viernes, 3 de abril de 2026

Det som fortsatt lever [Magellan's Forests]

 


LO QUE SIGUE VIVO

«No es un bosque. Es un paraíso donde no existe lo bello o lo feo... es un cuadro extraño de luces y sombras, de furias y calmas.

Troncos torcidos como si alguien hubiera intentado quebrarlos y se arrepintiera a mitad del gesto.

Raíces que no buscan tierra: la aprietan.

El viento no pasa, … acaricia y muerde.

Y uno camina ahí —si es que eso es caminar— sintiendo que cada paso es una intrusión, como si el suelo recordara otros pies, otros pesos, otras hambres.

 

El bosque magallánico no te recibe como si fueras alguien especial... te tolera.

Hay musgo donde debería haber silencio, y silencio donde debería haber Dios.

Y todo está húmedo... no de agua… sino de tiempo.

 

Más al sur y un poco más al norte —de donde escribo estas letras— el hielo no es blanco... nunca es blanco. Gris, azul enfermo, como un ojo que ha visto demasiado.

El glaciar no avanza… empuja la historia. Cruje. No como algo que se rompe, sino como algo que recuerda haber sido montaña y todavía no lo supera.

Ahí el frío no es temperatura... es una idea fija, anclada para hacer crujir huesos.

Te atraviesa sin tocarte, como si el cuerpo fuera opcional.

 

El bosque respira.

El glaciar retiene.

 

Uno guarda secretos bajo hojas podridas.

El otro los comprime hasta volverlos piedra.

 

Entre ambos no hay diálogo, pero se entienden. Porque los dos saben algo que nosotros apenas sospechamos: que todo lo vivo está en retirada, y que la resistencia no es épica… es lenta, casi invisible, casi inútil.

Uno pensaría que el fin del mundo sería ruido, fuego, caída... pero no. Es esto... ... un árbol que no cae, un hielo que no cede, un paisaje que no necesita testigos.

 

Y nosotros, con nombres, fechas, publicaciones, creyendo que llegamos tarde.

No.

Siempre llegamos después.

 

El bosque ya había decidido ignorarnos.

El glaciar ya estaba olvidándonos.

 

Quizás por eso incomoda tanto. Porque no hay tragedia aquí, ni belleza en el sentido que nos gusta repetir.

Hay algo peor… permanencia.

Y uno se va, porque siempre se va, con la sensación de haber visto algo que no debía.

No vimos un paisaje, no vimos la naturaleza... sino una forma antigua de seguir existiendo sin nosotros».

 

Dedicado a los bosques de Magallanes, a los glaciares, y a los elementales de la naturaleza.

 

jueves, 2 de abril de 2026

El Silencio Antes del Estallido [Historia reflexiva]

 


INTRO

Hace unos días los noticiarios informaban de un ataque armado en una escuela en Calama, en el norte de Chile, H.M, estudiante de 18 años del Instituto Obispo Silva Lezata de Calama apuñala a 3 compañeros y a 2 inspectores, uno de ellos muere. La noticia fue portada de todos los medios digitales y el gobierno es puso en campaña para buscar la solución a esto.

 

Argentina: Gino C., de 15 años, llegó a la escuela Mario Moreno a bordo de una motocicleta y portando un estuche de guitarra, donde llevaba el arma. Tras prepararse en el baño del recinto, salió a un patio interior disparando. El ataque dejó un alumno de 13 años fallecido y otros dos escolares con lesiones de gravedad.

 

La siguiente historia se basa en ambos acontecimientos ocurridos en estos 8 días.

 

EL SILENCIO ANTES DEL ESTALLIDO

 

Un silencio funesto.

Los pasillos del Instituto Crestwood olían a desinfectante barato y ansiedad adolescente. Era ese tipo de silencio pesado, cargado, que se instalaba entre clase y clase, cuando todos respiraban hondo antes de sumergirse en otra hora de indiferencia disfrazada de educación. Para Leo, ese silencio era distinto. No era ausencia de ruido, sino la presencia de algo más: el eco de las risas ahogadas, de los apodos susurrados, del roce de hombros intencionados en los pasillos demasiado estrechos.

Un torrente de lágrimas. Las derramaba en secreto, frente al espejo empañado del baño de chicos, el del fondo, donde nadie iba porque olía a tubería vieja. Se observaba: el flequillo demasiado largo, las pecas que parecían salpicaduras de barro, la postura encorvada que gritaba «golpéame».

 

Cuatro años. Cuatro años de ser la diana móvil, el saco de boxeo emocional de un sistema que premiaba la crueldad con popularidad. No era siempre físico; a veces era peor. Los mensajes anónimos, las fotos editadas, el vacío que se extendía a su alrededor como un campo de fuerza invisible en el comedor.

¿Es locura o voluntad?

La pregunta comenzó como un susurro en su mente, hace unos meses, mientras recogía sus libros esparcidos por el suelo del pasillo por tercer día consecutivo. ¿Estaba volviéndose loco, por odiarlos tanto? ¿O era simplemente la voluntad de un organismo acorralado, buscando una salida, cualquier salida? Al principio, fantaseaba con venganzas elaboradas y heroicas, donde él emergía triunfante y ellos, arrepentidos. Pero la fantasía se agrió, se pudrió desde dentro. La voluntad, comprendió, no era para ser el héroe. Era para ser el final.

 

Exiliado al sufrimiento y la desesperación. Los tormentos de la época lo envolvían en una sombra.

