viernes, 13 de febrero de 2026

Comentario Trollish - «Presidencia en Perú: Eterno Stand Up»

 




Hace tiempo quería hablar sobre la güeonera que ha pasado, sigue pasando, y más que seguro... pasará en el futuro a esa nación llamada Perú... cuyo deporte nacional es: elegir presidentes corruptos y cumas, y después buscarlos en tribunales... jajajaja, ¿Qué me dicen?

Antes de empezar con la güeá... deben saber que en esta crítica noticiosa van a leer la palabra Odebrecht. Para que vayan cachando... El caso Odebrecht en Perú se refiere a un escándalo de corrupción protagonizada por la empresa constructora brasileña Odebrecht dentro del Perú, que forma a la vez parte del Caso Lava Jato. 

Empecemos, Perú es un país extraordinario, no solo por esa güeá de Machu Picchu, su gastronomía o su historia milenaria… sino por un fenómeno político tan repetido que ya parece tradición cultural po' güeón: elegir un presidente… y después preguntarse cuánto tardará el güeón en ser investigado, fugado, preso o convertido en documental de Netflix. Porque en Perú, ser presidente no es el final de una carrera política, es más bien como entrar a un reality show llamado: «Palacio de Gobierno: edición Fiscalía». 

En otros países, los expresidentes escriben memorias, en Perú, muchos escriben declaraciones, y no precisamente literarias.

La política lúser peruana de las últimas décadas ha sido como una telenovela:

— Temporadas cortas.

— Finales abruptos y chacales.

— Personajes que vuelven, como si fueran zombis que salen de sus tumbas.

— Y un giro judicial cada tres capítulos. Y no es güeveo.

 

Algunos ejemplos emblemáticos a cagar (porque el archivo judicial perkele es laaaaaargo, más largo que chuchada de tartamudo)

 

Alberto Fujimori (1990–2000)

Este nipón vittuperkele (Fujimori) gobernó, cerró el Congreso, combatió al terrorismo, concentró el poder… y luego terminó condenado por violaciones a los derechos humanos y corrupción. ¡Hasta el loli!

Un caso tan grande que todavía divide al país:

Para algunos güeones es un salvador, para otros güeones es un dictador, para la justicia es un condenado.

Ese güeón era cosa seria, tenía la pura cara de güeón, seeeee, cuando lo mostraban arrugaba su cara de platillo volador y sonreía como si no matara una mosca, y era más peligroso que musulmán con mochila. Hay que decir las güeás como son.

 

Alejandro Toledo (2001–2006)

Pasemos a otra joyita peruana... Toledo llegó como símbolo democrático post-Fujimori. O sea, fue terminar la saga de ‘Martes 13’ y comenzar ‘Pesadilla en Elm Street’. Pero años después, ese güeón terminó siendo protagonista de la saga ‘Odebrecht’. Investigaciones, extradición, procesos… el mensaje fue claro:

En Perú puedes huir… pero los tentáculos de Odebrecht siempre te alcanzan.

 

Alan García (1985–1990 / 2006–2011)

Alan es el único que tuvo dos gobiernos… y dos capítulos históricos de controversia. Su caso terminó de manera trágica cuando, enfrentando una orden de detención vinculada a Odebrecht, se suicidó. Un episodio más oscuro que el alma de Satanás y que dejó una marca profunda en el país.

Güeón, llegar al suicidio puede tener dos lecturas: se sintió agobiado porque era «inocente» o se fue al patio de los callados porque era más culpable que la chucha y sabía que se descubrirían más güeás, y no encontró nada más brillante que suicidarse e irse con un ticket de lujo al infierno. Aunque también podemos decir que era un cobarde que no estaba dispuesto a pagar por sus delitos en la cárcel, puede ser... que su orgullo lo sobrepasó, onda «un güeón como yo, con mi nombre NO puede estar en prisión» ... puede ser.

 

Ollanta Humala (2011–2016)

Otra joya de la corona de cartón peruana fue «Ochanta» Humala, que llegó con un discurso nacionalista. Después vino la historia conocida:

— Aportes de campaña cuestionados.

— Odebrecht otra vez (¿cómo no?).

— Prisión preventiva junto a su esposa.

 

En Perú, el cargo presidencial parece incluir un bono adicional: abogado penalista de confianza.

