«Retroceder
implica necesariamente no avanzar.
Las cosas
rotas se deben desechar, no parchar.
Lo pasado
debe quedar atrás, no importa si son recuerdos que te enseñaron algo. Deben ser
sepultados profundamente en el inconsciente. Enjaulados en bóvedas oscuras,
prisioneros, sin posibilidades de escape.
Ya escribí
sobre esto alguna vez. Pero es necesario hablarlo y analizarlo una y otra vez.
Hay que
«olvidar».
Sé que los
recuerdos, buenos o malos son parte de nuestro historial. Pero no sirven.
Prefiero mi
mente vacía. Lista y plena para ser llenada con presencias presentes. Y luego,
no más.
Hay que
alejarse de conversaciones vanas.
Hay que huir
de aquellos que buscan el pasado, porque quien busca constantemente en los
recuerdos propios y en de los otros es alguien que no tiene como llenar su hoy.
Está pletórico de basura vieja.
Avanzar es
dejar la memoria en el camino.
No es bueno
recordar.
Hay tantas
cosas por hacer, tantas cosas que apreciar: la naturaleza, la flora y fauna
local, las mascotas que viven con nosotros, que comparten nuestro tiempo,
nuestros momentos dulces y también los amargos.
Avanzar,
encerrando en los calabozos de la mente los recuerdos nos vuelven seres ávidos
de nuevas aventuras, nuevas conversaciones, nuevos amaneceres, nuevas
experiencias. Y si no es así, tampoco importa.
Ese laberinto es nuestro. Si quieres traer algo, que sea una escena positiva, un
bosque, cualquier cosa que te sirva en la penumbra de la soledad.
Huye de
quien trae recuerdos de vida.
… el reloj
del tiempo-no tiempo avanza, no retrocede.
Huye, es
mejor no tener nada… para tenerlo todo… solo otro instante.
Todo se
desvanecerá rápido… como la vida que creemos tener».
Escrito por:
Jarl Asathørn.

