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jueves, 10 de septiembre de 2026

Rezyklon present: «The Approach of Spring»



LA LLEGADA DE LA PRIMAVERA 

«El frío amargo y el aullido de la ventisca;

un velo invernal cubre las colinas,

ocultando bajo su corteza helada

tranquilos manantiales de agua cristalina.

 

Todo yace congelado, el viento ruge,

y el cielo está cubierto por una bruma gris;

pero las nubes se abrirán, el sol atravesará el cielo,

y la última escarcha caerá de los árboles.

 

Las ventiscas ya se han calmado,

la helada ya no ruge con tanta fuerza;

se escucha el tímido sonido del agua al gotear,

anunciando las tormentas salvajes de mayo.

 

Los bosques respirarán después del letargo invernal,

los rayos del sol caerán sobre la tierra,

una ligera lluvia pasará despreocupada,

y jóvenes arroyos nacerán entre la espesura.

 

Todo pasa en el ciclo de la vida;

la primavera reemplaza el frío del invierno.

El canto de los pájaros disipa el gélido aullido de la ventisca,

llevando calor al mundo.

 

Todo pasa en el ciclo de la vida;

la primavera reemplaza el frío del invierno.

El canto de los pájaros disipa el gélido aullido de la ventisca,

llevando calor al mundo».

 

Escrita por: Elderwind. (Álbum: The Magic of Nature. Publicado: 2012)

Portada: V.D.M. Creada con AI.

Edición final: Vëthriön Asathørn. 

domingo, 5 de julio de 2026

The Girl from the Sea

 





Capítulo 1:

La Aparición

El viento del Estrecho de Magallanes cortaba como cuchillos de hielo, pero Víctor ya estaba acostumbrado. Sentado en la misma roca de siempre, con su misma chaqueta y la misma cerveza fría en la mano, miraba las olas romper contra la costa rocosa. Era sábado por la noche, poco movimiento en la ciudad de Punta Arenas, las luces parpadeaban en la distancia, y él grababa con su teléfono el mismo paisaje de siempre, esperando —como cada fin de semana— que algo, algo cambiara.

Su vida era un ciclo: trabajo en el edificio de siempre de lunes a viernes, cervezas los sábados en la playa, domingos vacíos. A sus treinta y cinco años, sentía que el tiempo se le escapaba entre los dedos como la arena negra de esa costa.

Fue entonces cuando la vio.

Primero fue solo una silueta en la penumbra azulada del crepúsculo del Estrecho. Algo emergiendo del agua. Víctor bajó el teléfono, entrecerró los ojos. Pensó en una foca, en un lobo marino… pero la figura se irguió, humana, y comenzó a caminar hacia la orilla.

Era una mujer. Salía del mar como si fuera su hogar, con un vestido largo de un gris perla que se le pegaba al cuerpo, delineando curvas que hacían que a Víctor se le secara la garganta. El agua gélida —que él sabía rondaba los 0°C— parecía no afectarla. Su cabello, negro azabache y tan largo que le llegaba casi a la cintura, goteaba sobre sus hombros pálidos. Su piel brillaba bajo la luz de la Luna llena, luminosa, casi irreal.

Víctor se quedó paralizado cuando ella se acercó directamente hacia él. Sus ojos eran de un verde profundo, como algas en aguas oscuras, y en ellos había una curiosidad antigua. Olía a sal, a algas frescas, a algo salvaje y profundo.

 

—«Hola», dijo ella, y su voz era como el sonido de las olas acariciando las piedras: suave, musical, hipnótica. — «¿Puedo sentarme?»

 

Víctor apenas pudo asentir, moviendo la cabeza como un autómata. Ella se sentó a su lado en la roca, su vestido goteando, pero su cuerpo no temblaba de frío. Al contrario, emanaba una calidez extraña, como si llevara el océano dentro.

 

—«¿Qué… qué haces en el agua a esta hora? Está helada», logró balbucear Víctor, aún incrédulo.

 

Ella sonrió, una sonrisa que hizo que su corazón latiera con fuerza.

—«Amo el mar. Me hace sentir libre. Me llamo Marina, por cierto».

 

—«Víctor, me… me llamo Víctor», dijo él, sintiendo que su nombre sonaba terriblemente mundano comparado con el de ella.