Su habitación se convirtió en su celda y su cuartel general. Posters de Nine Inch Nails, Rammstein y  KMFDM cubrían las paredes, pero detrás del armario, en una caja de zapatos vieja, estaba su proyecto. No era difícil encontrar información, en la red oscura, en foros llenos de voces igual de rotas. Gastó sus ahorros de años en trabajos esporádicos. Su padre, siempre ausente entre turnos de fábrica, no notó nada. Su madre se había ido hacía ya un lapso. El exilio era completo.

 

El mundo que conocía se perdió. La vida tenía un nuevo significado.

El instituto ya no era un lugar de aprendizaje, sino un escenario. Observaba a sus compañeros con la meticulosidad de un director de cine.

Ryan, el atleta, con su risa estruendosa y sus empujones «de broma». Chloe y su séquito, maestras en el arte del desprecio con una mirada. El señor Davies, el profesor de historia, que una vez le dijo «aguanta, chico, esto también pasará» con una palmada vacía en la espalda. Todos eran actores en una obra cuyo final solo él conocía. La vida tenía un nuevo significado: ser el autor de ese final.

 

¿Qué historia se contará? ¿De la vida? ¿O de la muerte?

 

En las últimas semanas, empezó a escribir. No un diario, sino un manifiesto. Un testamento envenenado. Lo tituló «La Única Verdad». Lo llenó de frases cortadas, de dolor transformado en prosa incendiaria, de citas de filósofos nihilistas y letras de canciones de muerte. Quería que entendieran. Necesitaba que, al menos al final, comprendieran el porqué. A veces, en medio de la escritura frenética, se detenía.

¿Contarían su historia como la de una víctima que se quebró?

¿O como la de un monstruo que siempre estuvo ahí, latente? Prefería lo segundo. El monstruo al menos infundía miedo, no lástima.

 

El papel está marchito y entintado con sangre. No era sangre real, sino tinta roja, gruesa, que compró en una tienda de arte. La usó para subrayar pasajes clave, para dibujar símbolos que solo él entendía. La última página estaba manchada, como si hubiera llorado sobre ella. Era la página de la dedicatoria. Una lista de nombres. No todos los del instituto. Solo los veintitrés que, en su mente, habían firmado su sentencia con cada risa, cada exclusión, cada golpe. Veintitrés nombres escritos con caligrafía pulcra, sangrando tinta roja por los bordes del papel.

 

Observa y verás a un necio aferrándose a la muerte, yaciendo en agonía, en la locura. Buscando la sabiduría solo para caer... llorando, suplicando por el fin.

La víspera, no pudo dormir. Se sentó en la cama, temblando. No de miedo, sino de una anticipación eléctrica, enfermiza. ¿Era esto locura? Sí. Pero era su locura, la única cosa sobre la que tenía control total. Recitaba partes de su manifiesto en voz baja, aferrándose a las palabras como a un hechizo que lo justificara. Por un momento, un destello de lo que pudo ser: pedir ayuda, contárselo a la consejera, a alguien. Pero la imagen se desvaneció, reemplazada por el rostro de Ryan riéndose cuando le volcó el estuche en el patio. La agonía de esos años era mayor que el miedo a lo que venía.

 

«Silencia la tempestad. ¡Repulsión por el aislamiento! Silencia la tempestad ¡Locura, engaño! Silencia la rabia ¡Agonía, detestación!»

 

Esa mañana, vistió su habitual sudadera negra con capucha. Debajo, un chaleco que había modificado meticulosamente. En su mochila, pesada, los elementos finales de su silencio. Su corazón era un tambor de guerra sordo. Al pasar por el control de seguridad, el guardia jubilado, el viejo Harris, le sonrió con condescendencia. «Otro día más, ¿eh, Leo?». Él asintió, sin mirarlo. El engaño era perfecto. Era invisible hasta para eso.

 

«En un mundo de esperanza perdida y reverencia por la perversión, me entrego lejos a un lugar de silencio y oscuridad».

 

El timbre sonó. Primera hora. Ciencias. El aula 204. Respiró hondo. Este no era el lugar. No todavía. Había una coreografía que seguir. Un horario. Esperaría al cambio de clase, cuando los pasillos estuvieran más llenos, cuando la campana liberara el torrente de estudiantes hambrientos de un respiro. Se dirigió al baño de siempre. El último refugio. Se miró al espejo. Los ojos que lo devolvían ya no parecían suyos. Eran ojos de un extraño, planos, decididos. Se entregó a esa persona. Leo, el chico al que hacían bullying, se quedó atrás, en algún lugar del ayer. Lo que saldría de ese baño sería otra cosa. El silencio y la oscuridad ya no estaban fuera. Estaban dentro, y estaban a punto de estallar.

 

«Hay un lugar donde uno sufre en la oscuridad y engendra odio hacia todos. Hay un lugar donde uno se derrumba en su propia tortura».

 

La campana. Un estruendo metálico que le hizo estremecer. Era la hora. Abrió la puerta del baño y se unió al río de estudiantes. El ruido era ensordecedor: gritos, risas, charlas, el roce de cientos de pies. Para él, era la sinfonía de su propia tortura. Cada sonido era un agravio recordado. Avanzó por el pasillo central, el más largo, el que conectaba el ala de ciencias con la de sociales. La multitud era densa.

 

«¿Por qué debemos vivir entre tanta decadencia? ¿Entre tanta insignificancia y podredumbre? Somos una causa perdida, una maldición. En un estado de amor condicional y malicia».

 

Vio a Ryan, charlando con unos amigos, apoyado en un casillero. Vio a Chloe pasando, sin verlo, como siempre. Los vio a todos, viviendo sus pequeñas, insustanciales vidas, inconscientes de que el tejido de su realidad estaba a punto de rasgarse. Eran la decadencia. La podredumbre. Él era la purga. Una causa perdida que, por fin, encontraría su propósito.

