CASO
LAVÍN JR. — LA TELENOVELA DEL «NIÑO BIEN» Y LA ROBOTINA APOCALÍPTICA
Nuevos antecedentes dicen que la
guerra al interior de la familia Lavín ya parece una mezcla entre teleserie
mexicana, capítulo perdido de ‘Mujer, Casos de la Vida Real’ y reality flaite
de las tres de la mañana. Porque claro, ahora salen los güeones deslenguados diciendo
que la madre de Joaco Jr. no soporta a Cathy Barriga… y
sinceramente, esto debe venir fermentándose desde hace más años que
yogurt olvidado en camping de verano.
Uno se imagina perfectamente la
escena inicial de esta tragedia griega versión Vitacura-Maipú. La señora Lavín
viendo a su hijo llegar enamorado de la ex Robotina de Mekano y pensando por
dentro:
«Dios mío, este pendejo caliente de mierda se va a meter en un hoyo del que no saldrá jamás».
Y es que seamos sinceros con el
güeveo…
cualquier madre más o menos cuerda habría levantado una ceja olímpica
viendo el panorama de la güeá. Porque no estamos hablando de una relación piola
precisamente. Estamos hablando de una figura mediática salida de la fauna
televisiva chilena de los 2000, esa dimensión donde el escándalo era deporte
nacional y donde cada panelista gritaba más fuerte que vendedor de feria.
Mekano no era un programa… era
una incubadora de futuros problemas judiciales, traumas psicológicos y
romances que parecían maldiciones ancestrales.
Y Joaco Jr., obviamente, como cualquier joven con las hormonas trabajando horas extra, seguramente veía a la Robotina bailando y el cerebro se le apagaba más rápido que transformador en temporal sureño y pulía el cohete como malo de la cabeza. El hombre probablemente estaba convencido de que había encontrado al amor de su vida… cuando en realidad estaba firmando un pacto demoníaco emocional con consecuencias administrativas, mediáticas y espirituales.
Porque esa güeá pasa siempre: el
hombre piensa con el cohete, y después termina pagando la cuenta con intereses,
embargo y portada en matinal.
Entonces pasan los años, aparecen
investigaciones perkeles, declaraciones cruzadas, peleas familiares,
cuchillazos internos y todos los güeones empiezan a actuar como si recién
descubrieran que había problemas. ¡Pero si esta cuestión se veía venir desde
que el primer productor de televisión dijo:
«Pongámosle Robotina y hagámosla bailar con luces
fluorescentes y mostrando carne»!
Aquí nadie es inocente del güeveo.
Nadie.
Porque también existe la posibilidad
inversa de la güeá: capaz que Joaco Jr. no fuese una pobre víctima arrastrada
al lado oscuro… capaz que ambos se hayan alimentado mutuamente como
dos agujeros negros de farándula, ego y decisiones
cuestionables.
Tal vez Cathy tomó a Joaco y lo
convirtió en una versión humana de trámite judicial permanente.
O tal vez Joaco descubrió en ella la
posibilidad de vivir la fantasía completa del niño cuico que siempre quiso
sentirse rebelde, peligroso, cachero y televisivo.
Porque hay algo profundamente
chileno en toda esta güeá: la obsesión de ciertos políticos por jugar a ser «familia
tradicional» mientras alrededor tienen un nivel de caos que haría ver estable a
un circo manejado por monos con cuchillos po’ güeón. Hoy, la familia Lavín no
tiene nada que envidiarle a la familia de los Locos Adams.
Y mientras tanto el país entero
mirando esta teleserie absurda como si fuera campeonato nacional: la suegra
odiando a la nuera, el hijo atrapado al medio, la ex alcaldesa respondiendo
indirectas, los matinales y programas de farándula alimentándose del drama como
buitres hipertensos, y Twitter convertido en coliseo romano para opinólogos con
foto de animé y bandera política en el perfil.
La gran pregunta de esta güeá sigue
siendo la misma:
¿Quién llevó al lado oscuro a quién?
Porque a estas alturas de la güeá ya
no sabemos si estamos viendo una historia de corrupción, una tragedia familiar
o simplemente la secuela degenerada de Mekano que nadie pidió… pero
que igual todos miran.
En otra oportunidad seguiremos
desmenuzando a los Lavín… porque creo que seguirán dando jugo.
