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martes, 21 de julio de 2026

Trollish News: «¡España celebra, los argentinos enojados y Messi chóra!»




Ok, cabros, han venido al lugar correcto para despedazar este circo futbolero con el cuchillo afilado del comentario de las noticias. Agárrense, que esto va a ser largo, jugoso, sin anestesia y sin censura.

 

SOBRE EL PARTIDO POR EL TERCER LUGAR: LA EXHIBICIÓN DE LOS «DEFENSAS FANTASMAS»

Francia e Inglaterra, dos selecciones que normalmente se toman el fútbol como si fuera una ópera trágica, de repente decidieron que el partido por el tercer puesto era en realidad un «open bar» de goles, ¿Cachai?

¿Jugaron los defensas masetas o se quedaron en el camarín tomando té con galletitas? Porque la güeá que vimos fue un partido donde las líneas defensivas parecían estar hecha de papel higiénico mojado. Un 3-2, un 4-3, un caos hermoso de goles, defensas dando jugo pesa’o y donde todos corrían como si la prima rica de buen culo y de buenas tetas los hubiera invitado a una fiesta, pero con una condición:

«Si no meten 5 goles cada uno, no hay más cerveza ni sobajeos».

La güeá fue un partido de exhibición, claramente, y finalizó con un 6-4 a favor de los ingleses. Los güeones se olvidaron de que existían las tácticas, los marcajes y las patadas arteras. Fue como ver a dos equipos de la NFL jugando al fútbol: pura velocidad, cero defensas, y un montón de goles que harían sonrojar a cualquier hincha argentino que te dice «ché, el fútbol es estrategia». No, güeón, esto fue puro «yo corro, tú corres, (tu hermana se corre pensando en mí), todos metemos goles y después nos tomamos una foto». Un espectáculo para el que compró entradas y fue a ver esa pichanga, y que terminó siendo la mejor güeá del torneo. En todo caso tarde se acordaron de que el fútbol —para ganar la güeá— hay que hacer goles, e ir al ataque, güeá que no vinos en semifinales.

 

LA FINAL: ESPAÑA GANA, Y LOS CHÉ SACAN EL HACHA

Güeón, la final QL fue un partido de esos que te hacen preguntarte si el fútbol es un deporte o una guerra de guerrillas, ¿Cachai? España, bien jugado, con un toque que parece bordado a mano, a veces aburrido y cansino, pero del otro lado, ¿Qué güeá pasó? Ahí estaban los representantes del «fútbol sudamericano de garra y corazón»", que cuando ven que el partido se les escapa, sacan el hacha, las patadas voladoras, los codazos y las chuchadas como si estuvieran en una liquidación de fin de temporada. «Chévense dos patadas por el precio de una, manga de papas fritas». 

No andemos con güeás y digamos la verdad: Argentina, Uruguay, todos hacen lo mismo: cuando el plan A no funciona, pasan al plan B, que es «rompé al que tenga la pelota, que después vemos».

Y la mejor güeá de todas: ver llorar a Messi, el «títere de los poderes fácticos», el que se pasea por los estadios como si el QL fuera un emperador, pero que cuando la güeá se pone fea, se transforma en un niño que perdió su chupete ¡Agú-agú! ¡GUAAAJAJAJA! Sorry, es poco profesional reírse mientras uno comenta una noticia. 😁

Messi llorando finalizado el partido es el meme que nos regaló el fútbol, el genio que no puede soportar que el mundo no gire a su alrededor. Pero bueno, al menos él no sacó el hacha, dejó que sus compañeros repartieran leña mientras él se secaba las lágrimas internas con la camiseta del Barcelona (perdón, del Inter Miami, que ya ni eso). 😢

 

TRUMP Y LA COPA:

EL TÍO BORRACHO QUE SE CUELA EN LA FOTO

Puta, aquí viene el chiste de la final cuando España levanta la copa, aparece el hombre, el mito, la leyenda: Donald Trump, alias «Pelo de Nube». Se planta cara de raja y sin empachos al lado de los jugadores como si él hubiera sido el técnico, como si hubiera metido el gol de la victoria.

