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jueves, 6 de agosto de 2026

Trollish News [¡Guerra de Titanas!]





Cachai que no me podía marginar de escribir sobre la pelea entre Flores y Campillai, como ya leyeron en Sala de Autopsias Sociales un análisis serio, me dije… yo igual voy a opinar de la güeá, pero directo al hueso.

 

EL CIRCO DEL CONGRESO:

CUANDO LA DEMOCRACIA CHILENA SE CONVIRTIÓ EN UN COMBATE DE MMA CON AFORO PARLAMENTARIO

Escrito por un troll macho, pelúo y observador, con más sentido común que el Congreso completo.

 

ROUND I:

LA PELEA DEL AÑO (Y NO, NO FUE EN LA UFC)

Mientras el país se desangra por la delincuencia vittuperkele, la crisis económica y un sistema político 'aka-huora que parece diseñado por un mono con una máquina de escribir, nuestras honorables legisladoras decidieron que la mejor forma de debatir los problemas nacionales era... agarrándose del moño en pleno hemiciclo.

Sí, cabros, leyeron bien, Camila Flores y Fabiola Campillai, dos representantes del pueblo chileno, protagonizaron un espectáculo que haría sonrojar a cualquier teleserie nocturna, y lo mejor de toda la güeá: fue en pleno Congreso, ese templo de la democracia donde se supone que se forjan las leyes que nos gobiernan... o esclavizan.

El diálogo, según yo y la imaginación de cualquiera con dos dedos de frente, debió ser algo así:

 

Campillai: «¡Usted es una vendida, una facha de mierda!»

 

Flores: «¡Y usted una ignorante que no sabe ni dónde está parada! ¡Ande a llorar a su casa, comunista de mierda!»

 

Campillai: «¡Comunista será su abuela, momia culiá!»

 

Flores: «¡Yo al menos no ando defendiendo a delincuentes que queman el metro, vieja bruja!»

 

Campillai: «¡Eso fue el pueblo, no delincuentes, agüeoná! ¡Usted no entiende ni una güeá!»

 

Flores: «¡El pueblo no quema iglesias ni destruye el metro que todos usamos, vieja zorra!»

 

Pero, para ser riguroso con la noticia, el diálogo real fue este (no es tan bueno como mi imaginación):

Campillai:

—«Usted, que está siendo investigada por fraude al fisco, que trabaja con su amante y le paga a su amante...», disparó sin asco la viejuja.

 

Flores no se quedó callada:

—«Y usted, que contrata a su yerno delincuente».

 

Campillai seguía:

—«Usted no ha demostrado nada, porque sus videos andan por todos lados. Una delincuente defendiendo a un delincuente».

 

Flores:

—«Usted llegó acá haciéndose la víctima. Usted le da vergüenza a Chile, señora (...) Esta señora ha vivido del Estado, de indemnizaciones...».

 

Campillai:

—«Y usted está viviendo de sus asesores».

 

Chuuu, y en medio de los dimes y diretes de la güeá, se oyó a Flores tratar a Campillai de «deficiente intelectualmente». ¡Hasta ‘tras Wál Dísnei!

Y agregó:

—«Ella que tiene una hija delincuente, un yerno delincuente, un círculo delincuente».

 

Antes de decidir irse, Campillai le gritaba «Cuma» y Flores respondía:

—«Se le salió lo poblacional a la señora de feria».

Y así, entre gritos, chuchadas y quizás algún que otro aletazo, las dos «honorables» demostraron que el verdadero problema de Chile no es la economía, ni la seguridad, ni la decadente educación. El verdadero problema es que tenemos a payasos (y payasas) en el Congreso, cobrando sueldos millonarios por hacer exactamente lo que haría cualquier persona con dos dedos de frente: nada útil.


 

ROUND II:

EL ESTALLIDO «SOCIAL» (O CÓMO DESTRUIR TU PROPIA CASA POR UN PAR DE MONEDAS)

Ahora, hablemos del elefante en la sala: el famoso «estallido social» de 2019. Porque claro, todo empezó por el alza de 30 pesos en el metro. ¡Treinta pesos po’ güeón! Eso es lo que cuesta un cuarto de chicle, un caramelo viejo, una bolsita de té. Y por eso, decidieron que lo mejor era prender fuego al país entero.

