jueves, 23 de julio de 2026

Trollish News [Mara Sedini: Yo no tuve la culpa]




MARA SEDINI Y EL NOBLE ARTE DE CULPAR AL RESTO DEL UNIVERSO:

CRÓNICA DE UNA VOCERA INCOMPRENDIDA POR LA GALAXIA ENTERA

Un homenaje a la abogada que descubrió que el problema nunca fue ella, sino los otros ocho mil millones de habitantes del planeta.

 

PRELUDIO:

LA MÁRTIR DE LA MONEDA

Damas y caballeros, cabros y cabras, pónganse de pie porque estamos ante la reencarnación política de Juana de Arco, pero con más cartera de marca y menos hoguera. 

Mara Sedini, la abogada que un día despertó, se miró al espejo y dijo: «Sí, yo puedo ser vocera de gobierno sin militar en ningún partido, ¿Qué podría salir mal?», y nos regala una entrevista donde revela la gran verdad cósmica: ella nunca se equivocó, fue el mundo el que estuvo mal alineado con su grandeza.

Qué alivio la güeá. Ya podemos dormir tranquilos.

¡Ja! Mara Sedini, la exvocera de gobierno que logró lo que pocos: unir a la izquierda, la derecha y los independientes en un solo grito unánime de «¿Qué está fumando esa güeona?».

Después de su salida, que más que una renuncia fue una patada en el culo con boleto de ida al olvido, Sedini decidió que el mejor momento para hablar era cuando ya nadie le preguntaba. Y vaya que habló güeás.

«Yo no pertenecía a ninguna colectividad de derecha», dijo, como si eso la hiciera más pura que la virgen de la cueva. Pero claro, esa fue una de las grandes críticas que le llovieron después de su salida: que era una advenediza, una arribista que se coló en la vocería como un Trump en una foto de la Copa del Mundo. Y las críticas vinieron de todos los bandos, porque cuando logras que hasta tus propios güeones de coalición te miren con cara de «¿y esta güeona quién chucha es?", es porque algo hiciste mal o simplemente como la güéas.

Enredos, equivocaciones, metidas de pata que harían sonrojar a un adolescente en su primer discurso escolar. Todo eso detonó que Sedini recibiera una elegante patada en la raja, y cuando digo elegante, digo que al menos no le pegaron con un diario en la mano. Pero la patada fue patada al fin, y ella cayó con la gracia de un saco de papas.

 

CAPÍTULO I:

LA VOCERA QUE NO SABÍA NADA (Y ERA CULPA DE TODOS MENOS SUYA)

Existe en el manual básico de cualquier vocero —ese que aparentemente Sedini no alcanzó a hojear entre coctel y coctel— una regla de oro: infórmate antes de abrir la trompa. Pero claro, para qué vamos a leer manuales güeones cuando tenemos ego suficiente para llenar el Estadio Nacional.

La abogada nos explica ahora, con la serenidad del que descubrió el fuego, que las sorpresas de último minuto eran culpa de otros güeones. Por supuesto, porque un vocero de gobierno, ese cargo menor y decorativo, no tiene ninguna responsabilidad de estar informado. Es más bien un adorno parlante, una especie de asistente de Alexa con tacos altos.

«Yo dije lo que me dijeron que dijera y si estaba mal, la culpa es del que me lo dijo». Brillante estrategia jurídica, digna de aparecer en los manuales de derecho como «Doctrina Sedini: La Inocencia por Delegación».

 

CAPÍTULO II:

EL ARRIBISMO COMO VIRTUD CÍVICA

Hay que reconocerle algo a Mara llegó lejos sin militar en nada, en ninguna güeá. Eso, en el Chile político, es como ganar la lotería sin comprar el boleto po’ güeón. Pero luego se sorprende —¡se sorprende la güeona! — de que la derecha la mirara con desconfianza y la izquierda con desprecio.

Es como llegar a una fiesta a la que no te invitaron, comerte todo el pastel, romper el jarrón de la abuela y después enchucharte porque no te dieron bolsita de dulces al salir.

La soberbia tiene ese efecto curioso: te hace creer que el mundo te debe algo simplemente por existir con elocuencia. Y Sedini, es elocuente, no se lo vamos a negar algo comestible también. El problema es que la elocuencia sin autocrítica es básicamente un karaoke, hace ruido, pero nadie recuerda la canción güeona al día siguiente.

 

CAPÍTULO III:

LA PATADA EN EL RAJA MÁS ELEGANTE DE LA HISTORIA

Cuando la sacaron de la vocería, no fue un despido, no, señores, fue —según la «mitología sediniana» en construcción— una injusticia histórica comparable con el exilio del petizo de Napoleón, la crucifixión de Cristo y la eliminación de Chile del Mundial de Qatar.

