En el último tiempo la inspiración y el alma de Windireich Magazín
han brotado como nuestra hermosa naturaleza.
Este blog es hijo del rigor… del sacrificio, del compromiso que
tengo con las letras, con la región, con la raza vikingo-celta del sur del
mundo… y también con aquellos que me leen y que me han seguido en este largo,
agotador y pletórico viaje que comenzó hace muchísimos años.
Recuerdo que fue en un invierno, en aquellos días cuando con
algunos del K3 (Aclaración para aquellos que leen por primera vez: El K3 no
es un nombre de pandilla, es un nombre ligado a nuestra pasión del alma… los
bosques y la naturaleza, era el Korpiklaanis Kulten) nos reuníamos en las
helada tardes y noches para conversar de la vida, del amor, del dolor, de la
muerte, de las decepciones, de los sueños y de todas esas inquietudes que
vienen con el crecimiento, con los cuestionamientos a la familia, al entorno y
al “abandono”.
Windireich ha evolucionado para enseñar y compartir lo que existe
en las sombras de una ciudad que agoniza en un ambiente lleno de prostitución y
maldad, en esos espacios secretos donde el más leve resplandor de un átomo
desentraña sus misterios, esos rincones donde el pecado de la luz o donde los
defectos de la misma son irreconocibles, donde no hay diferencias, donde cesan
las disputas, donde el saber descansa en su eterno ritmo de perfección.
Los cambios son siempre buenos cuando su nobleza viene siendo el
fin último.
Los cambios siempre tienen dos formas… una de ellas es creadora y
la otra es caótica.
Winston Churchill dijo una vez que cambiar es siempre bueno y que
solo los estúpidos no cambian… y eso es cierto. Un compromiso ineludible
con la verdad está ligado al cambio… y cambiar se asocia a los estados
evolutivos.
La sociedad crepuscular y sus constantes contradicciones, con su
entropía absurda, con su vastedad de torpeza e ignorancia intenta hacerles
creer que todo lo bueno es lo que precisamente los lleva (a ustedes)
a la involución.
El pasado es algo venerable - nos dicen y nos enseñan - pero ese
pasado es tomado casi quirúrgicamente porque… “la verdad” es un puñado de
hechos manipulados para mantenernos en una caja de Pandora y cuya inscripción
dice: "Los vencedores tienen siempre la absoluta verdad"… y “ellos”
son los vencedores.
Este mundo es un planeta que desconozco. Es una Tierra diferente.
Sus paisajes más hermosos y protegidos siguen siendo de acero y
cemento.
La naturaleza es un oprobio a la vista.
Los malvados son “víctimas” de una sociedad y nunca son
responsables de causar tanto mal.
Como ven... nada cambia y al mismo tiempo todo cambia… para mal.
…Y solo los estúpidos no quieren cambiar.
Esta es la maravillosa sociedad en la que viven… y en la que se
mueven.
No hay ya alimento para los espíritus del bosque ni para sus
protectores.
Todo es una carrera y sabemos quiénes son los que siempre ganan…
los perdedores.
Todo se puede cambiar pero con fortaleza, constancia,
determinación absoluta, con coraje… la naturaleza nos lo enseña cuando se
produce un incendio… después de un tiempo se renueva y vuelven a crecer las
malezas, brotan nuevos árboles y crece nuevo pasto… no se encierra a llorar su
desgracia, no se cuestiona el dolor ni lo que pierde… recuerden que muchas
veces para ganar hay que perder y de eso se trata evolucionar.
La guerra extermina a millones pero renueva la especie… no está
permitido en la naturaleza consumir sin pagar el precio… por eso hay tanto
tornado o tanta catástrofe, la madre naturaleza es inmisericorde, es sabia…
sabiduría natural de la que carece el hombre.
En la vida particular y solo a aquellos que tienen “fortaleza de
alma” les sucede que perder algo les da ganancia… en experiencia… de eso
estamos hechos, de perder y ganar, de crecer probando nuevas fórmulas… de eso
se trata la vida, de crecer, de aprender, de evolucionar.
