los hostiles empezaban a caer rápidamente, pero cada vez llegaban más y más zombis atraídos por el ruido, subimos a los techos de las casas y continuamos por ahí, cuando pasamos a un costado del retén no quedaba nadie más, solo habían grandes manchas de sangre sobre los cadáveres de los soldados y varios zombis aún arrancaban pedazos de carne de los cuerpos.

 

Logramos salir de la zona de emergencia y nos acercábamos al puente Tampico, a lo lejos podíamos ver las luces de los autos y varios vehículos de la marina que estaban en la entrada resguardando el lugar, también habían varias personas que cruzaban caminando el puente, nos acercábamos cada vez más a la zona de desalojo y empezábamos a escuchar varios gritos y quejidos, entramos al interior de la casa para poder observar con más detalle lo que estaba pasando, nos asomamos desde una ventana y la escena que contemplamos parecía sacada del mismo infierno, lo zombis habían llegado al puente y se daban un festín con todas las personas que estaban ahí atrapadas, varias de ellas no habían logrado salir de sus automóviles y las devoraban ahí dentro, otras más trataban de correr pero desde el otro lado del puente también llegaban los no muertos, estaban condenados, algunos en su desespero se lanzaban del puente, cayendo a una muerte menos dolorosa, los habían superado en número y no tenían adonde más ir, dos de los no muertos notaron nuestra presencia en la casa y se lanzaron tras nosotros, tratamos de regresar por el mismo camino de donde veníamos pero las calles estaban llenas de aquellos seres, Gustavo tomó un cuchillo de la cocina y yo tomé una silla de madera, entraron por la puerta de atrás, era un policía y una joven, el policía se veía normal pero cuando giraba su cabeza podías ver que le faltaba un gran pedazo del cuero cabelludo y tenía varias mordidas en la nuca, la joven estaba totalmente destrozada de uno de sus brazos parecía que se lo habían arrancado a tirones y le faltaba también un pedazo de su labio, el primero se lanzó sobre mí y lo golpee de lleno con la silla, Gustavo se aproximó sobre la joven y la apuñaló en la cabeza varias veces mientras yo la mantenía en el suelo, el policía se levantó lentamente y rápidamente lo regresé al suelo con un golpe, Gustavo se puso de pie y mientras yo presionaba al policía en el suelo le clavó el cuchillo en el rostro, tomé el arma que llevaba y luego de examinarla rápidamente le quité el seguro, nunca había utilizado una de verdad, pero solíamos jugar ‘gotcha’ en la playa de Miramar y siempre era el más diestro con las armas.

 

Los zombis atraídos por el ruido de la pelea lograron tumbar la puerta delantera y varios de ellos entraron, salimos por la puerta de atrás, estábamos muy cansados, no aguantaríamos una carrera contra esos seres que parecían no cansarse, llegamos a un muro y lo saltamos, varias de aquellas cosas nos alcanzaron pero no lograban saltar el muro, de pronto una horda de ellos llegó al callejón y empezaban a subir entre ellos, bajé de la barda pero me lastimé un pie, no podía caminar, Gustavo me ayudó a entrar a la casa, estaba vacía, había varias fotos familiares en el interior, con suerte aquella familia habría salido antes de que la muerte andante llegara a ellos, subía al segundo piso cuando los muertos entraron, tomaron a Gustavo entre los barrotes de la escalera y empezaron a morderlo, tiraban dentelladas al aire para tratar de alcanzar un pedazo de él, varios más empezaban a subir por las escaleras, le disparé a uno en las piernas e hice que cayera al suelo y varios más tropezaron con él, arrojé una mesa que estaba al final de la escalera y disparé una vez más a uno de los hostiles, me encerré en la habitación y puse todo lo que pude en la puerta, cada vez había más de ellos en el exterior, los golpes no dejan de azotar la puerta, un aroma a muerte empezaba a llenar la habitación…

 

6

Y ahora, la puerta se está rompiendo, «logró ver aquellos ojos sanguinolentos entre las grietas», un hueco más se hizo en la puerta, varios dedos ingresan por el agujero llevándose pedazos de la puerta, «cierro mis ojos», la puerta da de sí, «levanto el arma», los muertos caminan hacia mí, «apunto hacía mi cabeza, siento que me toman de los hombros y disparo», uno pensaría que la muerte por un disparo en la cabeza es inmediata, pero no, ahora estoy en el suelo, me desangro, no puedo moverme, pero puedo sentir todo, cada mordida, cada abertura en mi cuerpo, los veo comer mis entrañas, empiezo a tener frío, la mirada se me nubla y me pierdo con la última imagen de aquellos seres llenos de sangre, comiendo cada pedazo de carne que logran arrancar, el dolor se va y con él se van los últimos segundos de mi vida.

