lunes, 8 de junio de 2026

Sala de Autopsias Sociales [La Gran Farsa Espacial]




LA FARSA ESPACIAL MÁS PATÉTICA DE LA HISTORIA

Vamos a poner las cartas sobre la mesa, vamos a hablar sin güeás raras y vamos a correr hachazos sin asco. El 14 de abril de 2025, seis mujeres, de la «industria musical» y mediática (y uso ese término con pinzas porque la mayoría apenas saben sostener un micrófono sin autotune o leer un teleprompter sin equivocarse) «viajaron al espacio».

¿El problema de la güeá? Todo fue un montaje tan evidente que hasta un niño de 5 años con un iPad lo habría cachado al toque. Y no, no me refiero a un viaje espacial real de ‘Blue Origin’ o ‘SpaceX’. Me refiero a esa mierda de «simulación»" que nos vendieron como si fuera el puto ‘Apolo 11’. Fue jurel tipo salmón. Trans tipo mujer, a ese nivel.

¿Saben cuanto duró el «viaje»? En total 11 minutos, sí… no estoy güeviando, y de esos 11 minutos ellas solo estuvieron 3 minutos en «el espacio».



Primero, hablemos de la «tripulación» de lujo:

• Katy Perry, la reina del autotune y los fuegos artificiales metafóricos, que cree que «Rise» es un himno espacial cuando en realidad es un tema de fondo para comerciales de seguros, una perra que trabaja para las redes más oscuras de la industria musical, esa que vende el satanismo como si fuera lo más bacán del mundo.

• Gayle King, la periodista que alguna vez tuvo credibilidad pero que ahora vende su alma al diablo por un viaje en un cohete de mentira.

• Lauren Sánchez, la prometida de Jeff Bezos, que básicamente consiguió el asiento porque se está tirando al dueño del circo, una güeona que tiene más operaciones que la fuerza delta gringa, y ni hablar de su cara de trans.

• Y Aisha Bowe, una exingeniera de la NASA que debería dar vergüenza ajena por prestarse a esta payasada de ese pelón cabeza de pene de Bezos.

• Kerianne Flynn es una ex ejecutiva de recursos humanos, productora de cine, socialité y turista espacial. Ha contribuido a varios proyectos cinematográficos, entre ellos The Automatic Hate (2015), This Changes Everything (2018) y Lilly (2024). ¿Este proyecto también es de ella?

• Amanda Ngc Nguyn (California, 10 de octubre de 1991) es una emprendedora social, activista de derechos civiles e investigadora de bioastronáutica estadounidense. Otra payasa vendida.

Seis mujeres agüeonás que probablemente creen que el espacio exterior es donde guardan las nubes en Fortnite. Sin entrenamiento real, sin preparación, sin siquiera saber cómo funciona un cinturón de seguridad en un avión comercial, y de repente están «yendo al espacio». ¿En serio? ¿Me estai güeviando?

¿Nadie se pregunta por qué la NASA no las reclutó para una «misión real»? Ah, cierto, porque la NASA no es una agencia de casting para realities de mierda, es una industria de entretenimiento seria, con farsas de lujo. 

El momento cumbre de esta payasada perkele fue cuando abrieron la «puerta espacial» en plena transmisión en vivo. ¿Y qué vimos? Una puerta rasca que parecía sacada de un set de filmación de bajo presupuesto, probablemente comprada en una liquidación de decorados de películas clase B. Delgada, temblorosa, con ese sonido hueco de cartón cuando la movieron, como si estuvieran abriendo la puerta de un armario de oficina. No el sello hermético de una nave espacial real, no el grosor de titanio que soporta el vacío del espacio. Ni siquiera era la tercera parte de una verdadera puerta de avión. No, era más parecida a la puerta de un baño público en un concierto de reggaetón, de esas que se atoran y tienes que darle un puto golpe para que cierre.

¿Esa güeá es lo que nos quieren vender como ingeniería aeroespacial? Por favor, no güeveen. 

Y lo mejor de todo: el «espacio» que mostraron. Gravedad cero que parecía más bien un mal día de mareo en un yate, un domingo con caña a las 9 de la mañana, peor aún, el resultado de un viaje en un avión de la NASA que hace parábolas para simular ingravidez, pero que ellas vendieron como si estuvieran en la puta Estación Espacial Internacional. El cabello flotando como si tuvieran un ventilador escondido en el techo, porque claramente nadie les dijo que en el espacio real el cabello no flota en cámara lenta perfecta sin un puto hilo de seda. Las expresiones de «asombro» que parecían más bien de alguien que acaba de descubrir que su café está frío, o que se dio cuenta de que olvidó pagar el Netflix. Toda esa güeá estaba tan ensayada, tan plástica, tan falsa como las uñas acrílicas de la más «famosa» del grupo, que probablemente se rompieron al intentar abrir esa puerta de cartón.

