sábado, 20 de diciembre de 2025

La última visita de Santa Claus [Cuento de horror navideño]

 


LA ÚLTIMA VISITA DE SANTA CLAUS

Era la noche previa y fría de diciembre, y la nevada cubría completamente el pequeño pueblo de 'Vermiis Valley'.

Las luces titilaban en las casas, y los niños, llenos de ilusión, esperaban la llegada de Santa Claus. Sus padres se encontraban en otras casas conversando, riendo y compartiendo a esas horas. Era parte de la tradición de esa villa abandonada tan lejos que los padres se reunieran en la casa más grande, mientras que los hijos o amigos de sus hijos se juntaran esperando al viejo pascuero. Sin embargo, había un murmullo inquietante en el aire; algunos ancianos del lugar contaban historias sobre las noches en las que el viejo pascuero no traía regalos, sino algo mucho más siniestro. Por supuesto, nadie prestaba atención a estas leyendas y supersticiones.

 

En una de esas casas, un grupo de amigos, emocionados por la llegada de Santa, decidió quedarse despierto. Uno de ellos, Patrick, había oído las leyendas. «Dicen que, en algunas casas, el viejo pascuero no es quien parece», murmuró, mientras comía un pedazo de pastel. Sus amigos rieron nerviosamente.

 

—Vamos, Patrick, eso son solo cuentos de viejas —comentó su amigo Michael, mientras colocaba en un gran plato las galletas de jengibre y miel que habían preparado sus padres.

 

—Bebe un ponche de frutas y tranquilízate. Son cuentos para asustarnos.

 

Pero Patrick no se sintió convencido. La inquietud aumentó cuando, de repente, un leve sonido resonó en el tejado. Miraron por la ventana y sus sonrisas se desvanecieron al ver una figura encapuchada, con ojos hundidos y una sonrisa inquietante.

 

—No puede ser... —susurró John, temblando.

—¿Será Santa? —pregunta Michael.

—¿Y si es un vagabundo asesino? —responde temblando Patrick.

 

Decidieron salir al patio, ansiosos por ver a Santa de cerca, pero todo era blanco y no se podía ver a más de dos metros de distancia, de pronto, una intensa ráfaga de viento sopló, helando de golpe sus pequeños cuerpos y la figura pareció desvanecerse en un torbellino de nieve. Sin embargo, el aire se volvió más frío, y en el silencio, una voz perturbadora resonó:

 

—¿Qué han hecho para merecer regalos? —preguntó la figura, su voz rasposa y crujiente.

 

—¡Hey! ¿Quién está ahí? —grita asustado John.

 

—¡Vamos! Puede ser una persona mala que no vive por aquí, ¡vamos! —agrega nerviosamente Michael.

 

Los amigos se miraron entre sí, sintiendo que algo oscuro acechaba en las sombras, no lo pensaron dos veces y los tres corrieron raudos a la casa. Cuando regresaron, encontraron la mesa con algo de nieve, un regalo envuelto en un papel rojo y a su lado un inquietante y macabro muñeco blanco con ojos rojos que brillaban. Patrick, temblando, lo toca, parecía desgastado como salido de una pesadilla. El viejo pascuero estaba detrás de ellos, observando la escena, sonriendo diabólicamente, pero los tres niños no podían verlo.

 

—¡Es un muñeco muy feo y viejo! —gritó Michael, pero al instante la risa se congeló en sus labios. Los ojos del muñeco parecían brillar con una luz siniestra.

 

—Esto no es un regalo... —dijo John, mientras miraba detenidamente al muñeco misterioso.

 

—Chicos... ¿Quién puso la nieve y estos regalos en la mesa? —preguntó muy asustado Michael.

 

—¡HEY! —grita sobresaltado John al tiempo que los tres niños se levantan — ¡Se está moviendo, el muñeco se mueve!

 

A medida que el muñeco se movía, las luces comenzaron a parpadear, y una sombra oscura se cernía sobre ellos. La figura volvió a aparecer en la puerta, con una sonrisa malévola.

 

—Cada uno de ustedes ha mentido, traicionado y ha deseado maldad. ¡Ahora pagarán el precio! —susurró, su voz retumbando en la habitación.

 

Las paredes comenzaron a sangrar, y sobre ellas aparecieron las imágenes de sus mayores miedos y secretos. Patrick gritó:

 

—¡No! ¡No podemos dejar que esa cosa nos haga daño!

 

El viejo pascuero rio, una risa que resonó como un eco en su mente.

 

—El viejo pascuero es mucho más que un simple portador de regalos. Soy el juez de sus almas.

 

La risa del viejo pascuero se volvió más aguda y penetrante, resonando en sus corazones. Uno a uno, los amigos fueron atrapados en su propia pesadilla. Michael, desesperado, enfrentó a la figura con una silla de madera.

 

—¡No me lleves! ¡Yo solo quiero ser feliz! ¡Lárgate viejo maldito!

 

—Tu felicidad es un engaño Michael —respondió la figura, Y al instante, una niebla oscura lo rodeó, dejando solo un rastro de sangre, tripas y pedazos de carne en el suelo.

 

—¡Patrick, vámonos! —gritó John, mientras una sombra oscura lo alcanzaba. La figura extendió una mano huesuda, y sin compasión atravesó su pecho que explota en un torbellino de sangre, llevándose al niño y dejando un grito desgarrador que resonó en el frío aire de la noche.

 

Patrick sale por la ventana, pero ya era tarde, la figura lo levanta y en el aire el pequeño explota, sangre y huesos se desvanecen en medio de una tormenta de nieve, solo se escucha un gemido de dolor, horror y llanto.

 

Los gritos de los 3 amigos se ahogaron en un silencio helado, mientras el viejo pascuero miraba desde la puerta, satisfecho. Al mirar hacia atrás, se desvaneció en la noche, dejando tras de sí solo una casa vacía, con paredes manchadas de sangre y un eco de risas que resonaron en el lugar.

 

Horas después, el pueblo de 'Vermiis Valley' despertaría a una mañana de Navidad, sin saber que, en el interior de aquella casa, los amigos estaban permanentemente atrapados, condenados a revivir su última noche de horror eternamente, bajo la risa malévola del viejo pascuero.




 

Creado por: Aris — para este blog.

Portada creada con AI basado en el cuento.

Agregados: Jarl Asathørn.

Edición final y correcciones: Jarl Asathørn.