I
El
Mundial de los Rellenos:
¿Fútbol
o Casting de extras?
Puta... no quiero ser pesao ni
desagradable ni venenoso, peeeeeero... ¿me pueden explicar qué rechucha hace Haití en un
Mundial? ¿O Curazao? ¿O cualquier otro equipo callampa que parece que se
inscribió en el torneo porque el capitán vio un anuncio en Facebook y dijo:
«Oye, vamos a ver si nos dan comida gratis en Estados Unidos porque esta
clasificatorias valen callampa?»
Es que es… esta güeá es
increíble. Uno abre la lista de clasificados y piensa que la
FIFA (panda de ladrones perkeles) ha decidido hacer un censo global de países
que tienen un estadio y tres pelotas pinchadas.
¿En serio? ¿Haití? Por favor. Esos
güeones juegan al fútbol bajo una lluvia y un calor que derrite el cemento, con
un ritmo de juego de una tortuga con artritis po' güeón. Pero claro, como el
negocio es expandir la «marca», ahora cualquier país que tenga una bandera y un
par de güeones que sepan patear un círculo de cuero ya es «bienvenido a la
fiesta lúser».
Güeón… y hablemos de Curazao. ¡Voi
vittu! A ver, ¿Cómo se llama ese país vittuperkele? No, en serio, no estoy
güeviando ¿Quiénes son esos güeones masetas? Llegaron al Mundial y Alemania no
solo los goleó, no, Alemania se los paseó, los dejó tiesos, se limpió el culo
con su honor deportivo y luego los mandó al hotel en un taxi compartido. Fue
una masacre. Ver a Curazao contra una potencia es como poner a un chihuahua a
pelear contra un tanque Leopard: el chihuahua ni siquiera llega a morder la
oruga del tanque antes de ser vaporizado. Pero hey, ¡qué lindo es el «espíritu
deportivo» y la «inclusión»! ¿No creen? La FIFA nos vende que es «el torneo más
diverso de la historia», pero lo que en realidad quieren decir es: «Metimos
a más equipos mediocres para vender más derechos de televisión en mercados
donde la gente es tan ingenua que cree que su equipo tiene una oportunidad».
II
Y ahora... cachen, voy a ser sincero
a cagar. Me paso por el traste absolutamente todo lo que escribí hace dos
ediciones sobre la gloria del fútbol sudamericano. Me lo paso por el ‘planeta
Urano’ porque, seamos realistas: parece... y repito... parece que el fútbol
sudaca ya no es taaaaan bacán.
Nos creemos los dueños del balón,
los poetas del regate, los herederos de Pelé y Maradona, pero la realidad es
que estamos jugando un fútbol que parece un partido de veteranos un domingo por
la tarde, ¿Cachai? Mucho baile, mucha pose, mucho «estilo», pero cuando llegas
al área, te da miedo patear porque te distraes pensando en el contrato de
publicidad de tu nueva marca de champú. Nos hemos vuelto blandos, nos hemos
vuelto predecibles y, sinceramente, nos hemos creído nuestro propio cuento
mientras Europa nos pasa por encima con una eficiencia robótica que asusta.
PERO... (y aquí viene el «pero» del
tamaño del estadio de Texas), no confundan mi crisis existencial sudaca con una
defensa de la CONCACAF. No, no, no, esa mierda es harina de otro costal. Lo de
la CONCACAF no es fútbol, es un experimento social fallido. Es una
confederación donde el arbitraje es una sugerencia, donde los estadios parecen
estacionamientos de supermercados y donde la calidad técnica es tan baja que a
veces dudo que sepan que el balón no se puede tocar con la mano. La CONCACAF es
el basurero donde la FIFA tira los restos de los torneos que no saben dónde
ubicar. Es un circo de mediocridad disfrazado de «región en crecimiento».
Entonces, llegamos a la pregunta del
millón: ¿A este Mundial perkele llegaron los mejores?
¿De verdad? ¿Los mejores? ¡Tula de burro! Llegaron los que ciertas ligas de la maldita FIFA promueven, llegaron los que tienen el marketing correcto, los que encajan en la narrativa de «crecimiento global», los que tienen patrocinadores que pagan los millones necesarios para que el señor Infantino —pelao ‘aka-huora—pueda dormir tranquilo en su cama de seda.
No es un torneo de los mejores; es
un casting de extras. Es un show donde los equipos «relleno» están ahí solo
para que las potencias inflen sus estadísticas (güeá que hasta el momento ha
quedado al debe) y para que los patrocinadores puedan poner su logo en la
camiseta de un país que nadie sabía que existía hasta que empezó el torneo.
Al final, nos venden la «magia del
fútbol», pero lo que estamos viendo es un producto empaquetado al vacío, un
Mundial donde el mérito deportivo es la última prioridad, después del dinero,
la política y la necesidad de que Irán tenga algo que hacer mientras la guerrita sigue en medio oriente.
Puta... es que es triste la güeá.
