El domingo 30, satyrian me pasa a buscar y nos fuimos al «calabozo»,
lugar secreto donde íbamos a celebrar la noche del samhain.
Pasa a comprar unos vodkas, bebidas y energéticas... y partimos
al destino.
Una hora más tarde aparece «ex Jendzel», y luego llega el
pelao. Todo estaba listo, a esto sumemos que «el jota» agrandó el arsenal de
copete con birras, pisco, vodka y whisky.
Llega la hora de celebrar… algunas palabras de buena crianza,
y a beber, escuchando mucho black metal pagano.
Las conversaciones fueron la tónica de esa madrugada un tanto
gris, nada trascendente, puras estupideces.
¿Qué dejó esa noche? – muy pocas cosas rescatables. Sigo
creyendo que el tiempo se devoró lo sagrado que éramos como hermandad, ya nada
es lo mismo. Ahora solo somos un grupo de conocidos que tienen muy pocas cosas
en común, y el samhain es solo una excusa para juntarse a beber, menos para lo
importante.
Lo mejor de la noche: el alcohol y la música que hacen
sobrellevar cosas que detesto.
Otro año, otra fecha y más cosas para olvidar en este mundo
asqueroso que sigue en caída libre. Hay que seguir eliminando del disco duro
todo lo inservible. Los recuerdos simplones están sobrevalorados.
No sé si un campamento hubiera mejorado lo que ya no está.
Este mini artículo sobre ese día está dedicado a las fauces
del olvido.
… … … DELETE.
Foto final:
El camarada «pelao».
Las fotos que saqué esa madrugada no me gustaron y las eliminé.
Solo se salvó por poco esta que edité.