jueves, 1 de enero de 2026

Casi un Edithorial [2026]

 



No espero nada de este año. La inmundicia humana persistirá, y con ella continuarán las guerras, alimentando los bolsillos de quienes detentan el poder.

 

Nuevas pestes aparecerán «mágicamente», y con ellas, surgirán vacunas que parecen más una solución comercial que un auténtico esfuerzo por la salud pública.

 

Los conflictos sociales estallarán, acompañados de marchas que, aunque bien intencionadas, a menudo resultan absurdas y cargadas de violencia innecesaria.

 

Donald Trump, con su clásico juego retórico, inventará algún enfrentamiento contra un país del Tercer Mundo, porque, seamos claros, jamás se atreverá a desafiar a China o Rusia. El resurgimiento de las tácticas de la doctrina Monroe ya está siendo usada por USA.

 

La izquierda seguirá radicalizándose. En Estados Unidos, por ejemplo, hemos visto a algunos grupos en universidades como la Universidad de Yale y la Universidad de Berkeley, donde la libertad de expresión se ve amenazada por el movimiento ANTIFA. Este fenómeno ha impulsado una cultura de la intransigencia hacia quienes no comparten la ideología de este grupo intolerante, alimentando divisiones aún mayores.

 

Mientras tanto, en Venezuela, la situación bajo el régimen de Nicolás Maduro es un claro ejemplo de cómo la radicalización puede llevar a un país a la ruina. La economía está en colapso, la inflación descontrolada y millones de ciudadanos viven en condiciones de miseria extrema. Las violaciones de derechos humanos son sistemáticas, y aquellos que se atreven a alzar la voz contra el régimen son perseguidos implacablemente. Esta dinámica crea un clima de miedo y desesperación que perpetúa el control autoritario.

 

Las verdades continuarán sepultadas, mientras las mentiras brillan con una intensidad inquietante, como si fueran oro.

 

Dios, en este panorama sombrío, parece lejano. El mundo se siente en abandonado, y los antivalores marchan con estandartes de guerra, ejerciendo una influencia corrosiva sobre nuestras sociedades.

 

La gente buena, acobardada y temerosa, se agacha, sin atreverse a sobresalir de las arenas del tiempo.

 

El miedo se erige como un sello en la frente de todos, mientras los pueblos, a pesar de la aparente felicidad, se retuercen en su agonía.

Todos parecen ser durmientes, zombificados por una élite que nos empuja hacia la inercia y el conformismo.

 

Y aquí, en Chile, ya aparecen los comunistas con un documento, que según ellos es una declaración de sus principios respecto a proteger a los trabajadores del país, un papel que algunos ya han interpretado, y con mucha razón, como un acto de amenaza al nuevo gobierno de derecha que aún no asume. Es un llamado a las movilizaciones y marchas que tanto les gustan cuando no están en el poder.

¿Cómo pueden asumir que el gobierno de Kast va a ser un gobierno que va a ir en contra de la clase trabajadora?

Ese papel de odio —redactado por el Partido Comunista de Chile— es un patético intento de socavar la democracia chilena bajo un nuevo mandato que a ellos no les gusta, y es un documento que solo incita al odio y a la división del país. 

El PC y quien lo dirige —Lautaro Carmona— ya preparan el terreno para crear vandalismo, caso y desorden en un Chile que habló claro y fuerte.

 

Velkommen til Mörsugur-måneden.