La realidad, más chabacana, es que le dieron la patada en la cola más elegante del año, envuelta en papel de regalo y con moñito. Y ella, en vez de tomarse un té, respirar hondo y hacer una autoevaluación honesta de la güeá, decidió que la mejor estrategia era salir a disparar contra todo lo que se moviera.

Estrategia infalible si tu objetivo es que absolutamente nadie te vuelva a contratar jamás, ni siquiera para leer las noticias del canal comunitario de Chillán.

 

CAPÍTULO IV:

LA DERECHA DEPREDÁNDOSE SOLA (DEPORTE NACIONAL)

Aquí llegamos al drama shakesperiano de fondo. Porque el punto no es solo Sedini y sus rabietas mediáticas, el punto es que la derecha chilena tiene un talento sobrenatural para pegarse tiros en las patas, en las rodillas, en los tobillos y, cuando se le acaba la munición, pide prestada más para seguir disparándose en las cañuelas. 

¿Necesitaba el gobierno actual ataques desde la izquierda? No. ¿Por qué? Porque tiene a exfiguras como Sedini que hacen el trabajo gratis, con entusiasmo y con entrevistas de diez frases citables. Es externalización política de la peor clase: le pagas al enemigo con tu propio silencio y él te da munición extra.

Si la derecha quiere ser una alternativa real frente al comunismo, quizás debería empezar por lo básico: dejar de invitar a francotiradores a sus propias filas fotográficas. Que corten el güeveo.

 

CAPÍTULO V:

LAS DIEZ FRASES PARA EL BRONCE (O PARA EL BASURERO)

La entrevista original nos regala diez perlas dignas de enmarcarse, no por su profundidad güeona, sino por su capacidad de resumir en pocas palabras años de resentimiento acumulado. Cada frase es una pequeña obra maestra del género «yo no fui, fue el otro», con toques de «en mi época esto no pasaba» y notas de fondo de «nadie me entiende».

Es literatura política del más alto nivel... si consideramos que el nivel está enterrado tres metros bajo tierra de la güeá.

 

EPÍLOGO:

MANUAL DEL VOCERO FRACASADO EN CINCO PASOS

Y como hoy ando generoso, para futuros aspirantes a repetir el camino de nuestra homenajeada, aquí va la receta:

— Nunca milites en ni una güeá, así puedes traicionar a todos por igual.

— No te informes de ni una güeá, la ignorancia es más fotogénica.

— Cuando te echen, culpa al universo, jamás a ti. No seas güeón (a)

— Da entrevistas resentidas hasta la médula, son gratis y arruinan full a tus antiguos jefes.

— Nunca, JAMÁS, hagas autocrítica. Eso es para gente débil que quiere mejorar.

 

CONCLUSIÓN:

EL LEGADO

Mara Sedini pasará a la historia política chilena como lo que es... un recordatorio andante de que los cargos importantes no se le dan a cualquiera que hable bonito. Se necesita algo más que un buen discurso, se necesita cabeza, criterio, lealtad y, sobre todo, la humildad suficiente para reconocer cuándo uno mismo es el problema, cuando uno es el cacho.

Pero pedirle autocrítica a Sedini es como pedirle veganismo a un león po’ güeón: técnicamente posible, prácticamente ridículo.

Al final, toda esta mierda no es buena para la derecha. Si quieren ser una alternativa frente a los comunistas, no pueden seguir disparándose en las patas. Y Sedini, con sus declaraciones güeonas, no solo se disparó a sí misma, sino que les prestó el arma a todos sus enemigos.

Mara Sedini es el ejemplo perfecto de que en política no basta con tener ganas, hay que tener talento, humildad y, sobre todo, capacidad de autocrítica. Esa güeona no tuvo nada de eso. Y por esa razón hoy es un meme, un recuerdo, un artículo como este, una anécdota que se cuenta en las reuniones de políticos para reírse un rato. 

Así que, Mara, si estás leyendo esta güeá: tómate un café, hazte tú misma un calzón chino, respira hondo, y acepta que la cagaste, o sigue disparando, pero recuerda güeoncita: las balas también rebotan. 

Mara, en política la güeá es sin llorar.

Y como diría un sabio:

«La política es como el sexo: si no sabes hacerlo, mejor no lo hagas en público». Sedini lo hizo en público, y todos lo vimos, y nos reímos de tu mega cagazo y seguiremos riéndonos. 

Que descanse en paz tu carrera política. Amén.







Artículo escrito por: Olog Krevalora.

Portada diseñada por: Vëthriön Asathørn. Creada con AI.

Edición final: Olog Krevalora.