«Sí, claro, Donnie, tú entrenaste a España desde la Casa Blanca, con tu dieta de Big Macs y tu pésimo golf»

Y ahí estaba Infantino, el «Cabeza de la callampa», tratando de sacarlo con una risita falsa, como quien intenta espantar a una mosca QL. Pero no, Trump es como una garrapata: se pega y no lo sacai ni con pinzas po’ güeón.

Trump es un chiste, sí, pero un chiste peligroso, es más peligroso que tos con diarrea, seee, es más peligroso que daltónico desactivando bombas, ese güeón es como el tío borracho y desubicado que llega a la fiesta de tus primos, se toma todo el whisky, se pone a bailar como topletera en la mesa y luego intenta venderte un reloj robado. Pero este tío —Pato Donald— tiene poder, y quiere más mundiales en Estados Unidos. Que corte su güeveo.

TRUMP: «¿Por qué no? Si ya tenemos el Super Bowl, la NBA, y ahora queremos el fútbol para llenarlo de comerciales de Coca-Cola y camisetas horribles».

Trump es una piraña de la selva amazónica: pequeño, ruidoso, pero con unos dientes que te dejan sin pierna si te descuidas.

Y después de la final, Trump da una conferencia, ahí está, dicharachero, gracioso, contando chistes malos mientras los periodistas se ríen por compromiso. «Quiero más mundiales en Estados Unidos», dice el QL, como si el fútbol fuera un hot dog que se puede comprar en cualquier esquina. Pero no se detiene ahí: Trump va por todas las güeás: Petróleo, minas jóvenes, prostitutas, el estrecho de Ormuz, guerras, todas las güeás que se le crucen. Es como un niño en una tienda de dulces, pero los dulces son países enteros y él los quiere todos para su colección.

«Ese güeón va por todo», y es cierto. Trump es peligroso a cagar, porque no tiene freno, Es el güeón que ve una oportunidad y la agarra con los dientes, sin importar si la güeá es un negocio legítimo o una estafa monumental. Quiere el mundo a toda costa, y si tiene que venderte un puto mundial de fútbol mientras negocia armas con Arabia Saudita, lo hará con una sonrisa de oreja a oreja.

 

CONCLUSIÓN:

UN CIRCO LLAMADO FÚTBOL

En resumen, el fútbol es un circo QL, y los fanáticos son los payasos que pagan la entrada.

El partido por el tercer lugar fue una fiesta sin defensas, la final fue una guerra de hachas y lágrimas, y Trump apareció para recordarnos que el puto poder siempre se cuela en las fotos que no le pertenecen. Infantino, el Cabeza de tula, se quedó con la risa congelada, y Messi se fue a llorar a su casa con su millonada. 

Lo bueno de esto cabros es que al menos nos reímos. Y si no, siempre podemos culpar a la puta FIFA, a Trump, o a la prima rica que no nos invitó a la fiesta.

¡Nos cachamos en 4 años más cabros, el mundial se acabó!

¡Vittu tätä paskaa!



 

Artículo escrito por: Gandworf.

Portada: Vëthriön Asathørn.

Edición final: Gandworf. 

martes, 16 de junio de 2026

Sala de Autopsias Sociales [Fútbol S.A.: El Show de las Marionetas]




I

El Mundial de los Rellenos:

¿Fútbol o Casting de extras?

Puta... no quiero ser pesao ni desagradable ni venenoso, peeeeeero... ¿me pueden explicar qué rechucha hace Haití en un Mundial? ¿O Curazao? ¿O cualquier otro equipo callampa que parece que se inscribió en el torneo porque el capitán vio un anuncio en Facebook y dijo: «Oye, vamos a ver si nos dan comida gratis en Estados Unidos porque esta clasificatorias valen callampa?»

Es que es esta güeá es increíble. Uno abre la lista de clasificados y piensa que la FIFA (panda de ladrones perkeles) ha decidido hacer un censo global de países que tienen un estadio y tres pelotas pinchadas.

¿En serio? ¿Haití? Por favor. Esos güeones juegan al fútbol bajo una lluvia y un calor que derrite el cemento, con un ritmo de juego de una tortuga con artritis po' güeón. Pero claro, como el negocio es expandir la «marca», ahora cualquier país que tenga una bandera y un par de güeones que sepan patear un círculo de cuero ya es «bienvenido a la fiesta lúser».



