martes, 13 de enero de 2026

Massacre at Crystal Lake [Historia tributo al Film Friday the 13th]




La Masacre del Lago Cristal

(Sangriento, vacío y solo)

Año: 2028.

Era una noche de verano sofocante en las afueras de Crystal Lake, donde el aire olía a gasolina quemada y sudor rancio. La pandilla de motociclistas «Hell's Angels», un grupo de diez bestias brutales liderados por el colosal Brutus «El Carnicero» Kane, rugía por las carreteras secundarias en sus Harleys relucientes. Habían pasado la tarde en un bar de mala muerte, bebiendo whisky barato y buscando problemas.

Esa tarde oscura encontraron más de lo que esperaban: dos jóvenes mochileras, Lisa y Sarah, de veintipocos años, que iban de camping cerca del lago. No llevaban armas, las idiotas pensaron que podían defenderse con sus gritos y arañazos en caso de encontrarse con algún problema.

Brutus las vio primero, riendo con su dentadura postiza manchada de nicotina.

—«¡Mira qué carnada fresca!», gruñó Brutus, acelerando su moto para cortarles el paso. Los otros nueve –un aquelarre de tatuados con chaquetas de cuero adornadas con calaveras y águilas– lo siguieron. En minutos, las chicas estaban atadas con cadenas de sus motos, amordazadas con trapos sucios y arrojadas a los sidecars como trofeos. Lisa sollozaba, con el rostro magullado por un puñetazo de Brutus; Sarah pataleaba inútilmente, sintiendo las manos ásperas palpando sus muslos.

 

—«Esta noche vamos a romperlas», prometió Spike, el flaco con una navaja en el cinturón, lamiéndose los labios. «Y mañana las tiramos al lago pa' que los peces se den un festín».

 

Llegaron al Lago Cristal al anochecer. El lugar era un paraíso olvidado: aguas negras y quietas rodeadas de pinos altos que susurraban con el viento. Habían oído historias –fantasmas de campistas muertos, un asesino enmascarado de los 80–, pero los Hell's Angels no creían en cuentos de viejas.

Armaron un campamento improvisado: fogata crepitante, cervezas volando, música heavy metal retumbando desde un altavoz portátil. Ataron a las chicas a un árbol cercano, rasgando sus camisetas para «probar la mercancía».

Brutus fue el primero en bajarse los pantalones, su miembro erecto y venoso apuntando como una serpiente lista para atacar.

 

«¡Abran las piernas, putas!», rugió, mientras Spike y otro llamado Razor sostenían a Lisa inmóvil. Sarah gritaba contra su mordaza, lágrimas surcando su rostro. El hedor a cerveza y testosterona impregnaba el aire. Brutus se posicionó, listo para embestir...

 

Entonces, el machete descendió del bosque como un relámpago plateado.

¡CRACK! La cabeza de Brutus explotó en una lluvia de sangre y sesos. El cráneo se partió como una sandía madura, trozos de cerebro grisáceo salpicando la fogata y chisporroteando en las llamas. Su cuerpo decapitado se desplomó sobre Lisa, empapándola en sangre arterial que brotaba como una fuente roja. Los Hell's Angels se congelaron por un segundo, atónitos, antes de que el caos estallara.

 

—«¡¿Qué mierda fue eso?!», berreó Spike, sacando su navaja.

 

De las sombras emergió él: Jason Voorhees. Una montaña de carne putrefacta y cicatrices, su máscara de hockey blanco manchada de barro seco y sangre vieja. Ojos vacíos brillaban bajo la luz de la fogata. En su mano derecha, el machete goteaba sangre fresca; en la izquierda, una cadena robada de una de las motos. No dijo una palabra. Nunca lo hacía. Solo mataba.

 

El primer motociclista en reaccionar fue Razor, un tipo fornido con una pistola en la cintura. Sacó el arma y disparó. ¡BANG! La bala impactó en el hombro de Jason, arrancando un jirón de camisa vaquera podrida, pero el gigante ni se inmutó. Cargó como un tren de mercancías. El machete silbó y decapitó a Razor de un tajo limpio: la cabeza rodó por el suelo, ojos abiertos en shock eterno, mientras el cuello pulverizado escupía sangre en arcos perfectos. El cuerpo se convulsionó, meando en sus pantalones antes de caer.

 

—«¡Máten a ese hijo de puta! ¡Juntos, ahora!», gritó Tank, el más grande después de Brutus, blandiendo una tubería de metal. Cuatro Hell's Angels lo flanquearon: Spike, con su navaja; Hammer, con un martillo; y dos más, Psycho y Leech, armados con cadenas y botellas rotas. Cargaron contra Jason en una marea de furia.

Jason no retrocedió. Golpeó primero a Hammer: el machete le abrió el abdomen de lado a lado. Intestinos humeantes se derramaron como una cascada de gusanos viscosos, enredándose en las botas del motociclista mientras gritaba y vomitaba bilis. Jason pisoteó las tripas, aplastándolas en una pasta sanguinolenta bajo sus botas. Tank balanceó la tubería, acertando en la máscara de Jason con un ¡CLANG! que resonó como un gong. La máscara se agrietó ligeramente, pero Jason giró y hundió la cadena en la mandíbula de Tank. Los dientes volaron como confeti; la cadena se enredó en su lengua y Jason tiró con fuerza, arrancándole la mitad inferior de la cara. Tank cayó gorgoteando sangre espumosa, ahogándose en su propia tráquea destrozada.