¿El resultado de la güeá? Miles de millones de dólares en destrucción, monumentos históricos reducidos a escombros, estaciones de metro que parecían zonas de guerra, tiendas saqueadas, iglesias quemadas (porque claro, ¿qué mejor forma de protestar contra la desigualdad que quemar un lugar donde la gente va a rezar?), y una economía que tardó años en recuperarse.

Pero esperen cabros, la mejor güeá viene ahora: el Partido Comunista (Panda de vittuperkeles). PC, ese partido que siempre se llena la trompa hablando de «justicia social» y «derechos del pueblo», y que después se lavaron las manos como si fueran Poncio Pilato, porque cuando «los pacíficos manifestantes» estaban quemando un supermercado, ¿Dónde estaban los comunistas?,

¿Los viste pidiendo calma?

¿Los viste defendiendo la propiedad privada? No, los viste aplaudiendo desde la tribuna, celebrando el «despertar del pueblo».

Y cuando la mierda salpicó, ¿Qué güeá hicieron esa panda de hijos de perra?, obvio, la güeá de siempre:

«Nosotros no tenemos nada que ver, eso fue la derecha infiltrada»

 Claaaaaaro, porque los militantes del PC nunca participaron en las marchas, nunca convocaron a «paro nacional indefinido», nunca celebraron la violencia como «legítima». Nooo, ellos son los pacíficos, los que solo querían «diálogo». 

¿Saben cabros? Esos güeones deberían cambiarse el nombre: 'Partido Comunista de Poncio Pilato', porque nadie se lava las manos mejor que ellos... y si no, pregúntales a los comerciantes que perdieron todo, a los trabajadores del metro que perdieron su empleo, a los chilenos que vieron cómo su país se convertía en un campo de batalla por... treinta pesos.

 

ROUND III:

LA IRONÍA FINAL

Y aquí estamos, años después. La delincuencia desatada (HDP), la economía estancada, el Congreso convertido en un circo donde las diputadas se agarran del pelo mientras el país se va a la mierda. Pero tranquilos cabros, porque tenemos una güeá más importante: la «dignidad» y la «lucha».

Seamos francos con el güeveo, mientras las «honorables» se tiran chuchadas (entiéndase como ‘insultos’, para que lo entiendan en otras latitudes) y se tiran charchazos, los chilenos comunes y corrientes siguen lidiando con la inseguridad perkele, la inflación y un sistema político que parece diseñado para no funcionar.

Así que, queridos compatriotas, la próxima vez que vean a ese par de güeonas de Campillai y Flores dándose golpes en el Congreso, recuerden: esto es lo que eligieron, esto es lo que se merecen, porque al final, el verdadero estallido no fue el de 2019, el verdadero estallido es ver cómo la clase política chilena se destruye a sí misma, mientras nosotros pagamos la cuenta.

 



Y por eso, UN APLAUSO para las protagonistas de hoy: Camila Flores y Fabiola Campillai. Las dos. Por demostrar que el Congreso chileno no es un lugar para legislar, sino para protagonizar el peor reality show de la historia. Y lo mejor de todo: lo hacen gratis, con nuestro dinero.

 


Fin del comunicado analítico trollish.

No se aceptan reclamos perkeles.

La verdad duele, y esta vez, no hay 30 pesos que lo arreglen.




 

Escrito por: Olog Krevalora (El Troll más macho de la Patagonia)

Portada diseñada por: Vëthriön Asathørn. Creada con AI.

Edición final: Olog Krevalora. 

Sala de Autopsias Sociales y Políticas [Circus Congressus]



🎪 CIRCUS CONGRESSUS🎪

CUANDO EL SENADO SE CONVIERTE EN EL RING DE WRESTLEMANIA CHILE 

 

Un análisis filosófico, sociológico sobre por qué nuestra clase política hace que «Juego de Tronos» parezca MasterChef.

 

PRÓLOGO:

EL ORIGEN DE TODO (SPOILER: FUERON 30 PESOS Y MUCHA IRRESPONSABILIDAD JUVENIL)

Querido lector, antes de adentrarnos en el espectáculo de barrio protagonizado por nuestras honorables senadoras, permítame hacer un breve viaje en el DeLorean de la memoria histórica hasta octubre de 2019. ¿Recuerda usted aquel mítico «Estallido Social»? Oh, sí, ese momento donde un grupo de estudiantes —con el entusiasmo propio de quienes aún no pagan impuestos ni facturas— decidió que lo más lógico ante un alza de 30 pesos en el pasaje del Metro era... quemar el país entero.

