LA FARSA ESPACIAL
MÁS PATÉTICA DE LA HISTORIA
Vamos a poner las
cartas sobre la mesa, vamos a hablar sin güeás raras y vamos a correr hachazos
sin asco. El 14 de abril de 2025, seis mujeres, de la «industria musical» y
mediática (y uso ese término con pinzas porque la mayoría apenas saben sostener
un micrófono sin autotune o leer un teleprompter sin equivocarse) «viajaron al
espacio».
¿El problema de la
güeá? Todo fue un montaje tan evidente que hasta un
niño de 5 años con un iPad lo habría cachado al toque. Y no, no me refiero a un
viaje espacial real de ‘Blue Origin’ o ‘SpaceX’. Me refiero a esa mierda de
«simulación»" que nos vendieron como si fuera el puto ‘Apolo 11’. Fue
jurel tipo salmón. Trans tipo mujer, a ese nivel.
¿Saben cuanto duró
el «viaje»? En total 11 minutos, sí… no estoy güeviando, y de esos 11 minutos
ellas solo estuvieron 3 minutos en «el espacio».
Primero, hablemos
de la «tripulación» de lujo:
• Katy Perry, la
reina del autotune y los fuegos artificiales metafóricos, que cree que «Rise»
es un himno espacial cuando en realidad es un tema de fondo para comerciales de
seguros, una perra que trabaja para las redes más oscuras de la industria
musical, esa que vende el satanismo como si fuera lo más bacán del mundo.
• Gayle King, la
periodista que alguna vez tuvo credibilidad pero que ahora vende su alma al
diablo por un viaje en un cohete de mentira.
• Lauren Sánchez,
la prometida de Jeff Bezos, que básicamente consiguió el asiento porque se está
tirando al dueño del circo, una güeona que tiene más operaciones que la fuerza
delta gringa, y ni hablar de su cara de trans.
• Y Aisha Bowe,
una exingeniera de la NASA que debería dar vergüenza ajena por prestarse a esta
payasada de ese pelón cabeza de pene de Bezos.
• Kerianne Flynn
es una ex ejecutiva de recursos humanos, productora de cine, socialité y
turista espacial. Ha contribuido a varios proyectos cinematográficos, entre
ellos The Automatic Hate (2015), This Changes Everything (2018) y Lilly (2024). ¿Este proyecto también es de ella?
• Amanda Ngọc Nguyễn (California, 10 de
octubre de 1991) es una emprendedora social, activista de derechos civiles e
investigadora de bioastronáutica estadounidense. Otra payasa vendida.
Seis mujeres agüeonás
que probablemente creen que el espacio exterior es donde guardan las nubes en
Fortnite. Sin entrenamiento real, sin preparación, sin siquiera saber cómo
funciona un cinturón de seguridad en un avión comercial, y de repente están «yendo
al espacio». ¿En serio? ¿Me estai güeviando?
¿Nadie se pregunta por qué la NASA no las reclutó para una «misión real»? Ah, cierto, porque la NASA no es una agencia de casting para realities de mierda, es una industria de entretenimiento seria, con farsas de lujo.
El momento cumbre
de esta payasada perkele fue cuando abrieron la «puerta espacial» en plena transmisión
en vivo. ¿Y qué vimos? Una puerta rasca que parecía sacada de un set de
filmación de bajo presupuesto, probablemente comprada en una liquidación de
decorados de películas clase B. Delgada, temblorosa, con ese sonido hueco de
cartón cuando la movieron, como si estuvieran abriendo la puerta de un armario
de oficina. No el sello hermético de una nave espacial real, no el grosor de
titanio que soporta el vacío del espacio. Ni siquiera era la tercera parte de
una verdadera puerta de avión. No, era más parecida a la puerta de un baño
público en un concierto de reggaetón, de esas que se atoran y tienes que darle
un puto golpe para que cierre.
¿Esa güeá es lo que nos quieren vender como ingeniería aeroespacial? Por favor, no güeveen.
Y lo mejor de
todo: el «espacio» que mostraron. Gravedad cero que parecía más bien un mal día
de mareo en un yate, un domingo con caña a las 9 de la mañana, peor aún, el
resultado de un viaje en un avión de la NASA que hace parábolas para simular
ingravidez, pero que ellas vendieron como si estuvieran en la puta Estación
Espacial Internacional. El cabello flotando como si tuvieran un ventilador
escondido en el techo, porque claramente nadie les dijo que en el espacio real
el cabello no flota en cámara lenta perfecta sin un puto hilo de seda. Las
expresiones de «asombro» que parecían más bien de alguien que acaba de
descubrir que su café está frío, o que se dio cuenta de que olvidó pagar el
Netflix. Toda esa güeá estaba tan ensayada, tan plástica, tan falsa como las
uñas acrílicas de la más «famosa» del grupo, que probablemente se rompieron al
intentar abrir esa puerta de cartón.
