INTRO
[De Asathørn]
Este blog no
es solo sombras, está construido también con luces. Este cuento está creado
para todos los que me leen. Espero que disfruten esta hermosa reflexión basada en
3 personajes, hijos de la madre naturaleza que amo… y obvio, está dedicado a mi hermosa región: Magellan y a mi gordito.
La premisa principal está basada en una conversación de esta madrugada (11-01-2026) que tuve con mi camarada Odhinn (Que avanza 3 pasos y retrocede 1000).
Ojalá que visite más seguido mi blog y deje de mirar tanto
video insulso de youtube.
PRELUDIO
«Bienvenido,
caminante.
Si has llegado
hasta aquí, no ha sido por azar.
Los senderos
que conducen a estas palabras no aparecen en los mapas comunes; se revelan solo
a quienes aún escuchan en medio del ruido del mundo.
He observado Eras
levantarse y caer, Imperios proclamarse eternos y olvidarse en un suspiro. He
aprendido que la fuerza sin sabiduría es ciega, y que el silencio, a veces,
enseña más que mil voces.
En este lugar
no encontrarás verdades impuestas ni promesas vacías. Solo relatos. Algunos
duros, otros luminosos, todos nacidos para acompañarte mientras atraviesas tus
propias noches.
Lee sin prisa.
Detente cuando una frase pese más de lo esperado. Y si algo en ti cambia
—aunque sea levemente— entonces el cuento habrá cumplido su propósito… como
este blog.
Yo soy
Bláuholdr.
Custodio estas
palabras, soy hermano espiritual de Jarl Asathørn. Acompáñanos en este hermoso viaje de las letras».
EL LUGAR DONDE
EL VIENTO ENSEÑA
En la Región
de Magallanes, el tiempo no avanza: se enfrenta.
El viento no pregunta, la tierra no consuela y el cielo no promete nada. Allí, donde los mapas se vuelven inseguros y el horizonte parece siempre un poco más lejos, los seres que habitan aprenden una verdad antigua: nada permanece, ni siquiera uno mismo.
Aquella
madrugada, antes de que el sol decidiera si aparecer o no, un búho vigilaba
desde una lenga inclinada por los años. Su plumaje era gris como las piedras del
río, y sus ojos contenían la paciencia de quien ha visto demasiadas noches.
Debajo, entre
coirones endurecidos por la escarcha, un puma caminaba con pasos lentos. No era
joven. Su cuerpo seguía siendo poderoso, pero el mundo ya no respondía como
antes.
Desde lo alto,
casi fundido con el cielo, un cóndor describía círculos amplios, como si
midiera la extensión misma del silencio.
—Este lugar se
está cerrando —dijo el puma, deteniéndose—. Cada año hay menos espacio para
moverse.
El búho no
respondió de inmediato.
—¿El lugar… o
tú? —preguntó finalmente.
El puma tensó
el cuerpo.
—La Patagonia ya
no ofrece lo que ofrecía. Las presas cambiaron de ruta. El ruido llegó donde
antes había calma. No es mi culpa.
—Nunca lo es
—respondió el búho—. El mundo rara vez pide permiso antes de transformarse.
El cóndor
descendió y se posó en una roca elevada. Su presencia imponía respeto, no por
fuerza, sino por antigüedad.
—Escucho esta
conversación desde hace siglos —dijo—. Siempre comienza igual.
El puma
levantó la mirada.
—Entonces dime
cómo termina.
El cóndor
inclinó la cabeza.
—Depende de
quién esté dispuesto a cambiar.
El puma caminó
en círculos, inquieto.
—Yo soy lo que
soy —dijo—. Fui hecho para cazar aquí. Este es mi territorio.
—¿O era?
—intervino el búho.
El puma gruñó,
pero no respondió.
—Confundes
identidad con costumbre —continuó el búho—. Crees que perder el lugar es
perderte a ti mismo.
El puma se
sentó, exhausto.
—Si dejo de
ser lo que siempre fui, ¿Qué queda?
El cóndor
abrió lentamente las alas, dejando que el viento se deslizara entre sus plumas.
—Queda lo
esencial —dijo—. Lo que no depende del terreno, ni de la época, ni de las
condiciones.
—Eso suena a
palabras vacías —replicó el puma—. Cuando el hambre llega, la filosofía no
alimenta.
El búho
descendió a una roca cercana.
—Pero evita
que te destruyas peleando contra lo inevitable.
El puma cerró
los ojos.
—He gastado demasiada
energía intentando que todo vuelva a ser como antes.
—Ahí está el
error —dijo el cóndor—. El pasado no es un lugar al que se pueda regresar. Es
solo un punto desde donde se partió.
El amanecer
avanzaba lentamente. El cielo se teñía de tonos pálidos, como si dudara. El estrecho de Magallanes susurraba en la lejanía.
—Siempre me
pregunté por qué este viento no cesa —dijo el búho—. Pasé años deseando noches
más calmas.
—¿Y qué
aprendiste? —preguntó el cóndor.
—Que el
problema no era el viento —respondió—. Era mi resistencia a él.
El puma abrió
los ojos.
—¿Y qué
hiciste?
—Cambié mi
forma de volar. Dejé de luchar contra cada ráfaga. Aprendí a usarlas.
El cóndor
asintió.
—La mayoría de
los seres se hacen la pregunta equivocada —dijo—. Preguntan: ¿Por qué me
pasa esto?
La pregunta
correcta es: ¿Quién debo ser ahora que esto está pasando?
El puma
permaneció en silencio.
—Cuando no
podemos cambiar la situación —continuó el cóndor—, el reto no es insistir. Es
transformarnos sin traicionarnos.
—Tengo miedo
—admitió el puma, en voz baja—. Si cambio demasiado, temo desaparecer.
El búho lo
miró con ternura.
—No desaparece
quien cambia —dijo—. Desaparece quien se queda inmóvil en un mundo que avanza.
El viento
sopló con más fuerza, pero esta vez no fue hostil.
El puma se
puso de pie, respiró profundo y observó el valle como si lo viera por primera
vez.
—Tal vez mi
fuerza no está solo en mis colmillos —dijo—. Tal vez está en aprender nuevos
ritmos, nuevos tiempos.
El búho
sonrió.
—Eso es
crecer.
El cóndor
comenzó a elevarse.
—Recuerden
esto —dijo desde lo alto—: el mundo no siempre será justo, ni estable, ni
comprensible. Pero siempre ofrece una oportunidad: convertirse en alguien más
sabio.
El puma avanzó
hacia un territorio desconocido.
El búho voló
hacia un bosque distinto.
El cóndor se
perdió en la altura.
Y en ese
extremo del mundo, donde la tierra se quiebra y el viento nunca se rinde, quedó
flotando una enseñanza silenciosa, destinada a quien se detenga a escuchar:
«Cuando no podemos cambiar la situación a la
que nos enfrentamos, el verdadero reto consiste en cambiarnos a nosotros… sin
perder aquello que nos hace ser quienes somos».
FIN
Cuento original creado
por: Bláuholdr.
Basado en una
frase de: Viktor Frankl.
Edición final:
Jarl Asathørn.