Spike apuñaló por la espalda, clavando la navaja en el riñón de Jason.

—«¡Muere, hijo de puta!», chilló.

Jason se volteó, agarró la mano de Spike y la retorció hasta que los huesos crujieron como ramas secas. Luego, con un movimiento fluido, le clavó el machete en la boca abierta, atravesando la garganta y saliendo por la nuca. Spike se sacudió como un pez en una línea, sangre burbujeando de sus labios, antes de colapsar con la navaja aún en la mano mutilada.

Psycho y Leech intentaron huir hacia las motos, pero Jason era más rápido de lo que su tamaño sugería. Lanzó la cadena como un lazo: atrapó el cuello de Psycho y tiró. El cráneo se aplastó contra un tronco con un ¡CRUNCH! húmedo, ojos reventando como uvas, cerebro salpicando la corteza del árbol. Leech encendió su Harley y aceleró, pero Jason saltó sobre el sidecar. Un machetazo partió el manubrio; la moto volcó, lanzando a Leech contra el suelo. Jason pisoteó su pecho: costillas crujieron como palillos, pulmones colapsaron en una explosión de sangre y espuma. Un pisotón final hundió el cráneo en el barro, dejando un cráter rojo.

 

Quedaban cuatro: Grit, el pistolero de Brutus; Fang, con una motosierra que había sacado del maletero; y dos novatos, Butch y Slade, temblando con cuchillos. Grit disparó seis balas al pecho de Jason. Cada impacto abrió heridas que supuraban pus negro, pero Jason siguió avanzando, imparable. Agarró a Grit por la garganta y levantó su cuerpo de 120 kilos como si fuera una muñeca. Apretó hasta que la tráquea se pulverizó; ojos saltones, lengua protruyendo azulada. Jason lo usó como maza contra Fang, que acababa de encender la motosierra.

 

¡ZZZZRRRRT! La hoja giratoria cortó el brazo de Grit en dos, sangre y aceite salpicando. Jason lanzó el cadáver contra Fang, derribándolo. La motosierra rebotó en el suelo, cortando la pierna de Fang por la rodilla. El hombre aulló mientras Jason le hundía el machete en la ingle, destripándolo vivo. Genitales mutilados rodaron por el barro junto a intestinos calientes; Fang se ahogaba en su propio vómito rojo. 

Butch y Slade corrieron al lago, chapoteando en el agua negra.

—«¡Ayuda! ¡Socorro!», gritaban.

Jason los siguió, el agua apenas llegándole a las rodillas. Agarró a Butch por el cabello y lo sumergió. Burbujas de sangre subieron mientras el machete le abría la espalda: vértebras se partieron como ramitas, médula espinal colgando como cordones sangrientos. Butch emergió una vez, escupiendo agua y pulmones perforados, antes de hundirse para siempre. 

Slade nadaba frenéticamente, pero Jason lo alcanzó. Un corte diagonal le abrió el torso desde el hombro hasta la cadera: piel, músculo y órganos se separaron en dos mitades temblorosas. El hígado flotó en el lago como un globo rojo; Slade se hundió gritando burbujas de sangre.

El campamento era un matadero: cuerpos destrozados, extremidades dispersas, charcos de sangre coagulándose bajo la luna. Las motos ardían, alimentadas por la fogata avivada con gasolina.

Jason se irguió en medio de la escena grotesca, machete chorreando vísceras, máscara salpicada de rojo fresco.

Lisa y Sarah, atadas al árbol, habían presenciado todo en un trance de horror. Las cuerdas estaban cortadas –quizá por un golpe afortunado durante la refriega–. Temblando, se desataron mutuamente y corrieron hacia el bosque, ramas azotando sus rostros, pies sangrando por las piedras. No miraron atrás hasta llegar al borde del claro opuesto. 

Allí estaba él. Jason Voorhees, inmóvil como una estatua antigua, observándolas desde la orilla del lago. Su silueta masiva recortada contra el fuego agonizante. No las persiguió. Solo las miró, máscara impasible, machete goteante en la mano. Las chicas se congelaron, el corazón latiéndoles en la garganta.

Luego, sin prisa, Jason se giró y se adentró en el bosque oscuro. Su figura se fundió con las sombras de los pinos, desapareciendo como un espectro en la niebla matutina que empezaba a subir del lago.

 

Lisa y Sarah corrieron hasta el amanecer, pero 'Crystal Lake' nunca las dejó ir del todo. En sus pesadillas, siempre volvía esa mirada vacía... la de Jason Voorhees esperando a sus próximas víctimas.




 

 

Historia creada por: Jarl Asathørn.

Idea de: Jarl Asathørn.

Basada en el personaje creado por: Victor Miller, con contribuciones de Ron Kurz, Sean S. Cunningham y Tom Savini.

Este es un tributo para esta película que marcó a muchos cinéfilos, fanáticos del cine de terror.

Portada creada con AI, diseñada por: Jarl Asathørn.

Gif final: tenor.com

Edición final: Jarl Asathørn.