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sábado, 10 de octubre de 2026

Crónicas del Fracaso Útil [The Empire Strikes Back - Soap Opera Mode]




EL IMPERIO CONTRAATACA

(Pero en modo teleserie)

 

PRÓLOGO:

EL ARTE DE VENIR A EXPLICARLE A UN PAÍS DÓNDE QUEDA SU PROPIO TERRITORIO

Hay diplomáticos que pasan a la historia por su fineza, por su capacidad de tender puentes, por esa virtud casi olímpica de decir muchas güeás y sin molestar a nadie. Y hay otros güeones —los más divertidos y payasos— que pasan a la historia por llegar a un país soberano y explicarle, con una sonrisa de vendedor de seguros, que la integridad territorial del susodicho país depende, en el fondo, de la buena voluntad de Washington.

Y parece, que el embajador de Estados Unidos en Chile, Brandon Judd, ha decidido jubilar la sutileza y optar por un enfoque mucho más refrescante: el del cobrador de pensiones o el matón de barrio que te ofrece «protección» a cambio de que no te metas en sus negocios. Brandon Judd es un güeón que ha decidido convertir su estadía en nuestro terruño en una suerte de teleserie de trasnoche, con capítulos semanales, momentos de máxima tensión / finales en suspenso incluidos y una capacidad asombrosa para meterse donde no lo llaman.

 

CAPÍTULO 1:

«SI QUIEREN… ENTONCES TENDRÁN QUE…»

El episodio que nos convoca ocurrió durante el evento por el Día del Comercio Global, donde el embajador, con la solemnidad de quien anuncia una revelación bíblica, soltó la frase que desató el incendio:

«Siempre vamos a ser muy firmes con la soberanía (de Chile) porque tenemos una relación que va más allá de lo comercial. Y si queremos que esa relación continúe, si quieren los recursos que tenemos para combatir el crimen organizado, si quieren un país que ayude a proteger su derecho en el Estrecho de Magallanes, si quieren todas esas cosas, entonces van a tener que trabajar con nosotros en las cosas que son importantes para nosotros también».

 

Leamos con calma este rebuzno, porque tiene una estructura que merece análisis estilo trollish... es un «si quieren… entonces tendrán que…», o sea, la gramática básica de cualquier ultimátum educado. El güeón no dijo «ustedes son soberanos», dijo cara de raja: «si quieren que ayudemos a proteger su derecho, entonces colaboren con nosotros».

Una perla de sabiduría geopolítica que nos dejó a todos con la trompa abierta y en un despliegue de generosidad imperialista que ya quisiera el mismísimo Marco Polo. El diplomático sugirió que, si Chile desea que Estados Unidos ayude a proteger sus derechos sobre el Estrecho de Magallanes, el país debería, básicamente, portarse bien y trabajar en las materias que son «importantes» para Washington. Güeón, casi puedo escuchar la música de fondo de una película de mafiosos de los años 50.

—«Mira, cabrito, yo te ayudo a que no te roben la bicicleta, pero tú me ayudas a mover estas cajas de contrabando por el muelle. ¿Trato hecho?».

La pregunta lógica del ciudadano que anda a pata es:

Y si no colaboramos, ¿Qué güeá pasa?

¿Desaparece el Estrecho del mapa?

¿Se hunde en el océano Pacífico?

¿Lo devolvemos a quien lo pida?

¿Qué se cree ese güeón pelón con cara de manfinflero y la administración de Trump?

¿Acaso esa panda de güeones consideran que la soberanía chilena es un servicio de suscripción mensual que se puede cancelar si no renovamos el contrato de obediencia?

¿Estamos hablando de un tratado internacional o de una transacción de intercambio de láminas de álbum mundialero?

¡Que paren de gozar! Porque hasta donde este humilde periodista troll entiende, el Estrecho de Magallanes está ahí desde antes que Estados Unidos existiera como país, desde antes que Trump aprendiera a limpiarse el culo o existiera como meme, y desde antes que cualquier embajador «hociconeta» de turno descubriera que le gustan las teleseries.

