En un mundo alterno de una galaxia
muy, pero muuuuy lejana.... pero bastante cerca de la loma de la chucha y de la
loma del copi.
LA GRAN FARSA (Y EXPLOSIÓN) DE NICOLÁS MABURRO:
UN THRILLER TROPICAL CON SABOR A AREPA Y PÓLVORA
CAPÍTULO 1:
EL PLAN (O LA IMPROVISACIÓN) PERFECTA
Era una tarde en Caracas, de ese calor que derrite hasta las promesas
electorales, ese calor que derrite hasta los churrines de un taxista. Nicolás
Maburro, con su bigote peinado como si fuera un monumento nacional, sorbía un
café con leche mientras revisaba los titulares: «Crisis económica empeora»,
«Falta de gasolina», «Nuevo apagón nacional». Nada que no pudiera resolver con
un discurso de 10 horas.
De pronto, su teléfono vibró. Era un mensaje cifrado (o sea, escrito en
un papelito doblado) de su equipo de «inteligencia»:
—Jefe, la CIA, el Mossad y un grupo de mercenarios liderados por un tipo
llamado 'Churrito' están planeando algo. Algo grande.
Maburro, con la calma de quien ha sobrevivido a 15 intentos de golpe de
Estado (y a su propia gestión económica, y a su güeonera), respondió:
—¿Y qué proponen, compadres?
—Pues... que se esconda en el baño de la embajada de Rusia. O que finja
su propia captura. Algo épico.
Maburro sonrió. Fingir su captura no solo lo haría ver como un mártir,
sino que le daría material para discursos hasta el año 2050.
CAPÍTULO 2:
LA OPERACIÓN «SOY UN HÉROE (O UN REHÉN)»
Y LA AMBICIÓN DE DIOSDADO
Con un presupuesto equivalente a tres cajas de chicles, Maburro contrató
a un grupo de actores en el Mercado de Chacao (especializados en «drama
revolucionario») para simular un secuestro.
La escena: un convoy presidencial «atacado» por hombres con pasamontañas
y rifles de juguete comprados en una tienda de disfraces de El Valle.
—¡Alto, esto es un secuestro! — gritó el actor principal, con una voz que
sonaba más a vendedor de pescado que a mercenario.
—¡No me lleven, soy el presidente legítimo de Venezuela! — exclamó
Maburro, dejándose «arrastrar» hacia una camioneta con aire acondicionado, WiFi
y un minibar bien surtidito de ron.
Pero lo que Maburro no sabía era que, en las sombras, Diosdado «guata de sandía» Cabello tramaba su propio plan.
CAPÍTULO 3:
LA CONSPIRACIÓN DEL ZAPATO VOLADOR
Mientras Maburro ensayaba su papel de rehén, Diosdado Cabello, en una sala
del *SEBIN decorada con posters de Rambo, El Padrino, de Baphomet teniendo sexo
duro con Karl Marx, Sicosis, y El día después de mañana, frotaba sus manos como
un villano de telenovela.
*El Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional.
—«Coño, este es mi momento», susurró, ajustándose la gorra roja. «Si
Maburro 'desaparece', yo asumo el poder. ¡Seré el presidente que Venezuela
merece! Bueno, al menos hasta que la gente se canse de mí también. Uy, ya me
imagino como el pueblo me va a besar el culo, como mi cuenta corriente va a
engordar, y los autos que me voy a comprar».
Con un plan más agujereado que el presupuesto nacional, Diosdado reunió a
sus leales (y a dos primos que le debían favores) para convertir el falso
secuestro en uno real. «Maburro a la cárcel, yo al palacio», pensó, mientras se
comía un *tequeño frío y un café que sabía a desesperación.
*Los tequeños, también conocidos como «pasapalos» debido a que se sirven
en toda fiesta venezolana, son un delicioso aperitivo elaborado en base a una
barra de queso duro envuelta en una masa de harina de trigo, que luego se fríe
hasta quedar súper crujiente.
CAPÍTULO 4
EL DÍA D: CUANDO LA AMBICIÓN EXPLOTA
(LITERALMENTE)
El día del «secuestro», Diosdado y su equipo interceptaron la camioneta
de Maburro en un retén improvisado cerca de La Carlota.
—¡Alto, esto sí es un secuestro de verdad!, gritó Diosdado, blandiendo
una pistola que parecía de juguete (pero no lo era). ¡Coño, es por la
revolución, compadre!.
Maburro, desde el asiento trasero, lo miró con una mezcla de sorpresa y
decepción paternal:
—Diosdado, ¿en serio? Si ya teníamos un ‘escríp’... ¿O es que te aburriste de ser el número dos?
