EL
IMPERIO CONTRAATACA
(Pero
en modo teleserie)
PRÓLOGO:
EL
ARTE DE VENIR A EXPLICARLE A UN PAÍS DÓNDE QUEDA SU PROPIO TERRITORIO
Hay diplomáticos que pasan a la
historia por su fineza, por su capacidad de tender puentes, por esa virtud casi
olímpica de decir muchas güeás y sin molestar a nadie. Y hay otros güeones —los
más divertidos y payasos— que pasan a la historia por llegar a un país soberano
y explicarle, con una sonrisa de vendedor de seguros, que la integridad
territorial del susodicho país depende, en el fondo, de la buena voluntad de
Washington.
Y parece, que el embajador de
Estados Unidos en Chile, Brandon Judd, ha decidido jubilar la sutileza y optar
por un enfoque mucho más refrescante: el del cobrador de pensiones o el matón
de barrio que te ofrece «protección» a cambio de que no te metas en sus
negocios. Brandon Judd es un güeón que ha decidido convertir su estadía en
nuestro terruño en una suerte de teleserie de trasnoche, con capítulos
semanales, momentos de máxima tensión / finales en suspenso incluidos y una
capacidad asombrosa para meterse donde no lo llaman.
CAPÍTULO
1:
«SI
QUIEREN… ENTONCES TENDRÁN QUE…»
El episodio que nos convoca ocurrió
durante el evento por el Día del Comercio Global, donde el embajador, con la
solemnidad de quien anuncia una revelación bíblica, soltó la frase que desató
el incendio:
«Siempre vamos a
ser muy firmes con la soberanía (de Chile) porque tenemos una relación que va
más allá de lo comercial. Y si queremos que esa relación continúe, si quieren
los recursos que tenemos para combatir el crimen organizado, si quieren un país
que ayude a proteger su derecho en el Estrecho de Magallanes, si quieren todas
esas cosas, entonces van a tener que trabajar con nosotros en las cosas que son
importantes para nosotros también».
Leamos con calma este rebuzno,
porque tiene una estructura que merece análisis estilo trollish... es un «si quieren… entonces tendrán que…», o sea, la gramática básica de
cualquier ultimátum educado. El güeón no dijo «ustedes son soberanos», dijo
cara de raja: «si quieren que ayudemos
a proteger su derecho, entonces colaboren con nosotros».
Una perla de sabiduría geopolítica
que nos dejó a todos con la trompa abierta y en un despliegue de generosidad
imperialista que ya quisiera el mismísimo Marco Polo. El diplomático sugirió que,
si Chile desea que Estados Unidos ayude a proteger sus derechos sobre el
Estrecho de Magallanes, el país debería, básicamente, portarse bien y trabajar
en las materias que son «importantes» para Washington. Güeón, casi puedo
escuchar la música de fondo de una película de mafiosos de los años 50.
—«Mira, cabrito,
yo te ayudo a que no te roben la bicicleta, pero tú me ayudas a mover estas
cajas de contrabando por el muelle. ¿Trato hecho?».
La pregunta lógica del ciudadano que
anda a pata es:
Y si no colaboramos, ¿Qué güeá pasa?
¿Desaparece el Estrecho del mapa?
¿Se hunde en el océano Pacífico?
¿Lo devolvemos a quien lo pida?
¿Qué se cree ese güeón pelón con
cara de manfinflero y la administración de Trump?
¿Acaso esa panda de güeones consideran
que la soberanía chilena es un servicio de suscripción mensual que se puede
cancelar si no renovamos el contrato de obediencia?
¿Estamos hablando de un tratado
internacional o de una transacción de intercambio de láminas de álbum
mundialero?
¡Que paren de gozar! Porque hasta
donde este humilde periodista troll entiende, el Estrecho de Magallanes está
ahí desde antes que Estados Unidos existiera como país, desde antes que Trump aprendiera
a limpiarse el culo o existiera como meme, y desde antes que cualquier
embajador «hociconeta» de turno descubriera que le gustan las teleseries.
El Estrecho de Magallanes pertenece
a Chile, no a un catálogo de favores conyugales. ¿Estamos o no estamos gringos ‘vittuperkeles’?