Se detuvo en el centro del pasillo, donde se bifurcaba hacia la cafetería. La multitud fluía a su alrededor, ignorante. Respiró una última vez, un suspiro que sabía era el último de Leo. Y luego, actuó.

Lo que sucedió después fue un collage de caos, tejido en segundos que se sintieron como horas.

Un estallido, seco, tremendo, que no sonó como en las películas. Sonó como el mundo partiéndose en dos. Luego, otro. Y otro.

 

El grito no fue inmediato. Primero hubo un silencio de shock, un microsegundo de incredulidad total. Luego, el pánico estalló con una fuerza mayor que los disparos. Gritos desgarradores, agudos, llenos de un terror puro y animal. Cuerpos que se arrojaban al suelo, que corrían en todas direcciones, chocando entre sí, contra los casilleros, contra las paredes.

Leo avanzaba. No corría. Caminaba con una determinación glacial. Su mirada barría el pasillo, buscando caras específicas en el mar de terror. Ya no pensaba. Ejecutaba.

No al inicio. Solo al final se descubre todo.

Y al final, cuando el pasillo del ala de ciencias se transformó en una galería de horrores, fue cuando se descubrió la verdadera dimensión de la tragedia.

 

Ryan yacía cerca de su casillero, no como el atleta seguro de sí mismo, sino como un niño asustado, arrollado mientras intentaba huir. Su camiseta del equipo de fútbol, una vez símbolo de orgullo, estaba oscurecida y empapada en el centro.

Más allá, en un grupo que intentó refugiarse en un aula, estaba Chloe. Su expresión de eterno desdén se había borrado, reemplazada por una mueca de súplica congelada. Junto a ella, dos de sus amigas, entrelazadas en un último y trivial intento de consuelo.

 

No fueron solo ellos. El señor Davies estaba desplomado contra la puerta de su aula, como si hubiera intentado bloquearla para proteger a los que estaban dentro. Sus gafas yacían rotas a un lado. En sus ojos abiertos quedaba un destello de la sorpresa más profunda.

Los niños. Los más jóvenes, de primer año, que solo estaban de paso para una actividad. Uno de ellos, una niña pequeña con mochila de superhéroe, había caído de bruces, su cuaderno de dibujos abierto a un sol amarillo y sonriente, ahora salpicado de gris y rojo.

Una adolescente, sentada en el suelo contra un casillero, miraba su mano, ensangrentada, con una curiosidad desconectada, en shock, antes de que la luz de sus ojos se apagara.

El pasillo era un mosaico de mochilas abandonadas, libros esparcidos, teléfonos móviles que seguían sonando o vibrando con mensajes de un mundo que ya no existía para sus dueños. El aire, antes cargado de desinfectante y ansiedad adolescente, ahora olía a pólvora, a metal caliente, a terror y a muerte. El silencio había vuelto, pero era un silencio diferente, roto solo por gemidos débiles, llantos ahogados de los que se escondían, y el crujido de cristales rotos bajo los pies de Leo.

 

Él lo veía todo, pero ya no lo procesaba como humano. Era un espectador en su propia obra de horror. Había cruzado un umbral del que no había retorno. La lista de veintitrés estaba casi completa. Solo faltaba un nombre. El suyo.

Mientras el asesino camina hacia la entrada de la escuela y levanta su arma y muere a manos de la policía.

Avanzó, sorteando los cuerpos, hacia las puertas principales de cristal. La luz del sol de la mañana entraba a raudales, irónicamente brillante. Afuera, el caos era de otro tipo. Sirenas estridentes, gritos de policías con megáfonos, vehículos patrulla bloqueando la calle.

Leo empujó la puerta y salió a los escalones de entrada. El contraste era brutal: el infierno que dejaba atrás y el mundo normal, aún intacto, que se detenía a mirar horrorizado. Levantó el arma. No apuntó a la policía, ni a los periodistas que empezaban a llegar. La levantó hacia el cielo, un gesto final, absurdo, de desafío o tal vez de entrega.

 

No llegó a bajarla. Una explosión de fuego cruzó su campo de visión. No una, sino varias. Impactos secos y enormes en el pecho, en el abdomen, que lo levantaron del suelo y lo arrojaron de espaldas contra los fríos escalones de cemento.

 

El dolor fue un estallido blanco y luego… nada.

Y entonces, se encontró flotando, no sobre su cuerpo, que yacía destrozado y rodeado de policías cautelosos, sino más arriba, sobre el edificio entero. Veía la escena con una claridad dolorosa y abrumadora. Las ambulancias llegando a toda velocidad, los paramédicos corriendo con camillas, los padres desesperados rompiendo los cordones policiales, sus rostros distorsionados por un miedo primigenio.

Pero su vista podía traspasar las paredes. Veía dentro.

Veía el pasillo. Ya no como el escenario de su venganza, sino como un matadero. Veía cada cuerpo con una intimidad aterradora. Veía la vida que se les había escapado, los sueños truncados, los miedos pequeños que habían tenido esa mañana (un examen, una cita, una discusión con los padres) y que ahora parecían tan preciosos, tan absurdamente triviales y hermosos.

Vio a la niña de primer año con la mochila de superhéroe. Su nombre era Emma. Le gustaba dibujar pájaros y quería ser veterinaria. Había dejado a su perro, un cachorro revoltoso, esa mañana, prometiéndole un paseo extra al volver.

 

Vio al señor Davies. Tenía una hija en la universidad. Estaba ahorrando para visitarla en primavera. Guardaba en su cartera una foto desgastada de ella sonriendo.

 

Vio a Ryan. Temía no conseguir la beca deportiva. Por las noches, practicaba tiros libres hasta que anochecía, solo en el patio de su casa, bajo la luz de un farol. Su padre había estado en la cárcel. Quería ser diferente.

