sábado, 17 de enero de 2026

Humor Geopolítico Trollish y Gandworf producciones presentan: «El Emperador del Hielo y del Pescado podrido»

 





TRUMP:

EL EMPERADOR DEL HIELO

Y DEL PESCADO PODRIDO

 

Capítulo 1:

La Llegada del «Gran Napoleón de los Negocios» 

El avión presidencial —El Air Force One— pintado de dorado con letras gigantes que decía: «TRUMP: EL MEJOR, CRÉANME», aterrizó en Groenlandia con la elegancia de un elefante en patines. La puerta se abrió y, entre humo de máquina y el sonido de «We Are the Champions» a todo volumen, apareció Donald J. Trump, vestido como un cruce entre Napoleón Bonaparte y un rey de carnaval: corona de oro tamaño XXL (que se le caía cada dos minutos), capa de armiño (falsa, obviamente, porque «el armiño real es para lúseres»), y una sonrisa de ganador a toda prueba.

—¡Groenlandia es mía! —gritó, levantando un mapa que había garabateado en una servilleta de McDonald’s—. ¡La compré en eBay por dos dólares y un tuit! ¡Y sepan todos, manga de lúseres, que he llegado para reclamar Groenlandia! —gritó—. ¡La compro, la tomo, la conquisto, lo que sea!

Los habitantes locales, silenciosos, envueltos en parkas, mirándolo con una mezcla perfecta de confusión, desprecio y ganas de reírse. El primer groenlandés lanzó un pescado podrido. No fue un acto de violencia: fue una tradición ancestral que acababa de nacer.

¡PLAF! El pescado impactó directo en la corona imperial, que se torció como lata de bebida pisada.

Los groenlandeses, que nunca habían visto semejante espectáculo, se miraron entre sí. Uno de ellos, un anciano con barba de ballena, susurró:

—¿Y este agüeonao quién es? ¿El rey de los memes?

 

Capítulo 2:

La Bienvenida (con Aroma a Pescao)

La multitud, en lugar de alfombras rojas, había preparado pescado podrido. Montones y montones de bacalao verde, salmón con moho y arenques que olían a «prostíbulo de mala muerte». Trump, con su olfato de tiburón de negocios, inhaló profundamente. Y sin decir: «agua va», en segundos, llovieron bacalaos, arenques, «focas muertas» de dudosa reputación y una ballena pequeña que nadie sabe cómo levantaron. De paso no faltó el vacacionista gringo antitrump (algunos dicen que de ANTIFA) que le lanzó una bolsa llena de mierda. Cerdo el güeón. La capa de Trump quedó impregnada de un olor tan potente que un oso polar se desmayó a 300 metros.

 

—¡Huele a éxito! —dijo, mientras un trozo de merluza le aterrizaba en la corona—. ¡Esto es mejor que el perfume del calzón de Melania!

 

Su comitiva, compuesta por Marcos Rubio (que llevaba un chaleco salvavidas por si acaso) y Mike Pence (que rezaba en silencio), intentó protegerlo con paraguas. Pero los groenlandeses eran más rápidos: un niño de 8 años le lanzó un pulpo congelado que le dio en la nariz.

 

—¡FAKE NEWS! —gritó Trump, frotándose la cara—. ¡Ese pulpo estaba vivo! ¡Lo vi moverse!

 

Desde atrás apareció Marcos Rubio, con cara de «yo no firmé para esta güeá», intentando dar un discurso diplomático:

—«Queremos construir puentes, cooperación, valores comparti—»

 

No alcanzó a terminar la frase cuando una foca gigantesca, claramente harta y emputecida de la política internacional, salió disparada desde el mar, abrió la boca como actriz porno del ártico y se lo tragó entero, micrófono incluido.

¡BBBRRRRP! La foca eructó.

Aplausos y risas de todo el güeonaje groenlandés.

Trump fingió que no había pasado nada.

—¡Marcos se fue a comer con las focas! —anunció Trump—. ¡Seguro le dan mejor trato que los demócratas!

Los groenlandeses comienzan a pifiar, y más de alguno comenzó a escupir como malo de la cabeza, convencido que estaba en un concierto metalero en Chile.

—«Bien», dijo Trump, ajustándose la corona torcida. «Entonces será por la fuerza».

 

Capítulo 3:

La Batalla del Hielo (y los Golpes Bajos)

Los militares daneses llegaron corriendo, resbalándose en hielo, con cara de «esta güeá definitivamente no estaba en el entrenamiento». Y no estaban para bromas ni güeveos raros, e intentaron detenerlo.

—¡Señor Trump, Groenlandia no está en venta! —dijo un general con bigote de Vikingos IKEA.

—¡Claro que sí! —respondió Trump—. ¡Todo está en venta! ¡Hasta mi dignidad, y miren cómo me va!

