viernes, 3 de abril de 2026

Det som fortsatt lever [Magellan's Forests]

 


LO QUE SIGUE VIVO

«No es un bosque. Es un paraíso donde no existe lo bello o lo feo... es un cuadro extraño de luces y sombras, de furias y calmas.

Troncos torcidos como si alguien hubiera intentado quebrarlos y se arrepintiera a mitad del gesto.

Raíces que no buscan tierra: la aprietan.

El viento no pasa, … acaricia y muerde.

Y uno camina ahí —si es que eso es caminar— sintiendo que cada paso es una intrusión, como si el suelo recordara otros pies, otros pesos, otras hambres.

 

El bosque magallánico no te recibe como si fueras alguien especial... te tolera.

Hay musgo donde debería haber silencio, y silencio donde debería haber Dios.

Y todo está húmedo... no de agua… sino de tiempo.

 

Más al sur y un poco más al norte —de donde escribo estas letras— el hielo no es blanco... nunca es blanco. Gris, azul enfermo, como un ojo que ha visto demasiado.

El glaciar no avanza… empuja la historia. Cruje. No como algo que se rompe, sino como algo que recuerda haber sido montaña y todavía no lo supera.

Ahí el frío no es temperatura... es una idea fija, anclada para hacer crujir huesos.

Te atraviesa sin tocarte, como si el cuerpo fuera opcional.

 

El bosque respira.

El glaciar retiene.

 

Uno guarda secretos bajo hojas podridas.

El otro los comprime hasta volverlos piedra.

 

Entre ambos no hay diálogo, pero se entienden. Porque los dos saben algo que nosotros apenas sospechamos: que todo lo vivo está en retirada, y que la resistencia no es épica… es lenta, casi invisible, casi inútil.

Uno pensaría que el fin del mundo sería ruido, fuego, caída... pero no. Es esto... ... un árbol que no cae, un hielo que no cede, un paisaje que no necesita testigos.

 

Y nosotros, con nombres, fechas, publicaciones, creyendo que llegamos tarde.

No.

Siempre llegamos después.

 

El bosque ya había decidido ignorarnos.

El glaciar ya estaba olvidándonos.

 

Quizás por eso incomoda tanto. Porque no hay tragedia aquí, ni belleza en el sentido que nos gusta repetir.

Hay algo peor… permanencia.

Y uno se va, porque siempre se va, con la sensación de haber visto algo que no debía.

No vimos un paisaje, no vimos la naturaleza... sino una forma antigua de seguir existiendo sin nosotros».

 

Dedicado a los bosques de Magallanes, a los glaciares, y a los elementales de la naturaleza.