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martes, 25 de agosto de 2026

Trollish News [El Plan Estrecho de Magallanes]




EL «PLAN ESTRECHO DE MAGALLANES»:

CÓMO ARGENTINA DESCUBRIÓ (DE NUEVO) UN TERRITORIO QUE NO ES SUYO Y QUIERE QUEDÁRSELO

Si una güeá que a los argentinos les sale bien –además de quejarse del clima, discutir política en un asado y creer que Maradona era un dios o que Messi sigue siendo el mejor del mundo– es reclamar soberanía sobre güeás que claramente no son de ellos. Esa güeá es una tradición nacional, casi un deporte olímpico no reconocido. Primero fueron las Malvinas (y se armó el lío que ya todos conocemos), después se dijo que la Antártida era «de ellos» porque sí, porque Argentina es grande y tiene frío, y ahora... el Estrecho de Magallanes. Nada de güeás chicas.

Sí, cabros, leyeron bien. El jefe del Estado Mayor General de la Fuerza Aérea Argentina, el brigadier Gustavo Javier Valverde (varón, argentino, con bigote y pelo cano, onda cabeza de ajo), soltó una perla en una entrevista que, si no fuera porque la dijo un tipo con galones, podría pasar por el borrador de un guion absurdo de Los Simpson. Valverde declaró, con toda la seriedad de un güeón que viste uniforme, que Argentina debe «profundizar su presencia» en el Estrecho de Magallanes. O sea, que Chile, que ha sido dueño de ese paso marítimo desde que el mundo es mundo (o al menos desde 1881), debería hacerse a un lado porque el brigadier ‘vittuperkele’ se levantó con ganas de expansión territorial ese día.

¡Linda la güeá!

 

EL ESTRECHO DE MAGALLANES: DE QUIÉN ES Y POR QUÉ A ARGENTINA LE IMPORTA UN PIMIENTO

Vamos por parte como dijo Jack el Destripador: para los no iniciados y que no cachan ni una güeá... el Estrecho de Magallanes es un paso natural entre el océano Atlántico y el Pacífico, ubicado en el extremo sur del continente. Es angosto, ventoso, frío y lleno de glaciares. Básicamente, el pasillo de un congelador gigante, tranquilamente podría ser el jacuzzi del yeti. Fue descubierto por el portugués Fernando de Magallanes (que navegaba para España, pero eso es otra historia) en 1520. Durante siglos, fue la única ruta para cruzar de un océano a otro sin dar la vuelta al Cabo de Hornos, que es como el infierno pero mojado.

Hoy, el Estrecho es, legal e indiscutiblemente, chileno y de esa güeá no hay duda alguna. Desde 1881, un tratado entre Argentina y Chile dejó clarísimo que el Estrecho de Magallanes pertenece a Chile. Pero, ¿qué es un tratado internacional cuando un general argentino se despierta con ganas de hacer historia y de pintar el mono? Exacto: un papel mojado.

La declaración de Valverde lamentablemente, no fue un chiste. (tengo ganas de escribir una buena chuchada en contra de ese vejete ‘aka-huora, pero este artículo es medianamente decente)

Dijo, cito textualmente: «Tenemos que profundizar nuestra presencia en el Estrecho de Magallanes porque es clave para la defensa y la proyección hacia la Antártida».

¿Profundizar presencia?

¿Acaso Argentina tiene casa de verano en Punta Arenas y no nos avisaron?

¿O se refiere a que enviarán una delegación de turistas a comprar llaveritos de pingüinos? Porque si es eso, ya lo hacen. Los argentinos vienen a Chile a comprar barato y a quejarse del pisco. Eso no es presencia estratégica, es turismo de consumo fronterizo.

Si Valverde quiere... yo puedo «profundizar presencia» con alguna de sus hijas, si tiene... y si son potables.

 

EL SÍNDROME DE LA «PATRIA GRANDE»:

CUANDO LA GEOGRAFÍA NO IMPORTA

Cabros, seamos sinceros, este es un patrón que se repite en la política exterior argentina, pareciera que cada cierto tiempo, algún funcionario lúser (generalmente un militar o un político con poca popularidad y mucho tiempo libre) decide que Argentina necesita «recuperar» alguna güeá que no es suya. Como ya dije, primero fueron las Islas Malvinas, un reclamo legítimo que se transformó en guerra y en un dolor de cabeza generacional. Después, la Antártida, que es de todos, pero Argentina dice que es «suya» porque tiene bases científicas y pingüinos con acento porteño. Y ahora, el Estrecho de Magallanes. Güeón, que paren de gozar.

Es como si Argentina tuviera una lista de territorios ajenos que revisa cada década y dice: «Bueno, ya nos peleamos por las Malvinas, ¿qué güeá toca ahora? ¿El Estrecho? ¡Dale, ese no lo hemos reclamado desde 1990!». Es la versión geopolítica de la dieta yo-yo.

Y lo más irónico de la güeá es que el brigadier Valverde da esta declaración en un contexto donde Argentina está en terapia intensiva económica, tienen una inflación que sube más rápido que un misil, pobreza que no para de crecer, y la Fuerza Aérea no tiene suficientes aviones para patrullar su propio espacio aéreo (los pocos que tiene son de la época de Alfonsín, son algo así como cacharros aéreos). Pero claaaro, lo importante es reclamar el Estrecho, no sea que Chile se crea que puede pasar por su propio territorio sin pedir permiso. ¡Qué descaro la güeá!