Güeón y hablemos de Curazao. ¡Voi vittu! A ver, ¿Cómo se llama ese país vittuperkele? No, en serio, no estoy güeviando ¿Quiénes son esos güeones masetas? Llegaron al Mundial y Alemania no solo los goleó, no, Alemania se los paseó, los dejó tiesos, se limpió el culo con su honor deportivo y luego los mandó al hotel en un taxi compartido. Fue una masacre. Ver a Curazao contra una potencia es como poner a un chihuahua a pelear contra un tanque Leopard: el chihuahua ni siquiera llega a morder la oruga del tanque antes de ser vaporizado. Pero hey, ¡qué lindo es el «espíritu deportivo» y la «inclusión»! ¿No creen? La FIFA nos vende que es «el torneo más diverso de la historia», pero lo que en realidad quieren decir es: «Metimos a más equipos mediocres para vender más derechos de televisión en mercados donde la gente es tan ingenua que cree que su equipo tiene una oportunidad».

 

II

Y ahora... cachen, voy a ser sincero a cagar. Me paso por el traste absolutamente todo lo que escribí hace dos ediciones sobre la gloria del fútbol sudamericano. Me lo paso por el ‘planeta Urano’ porque, seamos realistas: parece... y repito... parece que el fútbol sudaca ya no es taaaaan bacán.

Nos creemos los dueños del balón, los poetas del regate, los herederos de Pelé y Maradona, pero la realidad es que estamos jugando un fútbol que parece un partido de veteranos un domingo por la tarde, ¿Cachai? Mucho baile, mucha pose, mucho «estilo», pero cuando llegas al área, te da miedo patear porque te distraes pensando en el contrato de publicidad de tu nueva marca de champú. Nos hemos vuelto blandos, nos hemos vuelto predecibles y, sinceramente, nos hemos creído nuestro propio cuento mientras Europa nos pasa por encima con una eficiencia robótica que asusta.

PERO... (y aquí viene el «pero» del tamaño del estadio de Texas), no confundan mi crisis existencial sudaca con una defensa de la CONCACAF. No, no, no, esa mierda es harina de otro costal. Lo de la CONCACAF no es fútbol, es un experimento social fallido. Es una confederación donde el arbitraje es una sugerencia, donde los estadios parecen estacionamientos de supermercados y donde la calidad técnica es tan baja que a veces dudo que sepan que el balón no se puede tocar con la mano. La CONCACAF es el basurero donde la FIFA tira los restos de los torneos que no saben dónde ubicar. Es un circo de mediocridad disfrazado de «región en crecimiento».

Entonces, llegamos a la pregunta del millón: ¿A este Mundial perkele llegaron los mejores?

¿De verdad? ¿Los mejores? ¡Tula de burro! Llegaron los que ciertas ligas de la maldita FIFA promueven, llegaron los que tienen el marketing correcto, los que encajan en la narrativa de «crecimiento global», los que tienen patrocinadores que pagan los millones necesarios para que el señor Infantino —pelao ‘aka-huora—pueda dormir tranquilo en su cama de seda. 

No es un torneo de los mejores; es un casting de extras. Es un show donde los equipos «relleno» están ahí solo para que las potencias inflen sus estadísticas (güeá que hasta el momento ha quedado al debe) y para que los patrocinadores puedan poner su logo en la camiseta de un país que nadie sabía que existía hasta que empezó el torneo.

Al final, nos venden la «magia del fútbol», pero lo que estamos viendo es un producto empaquetado al vacío, un Mundial donde el mérito deportivo es la última prioridad, después del dinero, la política y la necesidad de que Irán tenga algo que hacer mientras la guerrita sigue en medio oriente.

Puta... es que es triste la güeá. Pero bueno, compren su entrada de 500 dólares, compren la camiseta de plástico y disfruten viendo cómo Alemania vuelve a limpiarse el culo a algún país que empieza por «C». Total, para eso pagamos, ¿no? Para ver el circo.

 

III

Y ya que estamos en este viaje de honestidad brutal y nos estamos pasando por el ‘lado oscuro de la Luna’ cualquier respeto diplomático... hablemos del elefante en la habitación, o mejor dicho, hablemos del «guion».

¿A ustedes no les parece sospechosamente conveniente todo esto?

