sábado, 3 de enero de 2026

Humor político Trollish y Gandworf producciones presentan: «La gran farsa (Y explosión) de Nicolás Maburro»

 




En un mundo alterno de una galaxia muy, pero muuuuy lejana.... pero bastante cerca de la loma de la chucha y de la loma del copi.

 

LA GRAN FARSA (Y EXPLOSIÓN) DE NICOLÁS MABURRO:

UN THRILLER TROPICAL CON SABOR A AREPA Y PÓLVORA

 

CAPÍTULO 1:

EL PLAN (O LA IMPROVISACIÓN) PERFECTA

 

Era una tarde en Caracas, de ese calor que derrite hasta las promesas electorales, ese calor que derrite hasta los churrines de un taxista. Nicolás Maburro, con su bigote peinado como si fuera un monumento nacional, sorbía un café con leche mientras revisaba los titulares: «Crisis económica empeora», «Falta de gasolina», «Nuevo apagón nacional». Nada que no pudiera resolver con un discurso de 10 horas.

De pronto, su teléfono vibró. Era un mensaje cifrado (o sea, escrito en un papelito doblado) de su equipo de «inteligencia»:

 

—Jefe, la CIA, el Mossad y un grupo de mercenarios liderados por un tipo llamado 'Churrito' están planeando algo. Algo grande.

 

Maburro, con la calma de quien ha sobrevivido a 15 intentos de golpe de Estado (y a su propia gestión económica, y a su güeonera), respondió:

 

—¿Y qué proponen, compadres?

 

—Pues... que se esconda en el baño de la embajada de Rusia. O que finja su propia captura. Algo épico.

 

Maburro sonrió. Fingir su captura no solo lo haría ver como un mártir, sino que le daría material para discursos hasta el año 2050.

 

CAPÍTULO 2:

LA OPERACIÓN «SOY UN HÉROE (O UN REHÉN)» Y LA AMBICIÓN DE DIOSDADO

 

Con un presupuesto equivalente a tres cajas de chicles, Maburro contrató a un grupo de actores en el Mercado de Chacao (especializados en «drama revolucionario») para simular un secuestro.

La escena: un convoy presidencial «atacado» por hombres con pasamontañas y rifles de juguete comprados en una tienda de disfraces de El Valle.

 

—¡Alto, esto es un secuestro! — gritó el actor principal, con una voz que sonaba más a vendedor de pescado que a mercenario.

 

—¡No me lleven, soy el presidente legítimo de Venezuela! — exclamó Maburro, dejándose «arrastrar» hacia una camioneta con aire acondicionado, WiFi y un minibar bien surtidito de ron.

 

Pero lo que Maburro no sabía era que, en las sombras, Diosdado «guata de sandía» Cabello tramaba su propio plan. 

 

CAPÍTULO 3:

LA CONSPIRACIÓN DEL ZAPATO VOLADOR

 

Mientras Maburro ensayaba su papel de rehén, Diosdado Cabello, en una sala del *SEBIN decorada con posters de Rambo, El Padrino, de Baphomet teniendo sexo duro con Karl Marx, Sicosis, y El día después de mañana, frotaba sus manos como un villano de telenovela.

*El Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional.

 

—«Coño, este es mi momento», susurró, ajustándose la gorra roja. «Si Maburro 'desaparece', yo asumo el poder. ¡Seré el presidente que Venezuela merece! Bueno, al menos hasta que la gente se canse de mí también. Uy, ya me imagino como el pueblo me va a besar el culo, como mi cuenta corriente va a engordar, y los autos que me voy a comprar».

 

Con un plan más agujereado que el presupuesto nacional, Diosdado reunió a sus leales (y a dos primos que le debían favores) para convertir el falso secuestro en uno real. «Maburro a la cárcel, yo al palacio», pensó, mientras se comía un *tequeño frío y un café que sabía a desesperación.

 

*Los tequeños, también conocidos como «pasapalos» debido a que se sirven en toda fiesta venezolana, son un delicioso aperitivo elaborado en base a una barra de queso duro envuelta en una masa de harina de trigo, que luego se fríe hasta quedar súper crujiente.

 

CAPÍTULO 4

EL DÍA D: CUANDO LA AMBICIÓN EXPLOTA (LITERALMENTE)

 

El día del «secuestro», Diosdado y su equipo interceptaron la camioneta de Maburro en un retén improvisado cerca de La Carlota.

 

—¡Alto, esto sí es un secuestro de verdad!, gritó Diosdado, blandiendo una pistola que parecía de juguete (pero no lo era). ¡Coño, es por la revolución, compadre!.

