“Soñé con un
cielo cubierto de cenizas… era el tiempo fantasma envejeciendo entre los crepúsculos…
como canas siniestras cayendo sobre la juventud forzada del hombre.
Ardían los
ecos del silencio, más allá de la comprensión…
Soñé como el
mar se tragaba las ciudades y con ella se iban también los gritos, la desesperación
y el miedo… calles barridas por la piel de Gea, la gente escapando entre
cuerpos sin vida… todo cayendo ante la mirada llena de lágrimas de hombres, mujeres
y niños.
Era la ley
cósmica juzgando la obcecación.
Era el don
de la naturaleza impartiendo su propia justicia.
En ese sueño
yo también huía… pero no escapaba de la justicia… sobrevivía.
Soñé de
nuevo con la oscuridad y la calma, con la vorágine del caos. Ahí… en ese sueño
era feliz…
… y mi
felicidad astral es otra utopía arrancada de la niebla que me cubre.
Soñé con
iglesias abandonadas, catedrales mudas… y gritos lejanos… ¡Tan lejanos!
Calles
destrozadas, nubes negras comiéndose los cielos y las estrellas…
... mi único refugio
es mi colina… hace mucho tiempo estuve bajo el hechizo de lo ya visto.
Calles
pendulares masacrando las voces, la tierra abierta para devorar las mascaradas…
sangre ardiente vomitada desde abajo.
… más allá
de ese sueño una pesadilla… nada está más unido cuando está más separado…”
“Y palabras
de Sofía que vuelan desde una lejana isla sin tiempo.
… hay nueve
uvas en la viña, nueve uvas de asombro bajo la mirada centenaria de una virgen.
… y la
tierra bendecida con el cetro de ella estará protegida por un tiempo mientras
todo cae… valles de cristal, alamedas de sal y esperanzas de pobre.
La iglesia
de los gritos colapsada por la incertidumbre.
Caín y Abel
en guerra de cables.
… hay
catorce hojas de carrizo aguardando otra señal, primavera austral en celo bajo
el colmillo del invierno atacando.
El paso del
viejo se arrastra en misterio con la tonada fúnebre en los hombros de Atlas.
Peso muerto
desatado, la caja de Pandora abierta, ciegos que ven, luces y tinieblas observando
el gran reloj”
Cada día es
un vía crucis… no vemos sino lo que se nos permite ver.
Quiero irme
lejos de lo mundano y no ver los semblantes de aquellos se susurran como aleteos
enfermos de insectos.
No quiero
ver la mirada de los falsos, ni las risas que a duras penas logran desencajar de
sus cuencas vacías.
Quiero algo
de tranquilidad espiritual.
Cada día es
una tormenta lenta que nos cubre de arenas lejanas - que como óperas sin acabar
- nos duermen en los palcos de un teatro vacuo y lleno de oscuridad.
¡Quiero
trascender! ¡Quiero trascender!...
Deseo viajar
entre las aguas hacia lo desconocido… para sanar mi alma y para sanar mi cuerpo…
quiero un viaje hacia lo profundo, allí donde entre paredes duras se aparecen los
guías y maestros.
Quiero
recordar, quiero romper el velo. Isis debe bendecirme para escapar de mis sombras…
entre espacios y Branas, entre muros eternos… alargando mi hilo de plata hacia
el infinito.
El sueño o
pesadilla que hemos elegido vivir desaparecen mientras escribo… puedo verlo
todo desde aquí…
¡Que se
abran las fauces del destino!...
¡Que me
acepten los maestros del saber!...
¡Quiero
detener mi tiempo fantasma para no retroceder!
¡Quiero
caminar en el vórtice de lo ya concedido!
¡Isis, rompe
mi velo, concédeme mi texto akásico para mi beneficio!
Quiero mi abandono total, quiero mi punto cero… para auto crearme de lo mínimo a lo Absoluto.
"... y la destrucción solo puede ser un comienzo..."