 

Marina se quedó mirando el horizonte, y durante una hora hablaron. O, más bien, ella habló y él la escuchó, hechizado. Hablaba de las corrientes, de las criaturas de las profundidades, de la luna tirando de las mareas. Víctor nunca había conocido a alguien así. Cuando le ofreció una cerveza, ella la aceptó, y sus dedos largos y pálidos rozaron los suyos, enviando un escalofrío electrizante por su brazo.

 

—«¿Tienes hambre?», preguntó Víctor, sintiendo que no podía dejar que esta noche terminara aquí. — «Podríamos… ir a algún lado. Yo tengo auto».

 

El brillo en los ojos verdes de Marina se intensificó.

—«Me encantaría».

 

La condujo en su vieja camioneta por la carretera costera, deteniéndose en un almacén solitario para comprar más cervezas, algo de pan, queso, embutidos. Marina eligió todo con una curiosidad infantil, como si nunca hubiera hecho algo tan mundano. Su risa llenaba el auto, y Víctor se sentía más vivo que en años.

 

—«¿A dónde vamos?», preguntó ella mientras la el auto serpenteaba entre calles y avenidas.

 

—«Al lugar donde trabajo», dijo Víctor, un poco avergonzado. —«Es un edificio antiguo. No es bonito, pero está vacío los fines de semana. Tenemos una sala de descanso con calefacción».

 

—«Suena perfecto», murmuró Marina, colocando una mano en su muslo. El contacto, a través del pantalón, era como una corriente cálida.

 

El edificio era un lugar algo sombrío y funcional, con olor neutro. Subieron una escalera y Víctor encendió las luces de la sala de descanso, una habitación pequeña con una mesa, un notebook, unas sillas, un librero y un sofá viejo. Marina entró como si estuviera explorando una catedral, tocando las paredes, mirando todo el lugar con fascinación.

Víctor puso la comida y las cervezas sobre la mesa. La atmósfera era íntima, iluminada solo por la luz fluorescente que parpadeaba ligeramente. Marina se sentó en el sofá, patéticamente, y Víctor se sentó a su lado, tan cerca que podía sentir el calor de su cuerpo y el olor a océano que parecía emanar de su piel.

Bebieron, comieron, y la conversación fluyó. Pero Víctor apenas podía concentrarse en las palabras. Estaba absorto en ella: en la curva de su cuello, en la manera en que sus labios húmedos se movían, en la promesa que parecía brillar en sus ojos verdes. Era la mujer más hermosa que había visto jamás, y estaba aquí, con él, en su mundo gris.

 

—«Tu vida parece muy… rutinaria, Víctor», dijo Marina en un momento dado, su voz bajando a un susurro sedoso. Sus dedos jugueteaban con el cuello de su propia cerveza.

 

—«Lo es», admitió él, sintiendo una oleada de autocompasión. —«Me ahoga. Todos los días lo mismo».

 

Marina se inclinó hacia él. Su aliento olía a cerveza y a algo más, a algas dulces, a aire de mar profundo.

—«Quizás necesitas algo más emocionante. Algo que te haga sentir… vivo».

 

Antes de que Víctor pudiera responder, ella cerró la distancia y sus labios se encontraron con los suyos. El beso no fue tierno. Fue voraz, hambriento, salado. Víctor respondió con igual desesperación, sus manos encontrando su cintura, sintiendo el tejido mojado y frío del vestido bajo sus palmas. Pero la piel debajo estaba caliente, sorprendentemente caliente.

Marina lo empujó hacia atrás sobre el sofá, subiéndose a horcajadas sobre su regazo. Su peso era más de lo que parecía, sólido, anclado. Sus manos se deslizaron por su pecho, desabrochando los botones de su camisa.

 

—«Marina…», jadeó Víctor, perdido en la sensación.

 

—«Calla», susurró ella contra su boca. —«Esta noche es mía. Déjame hacerte sentir».

 

Lo que siguió fue un torbellino de sensaciones. El vestido gris de Marina cayó al suelo, revelando un cuerpo esculpido y pálido, con curvas que parecían diseñadas para volver loco a un hombre. Pero Víctor notó, en su éxtasis, detalles extraños: sus pies parecían ligeramente palmeados, su piel tenía un tono nacarado que brillaba bajo la luz fluorescente, y cuando ella lo mordió en el hombro —no con dolor, sino con una presión posesiva— su saliva dejó una sensación extraña, viscosa y ligeramente eléctrica.

