«El paisaje está desierto.
El mar embravecido demuestra su locura encrespando las
olas.
El viento transformado en látigo golpea su memoria,
los pensamientos se encadenan, aparecen danzando vertiginosamente.
Corre.
La casa se convertirá en único refugio.
Llora por el camino que se desdibuja a medida que sus
pasos avanzan.
Cielos negros y grises indican que la nevada será más
copiosa que antes.
Busca las llaves en el bolsillo de su abrigo.
Las manos congeladas no las encuentran, está segura de
haberlas llevado antes de dar el acostumbrado paseo por la playa.
La impotencia del olvido la perturba.
Arbitrará todos los medios para entrar a su casa.
Necesita estar contenida por su espacio, es lo único
que le queda.
La puerta trasera también está cerrada.
Con esfuerzo logrará abrirla.
Encenderá el hogar, necesita la tibieza que regalan
los leños encendidos, pueden darle calor a su cuerpo, el alma seguirá fría,
desnuda, dolorida.
Crepita el fuego, acerca el sillón al hogar.
Busca en los recuerdos mientras las rojas chispas se
elevan.
Una copa de coñac entre sus manos aliviará
momentáneamente tanto dolor no buscado, no querido.
Es hora de hacer un balance, encontrar el error que
supuestamente ha cometido.
Cierra los ojos para poder visualizar mejor las caras
de aquellos que eran sus amigos.
Rostros conocidos que alimentaban sus sueños.
Sobre la mesa el álbum de fotos, todos sonríen,
brindan por futuros encuentros.
Sabe que el mundo real no es así, éste está plagado de
alegrías y tristezas, jamás tinieblas.
El agua de la ducha recorre el cuerpo estilizado de la
muchacha, el calor logra enrojecer la piel, muestra la superficie falta de
caricias.
Camina hacia el salón buscando respuesta a sus
preguntas.
Sabe que dio todo lo que tenía, estuvo presente cuando
la necesitaban.
La solidaridad fue su compañera, repartió cada minuto
de su vida con el único propósito de estar presente, allí donde la necesitaran.
Creyó demasiado en los otros.
¿Por qué las relaciones humanas eran tan difíciles,
tan complicadas?
No quiere guardar nada que lacere su alma.
Quema el álbum de fotos.
Travieso el humo dibuja palabras que no están en su
vocabulario, envidia, codicia, interés.
Antes que su cuerpo se convierta en cenizas aparecerá
la última palabra, desprecio.
Así comenzará a transitar el sendero de las
tinieblas».
Fuente:
de-poetas-y-locos.blogspot.com
Edición final: V.D.M.