La Masacre del Lago
Cristal
(Sangriento, vacío y solo)
Año: 2028.
Era una
noche de verano sofocante en las afueras de Crystal Lake, donde el aire olía a
gasolina quemada y sudor rancio. La pandilla de motociclistas «Hell's Angels»,
un grupo de diez bestias brutales liderados por el colosal Brutus «El Carnicero»
Kane, rugía por las carreteras secundarias en sus Harleys relucientes. Habían
pasado la tarde en un bar de mala muerte, bebiendo whisky barato y buscando
problemas.
Esa tarde
oscura encontraron más de lo que esperaban: dos jóvenes mochileras, Lisa y
Sarah, de veintipocos años, que iban de camping cerca del lago. No llevaban
armas, las idiotas pensaron que podían defenderse con sus gritos y arañazos en
caso de encontrarse con algún problema.
Brutus las
vio primero, riendo con su dentadura postiza manchada de nicotina.
—«¡Mira qué
carnada fresca!», gruñó Brutus, acelerando su moto para cortarles el paso. Los
otros nueve –un aquelarre de tatuados con chaquetas de cuero adornadas con
calaveras y águilas– lo siguieron. En minutos, las chicas estaban atadas con
cadenas de sus motos, amordazadas con trapos sucios y arrojadas a los sidecars
como trofeos. Lisa sollozaba, con el rostro magullado por un puñetazo de
Brutus; Sarah pataleaba inútilmente, sintiendo las manos ásperas palpando sus
muslos.
—«Esta noche
vamos a romperlas», prometió Spike, el flaco con una navaja en el cinturón,
lamiéndose los labios. «Y mañana las tiramos al lago pa' que los peces se den
un festín».
Llegaron al
Lago Cristal al anochecer. El lugar era un paraíso olvidado: aguas negras y
quietas rodeadas de pinos altos que susurraban con el viento. Habían oído
historias –fantasmas de campistas muertos, un asesino enmascarado de los 80–,
pero los Hell's Angels no creían en cuentos de viejas.
Armaron un
campamento improvisado: fogata crepitante, cervezas volando, música heavy metal
retumbando desde un altavoz portátil. Ataron a las chicas a un árbol cercano,
rasgando sus camisetas para «probar la mercancía».
Brutus fue
el primero en bajarse los pantalones, su miembro erecto y venoso apuntando como
una serpiente lista para atacar.
«¡Abran las
piernas, putas!», rugió, mientras Spike y otro llamado Razor sostenían a Lisa
inmóvil. Sarah gritaba contra su mordaza, lágrimas surcando su rostro. El hedor
a cerveza y testosterona impregnaba el aire. Brutus se posicionó, listo para
embestir...
Entonces, el
machete descendió del bosque como un relámpago plateado.
¡CRACK! La
cabeza de Brutus explotó en una lluvia de sangre y sesos. El cráneo se partió
como una sandía madura, trozos de cerebro grisáceo salpicando la fogata y
chisporroteando en las llamas. Su cuerpo decapitado se desplomó sobre Lisa,
empapándola en sangre arterial que brotaba como una fuente roja. Los Hell's
Angels se congelaron por un segundo, atónitos, antes de que el caos estallara.
—«¡¿Qué mierda
fue eso?!», berreó Spike, sacando su navaja.
De las
sombras emergió él: Jason Voorhees. Una montaña de carne putrefacta y
cicatrices, su máscara de hockey blanco manchada de barro seco y sangre vieja.
Ojos vacíos brillaban bajo la luz de la fogata. En su mano derecha, el machete
goteaba sangre fresca; en la izquierda, una cadena robada de una de las motos.
No dijo una palabra. Nunca lo hacía. Solo mataba.
El primer
motociclista en reaccionar fue Razor, un tipo fornido con una pistola en la
cintura. Sacó el arma y disparó. ¡BANG! La bala impactó en el hombro de Jason,
arrancando un jirón de camisa vaquera podrida, pero el gigante ni se inmutó.
Cargó como un tren de mercancías. El machete silbó y decapitó a Razor de un
tajo limpio: la cabeza rodó por el suelo, ojos abiertos en shock eterno,
mientras el cuello pulverizado escupía sangre en arcos perfectos. El cuerpo se
convulsionó, meando en sus pantalones antes de caer.
—«¡Máten a
ese hijo de puta! ¡Juntos, ahora!», gritó Tank, el más grande después de
Brutus, blandiendo una tubería de metal. Cuatro Hell's Angels lo flanquearon:
Spike, con su navaja; Hammer, con un martillo; y dos más, Psycho y Leech,
armados con cadenas y botellas rotas. Cargaron contra Jason en una marea de
furia.
Jason no
retrocedió. Golpeó primero a Hammer: el machete le abrió el abdomen de lado a
lado. Intestinos humeantes se derramaron como una cascada de gusanos viscosos,
enredándose en las botas del motociclista mientras gritaba y vomitaba bilis.
Jason pisoteó las tripas, aplastándolas en una pasta sanguinolenta bajo sus
botas. Tank balanceó la tubería, acertando en la máscara de Jason con un
¡CLANG! que resonó como un gong. La máscara se agrietó ligeramente, pero Jason
giró y hundió la cadena en la mandíbula de Tank. Los dientes volaron como
confeti; la cadena se enredó en su lengua y Jason tiró con fuerza, arrancándole
la mitad inferior de la cara. Tank cayó gorgoteando sangre espumosa, ahogándose
en su propia tráquea destrozada.