 

Vio a Chloe. Su madre estaba enferma. Chloe cuidaba de sus hermanos pequeños después de clase. Su actitud de reina del instituto era una armadura, un personaje que interpretaba para no desmoronarse.

 

Los veía a todos. No como monolitos de maldad, sino como personas. Complejas, imperfectas, a veces crueles, sí, pero llenas de miedo, de dudas, de amor, de fragilidad. Como él.

 

—¿Qué he hecho?

 

La pregunta no fue un pensamiento. Fue un terremoto en su esencia. No había rabia, ni justificación, ni siquiera dolor propio. Solo un vacío, un frío absoluto y la comprensión aplastante, irreversible, del error. No un error de cálculo. El Error. Con mayúsculas. Había confundido su dolor insoportable con un permiso. Había canjeado su humanidad por una idea envenenada de justicia. Y lo que había dejado atrás no era justicia. Era una carnicería. Era un agujero negro de dolor que se expandiría, devorando familias, amigos, una comunidad entera, para siempre.

 

—Lo siento. Lo siento. Lo siento.

 

Las palabras, mudas, se repetían en su conciencia, pero eran inútiles. Eran polvo en el viento frente al huracán que había desatado. Quería retroceder, deshacer, gritarles que se levanten, que fue un mal sueño. Pero solo podía flotar, atado como un espectro a la escena de su crimen, forzado a observar cada detalle con una lucidez que era el castigo perfecto.

Y entonces, el mundo a su alrededor empezó a cambiar. Los colores se drenaron, tornándose en sombras de gris y rojo oscuro. El sonido de las sirenas se desvaneció, reemplazado por un zumbido bajo, siniestro, como el latido de un corazón enorme y podrido. El aire, antes fresco de la mañana, se espesó con un calor húmedo y pestilente, a azufre y carne quemada.

 

Desde las sombras, las figuras comenzaron a emerger. No eran policías, ni ángeles, ni fantasmas de sus víctimas. Eran formas retorcidas, siluetas de alargados miembros y ojos que brillaban con un fuego hambriento. No se acercaban a él con ira, sino con una expectación alegre, burlona. Susurraban, pero no con palabras, con sensaciones que se clavaban en su alma: Insignificancia. Podredumbre. Causa perdida. Bienvenido a casa.

Era el infierno. Pero no un infierno de llamas y torturas físicas. Era algo peor. Era la externalización de su interior. El odio que había cultivado, el aislamiento que había abrazado, la oscuridad en la que se había entregado, ahora tomaba forma y lo rodeaba, no para castigarlo desde fuera, sino para celebrar que, al fin, uno de los suyos había vuelto al redil. Había construido su propia condena, ladrillo a ladrillo, con cada lágrima de rabia, con cada fantasma de venganza.

 

Las figuras se acercaron más. El calor era insoportable. El olor, nauseabundo. Y en sus ojos ardientes, Leo no vio odio. Vio reconocimiento. Vio que ellos eran el silencio que había anhelado, la tempestad que había querido silenciar, la oscuridad final. Y ahora era suyo para siempre.

 

«Somos una causa perdida. Una maldición», pensó, por última vez, antes de que las sombras con forma de demonios se abalanzaran sobre su esencia astral, no para devorarla de un bocado, sino para envolverla, para fundirla con ellos, en un lugar donde uno sufre en la oscuridad y engendra odio hacia todos, donde uno se derrumba en su propia tortura, por toda la eternidad.

 

Y abajo, en el mundo que una vez conoció, las sirenas aún sonaban, llorando por un silencio que ya nunca, nunca llegaría.

 

Una historia creada por: Jarl Asathørn.

Basado en hechos reales.

miércoles, 1 de abril de 2026

Casi un Edithorial [Tvímánuður]

 


Óðinsdagr 1°

I

... solo bombardeos. No una guerra frontal.

Son como peleas de patio…

Así continúan estos «tira y afloja» con olor a guerrita desatada en Medio Oriente…

E Israel aprovecha todo este desorden para tratar de expandir su territorio. Es parte de su agenda.

 

II

Trump se enfrenta con varios problemas en suelo estadounidense:

— Críticas por la guerra.

— Marchas por sus políticas.

— Grietas en los cimientos de la economía de EE.UU.: despidos, menos contratación, peor la confianza del consumidor y sube la inflación.

— Amenazas de utilizar la Comisión Federal de Comunicaciones para castigar a empresas de medios que estén del lado equivocado para Trump.

— Vulneraciones generalizadas de derechos humanos y ataques sostenidos contra pilares fundamentales de una gobernanza democrática y responsable en Estados Unidos.

— Redadas migratorias y detenciones masivas, con amplios despliegues federales que han aterrorizado a comunidades inmigrantes en todo el país... gracias a ICE.

— Trump desmanteló protecciones de derechos civiles y otros mecanismos antidiscriminación, y amenazó a organizaciones de la sociedad civil con investigaciones penales infundadas y con la retirada, por motivos políticos, de su estatus fiscal como entidades benéficas. Esto molesta de sobremanera a grupos izquierdistas y de DD.HH.

— Debilitó el derecho a la salud mediante profundos recortes a subsidios de atención médica de los que dependen millones de personas en Estados Unidos para acceder a un seguro de salud.

— Puso fin de manera abrupta a casi toda la ayuda exterior estadounidense, incluida la financiación destinada a apoyar a personas defensoras de derechos humanos, a organizaciones locales de la sociedad civil y a asistencia humanitaria vital.

— Se retiró de foros multilaterales fundamentales para la protección global de los derechos humanos, como el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, la Organización Mundial de la Salud y el Acuerdo de París sobre el cambio climático.

