ECOS
EN LA SOLEDAD DE MAGALLANES
«En el susurro del
viento helado,
donde los árboles se
alzan,
un bosque en sombras
casi olvidado
su magia se esconde
donde todo descansa.
Bajo cielos de tormenta
gris,
los ecos suenan como
lamentos,
y cada paso en el suelo
húmedo
despierta secretos de
momentos.
Las hojas caen en danza
muda,
testigos de almas que
no regresan,
y el canto de un ave
solitaria
es un lamento que en el
aire pesa.
En los rincones, la
niebla espesa
envuelve la soledad
abrumadora,
cada sombra es un
reflejo,
cada tronco, un amigo
que ignora.
Los árboles viejos
murmuran historias,
de aquellos que se
atrevieron a entrar,
perdidos en la vastedad
del alma,
en un duelo sin término
y condenados a vagar.
Una fragancia de
humedad y vida
se mezcla con el eco de
lo distante,
en este refugio
inhóspito y frío,
donde la misantropía se
vuelve una constante.
Aquí, donde la luz
apenas toca,
la soledad es un manto
sutil,
un abrigo que arropa
corazones,
desbordados por un frío
febril.
Así, en el corazón de
Magallanes,
entre sombras y
murmullos serenos,
la soledad abraza al
errante,
y lo envuelve en su
abrazo eterno».
Poema creado
por: Aris.
Pequeños
cambios: Jarl Asathørn.
Portada:
imagen referencial de un bosque.
Edición
final: Jarl Asathørn.