El Estrecho de Magallanes pertenece a Chile, no a un catálogo de favores conyugales. ¿Estamos o no estamos gringos ‘vittuperkeles’?

 

CAPÍTULO 2:

EL CANCILLER RESPONDE Y EL SENADO TAMBIÉN

La respuesta del canciller Francisco Pérez Mackenna fue, francamente, de manual:

«El Estrecho de Magallanes fue, es y será siempre chileno. Lo segundo, es que nosotros podemos defender nuestra soberanía por nosotros mismos, no necesitamos el apoyo de nadie para defender nuestra soberanía, así lo hemos venido haciendo por 200 años».

 

Traducción simultánea y leyendo entrelíneas:

«Gracias por el interés, gringo hocicón de mierda, pero la casa la cuidamos nosotros».

 

El Senado, además, emitió una declaración reafirmando que la soberanía chilena «no está en discusión ni depende del respaldo, apoyo o reconocimiento de ninguna nación extranjera». O sea, hasta el poder legislativo, ese lugar donde habitualmente se pelean por cualquier güeá, se puso de acuerdo en algo... la casa es nuestra, punto. Se acabó la güeá y que Judd nos bese el culo.

 

CAPÍTULO 3:

«ESTE DRAMA ESTÁ SIENDO TERGIVERSADO»

(O el arte de decir «no dije lo que dije»)


Ante el revuelo, el embajador salió a aclarar, y lo hizo con la frase más memorable —y más surrealista— de todo este episodio:

«Disfruto de una buena teleserie tal como cualquier persona, pero este drama está siendo tergiversado».

Vamos por partes, porque esta frase merece una tesis doctoral:

—Primero, el embajador admite que le gusta la teleserie. Bien por él, es un dato humano, cercano, casi de vieja que teje chalecos de lana en su casa, pero quien soy yo para juzgar.

—Segundo, califica de «drama» el efecto de sus propias declaraciones.

—Tercero, y aquí está lo bueno, sostiene que sus palabras fueron «claramente sacadas de contexto» y que «en ningún momento condicioné la soberanía de Chile».

Entonces, resumamos el güeveo:

El güeón dijo que Chile debía «trabajar con nosotros en las cosas que son importantes para nosotros» si quería el apoyo gringo, luego dijo que no condicionó nada y calificó de «drama tergiversado» la reacción que sus propias palabras provocaron, es decir, en la lógica del cabeza de tula de Judd: «yo dije X, ustedes entendieron X, pero en realidad quise decir Y, y la culpa es de ustedes por entender X cuando yo decía X».

Repasemos la güeá: Lo más chistoso —si es que podemos reírnos mientras nos amenazan crudamente— es la implicación detrás de sus palabras. El subtexto de la güeá es tan brillante que casi deslumbra:

«Si no aceptan ser la perra fiel de la Casa Blanca, quizás cuando Argentina decida que Magallanes se ve muy bonito en su mapa, nosotros decidamos que mirar hacia otro lado es la postura más diplomática posible». O peor aún, ¿estará Washington considerando apoyar una «reorganización territorial» si Chile se atreve a tener una opinión propia sobre sus intereses?

Volviendo al embajador Judd... hay que reconocerle al pelao cabeza de la callampa, una cualidad: el güeón tiene buen sentido del humor. «Disfruto de una buena teleserie» es, objetivamente, una declaración más sincera y más relajada que todo lo que había dicho antes. Quizás el problema de ese ‘pelao cabeza de sandía’ no es que sea un mal embajador, sino que le toca un papel en una teleserie que él mismo no eligió.

 

CAPÍTULO 4:

EL EXPEDIENTE JUDD, EDICIÓN ESTALLIDO SOCIAL

No obstante cabros, para ser justos y no caer en la calumnia total, debemos reconocer que Brandon Judd —cabeza de globo ‘aka-huora— no siempre es un delirante del imperialismo.