— Desmanteló la capacidad institucional del Departamento de Estado en materia de derechos humanos y publicó una versión gravemente distorsionada de su informe anual sobre derechos humanos en el mundo.

— Incrementó su hostilidad hacia mecanismos independientes de rendición de cuentas y esfuerzos globales de justicia, imponiendo sanciones a funcionarios de la Corte Penal Internacional, a un experto de la ONU y a tres destacadas organizaciones palestinas de derechos humanos. Es obvio, Trump es un servil títere de Israel.

— Llevó a cabo múltiples ataques militares letales e ilegales contra embarcaciones pequeñas en el Caribe y en zonas cercanas del océano Pacífico, causando la muerte de decenas de personas.

— Quiere anexar a Groenlandia y esto le trae problemas con Dinamarca y algunos países de Europa, otrora viejos aliados.

 

Y todo esto solo son algunas cosas que tienen en la cuerda floja a este sheriff gringo, que, al parecer, tiene delirios seniles o derechamente el ego es más fuerte que la razón.

El mundo hoy gira en torno a estas decisiones de Trump, aplaudidas por unos, criticadas por otros, pero este escenario lóbrego que nos entregan Estados Unidos e Israel ha hecho burbujear las geopolíticas mundiales, entretanto, los enemigos de U.S.A. ya se preparan para todo.

… y aquí ya hacen show los comunistas, criticando una carrera que recién comienza.

 

III

En Chile… el gobierno de Kast comenzó a tropezones, nada grave, pero… dio pie a que los izquierdistas aparecieran con críticas básicas, soluciones ‘exprés’ y un sinfín de cosas que jamás encontraron durante el gobierno de Boric. Es más fácil ver la paja en el ojo ajeno.

Los crímenes, coincidentemente, aumentaron notoriamente en estos días, es como si el mal se hubiera desatado a propósito. Ahora veremos si el actual gobierno le encuentra una solución rápida a todo esto, recordemos que terminar con el crimen fue parte importante de su campaña. Y aquí cabe una pregunta clave:

¿Los jueces responderán como corresponde?

¿Olvidarán sus odios interiores con olor a zurdismo infernal y harán la pega?

¿Habrán condenas ejemplares?

También hemos visto que ya en el norte del país se hacen zanjas y se toman medidas drásticas para frenar la invasión de inmigrantes, ¿Logrará su objetivo tanto trabajo?

Los traidores de la Patria, ¿Encontrarán otros métodos para burlar las fronteras y seguir ingresando ‘mustas’ de países bananeros?

 

IV

El mundo sigue en este vaivén de dolor, muerte y angustia.

La geopolítica sigue siendo el juego de ajedrez favorito de los monstruos grandes.

La naturaleza sigue su trabajo, sigue su curso. Aguas desbordadas, calles sumergidas, muertos, destrucción. Todavía no sabemos cuanto de todo esto es parte de los procesos naturales y cuanto de todo esto es causa de las máquinas demoníacas del hombre.

 

V

Se anuncia con bombos y platillos una nueva expedición a la Luna, solo faltan horas para todo este show de la NASA, y hoy los actores de este nuevo film llamado Artemis III son los nuevos «héroes gringos» que estarán llenando portadas y artículos por todo el paraíso digital. Cuatro seudo actores que se han preparado por mucho tiempo para escenificar otra farsa.

 

VI

… aquí, en el sur de la planicie… llueve, son varios días donde el agua cae… limpiando las impurezas que se desplomaron sobre las calles… pensamientos negros ahogados sobre veredas, monumentos, caminos, techos y lozas… se viene un otoño lluvioso y un invierno frío.

Debemos permanecer estoicos y atentos, preparados para todo.

 

Bienvenidos a Tvímánuður.

[Basado en el Calendario Vikingo del Sur Magallánico]




 

Artículo escrito por: Vëthriön Asathørn.

 

 

domingo, 29 de marzo de 2026

Eilen: Kansainvälinen metsien ja jäätiköiden päivä



Hullo, este artículo llega un día tarde porque hoy recién retornamos de un carrete «boscuro trollish»

 

HACHAZO TROLLISH I


«No sabemos por qué celebran días.

Día del bosque.

Día del glaciar.

Como si al sur le importara... tu calendario de humano ordenado con alarmas y café tibio.

El bosque magallánico no celebra tus imbecilidades, tus falsedades tus hipocresías.

Se descompone con dignidad. Árboles torcidos, sí pero no por estética, no es «místico», no es «instagrameable», es porque el viento les pega como si les debiera plata.

Y ahí están. Firmes. Mal parados, pero firmes. Como tú un lunes, pero sin quejarse.

Cuando con cuea vas de camping... caminas entre ellos creyéndote explorador, descubridor de musgo, poeta de humedad barata.

Y el bosque: ni ahí contigo. No te mira... no te juzga... no te necesita.

Y esa güeá es bacán.

El suelo está vivo, dicen.

pero no para ti, humano vittuperkele. Está vivo en ese sentido incómodo donde todo se está pudriendo para que otra cosa, igual de indiferente, ocupe su lugar. Ciclo natural, le llaman algunos. Bonita forma de decir «nadie es importante».

 

Y después el glaciar.

¡Ah, el glaciar! la postal perfecta para fingir asombro.

Te paras frente a esa masa absurda de hielo milenario y sacas una foto, una puta «sélfi».

El glaciar no posa. Cruje. Y ese crujido no es un espectáculo para ustedes, para ti, ... es memoria.

Capas y capas de años aplastados como excusas.

El hielo no es puro. Es antiguo.

Y lo antiguo no es bonito. Es pesado.

Dicen que se derrite, que está muriendo.

