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jueves, 18 de junio de 2026

Crónicas del Fracaso Útil [Reunificación Familiar]



I

Niños Fantasma y el Estado Somnoliento:

El Negocio de la «Reunificación» en el Chile de Gabriel Boric

Esta es la noticia del momento, aunque ya existían atisbos sobre irregularidades que se estaban dando en el mandato de G. Boric. Todo esto sale de las sombras para caerle encima al gobierno de turno, es otro legado más del gobierno zurdo que ya se fue hace rato. Era el Chile de la «nueva era» que profesaban los políticos amateurs de la izquierda, donde la justicia social se predicaba en X (Twitter) pero la gestión pública era un chiste de mal gusto escrito por aficionados. Mientras el gobierno se peleaba con el precio del litio o decidía qué palabra políticamente correcta usar para saludar al despertar, ocurrió algo que parece sacado de una película de terror de bajo presupuesto: aviones cargados de niños y adolescentes haitianos aterrizaron en el país bajo la etiqueta de «reunificación familiar», y ahora, más de 64 de esos niños simplemente... se evaporaron.

No se perdieron en un parque y no se fueron de paseo. Son inubicables. 200 y pico de seres humanos en miniatura que entraron al país y luego 64 fueron succionados por el agujero negro de la burocracia o, lo que es mucho más probable y aterrador, por las redes de trata y explotación.

¿Cómo es posible que hayan llegado o lleguen aviones y nadie se entere?

 

II

Fronteras permeables

Empecemos por lo básico, porque parece que en Chile el concepto de «frontera» es ahora una sugerencia opcional. 

¿Cómo mierda llegan aviones —no botes ni personas caminando por la cordillera ni el desierto, sino aviones— transportando niños extranjeros y el Estado no se enterara en tiempo real?

Para que esto pase, tiene que haber una sincronización perfecta de la incompetencia. O bien los radares están apagados porque el operador estaba mirando memes o pornhub, o bien hubo una «gestión especial» en los aeropuertos. No se entra con un avión lleno de niños o inmigrantes a un país sin que haya un rastro de papeles, manifiestos de vuelo y alertas migratorias. Que el Estado diga ahora que «están investigando» es como si un incendio quemara toda la casa y el dueño dijera: «estoy analizando por qué hay humo». 

Es una negligencia criminal. Es admitir que el control fronterizo en Chile es una pantalla de cartón que cualquier traficante con un vuelo chárter puede atravesar si sabe a quién saludar o a quién ignorar.

Como dije: esto sucedió en el gobierno de Boric y cae como un meteoro de cemento encima del gobierno de Kast.

 

Info extra:

«Vuelos chárter: la ruta masiva

El flujo no fue marginal ni aislado. Los documentos establecen que una parte sustantiva de los ingresos se realizó mediante vuelos no regulares, llamados chárter, organizados fuera de los circuitos habituales de transporte comercial y con la venia de la DGAC, PDI y todos los permisos que se necesitan para este fin validados.

De las 2.792 personas que ingresaron por reunificación familiar en el periodo analizado, 1.476 lo hicieron en vuelos chárter. Las operaciones aéreas identificadas incluyen la aerolínea Galistair (vuelo GH6011), Aruba Airlines (AG01 y ZZ02-E) y Caribbean Sun Airlines.

No se trató de vuelos únicos. Los antecedentes revisados muestran operaciones reiteradas en un periodo acotado, con grupos completos trasladados en cada operación, lo que permitió el ingreso simultáneo de adultos y menores bajo un mismo esquema.

Esta última, que fue un avión Boing 737 que aterrizó en octubre de 2025, en medio de la campaña presidencial, según los documentos revisados se habría detectado que el vuelo WAL-801, de Caribbean Sun Airlines, ocurrieron múltiples irregularidades, como, por ejemplo, falta de listado de pasajeros, menores sin documentación vigente y ausencia de validación del adulto acompañante. Al menos 44 menores viajaron por reunificación familiar.

Estos antecedentes evidencian que el problema no estuvo en la operación aérea en sí, sino en la ausencia de controles efectivos durante todo el proceso, desde la autorización en la embajada de Haití hasta el ingreso al país por el Aeropuerto Internacional Arturo Merino Benítez».

 

III

La Responsabilidad de Gabriel Boric:

El Capitán del Barco que se hundió

Ahora, hablemos del jefe de Estado. ¿Cuál es la responsabilidad de Gabriel Boric?

Analicemos bien, el ex presidente puede decir que él no revisaba cada pasaporte en el aeropuerto, pero era el responsable político de un aparato estatal que demostró ser una cáscara vacía e incompetente.