Porque este no es el primer episodio... recuerden que hace unos meses, el señor Judd ya había dado de qué hablar cuando afirmó que la inteligencia estadounidense indicaba que el estallido social de 2019 «provenía de grupos de izquierda». La Cancillería lo convocó al día siguiente para pedirle los antecedentes, y el hombre, tras la reunión, tuvo que reconocer que los famosos informes no eran una investigación propia de Estados Unidos en Chile, o sea, el embajador llegó con un dato, se lo pidieron, y el dato resultó ser más bien un rumor con fecha de vencimiento.

Es casi poético que la única vez que el embajador dijo algo coherente fuera al señalar el caos y el incendio provocado por la izquierda, quienes usan cualquier excusa para convertir el país en un escenario de guerra urbana.

Acá el usuario que escribe —ciudadano troll magallánico— pregunta honestamente:

¿Fue esa la única declaración cuerda que ha dicho? Porque hay que admitirlo: en el fondo, muchos en Chile piensan que el estallido tuvo un componente de agitación organizada desde ciertos sectores. Que los gringos tuvieran «informes» suena a espaldarazo. El problema es que cuando te piden los papeles, resulta que los informes eran más un sentimiento que un documento. Es como decirle a tu polola «tengo pruebas de que me quieres» y cuando te las pide, mostrarle una selfi.

 

CAPÍTULO 5:

LA PREGUNTA INCÓMODA SOBRE ARGENTINA

(Y el fantasma de valverde)

Y acá llegamos al punto realmente jugoso, que yo planteo con toda razón: si mañana Argentina decide que el Estrecho también le queda bonito, ¿los gringos van a permitir la invasión? ¿O van a apoyar al que acepte ser socio estratégico?

Contexto indispensable: a finales de agosto, Chile ya había enviado una nota de protesta a Argentina porque el jefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea Argentina, Gustavo Javier Valverde, incluyó el Estrecho dentro de «zonas bajo soberanía argentina». O sea, los argentinos también le echaron el ojo al pasito marítimo, y el embajador gringo, en lugar de calmar las aguas, las agitó con su «si quieren… entonces tendrán que…».

 

Entonces el ciudadano magallánico —humano y troll— se pregunta, con toda legitimidad:

1. ¿Esos ‘vittuperkeles’ nos están amenazando de forma sutil y educada?

2. ¿Nos están aplicando un quid pro quo de manual?

3. ¿Si no nos portamos bien con Washington, el apoyo a la soberanía se convierte en un: «Ah, sí, qué bonito el Estrecho, ¿suerte con Argentina»?

4. ¿Los gringos van a apoyar a Argentina si nosotros no aceptamos ser su socio estratégico de turno?

 

CAPÍTULO 6:

EL PATRÓN JUDD, O CÓMO INSTALAR UN TEMA SIN PAGAR EL PRECIO

Seamos honestos con la güeaíta, acá hay un método, no es improvisación, es coreografía. El embajador lanza una declaración con carga política —«trabajen con nosotros o no hay apoyo»—, deja que el ecosistema nacional se encienda, y después, cuando el canciller y el Senado ya gastaron tinta y micrófonos, sale con que «el drama está tergiversado» y que «nunca condicioné nada».

Es el equivalente diplomático de tirar una piedra al agua, ver las ondas, y luego declarar que uno no tiró ninguna piedra, que el agua se movió sola... y lo más elegante del truco ‘perkele’ es que el tema ya quedó instalado. La próxima vez que se hable del Estrecho, del crimen organizado o del estallido, la referencia a «lo que dijo el embajador gringo» estará ahí, flotando, aunque el embajador ya haya aclarado que en realidad no dijo eso.

 

CAPÍTULO 7 - RESUMIENDO:

¿QUÉ SE CREE ESTE YANQUI Y EL GOBIERNO IMPERIALISTA DE TRUMP?

Volvamos a las preguntas del ciudadano magallánico, que son las preguntas de todos:

¿Nos amenazan? Formalmente no, porque no hay portaaviones frente a Punta Arenas (aún), pero funcionalmente sí... hay un condicionamiento implícito. «Si quieren X, trabajen en Y». Eso es un intercambio, no una amenaza. El problema de la güeá es que se presenta como generosidad cuando en realidad es un precio.

