Vivimos tiempos turbulentos y peligrosos —no es una
novedad— marcados por cambios vertiginosos y una aparente inversión de valores
que antes eran pilares de nuestra sociedad (Alguna vez Jarl Asathørn escribió sobre esto).
Es innegable que algo no anda bien cuando la normalidad se redefine
constantemente, y lo que antes era inaceptable, hoy se presenta como algo común,
entre gritos y aplausos, y hasta celebrado.
El
Desfile de la «Nueva Normalidad»:
¿Progreso
o Retroceso?
Uno de los síntomas más evidentes de esta transformación
social es la creciente aceptación de comportamientos y manifestaciones que,
desde una perspectiva tradicional, serían considerados aberrantes, y enfermizos.
El desfile del «Orgullo Gay» es un claro ejemplo. La lucha por la igualdad y el
respeto a la diversidad sexual es innecesaria, sobre todo la exhibición pública
de ciertos comportamientos, a menudo con una carga sexual explícita y
asquerosa, que genera controversia y cuestionamientos… pero no cambios.
La presencia de depravados sexuales: hombres adultos y
viejos asquerosos disfrazados de ‘drag queens’ en escuelas, con espectáculos
dirigidos a niños y la aprobación de los padres, es otro ejemplo preocupante y
crítico.
¿Es esto una forma de educar en la diversidad o una
exposición prematura a temas que deberían ser abordados con mayor prudencia y
en un contexto adecuado?
La línea entre la inclusión y la imposición se vuelve
difusa, y la sociedad se ve obligada a debatir constantemente sobre los límites
de la libertad de expresión y la protección de la infancia.
Organizaciones como LGBTQ+ han ganado una influencia sin
precedentes en la sociedad. Su capacidad para influir en las políticas
gubernamentales y en la opinión pública es innegable. Su lucha por la igualdad
y el reconocimiento de sus derechos es absurda, la imposición de sus ideas y la
censura de cualquier crítica o disidencia generan preocupación.
También es importante destacar que dentro de estos
movimientos existen individuos con agendas ocultas y comportamientos
cuestionables. Las acusaciones de pederastia y la distribución de material
pornográfico infantil, aunque minoritarias, empañan la imagen de estos grupos y
generan desconfianza. La defensa a ultranza de ciertos comportamientos, sin
importar las consecuencias, es un síntoma de una sociedad que ha perdido el
sentido de la proporción y la responsabilidad.
Otros
ejemplos de la decadencia
La proliferación de individuos que se identifican con
animales, los llamados *«therians», es otro síntoma preocupante. Si bien la
libertad individual es un derecho fundamental, la normalización de
comportamientos que antes eran considerados propios de enfermedades mentales
plantea interrogantes sobre la salud mental de la sociedad.
[*Therians: El término therian proviene de ‘therianthrope’,
palabra derivada del griego ther (bestia salvaje) y anthropos (ser humano)].
¿Estamos ante un problema real que no se está abordando
adecuadamente, o simplemente ante una moda pasajera?
La falta de debate y la aceptación acrítica de estos
comportamientos sugieren que la sociedad ha perdido la capacidad de discernir
entre lo normal y lo patológico. La terapia y los manicomios, que en el pasado
eran herramientas para tratar estas condiciones, han sido reemplazados por la
aceptación y la normalización, lo que podría estar perpetuando el problema de
personas con graves problemas mentales en lugar de solucionarlo.
Son múltiples las causas que han contribuido a esta
decadencia social. Entre ellas, podemos destacar:
—La pérdida de
valores tradicionales: La familia, la religión y la moral han perdido su
influencia en la sociedad. El individualismo y el hedonismo han ganado terreno,
y la búsqueda del placer y la satisfacción personal se han convertido en los
objetivos principales de la vida.
—La influencia de
los medios de comunicación: Los medios de comunicación, especialmente las malditas
redes sociales, han contribuido a la difusión de ideas y comportamientos que
antes eran marginales. La censura y la manipulación de la información han
generado una polarización social y una pérdida de confianza en las
instituciones.
—La falta de
educación: La educación, en muchos casos, ha dejado de transmitir valores y
conocimientos esenciales para la formación de ciudadanos críticos y
responsables. La ideologización de la educación y la falta de rigor académico
han contribuido a la ignorancia y la manipulación. Hoy todos salen de colegios
y universidades sabiendo menos y contaminados por profesores que abiertamente
son de izquierda progresista.
—La crisis
económica: La crisis económica ha generado frustración, desesperanza y una
pérdida de confianza en el futuro. La desigualdad social y la falta de
oportunidades han exacerbado los conflictos y han contribuido a la
desintegración social.
—La globalización:
La globalización ha facilitado la difusión de ideas y comportamientos que
chocan con los valores tradicionales. La homogeneización cultural y la pérdida
de identidad han generado una sensación de desarraigo y alienación.
Las consecuencias de esta decadencia social son
preocupantes. Entre ellas, podemos destacar:
—La desintegración
social: La pérdida de valores, la polarización social y la falta de
confianza en las instituciones están erosionando los lazos sociales y generando
una sociedad más fragmentada y conflictiva.
—La pérdida de
libertad: La imposición de ideas y la censura de grupos organizados como
ANTIFA, el movimiento LGBTQ, George Soros y todas las organizaciones bajo su
alero, están limitando la libertad de expresión y el debate público. La
corrección política y el pensamiento único desviado a sexualizarlo todo están
ahogando la diversidad de opiniones y la creatividad.
—La crisis de la
democracia: La pérdida de confianza en las instituciones, la corrupción y
la manipulación de la información están socavando la legitimidad de la
democracia. La participación ciudadana se reduce y el populismo y el
autoritarismo ganan terreno.
—La crisis de la
salud mental: La ansiedad, la depresión y el suicidio están en aumento. La
falta de sentido de la vida, la soledad y la demencia están generando una
crisis de salud mental sin precedentes.
—La violencia:
La violencia, tanto física como verbal, está en aumento. La intolerancia, el
odio y la falta de respeto por los demás están generando una sociedad más
insegura y conflictiva.
La decadencia social es un fenómeno complejo y
multifacético. No voy a mentirles: no existe una solución fácil ni una
respuesta única. Sin embargo, es fundamental tomar conciencia de la gravedad de
la situación y actuar para revertir esta tendencia.
Es necesario recuperar los valores tradicionales,
fortalecer la familia, promover la educación, fomentar el debate público y
defender la libertad de expresión, pero con ciertos límites.
Es necesario combatir la corrupción, la desigualdad social
y la manipulación de la información.
Es necesario construir una sociedad más justa, solidaria y
respetuosa, pero no con la diversidad sexual con exposición pública, ni con
viejos vestidos de mujeres haciendo shows eróticos a niños de educación básica.
Depende de cada uno de nosotros asumir la responsabilidad
de construir un futuro mejor. La lucha por la supervivencia de nuestra
sociedad, de nuestros valores y de nuestra cultura, es una tarea que nos
concierne a todos, y debemos hacerlo antes de que no haya vuelta atrás…
… porque estamos al borde del precipicio… y el infierno se
ve cada vez más cerca.
Escrito por: IAn «Ülveer» Moone.
Una idea de: Jarl Asathørn.
Edición final: Jarl Asathørn.

