No espero
nada de este año. La inmundicia humana persistirá, y con ella continuarán las
guerras, alimentando los bolsillos de quienes detentan el poder.
Nuevas
pestes aparecerán «mágicamente», y con ellas, surgirán vacunas que parecen más
una solución comercial que un auténtico esfuerzo por la salud pública.
Los
conflictos sociales estallarán, acompañados de marchas que, aunque bien
intencionadas, a menudo resultan absurdas y cargadas de violencia innecesaria.
Donald
Trump, con su clásico juego retórico, inventará algún enfrentamiento contra un
país del Tercer Mundo, porque, seamos claros, jamás se atreverá a desafiar a
China o Rusia. El resurgimiento de las tácticas de la doctrina Monroe ya está
siendo usada por USA.
La izquierda
seguirá radicalizándose. En Estados Unidos, por ejemplo, hemos visto a algunos
grupos en universidades como la Universidad de Yale y la Universidad de
Berkeley, donde la libertad de expresión se ve amenazada por el movimiento
ANTIFA. Este fenómeno ha impulsado una cultura de la intransigencia hacia
quienes no comparten la ideología de este grupo intolerante, alimentando
divisiones aún mayores.
Mientras
tanto, en Venezuela, la situación bajo el régimen de Nicolás Maduro es un claro
ejemplo de cómo la radicalización puede llevar a un país a la ruina. La
economía está en colapso, la inflación descontrolada y millones de ciudadanos
viven en condiciones de miseria extrema. Las violaciones de derechos humanos
son sistemáticas, y aquellos que se atreven a alzar la voz contra el régimen
son perseguidos implacablemente. Esta dinámica crea un clima de miedo y
desesperación que perpetúa el control autoritario.
Las verdades
continuarán sepultadas, mientras las mentiras brillan con una intensidad
inquietante, como si fueran oro.
Dios, en
este panorama sombrío, parece lejano. El mundo se siente en abandonado, y los
antivalores marchan con estandartes de guerra, ejerciendo una influencia
corrosiva sobre nuestras sociedades.
La gente
buena, acobardada y temerosa, se agacha, sin atreverse a sobresalir de las
arenas del tiempo.
El miedo se
erige como un sello en la frente de todos, mientras los pueblos, a pesar de la
aparente felicidad, se retuercen en su agonía.
Todos
parecen ser durmientes, zombificados por una élite que nos empuja hacia la
inercia y el conformismo.
Y aquí, en
Chile, ya aparecen los comunistas con un documento, que según ellos es una
declaración de sus principios respecto a proteger a los trabajadores del país,
un papel que algunos ya han interpretado, y con mucha razón, como un acto de
amenaza al nuevo gobierno de derecha que aún no asume. Es un llamado a las
movilizaciones y marchas que tanto les gustan cuando no están en el poder.
¿Cómo pueden
asumir que el gobierno de Kast va a ser un gobierno que va a ir en contra de la
clase trabajadora?
Ese papel de odio —redactado por el Partido Comunista de Chile— es un patético intento de socavar la democracia chilena bajo un nuevo mandato que a ellos no les gusta, y es un documento que solo incita al odio y a la división del país.
El PC y quien
lo dirige —Lautaro Carmona— ya preparan el terreno para crear vandalismo, caso
y desorden en un Chile que habló claro y fuerte.
Velkommen til Mörsugur-måneden.

