Hace tiempo
quería hablar sobre la güeonera que ha pasado, sigue pasando, y más que
seguro... pasará en el futuro a esa nación llamada Perú... cuyo deporte
nacional es: elegir presidentes corruptos y cumas, y después buscarlos en
tribunales... jajajaja, ¿Qué me dicen?
Antes de empezar con la güeá... deben saber que en esta crítica noticiosa van a leer la palabra Odebrecht. Para que vayan cachando... El caso Odebrecht en Perú se refiere a un escándalo de corrupción protagonizada por la empresa constructora brasileña Odebrecht dentro del Perú, que forma a la vez parte del Caso Lava Jato.
Empecemos, Perú es un país extraordinario, no solo por esa güeá de Machu Picchu, su gastronomía o su historia milenaria… sino por un fenómeno político tan repetido que ya parece tradición cultural po' güeón: elegir un presidente… y después preguntarse cuánto tardará el güeón en ser investigado, fugado, preso o convertido en documental de Netflix. Porque en Perú, ser presidente no es el final de una carrera política, es más bien como entrar a un reality show llamado: «Palacio de Gobierno: edición Fiscalía».
En otros
países, los expresidentes escriben memorias, en Perú, muchos escriben
declaraciones, y no precisamente literarias.
La política
lúser peruana de las últimas décadas ha sido como una telenovela:
— Temporadas
cortas.
— Finales
abruptos y chacales.
— Personajes
que vuelven, como si fueran zombis que salen de sus tumbas.
— Y un giro
judicial cada tres capítulos. Y no es güeveo.
Algunos
ejemplos emblemáticos a cagar (porque el archivo judicial perkele es laaaaaargo, más largo que chuchada
de tartamudo)
• Alberto Fujimori (1990–2000)
Este nipón
vittuperkele (Fujimori) gobernó, cerró el Congreso,
combatió al terrorismo, concentró el poder… y luego terminó condenado por violaciones
a los derechos humanos y corrupción. ¡Hasta el loli!
Un caso tan
grande que todavía divide al país:
Para algunos
güeones es un salvador, para otros güeones es un dictador, para la justicia es
un condenado.
Ese güeón
era cosa seria, tenía la pura cara de güeón, seeeee, cuando lo mostraban
arrugaba su cara de platillo volador y sonreía como si no matara una mosca, y
era más peligroso que musulmán con mochila. Hay que decir las güeás como son.
• Alejandro Toledo (2001–2006)
Pasemos a
otra joyita peruana... Toledo llegó como símbolo democrático post-Fujimori. O
sea, fue terminar la saga de ‘Martes 13’ y comenzar ‘Pesadilla en Elm Street’.
Pero años después, ese güeón terminó siendo protagonista de la saga ‘Odebrecht’.
Investigaciones, extradición, procesos… el mensaje fue claro:
En Perú
puedes huir… pero los tentáculos de Odebrecht siempre te alcanzan.
• Alan García (1985–1990 / 2006–2011)
Alan es el
único que tuvo dos gobiernos… y dos capítulos históricos de controversia. Su
caso terminó de manera trágica cuando, enfrentando una orden de detención
vinculada a Odebrecht, se suicidó. Un episodio más oscuro que el alma de
Satanás y que dejó una marca profunda en el país.
Güeón,
llegar al suicidio puede tener dos lecturas: se sintió agobiado porque era «inocente»
o se fue al patio de los callados porque era más culpable que la chucha y sabía
que se descubrirían más güeás, y no encontró nada más brillante que suicidarse
e irse con un ticket de lujo al infierno. Aunque también podemos decir que era
un cobarde que no estaba dispuesto a pagar por sus delitos en la cárcel, puede
ser... que su orgullo lo sobrepasó, onda «un güeón como yo, con mi nombre NO
puede estar en prisión» ... puede ser.
• Ollanta Humala (2011–2016)
Otra joya de
la corona de cartón peruana fue «Ochanta» Humala, que llegó con un discurso
nacionalista. Después vino la historia conocida:
— Aportes de
campaña cuestionados.
— Odebrecht
otra vez (¿cómo no?).
— Prisión
preventiva junto a su esposa.
En Perú, el
cargo presidencial parece incluir un bono adicional: abogado penalista de
confianza.
