domingo, 4 de enero de 2026

Humor político Trollish y Gandworf producciones presentan: «

 


 


Los medios mienten. Aquí les relato la verdadera historia de la captura del dictador comunista Nicolás Maburro.

 

La operación de la Fuerza Delta llevaba meses de planificación, mapas holográficos, simulaciones y café recalentado, de vez en cuando un whiskazo y alguna cacha entre un general y su secretaria rica en el baño . Seee, seamos francos, una historia gringa sin ‘whiskey’ y sexo es penca, es como ver una peli slasher sin minas descerebradas y tetonas.

El nombre clave de la operación era elegante: «Operación Silencio Tropical, concha le vale».

Duró exactamente siete segundos en convertirse en un circo.

—¿Wak? (What) se dijo así mismo Maburro, mientras despertaba de un sueño profundo donde él era un dios.

Abre la puerta y cacha a militares gringos y dijo.

—¡CONCHA LE VALE MAMAGÜEVEO!


Nicolás Maburro intentó escapar por una escalerilla mojada y resbaló como pingüino con chanclas, como ministro de Boric.

 

—¡Cuidado, señor! —gritó un soldado.

 

Demasiado tarde.

Maburro rodó escaleras abajo, rebotó contra una maceta, giró sobre sí mismo y terminó abrazado a un busto de Simón Bolívar mientras vomitaba con una potencia que ningún manual táctico contemplaba.

Los soldados de la Fuerza Delta se quedaron mirando.

 

—¿Esta güeá estaba en el informe?

—No.

—¿En el entrenamiento culiao?

—Tampoco.

—¿En la lógica humana?

—Menos.

—¡Chucha madre güeón!

 

Intentó ponerse de pie y volvió a caer. Esta vez de cara. Se levantó con la boca torcida y murmuró algo sobre conspiraciones intergalácticas imperialistas antes de volver a pegarse otro «guajardo», ahora sobre sus propias chanclas. La esposa de Maburro se tapaba la cara de bruja (vergüenza ajena), mientras miraba de reojo el 'paquete delta' a un milico gringo. Vieja fea pero golosa.

Uno de los militares —un tipo enorme, cuello inexistente, o sea, cogote de almeja, y cerebro en modo ahorro de energía— decidió que ya era suficiente.

 

—Ya, ya, ya para tu güeveo bigotón culiao —dijo, agarrando a Maburro como quien toma una bolsa de papas y levantándolo sin esfuerzo—. ¡Se acabó el recreo concha de tu madre!

 

A su esposa la tomó con la misma delicadeza con la que se carga un saco de cemento.

 

—¡Oye, bruto culiao! —le gritó otro soldado.

 

—¿Qué? ¡Así cargo yo las güeás frágiles!

 

Los llevaron al bote inflable rumbo al USS Iwo Jima. El mar estaba tranquilo demasiado tranquilo. A esa hora incluso Aquaman estaba raja durmiendo.

Maburro, esposado, intentó sentarse con dignidad. El bote dio un saltito.

 

¡PLAF! ¡CHUAZ!

 

Maburro salió disparado y cayó al agua como un tronco, como un saco de mierda.

 

—¡Hombre al agua!

 

—No, tranquilo la mierda flota sola —dijo otro, viendo cómo Maburro pataleaba torpemente mientras gritaba puras güeás incoherentes, como cualquier izquierdista mundial—. Parece boya con bigote este sasquash revolucionario, hijo de las remil putas.

 

Lo sacaron empapado, más mojao que pederasta viendo ‘Discovery kids’, tiritando y con algas en el pelo... y alguna caquita de pescao en la trompa.

Al subir al buque, intentó caminar recto. Falló. Resbaló, se fue de hocico contra la cubierta metálica y ¡CRACK!: trompa partida en dos.

Antes de que alguien reaccionara, se inclinó y vomitó directamente encima de un almirante perfectamente planchado.

Silencio absoluto... y una que otra sonrisa.

El almirante miró su uniforme, levantó la vista y dijo con calma sobrenatural:

¡Necesito otro uniforme! ¡Y terapia! ¡Este rechucha de su madre me vomitó entero! ¡Hey, lúser, corta tu güeveo!

 

Todos los milicos de la Fuerza Delta se mordían los labios para no pegarse una risotada.

En el traslado final a Nueva York, el helicóptero volaba majestuosamente sobre el puerto. Maburro miró por la puerta abierta, se mareó otra vez y dio un paso en falso.

 

—¡NO SE PARE AHÍ! —gritaron todos al mismo tiempo.

 

Demasiado tarde.

Cayó.

Pero no cayó normal.

Cayó rebotando en el aire y terminó aplastado sobre la antorcha de la Estatua de la Libertad, deformado como plastilina, quedando pegado en una pose absurda, con la boca abierta y una expresión de eterna confusión.

Un turista que nadaba puro matando el tiempo lúser sacó una foto.

 

—¿Eso es arte moderno?

 

—No —respondió un policía—. Es geopolítica agüeoná.

 

Desde el helicóptero, un soldado suspiró.

 

—Güeón, hoy hicimos historia.

 

—Sí contesto otro pero nadie nos va a creer esta güeá.

 

Y la Estatua de la Libertad, por primera vez en siglos, parecía levemente decepcionada.

 

(Cualquier Maburro que vean en las noticias es un clon)

 

FIN.







 

 

Fuente:

Historia creada por: Gandworf.

Basada en ideas de Jarl Asathørn.

Imagen creada con AI.

Edición final: Jarl Asathørn.