—¿Por qué no pesca a toda su manga de piratas gringos y se regresa a su «fentaniloso» país?

—¿Qué dijiste vikingo mother fucker?

 

Trump, convencido de que estaba en una película épica, se sacó la capa (que ya pesaba más que un cadáver mojado, incluso más que ‘otakin’ en brazos) y se lanzó a pelear a combos.

El combate fue legendario… por lo mal que salió.

Trump lanzó un puñetazo y golpeó a un pingüino imaginario.

Un soldado danés respondió con una bofetada que sonó como tabla húmeda.

Un viejito desmuelado groenlandés, pero choro, le da una tremenda patada en las pelotas de Mike Pence, y este cae como costal de papas al suelo congelado, perdiendo de paso dos dientes delanteros.

Trump intentó usar la espada ceremonial, pero era de plástico y se dobló sola. El colmo fue cuando Trump, en un intento de parecer fuerte, desafió a un militar a un duelo de… ¡Todo vale!

—¡Yo gané el WWE, soy el mejor! —gritó, mientras el soldado lo derribaba con un «¡JA!» épico.

—¡Nada de «JA», danés tramposo, yo estoy en el suelo, yo gané!, dijo sin arrugarse Trump. Eeen fin.

 

Capítulo 4:

El Gran Hundimiento (Literalmente)

Mientras tanto, en las profundidades, submarinos chinos y rusos se acercaban sigilosamente, oliendo las riquezas como tiburones, con más hambre que el chavo del 8 después de un ayuno.

Pero no contaban con las ballenas sindicalizadas del Ártico.

Las ballenas emergieron, miraron los submarinos, se comunicaron con un canto ancestral que básicamente decía:

—«Ya basta de güeoneras humanas».

 

Y los hundieron a coletazos, como quien aplasta latas vacías.

Un submarino ruso salió disparado al cielo y cayó convertido en iglú.

Uno chino fue usado como juguete para crías de ballena.

Los generales miraban los radares, sudando:

—«Señol… las ballenas… ‘tán ganando».

 

Con tanto golpe, explosión, coletazo, pescado volando y peleas inútiles, escupos a mansalva, y otras güeás indescriptibles —que por razón de decencia no podemos contar— Groenlandia empezó a crujir.

El hielo se partió.

La tierra tembló.

Un anciano gritó:

—«¡Se están apoyando mal, manga de güeones! ¡Paren el güeveo!».

 

Y entonces pasó lo inevitable: Groenlandia se hundió.

No explotó.

No colapsó heroicamente.

Simplemente hizo ¡GLUP…! y desapareció bajo el mar.

Trump flotaba en el mar ártico, agarrado a un bloque de hielo junto a una foca pequeña que había vomitado.

Los daneses flotaban en otro.

Las ballenas aplaudían con las colas.

La foca, satisfecha, dormía la siesta con Marcos Rubio aún dentro de su guata.

Las riquezas se fueron al fondo del océano.

Chao petróleo.

Chao minerales.

Chao imperios.

Todos quedaron con las manos vacías, mojados, oliendo a pescado y preguntándose por qué nadie dijo «esto es una pésima idea» o «¿A quién se le ocurrió esta idea tan güeona?».

Trump miró el horizonte y murmuró:

—«Bueno… igual estuvo entretenido, y ahora todos conocen el poder de mis puños. De ahora en adelante todos me temerán».

 

Los daneses, los groenlandeses, las focas (incluida la que se comió a Rubio) se quedaron flotando en témpanos, mirando cómo sus riquezas, sus casas y sus sueños se iban al fondo del océano.

 

—Bueno… —dijo el anciano con barba de ballena—, al menos ya no tenemos que aguantar a este imperialista de mierda.


 

Epílogo:

El Legado de Trump

Al día siguiente, solo quedaba un cartel flotando:

«Aquí yacen Groenlandia y la dignidad de Trump. 2026-2026». 

Más tarde Trump, en un bote salvavidas de lujo (con su nombre en letras doradas), twitteaba:

«Groenlandia se hundió, pero yo gané. ¡Todos hablan de mí! #Genio #ElMejorHundidor #TysonNoSeComparaConmigo» 

Y así, entre tanta güeonera, pescao podrido y un Rubio digiriéndose lentamente en el estómago de una foca, el mundo aprendió una lección:

«Nunca dejes que un hombre con corona de oro y ego de planeta negocie territorio».

 

FIN?

(O no, porque seguro Trump vuelve con un reality show llamado: 

«Celebrity Apocalipsis: Edición Ártica»).


 

 

 

Cuento geopolítico creado por: Gandworf.

Una idea geopolítica de: Jarl Asathørn.

Portada: AI.

Edición final Geopolítica: Gandworf.