 

El sexo fue intenso, salvaje, como un naufragio. Marina lo dominaba por completo, guiando sus movimientos, dictando el ritmo con susurros que sonaban más a cánticos que a palabras de amor. Víctor se entregó, abrumado por la pasión y la novedad. Era justo lo que había deseado: un escape, una aventura.

Después, yacían entrelazados en el sofá estrecho, sudorosos y jadeantes. Marina acariciaba el pelo de Víctor con una mano, pero sus ojos verdes miraban el techo de la sala, reflexivos, calculadores.

 

—«Fue increíble», murmuró Víctor, enterrando la cara en su cuello salado.

 

—«Solo el principio, Víctor», dijo ella, y su voz tenía ahora un matiz diferente, más frío, más resonante. —«Tú me diste tu hospitalidad. Me diste calor. Ahora… es mi turno de darte algo a cambio».

 

Víctor levantó la cabeza, confundido por su tono.

—«¿A cambio?»

 

Marina se sentó, su cuerpo desnudo brillando como perla bajo la luz. Sonrió, pero la sonrisa ya no era cálida. Era amplia, llena de dientes que parecían un poco demasiado afilados, un poco demasiado numerosos.

 

—«Sí, Víctor. En las profundidades, tenemos nuestras propias… cortesías. Tú me ofreciste comida, bebida, refugio. Yo te ofrecí mi cuerpo, mi atención».

Su mano se posó en su pecho, justo sobre su corazón. Víctor sintió un latido anormalmente fuerte bajo su palma.

—«Pero ahora, la deuda debe saldarse. Y las deudas con las mías… siempre se pagan con interés».

 

Un frío que no tenía nada que ver con la temperatura ambiente se apoderó de Víctor.

—«¿Las tuyas? ¿Qué quieres decir?»

 

Marina se inclinó, y sus ojos verdes ahora parecían fosforescentes, como los de un pez abisal.

—«No salí del Estrecho por casualidad, Víctor. Te estuve observando. Semana tras semana, en tu roca, bebiendo tu tristeza. Eres perfecto. Un alma ahogada en la rutina, anhelando un cambio».

Su sonrisa se volvió una mueca de pura sed.

—«Yo soy ese cambio. Y el precio por sacarte de tu aburrimiento… es tu esencia. Tu vitalidad. Tu tiempo».

 

Víctor intentó alejarse, pero descubrió que su cuerpo no respondía. Estaba paralizado, solo sus ojos podían moverse, mirando con horror cómo la belleza etérea de Marina comenzaba a cambiar sutilmente. Su piel tomaba un tono más azulado, escamas diminutas e iridiscentes asomaban en sus sienes y a lo largo de su columna vertebral. Pequeñas branquias palpitaban en su cuello.

 

—«No…», logró forcejear Víctor.

 

—«Oh, sí», susurró Marina, y ahora su voz era un eco de las profundidades, un sonido que resonaba dentro de su cráneo. —«No es doloroso, te lo prometo. Solo un poco… frío. Y para siempre».

 

Ella abrió la boca, y Víctor vio que su garganta brillaba con una luz azul pálida, bioluminiscente. Se inclinó sobre él, y en lugar de un beso, sopló suavemente sobre sus labios. Víctor sintió cómo algo se marchitaba dentro de él… no su cuerpo, sino algo más profundo: su energía, sus recuerdos de calor, la misma sensación de futuro. Una niebla fría y dulce invadió su mente, arrastrándolo hacia un olvido plácido pero irreversible.

Mientras su conciencia se desvanecía, la última cosa que vio fue a Marina —o lo que fuera que ella era ahora— sonriendo con ternura, sus manos de dedos ahora ligeramente unidos por membranas acariciando su mejilla.

 

—«Descansa, Víctor», cantó su voz, el sonido de una sirena arrastrando a un marinero hacia las profundidades. —«Tu rutina de tierra ha terminado. Ahora perteneces al mar».

 

Sus ojos se cerraron. Ya no sentía el sofá bajo su cuerpo. Solo flotaba, en una oscuridad salada y silenciosa, mientras algo frío y antiguo se enroscaba alrededor de su esencia, reclamándola, arrastrándola hacia un abismo sin tiempo.