Boric pasó gran parte de su mandato jugando a ser el «estudiante eterno», el «aprendiz», preocupándose más por la estética de su discurso que por la eficacia de sus ministros.

Cuando el sistema de seguridad falla a este nivel, la responsabilidad es del mando. Si tu guardia de seguridad deja entrar a un lobo al gallinero, no culpas solo al guardia; culpas al dueño que contrató a un guardia ciego y sordo e inútil. Boric representaba la gestión de la «buena intención» pero la «nula ejecución». En esto hay que ser claros.

Su responsabilidad es haber construido un Estado donde la ideología importa más que la operatividad. Mientras el Palacio de La Moneda se preocupaba de no ofender a nadie, de ser integradores y tolerantes, los niños haitianos (y gente negra adulta) eran trasladados como mercancía. La inacción es complicidad por omisión.

¿Quiénes están detrás?

 

IV

El negocio de la miseria

Seamos realistas: nadie vuela 200 niños desde Haití hasta Chile (2023-2025 aprox.) por «caridad cristiana». Detrás de esto hay una estructura. La «reunificación familiar» era el disfraz perfecto, la palabra mágica que seguía abriendo las puertas de migración porque suena noble y humana.

¿Quiénes están detrás? Lo más probable es que sea una alianza perversa entre mafias de tráfico humano y funcionarios corruptos dentro del aparato migratorio y consular. Alguien tuvo que firmar esos permisos. Alguien tuvo que validar que esos niños «tenían familia» esperándolos. Alguien recibió un sobre debajo de la mesa para que los aviones aterrizaran y los niños desaparecieran en la ciudad antes de que alguien hiciera una pregunta. Es un negocio de carne humana, y para que funcione, necesitas que el Estado sea, en el mejor de los casos, imbécil, y en el peor, socio.

 

V

La Policía:

¿Ceguera selectiva o incapacidad crónica?

Y aquí llega la parte más irónica: la policía no lo sabía. ¿En serio? En el país donde te detienen por llevar un cigarrillo mal puesto en la calle, la policía no se enteró de que estaban entrando decenas de niños en situación irregular que luego desaparecieron.

Esto nos deja dos opciones: o la inteligencia policial en Chile es un grupo de personas jugando al «veo-veo-qué ves» con los ojos vendados, o hubo una orden superior de «no mirar». Es fascinante cómo la policía es capaz de desplegar todo su arsenal contra un vendedor ambulante, pero se vuelve invisible cuando se trata de rastrear flujos de tráfico humano coordinados por aire o tierra.

¿Se castigarán los culpables?

Aquí es donde la ironía llega a su clímax.

¿Creen ustedes —cabros— que cuando esto salga a la luz habrá cabezas rodando? ¡Pfff, por favor!

Conozco el guion: se nombrará una «comisión investigadora», se emitirá un comunicado lamentando profundamente la situación, se culpará a un funcionario de nivel medio (el chivo expiatorio de turno) y, eventualmente, el caso se enterrará bajo una montaña de otros escándalos. Boric y toda su panda de zurdos saldrán indemnes de toda mugre.

En el Chile actual, la impunidad es el beneficio social más distribuido. Si los culpables son los que firmaron los papeles en la sombra o los que recibieron el dinero, esos tipejos ya habrán cambiado su nombre o estarán disfrutando de sus ganancias en alguna playa del Caribe.

 

VI

Conclusión:

Sesenta y cuatro niños desaparecidos no son un «error administrativo», son una tragedia humana facilitada por un Estado que sigue cojeando mal y que ha sustituido la eficiencia por la retórica. Mientras Boric y su equipo seguían intentando descifrar cómo gobernar sin cometer errores, la mafia del tráfico humano demostró que el país era y es un colador.

Chile no es solo un lugar donde se pierde la seguridad; es un lugar donde, aparentemente, puedes hacer desaparecer a 64 niños y que el gobierno reaccione con la velocidad de una tortuga con artritis. Asqueroso.

El problema no es solo la llegada de niños, también es el arribo de innumerables haitianos ignorantes y pobres que se trajeron con un propósito, y no sabemos cuál… podemos especular: mano de obra barata para empresarios, esclavitud o simplemente para destruir la cultura de Chile.

Y es culpa de Gabriel Boric y su séquito de inútiles. Y lo peor de todo es que ya se propone su nombre para ser otra vez presidente en el 2030.



 

Fuentes:

Biobiochile.cl

Escrito por: El Dream Team de Trollish News.

Portada creada por: V.D.M.

Edición final: Vëthriön Asathørn.