domingo, 10 de mayo de 2026

Trollish News «El Descarado» - Una familia de Cachazos

 





En estos vaivenes de la política chilensis ahora nos encontramos con la prisión preventiva de Joaquín Lavín Junior, hijo del ex candidato (alguna vez) presidencial de Chile, Joaquín Lavín, hoy un político desgastado por el cacho de hijo que tiene y del cacho de esposa de su retoño. Ambos —Joaco Jr. y la ex alcaldesa «robotina»— han estado en el ojo de la tormenta por varios chanchullos de dinero, lo raro de la güeá es que se conjugaron dos joyitas buenas para tirar las manos, hacer movidas retorcidas, etc., pero vayamos cachando al parcito:

 

Cathy Barriga:

La acusación sostiene que Barriga encabezó una «gobernanza fraudulenta» para ocultar déficits, manipular presupuestos y financiar gastos no autorizados, incluyendo pagos indebidos, compras de regalos y uso de fondos municipales para su imagen. Un perjuicio fiscal estimado en casi $33 mil millones.

Porque claro, aparentemente en algunas municipalidades el presupuesto público funciona como tarjeta de multitienda un 24 de diciembre: total después alguien más paga la cuenta. Y mientras la comuna se iba convirtiendo en una mezcla rara entre reality show, TikTok motivacional y feria de vanidades, los números empezaban a hacer ruidos más extraños que ascensor de hospital abandonado o un semáforo en mitad del campo. Pero ahí estaban igual, sonriendo poseramente frente a las cámaras, repartiendo corazones, bailes güeones, peluches, selfies y maquillaje comunicacional, porque en Chile la estética a veces vale más que una auditoría.

 

Joaquín Lavín León (un león ahora enjaulado):

La causa apunta a una presunta red de corrupción y uso irregular de recursos públicos durante la administración municipal encabezada por Cathy Barriga, esposa de Lavín León. (La ex alcaldesa se pudo haber llamado tranquilamente Cathy Tetazas… ok, sé que es un comentario desubicado… pero no me importa) 😁

Según la Fiscalía, el exdiputado rapiña habría utilizado influencias políticas y administrativas para obtener beneficios personales y electorales mediante contrataciones, desvinculaciones y manejo de bases de datos municipales.

O sea, el «joaco» habría agarrado el municipio como si fuera una pyme familiar, una especie de «Lavín & Barriga Limitada», donde aparentemente se mezclaba política, favores, operadores, pitutos y maniobras dignas de gerente de casino clandestino. Porque el problema de muchos políticos chilenos no es solamente la corrupción; es la naturalidad con que la ejercen. Los güeones caminan como si nada, hablan como si nada y cuando los pillan ponen cara de «yo no sabía», una actuación ‘perkele’ tan repetida que ya debería ser patrimonio cultural inmaterial de la República.

Ellos se unen al otro hijo «cacho» de la política… Sebastián Dávalos —hijo de la expresidenta Bachelet— que hace años fue acusado de corrupción por la arista estafa del caso Caval, delitos de estafa e infracción a la propiedad intelectual… y lo peor es que ese «guata de sandía» solo fue formalizado por el delito de estafa contra el empresario Gonzalo Vial Concha y además se decretó arraigo por 90 días y firma mensual para uno de los socios de Caval, y luego fue absuelto como si fuera una blanca paloma. 




Porque en Chile existe una tradición no escrita: los hijos ‘vittuperkeles’ de figuras políticas a veces aparecen con una habilidad casi sobrenatural para meterse en negocios turbios. Pero debe ser coincidencia. Una mala alineación planetaria. Mercurio retrógrado mezclado con nepotismo y olor a billete fiscal. Y ahí aparecen siempre los mismos ingredientes: contactos, influencias, reuniones «casuales», créditos mágicos, contratos raros y un ejército de operadores güeones que hablan «en difícil» para intentar convencer al ciudadano común de que «robar elegante no es robar». ¡No, no y no!

Y estas joyitas aprovecharon toda la debilidad del sistema para engordar sus chequeras y actuar como si fueran dueños de un fundo. Pero son simplemente delincuentes de cuello y corbata, una panda de sinvergüenzas de mierda, como pasa en todos los países.

Porque al final el patrón de mierda nunca cambia demasiado: algunos güeones llegan al poder jurando servir al pueblo y terminan sirviéndose hasta los ceniceros. Hablan de justicia social mientras acomodan familiares, hablan de transparencia mientras hacen triangulaciones más enredadas que cableado de poste en población antigua, y hablan de ética con una soltura de raja que haría llorar de emoción a un actor de teleserie mexicana.

 

Lo más tragicómico de la güeá es que después aparecen los defensores fanáticos, esos agüeonaos que justifican todo: Que «la persecución política de la güeá», que «todos los güeones lo hacen», que «hay güeás más importantes». Claro, siempre hay güeás más importantes… hasta que el dinero desaparece, los municipios quedan hechos bolsa y los vecinos tienen que seguir viviendo entre hoyos, basura y proyectos fantasmas mientras algún iluminado se compraba regalos con plata ajena.

 

¿Han visto a Joaquín Lavín padre? Chuuu, está viejo y arruinado de caracho... puta y es lógico... tienes una nuera que era como piraña para gastar el dinero de los contribuyentes, y ahora se sube al carro del circo el cacho del hijo... con esa familia ¿Quién no va a envejecer chacal si te sacan canas verdes? 

El gallo —Lavín padre— ya tiene esa mirada clásica del viejo chileno derrotado por reuniones familiares. Esa mirada de güeón perseguido que probablemente escucha el ringtone del celular y siente taquicardia inmediata. Porque una güeá es perder elecciones, pero otra muy distinta es terminar protagonizando una teleserie judicial involuntaria gracias al talento del clan rapiñero para aparecer en carpetas investigativas. Y… al parecer, al viejo Lavín le puede llover sobre mojado… porque parte de los dineros que movió su retoño fueron a parar a la campaña del papá. Y seguramente ya lo están investigando full.

 

Y mientras tanto Chile sigue igual: emputecidos por una semana, haciendo memes por dos, y después avanzando lentamente hacia el próximo escándalo político de la temporada. Porque este país produce corrupción con una eficiencia impresionante. Cambian los nombres, cambian los partidos, cambian los discursos güeones… pero siempre aparece algún güeón iluminado creyendo que el Estado es una caja chica personal… o su Banco patrimonial.

¡Tää en täyttä skeidaa!

Y después se preguntan por qué rechucha la gente desconfía de la política. Güeón… si parece casting permanente de «Los Simuladores», pero versión cuma y financiada con impuestos.

¡Paren de gozar pirañas vittuperkeles!

¡Kaikki poliitikot voivat vittu!

 

Artículo escrito por: Olog-Krevalora.

Portada diseñada por: Vëthriön Asathørn. Creada con AI.

Edición final: Olog-Krevalora.