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jueves, 10 de octubre de 2024

Paranormal Effect Nº13



CORTE DE RUTA

(Historia basada en hechos reales)



Antes de contar mi historia debo aclarar que debido a la situación en la que se desarrolló el caso omitiré todos los datos que no sean necesarios.

La información no tuvo alcance mediático, pero nosotros estamos seguros de que fue un suceso único de índole paranormal.

La mayor parte de mi vida fui trailero, trabajo que ya como muchos saben, es considerado uno de los más propensos a tener encuentros con lo sobrenatural.

Yo jamás había vivido algo así, pese a eso yo jamás había vivido algo así ni mucho menos algo que me haya hecho sentir un miedo tan grande como el que sentí en aquella oportunidad.

Tengan en cuenta que fuimos varios los involucrados en este relato que, debido a su magnitud, uno de nosotros terminó con problemas psicológicos, algo que doy gracias a Dios de haberme librado.

Sucedió en uno de tantos cortes de ruta que pasan en Argentina donde un número de manifestantes prohíben el paso de los vehículos como forma de protesta al gobierno local, tratando de esa manera llegar a un acuerdo que los beneficie reparando el daño del que se sienten afectados.

Tal fue el caso de aquella noche, en la década de los 90, cuando me topé con una larga fila de vehículos que esperaban cruzar la ciudad donde se estaba realizando el corte.

Después de bajar y consultar sobre lo que estaba sucediendo supe que esa noche no podría seguir mi camino.

Cerca de allí me encontré con unos colegas que también habían quedado inmovilizados, la incómoda situación nos motivó a resignarnos y a tratar de aprovechar el tiempo que permaneciéramos en el lugar, por lo que nos propusimos a preparar algo para pasar el tiempo.

Con café y juegos de cartas de por medio se hizo la una de la madrugada.

Ya nos estábamos despidiendo para descansar cuando comenzó todo el bullicio.

 

LOS SERES

Vimos camiones de gendarmería aparecer de repente de ellos bajaron decenas de militares armados que corrieron en dirección a la multitud.

Algunos se detuvieron justo frente a nosotros y desde allí disparaban gases lacrimógenos hacia el tumulto.

La reacción de la gente fue inmediata, a lo lejos escuchamos los gritos y llantos tanto de mujeres como de muchachos jóvenes expresando el temor que sentían al estar envueltos en esta represalia.

La expansión del gas formando ya una inmensa nube sobre el pavimento no demoró en llegar hasta nosotros, y aunque tratamos de protegernos, los químicos empezaron a descomponernos.

Nosotros estábamos estacionados justo al costado de un monte que es precisamente donde vimos salir a esas cosas.

En primera instancia pensamos que se trataba de la misma gente intentando huir por el monte, pero a medida que iban saliendo a la ruta pudimos constatar que no podían ser ellos.

Estos eran seres de media estatura, parecían estar todos desnudos porque no distinguimos prendas en sus cuerpos oscuros, algunos llevaban una especie de ramas en sus manos y con ellas azotaba en el pavimento como signo de festejo eufórico al ver lo que estaba sucediendo con la gente.

Algunos no tenían rostros, otros abrían una inmensa boca con la que producían sonidos intolerables al oído humano, todos se deslizaban en medio de esa nube y al parecer sólo nosotros podíamos verlos desde donde estábamos.

 

EL DEMONIO

Permanecimos petrificados de horror, pero cuando creíamos que nada podía ser más terrorífico que eso... vimos aparecer a otro ser, este tenía la fisionomía de un hombre alto, robusto, con una barba cubriendo su mentón, sus ojos eran de dos brasas ardientes que despedían llamas.

Un enorme e infernal perro negro caminaba a su lado y a diferencia de los demás éste nos observaba mientras caminaba hacia nosotros.

Fuimos cuatro los que presenciamos eso, todos nos subimos al camión que teníamos más cerca y salimos a toda prisa del lugar, manejamos hasta que dejamos de escuchar gritos.

Al detenernos uno de los muchachos tuvo un ataque de pánico del cual nunca pudo recuperarse.

Dejamos pasar el tiempo suficiente para recién volver a nuestros camiones, al llegar al lugar ya había pasado todo, algunos vehículos retomaron su viaje.

Nosotros llevamos al doctor de la ciudad a nuestro compañero, quien debió permanecer sentado durante varias horas para poder estabilizarlo, aun así, nunca volvió a ser como antes.