CAPÍTULO
2:
EL
CANCILLER RESPONDE Y EL SENADO TAMBIÉN
La respuesta del canciller Francisco
Pérez Mackenna fue, francamente, de manual:
«El Estrecho de
Magallanes fue, es y será siempre chileno. Lo segundo, es que nosotros podemos
defender nuestra soberanía por nosotros mismos, no necesitamos el apoyo de
nadie para defender nuestra soberanía, así lo hemos venido haciendo por 200 años».
Traducción simultánea y leyendo
entrelíneas:
«Gracias por el
interés, gringo hocicón de mierda, pero la casa la cuidamos nosotros».
El Senado, además, emitió una
declaración reafirmando que la soberanía chilena «no está en discusión ni depende del respaldo, apoyo o
reconocimiento de ninguna nación extranjera».
O sea, hasta el poder legislativo, ese lugar donde habitualmente se pelean por
cualquier güeá, se puso de acuerdo en algo... la casa es nuestra, punto. Se
acabó la güeá y que Judd nos bese el culo.
CAPÍTULO
3:
«ESTE
DRAMA ESTÁ SIENDO TERGIVERSADO»
(O el
arte de decir «no dije lo que dije»)
Ante el revuelo, el embajador salió
a aclarar, y lo hizo con la frase más memorable —y más surrealista— de todo este
episodio:
«Disfruto de una
buena teleserie tal como cualquier persona, pero este drama está siendo
tergiversado».
Vamos por partes, porque esta frase
merece una tesis doctoral:
—Primero, el embajador admite que le
gusta la teleserie. Bien por él, es un dato humano, cercano, casi de vieja que
teje chalecos de lana en su casa, pero quien soy yo para juzgar.
—Segundo, califica de «drama» el
efecto de sus propias declaraciones.
—Tercero, y aquí está lo bueno,
sostiene que sus palabras fueron «claramente sacadas de contexto» y que «en
ningún momento condicioné la soberanía de Chile».
Entonces, resumamos el güeveo:
El güeón dijo que Chile debía «trabajar con nosotros en las cosas
que son importantes para nosotros» si
quería el apoyo gringo, luego dijo que no condicionó nada y calificó de «drama tergiversado» la reacción que sus propias palabras provocaron, es
decir, en la lógica del cabeza de tula de Judd: «yo dije X, ustedes entendieron X,
pero en realidad quise decir Y, y la culpa es de ustedes por entender X cuando
yo decía X».
Repasemos la güeá: Lo más chistoso
—si es que podemos reírnos mientras nos amenazan crudamente— es la implicación
detrás de sus palabras. El subtexto de la güeá es tan brillante que casi deslumbra:
«Si no aceptan
ser la perra fiel de la Casa Blanca, quizás cuando Argentina decida que
Magallanes se ve muy bonito en su mapa, nosotros decidamos que mirar hacia otro
lado es la postura más diplomática posible». O
peor aún, ¿estará Washington considerando apoyar una «reorganización
territorial» si Chile se atreve a tener una opinión propia sobre sus intereses?
Volviendo al embajador Judd... hay
que reconocerle al pelao cabeza de la callampa, una cualidad: el güeón tiene
buen sentido del humor. «Disfruto
de una buena teleserie» es, objetivamente,
una declaración más sincera y más relajada que todo lo que había dicho antes.
Quizás el problema de ese ‘pelao cabeza de sandía’ no es que sea un mal
embajador, sino que le toca un papel en una teleserie que él mismo no eligió.
CAPÍTULO
4:
EL
EXPEDIENTE JUDD, EDICIÓN ESTALLIDO SOCIAL
No obstante cabros, para ser justos
y no caer en la calumnia total, debemos reconocer que Brandon Judd —cabeza de
globo ‘aka-huora— no siempre es un delirante del imperialismo.