¿No es un poquito extraño que los «sorteos» de la FIFA siempre parezcan tener una brújula que apunta directamente hacia Buenos Aires? Es que es fascinante la güeá. El sorteo es esa lotería donde las bolitas mágicas, movidas por la mano invisible del mercado, siempre dejan a Argentina en el camino más cómodo, con el grupo más digerible, o con el cruce que los deja vivos hasta que la narrativa lo requiera.

Es como si el destino tuviera un contrato de exclusividad con la AFA. «Mira, Infantino, pongamos a los albicelestes aquí, que no queremos que se vayan temprano porque el rating cae y los patrocinadores se ponen nerviosos».

Es un sorteo, sí... un sorteo donde el resultado ya estaba escrito en una servilleta durante un almuerzo en un yate en Mónaco.

Y ahí llegamos al centro del ecosistema: Messi.

A ver, seamos claros con la güeá para que no me salgan con que soy un envidioso de mierda: el talento del güeón es indudable. El tipo es un alien, un genio, alguien que ve el campo en 4D mientras nosotros seguimos intentando entender cómo se ata un cordón. Pero, puta... ¿no se dan cuenta de lo que realmente es?

Messi no es solo el «mejor jugador del mundo»; es la Estrella Máxima de la Élite, es el producto perfecto de la güeá, es el rostro que la FIFA necesita para venderle el fútbol a una señora en China y a un niño en Nigeria. Pero detrás de esa imagen de «tipo callado y humilde», lo que veo es a un imbécil con un talento notable, que terminó siendo simplemente una ramera de los poderosos.

No me malinterpreten, no hablo de que el güeón sea un malagradecido, hablo de que es la pieza central de un tablero de ajedrez donde él es el peón más caro. Lo usan, lo exhiben, lo pulen y lo ponen en el escaparate para validar un sistema que es corrupto hasta la médula. Messi es el lubricante que hace que la maquinaria de la FIFA ruede sin chirridos, ¿Cachan? Mientras el mundo idolatra su zurda, los de arriba se ríen porque saben que mientras Messi esté en el centro del escenario, nadie se fijará en los millones que desaparecen por los desagües de la confederación o en cómo se venden las sedes del Mundial al mejor postor.

Es el «Salvador» diseñado por el marketing. Lo ponen en el pedestal no solo por sus goles, sino porque es la marca más rentable del planeta. Y el güeón, ahí está, aceptando los premios, sonriendo en las galas, siendo el embajador de un circo donde los payasos llevan traje y corbata. Es la tragedia del genio: tener todo el talento del mundo, pero terminar siendo el accesorio de lujo de un grupo de güeones que no saben distinguir un fuera de juego de una transacción bancaria ilegal.

Tal vez, este sea el último mundial de Messi, y no es «tira’o de las mechas» pensar que todos los sponsors de la «pulga» estén rascando el lomo de la FIFA para que la copa se la lleve la gallina de los huevos de oro, ¿Cachan la idea?

Entonces, volvamos al inicio. ¿Los mejores? ¿El mérito deportivo? ¡No me hagan reír! ¡No güeveen!

Tenemos un Mundial donde equipos callampas como Curazao sirven de saco de boxeo para que Alemania se sienta poderosa, donde la CONCACAF sigue siendo un chiste de mal gusto, y donde el «camino al éxito» de Argentina parece estar pavimentado con billetes y favores mutuos.

¿Catar? ¿Panamá? ¿Cabo Verde? ¿RD Congo? ¿Nueva Zelanda? ¿Corea del Norte? ¿Australia? ¿Jamaica? ¿Costa Rica? ¿Irak? ¿Jordania? ¿Irán? ¿Uzbekistán?

Todo es un show. Un show vittuperkele diseñado para que los imbéciles que pagan la entrada, sigan creyendo que el fútbol es «lo más lindo del mundo». Pero la realidad es que el fútbol ya no es un deporte; es una sucursal bancaria con césped sintético, donde Messi es la cara visible y los fans termocéfalos son los que pagan la cuenta.

 


La verdad... es que da asco. Pero bueno, sigan gritando «¡Goool!», que mientras ustedes gritan, alguien en una oficina de Zúrich acaba de cobrar una comisión por el ruido.




Escrito por: Olog Krevalora.

Portada diseñada por: Vëthriön Asathørn.

Imagen de Alemania versus Curazao diseñada por: Vëthriön Asathørn.

Edición final: Olog Krevalora y Vëthriön Asathørn.