Después de eso tuvimos la oportunidad de reunirnos nuevamente para hablar sobre el tema llegando a la conclusión de que esa noche vimos al mismo demonio acompañado de sus súbditos.

No sé si alguien más ha presenciado de lo que nosotros fuimos testigos, pero, escuchamos que esa ciudad es muy conocida por la cantidad de brujos y brujas que viven allí.

Precisamente el monte es el lugar preferido de muchos para hacer sus trabajos.

 

 

HISTORIAS DE VAMPIROS REALES DE LA HISTORIA

 


JURE GRANDO, EL VAMPIRO DE KRINGA

En Kringa, un pueblo de la antigua región de Istria, hoy conocida como Croacia, vivió y murió un campesino llamado Jure Grando. Y volvió. Según se recoge en los archivos, Jure, defenestrado en 1656 debido a una enfermedad, volvió esa misma noche como un štrigon, una estrige, y estuvo aterrorizando al pueblo durante dieciséis años. Cuentan los documentos que atormentaba y violaba a su viuda, asaltaba a la gente y aterrorizaba a los niños apareciendo por la noche y a través de las ventanas. Varios lugareños se reunieron por fin, tras un tiempo, y trataron de dar caza al vampiro de Jure, lo que consiguieron no con una estaca, como dictamina el folclore, sino cortándole la cabeza y realizando un exorcismo. El caso de Jure Grando es importante dentro del mundo de los vampiros por ser, probablemente, el primero documentado oficialmente de la historia.

Que existió, lo sabemos.

Que algo ocurrió en Kringa, también. Pero, ¿qué pasó realmente? No siempre podemos apartar la oscuridad de los hechos pasados tiempo atrás.

 

EL SACERDOTE PERRO



Los escoceses son amantes de los fantasmas y otras criaturas fantásticas. Y no es de extrañar que posean varios vampiros en su folclore llenos de castillos y abadías ominosas regadas por la lluvia. De hecho, fue el castillo Slains, en Cruden Bay, el que inspiró a Bram Stoker para escribir «Drácula». Pero ahora vayamos a Melrose. Entre las paredes de su derruida abadía, allá por 1138, cuentan los textos de Guillermo de Newburgh que vivió un capellán nada ortodoxo. Este sacerdote gustaba de cazar a caballo con su jauría de perros. Por sus excesos y su ineptitud como cura, fue llamado Hunderprest, o el «cura perro» (o cazador). Dicen que cuando murió no tenía otra cosa que hacer que volver como vampiro a atormentar a los ciudadanos de Melrose. También cuentan que los abades le dieron caza y lo expulsaron de este mundo mediante un hachazo en la cabeza y una pira funeraria.

 

PETAR BLAGOJEVICH, EL NUEVE VECES ASESINO



Volvamos a Europa del Este. El caso de Petar Blagojevich es uno de los mejores documentados del siglo XVIII sobre histeria vampírica. El bueno de Petar vivió cerca de Kisilova, en Serbia, en tiempos complejos de guerra y conflicto. Y, como de costumbre en estos casos, murió para volver un día después a asesinar gente. Según contaron sus conciudadanos, Petar Blagojevich asesinó a nueve personas a lo largo de la semana siguiente a su muerte. Todos los finados eran encontrados en sus camas con restos de sangre y la garganta abierta (o aplastada). La cuestión es que la histeria se apoderó del pueblo, que amenazó a la autoridad local para que tomara cartas en el asunto pasando por encima de la autoridad municipal. El cuerpo de Petar Blagojevich fue exhumado, saltándose la ley, y fue encontrado incorrupto y con señales de vampirismo, según relatan los documentos. El cuerpo fue empalado y quemado, y las autoridades superiores, debido a la gravedad del asunto, no tomaron represalias.

 

EL PARTISANO DE MEDVEJA



Arnold Paole fue un militar en tiempos revueltos. Una noche, cuentan los informes, fue atacado por un vampiro, pero se salvó de convertirse en uno comiendo tierra de la tumba del monstruo. Sin embargo, cuando murió, tiempo después, volvió como vampiro. Eso decían los lugareños, al menos.