Porque nada dice «justicia social» como incendiar una iglesia, ¿verdad? Nada grita más «derechos humanos» que destruir el puesto de trabajo de doña Juanita que vende completos desde 1987. Y definitivamente nada demuestra más empatía con el pueblo que saquear un supermercado para llevarse un televisor 4K, porque el hambre de justicia se calma mejor viendo Netflix en alta definición.

Pero esperen, aquí viene lo mejor: los comunistas, esos magos de la política que desde sus iPhones de última generación —conectados al WiFi de sus departamentos en barrios pudientes— escribieron en Twitter: «¡Salgamos a la calle! ¡El pueblo unido jamás será vencido!» Y cuando el humo aún no se había disipado de la iglesia de Baquedano, ahí estaban ellos, lavándose las manos como Poncio Pilato en versión progresista: «Nosotros no mandamos a quemar nada, nosotros solo pedíamos reformas estructurales...» Sí, claro, y yo solo pedí una hamburguesa, pero la vecina se murió sola.

 

ACTO I:

LA TRAGEDIA DE CAMPILLAI: CÓMO CONVERTIR UNA TRAGEDIA PERSONAL EN INDUSTRIA POLÍTICA PERPETUA

Entremos en materia. Fabiola Campillai, la senadora independiente (izquierdista) que parece haber confundido el Congreso con un set de grabación de «La Divina Comida», es famosa por una razón muy específica: durante el ya mencionado «Estallido Antisocial» (corrijo, porque «social» implica que alguien pensó en la sociedad), un excarabinero llamado Patricio Maturana le lanzó una lacrimógena que le causó la ceguera.

Trágico, indudablemente. Pero lo que siguió fue un masterclass de cómo convertir una tragedia personal en una carrera política infinita. De víctima a senadora, de senadora a... ¿defensora del desorden público? Porque sí, la misma Campillai que exige justicia por su caso, es la primera en defender el «Estallido» como si fuera la Revolución Francesa y no un sábado de supermercado saqueado.

La ironía es deliciosa: demanda justicia por la violencia que sufrió, pero aplaude la violencia que otros sufrieron. Es como ser vegetariano, pero solo los días de semana que no empiezan con «c» y terminan en «arne».

 

ACTO II:

CAMILA FLORES, LA ABOGADA DEL DIABLO Y DEL SUELDO AJENO

Y del otro lado del ring, tenemos a Camila Flores, representante de Renovación Nacional, ese partido que predica la moralidad cristiana mientras sus militantes hacen fila para los tribunales.

Doña Camila, recordemos, es la parlamentaria que fue acusada de exigirle a sus colaboradores parlamentarios parte de sus sueldos para uso personal. Sí, leyó bien: la señora cobraba «impuestos» a sus propios trabajadores, como si fuera una mafia de barrio o el Estado mismo en su máxima expresión. ¿Para qué? ¿Para pagar el cable? ¿Para el gimnasio? ¿Para financiar su colección de zapatos? Nadie lo sabe con certeza, pero lo que sí sabemos es que la audacia de esta mujer es tan grande que hace que el Caso Caval parezca un préstamo entre amigos.

Y ahí estaba ella, con esa moral de estrato 12, llamando «delincuente» a la familia de Campillai... ¡La delincuente llamando delincuentes a otros! Es como si el ladrón del banco le gritara al ladrón de autos: «¡Oye, respeta la propiedad privada!»

 

ACTO III:

EL ENFRENTAMIENTO — CUANDO EL CONGRESO SE CONVIERTE EN FERIA LIBRE

El miércoles 5 de agosto de 2026 (sí, este año, porque la política chilena nunca decepciona), ambas damas se encontraron en los pasillos del Congreso.

El motivo oficial: el indulto a Patricio Maturana.

El motivo real: dos egos del tamaño de la Región de Aysén chocando en un espacio diseñado para personas civilizadas.

El diálogo, según testigos presenciales y el registro cómico de la humanidad:

 

Camila Flores (modo abogada chanta activado):

—«Ella que tiene una hija delincuente, un yerno delincuente, un círculo delincuente...»

 

Ah, sí, el clásico argumento ad hominem de quien no tiene argumentos. Pero esperen, que esto sigue:

 

Camila Flores (modo clasista turbo):

—«Eres una cuma total, una cuma total... Se le salió lo poblacional a la señora de feria».

