domingo, 11 de enero de 2026

Stedet der vinden lærer [Cuento original]

 


INTRO

[De Asathørn]


Este blog no es solo sombras, está construido también con luces. Este cuento está creado para todos los que me leen. Espero que disfruten esta hermosa reflexión basada en 3 personajes, hijos de la madre naturaleza que amo… y obvio, está dedicado a mi hermosa región: Magellan y a mi gordito.

La premisa principal está basada en una conversación de esta madrugada (11-01-2026) que tuve con mi camarada Odhinn (Que avanza 3 pasos y retrocede 1000). 

Ojalá que visite más seguido mi blog y deje de mirar tanto video insulso de youtube.

 

PRELUDIO


«Bienvenido, caminante.

Si has llegado hasta aquí, no ha sido por azar.

Los senderos que conducen a estas palabras no aparecen en los mapas comunes; se revelan solo a quienes aún escuchan en medio del ruido del mundo.

He observado Eras levantarse y caer, Imperios proclamarse eternos y olvidarse en un suspiro. He aprendido que la fuerza sin sabiduría es ciega, y que el silencio, a veces, enseña más que mil voces.

En este lugar no encontrarás verdades impuestas ni promesas vacías. Solo relatos. Algunos duros, otros luminosos, todos nacidos para acompañarte mientras atraviesas tus propias noches.

Lee sin prisa. Detente cuando una frase pese más de lo esperado. Y si algo en ti cambia —aunque sea levemente— entonces el cuento habrá cumplido su propósito… como este blog.

Yo soy Bláuholdr.

Custodio estas palabras, soy hermano espiritual de Jarl Asathørn. Acompáñanos en este hermoso viaje de las letras».

 

 

EL LUGAR DONDE EL VIENTO ENSEÑA

En la Región de Magallanes, el tiempo no avanza: se enfrenta.

El viento no pregunta, la tierra no consuela y el cielo no promete nada. Allí, donde los mapas se vuelven inseguros y el horizonte parece siempre un poco más lejos, los seres que habitan aprenden una verdad antigua: nada permanece, ni siquiera uno mismo. 

Aquella madrugada, antes de que el sol decidiera si aparecer o no, un búho vigilaba desde una lenga inclinada por los años. Su plumaje era gris como las piedras del río, y sus ojos contenían la paciencia de quien ha visto demasiadas noches.

Debajo, entre coirones endurecidos por la escarcha, un puma caminaba con pasos lentos. No era joven. Su cuerpo seguía siendo poderoso, pero el mundo ya no respondía como antes.

Desde lo alto, casi fundido con el cielo, un cóndor describía círculos amplios, como si midiera la extensión misma del silencio.

 

—Este lugar se está cerrando —dijo el puma, deteniéndose—. Cada año hay menos espacio para moverse.

 

El búho no respondió de inmediato.

—¿El lugar… o tú? —preguntó finalmente.

 

El puma tensó el cuerpo.

—La Patagonia ya no ofrece lo que ofrecía. Las presas cambiaron de ruta. El ruido llegó donde antes había calma. No es mi culpa.

 

—Nunca lo es —respondió el búho—. El mundo rara vez pide permiso antes de transformarse.

 

El cóndor descendió y se posó en una roca elevada. Su presencia imponía respeto, no por fuerza, sino por antigüedad.

—Escucho esta conversación desde hace siglos —dijo—. Siempre comienza igual.

 

El puma levantó la mirada.

—Entonces dime cómo termina.

 

El cóndor inclinó la cabeza.

—Depende de quién esté dispuesto a cambiar.

 

El puma caminó en círculos, inquieto.

—Yo soy lo que soy —dijo—. Fui hecho para cazar aquí. Este es mi territorio.

 

—¿O era? —intervino el búho.

 

El puma gruñó, pero no respondió.

 

—Confundes identidad con costumbre —continuó el búho—. Crees que perder el lugar es perderte a ti mismo.

 

El puma se sentó, exhausto.

—Si dejo de ser lo que siempre fui, ¿Qué queda?

 

El cóndor abrió lentamente las alas, dejando que el viento se deslizara entre sus plumas.

—Queda lo esencial —dijo—. Lo que no depende del terreno, ni de la época, ni de las condiciones.

 

—Eso suena a palabras vacías —replicó el puma—. Cuando el hambre llega, la filosofía no alimenta.

 

El búho descendió a una roca cercana.

—Pero evita que te destruyas peleando contra lo inevitable.

 

El puma cerró los ojos.

—He gastado demasiada energía intentando que todo vuelva a ser como antes.

 

—Ahí está el error —dijo el cóndor—. El pasado no es un lugar al que se pueda regresar. Es solo un punto desde donde se partió.

 

El amanecer avanzaba lentamente. El cielo se teñía de tonos pálidos, como si dudara. El estrecho de Magallanes susurraba en la lejanía.

 

—Siempre me pregunté por qué este viento no cesa —dijo el búho—. Pasé años deseando noches más calmas.

 

—¿Y qué aprendiste? —preguntó el cóndor.

 

—Que el problema no era el viento —respondió—. Era mi resistencia a él.

 

El puma abrió los ojos.

—¿Y qué hiciste?

 

—Cambié mi forma de volar. Dejé de luchar contra cada ráfaga. Aprendí a usarlas.

 

El cóndor asintió.

—La mayoría de los seres se hacen la pregunta equivocada —dijo—. Preguntan: ¿Por qué me pasa esto?

La pregunta correcta es: ¿Quién debo ser ahora que esto está pasando?

 

El puma permaneció en silencio.

 

—Cuando no podemos cambiar la situación —continuó el cóndor—, el reto no es insistir. Es transformarnos sin traicionarnos.

 

—Tengo miedo —admitió el puma, en voz baja—. Si cambio demasiado, temo desaparecer.

 

El búho lo miró con ternura.

—No desaparece quien cambia —dijo—. Desaparece quien se queda inmóvil en un mundo que avanza.

 

El viento sopló con más fuerza, pero esta vez no fue hostil.

 

El puma se puso de pie, respiró profundo y observó el valle como si lo viera por primera vez.

—Tal vez mi fuerza no está solo en mis colmillos —dijo—. Tal vez está en aprender nuevos ritmos, nuevos tiempos.

 

El búho sonrió.

—Eso es crecer.

 

El cóndor comenzó a elevarse.

—Recuerden esto —dijo desde lo alto—: el mundo no siempre será justo, ni estable, ni comprensible. Pero siempre ofrece una oportunidad: convertirse en alguien más sabio.

 

El puma avanzó hacia un territorio desconocido.

El búho voló hacia un bosque distinto.

El cóndor se perdió en la altura.

 

Y en ese extremo del mundo, donde la tierra se quiebra y el viento nunca se rinde, quedó flotando una enseñanza silenciosa, destinada a quien se detenga a escuchar:

«Cuando no podemos cambiar la situación a la que nos enfrentamos, el verdadero reto consiste en cambiarnos a nosotros… sin perder aquello que nos hace ser quienes somos».

 

FIN

 

Cuento original creado por: Bláuholdr.

Basado en una frase de: Viktor Frankl.

Edición final: Jarl Asathørn.