Podemos hacer más… se puede hacer más… este simple blog busca eso…
porque no le temo a los límites, porque no existen fronteras, porque la
eternidad es una aventura a la que no le tengo miedo,... la grandiosidad crea
nuevos mundos y la fuerza de un alma plena carece de miedos y de contención… y
cierto es lo que dijo Heráclito: “El alma no tiene límites”… y esa es una gran
y real verdad.
“En este hermoso silencio que nos ampara… viajemos juntos - en
este espacio lleno de letras y donde el vacío es oscuro pero lleno de luz -
viajemos hacia la reflexión”
“UN INFIERNO LLAMADO CONCIENCIA”
No es extraño que cuando un ser humano pierde algo valioso o
importante que tuvo en su vida… quiera recuperarlo, sin antes cuestionarse o
reflexionar sobre las causas que lo llevaron a perder “eso” tan precioso e
impagable que tuvo a su lado por un tiempo, pero alejado de su visión interna.
La conciencia es “esa” parte desconocida e inubicable que yace en
nuestro interior, y que cada cierto tiempo nos agita hasta dejarnos perplejos,
desmoralizados y obligándonos a cuestionar cada paso que damos desde ese
momento en adelante.
Es un pequeño suplicio, un gran maestro espiritual y mental que
nos obliga, como un padre, a auto inspeccionarnos, para que reparemos, si es
posible, los terribles errores que se cometen por la falta de prudencia que
muchas veces nos imposibilita de elegir bien nuestros pasos o toma de
decisiones.
La conciencia nos ayuda a determinar los parámetros del bien y del
mal, enaltece, en gran medida, los valores que tengamos hasta ese momento
crucial de nuestras vidas, para elevar las causas nobles, para guiarnos, para
hacernos comprender el por qué no debemos consumar errores fatales en la toma
de decisiones importantes para nuestra vida, para discernir los rumbos a seguir
en este despavimentado sendero llamado vida, donde tenemos que interactuar con
otros seres, mejores o peores que nosotros y que influyen - queramos aceptarlo
o no - en lo que determinamos en un tiempo particular, en un segundo crucial.
Perder, a veces es… ganar.
Ganamos experiencia, aprendemos de nuestros errores… y le damos el
valor razonable a las cosas justas.
Perder, a veces… nos paraliza una parte de lo bueno que nos
queda.
Perder algo valioso por una estupidez nos demuestra la
vulnerabilidad de nuestro “yo” ante nuestro propio ego siniestro.
Perder algo importante por la ineficiente búsqueda de cosas
superfluas nos deja al acecho de los espíritus de baja condición, abandonados
en un sepulcro enmascarado de alegrías pasajeras.
Ganamos cuando cuidamos lo que realmente queremos, cuando
protegemos lo que obtuvimos con esmero, sea esto un amigo, una amiga, una
esposa, un valor positivo o una causa. Una frase dice que “El éxito no está en
alcanzar un logro o un objetivo, el verdadero éxito es cuando mantienes lo que
ya posees”.
Siempre los humanos se olvidan de las cosas que tienen, se olvidan
de lo que les costó alcanzar “eso” inapreciable que buscaron en esta agotadora
carrera que eligieron.
¿Por qué encontrarle un valor a la vida cuando ya estás agonizando
en tu cama?
¿Por qué un amigo es más valioso cuando peleas con él por una
tontera que termina por distanciarlos para siempre?
¿Por qué una causa es más noble y adquiere sentido cuando te das
cuenta de lo solo que te sientes? Las causas no tienen un fin lógico si luchas
en la soledad.
¿Vale la pena, pueblo mío, arriesgar lo que amamos tanto... por
orgullo, por miopía existencial?
¿Cuándo fue la última vez que les dijiste: “Gracias por todo” a
tus viejos?
Nada de lo positivo y que obtuvimos de la vida vale la pena
perderlo por descuido… todo lo bueno se debe cultivar, proteger… “protegerlo
con dientes y muelas”… al fin y al cabo, señores… es la única batalla noble que
debemos ganar… todo lo demás se alcanza por añadidura.
Por otro lado ¿Existe algo que realmente valga la pena en este
mundo? …creo que no. El mundo es una miseria y nosotros los miserables.
Las puertas al reino de Hela ya están abiertas… ¿Quieres ingresar
a tu conciencia?
Entonces… eres bienvenido y recuerda:
“Perder… la mayoría de las veces… no es ganar”