Claro y tú también. La diferencia es que el glaciar no anda anunciándolo ni esperando likes por su tragedia.

Se derrite en silencio, como corresponde.

Entre el bosque y el hielo hay un acuerdo tácito: ignorar al humano hasta que se vaya. Y siempre se va.

Porque el frío cala, porque la humedad aburre, porque no hay señal, porque no hay validación.

Entonces vuelves a tu casa, subes la foto, escribes algo «profundo» (profundamente falso) y que no sentiste tanto.

«Conecté con la naturaleza», dices. Mentira la güeá.

La naturaleza no conecta. Tolera.

Y aquí viene la güeá incómoda: el bosque no quiere salvarte... el glaciar no quiere enseñarte ni una güeá. Porque no son símbolos, ¿Cachai?, no son putas metáforas. Son lo que queda cuando el mundo vittuperkele sigue funcionando sin pedir permiso. 

Pero tranquilo.

Sigue celebrando días.

Sigue nombrando cosas para sentir que existen.

El sur no te va a corregir.

No tiene tiempo. Está ocupado siendo eterno a su manera rota.

Y tú bueno, tú escribe el post. Alguien tiene que fingir que esta güeá significa algo.

¡VITTU, VITUTTAA NIIN VITUSTI!

 

HACHAZO TROLLISH II

CRÓNICA DE UN BASURAL CON ÁRBOLES

(Y HUMANOS QUE SOBRAN)


 «Cachen esta güeá no es que el bosque esté enchuchao contigo. No tiene tiempo para emociones humanas de quinta. Pero si pudiera hablar, no te putearía crudo... te describiría... y esa güeá es peor. Porque hay que ser bien especial —y no en el buen sentido de la güeá— para agarrar un sillón viejo, hediondo a años de tele y culo, subirlo a una camioneta y decir cara de raja:

 

—«¿Sabes qué le falta a este bosque culiao?» ... Un living.

 

Y allá va el campeón lúser, el hijo de las remil putas. El arquitecto del desastre. El decorador del fin del mundo. Deja el sillón tirado entre coigües y lengas como si los árboles fueran parte de su casa abandonada.

Después vienen los neumáticos.

Ah, los neumáticos círculos perfectos para gente que piensa en cero... cero cerebros.

Los tiran como quien lanza una moneda pidiendo un deseo: «Ojalá nadie me cache».

Tranquilo, saco de güéas el bosque te vio... y no te olvidó.

 

Y el nivel final: el auto viejo. Puta, el monumento definitivo a la estupidez con motor. Lo dejan oxidándose como si el paisaje fuera un cementerio de sus malas decisiones.

Puertas abiertas, vidrios rotos, asientos comidos por la lluvia. Una puta cápsula del tiempo que dice:

«Aquí vivió un rechucha de su madre, hijo de la remil putas y decidió expandirse».

 

Y tú caminas por ahí, pisando hojas, ¿Cachai?, respirando sur, y de pronto... plástico, metal, espuma, bolsas con mierda, basura, tampones. La firma del humano moderno.

 

«Pero si es solo uno», dicen. «Si no pasa nada». Claro uno, más otro, más otro, más otro y de pronto el bosque ya no es bosque. Es tu puto reflejo.

 

¿Sabes qué es lo más miserable de toda la güeá?

No es la basura. Es la idea detrás. Ese pensamiento ‘aka-huora vittuperkele, patético, lúser, que susurra:

«No importa la güeá». No importa el ave que anida cerca. No importa el zorro que huele eso y no entiende. No importa el agua que pasa y se lleva tu mierda río abajo. No importa nada. ¡No importa una mierda! Porque tú ya decidiste que el mundo es un basurero con paisajes bonitos.

Y después vienen los mismos hijos de puta a sacarse fotos... «Conectando con la naturaleza» ... conectando pero con el respaldo del sillón atrás.

 

El bosque no se defiende no te va a echar no te va a gritar. Solo hace algo más elegante: te deja mostrarte tal cual eres.

 

Y el glaciar, allá lejos, cruje. No por el clima.... no por el tiempo... es por la vergüenza ajena que ni siquiera es suya. Porque mientras tú tiras basura, él lleva miles de años aguantando peso.

Tú no aguantas ni tu propio desorden.

Pero dale, dale, reconchas de tu madre. Sigue. Total el bosque no habla, los animales no escriben ni te critican en un blog como este, ni en tu puto Instagram o la mierda que uses y el hielo no te denuncia... reconchas grande de tu madre.

 

Qué güeá más conveniente, ¿no?

Hasta que un día no quede nada limpio que ensuciar.

Y ahí sí vas a mirar alrededor, rascarte la cabeza, y preguntar como agüeonao profesional:

«¿Qué güeá pasó con la naturaleza?»

Nada. La naturaleza siguió. El problema nunca fue ella... fuiste tú, puto humano insensible, hijo de las reconchas grande de tu madre.

¡PÚDRANSE TODOS, BUITRES LAME KYRPÄS !».

¡VITTU TÄTÄ PASKA!




 

Escrito por: Olog-Krevalora y Gandworf (Bajo los maravillosos efectos del alcohol)

Edición final: Asathørn.

 

 

 

 

  

viernes, 27 de marzo de 2026

Trollish News - Anti N.W.O. Edition: «Renfanismo - El mundo es un escenario - La guerra es una estafa - El negocio de la guerra - El secreto de la sangre»

 


RENFANISMO



El RENFANISMO es una de las abominaciones más retorcidas y vomitivas que han infectado la faz de la tierra, y que se extendió hasta alcanzar a casi todos los evangélicos. Pero, ¿Qué lo hace tan retorcido y abominable?