Spike
apuñaló por la espalda, clavando la navaja en el riñón de Jason.
—«¡Muere,
hijo de puta!», chilló.
Jason se
volteó, agarró la mano de Spike y la retorció hasta que los huesos crujieron
como ramas secas. Luego, con un movimiento fluido, le clavó el machete en la
boca abierta, atravesando la garganta y saliendo por la nuca. Spike se sacudió
como un pez en una línea, sangre burbujeando de sus labios, antes de colapsar
con la navaja aún en la mano mutilada.
Psycho y
Leech intentaron huir hacia las motos, pero Jason era más rápido de lo que su
tamaño sugería. Lanzó la cadena como un lazo: atrapó el cuello de Psycho y
tiró. El cráneo se aplastó contra un tronco con un ¡CRUNCH! húmedo, ojos
reventando como uvas, cerebro salpicando la corteza del árbol. Leech encendió
su Harley y aceleró, pero Jason saltó sobre el sidecar. Un machetazo partió el
manubrio; la moto volcó, lanzando a Leech contra el suelo. Jason pisoteó su
pecho: costillas crujieron como palillos, pulmones colapsaron en una explosión
de sangre y espuma. Un pisotón final hundió el cráneo en el barro, dejando un
cráter rojo.
Quedaban
cuatro: Grit, el pistolero de Brutus; Fang, con una motosierra que había sacado
del maletero; y dos novatos, Butch y Slade, temblando con cuchillos. Grit
disparó seis balas al pecho de Jason. Cada impacto abrió heridas que supuraban
pus negro, pero Jason siguió avanzando, imparable. Agarró a Grit por la garganta
y levantó su cuerpo de 120 kilos como si fuera una muñeca. Apretó hasta que la
tráquea se pulverizó; ojos saltones, lengua protruyendo azulada. Jason lo usó
como maza contra Fang, que acababa de encender la motosierra.
¡ZZZZRRRRT! La hoja giratoria cortó el brazo de Grit en dos, sangre y aceite salpicando. Jason lanzó el cadáver contra Fang, derribándolo. La motosierra rebotó en el suelo, cortando la pierna de Fang por la rodilla. El hombre aulló mientras Jason le hundía el machete en la ingle, destripándolo vivo. Genitales mutilados rodaron por el barro junto a intestinos calientes; Fang se ahogaba en su propio vómito rojo.
Butch y
Slade corrieron al lago, chapoteando en el agua negra.
—«¡Ayuda! ¡Socorro!», gritaban.
Jason los siguió, el agua apenas llegándole a las rodillas. Agarró a Butch por el cabello y lo sumergió. Burbujas de sangre subieron mientras el machete le abría la espalda: vértebras se partieron como ramitas, médula espinal colgando como cordones sangrientos. Butch emergió una vez, escupiendo agua y pulmones perforados, antes de hundirse para siempre.
Slade nadaba
frenéticamente, pero Jason lo alcanzó. Un corte diagonal le abrió el torso
desde el hombro hasta la cadera: piel, músculo y órganos se separaron en dos mitades
temblorosas. El hígado flotó en el lago como un globo rojo; Slade se hundió
gritando burbujas de sangre.
El
campamento era un matadero: cuerpos destrozados, extremidades dispersas,
charcos de sangre coagulándose bajo la luna. Las motos ardían, alimentadas por
la fogata avivada con gasolina.
Jason se
irguió en medio de la escena grotesca, machete chorreando vísceras, máscara
salpicada de rojo fresco.
Lisa y Sarah, atadas al árbol, habían presenciado todo en un trance de horror. Las cuerdas estaban cortadas –quizá por un golpe afortunado durante la refriega–. Temblando, se desataron mutuamente y corrieron hacia el bosque, ramas azotando sus rostros, pies sangrando por las piedras. No miraron atrás hasta llegar al borde del claro opuesto.
Allí estaba
él. Jason Voorhees, inmóvil como una estatua antigua, observándolas desde la
orilla del lago. Su silueta masiva recortada contra el fuego agonizante. No las
persiguió. Solo las miró, máscara impasible, machete goteante en la mano. Las
chicas se congelaron, el corazón latiéndoles en la garganta.
Luego, sin
prisa, Jason se giró y se adentró en el bosque oscuro. Su figura se fundió con
las sombras de los pinos, desapareciendo como un espectro en la niebla matutina
que empezaba a subir del lago.
Lisa y Sarah
corrieron hasta el amanecer, pero 'Crystal Lake' nunca las dejó ir del todo.
En sus pesadillas, siempre volvía esa mirada vacía... la de Jason Voorhees esperando a sus próximas víctimas.
Historia
creada por: Jarl Asathørn.
Idea de: Jarl
Asathørn.
Basada en el
personaje creado por: Victor Miller, con contribuciones de Ron Kurz,
Sean S. Cunningham y Tom Savini.
Este es un
tributo para esta película que marcó a muchos cinéfilos, fanáticos del cine de
terror.
Portada creada con AI, diseñada por: Jarl Asathørn.
Gif final: tenor.com
Edición
final: Jarl Asathørn.