El caso de Paole es especial porque fue el determinante que desencadenó la «epidemia de vampirismo» de la Europa del Este del siglo XVIII. Según las fuentes, el ataque de Paole a varios animales y personas habría causado la continuación de esta «enfermedad» que afectó, como mínimo, a dieciséis personas más. Puesto que el miedo a los vampiros venía creciendo desde décadas atrás, esto levantó la alarma entre las autoridades que comenzaron a investigar, exhumar y realizar informes sobre los supuestos vampiros. Cosa que sólo ayudó a extender el rumor sobre la existencia de estos seres del averno.

 

 


 

Fuentes:

historiasdeterrorcortas.com

hipertextual.com

Edición final: vikingodemagellan.blogspot.com (V.D.M.) 

jueves, 3 de octubre de 2024

Rezyklon presenta: 4 Historias de suspenso, horror y misterio

 





Leonor se mudaba de nuevo. A su madre le encantaba la restauración, así que su predilección por las casas antiguas empujaba a la familia a llevar una vida más bien nómada. Era la primera noche que dormían allí y, como siempre, su madre le había dejado una pequeña bombilla encendida para espantar todos sus miedos. Cada vez que se cambiaban de casa le costaba conciliar el sueño.

La primera noche apenas durmió. El crujir de las ventanas y del parqué la despertaba continuamente. Pasaron tres días más hasta que empezó a acostumbrarse a los ruidos y descansó del tirón.

Una semana después, en una noche fría, un fuerte estruendo la sobresaltó. Había tormenta y la ventana se había abierto de par en par por el fuerte vendaval. Presionó el interruptor de la luz, pero no se encendió. El ruido volvió a sonar, esta vez, desde el otro extremo de la habitación. Se levantó corriendo y, con la palma de la mano extendida sobre la pared, empezó a caminar en busca de su madre. Estaba completamente a oscuras. A los dos pasos, su mano chocó contra algo. Lo palpó y se estremeció al momento: era un mechón de pelo. Atemorizada, un relámpago iluminó la estancia y vio a un niño de su misma estatura frente a ella. Arrancó a correr por el pasillo, gritando, hasta que se topó con su madre. «¿Tú también lo has visto?», le preguntó.

Sin ni siquiera preparar el equipaje, salieron rápidamente de la casa. Volvieron al amanecer, tiritando y con las ropas mojadas. Se encontraron todo tal y como lo habían dejado... menos el espejo de la habitación de la niña. Un mechón de pelo colgaba de una de las esquinas y la palabra «FUERA» estaba grabada en el vidrio.

La familia se mudó de manera definitiva para dejar atrás aquella pesadilla. Leonor había empezado a ir a un nuevo colegio y tenía nuevos amigos. Un día, la profesora de castellano les repartió unos periódicos antiguos para una actividad. La niña ahogó un grito cuando, en una de las portadas, vio al mismo niño una vez más, bajo un titular: «Aparece muerto un menor en extrañas circunstancias».

 



Les preparó el almuerzo y salieron a la calle apresuradas. Como cada día, llevaba a sus hijas gemelas al colegio. Caminaban tarareando una canción y cogidas de la mano cuando el móvil sonó desde su bolso. Era del trabajo. Respondió rápidamente y su interlocutor le pidió que acudiera de inmediato a la oficina. Había ocurrido algo grave, así que decidió que las niñas continuaran solas; conocían bien el camino. Las besó en la frente y emprendió la ruta de vuelta. Solo dio veinte pasos. A sus espaldas, el ruido de un fuerte golpe seguido de un frenazo hizo que volteara la cabeza con una expresión de horror en el rostro. Los cuerpos de las dos pequeñas yacían inertes bajo un camión. Todavía estaban cogidas de la mano.

La mujer se sumió en una profunda depresión de la que consiguió salir con un nuevo embarazo. Por ironía del destino, en su vientre estaban cobrando vida dos niñas gemelas. Cuando dio a luz, el asombroso parecido con sus hijas fallecidas sorprendió a más de un vecino. A medida que las pequeñas crecían, la madre se volvió más y más protectora. Le aterrorizaba la idea de que pudiera perderlas. Un día, de camino al colegio, las hermanas se adelantaron y corrían ante la atenta mirada de la mujer. En cuanto pusieron un pie en el asfalto, una férrea mano las detuvo con brusquedad. Entre sollozos desconsolados, su madre les rogó que no cruzaran nunca sin su permiso. «No pensábamos en hacerlo. Ya nos atropellaron una vez, mamá. No volverá a ocurrir».

 

Desde entonces, algunos viajeros aseguran que al pasar por ese tramo unas interferencias se cuelan en la radio y se oye una misteriosa melodía: el tarareo de unas niñas.

