EL GRAN
CIRCO DE LOS «GANADORES»:
EL TRIUNFO DE LA NADA ENTRE TRUMP Y TEHERÁN
Bienvenidos al espectáculo más surrealista del siglo XXI, el teatro
del absurdo geopolítico… el Senado es una alpargata vieja comparada con este
güeveo: la «Guerra de los Egos» entre Donald Trump y la República Islámica de
Irán. Si alguna vez te has preguntado cómo mierda se ve una partida de ajedrez
donde ambos jugadores ‘perkeles’ han tirado el tablero, se han puteado en tres
idiomas y luego proclaman que han hecho un jaque mate mientras sus piezas
siguen en la caja, bueno, felicidades, estás presenciando la «estupenda»
relación bilateral y agüeoná entre Washington y Teherán.
Empecemos por el protagonista indiscutible, el maestro del *branding
del caos, el referente de la güeonera mundial: Donald «pelo de nube» Trump. Para Trump,
la geopolítica no es una güeá de diplomacia, seguridad nacional o estabilidad
regional; es un episodio de «El Aprendiz» pero a escala global. Su concepto de «triunfo»
en Irán es, sencillamente, una obra maestra de la gimnasia mental.
* (El
branding es el proceso de construir y gestionar la identidad y personalidad de
una marca. Su objetivo principal es crear una conexión emocional con la
audiencia)
Según la narrativa del «Gran Pato Donald», haber asfixiado la
economía iraní con sanciones que afectan más a la gente común que a los putos ayatolás,
y haber ejecutado a un general en un aeropuerto (un movimiento muy sutil, por
cierto), es equivalente a haber conquistado el Imperio Persa en un fin de
semana. Para él, el hecho de que Irán no haya lanzado misiles contra Washington
es una «rendición total». ¡Claro! Es como si un cuma te robara el auto, te pegara
un combo en el hocico y, al ver que tú no le disparas con una bazuca, él
declarara que ha ganado la guerra y que ahora es el dueño de tu casa.
Seamos francos, la verborrea de Trump es un poema al
narcisismo: «Hice el trato más grande», «Los tenemos aterrados», «Soy el único
que puede detenerlos». Es fascinante ver cómo confunde «provocar una crisis
nuclear" con «gestionar la paz».
Pero el show ‘vittuperkele’ no estaría completo sin el otro
lado del espejo: los misóginos iraníes. ¡Ah!, la gloriosa República Islámica,
esos maestros de la retórica mística, el martirio estratégico, la dictadura
antimujer y la pederastia como bandera secreta. Mientras Trump se mira al
espejo y se dice que es el Rey del Mundo, en Teherán hacen exactamente la misma
güeá, con otro sabor, pero la misma güeá.
La dinámica iraní es deliciosa po’ güeón: mientras su moneda se desploma como curao en el 18 y la inflación convierte los ahorros de la población en papel higiénico, el gobierno sale cara de raja a decir: «¡Hemos derrotado al Gran Satán! ¡Hemos humillado al imperio!».
¡Cachen la güeá! Es el triunfo de la imaginación sobre la realidad. Para ellos, «ganar la guerra» consiste en sobrevivir a las sanciones mientras lanzan indirectas poéticas sobre el fin de los tiempos y mantienen un ejército de «representantes» que causan caos en medio oriente para sentir que tienen el control. Es una competencia de quién puede mentirse mejor a sí mismo.
Y aquí llegamos al clímax del chiste: El Diálogo de los
Vencedores.
Después de pasar años gritando que el otro es un animal, un
terrorista cagao de la cabeza o un loco de mierda, ambos «ganadores» —que han
logrado que sus respectivos países estén más tensos que nunca— deciden que
sería una idea estupenda «dialogar para llegar a un acuerdo».
Puta, es una escena digna de una comedia de güeoneras:
— «Vengo a negociar porque ya te rendiste, aunque no lo
admitas» —diría Trump, ajustándose la corbata roja.
— «Aceptamos hablar solo para mostrar la debilidad del
imperio que ya hemos vencido» —respondería el ayatolá, con una sonrisa críptica
de viejo QL misógino.
Es el baile de los egos. Ambos necesitan un acuerdo no por el
bienestar de sus pueblos (que les interesan poco y nada), sino para poder ir a
sus casas a rascarse las bolas viejas y decir:
—«¿Vieron? Lo obligué a firmar. Soy un genio. He ganado otra
vez».
En resumen, cabros, estamos ante una dinámica donde la
realidad es un estorbo. Seeee, no seamos güeones de 5 años, tenemos a un
magnate inmobiliario que cree que el mundo es un casino de mierda y a un líder
teócrata que cree que el mundo es un campo de batalla apocalíptico donde hay
que matar a todos los pecadores, menos ellos, … ellos son inmaculados. Ambos tontorrones
se declaran victoriosos en una guerra donde el único resultado real ha sido el
agotamiento diplomático y el ridículo internacional… puta, es la santa verdad,
¿O no?
Sigan aplaudiendo, señores. El circo continúa y las entradas
son gratis, aunque el precio lo pague, como siempre, el sentido común.
Y como dijo el hombre invisible: «Nos vemos».
Artículo escrito por: Olog Krevalora.
Diseño de la portada: Trollish News.
Edición final: Vëthriön Asathørn & Olog Krevalora.


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