jueves, 1 de enero de 2026

A Thousand Winters [Cuento corto apocalíptico]

 





«El fin no llegó con fuego ni con trompetas, sino con silencio.

Primero fue la detención del tiempo interior: los hombres seguían caminando, hablando, respirando, pero sus almas comenzaron a retrasarse, como sombras cansadas que ya no podían seguir el ritmo de la carne. Nadie lo notó hasta la primera muerte que no fue completa.

Cuando el anciano Richard Brass cayó en la plaza, su cuerpo se enfrió como siempre, pero su espíritu no partió. Permaneció suspendido, separado, consciente. A los siete días exactos, volvió.

El mundo ya conocía la regla entonces: 

"después de siete noches, el alma regresaba".

El fantasma se levantaba del aire mismo, pálido, ansioso, arrastrando el recuerdo de lo que había sido. Buscaba su cuerpo —ese recipiente terrenal que lo había aprisionado— y al hallarlo, comenzaba el juicio.

—¿Por qué me has torturado? —susurró el alma de Richard al cadáver—. ¡Fétida tierra! ¡Casa de gusanos que nunca pedí! 

Los vivos escucharon el diálogo por primera vez y comprendieron demasiado tarde: el apocalipsis no era la muerte, sino la rendición de cuentas entre cuerpo y alma.

Las almas acusaban.

Los cuerpos callaban.

Cada espíritu relataba su condena: las lujurias, los excesos, la pereza, la violencia. Decían que habitar la carne había sido como vivir mil inviernos sin sol, un encierro lento, viscoso, inevitable.

—Yo moraba en ti —decían— y no podía huir.

Tu deseo era mi prisión.

Tu hambre, mi castigo.

Las ciudades se llenaron de voces frías hablando con el polvo. Nadie dormía ya. A la séptima noche de cada muerte, los vivos se escondían, no por miedo a los fantasmas, sino por vergüenza.

Porque algunos cuerpos comenzaron a responder.

No con palabras, sino con movimientos. Cadáveres que se erguían torpemente, como si la carne, humillada, intentara justificarse. La separación se volvió guerra: alma contra cuerpo, espíritu contra materia.

Entonces ocurrió lo irreversible.

Las almas dejaron de volver a sus propios cuerpos y comenzaron a buscar otros. Los vivos sintieron el desgarro: una presencia ajena intentando entrar, reclamando carne que no le pertenecía. El mundo se convirtió en un campo de posesiones fallidas y cuerpos vacíos.

Finalmente, el cielo se oscureció, no por nubes, sino por espíritus errantes. No había gloria ni castigo; la muerte ya no discernía. Solo quedaba la consecuencia eterna de no haber escuchado el curso del alma mientras aún habitaba la carne.

Y así terminó el hombre: no destruido, sino dividido para siempre».

 

Creado por: IAn «Ülveer» Moone.

Cuento apocalíptico basado en el tema: «A Thousand Winters» de Winterfylleth.

Edición final: Jarl Asathørn.

 

 

Casi un Edithorial [2026]

 



No espero nada de este año. La inmundicia humana persistirá, y con ella continuarán las guerras, alimentando los bolsillos de quienes detentan el poder.

 

Nuevas pestes aparecerán «mágicamente», y con ellas, surgirán vacunas que parecen más una solución comercial que un auténtico esfuerzo por la salud pública.

 

Los conflictos sociales estallarán, acompañados de marchas que, aunque bien intencionadas, a menudo resultan absurdas y cargadas de violencia innecesaria.

 

Donald Trump, con su clásico juego retórico, inventará algún enfrentamiento contra un país del Tercer Mundo, porque, seamos claros, jamás se atreverá a desafiar a China o Rusia. El resurgimiento de las tácticas de la doctrina Monroe ya está siendo usada por USA.

 

La izquierda seguirá radicalizándose. En Estados Unidos, por ejemplo, hemos visto a algunos grupos en universidades como la Universidad de Yale y la Universidad de Berkeley, donde la libertad de expresión se ve amenazada por el movimiento ANTIFA. Este fenómeno ha impulsado una cultura de la intransigencia hacia quienes no comparten la ideología de este grupo intolerante, alimentando divisiones aún mayores.

 

Mientras tanto, en Venezuela, la situación bajo el régimen de Nicolás Maduro es un claro ejemplo de cómo la radicalización puede llevar a un país a la ruina. La economía está en colapso, la inflación descontrolada y millones de ciudadanos viven en condiciones de miseria extrema. Las violaciones de derechos humanos son sistemáticas, y aquellos que se atreven a alzar la voz contra el régimen son perseguidos implacablemente. Esta dinámica crea un clima de miedo y desesperación que perpetúa el control autoritario.

 

Las verdades continuarán sepultadas, mientras las mentiras brillan con una intensidad inquietante, como si fueran oro.

 

Dios, en este panorama sombrío, parece lejano. El mundo se siente en abandonado, y los antivalores marchan con estandartes de guerra, ejerciendo una influencia corrosiva sobre nuestras sociedades.

 

La gente buena, acobardada y temerosa, se agacha, sin atreverse a sobresalir de las arenas del tiempo.

 

El miedo se erige como un sello en la frente de todos, mientras los pueblos, a pesar de la aparente felicidad, se retuercen en su agonía.

Todos parecen ser durmientes, zombificados por una élite que nos empuja hacia la inercia y el conformismo.

 

Y aquí, en Chile, ya aparecen los comunistas con un documento, que según ellos es una declaración de sus principios respecto a proteger a los trabajadores del país, un papel que algunos ya han interpretado, y con mucha razón, como un acto de amenaza al nuevo gobierno de derecha que aún no asume. Es un llamado a las movilizaciones y marchas que tanto les gustan cuando no están en el poder.

¿Cómo pueden asumir que el gobierno de Kast va a ser un gobierno que va a ir en contra de la clase trabajadora?

Ese papel de odio —redactado por el Partido Comunista de Chile— es un patético intento de socavar la democracia chilena bajo un nuevo mandato que a ellos no les gusta, y es un documento que solo incita al odio y a la división del país. 

El PC y quien lo dirige —Lautaro Carmona— ya preparan el terreno para crear vandalismo, caso y desorden en un Chile que habló claro y fuerte.

 

Velkommen til Mörsugur-måneden.