Humala llegó al poder pintando un cuadro de lujo, antichileno, patriota hasta la médula, la única güeá que le faltó pa' redondear la güeonera fue llegar cabalgando en un corcel hasta la sede de gobierno. Esa güeá es típica de los presidentes peruanos o bolivianos, que son expertos en lavar el cerebro de su población lúser, y que se dedican a vender pomadas baratas en vez de solucionar los problemas reales de sus pueblos.

 

Pedro Pablo Kuczynski – PPK (2016–2018)

El güeón tecnócrata elegante. El presidente que parecía sacado de un seminario económico… hasta que Odebrecht también tocó su puerta y renunció antes de ser vacunado con persecuciones y acusaciones. Porque en Perú —y seamos francos con la güeá— el cargo dura poco, pero el escándalo perkele dura años.

 

Martín Vizcarra (2018–2020)

Vizcarra fue el presidente «anticorrupción», lo cual en Perú es como ser bombero en un edificio hecho de gasolina. Después enfrentó acusaciones y fue inhabilitado políticamente... ¡Hasta atrás el Walt Disney!

 

Güeón, el sistema tiene un humor negro impecable:

— El anticorrupción termina acusado de corrupción.

— «Plot twist» obligatorio. (Pa' que se entienda: es un giro argumental, un cambio en la cadena de acontecimientos de una trama)

 

• Manuel Merino (2020)

Merino gobernó… cinco días.

¡Cinco! ¿Cachan esa güeá? ¡No podís gobernar 5 días po' güeón! Ese presidente lúser que duró menos que un meme.

Su mandato quedó marcado por protestas masivas y una crisis social.

Perú inventó el concepto de: presidente de prueba gratuita. Ese güeón fue algo así como un presidente demo, seee.

¡Voi vittu! ese güeón duró menos que un perro en China. Duró menos que una estufa de madera, ¡A ese nivel!

 

Pedro Castillo (2021–2022)

Sinceramente... ese güeón era un show con patas po' güeón. Y le gustaba usar un sombrero de ala grande, era como ver a un güeón con un OVNI en la cabeza. Tú lo mirabas y pensabas:

«¿Que chucha se puso en la cabeza ese güeón? ¿Un lavatorio?»

 

Castillo llegó como outsider rural... una especie de Bruce Willis con cara de indígena. Terminó intentando disolver el Congreso y fue detenido.

Sumemos un autogolpe fallido, que fue como ver a alguien apretar el botón de emergencia… y descubrir que era el botón de su propia celda. Agüeonao a más no poder.

 

Dina Boluarte (2022–presente)

Boluarte asumió tras la caída de Castillo, en medio de protestas y polarización extrema. Su gobierno ha estado rodeado de crisis social, cuestionamientos y tensión permanente. En Perú, la presidencia ya no es un cargo:

¿Han cachao que es un campo minado con banda presidencial?

 

Al parecer esta güeona no le pega mucho a la política, es medio Boric... está en la presidencia porque no hay nadie que sea, al menos, decente para gobernar en Perú.

La presidencia siempre es un rehearsal... solo falta la música de fondo... funeral doom metal.

El patrón peruano: Odebrecht, Congreso y Fiscalía como trinidad nacional y músicos principales… el vocalista de turno… algún güeón lúser como mandatario.

Perú ha tenido más presidentes investigados que mundiales ganados po' güeón.

Y eso que el fútbol duele.

 

La pregunta en Perú ya no es:

—«¿Será corrupto este güeón?»

 

La pregunta es:

—«¿En qué capítulo aparece la fiscalía?»

 

Porque la política peruana funciona como una cinta transportadora:

Palacio → escándalo → renuncia → juicio → cárcel → documental → siguiente presidente.

 

Perú parece vivir atrapado en un loop histórico lúser perfecto. Cada elección trae esperanza. Cada gobierno trae decepción. Cada expresidente trae expediente. Y el país sigue ahí, mirando el horizonte como diciendo:

—«Bueno… al menos esta vez no duró solo cinco días».

 

Porque en Perú, la democracia vittuperkele no es una institución… es un carrusel, y los caballitos están todos con grilletes.

Perú es un stand up comedy de mal gusto.

¡Pobres peruanos! De sus filas solo salen corruptos graduados de 'Alí Babá' University, y todos con magister en tirar las manos y engordar los bolsillos.

 

Chao cabros, ahí nos cachamos. Me dio sed hablar tanta güeá.



 

Escrito por: Olog-Krevalora.

Editado por: Olog-Krevalora.