Te explico:

1. Aniquila de raíz en sus idiotas seguidores cualquier rastro de sed de justicia real. Los renfanitas quedan castrados mentalmente, incapaces de escupir condena, crítica o un dedo acusador contra los judíos por sus carnicerías más asquerosas, porque sobre esa pandilla pesa una lápida condicionante:

Son el «pueblo escogido de Dios», dicen; así que todo el horror que desatan está grabado en piedra por el mismísimo Dios, sin apelación, sin piedad, sin valentía para cuestionar, dado que «las profecías tienen que cumplirse».

¿Cuáles profecías? Las que ellos se inventaron, las que creen haber encontrado con su mente sicópata en los textos bíblicos, y que, por alguna extraña razón, tienen que ver con destripar a los palestinos, pero no con acabar con los pederastas involucrados en la isla Epstein. Así que en la mente de estos borregos la lógica es muy simple: «¿Por qué Israel cometió un genocidio en Gaza? Y te contestan: “¿porque esa tierra les pertenece, Dios se las dio y tiene que regresar ahí para las profecías».

 

2. Por eso, cuando estos renfanitas miran cómo los judíos masacran a 70.000 almas en Gaza, reventando cráneos de 30.000 niños como si fueran piñatas, bombardean todo Medio Oriente y desatan el caos, estos RENFANITAS se quedan con los brazos cruzados y balan como ovejas castradas: «Esto tiene que pasar, está escrito». Los más cínicos y podridos por dentro te sueltan que es «mentira» o «defensa propia», con una sonrisa de hiena.

 

3. Cuando la prueba es tan jodidamente aplastante que no pueden taparla —como un bebé destripado vivo por un sádico de las IDF que se ríe mientras lo hace—, los renfanitas lo admiten con un guiño, pero lo encierran en una jaula solitaria. Ese judío es el «malo aislado», gruñen, mientras el resto de la manada sigue siendo intocable, por supuesto. Y te dicen: «Es daño colateral». O «Ese soldado se vio en la necesidad de volarle el cráneo a ese bebé, porque HAMAS esconde misiles balísticos en los pañales de los bebés».

 

4. Cuando sus creencias sicópatas se desmoronan como un castillo de arena bajo un pisotón lógico, los renfanitas contraatacan con la bajeza de un matón de patio: tildándote de antisemita, hitleriano o cualquier bazofia que les salga de la cloaca para esquivar el golpe. Su victimismo es nauseabundo.

 

5. Así que, los renfanitas, han copiado a la perfección el teatro de víctimas de sus compinches sionistas, así que los verás gimoteando sin parar, suplicando «cristianismo» a los demás mientras se revuelcan en el fango del genocidio de Gaza como chanchos en su propio estercolero.

 

¿Y por qué esto es diez mil veces más demoníaco que las matanzas de los sionistas asesinos en sí mismos? Porque estos parásitos lo perpetran usando el cristianismo como un escudo ensangrentado, profanando el SANTO nombre de Cristo y manipulando a sus ovejas como marionetas para sostener su doctrina de muerte. Al final de cuentas, tienen siglos vendiendo un mentado «rapto secreto» que está a nada de suceder, y así pueden largarse de este mundo e ir a engordar por siete años junto a Scofield y su pandilla.

 

EL MUNDO ES UN ESCENARIO



No hay buenos en el escenario mundial.

Si están en el escenario mundial porque son parte del «sistema».

Nada más que teatro.

La política y los acontecimientos mundiales están guionados, y cada «personaje» en el escenario mundial simplemente desempeña su papel para ayudar a mantener viva la ilusión.

Esta es otra forma de adentrarse en el teatro político.

Independientemente de cuántos partidos políticos haya, los poderes fácticos siempre funcionarán como una gran «unipartido» con una agenda universal.

Los políticos y los «jugadores clave» en el escenario mundial son actores.

Están en condiciones de influir en nosotros, distraernos, dividirnos, cambiar nuestra percepción de la realidad y cambiar nuestro comportamiento de maneras específicas que promuevan la agenda deseada.

Todos están «en el club», aunque a veces parecen estar desconectados (o desempeñan el papel de «enemigos» entre sí)

 

«No importa a quién vote el pueblo, siempre nos votará a nosotros».

(Mayer Amschel Rothschild - Fundador de la dinastía Rothschild)

 

LA GUERRA ES UNA ESTAFA



«La máquina eterna: la guerra es un negocio lucrativo para la élite»

«Pasé 33 años en servicio militar activo y durante ese período pasé la mayor parte del tiempo como matón de alto nivel para las grandes empresas, para Wall Street y los banqueros. En resumen, fui un gánster, un mafioso al servicio del capitalismo».

(Smedley D. Butler, 1935)

 

Para comprender por qué existe este sistema, debemos fijarnos en el hombre que lo expuso públicamente.

El general de división Smedley D. Butler fue uno de los soldados más condecorados de la historia de Estados Unidos, dos veces ganador de la Medalla de Honor, y sirvió 33 años en la Infantería de Marina.

En la década de 1930, pasó de ser un héroe nacional a un poderoso denunciante, escribiendo su libro «La guerra es un negocio» para advertir que había dedicado su carrera a ser un «matón de alto nivel al servicio de las grandes empresas». Explicó el sistema de forma sencilla para que cualquier ciudadano pudiera entenderlo:

«La guerra es un negocio. Siempre lo ha sido. Es posiblemente el más antiguo, sin duda el más rentable, y seguramente el más cruel. Es el único de alcance internacional.

Es el único en el que las ganancias se miden en dólares y las pérdidas en vidas... Creo que un negocio se describe mejor como algo que no es lo que parece para la mayoría de la gente.