SIGUEN
LOS PROBLEMAS — EL «GOBIERNO ORDENADO» QUE TERMINÓ PARECIENDO FERIA LIBRE CON
MICRÓFONO
En el último tiempo el gobierno de
Kast está dando un jugo brutal con subsecretarios, ministros y peleas internas
dignas de curso universitario lleno de egos vittuperkeles insoportables. Cada
semana aparece un nuevo round en la güeá, una nueva filtración o algún
iluminado disparándose en las patas frente a las cámaras.
Ahora la pelea es entre la ministra
Ximena Lincolao y el subsecretario Rafael Araos. Otro capítulo más de esta
serie llamada: «Derecha Unida… pero
no mucho».
Y para condimentar todavía más este
guiso rancio, aparece el tema de los patrimonios no declarados completamente.
Pero la ministra no se conformó con hundirse sola… no señor. La
mujer aplicó la clásica estrategia chilena del: «si hunde el barco, me llevo a
toda la tripulación, los salvavidas y hasta las gaviotas».
Básicamente salió a decir: «Oye,
pero otros ministros también lo hicieron».
Maravillosa táctica.
La defensa jurídica versión cabro
chico pillado copiando: «¡Profe, pero el Benjamín también estaba
copiando!».
Y esta güeá deja algo clarísimo: el
principal enemigo del gobierno de Kast no parece ser la izquierda ‘aka-huora,
ni el progresismo vittuperkele, ni los octubristas, ni los putos comunistas, ni
los extraterrestres interdimensionales financiados por Soros… NO. El
principal enemigo del gobierno parece ser el propio zoológico de egos
gigantescos que tiene adentro.
Cada personaje perkele quiere
figurar.
Cada uno de los güeones quiere ser
más importante que el otro.
Todos quieren micrófono.
Todos quieren cámara.
Todos quieren sentirse el gran
estratega político del siglo.
Y al final terminan pareciendo junta
de administradores de edificio peleando por el control remoto del portón
eléctrico.
Lo más irónico del güeveo es que
mucha gente votó por Kast esperando precisamente lo contrario: orden, disciplina,
mano firme, seriedad, menos circo… y terminaron viendo otra temporada
del mismo reality político chileno donde todos hablan de institucionalidad
mientras se serruchan el piso entre ellos como vendedores desesperados en
liquidación de bodega. ¡Corten el güeveo!
Kast además tiene un problema
complicado: su personalidad demasiado conciliadora y «blandengue» para un
sector lleno de güeones que necesitan correa corta o latigazos. El hombre
intenta unir, conversar, mediar, armonizar… mientras alrededor tiene ministros
actuando como bandas rivales dentro de prisión preventiva administrativa.
A veces da la impresión de que el
gobierno funciona como curso de media: un grupo de güeones peleando por
liderazgo, otro filtrando cosas, otro haciéndose la víctima, y alguno llorando
porque no le dieron suficiente protagonismo.
Mientras tanto la izquierda (¡painu
hiiteen!) observa este espectáculo como hienas viendo una cebra lesionada en
documental africano. Cada cagazo de la derecha es celebrado con champagne
ideológico, memes y orgasmos espirituales en redes sociales.
Porque seamos honestos: la propia
derecha le está entregando oxígeno político a sus adversarios. Gratis, con moño
y despacho incluido.
Cada pelea interna de los güeones y
güeonas es un regalo.
Cada escándalo es propaganda para la
oposición.
Cada numerito ridículo revive a
sectores que hace unos meses parecían políticamente en coma.
Y eso es lo más impresionante de toda
la güeá: la derecha llegó prometiendo ser alternativa al caos… y
terminó importando el caos directamente al palacio de gobierno.
Puta, uno pensaba: «Bueno,
quizás serán duros, pesados o ultra conservadores… pero al menos tendrán orden interno».
¡JA! Error monumental.
Nos encontramos nuevamente con el
eterno problema chileno: güeonaje adulto incapaz de dejar el ego de lado,
aunque estén gobernando un país entero.
Kast tiene que golpear la mesa de
una vez por todas.
Sacar ministros problemáticos, cortar
cabezas políticas y ordenar el gallinero. Porque si sigue permitiendo este
festival ‘perrrkele’ de egos y peleas internas, el gobierno se va a terminar
transformado en una fonda eterna donde todos gritan, nadie manda y el país
observa el show con cara de: «¿En serio esta era la
administración seria que prometían?»
¡Paren de gozar, mierda!
¡Kaikki poliitikot voivat vittu!
Escrito por: Olog Krevalora.
Portada diseñada por: Vëthriön Asathørn. Creada con varias AI. Reeditada
varias veces con PS.
Edición final: Olog Krevalora.


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