VENEZUELA
SE SACUDE:
EL
TERREMOTO QUE NO PERDONA, LA INFRAESTRUCTURA QUE SÍ, Y LOS PRESIDENTES QUE
SIGUEN CONTANDO BILLETES
O cómo un país entero se derrumba
mientras sus líderes se hacen selfis con el dinero del pueblo…
Capítulo
1:
El
suelo tembló, pero los edificios llevaban décadas avisando
Cuando la tierra se mueve en
Venezuela, no es solo un fenómeno geológico, es un examen final, sin apuntes y
con el edificio en llamas o simplemente comiendo en el suelo. El terremoto —en
este caso dos— han llegado, y con él, la oportunidad de ver, por fin, la
verdadera dimensión de la infraestructura de construcción venezolana.
Spoiler: es una mierda.
No hace falta ser ingeniero
estructural para darse cuenta de que en Venezuela se construye como si el
mañana no existiera. Y es que, cuando los gobernantes roban el cemento, el
hierro y hasta los planos, lo que queda son edificios que tiemblan más que un
adolescente en su primera cita. El terremoto no ha hecho más que poner en
evidencia lo que todos sabían, pero preferían ignorar: que las normas de
construcción son un chiste, que los inspectores cobran debajo de la mesa, y que
los materiales son de la peor calidad posible porque el dinero se fue a Suiza.
Pero no, no es culpa del terremoto,
es culpa de décadas de corrupción, de políticos que veían los proyectos de
vivienda como una oportunidad para llenarse los bolsillos, no para darle un
techo digno a la gente. El terremoto solo ha sido el mensajero. Y el mensaje es
claro: «Señores chavistas bolivarianos, su país es un puto castillo de naipes y el viento sopla fuerte».
Capítulo
2:
Karma-país,
o cómo los gnósticos se frotan las manos
Si fuéramos gnósticos —esos que
creen en el karma cósmico, en las energías y en que el universo ajusta cuentas—
podríamos especular que Venezuela está pagando un karma-país. Una deuda espiritual
acumulada por décadas de errores, abusos y malas decisiones. Porque cuando un
país entero permite —o al menos no frena— que sus líderes se conviertan en
millonarios mientras la gente come de la basura, el universo, o la historia, o
la puta realidad, acaba pasando factura. Y vaya si la está pasando.
Los errores en política han sido
tan monumentales que parecen hechos a propósito. Desde la nacionalización de
industrias que funcionaban perfectamente, hasta la creación de un sistema de
control de precios que vació los supermercados. Desde la expropiación de
tierras que dejó el campo sin producir, hasta la impresión de billetes sin
respaldo que convirtió el bolívar en papel higiénico de lujo. Cada error, cada
decisión estúpida, ha ido sumando puntos en esa cuenta kármica que ahora, con
el terremoto, parece estar cobrándose intereses.
Y luego están los comunistas, esos
que llegaron con el discurso del «amor al pueblo», de la «igualdad», de la «justicia
social». Esos que prometieron el paraíso terrenal y entregaron un infierno de
colas, escasez y represión. Los mismos que hablaban de «la patria socialista»
mientras se construían mansiones en Miami y se abrían cuentas en paraísos
fiscales. Los comunistas venezolanos no solo abusaron de los ciudadanos con
retóricas absurdas; los vaciaron, los humillaron y los dejaron sin futuro. Y
ahora, cuando la tierra tiembla, esos mismos comunistas están probablemente en
sus refugios privados, blindados, mientras el pueblo se las arregla como puede
entre los escombros.
Capítulo
3:
Los
presidentes y sus billeteras — un amor más fuerte que cualquier terremoto
Hablemos de los líderes. Porque si
hay algo que no se ha derrumbado en Venezuela, son las fortunas de sus
presidentes.
Vamos por parte como dijo Jack The
Ripper:
Nicolás Maduro: El heredero del caos. El que llegó prometiendo
continuar el legado de Chávez y terminó convirtiendo el país en un campo de
refugiados. Mientras los venezolanos hacían colas para comprar un kilo de
harina, Maduro engordaba su cuenta bancaria con petrodólares, con sobornos, con
negocios oscuros que incluían desde el narcotráfico hasta el contrabando de
oro. Se estima que su fortuna personal ronda los miles de millones de dólares.
Sí, has leído bien: miles de millones. Mientras su pueblo se moría de hambre,
él se compraba relojes, autos de alta gama, propiedades y probablemente un
búnker anti-terremotos. Porque claro, los líderes socialistas siempre tienen un
plan B para cuando la mierda golpea el ventilador.
Hugo Chávez: El padre de la criatura. El que llegó montado en un
caballo blanco prometiendo salvar a los pobres y terminó amasando una fortuna
que haría palidecer a cualquier oligarca que él mismo decía combatir. Chávez no
solo se llevó el dinero del petróleo; se llevó la dignidad del país. Se rodeó
de amigos, familiares y militares leales que, como él, se llenaron los
bolsillos mientras el pueblo se empobrecía. Y ahora, desde el más allá, su
legado sigue temblando. Literalmente.