 

Maburro, desde el asiento trasero, lo miró con una mezcla de sorpresa y decepción paternal:

—Diosdado, ¿en serio? Si ya teníamos un ‘escríp’... ¿O es que te aburriste de ser el número dos?

 

Pero Diosdado, en su afán por ser el centro de atención, sacó una granada (comprada en el mercado negro de Maracaibo, junto a un lote de harina PAN caducada) y la agitó como si fuera un maraca en un concierto de salsa.

 

—¡Esto es por el socialismo, carajo!

 

Lo que siguió fue una escena que quedó grabada en la retina de los presentes (y en los memes de X):

1. La granada se le resbaló de la mano.

2. Botó dos veces en el suelo, como si dudara de su propia existencia.

3. Diosdado intentó atraparla con un «¡No, espera!» que quedó truncado por el ¡BOOOOOM!

 

Una nube de humo en forma de gorra roja cubrió el lugar. Cuando el polvo se disipó, solo quedó el zapato izquierdo de Diosdado, girando en el aire como un helicóptero defectuoso antes de caer sobre el capó de la camioneta.

 

—Bueno... eso no estaba en el guion — dijo Maburro, tosiendo y ajustándose el cinturón. Y agregó: Aunque hay que admitir que le dio un toque cinematográfico al asunto.

 

Los actores, sin perder el profesionalismo, improvisaron:

—¡El presidente ha sido rescatado por fuerzas leales! ¡Diosdado... eeeh... se sacrificó heroicamente por la patria!

 

Maburro asintió, solemne, hipócritamente, con un ‘caradurismo’ impresionante, igualito a cuando hizo el fraude electoral, mientras el zapato de Diosdado aterrizaba a sus pies:

—Sí. Murió como vivió: con explosión y sin filtros.

 

CAPÍTULO 5

LA REACCIÓN DE CILIA FLORES (Y EL PUEBLO)

 

Mientras Maburro se acomodaba en su «cautiverio» de lujo (una suite en una isla privada con vista al mar y room service), Cilia Flores recibió la noticia en Rusia con una mezcla de sorpresa y resignación.

 

—Ay, Diosdado... siempre tan apasionado —suspiró, antes de ordenar que le sirvieran un vodka naranja— Bueno, al menos ya no tendré que aguantar sus chistes malos en las reuniones.

 

En las calles de Caracas, la gente reaccionó con memes, chistes y una que otra lagrimita (de risa):

 

—¿Diosdado voló por los aires? ¡Eso explica el último apagón! ¡JAJAJAJA!

 

—Oye, ¿y si el zapato que quedó es el de la suerte? ¡Que lo subasten en dólares!, ¡JAJAJAJAJA!

 

—Maburro fingió su secuestro, Diosdado se voló solo... ¿esto es una telenovela o un reality show? 

 

CAPÍTULO 6

EL REGRESO DEL HÉROE (Y EL ZAPATO LEGENDARIO)

 

Tras dos semanas de «cautiverio» (y cinco kilos de más), Maburro apareció en una rueda de prensa con una camiseta del Che, una sonrisa de «acabo de ganar la lotería» y el zapato de Diosdado sobre el podio.

 

—¡El imperio de 'Tróm' intentó callarme, pero aquí estoy, más fuerte que nunca! ¡Y traigo conmigo... el símbolo de la lealtad revolucionaria! — dijo, levantando el zapato como si fuera la Copa Libertadores.

 

Detrás de él, un cartel decía:

«Venezuela: 1000% de inflación, 0% de aburrimiento, 1 zapato menos».

 

Los analistas políticos no sabían si reír o llorar:

—Esto es un montaje.

—No, esto es telenovela con efectos especiales —dijo otro.

—¿Y si todo fue un plan de Maburro para deshacerse de Diosdado? ¡Ese sí que es ser un estratega! ¡Coño!

 

EPÍLOGO: EL LEGADO DE DIOSDADO (Y EL ZAPATO QUE VUELA)

 

Años después, en Venezuela se celebra el «Día de la Gran Explosión» (cada vez que hay un apagón o un estruendo inexplicable). Los niños juegan a «la granada de Diosdado» (que consiste en correr gritando «¡Esto es por la revolución!», antes de tirarse al suelo).

Y en el Palacio de Miraflores, Maburro guarda el zapato de Diosdado en una urna de cristal, junto a un letrero que dice:

 

«No intentes traicionar al proceso. Podrías terminar... en pedazos».

 

Mientras tanto, en algún lugar del más allá (o de Cuba, o del infierno, que es lo mismo), se rumora que Diosdado sigue gritando:

 

—¡Esto no era parte del plaaaaan!

 

FIN




 

Escrito por: Gandworf.

Una idea de: Jarl Asathørn.