Manifiesto de la
sección
Este nuevo espacio
de análisis es otro brazo armado con garrotes de Trollish News. Pero, un poco más serio.
Crónicas del
Fracaso Útil no es neutral.
No busca
equilibrio.
No pretende
ser justa con quienes nunca lo fueron.
Este espacio
existe para diseccionar los fracasos que se presentan como errores, cuando en
realidad son herramientas.
Aquí se
escribe sobre líderes que pierden batallas que necesitaban perder, enemigos que
jamás debieron ser derrotados y escándalos que funcionan mejor cuando no se
resuelven.
No creemos
en salvadores importados.
Desconfiamos
de las fotos oficiales, de los discursos épicos y de las promesas que llegan
con bandera ajena.
Aquí el
sarcasmo no es adorno: es método.
La ironía no
es humor: es defensa.
Si algo
parece absurdo, probablemente lo es.
Si algo
parece inútil, pregúntate primero:
¿útil para
quién?
Estas
crónicas no buscan convencerte.
Buscan
incomodarte lo suficiente como para que dejes de aplaudir.
TRUMP, EL CHAVISMO Y EL
MISTERIO DEL ENEMIGO EQUIVOCADO
Hay algo
profundamente conmovedor en la política internacional moderna: la capacidad
infinita de Donald Trump para escoger siempre al enemigo más conveniente… y
nunca al correcto.
Porque si
algo queda claro en esta comedia geopolítica es que, cuando se trata de
Venezuela, Trump parece practicar una especie de chavismo selectivo: gruñe
mucho, amenaza fuerte, pero muerde solo al perro más flaco del patio, el que
tiene menos cazuelas en el cuerpo.
EL ENIGMA DELCY
Empecemos
por la pregunta que nadie se atreve a formular en voz alta sin mirar por encima
del hombro:
¿Alguien
entiende cómo Delcy Rodríguez parece gobernar Venezuela en funciones, en
sombras o en versión Schrödinger, sin que a Trump le dé urticaria?
En cualquier
otro universo, Delcy sería presentada como el símbolo perfecto del «régimen que
hay que aplastar»: verbo afilado, lealtad ideológica, y una sonrisa hipócrita que
podría congelar sanciones.
Pero no.
Extrañamente,
goza de una especie de paz trumpista, ese estado zen donde no te caen misiles…
ni tuits.
Uno empieza
a sospechar que Trump no odia al chavismo.
Solo odia al
chavismo que no le sirve para una foto.
Y, si somos
«diluvianamente» francos… Delcy Rodríguez debería estar compartiendo las rejas;
junto a todo su gabinete de izquierdistas; con Nicolás Maduro. Eso sería
justicia para el pueblo venezolano decente y anticomunista.
TRUMP CONTRA EL
CHAVISMO… DE UTILERÍA
Trump nunca
fue por las cabezas reales.
Fue por las
que cabían en un titular corto.
Los
verdaderos arquitectos del poder —los operadores, los engranajes, los que no
hablan, pero deciden— jamás estuvieron en la mira.
La pregunta
es:
¿Por qué?
Simple:
Porque no venden.
No hacen
ruido.
No sirven
para la narrativa del «yo, el salvador del hemisferio».
Perseguir al
chavismo profundo requeriría algo peligrosísimo: comprensión.
Y Trump
siempre prefirió la simplificación.
CORINA MACHADO Y EL
ARTE DEL REGALO
Luego llega
la escena digna de realismo mágico:
Corina
Machado visita la Casa Blanca. Lleva un regalo. Sonríe. Trump sonríe. Flash.
Aplausos.
Y entonces
surge la pregunta inevitable, cargada de sarcasmo involuntario:
¿De verdad
creemos que un obsequio —cualquier obsequio— puede convertir a Trump en el hada
madrina de la democracia venezolana?
Sabemos que
Trump no apoya causas.
Apoya
momentos.
Si Corina
encaja en el relato de «la mujer valiente contra el socialismo», perfecto.
Si mañana
deja de ser útil, pasa a la misma repisa donde descansan los kurdos, los
afganos y cualquier otro aliado de temporada... pasa a ser un falso trofeo.
Y al final,
queda la sensación amarga, casi ridícula:
La supuesta
«captura» de Maduro —real o simbólica— no sirvió de nada.
Porque no
era él el corazón del sistema.
Porque no
era el cerebro.
Era el
vocero cansado.
El muñeco de
feria.
Era el
rostro más gastado.
El villano
de caricatura.
Fueron por
el perro más débil, mientras la jauría seguía intacta, bien alimentada y
perfectamente organizada.
CONCLUSIÓN NO
SOLICITADA
Trump no
quiso desmontar al chavismo.
Quiso
administrarlo.
Usarlo como
espantapájaros electoral, como excusa moral, como antagonista reciclable.
Y mientras
tanto, Venezuela sigue atrapada entre discursos épicos, líderes de escaparate y
salvadores extranjeros que nunca tuvieron intención de salvar nada.
Porque
cuando la política se vuelve espectáculo, la justicia es solo un efecto
especial mal renderizado.
Y, porque
cuando el imperio actúa como ‘influencer’, la democracia termina siendo solo
contenido patrocinado.
Escrito por: Equipo
humano/Trol de Trollish News.
Imágenes
creadas con AI.
Edición final: V.D.M. - vikingodemagellan.blogspot.com