 

 

 

 

 

 

 

 








 

 

 

Fuente:

booknet.com

Edición final: V.D.M.

Tales of a zombie apocalypse (Part 1 - Part 2)



RELATOS DE UN APOCALIPSIS ZOMBIE

Autor: Vantriani

 

Antes de que se iniciara esto que todos llaman “el fin de los tiempos” existían muchas teorías sobre como sucedería, se hablaba del final bíblico con ángeles y demonios por todos lados, de una invasión extraterrestre, de un revolución de las maquinas e incluso del cambio climático y créeme que este último era el que más me convencía a mí, pero al final de cuentas todo fue a lo grande, algo que muchas películas y videojuegos nos había enseñado pero que en realidad nadie estaba preparado para vivirlo, creo que ya sabes a qué me refiero, el apocalipsis zombi, así es, pero no fue nada fantástico lo que lo ocasionó, ni alguna enfermedad o al menos eso creemos, más bien fue toda la basura que se tiraba en los océanos, algunos desechos eran químicos los cuales incrementaron la reproducción de un virus desconocido hasta ese momento por el hombre, todo fue muy rápido, los peces se contaminaron del virus, algunas personas los comieron y sin darse cuenta se estaban infectando y después teníamos la crisis mundial, los primeros infectados llegaban a los hospitales, cada vez se documentaban más casos alrededor del mundo, no pudieron controlarlo y de un día para otro miles de personas murieron por el virus o al menos eso creían, no tardaron mucho en regresar y atacar a todo aquel que encontraran en su camino, nadie sabe en realidad donde fueron las primeras apariciones de aquellos cadáveres andantes, pero lo que sé es que aquí muchas personas se enfrentaron a ellos logrando salir con vida y algunas más no volvieron a ver el amanecer.

 

PRIMER ENCUENTRO

Avancemos unos días después de los primeros casos de infección vírica, era un jueves cualquiera en la vida del oficial García, todo iba como de costumbre en su jornada de trabajo, ese día le tocaba el turno de noche y se encontraba en el centro de la ciudad en una cafetería cercana a una plaza muy transitada, tomaba un café frío y una rebanada de pastel, esperaba que iniciara su turno para subir a la patrulla e iniciar su recorrido habitual, pasaban las horas y seguía transitando las calles de la ciudad, no había reportes de actividad criminal, se estacionó al lado de una tienda y sacó su celular, respondía los mensajes que tenía y fue ahí cuando su radio emitió un sonido y una voz desde la central le daba aviso que cerca del puerto de la ciudad se había reportado una pelea, encendió el motor y se puso en camino.

Al llegar al lugar habían varias personas amontonadas, tenían a un hombre sometido en el suelo y otro más tenía una gran herida en uno de sus brazos, el hombre que estaba en el suelo parecía estar en un tipo de trance, tenía la boca llena de sangre y no paraba de forcejear, el oficial García lo esposó y con ayuda los vecinos del lugar lo metieron en la parte trasera de la patrulla, una vez ahí escuchó la radio, habían más reportes de peleas y de personas que decían estar siendo acosadas en su casa, el oficial pidió una ambulancia para el hombre con la mordida pero ningún hospital respondió su llamado, de pronto el hombre de la mordida cayó al suelo y empezó a estirar su cuerpo, se agitaba violentamente y abría y cerraba su boca rápidamente, poco a poco fue poniéndose totalmente rígido, las venas en su cuello se marcaron y su rostro se tornó de color rojo, luego de unos segundos su cuerpo se fue aflojando y quedó totalmente inmóvil, todos lo miraban sin decir nada, el oficial se acercó para ver que sucedía y de pronto aquel sujeto abrió los ojos, estaban llenos de sangre, se puso de pie y corrió hacia la persona que tenía más cerca, todos empezaron a huir del lugar, el oficial trataba de pasar entre las personas hasta que llegó a donde se encontraba aquel hombre, estaba sobre un joven de unos dieciséis años, el hombre de la mordida subía y bajaba la cabeza rápidamente arrancando pedazos del cuello de aquel joven, el oficial García desenfundó su pistola, nunca había tenido la necesidad de usarla, sus manos temblaban, estaba muy nervioso, la sujetó firmemente, apuntó al hombre y le pidió que se detuviera, pero aquella escena de canibalismo continuaba, el oficial disparó hacia el hombre pero parecía que no sentía dolor alguno, solo ocasionó que se pusiera de pie y empezara a caminar hacia él, el oficial disparó tres veces más en el torso del sujeto pero este no se detenía, apuntó a la cabeza y luego de dos disparos fallidos logró acertar un tiro justo en la frente del sujeto, el hombre cayó al suelo justo a un costado de los pies del oficial, no sabía lo que acababa de suceder, caminó lentamente hasta su patrulla y trató de ponerse en contacto con la central, pero no había respuesta, sacó su celular, trato de hacer una llamada, pero no había señal alguna, de pronto escuchó más disparos a lo lejos, varios gritos se dejaron escuchar llenando la atmósfera del puerto, tomó su arma y empezó a recargarla, una mano lo sujetó del hombro girándolo bruscamente, era el joven que apenas uno minutos atrás se encontraba muerto, ahora lo tenía encima, trataba de morderlo, el oficial forcejeó y estaba a punto de lograr que lo soltara hasta que sintió una mano más en la pierna, volteó a ver y se dio cuenta que era el hombre al que había derribado antes, aún tenía sangre en la frente, ambos sujetos lograron derribar al oficial y poco a poco empezaron a devorarlo.