Pero bueno, compren su entrada de 500 dólares, compren la camiseta de plástico
y disfruten viendo cómo Alemania vuelve a limpiarse el culo a algún país que
empieza por «C». Total, para eso pagamos, ¿no? Para ver el circo.
III
Y ya que estamos en este viaje de
honestidad brutal y nos estamos pasando por el ‘lado oscuro de la Luna’
cualquier respeto diplomático... hablemos del elefante en la habitación, o
mejor dicho, hablemos del «guion».
¿A ustedes no les parece
sospechosamente conveniente todo esto?
¿No es un poquito extraño que los «sorteos»
de la FIFA siempre parezcan tener una brújula que apunta directamente hacia
Buenos Aires? Es que es fascinante la güeá. El sorteo es esa lotería donde las
bolitas mágicas, movidas por la mano invisible del mercado, siempre dejan a
Argentina en el camino más cómodo, con el grupo más digerible, o con el cruce
que los deja vivos hasta que la narrativa lo requiera.
Es como si el destino tuviera un
contrato de exclusividad con la AFA. «Mira, Infantino, pongamos a
los albicelestes aquí, que no queremos que se vayan temprano porque el rating
cae y los patrocinadores se ponen nerviosos».
Es un sorteo, sí... un sorteo donde
el resultado ya estaba escrito en una servilleta durante un almuerzo en un yate
en Mónaco.
Y ahí llegamos al centro del
ecosistema: Messi.
A ver, seamos claros con la güeá para
que no me salgan con que soy un envidioso de mierda: el talento del güeón es
indudable. El tipo es un alien, un genio, alguien que ve el campo en 4D mientras
nosotros seguimos intentando entender cómo se ata un cordón. Pero, puta... ¿no
se dan cuenta de lo que realmente es?
Messi no es solo el «mejor jugador
del mundo»; es la Estrella Máxima de la Élite, es el producto perfecto de la
güeá, es el rostro que la FIFA necesita para venderle el fútbol a una señora en
China y a un niño en Nigeria. Pero detrás de esa imagen de «tipo callado y
humilde», lo que veo es a un imbécil con un talento notable, que terminó siendo
simplemente una ramera de los poderosos.
No me malinterpreten, no hablo de
que el güeón sea un malagradecido, hablo de que es la pieza central de un
tablero de ajedrez donde él es el peón más caro. Lo usan, lo exhiben, lo pulen
y lo ponen en el escaparate para validar un sistema que es corrupto hasta la
médula. Messi es el lubricante que hace que la maquinaria de la FIFA ruede sin
chirridos, ¿Cachan? Mientras el mundo idolatra su zurda, los de arriba se ríen
porque saben que mientras Messi esté en el centro del escenario, nadie se
fijará en los millones que desaparecen por los desagües de la confederación o
en cómo se venden las sedes del Mundial al mejor postor.
Es el «Salvador» diseñado por el
marketing. Lo ponen en el pedestal no solo por sus goles, sino porque es la
marca más rentable del planeta. Y el güeón, ahí está, aceptando los premios,
sonriendo en las galas, siendo el embajador de un circo donde los payasos
llevan traje y corbata. Es la tragedia del genio: tener todo el talento del mundo,
pero terminar siendo el accesorio de lujo de un grupo de güeones que no saben
distinguir un fuera de juego de una transacción bancaria ilegal.
Tal vez, este sea el último mundial
de Messi, y no es «tira’o de las mechas» pensar que todos los sponsors de la
«pulga» estén rascando el lomo de la FIFA para que la copa se la lleve la
gallina de los huevos de oro, ¿Cachan la idea?
Entonces, volvamos al inicio. ¿Los
mejores? ¿El mérito deportivo? ¡No me hagan reír! ¡No güeveen!
Tenemos un Mundial donde equipos
callampas como Curazao sirven de saco de boxeo para que Alemania se sienta
poderosa, donde la CONCACAF sigue siendo un chiste de mal gusto, y donde el «camino
al éxito» de Argentina parece estar pavimentado con billetes y favores mutuos.
¿Catar? ¿Panamá? ¿Cabo Verde? ¿RD
Congo? ¿Nueva Zelanda? ¿Corea del Norte? ¿Australia? ¿Jamaica? ¿Costa Rica?
¿Irak? ¿Jordania? ¿Irán? ¿Uzbekistán?
Todo es un show. Un show vittuperkele
diseñado para que los imbéciles que pagan la entrada, sigan creyendo que el
fútbol es «lo más lindo del mundo». Pero la realidad es que el fútbol ya no es
un deporte; es una sucursal bancaria con césped sintético, donde Messi es la
cara visible y los fans termocéfalos son los que pagan la cuenta.
La verdad... es que da asco. Pero
bueno, sigan gritando «¡Goool!», que mientras ustedes gritan, alguien en una
oficina de Zúrich acaba de cobrar una comisión por el ruido.
Escrito por: Olog Krevalora.
Portada diseñada por: Vëthriön Asathørn.
Imagen de Alemania versus Curazao diseñada por: Vëthriön Asathørn.
Edición final: Olog Krevalora y Vëthriön Asathørn.



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