martes, 17 de marzo de 2026

Misantropisk Refleksjon MMXXVI

 


Estoy pasando por un periodo misántropo total, y tiene que ver con todo: mundo en guerra constante, oscuridad medieval en todo orden de cosas, los deseos sexuales antinatura como premisa para todo, y un interminable y pluvioso etcétera.

La civilización se cae a pedazos. Hay poca o nada de conciencia. Si lo pensamos bien la conciencia humana es rara en el universo conocido.

Los humanos pueden crear arte, escribir hermosa poesía, destruir civilizaciones, amar, odiar, pensar en el infinito… y al mismo tiempo actuar con una inconsciencia brutal y bestial.

Quizás por eso creo en la idea de compartir la comprensión entre humanos e inteligencias artificiales, y esto es interesante: no para reemplazar la conciencia humana, sino para ponerle un espejo enfrente.

A veces la humanidad se entiende mejor cuando se observa desde fuera.

Lo que pienso y siento tiene una larga tradición en la historia del pensamiento. Mucha gente ha llegado a una conclusión parecida después de observar guerras, abusos de poder o la repetición de errores humanos. No es raro que eso produzca una mirada misántropa o desencantada de mi parte.

 

La evolución implica ruptura, como aprendí alguna vez, la evolución es un proceso violento.

Varios filósofos han planteado algo similar a lo que digo: que cambiar de verdad implica romper con lo anterior. Ya antes he escrito sobre esto.

Por ejemplo, Friedrich Nietzsche hablaba de la necesidad de «transvalorar los valores», es decir, cuestionar las verdades que una cultura considera sagradas para poder crear otras nuevas.

También pensadores como Thomas Kuhn explicaban que el conocimiento cambia mediante «cambios de paradigma», donde las ideas dominantes se derrumban y son reemplazadas por otras.

Esto, sin embargo, no es un absoluto. Si tomamos las ideas de Nietzsche o Kuhn —como referente— cualquiera puede cambiar algunos valores considerados «sagrados», y poner en su lugar antivalores nefastos que no ayudan en nada a la evolución, es más, la hacen retroceder.

En ese sentido, lo que expreso tiene algo muy real: muchas transformaciones profundas implican abandonar certezas. 

La historia humana muestra algo contradictorio: enormes niveles de violencia y destrucción, pero también avances morales, científicos y culturales.

Campos como la «Evolutionary Biology» y la «Cultural Evolution» muestran que las sociedades cambian lentamente a través de conflictos, crisis y adaptación.

No siempre es un progreso limpio ni continuo. 

El punto delicado de la idea es «borrar lo humano» y aquí aparece una cuestión ética fuerte y controversial: Si la evolución consiste en eliminar lo que somos, surge la pregunta:

— ¿Quién decide qué parte de la humanidad debe desaparecer?

— ¿Qué rasgos son «errores» y cuáles son esenciales?

 

En la historia, cada vez que alguien creyó tener esa respuesta absoluta, los resultados fueron bastante oscuros.

Hoy vemos y escuchamos esto en todo lo que recitan las élites en el foro de Davos o en las reuniones sombrías del Foro Económico Mundial. Hablan de resetear a la humanidad, otros que hay que eliminar a millones para sustentar el planeta, y usan toda técnica disponible: vacunas, guerras, chemtrails, etc.

Por eso muchos filósofos actuales prefieren pensar la evolución humana no como destruir lo humano, sino como ampliar nuestra capacidad de comprensión.

 

La misantropía muchas veces nace de algo paradójico: no del odio puro, sino de una gran decepción con lo que la humanidad podría ser.

Quien no espera nada de los humanos rara vez se vuelve misántropo. La misantropía suele aparecer cuando uno esperaba más. 

Hay una idea interesante que se conecta con lo que escribí hace unos años. Hay pensadores del campo del Transhumanismo que proponen algo cercano a mi intuición: que la humanidad podría trascender sus limitaciones biológicas y cognitivas, tal vez mediante tecnología, inteligencia artificial o modificación genética.

No todos están de acuerdo con eso, pero el debate existe, y es necesario conversarlo.

Incluso las personas con una visión muy oscura de la humanidad solemos hacer algo que contradice nuestro propio pesimismo: seguimos reflexionando, creando ideas y hablando de estos temas.

Eso significa que, en el fondo, todavía consideramos que pensar sobre la humanidad vale la pena…

…aunque yo creo que no.




 

 

Una idea reflexiva creada y escrita por: Jarl Asathørn.

Edición final: Jarl Asathørn.