viernes, 22 de mayo de 2026

Trollish News Sin Filtro [¡Cambio de Gabinete! 69 días y fuera]




El gran problema de la política chilena es que siempre promete una serie original y termina entregando un remake vittuperkele barato grabado con presupuesto de teleserie de las tres de la tarde. Y lo del gobierno de José Antonio Kast empieza peligrosamente a parecerse a esa güeá: una continuación espiritual del desastre anterior, pero con otro color de corbata y con más gente diciendo «orden» mientras todo está o sigue como la mierda.

Porque sí, muchos güeones —y aquí hay que admitir la güeá, aunque duela— esperaban que este gobierno llegara con una agenda de seguridad sólida, agresiva, clara, diseñada desde antes de asumir... algo preparado, algo trabajado, algo que demostrara que pasaron años criticando al gobierno merlucino de Gabriel Boric porque realmente tenían un plan superior y no simplemente porque era fácil pegarle a un gobierno que parecía administrado por alumnos en práctica de sociología experimental.

Pero no. Resultó que el famoso «vamos a recuperar el orden» venía escrito con lápiz mina... y de esos baratos que se borran solos.

 


La salida acelerada de Mara «guru-guru» Sedini y el cambio de gabinete del martes 19 terminaron siendo una especie de confesión pública involuntaria. Porque cuando un gobierno que llegó vendiéndose como «duro (estilo Robocop)», «eficiente» y «preparado» entra en crisis a los sesenta y tantos días uno empieza a sospechar que quizás el PowerPoint de campaña perkele era más robusto que el plan real de gobierno.

Y aquí viene el dato que transforma toda esta güeá en una mezcla entre comedia política y récord Guinness tropical:

A cachar: «Hasta hoy, el récord de celeridad en una remoción ministerial lo ostentaba el primer gobierno de Michelle Bachelet, quien realizó su primer ajuste a los cuatro meses de mandato (aproximadamente 126 días). La decisión de Kast de intervenir su equipo a los 69 días reduce ese lapso significativamente, marcando una nueva tendencia en la velocidad de respuesta ante situaciones de crisis».

Maravillosa la güeá.

Chile siempre innovando... no en crecimiento, ni en tecnología, ni en educación, ni en productividad. Pero sí en cambiar ministros a velocidad supersónica. Ya los güeones ni siquiera alcanzan a aprender dónde queda el baño del ministerio cuando los están sacando por la puerta trasera a patadas en el culo.

Y el tema de fondo no es solamente el cambio de nombres. Porque cambiar a Mara Sedini por Claudio Alvarado no resuelve automáticamente el problema central: la sensación de improvisación permanente, esa improvisación que los gobiernos critican cuando están en la oposición y abrazan apenas pisan La Moneda, como si existiera un hongo tóxico en las paredes del palacio presidencial que destruyera neuronas administrativas en cuanto llegan.

Porque eso es lo preocupante del güeveo... da la impresión de que no había un diseño serio preparado en seguridad pública.

Kast saca a Trinidad Steinert —sale otra figura que fue a dar la hora— y aparece Martín Arrau (exministro de Obras Públicas), se reordenan cargos y deben «rediseñar» planes entonces surge una pregunta bastante incómoda de la güeá:

¿No se suponía que el plan ya existía antes de asumir?

Porque uno entiende que gobernar es difícil, pero aquí el discurso de campaña fue prácticamente una mezcla entre Batman, Judge Dredd y un general romano entrando a pacificar provincias rebeldes. El relato era que el país estaba desbordado y que ellos sí sabían exactamente cómo arreglarlo. Entonces uno esperaba ver una nueva maquinaria aceitada.... peeero apareció mister improvisación. Otra vez.

 


Improvisación.

Improvisación.

Improvisación.

La palabra favorita de la política chilensis.

 

¿Saben qué...? el verdadero himno nacional debería decir:

« Puro Chile es tu cielo improvisado, puros versos te cruzan también » ...

 

Y lo más tragicómico de la güeá es que muchos votantes de derecha precisamente querían escapar de la sensación lúser de amateurismo del gobierno anterior. Querían distancia total de esa estética del «vamos viendo», del «mesa de trabajo», del «diagnóstico», del «hay que dialogar con los territorios», del «comité interministerial para analizar la percepción ciudadana de la problemática» ... etc., etc. y etc. de--- la güeá.

 

Porque mientras los políticos analizan percepciones, al ciudadano común le roban el auto en violentos portonazos, les roban los celulares a zarpazos o simplemente les disparan en sus casas.

Pero ahora este nuevo gobierno empieza a parecer una secuela extraña del mismo fenómeno. Como esas películas malas donde cambian a los actores principales, pero mantienen el mismo guionista agüeonao y sin neuronas incompetente.

 

«El Merluzo 2: Ahora es con corbata».

 

Y ahí está el verdadero golpe psicológico para parte del electorado de derecha: descubrir que ganar una elección no convierte automáticamente a nadie en eficiente. Porque en campaña todos son Churchill po' güeón... y en el poder muchos terminan siendo Homero Simpson tratando de apagar incendios con una manguera conectada a una cafetera.

Y el asunto del biministro Claudio Alvarado ya parece sacado directamente del «multiverso del ahorro fiscal». El hombre será ministro del Interior y además vocero de gobierno. O sea, una especie de Transformer político-administrativo del güeveo.

 

Próximamente quizá tengamos:

— Ministro de Hacienda y DJ oficial de La Moneda.

— Ministro de Defensa y encargado del clima.

— Ministro de Transportes y maestro parrillero institucional.

— Subsecretario de Pesca y chamán energético.

 

Porque total, si vamos a improvisar, improvisemos con entusiasmo el payaseo de la güeá.

Y claro, algunos güeones dirán: «Pero al menos reaccionaron rápido».

Sí. Correcto. También uno puede reaccionar rápido cuando el Titanic ya chocó el iceberg. La velocidad no siempre es eficiencia... a veces simplemente es pánico con corbata.

Y eso es lo que transmite este ajuste de gabinete: nerviosismo, sensación de urgencia, sensación de que el gobierno entendió demasiado rápido que la realidad no funciona igual que un debate televisivo ni que un TikTok de campaña con música épica de fondo.

Porque gobernar no es hacer reels mirando serio a la cámara mientras aparece una bandera flameando detrás.

 

Gobernar implica tener cuadros preparados, equipos sólidos, planes concretos, capacidad técnica, capacidad política... y sobre todo algo fundamental: anticipación.

 

Pero Chile parece condenado a este eterno déjà vu político donde cada nuevo gobierno promete que «ahora sí» habrá profesionalismo y termina chocando contra el mismo muro de improvisación administrativa de mierda que lleva décadas instalada en el Estado.

La diferencia es que antes el circo maraco tenía menos iluminación LED y menos community managers.

 

Y mientras tanto, el ciudadano común observa todo esto con la misma expresión de alguien que compró entradas para una película de acción y terminó viendo una tragicomedia absurda donde todos corren por los pasillos gritando «¡reestructuración!», «¡ajuste!», «¡comité!», «¡plan estratégico!» y «¡control de daños!».

 

Chile: el único país donde los gobiernos cambian más rápido que las filas del gabinete ministerial.

 

¿Qué me dicen de toda esta güeá?

 

Ahí nos cachamos cabros.




Fuentes:

CNN Chile.

Artículo de: Olog Krevalora.

Pequeñas correcciones: Vëthriön Asathørn.

Edición final: Vëthriön Asathørn.