 



Restaba menos de un mes para que se cumpliera el plazo de entrega de su manuscrito y él ni siquiera lo había empezado, pasaba por uno de esos famosos «bloqueos de escritor», tratando de evitar distracciones se enclaustró en una humilde cabaña en medio del bosque, donde pasaba horas divagando junto a un pequeño pozo al que hizo su amigo, esperando que este le concediera el deseo de escribir un libro entero en menos de una semana. Cuando el pozo respondió, lo hizo con una tímida voz de niña y propuso ayudarlo a cambio de diez gotas de sangre.

No había tiempo para desperdiciar una oportunidad así, el hombre aceptó el precio sin dudarlo, de inmediato hizo cortadas en sus dedos, para dejar caer la sangre que le pedía el pozo. Tras cada una de ellas, parecía que el túnel cobraba vida, las paredes se movían al ritmo de sus cálidas exhalaciones, dejando escapar suspiros de alivio y éxtasis.

También la tierra rugía, como si descansara debajo de ella una enorme bestia, tras la última gota, una deforme criatura envuelta en fuego emergió del pozo, y se fue sobre el escritor. Diez gotas de sangre solo le dieron fuerza para salir del hoyo, necesitaba el resto del hombre para alimentarse.

En ese momento el manuscrito dejó de importar, luchaba con uñas y dientes para defenderse de los ataques del debilitado demonio que había liberado de las profundidades, pero todo resultaba inútil, su cuerpo estaba también envuelto en llamas, la carne le chillaba mientras se retorcía en el suelo.

Los anteriores habitantes de la cabaña, conocían el mal que moraba en aquel agujero, pero necesitaban el agua, así que decidieron no sellarlo, simplemente tenían mucho cuidado al acercarse, no imaginaron que, al marcharse de ahí, vendría un tipo loco que hablara con los pozos y les pidiera deseos.

La historia era bastante buena para un libro, lástima que el escritor terminara devorado y sus restos calcinados a la orilla del pozo, que solo cumplió el deseo de una buena cena para aquel monstruo.

 



La noche se tornaba sombría; la escasa iluminación de las calles era absorbida por la oscuridad, llenando todo de penumbras, que solo se acompañan por el sonido de la lluvia golpeando el asfalto. Las personas se habían guardado en sus casas, solo quedaron aquellos que caminaban por necesidad.

Entre ellos Romina, una chica de humilde procedencia, que no ajustó ese día para el transporte que la llevara de la universidad a su casa. Era algo común para ella, muchas veces había recorrido ese camino en las mismas condiciones, pero eso no evitaba que se le crisparan un poco los nervios.

A pesar de que el frío obligaba a todos a esconder su rostro bajo sombreros, bufandas o abrigos, causando cierta desconfianza al cruzarse unos con otros, Romina estaba consciente de que lucía igual de sospechosa que ellos, y se movía con cautela para no causarle un susto a alguien.

A pocas calles de su casa, sintió alivio, ya estaba en sus terrenos y eso le daba seguridad, sin embargo, al doblar la esquina, distinguió a una oscura silueta caminando por la misma acera y en dirección a ella. Conforme ambos avanzaban, le inquietaba un poco no poder distinguir sus ropas, ni el sonido de sus pisadas, era tan solo una sombra que hacia tintinear las luces por donde pasaba.

Con un poco de precaución Romina se fue a la otra acera, apurando el paso, volteando para todos lados, y la sombra no estaba más… no estaba más en la lejanía, se había posado frente a ella, sujetándola fuerte del cuello. Robándole la vida y arrastrándola a lo más profundo del sufrimiento eterno.

Al mismo tiempo, Christina, su amiga de toda la vida, estaba sentada en medio de un pentagrama dibujado con sangre, le pedía al Lucifer que se llevara a Romina y la mantuviera cautiva en el infierno, pues sentía mucha envidia de ella, y no quería verla más en este mundo.

Los días pasaron, Romina seguía desaparecida ante la consternación de todos sus allegados, excepto de Christina, que ocultaba su sonrisa, pues estaba contenta de que sus ruegos fueron escuchados por el señor de las tinieblas.

 

 


 

 

 

 

Fuentes:

lavanguardia.com

leyendadeterror.net

laverdadnoticias.com

live.staticflickr.com

 

Edición final: V.D.M.