Porque este no es el primer
episodio... recuerden que hace unos meses, el señor Judd ya había dado de qué
hablar cuando afirmó que la inteligencia estadounidense indicaba que el
estallido social de 2019 «provenía de grupos de izquierda». La Cancillería lo
convocó al día siguiente para pedirle los antecedentes, y el hombre, tras la
reunión, tuvo que reconocer que los famosos informes no eran una investigación
propia de Estados Unidos en Chile, o sea, el embajador llegó con un dato, se lo
pidieron, y el dato resultó ser más bien un rumor con fecha de vencimiento.
Es casi poético que la única vez que
el embajador dijo algo coherente fuera al señalar el caos y el incendio
provocado por la izquierda, quienes usan cualquier excusa para convertir el
país en un escenario de guerra urbana.
Acá el usuario que escribe
—ciudadano troll magallánico— pregunta honestamente:
¿Fue esa la única declaración cuerda
que ha dicho? Porque hay que admitirlo: en el fondo, muchos en Chile piensan
que el estallido tuvo un componente de agitación organizada desde ciertos
sectores. Que los gringos tuvieran «informes» suena a espaldarazo. El problema
es que cuando te piden los papeles, resulta que los informes eran más un
sentimiento que un documento. Es como decirle a tu polola «tengo pruebas de que
me quieres» y cuando te las pide, mostrarle una selfi.
CAPÍTULO
5:
LA
PREGUNTA INCÓMODA SOBRE ARGENTINA
(Y el
fantasma de valverde)
Y acá llegamos al punto realmente
jugoso, que yo planteo con toda razón: si mañana Argentina decide que el
Estrecho también le queda bonito, ¿los gringos van a permitir la invasión? ¿O
van a apoyar al que acepte ser socio estratégico?
Contexto indispensable: a
finales de agosto, Chile ya había enviado una nota de protesta a Argentina
porque el jefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea Argentina, Gustavo Javier
Valverde, incluyó el Estrecho dentro de «zonas bajo soberanía argentina». O
sea, los argentinos también le echaron el ojo al pasito marítimo, y el
embajador gringo, en lugar de calmar las aguas, las agitó con su «si quieren… entonces tendrán que…».
Entonces el ciudadano magallánico —humano
y troll— se pregunta, con toda legitimidad:
1. ¿Esos ‘vittuperkeles’ nos están
amenazando de forma sutil y educada?
2. ¿Nos están aplicando un quid pro
quo de manual?
3. ¿Si no nos portamos bien con
Washington, el apoyo a la soberanía se convierte en un: «Ah, sí, qué bonito el Estrecho, ¿suerte
con Argentina»?
4. ¿Los gringos van a apoyar a
Argentina si nosotros no aceptamos ser su socio estratégico de turno?
CAPÍTULO
6:
EL
PATRÓN JUDD, O CÓMO INSTALAR UN TEMA SIN PAGAR EL PRECIO
Seamos honestos con la güeaíta, acá
hay un método, no es improvisación, es coreografía. El embajador lanza una
declaración con carga política —«trabajen
con nosotros o no hay apoyo»—, deja
que el ecosistema nacional se encienda, y después, cuando el canciller y el
Senado ya gastaron tinta y micrófonos, sale con que «el drama está tergiversado» y que «nunca
condicioné nada».
Es el equivalente diplomático de
tirar una piedra al agua, ver las ondas, y luego declarar que uno no tiró
ninguna piedra, que el agua se movió sola... y lo más elegante del truco ‘perkele’
es que el tema ya quedó instalado. La próxima vez que se hable del Estrecho,
del crimen organizado o del estallido, la referencia a «lo que dijo el
embajador gringo» estará ahí, flotando, aunque el embajador ya haya aclarado
que en realidad no dijo eso.
CAPÍTULO
7 - RESUMIENDO:
¿QUÉ
SE CREE ESTE YANQUI Y EL GOBIERNO IMPERIALISTA DE TRUMP?
Volvamos a las preguntas del
ciudadano magallánico, que son las preguntas de todos:
¿Nos amenazan? Formalmente no,
porque no hay portaaviones frente a Punta Arenas (aún), pero funcionalmente
sí... hay un condicionamiento implícito. «Si quieren X, trabajen en Y».
Eso es un intercambio, no una amenaza. El problema de la güeá es que se presenta
como generosidad cuando en realidad es un precio.