 

¿Nos exigen un quid pro quo? Sí, y de manual po’ güeón. El apoyo a la soberanía chilena sobre el Estrecho deja de ser un reconocimiento de derecho y pasa a ser un activo negociable. Chile tiene razón jurídica, histórica y geográfica. Pero en la lógica mafiosa Trump-Washington, la razón sin contrapartida no cotiza ni una güeá.

 

¿Qué mierda se creen? Se creen el imperio que son. Y tienen con qué creérselo: dólares, portaaviones, inteligencia, y la costumbre güeona de que el resto del continente les preste atención. Lo que molesta de esta güeá no es que sean poderosos esos ‘aka-huoras —eso es un dato—, es que vengan a explicarnos nuestra propia casa como si fuéramos inquilinos con contrato por vencer. Nooo, que corten el güeveo.

 

¿Significa que, si Argentina invade, los gringos lo permiten? Nadie va a invadir nada, pero la pregunta de fondo es válida: ¿el apoyo gringo es incondicional o depende de nuestro comportamiento? Si depende, entonces no es apoyo, es arriendo. Y Chile no arrienda su territorio a nadie, a ningún bastardo imperialista.

 

CAPÍTULO 8:

«TENEMOS UN EJÉRCITO PREPARADO PARA TODO»

Acá el ciudadano magallánico hace una defensa que merece respeto, aunque suene a grito de cancha... Chile tiene fuerzas armadas profesionales, disuasivas, y una tradición de defensa de la soberanía que no depende de nadie. Pero algo es cierto... no somos potencia, pero tampoco somos un protectorado, y el Estrecho no es un canal de Panamá con administración compartida... es territorio chileno, aguas interiores y mar territorial, con régimen propio desde 1881 y consolidado después, ¿Cachai?

Que un embajador con cabeza de culo de chancho recuerde que existe no está mal. Que un embajador sugiera que sin él no existiría, eso ya es otra güeá.

 

EPÍLOGO:

LA TELESERIE CONTINÚA (Y EL RATING SUBE)

Al final, el episodio deja tres conclusiones:

1. Chile tiene razón y no necesita permiso para decir que el Estrecho es suyo. El canciller y el Senado lo dijeron con claridad.

2. El embajador tiene estilo, aunque su estilo consista en encender fuegos y luego explicar que el fuego es una interpretación. Lo de la teleserie fue, involuntariamente, la mejor metáfora de su propia gestión.

3. El patrón se repite: declaración incendiaria → respuesta institucional chilena → aclaración de que «no dije eso» → tema instalado. Es un ciclo güeón que conviene tener identificado, para no gastar pólvora cada vez que el guion se repita.

 

Sobre el estallido y los «informes» gringos, queda otra pregunta honesta:

¿Fue la única declaración juiciosa? Posiblemente no, pero fue la única donde el embajador tuvo que ir a la Cancillería a explicar que los papeles no eran papeles. En un mundo ideal, un embajador ‘perkele’ debería llegar con documentos, no con intuiciones güeonas. En el mundo real, al menos llegó con una frase buena: «disfruto de una buena teleserie». Lástima que la teleserie la estamos pagando nosotros.

Para finalizar, agradecemos profundamente la «generosa» oferta de protección del señor Judd... nos hace sentir muy queridos, casi como mascotas premiadas. Pero que quede claro: Chile no busca tutores, ni necesita guardaespaldas que cobren el favor en moneda de sumisión, si el señor embajador «cabeza de melón» desea seguir «dando jugo», sugerimos que lo haga lejos de nuestros mapas y muy lejos de nuestra dignidad nacional.

Al final del día, el Estrecho de Magallanes seguirá siendo chileno, con o sin el permiso de quienes creen que el mundo es su patio trasero.

¿Y un sms para Brandon Judd? ¡Obvio! ¡Painu hiiteen!



 

Escrito por: Olog Krevalora.

Portada diseñada por: Olog Krevalora. Creada con AITroll.

Edición final: Olog Krevalora.