El gran problema de la política
chilena es que siempre promete una serie original… y termina entregando un
remake vittuperkele barato grabado con presupuesto de teleserie de las tres de
la tarde. Y lo del gobierno de José Antonio Kast empieza
peligrosamente a parecerse a esa güeá: una continuación espiritual del desastre
anterior, pero con otro color de corbata y con más gente diciendo «orden»
mientras todo está o sigue como la mierda.
Porque sí, muchos güeones —y aquí
hay que admitir la güeá, aunque duela— esperaban que este gobierno llegara con
una agenda de seguridad sólida, agresiva, clara, diseñada desde antes de
asumir... algo preparado, algo trabajado, algo que demostrara que pasaron años
criticando al gobierno merlucino de Gabriel Boric porque realmente tenían un
plan superior y no simplemente porque era fácil pegarle a un gobierno que
parecía administrado por alumnos en práctica de sociología experimental.
Pero no. Resultó que el famoso
«vamos a recuperar el orden» venía escrito con lápiz mina... y de esos baratos
que se borran solos.
La salida acelerada de Mara
«guru-guru» Sedini y el cambio de gabinete del martes 19 terminaron siendo una
especie de confesión pública involuntaria. Porque cuando un gobierno que llegó
vendiéndose como «duro (estilo Robocop)», «eficiente» y «preparado» entra en
crisis a los sesenta y tantos días… uno empieza a sospechar que quizás el
PowerPoint de campaña perkele era más robusto que el plan
real de gobierno.
Y aquí viene el dato que transforma
toda esta güeá en una mezcla entre comedia política y récord Guinness tropical:
A cachar: «Hasta hoy, el récord de
celeridad en una remoción ministerial lo ostentaba el primer gobierno de
Michelle Bachelet, quien realizó su primer ajuste a los cuatro meses de mandato
(aproximadamente 126 días). La decisión de Kast de intervenir su equipo a los
69 días reduce ese lapso significativamente, marcando una nueva tendencia en la
velocidad de respuesta ante situaciones de crisis».
Maravillosa la güeá.
Chile siempre innovando... no en
crecimiento, ni en tecnología, ni en educación, ni en productividad. Pero sí en
cambiar ministros a velocidad supersónica. Ya los güeones ni siquiera alcanzan
a aprender dónde queda el baño del ministerio cuando los están sacando por la
puerta trasera a patadas en el culo.
Y el tema de fondo no es solamente
el cambio de nombres. Porque cambiar a Mara Sedini por Claudio Alvarado no resuelve
automáticamente el problema central: la sensación de improvisación permanente,
esa improvisación que los gobiernos critican cuando están en la oposición… y
abrazan apenas pisan La Moneda, como si existiera un hongo tóxico en
las paredes del palacio presidencial que destruyera neuronas administrativas en
cuanto llegan.
Porque eso es lo preocupante del
güeveo... da la impresión de que no había un diseño serio preparado en
seguridad pública.
Kast saca a Trinidad Steinert —sale
otra figura que fue a dar la hora— y aparece Martín Arrau (exministro de Obras
Públicas), se reordenan cargos y deben «rediseñar» planes…
entonces surge una pregunta bastante incómoda de la güeá:
¿No se suponía que el plan ya
existía antes de asumir?
Porque uno entiende que gobernar es
difícil, pero aquí el discurso de campaña fue prácticamente una mezcla entre
Batman, Judge Dredd y un general romano entrando a pacificar provincias
rebeldes. El relato era que el país estaba desbordado y que ellos sí sabían
exactamente cómo arreglarlo. Entonces uno esperaba ver una nueva maquinaria
aceitada.... peeero apareció mister improvisación. Otra vez.
Improvisación.
Improvisación.
Improvisación.
La palabra favorita de la política
chilensis.
¿Saben qué...? el verdadero himno
nacional debería decir:
«♫ Puro Chile es tu cielo improvisado, puros versos te
cruzan también ♫» ...
Y lo más tragicómico de la güeá es
que muchos votantes de derecha precisamente querían escapar de la sensación
lúser de amateurismo del gobierno anterior. Querían distancia total de esa
estética del «vamos viendo», del «mesa de trabajo», del «diagnóstico», del «hay
que dialogar con los territorios», del «comité interministerial para analizar
la percepción ciudadana de la problemática» ... etc., etc. y etc. de--- la
güeá.
Porque mientras los políticos
analizan percepciones, al ciudadano común le roban el auto en violentos
portonazos, les roban los celulares a zarpazos o simplemente les disparan en
sus casas.
Pero ahora este nuevo gobierno
empieza a parecer una secuela extraña del mismo fenómeno. Como esas películas
malas donde cambian a los actores principales, pero mantienen el mismo
guionista agüeonao y sin neuronas incompetente.
«El Merluzo 2: Ahora es con
corbata».
Y ahí está el verdadero golpe
psicológico para parte del electorado de derecha: descubrir que ganar una
elección no convierte automáticamente a nadie en eficiente. Porque en campaña
todos son Churchill po' güeón... y en el poder muchos terminan siendo Homero
Simpson tratando de apagar incendios con una manguera conectada a una cafetera.
Y el asunto del biministro Claudio
Alvarado ya parece sacado directamente del «multiverso del ahorro fiscal». El
hombre será ministro del Interior y además vocero de gobierno. O sea, una
especie de Transformer político-administrativo del güeveo.
Próximamente quizá tengamos:
— Ministro de Hacienda y DJ oficial
de La Moneda.
— Ministro de Defensa y encargado
del clima.
— Ministro de Transportes y maestro
parrillero institucional.
— Subsecretario de Pesca y chamán
energético.
Porque total, si vamos a improvisar,
improvisemos con entusiasmo el payaseo de la güeá.
Y claro, algunos güeones dirán:
«Pero al menos reaccionaron rápido».
Sí. Correcto. También uno puede
reaccionar rápido cuando el Titanic ya chocó el iceberg. La velocidad no
siempre es eficiencia... a veces simplemente es pánico con corbata.
Y eso es lo que transmite este
ajuste de gabinete: nerviosismo, sensación de urgencia, sensación de que el
gobierno entendió demasiado rápido que la realidad no funciona igual que un
debate televisivo ni que un TikTok de campaña con música épica de fondo.
Porque gobernar no es hacer reels
mirando serio a la cámara mientras aparece una bandera flameando detrás.
Gobernar implica tener cuadros
preparados, equipos sólidos, planes concretos, capacidad técnica, capacidad
política... y sobre todo algo fundamental: anticipación.
Pero Chile parece condenado a este
eterno déjà vu político donde cada nuevo gobierno promete que «ahora sí» habrá profesionalismo… y
termina chocando contra el mismo muro de improvisación
administrativa de mierda que lleva décadas instalada en el Estado.
La diferencia es que antes el circo
maraco tenía menos iluminación LED y menos community managers.
Y mientras tanto, el ciudadano común
observa todo esto con la misma expresión de alguien que compró entradas para
una película de acción y terminó viendo una tragicomedia absurda donde todos
corren por los pasillos gritando «¡reestructuración!», «¡ajuste!», «¡comité!»,
«¡plan estratégico!» y «¡control de daños!».
Chile: el único país donde los
gobiernos cambian más rápido que las filas del gabinete ministerial.
¿Qué me dicen de toda esta güeá?
Ahí nos cachamos cabros.
CNN Chile.
Artículo de: Olog Krevalora.
Pequeñas correcciones: Vëthriön Asathørn.
Edición final: Vëthriön Asathørn.



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