Lo más asqueroso
de toda esa mierda no fue el montaje en sí… lo asqueroso es que haya gente imbécil
que se lo trague. Que millones de personas vean esa mierda y piensen «wow, qué
inspirador». Que los medios de comunicación, esos mismos que se llenan el
hocico hablando de «periodismo serio», le den cobertura como si fuera un hito
científico. No, cardumen de agüeonaos, no es un hito, es un anuncio de pasta de
dientes disfrazado de misión espacial. Es una campaña de relaciones públicas
para limpiar la imagen de Jeff Bezos y su imperio, mientras él se ríe desde su
puto yate de lujo. Es un intento desesperado de Katy Perry por seguir siendo
relevante después de años de fracasos musicales. Es Gayle King vendiendo su
credibilidad por un asiento en un vuelo que ni siquiera fue real. Es Lauren
Sánchez demostrando que el único viaje que ha hecho es de la cama al banco. Y
es Aisha Bowe, la que debería saber mejor, traicionando todo lo que la ciencia
representa por un momento de fama barata.
La realidad de
mierda es simple: no mandaron a seis mujeres al espacio. Mandaron a seis figuras públicas a una cabina de reality show con fondo verde y un par de
efectos especiales de nivel amateur, probablemente hechos por un becario con
una licencia de Adobe After Effects que descargó de internet. Y lo hicieron
porque saben que el público promedio es tan güéas que se cree cualquier güeá
con tal de que tenga luces brillantes y música de fondo. Porque la gente
prefiere creer en un cuento de hadas espacial antes que aceptar que están
siendo manipulados por multimillonarios aburridos.
Si esto fuera
realmente un viaje espacial, ¿Dónde están los protocolos de seguridad?
¿Dónde están los
trajes presurizados?
¿Dónde está el
entrenamiento de meses en centrifugadoras y simuladores de gravedad cero?
¿Dónde está la
puta gravedad cero real, donde los objetos flotan de verdad y no parecen globos
atados con hilos invisibles? No güeveen, lo que vimos fue un sketch de ‘Saturday
Night Live’ sin gracia, pero con más presupuesto para maquillaje y peluquería.
Un episodio de ‘Keeping Up With The Kardashians’ versión espacial, donde el
único riesgo real era que se les arruinara el delineador de ojos.
Y lo peor de toda
esta mierda: esto le hace un daño enorme a la divulgación científica real, si
es que existe. Cuando la gente ve esta mierda y luego escucha que un viaje real
al espacio cuesta millones y requiere años de preparación, piensan que es una
exageración. «Pero si esas chicas lo hicieron sin problemas», dirán. Sí, porque
era falso, idiota de mierda. Porque no hubo lanzamiento, no hubo despegue, no hubo
fuerzas G, no hubo riesgo de muerte, no hubo nada más que una cámara bien
colocada y un par de ventiladores. Y mientras tanto, los verdaderos actornautas,
los que sí se juegan la vida en un set o en una piscina, los que entrenan
durante años para no ir a ninguna parte, los que contribuyen a la ciencia real
del CGI, quedan relegados a un segundo plano mientras estas cuatro payasas
acaparan titulares.
Así que, para los
que organizaron esta farsa: Jeff Bezos, Blue Origin, y todo su equipo de
marketing: que se pudran en su mediocridad y en su cuenta bancaria inflada,
panda de hijos de puta.
Para los que se la
tragaron la güeá: despierten lesos de mierda, dejen de ser borregos, dejen de
compartir mierda en Instagram como si fuera un logro humano.
Y para las cuatro «astronautas»: Katy Perry, Gayle King, Lauren Sánchez y Aisha Bowe: sigan vendiendo humo falsas de mierda, que para eso les pagan. Pero no nos insulten llamando «espacio» a lo que claramente fue un viaje en ascensor con buena iluminación, un decorado de cartón piedra y un guion escrito por un equipo de relaciones públicas que claramente les pagó más a los estilistas que a los ingenieros.
El espacio debajo
de la cúpula es serio. La ciencia real es seria. La exploración espacial es una
de las empresas más difíciles de la humanidad, porque es imposible. Y ustedes
son todo lo contrario: un chiste mal contado, una puerta de cartón, y una
mancha en lo que alguna vez fue la exploración humana. Métanse su farsa en el
culo, pero no esperen que todos seamos tan güeones como para aplaudirles sus güeás.
Fin. Y que alguien
le ponga una puta puerta de verdad a la próxima «nave espacial». Tengan un poco
de dignidad manga de mentirosos conchas de su madre.
Escrito por: Olog Krevalora.
Portada creada por: Vëthriön Asathørn.
Edición final: Olog Krevalora.


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