viernes, 15 de diciembre de 2017

E.M.D.A. - Héroes y Villanos


EL OSCURO MUNDO DE LOS HÉROES Y VILLANOS: 
La Eterna lucha de nuestra conciencia



¿Qué puede motivar a un héroe o a un villano a tomar por derecho propio el rol de proteger o destruir?
Lo que motiva a los villanos a ser perversos siempre es lo mismo: codicia, dolor causado por la sociedad, la familia o la muerte de alguien amado o amada, injusticia celestial o terrestre, traumas, ambición de un poder negado, envidia, angustia reprimida, psicosis leve, sociopatía asociada siempre al pasado familiar, etc.
Son los mismos motivos que mueven al mundo, los que usan los gobernantes de los países en conflictos para desatar una guerra, ya sea por territorios, por religión o por diferencias étnicas, por lo tanto, el mal no es sino el reflejo de lo que subyace bajo la corteza humana y sublimada por un ser que desea evocar esos sentimientos y emociones frustradas para convertirlas en un arma letal de “justicia”, sin importar quién caiga ni quién muera en esta búsqueda de satisfacción enferma o compensación por el dolor que tiene arraigado en su corazón.


Los malos de los comics nunca temen ser destruidos, al contrario, son como los sado-masoquistas, les gusta infligirse dolor y hacer daño a los demás, provocando consternación y caos, porque los culpables de lo que ellos son o en lo que se transformaron es el medio en el que se desenvolvieron.
Culpables son todos y pagan justos por pecadores.

Los villanos usan a los perversos para sus planes y los ciudadanos honrados se transforman en víctimas de la anarquía que provocan gracias a sus macabros planes.

La violencia es la exaltación de las sombras del inconsciente, ese mundo de tinieblas que todos poseen y que por alguna razón secreta no se manifiesta en extremo ni tan diabólicamente como le sucede a los individuos (En los comics) que luego se transforman en los malvados, sin ellos, los héroes no se revelan.
En esa lucha intensa y violenta se busca el balance de una realidad angustiosa, llena de miedos invisibles basados en la locura de todas las sociedades, sin distingo de razas ni creencias.

Los villanos dejan el mundo en silencio, ya no hay guerras que detener, nada más existe, todo se interrumpe para contemplar la contienda de ambos bandos, el bueno contra el malo, Dios contra el Demonio, la razón contra la locura, una guerra externa, manifestación sublime de nuestros pecados, de nuestro inconsciente hecho carne.
El lema o bandera de lucha tiberiana de los “malos” del comics es: “Después de mí, que el fuego haga desaparecer la Tierra”. 
 

Los héroes, en cambio, buscan redimirse de sus propios fantasmas, no hay ninguno que no tenga un pasado tormentoso, a veces, la diferencia entre los buenos y los malos la determina la nobleza, la esperanza o la protección a los seres amados.

El chico bueno es un inadaptado, un niño receloso de su espacio, silencioso, acomplejado, triste o abandonado… o un niño rico con traumas, que encuentra tras una máscara o en un ideal la redención de sus propios demonios.

Distinguir la diferencia entre el corazón de un villano y un héroe muchas veces es difícil, porque se parecen, tanto en las formas como en el fondo.

¿Entonces qué mueve a un “desesperanzado” con poderes a elegir entre lo bueno y lo malo?
... el amor a la humanidad sería una respuesta bastante apropiada… establecer como ideal un nuevo modelo de justicia y ayudar a construir un mejor mundo donde vivir.

Casi siempre los “buenos” son sujetos incapaces de transmitir sus sentimientos y emociones, son solitarios que encuentran su catarsis humana, espiritual y sicológica, en la lucha cuerpo a cuerpo con su propio tormento… representado por el villano.

El “justiciero” la gran mayoría de las veces utiliza métodos extremos y violentos, ajenos a toda racionalidad para castigar al “perverso”, en esta lucha todo vale, incluso torturar, si es preciso y necesario, al malo.

Otras veces los héroes en los comics no utilizan capas ni máscaras ni poseen grandes poderes, son tan solo hombres que se encuentran en mundos caóticos donde la muerte, la desolación, la hambruna o el mal terminan transformándose en el villano de turno… zombies, pestes e invasores de otros mundos sacan a relucir lo bueno o lo perverso del ser humano común y corriente y ahí, en medio de ese caos sorpresivo, sin causas aparentes y otras veces desconocidas, se alzan ciertos hombres, que podrían ser confundidos con héroes y son ellos, quienes guían, protegen y consuelan a aquellos desafortunados hombres y mujeres urbanos que “perdidos y choqueados” ante un escenario espeluznante.... no saben qué hacer ni adonde ir.


 (Rick Grimes de The Walking Dead)

Estos “seres” humanos, al igual que los héroes que conocemos, son tipos fríos, desesperanzados, silenciosos y con un pasado oscuro que arrastran como una cruz en esta aparente realidad sacudida por elementos extraordinarios sacados del umbral de lo abstracto.
El poder de estos hombres “buenos” radica precisamente en que no tienen nada que perder porque el mundo o la sociedad les arrebató lo único que tenían… la fe, la esperanza… sin estos elementos pueden manejarse perfectamente en un mundo nuevo marcado por el bestialismo y donde su única dependencia sicológica la encuentran en lo más primitivo de su naturaleza humana… la supervivencia.

El mayor poder de un héroe encontrado al azar radica en su comprensión profunda de lo que lo rodea y él nunca cuestiona esta obra de oscuridad, tal vez sea porque ve en ella la curación espiritual para la erradicación final de sus demonios internos.

Este macabro mundo es un viaje hacia los niveles finales de la conciencia.

El lema o bandera de lucha del Héroe es casi siempre: “El fin justifica los medios”, algo, que al contrario de una crítica de quién escribe, es valedero, porque para luchar contra el demonio y pretender ganarle se deben usar las armas y artimañas del mismo diablo… solo el mal puede destruir al mal.

La batalla entre héroes y villanos es la representación de la lucha interna que tienen los humanos, elegir entre lo bueno o lo malo, lo correcto o lo incorrecto, y donde casi siempre el raciocinio- o simplemente el miedo a pagar las consecuencias por los actos - termina obligando a cualquiera a pensar bien lo que desea hacer de su vida.

Los comics nos regalan eso, el mundo de la niñez y su transición violenta a la adultez, un ejemplo metafórico y oscuro donde está representado nuestro organismo…las hormonas sacudiendo el cuerpo y la mente, para que al final seamos los vencedores de monstruos… de nuestros monstruos… de nuestra profunda psiquis llena de relámpagos y tormentas intentado adaptarnos en un mundo que nos asusta y nos seduce, y que tratamos de comprender.

La Luz y las Tinieblas, personificados por seres humanos que buscan el bien o el mal… decisiones complejas y difíciles, muerte, dolor… angustia por encontrar el equilibrio en una sociedad desbalanceada por las injusticias de la ley… ese es el mundo de las historietas y sus personajes.

Al fin y al cabo somos conciencia, el reflejo mínimo de una mente maestra y eterna que intentamos comprender… somos una expresión de algo que poseemos, algo grande e incomprensible que nos ayuda a decidir si somos, en este mundo de contrastes, de luces, abstracciones y sombras… HÉROES O VILLANOS.