Solo un pequeño grupo de iniciados sabe de qué se trata realmente. Se lleva a cabo en beneficio de unos pocos, a costa de muchos. De la guerra, unos pocos amasan enormes fortunas».

Butler también reveló la manipulación emocional utilizada para mantener la maquinaria en funcionamiento:

«Durante la Primera Guerra Mundial, utilizamos propaganda para que los chicos aceptaran el servicio militar obligatorio. Se les hacía sentir vergüenza si no se unían al ejército».

 

La advertencia de Butler sigue siendo un recordatorio inquietante: cuando la guerra se vende como una causa noble, el «grupo de poder» a menudo solo está comprobando el beneficio económico.

 

LA MÁQUINA ETERNA:

POR QUÉ LA GUERRA ES EL NEGOCIO DEFINITIVO LUCRATIVO PARA LA ÉLITE



Las tres grandes firmas —BlackRock, Vanguard y State Street— son las verdaderas dueñas del complejo militar-industrial.

Juntas, poseen las mayores participaciones en empresas como Lockheed Martin, Raytheon y Boeing.

Esto preocupa a muchos, ya que estas firmas no solo son dueñas de las compañías que fabrican las armas, sino también de los bancos que prestan dinero para las guerras y de los medios de comunicación que informan sobre ellas.

Esto crea un círculo vicioso de beneficios donde el mismo grupo se beneficia de cada etapa de un conflicto.

Si estalla una guerra, las acciones de las empresas de defensa que poseen suben, los intereses de los préstamos que otorgaron a los gobiernos aumentan y sus medios de comunicación ven incrementada su audiencia.

En este sistema, la paz se convierte en un riesgo financiero, ya que interrumpe el flujo de dinero.

 

La estrategia secreta: El Grupo Bilderberg



El Grupo Bilderberg es donde la élite empresarial y los líderes políticos se reúnen en privado para debatir sobre acontecimientos globales.

La ética de lucrarse con la muerte.

Lo más preocupante de este sistema es que convierte la muerte en un negocio lucrativo. Cuando un misil impacta en un objetivo, es una tragedia para la población, pero para las Tres Grandes y los miembros del Grupo Bilderberg, es una simple recarga.

Esto significa que, mientras haya guerra, estas firmas de inversión ven crecer sus cuentas bancarias.

Al mantener la guerra «continua» —como sugirió George Orwell— se aseguran de tener siempre clientes. Esto transforma el sufrimiento humano en una rentabilidad matemática, razón por la cual muchos creen que estos grupos tienen un interés directo en que el mundo nunca esté en paz por mucho tiempo.

 

EL SECRETO DE LA SANGRE



«Nos dijeron que la sangre solo servía para llevar oxígeno… pero olvidaron mencionar que también transporta memoria.

Cada gota guarda un mapa, un código y una verdad que el sistema ha intentado ocultar durante siglos».

Hoy, vamos a descifrarlo.

El código de sangre

(Todos los tipos decodificados)



Te dijeron que los tipos de sangre solo importaban para las transfusiones.

Mintieron.

Tu sangre no es solo biología: es un campo de memoria, una señal y un archivo viviente.

Cada gota lleva una historia que el sistema ha intentado borrar.

Descodifiquemos su verdad.

 

O- (El Omega)

• Sin A, B ni Rh.

• Donante universal, portador de campo puro.

• Inmune a casi todo rechazo.

• Genoma antiguo, sin modificaciones.

• El sistema te vigila porque no llevas su «marca».

 

O (El Ancla)

• El más común del mundo.

• Puente entre la raíz y la interfaz Rh.

• Estabiliza campos energéticos.

• Guarda y protege memoria colectiva.

 

A (El Empático)

• Alta recepción de señales nerviosas profundas.

• Una vez sanado, transmite coherencia.

• Conexión con linajes agrícolas ancestrales.

 

A- (El Vidente)

• Sensibilidad extrema.

• Portador de recuerdos codificados en sueños.

• Suele ser resistente a ciertos virus.

 

B (La Llama)

• Nómada y adaptable.

• Fuerte eje intestino–cerebro.

• Fuego emocional que modula frecuencias.

 

B- (El Oráculo)

• Muy poco frecuente.

• Capacidad de traspaso psíquico.

• Anomalías biomagnéticas únicas.

 

AB (La Síntesis)

• Contiene todos los antígenos.

• Donante universal de plasma.

• Repleto de información, a veces sobrecargado.

• Canalizador híbrido cuántico.

 

AB- (El Código Prohibido)

• El más raro de la Tierra.

• Acceso a memorias de desplazamiento dimensional.

• Presente en linajes antiguos y ocultos.

• Frecuentemente borrado de registros oficiales.

 

Factor Rh

Rh- (La Señal Fantasma)

• Sin antígeno de mono.

• Mayor voltaje, cobre en sangre, temperatura más baja.

• Activa miedo en los sistemas de control.

• Invisible para IA sintética.

 

Rh (La Interfaz)

• Modificable y programable… pero reprogramable.

• Al despertar, se convierte en un nodo de oleada de luz.

 

Recuerda:

Tu sangre es un códice.

Un mapa de resonancia que contiene quién eres, de dónde vienes y la llave de lo que puedes llegar a activar.

No es lo que te contaron.

Es lo que intentaron borrar.

«En el latido de tu sangre está escrito el libro que tu alma trajo a esta vida. Cuando aprendas a leerlo… nada volverá a ser igual».







 

 

Fuentes:

Nibiru Conection.

Después de la Tormenta.

Mente Abierta.

buscandoladolaverdad.com

youtube.com

Renfanismo = X.com (Escrito por Imponderable @Ekklectico)

diagnosticorapido.mx

 

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