 

2

Así fue como sucedió uno de los primeros encuentros con el virus, todo se fue rápido a la mierda, en realidad uno piensa estar preparado para este tipo de cosas, pero una vez que estás en la situación el panorama cambia drásticamente, pero mientras el oficial estaba siendo devorado y poco a poco terminaba su vida, al otro lado de la ciudad empezaban los estragos que ocasionaban los muertos vivientes.

 

SOLO OTRA NOCHE

Jorge era un típico joven de esta época, casi no salía de su casa, prefería pasar las noches en su casa viendo su serie favorita o jugando videojuegos en línea con sus amigos, esa noche hizo lo mismo que hacía todos los fines de semana, encendió su computadora, se colocó los audífonos y empezó a jugar uno de los juegos de moda, habían pasado cerca de dos horas cuando uno de sus amigos les dijo a todos que visitaran su transmisión en vivo, el joven estaba parado frente a su ventana con el celular en mano y grababa su calle principal, habían varios autos que pasaban a toda velocidad, se dirigían afuera de la ciudad, varias personas más corrían por las calles y al fondo se dejaban ver una gran multitud de personas agachadas en la calle - ¿Lo ven? - preguntó el joven que transmitía en vivo, varios de los espectadores le pedían que enfocará mejor la escena, se acomodó en otro ángulo de la ventana e incrementó el enfoque de su celular, casi se pixealeaba todo y de pronto todo quedó claro, esas personas que estaban en la calle se encontraban devorando a una de sus vecinas, el joven se impactó tanto que dejó de transmitir inmediatamente.

 

Jorge no podía creer lo que acababa de ver, se retiró los audífonos y se levantó de su escritorio, caminó hasta su ventana y al abrirla se percató de un panorama que no podía creer, la ciudad tenía varios incendios que la consumían poco a poco, en la casa de enfrente se escuchaban varios gritos y golpes, la puerta estaba derribada y varios de esos seres ensangrentados entraban desesperadamente, de pronto alguien empezó a golpear su puerta, Jorge se alejó de su ventana, los golpes continuaban, tomó lo primero que tuvo a la mano y bajó las escaleras, se detuvo frente a su puerta, los golpes continuaban incesantemente, un fuerte gruñido tras la puerta lo hizo retroceder y subió de nuevo a su habitación, cerró la puerta y se colocó de nuevo frente a su monitor, trataba de buscar algo que le diera una explicación a lo que estaba sucediendo, pero los medios de comunicación tenían tanta información como él, en ese momento, entró a su perfil de Facebook y ya habían varios reportes de ataques en diferentes partes de su ciudad, los videos se empezaban a viralizar y en tan solo unos minutos toda la internet estaba saturada de imágenes de cadáveres andantes devorando a los vivos.

 