 


Lo más asqueroso de toda esa mierda no fue el montaje en sí… lo asqueroso es que haya gente imbécil que se lo trague. Que millones de personas vean esa mierda y piensen «wow, qué inspirador». Que los medios de comunicación, esos mismos que se llenan el hocico hablando de «periodismo serio», le den cobertura como si fuera un hito científico. No, cardumen de agüeonaos, no es un hito, es un anuncio de pasta de dientes disfrazado de misión espacial. Es una campaña de relaciones públicas para limpiar la imagen de Jeff Bezos y su imperio, mientras él se ríe desde su puto yate de lujo. Es un intento desesperado de Katy Perry por seguir siendo relevante después de años de fracasos musicales. Es Gayle King vendiendo su credibilidad por un asiento en un vuelo que ni siquiera fue real. Es Lauren Sánchez demostrando que el único viaje que ha hecho es de la cama al banco. Y es Aisha Bowe, la que debería saber mejor, traicionando todo lo que la ciencia representa por un momento de fama barata.

La realidad de mierda es simple: no mandaron a seis mujeres al espacio. Mandaron a seis figuras públicas a una cabina de reality show con fondo verde y un par de efectos especiales de nivel amateur, probablemente hechos por un becario con una licencia de Adobe After Effects que descargó de internet. Y lo hicieron porque saben que el público promedio es tan güéas que se cree cualquier güeá con tal de que tenga luces brillantes y música de fondo. Porque la gente prefiere creer en un cuento de hadas espacial antes que aceptar que están siendo manipulados por multimillonarios aburridos.

Si esto fuera realmente un viaje espacial, ¿Dónde están los protocolos de seguridad?

¿Dónde están los trajes presurizados?

¿Dónde está el entrenamiento de meses en centrifugadoras y simuladores de gravedad cero?

¿Dónde está la puta gravedad cero real, donde los objetos flotan de verdad y no parecen globos atados con hilos invisibles? No güeveen, lo que vimos fue un sketch de ‘Saturday Night Live’ sin gracia, pero con más presupuesto para maquillaje y peluquería. Un episodio de ‘Keeping Up With The Kardashians’ versión espacial, donde el único riesgo real era que se les arruinara el delineador de ojos.

Y lo peor de toda esta mierda: esto le hace un daño enorme a la divulgación científica real, si es que existe. Cuando la gente ve esta mierda y luego escucha que un viaje real al espacio cuesta millones y requiere años de preparación, piensan que es una exageración. «Pero si esas chicas lo hicieron sin problemas», dirán. Sí, porque era falso, idiota de mierda. Porque no hubo lanzamiento, no hubo despegue, no hubo fuerzas G, no hubo riesgo de muerte, no hubo nada más que una cámara bien colocada y un par de ventiladores. Y mientras tanto, los verdaderos actornautas, los que sí se juegan la vida en un set o en una piscina, los que entrenan durante años para no ir a ninguna parte, los que contribuyen a la ciencia real del CGI, quedan relegados a un segundo plano mientras estas cuatro payasas acaparan titulares.

Así que, para los que organizaron esta farsa: Jeff Bezos, Blue Origin, y todo su equipo de marketing: que se pudran en su mediocridad y en su cuenta bancaria inflada, panda de hijos de puta.

Para los que se la tragaron la güeá: despierten lesos de mierda, dejen de ser borregos, dejen de compartir mierda en Instagram como si fuera un logro humano.

Y para las cuatro «astronautas»: Katy Perry, Gayle King, Lauren Sánchez y Aisha Bowe: sigan vendiendo humo falsas de mierda, que para eso les pagan. Pero no nos insulten llamando «espacio» a lo que claramente fue un viaje en ascensor con buena iluminación, un decorado de cartón piedra y un guion escrito por un equipo de relaciones públicas que claramente les pagó más a los estilistas que a los ingenieros. 

El espacio debajo de la cúpula es serio. La ciencia real es seria. La exploración espacial es una de las empresas más difíciles de la humanidad, porque es imposible. Y ustedes son todo lo contrario: un chiste mal contado, una puerta de cartón, y una mancha en lo que alguna vez fue la exploración humana. Métanse su farsa en el culo, pero no esperen que todos seamos tan güeones como para aplaudirles sus güeás.

 

Fin. Y que alguien le ponga una puta puerta de verdad a la próxima «nave espacial». Tengan un poco de dignidad manga de mentirosos conchas de su madre.

 


 

Escrito por: Olog Krevalora.

Portada creada por: Vëthriön Asathørn.

Edición final: Olog Krevalora.