Humala llegó
al poder pintando un cuadro de lujo, antichileno, patriota hasta la médula, la
única güeá que le faltó pa' redondear la güeonera fue llegar cabalgando en un
corcel hasta la sede de gobierno. Esa güeá es típica de los presidentes
peruanos o bolivianos, que son expertos en lavar el cerebro de su población
lúser, y que se dedican a vender pomadas baratas en vez de solucionar los
problemas reales de sus pueblos.
• Pedro Pablo Kuczynski – PPK (2016–2018)
El güeón
tecnócrata elegante. El presidente que parecía sacado de un seminario
económico… hasta que Odebrecht también tocó su puerta y renunció antes de ser
vacunado con persecuciones y acusaciones. Porque en Perú —y seamos francos con
la güeá— el cargo dura poco, pero el escándalo perkele dura años.
• Martín Vizcarra (2018–2020)
Vizcarra fue
el presidente «anticorrupción», lo cual en Perú es como ser bombero en un
edificio hecho de gasolina. Después enfrentó acusaciones y fue inhabilitado
políticamente... ¡Hasta atrás el Walt Disney!
Güeón, el
sistema tiene un humor negro impecable:
— El
anticorrupción termina acusado de corrupción.
— «Plot
twist» obligatorio. (Pa'
que se entienda: es un giro argumental, un cambio en la cadena de acontecimientos
de una trama)
• Manuel
Merino (2020)
Merino
gobernó… cinco días.
¡Cinco!
¿Cachan esa güeá? ¡No podís gobernar 5 días po' güeón! Ese presidente lúser que
duró menos que un meme.
Su mandato
quedó marcado por protestas masivas y una crisis social.
Perú inventó
el concepto de: presidente de prueba gratuita. Ese güeón fue algo así como un
presidente demo, seee.
¡Voi vittu!
ese güeón duró menos que un perro en China. Duró menos que una estufa de
madera, ¡A ese nivel!
• Pedro Castillo (2021–2022)
Sinceramente...
ese güeón era un show con patas po' güeón. Y le gustaba usar un sombrero de ala
grande, era como ver a un güeón con un OVNI en la cabeza. Tú lo mirabas y
pensabas:
«¿Que chucha
se puso en la cabeza ese güeón? ¿Un lavatorio?»
Castillo llegó
como outsider rural... una especie de Bruce Willis con cara de indígena.
Terminó intentando disolver el Congreso y fue detenido.
Sumemos un
autogolpe fallido, que fue como ver a alguien apretar el botón de emergencia… y
descubrir que era el botón de su propia celda. Agüeonao a más no poder.
• Dina Boluarte (2022–presente)
Boluarte
asumió tras la caída de Castillo, en medio de protestas y polarización extrema.
Su gobierno ha estado rodeado de crisis social, cuestionamientos y tensión
permanente. En Perú, la presidencia ya no es un cargo:
¿Han cachao
que es un campo minado con banda presidencial?
Al parecer
esta güeona no le pega mucho a la política, es medio Boric... está en la
presidencia porque no hay nadie que sea, al menos, decente para gobernar en
Perú.
La
presidencia siempre es un rehearsal... solo falta la música de fondo... funeral
doom metal.
El patrón
peruano: Odebrecht, Congreso y Fiscalía como trinidad nacional y músicos principales…
el vocalista de turno… algún güeón lúser como mandatario.
Perú ha
tenido más presidentes investigados que mundiales ganados po' güeón.
Y eso que el
fútbol duele.
La pregunta
en Perú ya no es:
—«¿Será
corrupto este güeón?»
La pregunta
es:
—«¿En qué
capítulo aparece la fiscalía?»
Porque la
política peruana funciona como una cinta transportadora:
Palacio →
escándalo → renuncia → juicio → cárcel → documental → siguiente presidente.
Perú parece
vivir atrapado en un loop histórico lúser perfecto. Cada elección trae
esperanza. Cada gobierno trae decepción. Cada expresidente trae expediente. Y
el país sigue ahí, mirando el horizonte como diciendo:
—«Bueno… al
menos esta vez no duró solo cinco días».
Porque en
Perú, la democracia vittuperkele no es una institución… es un carrusel, y los caballitos
están todos con grilletes.
Perú es un
stand up comedy de mal gusto.
¡Pobres
peruanos! De sus filas solo salen corruptos graduados de 'Alí Babá' University,
y todos con magister en tirar las manos y engordar los bolsillos.
Chao cabros,
ahí nos cachamos. Me dio sed hablar tanta güeá.
Escrito por:
Olog-Krevalora.
Editado por:
Olog-Krevalora.


.gif)