EL
GRAN TOUR DE LA RATA BRAZUCA
(Más
rápido que Usain Bolt, más rápido que Flash con diarrea - El manual de escape
de
Flávio Bolsonaro)
Cabros, hay que reconocer una cosa:
Flávio Bolsonaro ha dominado el arte del «desaparecido táctico», mientras que
la gente común usa ‘Google Maps’ para llegar al supermercado, Flávio parece
haber usado un mapa de rutas de escape diseñado por el mismísimo Maquiavelo,
pero con la elegancia de alguien que huye en pijama porque sabe que el timbre
de la puerta suena a orden de arresto.
¿Por qué ese güeón escapó como una
rata de barco? Bueno, empecemos por la premisa básica de la justicia...
generalmente, la gente inocente no suele contratar un jet privado para abandonar
su patria justo cuando las investigaciones empiezan a oler a queso rancio. Si
eres inocente, te quedas, gritas: «¡estoy siendo perseguido!» y haces un directo en Instagram. Pero cuando el pánico
supera al ego, uno tiende a buscar cielos más amigables.
¿Cuentas pendientes?
¿Sobornos?
¿Algún pequeño «descuento» en la ley
a cambio de unos cuantos millones en *cuentas offshore?
[*En inglés, en un sentido literal “offshore” significa
“costa afuera”, sin embargo, en lo que a finanzas respecta, se denomina
“offshore” a aquellos recursos o bienes que son enviados a otros países,
generalmente, paraísos fiscales, ya sea para ahorro o inversión].
¡Por favor! Llamar a esa güeá
«corrupción» es un insulto a la tradición. Digamos que Flávio simplemente tenía
una relación demasiado íntima con el flujo de capitales no declarados. Fue un
acto de amor hacia el dinero... no quería que el Estado se interpusiera entre
él y sus ahorros. Al fin y al cabo, en la cosmogonía de los Bolsonaro, el
dinero público es como un buffet libre: el güeón que llegue primero y tenga la
mano más larga, se sirve la mejor parte.
Y aquí entra el «Club de los
Protectores del Caos»... no podemos olvidar la generosa mano de Donald Trump,
porque la güeá es obvia, ¿qué es un imperio global si no tiene un pequeño
catálogo de títeres sudamericanos para adornar el jardín? Trump, el maestro del
«arte del trato» (y del arte de evadir responsabilidades), probablemente vio en
Flávio un espejo, ¿Cachai?, alguien que entiende que la ley es más bien una güeá
opcional cuando tienes el apellido correcto, para Trump, Flávio no es un
fugitivo, es un «colaborador estratégico en la lucha contra el mal», donde el
«mal» es cualquier juez maricón que se atreva a pedir un estado de cuenta
bancario.
Y luego tenemos a Javier Milei...
¡Fufff! El agüeonao cagao de la cabeza que cree que el libre mercado puede
solucionar hasta el mal aliento. Milei, en su frenesí por limpiar la «casta»
(aunque parece que solo quiere cambiar una casta por otra que use cuero y grite
más fuerte), se convierte en el refugio perfecto. Güeon, es fascinante ver cómo
la derecha actual protege a líderes cuestionables con una ferocidad casi
religiosa, «No importa una
mierda que haya robado, ¡pero mira cómo odia al socialismo!». Es el equivalente político a decir: «Sí, mi perro muerde niños, pero es un
perro muy patriota». Milei, en su afán de
ser el «Messi de la libertad», parece haber olvidado que la libertad de
movimiento para los corruptos no es liberalismo, es simplemente impunidad con
branding moderno. Que pare de gozar.
Pero lo más chistoso de este circo
es el discurso, mientras Flávio y sus protectores se refugian en el extranjero,
nos venden el cuento de la «persecución política», es el guion clásico de la
güeá: «Güeón, no me
arrestan por robar güeás, me arrestan porque soy un defensor de los valores
familiares». Es una jugada maestra
de *«gaslighting» colectivo po' güeón, convencen al electorado lúser de que el
robo de millones es un detalle menor comparado con el «crimen» de ser
conservador. Si robar fuera un valor familiar, los Bolsonaro serían los santos
patronos de la generosidad... peeero... hacia sus propias cuentas en Suiza po'
güeón.
*[Hacer luz de gas, del inglés gaslighting, es una
expresión que hace referencia a un tipo de maltrato emocional en el que una
persona manipula a otra para que esta dude de sus percepciones y cuestione su
propia realidad].
Al final del día, uno llega a una
conclusión devastadora, que a mí me emputece (porque los izquierdista me caen
como el hoyo), la derecha y la izquierda de hoy parecen haber sido paridas por
el mismo eje de basura HDP de la política mundial, es el mismo asqueroso ADN de
codicia, solo que cambia el color de la corbata y el eslogan del tuit. Se han
vuelto espejos deformantes, mientras unos roban gritando «¡Justicia Social!» y crean ministerios para gestionar la pobreza mientras
se llenan los bolsillos, otros lo hacen gritando «¡Libertad!» mientras
privatizan hasta el aire y huyen en jets privados cuando la justicia les toca
el hombro.
Cabros, estamos ante una simbiosis
perfecta de mediocridad y malicia... el repugnante «eje del mal» ha sido
reemplazado por el «eje de la conveniencia», no importa la ideología, mientras
el flujo de efectivo sea constante y los aliados sean lo suficientemente
ingenuos y agüeonaos (o corruptos) para abrirles la puerta del aeropuerto.
Flávio —lúser y cobarde— no huyó de
la justicia; simplemente se mudó a un lugar donde el sarcasmo es la moneda
oficial y la impunidad es el deporte nacional. ¡Buen viaje, ratita! Que el
viento sople a favor de tus cuentas bancarias y que el jet sea lo
suficientemente rápido como para dejar atrás la decencia, que es lo único que
nunca supiste manejar.
Uno sospecha ¿Cachai?... peeeero, la
sospecha no necesariamente significa culpabilidad... pero cuando el río
suena...
Escrito por: Olog Krevalora.
Portada diseñada por: Olog Krevalora. Creada con AI.
Edición final: Olog Krevalora.
Fuente de información extra: Wikipedia.



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