¿Nos exigen un quid pro quo? Sí, y
de manual po’ güeón. El apoyo a la soberanía chilena sobre el Estrecho deja de
ser un reconocimiento de derecho y pasa a ser un activo negociable. Chile tiene
razón jurídica, histórica y geográfica. Pero en la lógica mafiosa Trump-Washington,
la razón sin contrapartida no cotiza ni una güeá.
¿Qué mierda se creen? Se creen el
imperio que son. Y tienen con qué creérselo: dólares, portaaviones,
inteligencia, y la costumbre güeona de que el resto del continente les preste
atención. Lo que molesta de esta güeá no es que sean poderosos esos ‘aka-huoras
—eso es un dato—, es que vengan a explicarnos nuestra propia casa como si
fuéramos inquilinos con contrato por vencer. Nooo, que corten el güeveo.
¿Significa que, si Argentina invade,
los gringos lo permiten? Nadie va a invadir nada, pero la pregunta de fondo es
válida: ¿el apoyo gringo es incondicional o depende de nuestro comportamiento?
Si depende, entonces no es apoyo, es arriendo. Y Chile no arrienda su
territorio a nadie, a ningún bastardo imperialista.
CAPÍTULO
8:
«TENEMOS
UN EJÉRCITO PREPARADO PARA TODO»
Acá el ciudadano magallánico hace
una defensa que merece respeto, aunque suene a grito de cancha... Chile tiene
fuerzas armadas profesionales, disuasivas, y una tradición de defensa de la
soberanía que no depende de nadie. Pero algo es cierto... no somos potencia,
pero tampoco somos un protectorado, y el Estrecho no es un canal de Panamá con
administración compartida... es territorio chileno, aguas interiores y mar
territorial, con régimen propio desde 1881 y consolidado después, ¿Cachai?
Que un embajador con cabeza de culo
de chancho recuerde que existe no está mal. Que un embajador sugiera que sin él
no existiría, eso ya es otra güeá.
EPÍLOGO:
LA
TELESERIE CONTINÚA (Y EL RATING SUBE)
Al final, el episodio deja tres
conclusiones:
1. Chile tiene razón y no necesita
permiso para decir que el Estrecho es suyo. El canciller y el Senado lo dijeron
con claridad.
2. El embajador tiene estilo, aunque
su estilo consista en encender fuegos y luego explicar que el fuego es una
interpretación. Lo de la teleserie fue, involuntariamente, la mejor metáfora de
su propia gestión.
3. El patrón se repite: declaración
incendiaria → respuesta institucional chilena →
aclaración de que «no dije eso» → tema
instalado. Es un ciclo güeón que conviene tener identificado, para no gastar pólvora
cada vez que el guion se repita.
Sobre el estallido y los «informes»
gringos, queda otra pregunta honesta:
¿Fue la única declaración juiciosa?
Posiblemente no, pero fue la única donde el embajador tuvo que ir a la
Cancillería a explicar que los papeles no eran papeles. En un mundo ideal, un
embajador ‘perkele’ debería llegar con documentos, no con intuiciones güeonas.
En el mundo real, al menos llegó con una frase buena: «disfruto de una buena
teleserie». Lástima que la teleserie la estamos pagando nosotros.
Para finalizar, agradecemos
profundamente la «generosa» oferta de protección del señor Judd... nos hace
sentir muy queridos, casi como mascotas premiadas. Pero que quede claro: Chile
no busca tutores, ni necesita guardaespaldas que cobren el favor en moneda de
sumisión, si el señor embajador «cabeza de melón» desea seguir «dando jugo»,
sugerimos que lo haga lejos de nuestros mapas y muy lejos de nuestra dignidad
nacional.
Al final del día, el Estrecho de
Magallanes seguirá siendo chileno, con o sin el permiso de quienes creen que el
mundo es su patio trasero.
¿Y un sms para Brandon Judd? ¡Obvio! ¡Painu hiiteen!
Escrito por: Olog Krevalora.
Portada diseñada por: Olog Krevalora. Creada con AITroll.
Edición final: Olog Krevalora.



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