Un fuerte estruendo en la parte inferior de la casa le hizo saber que ya habían logrado entrar, no sabía cuántos eran, pero sabía que ya no estaba solo en esa casa, y que era solo cuestión de tiempo para que tuviera que salir a enfrentarlos. Jorge se colocó los tenis más cómodos que tenía, un pantalón de mezclilla y una playera, estaba decidido a salir, tomó la silla de su escritorio y abrió la puerta lentamente, avanzó por el pasillo con todo el sigilo que pudo, el segundo piso estaba despejado, llegó al umbral de las escaleras, entraba la luz de la calle principal, ya no había más puerta, unos quejidos lo pusieron en alerta y levantó la silla, esa sería su única defensa contra lo que sea que estuviera ahí abajo, se encontraba a mitad de la escalera cuando varios disparos se dejaron oír, se encontraban muy cerca, los cadáveres vivientes salieron corriendo de la casa con dirección a donde provenían los disparos, los disparos continuaron por unos segundos más y Jorge contempló que varios muertos vivientes corrían por las calles, de pronto se dio cuenta que aún sujetaba fuertemente la silla delante de él, la soltó y la colocó a un costado de la entrada, sacó su teléfono celular y trató de comunicarse con alguno de sus familiares, pero la señal estaba muerta, guardó el celular y se dio cuenta que en la calle aún se encontraba una criatura más, le faltaba uno de los brazos, estaba llena de sangre y su rostro estaba carcomido, Jorge se ocultó rápidamente detrás de la puerta pero en un descuido golpeó la silla haciendo un fuerte ruido, la criatura empezó avanzar hacia la entrada de la casa con su único brazo por delante, Jorge salió rápidamente tomando la silla y golpeando a la criatura directamente en la cabeza, la criatura se balanceó perdiendo el equilibrio y Jorge aprovechó para derribarla con otro golpe más, y una vez en el suelo continuó golpeándola, llenándose los zapatos de sangre y manchando su playera de varias manchas de sangre que volaban por los aires con el ir y venir de la silla, una vez que vio que aquella criatura ya no se movía se detuvo, se quedó observando la imagen por unos instantes y de pronto escuchó un motor de auto que se acercaba, era un vehículo del ejército, Jorge levantó ambas manos: Estoy bien - gritó con alegría, al mismo tiempo que las luces del vehículo lo enfocaban, Jorge encandilado agachó la mirada y colocó sus manos frente a su rostro para tapar un poco la luz, trató de avanzar hacia el vehículo pero una lluvia de balas lo recibió a mitad del camino, Jorge cayó al suelo, tenía el torso lleno de balas, varios soldados empezaron avanzar por las calles, uno de ellos se paró a un costado de Jorge el cual aún podía mover sus manos, trataba de sujetarle la bota militar, el soldado desenfundó su arma y dio el tiro de gracia, logrando ver como se iba el último rastro de vida en los ojos de Jorge.

 

Continuará…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente:

Booknet.com

Edición final: V.D.M. 

viernes, 13 de octubre de 2023

Die walder meiner dunklen albträume III: «Punta Arenas: La ciudad de los muertos vivientes»



Los sueños oscuros (pesadillas) que relato son parte de mi vida, los he tenido de siempre y me llevan a deambular por distintos «mundos» distópicos de horror, misterio y suspenso. Me acostumbré tanto a esto que con los años dejé de sentir incomodidad o miedo; y hablo de cuando era muy niño; eran algo intrigante para mí, por esa razón me dediqué a estudiar y a investigar todo lo relacionado al tema.

Para la mayoría son pesadillas, hoy para mí son aventuras excitantes que me exigen al máximo mi capacidad de soportar cuanta bestia o monstruo aparecen en ellas.

He aquí otro de mis sueños que comparto con ustedes.

 

«Abro los ojos, estoy en otro lugar... siempre comienzan así estos sueños oscuros, como si me hubieran puesto ahí. Es mi ciudad, por ubicuidad me daba la impresión de que estaba más allá de Zona Franca, calle Bulnes.

Había muchos edificios de habitaciones, se notaba que eran de gama alta, sector muy acomodado... era tarde-noche, las calles estaban vacías. Camino despacio, viendo hacia todos lados, siempre cauto y tratando de escuchar algo que me diera indicios de lo que pasaba.

Nadie en las avenidas.

Todo en absoluta quietud.

Avanzo hacia unas calles que subían... de pronto veo a lo lejos 2 figuras que caminaban a unos 20 metros, no se distinguen bien... me escondo detrás de un auto. Siento un pequeño gruñido... lo que me temía, son muertos vivientes. Desde una casa veo movimientos de cortinas, les hago señas. Nada. Se esconden.

Ahora lo único que pienso es: encontrar armas para defenderme.

Ruidos a mis espaldas, vienen de una calle aledaña... varios muertos me ven y vienen por mí. Corro, intentando no hacer mucho ruido. Los muertos no corren, caminan lento... salto una cerca e intento ingresar a una casa, pero primero me cercioro de que no haya nadie dentro que me pueda disparar.

No hay nadie.

Empujo fuertemente la puerta... todo está oscuro... voy al comedor. Nadie.

Entro a una sala de estar, todo ordenado... no hay nada, ni armas, ni almas.

Subo al segundo piso... lo hago casi a gatas. Nada.

Ingreso a una habitación... registro todo.

Me voy.

Cruzo la cerca y me voy calles abajo y me detengo de golpe... en una calle hay cientos de muertos de pie, quietos... como esperando.