 

Afuera, el viento del Estrecho de Magallanes aullaba, y las olas rompían contra la costa, indiferentes.

 

Fin del Capítulo 1




 

Historia de horror psicológico/místico escrita por: H.P. Hatecraft.

Portada diseñada por: Vëthriön Asathørn. Creada con AI.

Edición final: Vëthriön Asathørn.

 

martes, 31 de diciembre de 2024

Den Evige Syklusen av Kaos

 


«Hvis vi ikke eliminerer monstrene, vil vi bare leve i disse evige syklusene av ødeleggelse og død».


Intro

… sigo en esta especie de limbo vacuo, como perdido en un extenso páramo donde no hay formas, donde reina un sempiterno silencio… hay algo en el aire, o tal vez hay algo en el mundo… algún tipo de energía muy baja que me está afectando… son estas fechas, es este clima enfermante donde no hay brisas y donde el calor es agobiante… es la protohumanidad, su sentido del espectáculo, de la decadencia… sus leyes, sus gustos…

 

II

Pensaba en hacer un resumen de lo peor o de lo mejor del 2024… luego creí que es una pérdida de tiempo… todo ha sido malo, las sociedades siguen en esta debacle moral y ética, y no hay remedio para sanarlas, porque todos quieren estar enfermos, todos tienen esta marca humana de borreguismo patético y absurdo, todos marchando al ritmo de lo que les dictan, embobados por el placer, por el dinero, por el poder.

Todos esperaban; en Chile; que el gobierno de Gabriel Boric por fin tomara un rumbo concreto y directo para sacar al país de esta anomia que se instaló con la llegada del comunismo al poder, y todo quedó en nada, en conjunto… todos quienes administran nuestra nación no son más que una panda de inútiles e ignorantes que han tomado el mando, y al parecer, quieren que este ciclo de invalidez económica y social siga, seguramente con un propósito futuro… obvio, dejar en silla de ruedas todo nuestro capital para que el gobierno que asuma tenga los problemas que los izquierdistas nos dejarán como legado. No sería de extrañar que esta forma de hacer política roja sea parte de las estrategias para que ellos en el otro gobierno aparezcan nuevamente impulsando el caos y el desorden para crear otro estallido antisocial… y es en ese anarco-caos donde los comunistas sacan muchos réditos… les gusta el desorden, promueven la agenda revolucionaria, la separación y lucha de clases, censuras, dominio oscuro, etcétera.

La inutilidad del gobierno izquierdista de Boric y sus secuaces es para un Oscar, para un Goya… al final no dejan nada, la economía está cada vez más decadente, los alimentos siguen subiendo de precio, las fronteras son un chiste, están pintadas con tempera barata, las cucarachas de otros rediles siguen llegando y sumando pobreza, delincuencia y crimen a nuestro terruño… nada suma, todo empobrece nuestra sociedad y las autoridades siguen en este letargo angustioso… como si no supieran que hacer, perdidos, ciegos y sordos a los requerimientos de la población, y en medio de este clima desfavorable político algunos aprovechan para robar, manipular y destruir el frágil sistema que tenemos, jueces deshonestos se adueñan de las leyes, abogados protervos usan el poder para crear sus propias pymes de corrupción.

 

III

… Todo lo demás en el mundo sigue igual y peor.

Fue otro año sin nada positivo. Todo es un ciclo que se repite… un bucle siniestro que no se detiene.

 

IV

No es necesario un resumen…

Es mejor olvidar…

… y no esperen nada mejor para el año venidero…

… la agenda continúa… y será peor.

 

V

… despierta el kairós… y continua el viaje.

Prepárate para la lucha, para la guerra… y jamás te rindas ante los monstruos.

 

«El ser humano se considerará a sí mismo cada vez más y más como la Creación, especialmente los poderosos, quienes se apoderarán de todo, de tierras, de bienes y pertenencias, así como también de los seres humanos, tal como a ellos les plazca, mientras que a los ciudadanos normales se les tratará como pobres y débiles y como vil ganado, por lo que las viviendas comunes del pueblo se volverán en cárceles en las que las personas malvivirán con miedo a los poderosos y desarrollarán un odio indomable».




 


 

 

Fuentes:

Imágenes: freepik.es / clubedolivro15.blogspot.com

Frase final: Talmud’s Jmmanuel.