 

«Señora de feria». «Cuma». «Lo poblacional»... frases que suenan a catálogo de insultos de tía rica en once de departamento... es como si Doña Florinda de El Chavo del Ocho hubiera estudiado derecho y se hubiera lanzado a la política.

 

Fabiola Campillai (modo defensa personal):

—«Eres una delincuente total... Dígale a la prensa que le allanaron la oficina estando su hija».

 

¡Touché! Campillai, aunque ciega visualmente, tiene la vista perfecta para los puntos débiles de su oponente, le devuelve la pelota con la elegancia de quien ha aprendido a pelear en la política chilena: recordándole a Flores que ella también tiene sus 'skeletons in the closet', o más bien, sus allanamientos en la oficina.

 

ACTO IV:

LA MEDIACIÓN DE CICARDINI — CUANDO NECESITAS UNA TERCERA PARA SEPARAR DOS

En medio de este espectáculo digno de «Mujeres Infieles» pero con menos clase y más traje sastre, aparece la senadora Daniella Cicardini como la voice of reason (voz de la razón) y tuvo que intervenir físicamente, tomar a Campillai y retirarla del lugar, como quien separa a dos señoras que pelean por el último kilo de limones en la Vega.

Imagínese la escena: el Congreso Nacional, supuesto bastión de la democracia, convertido en un ring de boxeo donde las contendientes usan insultos clasistas y acusaciones penales en lugar de guantes. Y en el medio, una tercera parlamentaria haciendo de árbitro porque las otras dos no pueden comportarse como adultos funcionales.

 

REFLEXIÓN FINAL:

EL ESPEJO DE NUESTRA DEMOCRACIA

Este incidente, querido lector, no es solo un chisme político más, es un espejo grotesco de lo que hemos construido como sociedad. Tenemos por un lado a Campillai, convertida en mártir profesional, defensora de un «estallido antisocial» que destruyó vidas mientras exige justicia por la suya. Por otro lado, a Flores, moralista de ocasión, acusadora serial con un pasado de explotación laboral que le da la credibilidad ética de un vendedor de autos usados.

Ambas representan lo peor de la política chilena... la hipocresía disfrazada de principios, el oportunismo camuflado de liderazgo, y la incapacidad de tener una discusión civilizada sobre temas que, seamos honestos, merecían algo más que insultos de feria libre.

El «Estallido Social» del que tanto habla Campillai dejó cientos de negocios destruidos, familias sin sustento, una iglesia quemada (porque nada dice «lucha por la dignidad» como incendiar un lugar de culto), y un país más dividido que nunca.

¿Y los que llamaron a salir a la calle? Sentaditos en sus casas, haciendo threads de Twitter sobre «la revolución» mientras otros limpiaban los escombros.

¿Y Camila Flores? ¿La que les pedía plata a sus trabajadores? Ahí está, dando lecciones de moralidad como si fuera la Madre Teresa de Calcuta en versión abogada y con tarjeta de crédito Platinum.

 

EPÍLOGO:

LA LECCIÓN

La próxima vez que vea a estas senadoras hablando de «valores», «justicia» o «dignidad», recuerden este episodio, recuerden que detrás de los discursos pomposos y las sesiones solemnes, están dos mujeres capaces de reducir el debate público a insultos de patio de colegio: «cuma», «delincuente», «señora de feria».

Y ustedes, los ciudadanos, siguen pagando sus sueldos —sí, esos sueldos que una de ellas repartía como si fuera su propio negocio familiar— para que nos representen. Representen, por cierto, con toda la elegancia y altura de un capítulo de «La Rosa de Guadalupe» escrito por alguien bajo los efectos de sustancias psicoactivas.

 

Bienvenidos al Chile del 2026. Donde el circo nunca cierra, los payasos tienen sueldos de seis millones, y el público —nosotros— seguimos aplaudiendo entre lágrimas y risas nerviosas.

¿Quién ganó la pelea? Nadie. Perdimos todos, pero al menos tuvimos entretenimiento gratis, que con esta inflación es lo único que queda.









 

Escrito por: El Dream Team del Blog.

Fuente: lacuarta.cl

Portada rediseñada por: Vëthriön Asathørn. Creada con AI.

Edición final: V.D.M.