Uno me mira, gruñe y todos comienzan a cazarme y acelero mi paso a toda velocidad, ya no era tan necesario correr, debía mantener energías.

Camino y camino, desesperanzado... porque no tenía nada para defenderme y lo único que deseaba era una arma.

Todo se diluye y estoy en otra parte... y ahí están mis camaradas de la vida, me acerco, los abrazo y los saludo, me preguntan si estaba bien, les contesto que sí. Con ellos habían otras personas que no conocía, y ellos me cuentan que eran algunos sobrevivientes que se habían encontrado en el camino. Su meta era llegar al ferry para salir de la ciudad e ir a Tierra del Fuego.



Avanzamos zigzagueando por pasajes y calles para evitar a los muertos y entonces vimos algunos autos militares en llamas, y nos acercamos y para nuestra felicidad había armas, escopetas, fusiles de asalto y otras cosas, yo tomé una mochila militar y la llené de municiones mientras mi camarada Christian hacía lo mismo, Víctor, su hermano recogía todo lo que pudiera servir, chaquetas, etc. Una vez que terminamos seguimos caminando hacia nuestro objetivo, y en eso aparecen varios zombis y nos atacan, yo comencé a disparar tratando de utilizar las municiones lo mejor posible, las cabezas explotaban, y uno a uno los muertos van cayendo... y comenzamos una carrera a toda prisa porque era obvio que con tanto disparo esto ya habría alertado a otras hordas de hambrientos zombis.

Estábamos exhaustos... y a la vista estaba el lugar donde se suponía habría ferris rescatando gente... pero allí no había nada.

Miramos al estrecho y todo era desolación, ningún barco o barcaza en el horizonte. El sueño de la gente que andaba con nosotros se desmorona y muchos se ponen a llorar y a enloquecer. Las mujeres de más edad se derrumban en el suelo como dando todo por perdido. Yo los insto a seguir y a dirigirnos por la orilla del mar hacia la ciudad nuevamente para encontrar el puerto. Ir al aeropuerto era un viaje demasiado largo y cansador.

Mientras cargábamos las armas alguien nos alerta de lo inevitable... miles y miles de zombis se acercan, adonde mirabas habían muertos vivientes, y en grupos se desplazaban más rápido... se acercaban, y las mujeres que nos acompañaban eran lentas y estaban agotadas.

Miro a mis camaradas y les digo:

- Víctor, Christian... sigan ustedes, yo los cubro, yo me quedo. Voy a intentar retrasarlos lo más que pueda... ¡Váyanse!

Christian, mi hermano y camarada se pone a llorar y grita de rabia negándose a que  yo me quedara solo a morir. Su hermano lo instaba a cumplir mis deseos.

Ellos - los zombis - están a 12 metros y vienen hambrientos y furiosos...

Apunto y disparo, caen decenas... mi arma escupe metralla a nivel de las cabezas y muchos disparos dan en el blanco, los zombis que caen hacen tropezar al resto y esto comienza a retrasar a las hordas.

- ¡Váyanse! ¡Rápido! - les grito.

Christian escupe el suelo y le grita a su hermano y le dice que se vaya y que cuide al grupo de supervivientes...

- Yo me quedo con él - le dice.

Víctor se enoja y lo agarra del brazo intentando obligar a su hermano de sangre a desistir de su decisión.

- ¡Lárgate mierda! ¡Lárgate mierda! – le grita llorando.

El grupo se aleja corriendo.

Ambos sacamos todas las armas que nos quedaban y nos preparamos para la pelea final, era nuestra muerte segura, pero queríamos irnos peleando.

Lanzamos granadas, los cuerpos volaban en pedazos por los aires, tripas, sesos, brazos y sangre por doquier.

- ¡Vengan hijos de puta! ¡Vengan! - gritaba Christian mientras se fumaba un cigarrillo. Sus lágrimas ensuciaban su empolvada cara, pero su sonrisa era la de un hombre que estaba decido a morir.

- Fue un gusto haberte conocido hermano - le digo.

- Para mí también hermano - me responde.

Una lluvia de balas cayó sobre las hordas... a 3 metros... a 2 metros... a 1 metro».

 

Me despierto de golpe, cansado y sollozando, como si hubiera llorado. Y días después le cuento este sueño a mi camarada Christian y él me dijo que no tendría ninguna duda de hacer lo que él hizo en mi sueño.




 

 

 

 

Extraído de mis múltiples sueños oscuros. Muchos de ellos los tengo escritos.

Logo creado por: Aghy Purakusuma para la banda Firienholt.

Logo fue editado para este artículo.