Pero Diosdado, en su afán por ser el centro de atención, sacó una granada
(comprada en el mercado negro de Maracaibo, junto a un lote de harina PAN
caducada) y la agitó como si fuera un maraca en un concierto de salsa.
—¡Esto es por el socialismo, carajo!
Lo que siguió fue una escena que quedó grabada en la retina de los
presentes (y en los memes de X):
1. La granada se le resbaló de la mano.
2. Botó dos veces en el suelo, como si dudara de su propia existencia.
3. Diosdado intentó atraparla con un «¡No, espera!» que quedó truncado
por el ¡BOOOOOM!
Una nube de humo en forma de gorra roja cubrió el lugar. Cuando el polvo
se disipó, solo quedó el zapato izquierdo de Diosdado, girando en el aire como
un helicóptero defectuoso antes de caer sobre el capó de la camioneta.
—Bueno... eso no estaba en el guion — dijo Maburro, tosiendo y
ajustándose el cinturón. Y agregó: Aunque hay que admitir que le dio un toque
cinematográfico al asunto.
Los actores, sin perder el profesionalismo, improvisaron:
—¡El presidente ha sido rescatado por fuerzas leales! ¡Diosdado... eeeh...
se sacrificó heroicamente por la patria!
Maburro asintió, solemne, hipócritamente, con un ‘caradurismo’
impresionante, igualito a cuando hizo el fraude electoral, mientras el zapato de Diosdado aterrizaba a sus pies:
—Sí. Murió como vivió: con explosión y sin filtros.
CAPÍTULO 5
LA REACCIÓN DE CILIA FLORES (Y EL PUEBLO)
Mientras Maburro se acomodaba en su «cautiverio» de lujo (una suite en
una isla privada con vista al mar y room service), Cilia Flores recibió la
noticia en Rusia con una mezcla de sorpresa y resignación.
—Ay, Diosdado... siempre tan apasionado —suspiró, antes de ordenar que le
sirvieran un vodka naranja— Bueno, al menos ya no tendré que aguantar sus
chistes malos en las reuniones.
En las calles de Caracas, la gente reaccionó con memes, chistes y una que
otra lagrimita (de risa):
—¿Diosdado voló por los aires? ¡Eso explica el último apagón! ¡JAJAJAJA!
—Oye, ¿y si el zapato que quedó es el de la suerte? ¡Que lo subasten en
dólares!, ¡JAJAJAJAJA!
—Maburro fingió su secuestro, Diosdado se voló solo... ¿esto es una telenovela o un reality show?
CAPÍTULO 6
EL REGRESO DEL HÉROE (Y EL ZAPATO
LEGENDARIO)
Tras dos semanas de «cautiverio» (y cinco kilos de más), Maburro apareció
en una rueda de prensa con una camiseta del Che, una sonrisa de «acabo de ganar
la lotería» y el zapato de Diosdado sobre el podio.
—¡El imperio de 'Tróm' intentó callarme, pero aquí estoy, más fuerte que
nunca! ¡Y traigo conmigo... el símbolo de la lealtad revolucionaria! — dijo,
levantando el zapato como si fuera la Copa Libertadores.
Detrás de él, un cartel decía:
«Venezuela: 1000% de inflación, 0% de aburrimiento, 1 zapato menos».
Los analistas políticos no sabían si reír o llorar:
—Esto es un montaje.
—No, esto es telenovela con efectos especiales —dijo otro.
—¿Y si todo fue un plan de Maburro para deshacerse de Diosdado? ¡Ese sí
que es ser un estratega! ¡Coño!
EPÍLOGO: EL LEGADO DE DIOSDADO (Y EL
ZAPATO QUE VUELA)
Años después, en Venezuela se celebra el «Día de la Gran Explosión» (cada
vez que hay un apagón o un estruendo inexplicable). Los niños juegan a «la
granada de Diosdado» (que consiste en correr gritando «¡Esto es por la
revolución!», antes de tirarse al suelo).
Y en el Palacio de Miraflores, Maburro guarda el zapato de Diosdado en
una urna de cristal, junto a un letrero que dice:
«No intentes
traicionar al proceso. Podrías terminar... en pedazos».
Mientras tanto, en algún lugar del más allá (o de Cuba, o del infierno, que es lo mismo), se rumora que
Diosdado sigue gritando:
—¡Esto no era parte del plaaaaan!
FIN
Escrito por: Gandworf.
Una idea de: Jarl Asathørn.


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