Y no solo ellos. Detrás vienen
toda una corte de enchufados, ministros, gobernadores y militares que vieron en
la revolución una oportunidad de negocio. El socialismo del siglo XXI resultó
ser, en realidad, el capitalismo más salvaje para unos pocos, mientras el resto
se cagaba de hambre.
Capítulo
4:
La
teoría conspirativa que nadie se atreve a descartar del todo
Ahora, si fuéramos conspiranoicos —y seamos sinceros, a veces los conspiranoicos aciertan— deberíamos preguntarnos: ¿y si aquí hubo mano oscura?
¿Y si el terremoto no fue natural, sino inducido?
El proyecto HAARP, ese sistema de
investigación ionosférica que Estados Unidos tiene en Alaska, ha sido el
culpable favorito de todos los terremotos, huracanes y desastres naturales
desde los años 90. Y sí, suena a locura, suena a teoría de manual de
supervivencia de los 80. Pero cuando ves que un país como Venezuela —que tiene
el petróleo más grande del mundo, que es un dolor de cabeza geopolítico
constante, y que además está en el punto de mira de medio planeta— sufre un
terremoto justo cuando la tensión política está al máximo, no puedes evitar
preguntártelo.
¿Manipulación climática?
¿Armas sísmicas?
¿Una demostración de poder para
recordarle al régimen quién manda realmente? No lo sabemos. Pero si algo nos ha
enseñado la historia es que los gobiernos hacen cosas mucho más mariconas de lo
que la gente común imagina. Y que, a veces, los terremotos no son solo
terremotos.
No voy a afirmar que HAARP haya
sido el responsable, pero tampoco voy a descartarlo. Porque en un mundo donde
los gobiernos esconden ovnis, experimentos biológicos y guerras falsas, un
terremoto inducido no sería ni la peor de las noticias.
Capítulo
5:
Los
muertos que no se cuentan
Hasta el día de hoy, las cifras
oficiales hablan de X muertos (porque las cifras cambian cada hora y los
gobiernos mienten siempre), pero sabemos que la realidad siempre es peor. En
los terremotos, los muertos no son solo los que quedan bajo los escombros; son
también los que mueren después, en los hospitales colapsados, en las calles sin
ayuda, en los campos de refugiados que se forman cuando el Estado desaparece.
Y en Venezuela, el Estado ya había
desaparecido mucho antes del terremoto. Los hospitales no tenían medicinas, los
bomberos no tenían combustible, los rescatistas no tenían equipos. Así que
cuando la tierra tembló, no solo se derrumbaron edificios; se derrumbó la poca
esperanza que quedaba.
Los muertos de este terremoto no
son solo víctimas de la naturaleza, son víctimas de un sistema que los abandonó
mucho antes de que el suelo se moviera. Son víctimas de la corrupción, de la
incompetencia, de la codicia. Son víctimas de un país que lleva décadas
muriéndose lentamente, y que ahora recibe el golpe final.
Reflexión
final:
Cuando
el suelo se mueve, las máscaras caen
Un terremoto no solo derriba
edificios. Derriba mentiras. Derriba discursos. Derriba la fachada de un
sistema que se sostiene sobre la miseria de su pueblo.
Venezuela no necesita solo ayuda
humanitaria. Venezuela necesita un ajuste de cuentas. Necesita que los que
robaron devuelvan. Necesita que los que mintieron callen. Necesita que los que
se llenaron los bolsillos mientras otros se morían de hambre paguen, de una
puta vez.
Pero no va a pasar... porque los
mismos que causaron esta tragedia seguirán en el poder, o huyendo con el
dinero, o escribiendo tuits de solidaridad mientras cuentan sus billetes en una
mansión en República Dominicana. Y el pueblo, como siempre, se quedará entre
los escombros, esperando que alguien, algo, algún día, les devuelva lo que les
robaron.
El terremoto pasará. Las réplicas cesarán. Pero la herida de Venezuela —esa herida abierta por décadas de abuso, corrupción y mentiras— seguirá sangrando. Porque los terremotos se terminan. Los políticos, no.
Esta vez no quise hablar de la vieja fea que está en el
poder en Venezuela (Delcy Rodríguez), porque para mí solo es la extensión de la
incompetencia, de la basura izquierdista y ella; junto a los demás payasos; son
solo monigotes imbéciles del legado de Chávez y Maduro. Porque sabemos… que
Maduro sigue gobernando.
Cifras hasta esta fecha: 920
muertos. 3000 heridos.
TROLLISH NEWS — Porque la verdad duele, pero la mentira
mata.
Artículo creado por: El Dream Team de Trollish News.
Portada diseñada por: Trollish News. Creada con AI.
Edición final: Vëthriön Asathørn.

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