 

LA POSIBILIDAD DE UNA GUERRA DE PISCOS

VERSUS FERNET

Imaginemos por un momento que Argentina, en un arranque de fervor patriótico, decide «profundizar su presencia» en el Estrecho de Magallanes. ¿Qué güeá pasaría? Podrían enviar a la Armada Argentina... ¿La Armada Argentina? Esa que tiene un submarino que se hundió en el Atlántico y que jamás de los jamaces apareció, y un buque escuela que es más famoso por sus carretes que por sus maniobras militares. Sí, esa misma, sería como mandar a una banda de música a una batalla campal.

Nuestro Chile, por su parte, tiene una Armada que sí funciona, que compra equipos nuevos y que, para colmo, tiene experiencia en navegar el Estrecho porque... ¡es nuestro! Increíble. También tenemos Carabineros, que son policías militares que no se andan con güeás, si Argentina intentara «profundizar presencia» en el Estrecho, probablemente terminaríamos con un conflicto diplomático seguido de una avalancha de memes chilenos burlándose de la prepotencia argentina. Y tendríamos razón.

Además, ¿qué ganarían esos güeones? El Estrecho de Magallanes no es precisamente Miami Beach. Es un canal helado a cagar, ventoso, con corrientes traicioneras y donde la visibilidad es tan mala que ni los pingüinos saben hacia dónde mirar. Es el lugar perfecto para perderse, congelarse el culo y arrepentirse... pero claro, es «su derecho histórico» (según el brigadier).

 

LA FUERZA AÉREA ARGENTINA:

LOS DUEÑOS DEL CIELO (Y DEL DELIRIO)


Analicemos un poco al protagonista de esta comedia involuntaria y lúser. El brigadier Gustavo Javier Valverde es el jefe del Estado Mayor General de la Fuerza Aérea Argentina. ¿Qué hace la Fuerza Aérea Argentina hoy en día? Principalmente, custodiar el espacio aéreo con aviones que tienen más años que el himno nacional y que, en muchos casos, no pueden volar porque les faltan repuestos. Yo sé que no me van creer esta güeá, pero los aviones argentinos son iguales a los aviones de los picapiedras... si no hay repuestos, sacan el suelo y a pata pelá corriendo... y a volar.

Valverde, en lugar de estar preocupado por la falta de combustible para los aviones o por la antigüedad de los radares, decide que el gran problema nacional es que Chile tiene un estrecho que, según él, deberíamos compartir. Es como si el dueño de un carrito de supermercado decidiera reclamar la propiedad del pasillo de lácteos. «Este pasillo es mío porque mi carrito tiene ruedas y pasé primero».

Lo peor del güeveo es que este tipo de declaraciones no caen en un saco roto. En Argentina, cualquier güeá que suene a «reclamo territorial» es tomada como una gesta heroica por sectores ultranacionalistas que todavía usan vinilo de la guerra de Malvinas. Así que probablemente, en los próximos días, veremos a algún político K o a algún cerebro de mosquito de X (Twitter) pidiendo que «defendamos la soberanía del Estrecho con uñas y dientes». Son agüeonaos, no tienen problemas más urgentes, como el hambre, la inflación o la inseguridad, es mejor pelear con Chile por unos kilómetros de agua helada.

 

CHILE:

EL VECINO INCÓMODO QUE TIENE RAZÓN

Chile, por su parte, debe estar frotándose las manos... cada vez que Argentina hace una de estas declaraciones güeonas, los chilenos se unen más en torno a nuestra propia bandera y agradecemos no tener que lidiar con esa clase política argentina. Además, sabemos que el Estrecho de Magallanes es nuestro por derecho, por historia y por el sentido común. La Cancillería chilena ya redactó una nota diplomática elegantemente escrita que básicamente decía: «Señores argentinos, con todo respeto, métanse sus declaraciones donde no les da el sol».

Y mientras tanto, el brigadier Valverde —viejo vittuperkele— seguramente seguirá haciendo declaraciones, porque en Argentina los militares no tienen mucho más que hacer que declarar güeás imbéciles.

La última vez que la Fuerza Aérea argentina vio acción fue en la guerra de Malvinas, y cachamos cómo terminó eso. Tal vez por eso tienen tiempo libre para pensar en sueños de grandeza.

 

CONCLUSIÓN:

UN ESTRECHO DE ESTUPIDEZ

Al final del día, lo más triste de esta historia no es que un militar argentino haya dicho una estupidez (ya estamos acostumbrados). Lo triste es que, en un país con problemas reales y urgentes, todavía haya quien se tome el tiempo de reclamar lo ajeno, de soñar con fronteras que no les corresponden, de desviar la atención hacia conflictos artificiales.

Bueno, es Argentina, ahí hasta un asado es motivo de conflicto existencial. «¿Vos ponés la carne antes que el fuego? ¿Usás sal gruesa o fina? ¿El chimichurri ‘cheva’ orégano?». Por supuesto, iban a discutir por un estrecho.

Mientras tanto, el brigadier Valverde probablemente está planeando su próxima declaración: «Argentina debe recuperar la Isla de Pascua porque los moáis tienen cara de porteños». Y no me sorprendería. O «vamos a declarar la Luna como nuestra porque un gaucho la estuvo viendo durante horas».

 

Así que, querido lectores, cabros y chiquillas, la próxima vez que vean un mapa de Sudamérica, recuerden: para Argentina, las fronteras son solo una sugerencia... y el sentido común, un lujo que no todos tienen.

Esto es todo... a veces la realidad supera la ficción, y cuando un militar argentino suelta una perla así, uno no puede más que agarrar el teclado y dejar que fluya la bilis con estilo.

Fin del comunicado troll. Ahora, vayan a comprar pisco, que Chile lo hace mejor.

 

¡Un abrazo cabros, y a seguir riéndonos

de lo que no tiene sentido!




 

Escrito por: Olog Krevalora.

Portada de: Vëthriön Asathørn. Creada con AI.

Edición final: Olog Krevalora.